EL INFIERNO DE AMOR,
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que fiso el Sennor Marqués de Santillana, Conde del Real.
nota XVIII
La fortuna que non cessa, Seguiendo el curso fadado, En una montanna spessa, Separada de poblado, Me levó, como robado, Fuera de mi poderío, Así que el libre albedrío Me fué del todo privado. Oh vos, Musas, que en Parnaso Faseis la habitacion, Allí do fiso Pegaso La fuente de perfeccion, Á la fin et conclusion En el medio començando, Vuestro subsidio demando En esta propusicion. Por quanto desir quál era El selvaie peligroso En recontar su manera, Es acto maravilloso, Yo non pinto ni gloso Silogismos nin poetas, Mas siguiendo linas retas, Fablaré non infintuoso. Del su modo inconsolable Non disçerne tal Lucano, De la selva inhabitable Que taló el bravo romano, Sy por metros non lo explano Et mi propósito menguáre, El que defecto falláre Tome la pluma en la mano. Sus frondas comunicaban Con el cielo de Diana, É tan léxos se mostraban, Que naturalesa humana Nin falla, nin se explana Por attores en lectura, Selva de tan grande altura Nin Olimpio de Toscana. Dó muy fieras animales Se mostraban, y leones É serpientes desiguales, Grandes tigres et dragones; De sus disformes faciones Non relato por extenso, Por quanto fablar inmenso Va contra las conclusiones. Vengamos á la corona, Que ya non resplandecía, Del aquel fijo de Latona, Mas del todo se escondia, É como yo non sabía De mí, salvo que ventura, Contra rason et natura, Me llevó do non queria.

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Como nave combatida De los adversarios vientos, Que dubda de su partida Por los muchos movimientos, Era con mis pensamientos, Que yo mesmo non sabía Qué camino seguiria De ménos contrastamientos. Como el falcon que mira La tierra más despoblada, Et la fambre allí lo tira Por faser certa bolada, Yo començé mi iornada Contra lo más accesible, Habiendo por impossible Mi cuyta ser reparada. Pero non andove tanto Quanto andar me complia Por la noche con espanto, Que mi camino impedia, Que el propósito que habia Por esto fué contrastado, Asy cay como cansado Del suenno que me vencia. Et dormí maguer con pena Fasta en aquella sason Que comiença Filumena La triste lamentacion De Thereo et Pandion, Quando ya demuestra el polo La gentil cara de Apolo De diurna inflamacion. Asy prise mi camino Por vereda que ynoraba, Esperando en el divino Misterio que invocaba, É ocorrió yo que miraba Entorno por el boscaie, Vi correr fiero salvaie Un puerco que se ladraba. ¿Quién es que metrificando Por coplas et distinctiones, En prosas nin consonando, Tales disformes faciones, Sin multitud de renglones El su fecho desir puede? Ya mi seso retrocede Pensando tantas rasones. ¡Oh sábia Thesaliana! Si la vírgen Atalante Á nuestra vida mundana Puede ser que se levante, Querria ser demandante Guardando su çerimonia, Pues el puerco de Calidonia Se mostró tan admirante. Pero tornando al vestiglo É su disforme figura, Digna de ser en el siglo Para syempre en escriptura, Digo que la su fechura, Maguer que de puerco fuesse, Ya non es quien iamas viesse Tal bravesa en catadura. Como la flama ardiente Que sus centellas envia En torno, de continente De sus oios paresçia Que los rayos esparçia, É doquier que reguardaba, Et fuertemente turbaba Á qualquier que lo servia.
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Como cuando ha tirado La bombarda, en derredor Finca el corro muy poblado Del grand fumo et su negror, Bien de aquel mesmo color Una niebla le salia Por la boca, do volvia Demonstrando el su furor. Estando como espantado Del animal mostruoso, Venir vi açelerado Por el valle fronduoso Un hombre que tan fermoso Los vivientes nunca vieron, Nin aquellos que escribieron De Narciso el amoroso. De la su grand fermosura Non conviene que más fable, Ca por bien que la escriptura Quisiesse lo rasonable Recontar, syn estimable Era su cara lusiente, Como el sol que en Oriente Fase su curso agradable. Un palafren cabalgaba, Muy ricamente guarnido, Et la sylla se mostraba Ser fecha de oro brunnido, Un capirote vestido Sobre una ropa bien fecha, Que traya la manga estrecha Á guisa de hombre entendido. Levaba en su mano diestra Un venablo de montero, Un alano á la siniestra, Fermoso, mucho ligero, É bien como caballero Animoso de coraje, Venía por el boscaie Seguiendo el vestiglo fiero. Nunca demostró Cadino El deseo tan ferviente De ferir al serpentino De la humana simiente, Nin Perseo tan valiente Se mostró quando conquiso Las tres hermanas, que priso Con el escudo eminente. Quando vió el venado É los canes que feria, Soltó muy apressurado El alano que traya, Et con muy grand osadía Bravamente lo firió, Asy que luégo cayó Con la muerte que sentia. Como el que tal oficio Lo más del tiempo seguia Serviendo de aquel servicio Que á su deessa plasia, Acabó su montería Falagando sus canes, Olvidando los afanes, Cansancio, malenconía. Por saber más de su fecho Delibré de le fablar, É fuéme luégo derecho Para él syn más tardar, Et como quier que avisar Yo me quisiera primero, Ántes se quitó el sombrero Quel pudiesse saludar. É con alegre presencia Me dixo: muy bien vengays, Et yo, con grand reverencia, Respondí: de la que amays Vos dé Dios, sy deseays, Plaser et buen galardon, Segond que fiso á Feson, Pues tan bien vos rasonays. Respondió: amigo, non curo De amar nin ser amado, Ca por Iúpiter vos iuro Yo nunca fué enamorado, Bien que el amor de grado Asayó mi fantasía, Mas yo, viendo su falsía, Me guardé de ser burlado. Yo le repliqué: sennor, ¿Qués aquesto que vos fase Tan rotamente de amor Desir esto que vos plase? ¿Es que non vos satisfase Servisio sy le fesistes, Ó por quál rason dixistes Que su fecho vos desplase? Dixo: amigo, non querays Saber más de lo que digo, Que si bien considerays, Más es obra de enemigo Apurar mucho el testigo Que de amigo verdadero; Mas, pues vos quereys, yo quiero Desir por qué non lo sigo. Yo soy fijo de Theseo, Nieto del Duque de Athénas, El que vengó á Thedeo Ganando tierras ajenas, É soy el que las cadenas De Cupido quebranté É mi nave levanté Sobre sus fuertes entenas. Hypólito fuí nombrado, É morí segund morieron Otros non por su pecado Que por fembras padescieron, Mas los dioses, que supieron Cómo non fuesse culpable, Me dan syglo delectable Como á los que dignos fueron. É Dyana me depara En todo tiempo venados, É fuentes con agua clara En los valles apartados, É arcos amaestrados, Con que fago ciertos tiros, É centauros et satiros Me demuestran los collados. Pues que ya vos he contado El mi fecho enteramente, Querria ser informado, Sennor, si vos fues plasiente, É por quál inconviniente Venides, ó qué fortuna Vos traxo syn causa alguna En este syglo presente. Que non es hombre del mundo Que éntre, nin sea osado, En este centro profundo É de gentes separado, Synon el infortunado Céfalo que refuyó, Al qual Diana trayó En el su monte sagrado. É otros que hobo en Grecia Que la tal vida seguieron, Segund que fiso Lucrecia, É por castidat perescieron, Los quales todos venieron En este lugar que vedes, Con los sus canes et redes Fasen lo que allá fisieron. Respondí: de la partida Soy donde nuestro Traiano, É Vénus, que non olvida El mismo tanto mundano, Me dió sennora temprano En la iovenil edad, Do perdí mi libertad, É me fiso sufragano. Et fortuna, que trasmuda Á todo hombre syn tardança, É lo lieva do non cuyda Desque vuelve la balança, Quiso que faga mudança Et tráxome donde vea Este lugar, porque crea Que amar es desesperança. Pero en esto es engannada En pensar en tal rason Que faga mi morada Do non es mi entençion, Ca de cuerpo et corazon Me soy dado por serviente Á quien creo que non siente Mi cuydado et perdiçion. Un rato estove mirando, Pensando lo que desia, E despues, como dubdando, Dixo: ¡oh, qué bien sería Que siguiésedes mi vía Por ver en qué trabajays É la gloria que esperays En vuestra postremería! Como quiera que dubdase El camino invisitado, Pensé si lo refusasse Que me siría reprobado, Asy le dixe: pagado Soy, sennor, de vos seguir, Non cessando de servir Amor á quien me soy dado. Començamos de consuno El camino peligroso Por un valle como bruno Espesso mucho fraguoso; É sin punto de reposo Aquel dia non cessamos Fasta tanto que llegamos Á un castillo espantoso. Al qual un fuego çercaba En torno como fossado, Et por bien que remiraba De qué guisa era obrado, El fumo desordenado Del todo me resistia, Assy que non discernia Cosa de lo fabricado. É como el que retrayendo Afuera se va del muro, Del dargon á sí cubriendo, Temiendo el combate duro, Desque el fumo tan escuro Yo vi fise tal semblante, Fasta quel fermoso ynfante Me dixo: mirad seguro. Ca non es flama quemante Como quier que vos paresca, Esta que veys delante, Nin ardor que vos enpezca, Ardimiento non perezca Seguiéndome diligente, Passemos luégo la puente Ante que más danno cresca. É toda vil cobardía Conviene que desechemos, É yo seré vuestra guía Fasta tanto que lleguemos Á logar do fallarémos La desconsolada gente, Que su deseo ferviente Los puso en tales extremos. Entramos por la barrera Del alcaçar bien murado Fasta la puerta primera, Á dó yo vi entretallado Un título bien obrado De letras que concluia: El que por Vénus se guia Éntre á penar lo passado. Hypólito me guardaba La cara mientra leya, Veyendo que la turbaba El temor que me pungia, Ca por cierto presumia Que yo fuesse atribulado, Sentiéndome por culpado De lo que allí se entendia. Díxome: non reçeleys De pasar, maguer veades En las letras que leeys Extrannas contrariades, Ca el mote que mirades Al ánima se dirige, Tanto quel cuerpo la rige, De sus penas non temades.
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É como aquel que por yerro De crímen es denunciado A muerte de cruel fierro, Et por su ventura osado, De lo tal es delibrado É retorna en su salud, Asy fiso mi virtud En el su primero estado. Entramos por la escuresa Del triste lugar eterno Á dó vi tanta gravesa, Bien assy como ynfierno, Dédalo, quel grand caverno Obró, la su geometría Por cierto aquí cessaria Su saber, sy bien discerno. ¡Oh tú, planeta diafano, Que con tu cerco lusiente Fases el siglo mundano Clarífico et propalente! Sennor, al caso evidente Tú me ynfluye poesía, Porque narre syn falsía Lo que vi en modo eloquente. Nin vimos el Cançerbero, Á Mínos nin á Pheton, Nin las tres fadas d’Anfiero, Llanto de grand confusion, Mas Fíllis et Demofron, Canaçe et Macareo, Euridiçe con Orfeo Vimos en una mansyon. Vimos á Páris con Elena, Et tambien Enéas et Dido, Con la fermosa Elena Y el su segundo marido; É más en el dolorido Turmento vimos á Ero, Con el su buen compannero En el lago perescido. Archiles et Policena, A Ypremestra con Lino, É la duenna de Ravena, De quien fabló el florentino; Et vimos con su amante, digno De ser en tal pena puesto, É vimos, estando en esto, Á Semiramis con Nino. Olimpias de Macedonia, Madre del grand batallante, Ulixes, Circe, Pausonia, Hércules, Io, Atalante, Tisbe con su buen amante Vimos en aquel tormento, É otros que non recuento, Que fueron despues y ante. É por el siniestro lado Cada qual era ferido En el pecho, muy llagado, De grand golpe dolorido, Por el qual fuego encendido Salia que los quemaba, Presumid quien tal passaba Si debiera ser nascido. Con la grand pena del fuego Tristemente lamentaban, Pero que tornaban luégo Et muy manso rasonaban, É por ver de qué tractaban Muy paso me fué llegando Á dos que vi rasonando, Que nuestra lengua fablaban. Las quales desque me vieron É syntieron mis pisadas, Una á otra se volvieron Bien como maravilladas; ¡Oh ánimas afanadas! Yo les dixe, en Espanna Nascistes, se non menganna La fabla, et fuystes criadas. Desidme de qué materia Tractays despues del lloro En este limbo et miseria Do Amor fase su tesoro; Asymesmo vos imploro Que yo sepa dó nascistes, É cómo et cuando venistes En el miserable choro. Bien como la serena Quando planne á la marina, Començó su cantilena La una ánima mesquina, Disiendo: persona digna, Que por el fuego passaste, Escucha, pues preguntaste, Si piedat algo te inclina. La mayor cuyta que haber Puede ningund amador Es membrarse del plaser En el tiempo del dolor; É maguera quel ardor Del fuego nos atormenta, Mucho más se nos augmenta Esta tristesa et langor. Ca sabe que nós tractamos De los bienes que perdimos É la gloria que passamos, Mientra en el mundo vivimos Fasta tanto que venimos Á arder en esta flama, Á dó non curan de fama Nin de las glorias que hobimos. É si por ventura quieres Saber por qué soy penado, Pláseme porque si fueres Al tu syglo trasportado Digas que fuí condenado Por seguir de Amor sus vias, É finalmente, Maçías En Espanna fuí llamado. Desque vi su conclusion É la pena abominable, Syn faser larga rason Respondí: tan espantable Es el fecho perdurable, Maçías, que me recuentas, Que tus esquivas tormentas Me fasen llaga incurable. Pero como el Soberano Sólo pueda ordenar En tales fechos, hermano, Plégate de perdonar; Que ya non me da lugar El tiempo que me detarde. Respondióme: Dios te guarde, El qual te quiera guiar. Volvime por dó viniera, Como quien non se confia, Buscando quién me truxiera En su guarda et compannía; Et maguer que entorno via Las ánimas que recuento, Non lo vi nin fuí contento Nin supe qué me faria. É bien como Ganimedes Al cielo fué arrebatado, De la guisa que leedes, Segund que vos he monstrado, Bien asy fuy yo levado Que non supe de mí parte, Nyn por quál forma nin arte Fuy daquel centro librado.
Fyn.
Asy que lo proçessado De todo amor me departe, É non sé tal que non se aparte. Si non es loco probado.