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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO LXXIV DE LA CIBDAD DE COQUIMBO

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La cibdad de Coquimbo es la primera del reino de Chile, puerto de mar capacísimo; el surgidero á dos leguas del pueblo, y seguro; carece de agua y de leña, todo se lleva en carretas. Fundóse sobre una barranca, no media legua de la playa, donde la mar es de tumbo; es el mejor temple que creo hay en el mundo, porque ni hace frio ni calor, en ningun tiempo, que sea penoso; cuando el ivierno llueve tres veces, es milagro. El rio, de bonísima agua, que riega la campiña, dende se dan todas las fructas nuestras, viñas y aceitunas, en unas partes mejores que en otras; no son tan gruesas como las de los llanos del Perú, pero muy buenas, mayores que la manzanilla grande de España; si en esta tierra lloviera, abundara en ser riquísima de oro, porque diré lo que allí me afirmaron, y no es fábula; en los vientres de las lagartijas se halla oro, y descubrióse desta manera: un indio de aquel pueblo pagaba muy descansadamente su tributo, seis pesos en oro cada año, sin ir á las minas, ni trabajar sino en su chacarilla y casa; apretáronle de dónde sacaba su tributo; dijo que de las lagartijas del campo, y es así que llegando el tiempo de pagarlo, se iba á caza de lagartijas al campo, no lejos de la cibdad, y abriéndolas sacaba cuatro ó cinco tomines de oro (y si no me engaño) estando en aquella cibdad me enseñaron el indio, y no es milagro, porque el oro no se criaba en las barrigas de las lagartijas, sino, como de tierra se mantengan, á vuelta della comen algunos granillos de oro. Las minas que á poco más de quince leguas desta cibdad se labran, de oro, desde el tiempo del Inga, por una perdiz se descubrieron; y esta es tradicion: llegando el capitan general del Inga que iba conquistando, cerca destas minas, que se llaman Andacollo, y asentando su real, trujéronle unas perdices, que son muy buenas, en cuyos papos hallaron unos granillos de oro (los indios de Chile no conocian oro ni plata); trujéronselo al capitan general; preguntó donde habian muerto aquellas perdices; respondiéronle: en aquel asiento; mandó lavar y lavar; sacó mucha cantidad, y perseveró en esta riqueza muchos años, aun en tiempo de los españoles, y hoy persevera no en tanta cantidad; es muy fino, porque sube de la ley; este asiento sólo se labra en los términos desta cibdad un poco adentro de la cordillera, donde hace muy buen frio, y labran en él todos los años nueve meses pasados de ducientos y cincuenta indios, y cada año se sacan 75.000 y 80.000 pesos, sin lo que los indios aplican para sí; y en tres meses que dejan holgar aquella tierra, se torna á criar y producir otro tanto oro, lo cual á los que no lo han visto les parecerá fábula, y es verdad lo que habemos dicho.

Esta cibdad es abundante de pescado muy bueno; péscanse algunos atunes; no andan en cuadrillas como en España, sino de uno en uno; sale el indio pescador en busca dél, dos y más leguas á la mar con su balsilla de cuero de lobos; lleva su arpon, físgale, dale soga hasta que se desangra; desangrado le saca á la costa; vienen desde Arica á este puerto, que son más de 250 leguas costa á costa, barcos á hacer sus pesquerías de tollos, que son muy buenos y en cantidad; lizas y corvinas. He visto en este puerto cuatro barcos de pescadores venidos de Arica, poco menores que bergantines. Por cima del pueblo pasa una acequia grande de agua para todas las casas de la cibdad, y para regar las haciendas que están cerca dellas; las casas tienen sus huertas dentro, con naranjos, limos, membrillos, etc. Los vecinos viejos ya se han acabado y los hijos son como los del Perú; los vecinos desta cibdad son afables y bien partidos; no tienen las condiciones que los de puerto. Es pueblo de mucha recreacion, por la caza de perdices, y de pesca en unas lagunas juncto á la mar, do se crian lizas y otros peces, y patos de agua; los indios pescan graciosamente; unos con volantines arrojadizos, en los[51] cuales empalman los anzuelos grandes, y en ellos el cebo, que sacan de las conchas, atado con un hilo; arrójanlo cuanto pueden en la mar, ellos en el rebalaje de las olas á la rodilla, el volantin atado á la muñeca, y no parece si no que ven el pece que pica, y con la mano derecha dan un golpe en el volantin, y luego halan; pescan desta suerte lizas grandes, corvinas, y tollos, y lenguados. Ví una vez á un indio así pescar, y el pece que picó debia ser grande, porque se llevaba al indio al tumbo de la ola; quiso Dios se rompiese el volantin; si no, corria riesgo de ahogarse; no tenia con qué cortar el volantin. Otros entran casi hasta la ola donde quiebra, con sus fisgas de tres harpones, y en el tumbo de las olas vemos las lizas y demás peces; arrojan la fisga, y es cosa de ver qué ciertos son á dar en el pece; luego halan á fuera y sacan su pescado. Aquí se descubrieron minas de cobre de lo bueno del mundo, lo cual se trae á Los Reyes, y dello se ha labrado el artilleria para la defensa del puerto, para armar las galeras y demás navios de armada.

De esta cibdad para Sanctiago hay dos caminos: uno por la sierra, que se sigue en tiempo de aguas; otro casi por la costa de la mar; ponen 65 leguas de camino; en esta distancia hay tres valles muy buenos y fértiles; el primero se llama Limari, el rio no pequeño, buen agua, buenas viñas y mejor vino. El segundo se llama Choapa, más ancho el rio, mayor y más fértil, en el cual hasta agora no han plantado viñas; aquí hay un poblezuelo de indios, de los que allá quedaron del ejército del Inga; es abundante de pescado. El nacimiento deste rio es de oro, y en tiempo que se derriten las nieves es muy grande; más adelante es el valle de Quillota con otro rio no de tan buenas aguas; es el que dijimos pasarse por la puente del Inga, mayor, y que no todas veces se deja vadear; aquí se da mucho maíz, trigo y demás mantenimientos, y el cáñamo muy crecido, donde hay otro poblezuelo de indios; debe distar de Santiago 22 leguas, las más llanas, que al ivierno son trabajosas de caminar, porque se empantanan y parece el campo una mar; empero, como la tierra es recia, no hay mucha ciénaga; si no son en estos tres valles, no hay casas donde hacer noche; hácese debajo de arrayanes más crecidos que los de España, porque dellos se sacan vigas para enmaderar.

A su tiempo hay muy buenos pastos para los caballos, y en estos campos se criaba abundancia de ganado vacuno, y era tanto la primera vez que por allí pasé, agora veinticuatro años, que se nos venian los toros á las dormidas, todo hecho cimarron; no se conocia cuyo era en los términos de Coquimbo, que corren hasta el valle de Choapa; agora no hay ninguno, porque los vecinos de Coquimbo lo han consumido matando con dejarretaderas; cual más podia, más mataba, sacaban el sebo y hacian cecinas, todo lo cual embarcaban para Los Reyes; en lugar deste ganado se crian al presente abundancia de perros cimarrones. Cerca del valle de Choapa, gobernando don García de Mendoza á Chile, se descubrieron en este camino real las minas de oro que llamaron del Spíritu Sancto, riquísimas, de donde los vecinos de Santiago y Coquimbo sacaron millares de pesos; acabáronse temprano y los vecinos no sé qué hicieron de tanto oro; si sé; gastaron sin discrecion y vinieron á quedar pobres, y sus hijos mucho más.

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