CARVAIALES.
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Andando perdido, de noche ya era, Por una montanna, desierta, fraguosa, Fallé una villana, feroçe, espantosa, Armada su mano con lança porquera. Tenía grand fuego cabe una fontana, Y en veiéndome, luégo syn otra peresa, Revuelta en el braço una capa de lana, Salióme adelante con mucha ardidesa, Disiendo: escudero, ¿quién soys? ¿qué quereys Por esta grand silva deshabitada? Sennora, cruesa de mi enamorada Me trae fuyendo, aquí donde veys. La perfection de nosotras mujeres, Es de los trese fasta quinse annos, Con éstas se toman suaves plaseres Et todas las otras son llenas de engannos; Por ende, sennor, sy pasa los veynte, Aquella por quien soys tanto penado, Sabed que serédes el más padesciente Et syenpre os vereys ser ménos amado. Amad, amadores, mujer que non sabe, Á quien toda cosa paresca ser nueva, Que quanto más sabe, mujer ménos vale, Segund, por exemplo, lo hemos de Eva, Que luégo, comiendo el fruto de vida, Rompiendo el uelo de rica ignocencia, Supo su mal et su gloria perdida; Guardaos de mujer que há platica et scientia. Amad, amadores, la tierna edat, Quando el tiempo requiere natura, Questa non tiene ninguna crueldat Nin ofende al amante luenga tristura.
