CAPITULO XVI EL MARQUÉS QUISO PRENDER AL DOCTOR SARABIA, OIDOR
Reading edition
Gobernando, pues, el valeroso Marqués con la prudencia suya el Reino, no sé qué cizaña se comenzó á sembrar entre él y el doctor Sarabia, Oidor más antiguo de la Audiencia; por lo cual el Marqués, enfadado, y con razon, determinó prenderle y ponerle en la fortaleza que hizo reparar de Cañete, donde tenia por castellano al capitan Hierónimo Zurbano, hombre principal. Esta fortaleza no es tan perfecta y acabada como las de nuestra España. El Inga á su modo la hizo; reparóse, hiciéronse en ella algunos aposentos donde el castellano viviese, y donde si algun hombre principal se hobiese de prender y no estuviese seguro en la ciudad, le llevasen á aquella fortaleza, pero ya ni hay castellano, aunque la fortaleza así persevera. Una noche envió á don Pedro de Córdoba, general de las lanzas, á llamarle; el doctor Sarabia entendió la balada; acababa de cenar; dijo: en hora buena, luego salgo; mientras, me visto; levantóse de la mesa, donde estaba con una ropa de levantar; entróse en su cámara, y por una ventana, no era alta, descolgóse á la huerta, y de allí por la puerta falsa que sale al rio, dió consigo en nuestro convento, donde le pusieron en casa de novicios. Don Pedro, viendo se tardaba, entró en el aposento; no le hallando, y hallándose burlado, se volvió al Marqués, el cual viendo que no se lo trujo, luego de mañana despachó á Chancay á nuestro provincial, que á la sazon era fray Gaspar de Caravajal, que allí estaba en una hacienda del convento visitándola, dándole relacion de lo pasado; que luego se partiese y viniese á tractar de las amistades, sin que se entendiese que por su parte se comenzaba primero. Nuestro provincial vino luego y tractó de la confederacion; salió el doctor Sarabia de nuestro convento, fuese á su casa y de allí á la Audiencia, sin que más sobre este particular se tractase.
El vulgo decia que el Marqués, si le viera de sus ojos aquella noche, le diera garrote en palacio; es falso. Lo que pretendió no era sino enviarlo á la fortaleza de Cañete, y para esto tenia aparejadas acémilas con repuesto, hasta cocinero, uno de dos que tenia, y para el aposento tapiceria y servicio de plata. Sobre qué se armase este nublado, no sé; unos dicen que tractaba mal el doctor Sarabia del gobierno del Marqués, y sobre ello, con otros personajes graves, habian escripto á Su Majestad, y aun otros añaden le imputaban se queria alzar con el Reino: esto, porque seria temeridad afirmarlo, no haré tal; pero colígese por lo que el magnánimo Marqués dijo en los corredores de la Audiencia á los mismos Oidores y otros caballeros que allí estaban, que fueron estas palabras: Bueno seria, por cierto, que perdiese yo un estado que vale millon é medio por ser capitan de bellacos. Sea lo que fuere, yo me meteria en un fuego por la inocencia del Marqués en este particular.