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Descripción colonial, libro segundo (2/2)

CAPITULO LII PARTE LA ARMADA DEL PUERTO EN BUSCA DEL ENEMIGO, AGUA ARRIBA

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Con tanto y buen recado los navios, con tanta y buena gente y mejores ganas de se ver con el enemigo, nos hicimos á la vela una tarde, y antes el Marqués visitó los navios y prometió hacer mercedes á todos, animándolos á que cada uno hiciese lo que debia, así al servicio de Nuestro Señor como de nuestro Rey.

Otro dia salimos fuera de la isla y fuimos en busca del enemigo, que no sé si fué muy acertado, por tenernos cogido el luterano y ganado el barlovento, el cual en esta mar y en todas es la mayor parte de la victoria, y principalmente en esta nuestra costa; porque como los navios no sean igualmente veleros, unos suben más, otros menos, que es unos son mejores de la bolina que otros, por lo cual no pueden ir en conserva como cuando navegan á popa, ni se pueden socorrer los unos á los otros tan prestos, y á veces es imposible socorrerse. Empero al Marqués parecióle no era posible el enemigo írsenos de las manos, y pretendió tenerle rendido antes que al paraje de Lima llegase. Nuestra Almiranta y el pataje donde iba el capitan García Gorvalán eran los mejores veleros, y por esta razon éramos los más delanteros. La órden que llevaba era ésta: que no nos desabrazásemos de la tierra de diez á doce leguas, y que á las noches fuésemos la vuelta de la mar, y de dia viniésemos la vuelta de la tierra, que era lo cierto é conveniente. El Marqués tenia por momentos chasquis por tierra, con aviso dónde llegaba el enemigo. El armada seguia su derrota en busca dél. Sucede, pues, que llega el enemigo á la playa de Chincha, y luego fué dello avisado el Marqués, el cual despachó un barco de pescadores, con órden que no parase hasta hallar el armada, avisando al General dónde habia llegado el cosario, y que dos ó tres dias se habia detenido en aquella playa. Alonso Bueno venia cumpliendo todo lo que habia escripto. Sábado, pues, víspera de la Trinidad del año de 94, á la tarde, hallándonos un poco en alta mar, siete leguas más abajo de donde el enemigo estaba, llega el aviso del Marqués á la Capitana. El General disparó luego una pieza de artilleria; llegáronse los dos navios gruesos y patajes. No sé quién le aconsejó que mandase aquella noche le siguiesen, porque haria farol, y dió cuenta del aviso que tenia del Marqués; hízose su mandado, y en lugar de ir la vuelta de la mar, venimos la vuelta de tierra, con pocas velas y viento, y con unas olas muy hinchadas que daban muestra del mucho temporal que otro dia habiamos de tener. Cuando amaneció y volviamos la vuelta de la mar, porque nos hallábamos no cinco leguas de tierra, descubrimos al enemigo al barlovento de nuestra armada, á lo que decian los pilotos cuatro leguas más arriba, el cual, como nos descubrió, preguntó á Alonso Bueno ¿qué navios eran aquellos? Respondióle: los grandes llevan mercaderias á Arica para Potosí; los pequeños son barcos que van por vino y trigo á los valles que dejamos atrás; pero viendo que íbamos la vuelta de la mar, y como en su seguimiento, él tambien dejó de venir á popa via, y viró la vuelta de la mar á la bolina; el pataje donde iba el capitan Gorvalán hallóse más á barlovento que ninguna otra de nuestras velas, y tiró tras él, y le ganó el barlovento; pero como era pataje, y sin gente ni artilleria, no se atrevia á aferrar con el enemigo, y aunque aferrara era imposible nosotros favorecerle, digo la Almiranta, que se halló más á barlovento que las demás velas; tras nosotros, y á sotavento, se seguia la nao del capitan Manrique; la Capitana se halló más metida en tierra y más á sotavento; visto al enemigo, y su lancha delante dél, luego le comenzaron á seguir, atesando las velas todo lo posible para alcanzarle y pelear con él conforme al órden que del Marqués se llevaba; mas fué Nuestro Señor servido que cargó tanto el viento, y con tanta furia, que la Capitana quebró el mástil mayor de gavia, y no pudiendo sufrir la fuerza del esgarrón arribó á popa al puerto; lo mismo hicieron los patajes. Es cierto que en mi vida ceñí espada, y que viendo al enemigo y cuán lejos estaba de nosotros, y el viento que tomaba más fuerza, que ni me alboroté, ni pareció habiamos de venir á las manos. Nuestra nao seguia al enemigo, y en pos de nosotros la del capitan Manrique, y atesando todo lo posible las bolinas, con la furia del viento rómpesenos el boliche de la vela mayor de gavia, que para tomarle y coserle se pasaron más de dos horas, y como sin vela mayor de gavia, ni á bolina ni á popa salga ni navegue mucho el navio, en este tiempo el navio del capitan Manrique nos cogió el barlovento, y delante de nosotros iba navegando, cuando con una ola muy muy grande da una cabezada el navio y hace pedazos la entena mayor, y no pudiendo navegar, ya nuestra vela de gavia estaba cosida, fácilmente le dejamos atrás, y nunca más le vimos hasta lunes otro dia á las diez horas. La Almiranta, pues, sola iba siguiendo al luterano, y ganándole tierra, el cual bien creyó habiamos de pelear; echó la barca fuera, y alijó su navio limpiándole la cubierta; todo esto vimos, é ya que anocheció no estábamos media legua dél, pero en anocheciendo, cerrándose la noche, aunque seguimos un poco de tiempo nuestra derrota, viéndonos solos amaináronse las velas y con pocas y bajas íbamos la vuelta de la mar; ya que amaneció, ni navio de amigo, ni de enemigo, viamos. La culpa que tan mal nos sucediese, y que un solo navio con una lancha se nos fuese no se ha de atribuir sino á la soberbia nuestra; por ventura nos parecia éramos poderosos contra toda Inglaterra. Tambien la echamos al que dió el consejo que la víspera de la Trinidad, sábado, en la noche viniésemos la vuelta de tierra; porque es así cierto que, si se hace y guarda la órden del Marqués, y aunque no la diera se habia de guardar, que de noche fuéramos la vuelta de la mar, de dia á la de tierra, cuando volviéramos, el domingo de la Trinidad, sobre tierra, hallábamos al enemigo sobre ella y el armada á barlovento dél, y era imposible írsenos; á la mar no se podia ir, porque se la teniamos ganada; pues habia de abordar en tierra; eso queriamos, sino que debió imaginar quien dió el consejo que, como estábamos enmarados y no mucho, cuando llegó el aviso del Marqués donde estaba el enemigo, si el bordo de la mar lleváramos aquella noche, el enemigo pasara entre la tierra y nosotros, y por ventura, ó no le viéramos á la mañana, ó no le alcanzáramos, y otra excusa no hay; tambien es cierto que si el capitan inglés fuera hombre de conocimiento de mar, muy á su salvo pudiera cazar á popa contra la Almiranta, viéndola sola y sin quien la pudiera favorecer, y si esto hace, necesariamente habiamos de huir, porque no le habiamos de esperar con el lado descubierto á la bolina, para que en él asentara su artilleria y nos echara á fondo. Nuestro navio era imposible poder disparar contra él, porque las escotillas del artilleria estaban calafeteadas, y cuando no lo estuvieran, no nos podiamos aprovechar dellas, por el barlovento, por no estar muy altas, y no se poder hacer punteria; por el sotavento menos, por ir debajo del agua, sino qu'el enemigo, conociendo no le podiamos esperar, no quiso acometernos, y la mar andaba tan alta, que ni los de barlovento ni los de sotavento se podian aprovechar de pieza ni de arcabuz, y llegados á aferrar, mejores éramos que ellos.

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