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Orígenes de la novela, Tomo III

TRAGEDIA POLICIANA (continued 3)

Reading edition

Phil.—Passito, señor, no hables tan alto, porque duermen aqui los ortolanos desta huerta, e sería grande mal si a tal hora fuesse hallada en tan sospechoso lugar.

Pol.—O mi señora e mi bien todo, qué llengua puede callar lo que mi ánima siente de gloria delante de tu bienauenturada presencia? Por cierto yo creo que Paris con la hermosa Elena, ni el desconoscido Jasson con Medea, ni el cruel Turquino con la castissima Lucrescia, ni Eneas con Elisa Dido, no gozaron del bien que yo en tu acatamiento posseo. Agora que mis ojos vieron lo que jamás penssaron merescer, a cualquier tiempo que mi fin viniere no rescibo agrauio con su venida.

Phil.—Señor Policiano, si creyesses la pena que tus males me han causado quánto ha seydo excessiua a mis fuerças feminiles, esta sola deue ser recompensa de tus trabajos, sin que otra jamás me pidiesses. Y si mayor la quieres porque otra mayor meresce tu firmeza, pide a tu voluntad de mi patrimonio e riquezas sin que pongas lesion en mi honrra tan delicada. Ninguna cosa de la vida me hiziera consentir en tu mal, sino mi bondad sola, a quien más que a tu vida soy obligada. E ansi la natural compassion mia de que te pienssas aprouechar, porque es enemiga de mi fama te auiso que te ha sido muy contraria. Por tu carta e mensagera me certificas de la afficion grande que me tienes; pues si esto es verdad, antes deues dessear tu pena con mi honrra que tu remedio con mi culpa. No me juzgues[563] ser inconstante porque començé a faborescer te y agora te niego el fabor, pues te auisé por mi carta del respecto que tube a tu salud, sin acordar me de cosa que fea paresciesse.

Pol.—Señora de mi vida, si como fui dichoso en mirarte lo fuera en no auer te mirado, aunque perdiera el mayor bien de esta vida, que es auer te visto, fuera bienauenturado en no ver a quien con dura sentencia me condena a muerte, sin merescerla más que con mi atreuimiento en amar. Acostumbrado estaua ya a biuir triste, tanto que con las tristezas tomaua recreacion, por ser tú la causa dellas; pero agora que de mí las auia desterrado con el descanso que de esta merçed esperaua, agora que en mis debilitadas fuerças auia conualescido con la ymaginacion de esta diurna noche, ni mi mal rescibe consuelo, ni mi pena admite el reposo, ni mi coraçon apassionado consiente ningun sossiego.

Phil.—Mira, señor, que me matas con tus quexas apassionadas, e no soy parte para amanssarlas, sin que mi infamia comiençe quando tu quexa se acabe. No pongas, señor, con este acidente en peligro tu vida, y en disputa mi honrra, porque si a noticia de mis padres viniesse, no que te hablo, sino que de ti ni de otro tengo memoria, solamente mi fin te quedaria por aliuio de tus trabajos.

Dor.—Nunca yo medre si más aquí espero; poco a poco se va todo a perder.

Pol.—No consiento que se piense que el temor entibie lo que amor encendio con su fuego. Manda tú, señora, que yo resista e allane qualquier fuerça, que yo acabaré la vida con quedar en el mundo mi nombre por espejo de fortaleza. Mira, reyna mia, que el valor de tu persona haze osado mi atreuimiento, porque ningun seruicio puedes rescebir que en quilates suba a la alteza de lo que meresces.

Dor.—Ce, señor Siluano.

Sil.—O mi señora Dorotea, no sé si meresce perdon el agrauio que esta noche he rescebido, pues creo que de voluntad me has dexado esperar hasta agora. Pero dexadas aparte mis quexas, qué sientes de mi dolor causado de mi afficion?

Dor.—Señor mio, lo mismo que de mí siento deuo sentir de tu pena, pues con una misma saeta están heridos dos coraçones. Como me amas te amo, como me quieres te quiero. Despues que aquella buena madre Claudina me nombró tu apazible nombre, huyó de mí mi libertad, e no soy parte para querer más de aquello que de mi quisieres ordenar.

Sil.—O mi señora, que nunca me burló mi confiança. E pues estas redes duras impiden agora nuestro gozo, nuestro final requiebro se dilate hasta que Policiano mi señor acabe con Philomena estos sus prolixos amores. E porque me parece que se despiden, yo me aparto a esperar a Policiano e los angeles queden en tu guarda.

Dor.—Y a ti acompañen como yo desseo.

Phil.—Cauallero, ya no es razon se dissimule y passe en secreto lo que mis apassionados desseos tan a la clara publican, porque si las tinieblas de la noche no impidieran tu vista, en mis señales públicas conoscieras mis congoxas secretas. Algunos dias han passado despues que tus cartas e amorosos mensages rescebi, en que mis captiuas fuerças han rescebido muy rezios golpes, e yo varonilmente contra ellos he peleado. Pero al fin, si como tengo el coraçon de carne le tuuiera de un rezio diamante, no dexara de caer de mi voluntad en la tuya: tal ha seydo el combate que en mi coraçon he sentido. Finalmente estoy rendida a tu querer, porque eres quien en mis ojos más meresce de los nascidos. Ordena, señor mio como nuestros apassionados desseos ayan aquel effecto que dessean, porque hasta esto ningun momento passará que para mí no sean mil años de infernal tormento. Las fuertes rexas de estas ventanas impiden el remate de nuestros sabrosos amores. La mañana paresce que comiença a embiar sus candidos resplandores por despidientes mensageros de nuestro gozo. Toma, señor mio, la possession de mi voluntad, e della e de mí ordena de manera que mi passion se afloxe y la tuya se acabe, e si te paresciere, para la noche venidera se quede el concierto por las cercas de esta nuestra huerta, por la parte donde el rio bate en ellas, que es lugar más sin sospecha e donde yo estaré esperando tu venida, no menos que mi desseada libertad.

Pol.—Pues, señora mia, angel mio, descanso mio, la claridad del dia causa el eclipsi de mi coraçon, con la forçosa partida de tu presencia: yo acepto la merced a la hora e por el lugar por ti determinado. Yo me voy, e la gracia de Dios te acompañe.

Phil.—E contigo vaya, e te me dexe ver con la breuedad que yo desseo. Muy passito, Dorotea, al passar del retraymiento, porque no seamos sentidas de mi señor Theophilon, pues Dios me ha librado de las manos destos cauadores; qué te paresce que hagamos?

Dor.—Que aunque no sea para más de dissimular, nos tornemos a la cama hasta que sea la ora en que acostumbras leuantarte.

Phil.—Bien has dicho, pero cómo reposará quien su reposo tiene en poder ageno? Cómo dormira quien tiene el coraçon captiuo? Ydo mi señor Policiano, mi ánima lleuó consigo. O mi angel, o mi señor, por qué te consenti apartar de mí? Por qué te dexé de la mano al tiempo que te posseya? O rexas, rexas, mal fuego os consuma, que solas vosotras defendistes mi refrigerio e toda mi gloria. Pero si en otra tal me veo, no lloraré mi daño que causare mi negligencia.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXI ACTO

Polidoro e Machorro, hortolanos de Theophilon, estan cauando en la huerta; llega Theophilon y encargales la labor, e donde a poco vienen Philomena e Dorotea a la huerta, dende Philomena dize a Dorotea el concierto que tiene con Policiano, etc.

Polidoro. Machorro. Theophilon. Philomena. Dorotea.

[Polid.]—Hola hola, Machorro, alto, adereça las açadas e almocafre, porque antes que nuestro amo venga el açequia esté limpia, los naranjos descubiertos, e cogeremos el azahar de los çidros, e aun escauaremos vn buen rancho de limones.

Mach.—Yo tomo de coto aporcar el cardo, regar la verengena, escardar la yerua buena e torongil, trasponer vn tablar de col murçiana. Esto hata que sea hora de la beuedilla, que soncas en ayunas mal se puede her hazienda de mas al jobo.

Polid.—Dom'a Dios sino me leuanto esta mañana mas laçio que col trasnochada, no se me yergue ell aliento para her hazienda. Para calonigo estó aora bueno.

Mach.—Prissa prissa, que no engorrará el zagal con ell aparato, y entretanto ell açada ande derecha, que acabada mi tarea te ayudaré a rregar el lechuguino, que ay en ello bien que afanar.

Polid.—Antañazo trabajé con Teodosio su hermano de nuestro amo, mas algo que de mejor jornal sacaba hombre que no agora.

Mach.—Ansi me dizen; que da buena soldada a los que andan en su hazienda, e aun par Dios ques m'antojado de coger me con él vna temporada, son por no enojar a Theophilon que es hombre de bien.

Polid.—No era Dios alboreado quando mos embiaua la bota hata las empulgueras, la cedra llena de hogaça, que auie bien que desbastar; ortaliza no marraua, a la noche olla e quarenta de jornal pagados en somo la tabla.

[Mach.][564].—Prissa, diziendo e haziendo, como la borracha al jarro, pues aun nuestro amo no paga mal por buena fe: a rreal e olla a medio dia, e pan abasto e ortaliza quanto hombre puede desgarrar, e ver a nuestra ama la moça sobre comida, que vale más que todo.

Polid.—Esso ha, boto yo al ciego. O hi de puta, e cómo se despeluzan los pelos[565] desque ensoras la veo.

Mach.—Cata cata, que tambien presumes tú de garçonia como ell otro çanquiuano que la festejea?

Polid.—Par Dios, amorio la tengo que ensoras me medio fino desque la estoy desmaginando.

Mach.—Bueno va, e avn para ti como dizen se peyna la otra. Par Dios, vn zagalon anda por alderredor de casa todo este verano que cuydo que deue ser su requebrado, segun que las bueltas da por estas entreçercas.

Polid.—Ora nuestro amo viene, no hablemos mas en este causo.

Theoph.—Cómo anda la labor, Machorro? Cómo estan los çidrales despues de aquel nublo de antenoche?

Mach.—Por Dios, nuestro amo, que se han agastado mucho, y el malhojo que les cae me da mala espina dellos. Estan plantados en tierra arenisca, avn donde no ay acogidas de las luuias, mal caletre tienen, dame en qué pararan.

Polid.—Vale que estan como en ladera, e los vnos defienden a dellelisco a los otros, que de otra manera no vuiera quedado brusco.

Theoph.—La ortaliza se cure, que esté bien escardada de yerua y espina e cardo, y esto se haga a tiempo que la tierra tenga humedad e esté bien temporizada.

Mach.—Bien deue de entender nuestro amo de hancio de agrecoltura, pues a mosotros el cargo, que la huerta estará qual cumple.

Theoph.—Paresce me que estos laureles estan estragados de sauandijas; soltad los perros algun rato para que un rato con otro las espanten.

Polid.—Do yo al diabro el barzino si en toda esta noche paró su ladrido, e asmo que se deuen recelar de zorras que en esta huerta se entran por los albollones y estragan lo que hombre afana, mas yos boto a Lucifer que yos les arme alguna noche qualque trampa que tengamos caça maguer que se engorra.

Theoph.—Pues, Machorro, donde tú andas yo estoy cierto que abrá buen recaudo.

Mach.—A buena huzia, nuestro amo, ell almuerzo venga, que en lo al pierde cudado. Qué digo, Polidoro hermano, comol suenan acos chamelotes a nuestramo, allentos me toman de emplear el jornal de dos semanas en otra gauardina como aquélla.

Polid.—Mira, Machorro; par Dios que estoy por dezir que es mejor hato el gauan que aquellos pellejos de gato, al menos si haze ventisco mejor abriga las coradas. Si el sol resprendea en demasia, debaxo del gauan se escapa hombre. Pues si se desmanda el pedrisco, mi capote hara lo que no haze su chamelote.

Mach.—Mia fe. Polidoro hermano, no les tengo embidia [á] sus mangotes. Quantis que aquestos que enfingen de escoderia no tienen son mucha veleza e poca salud. Yo ha que biuo del afan de estas manos y a la ley de Dios. Estoy contento con mi trabajo, e no hago mal a mi vezino.

Polid.—O Machorro hermano, no hay tal como ganar hombre el gouierno con el sudor de la cara, la olla podrida, y el gauan no muy roto, y el testamento en la vña. Todo lo al es echar ell alma a los perros.

Mach.—Aquestos escoderotes, mal pecado, comen de lo que hombre suda, e visten de lo que hombre afana. Estan llenos de dineros, y avn no menguados de cordojos.

Polid.—Dalo a huego, Machorro, biuamos como Dios manda, que esto mi fe es lo que vale. Coman se ellos sus perdigones e dexen me a mi con mi hogaça e macho, que me sabe como Dios hizo la nieue.

Mach.—Prissa, que te oluidas el golpe dell açada, y allego yo al cabo del tablar viejo, e a ti no te luze la labor que a cargo tomaste.

Polid.—Basta que me crezca la gana de beuer, aunque se me acabe la que tengo de cauar. Dios me liembre a bien hazer. Di, Machorro, liembrase te de Collaço, el capataz de Caldorio el viejo?

Mach.—Y avn de Lamberta su zagala, que más de quatro noches me ha dado malas.

Polid.—Pues abonda que el sacristan la festejea, y a ella que nol pesa mucho por auer nascido.

Mach.—Dola ya al diabro, que a la contina fue ganosa de manteles. Tambien antañazo anduuo aqui medio de puntillas con Frontino el cogedor de la humazga: no hará ya aquella moça cosa que buena sea. Prissa, prissa, que sube el sol por el ventanaje, e no está llena ell alberca de los adoquines.

Polid.—O hi de puta, qué açada esta para reboluer vassura entre estos mançanos nueuos! Tal sea mi uejez qual ella es, si la bota cumpliesse las marras.

Mach.—Ox, ox, ojo a la puerta, verás a nuestrama la moça qué resplendiente viene de mañana. O hi de puta, y chen la sobase aca pechadura, e le assentase media docena de nalgadas en acas llunadas muertas.

Polid.—Calla, que viene cerca. Do te al demoño enalbardado.

Phil.—Dorotea amiga, despues de la passada noche y de aquel açucarado rato con aquel cauallero passado, no he auido oportunidad para te dezir lo que con él tengo concertado.

Mach.—Alleguese acá, señora nuestrama, tome de la verdura.

Polid.—En secreticos andas? Cabal anda la cuenta; en tres pies deue de estar la domenica.

Dor.—Señora, habla passo, que estos villanos son maliciosos.

Phil.—Amiga mia, mi sola secretaria, aquel cauallero se fue, e consigo llenó mi coraçon e mi alma, y si alguna parte dexó en mi, más fue para amar que para animar. Su fidelidad de amor es tanta e tan fiel, que no bondad sino ingratitud fuera dexarla de conoscer, e con el conoscimiento no gratificarla. Pues como mis fuerças han seydo antes de agora combatidas, e con tan rezios golpes de amor mis entrañas quedassen aportilladas, fue el impetu amoroso que de su vista rescebi tan bastante, que destruyó mi verguença, robó mi honestidad, e finalmente tomó la verbal possession de mi captiuo consentimiento. Dile mi sí de le aguardar la noche que viene en esta huerta de mi padre, y aunque el temor despues acá me ha hecho algun tanto de resistencia, es el amor tan poderoso, y está tan encastillado en mis tan pocas e flacas fuerças, que ningun inconueniente basta para estoruar mi enamorado concepto. Dime, amiga mia, lo que te paresce, con condicion que en caso de impedir mi determinacion no gasto tiempo porque será mal gastado.

Mach.—Ha, señora nuestra ama, de guis que no chere de la fructa? De a rauia su mecé tanta filosomia con la moça y tome dell albahaca.

Phil.—Luego, Machorro.

Polid.—Ea, pues, ata me si ha gana, que está hombre parado por atendella.

Mach.—Prissa, prissa, que ella se llegará si le pluguiere.

Dor.—Señora mia, en el coraçon determinado dizen los que algo entienden que mal se rescibe el consejo; pero ya que este mal ha de venir en effecto, bien será que miremos cómo se haga menos mal, e que de dos daños el menos rescibamos por bien. Estos villanos duermen en esta huerta, e tienen el dormitorio en los poyos de aquel jardin, e pues se cree que el cansançio del dia e la çena de la noche los dexará presos del sueño, el tiempo de esta visitacion sea al punto de la media noche y por la parte más secreta de esta huerta. Plego a Dios que los perros no uenteen y acometan a hazer su officio, porque si tal cosa fuesse, todo tu gozo en el pozo, e tu concierto seria desconcierto, e muerte de muchos e infamia de la casa de tu padre.

Phil.—En mi coraçon estás, e como yo lo siento lo sientes, pues lo que yo temo has apuntado que temes. El concierto está hecho al punto de las doze por la parte de la cerca donde bate el rio en la huerta. En manos de la fortuna encomendemos nuestros apassionados desseos, que donde ésta no fauoresce nunca ay succession venturosa. E porque estos cauadores no sospechen mal de nuestro largo secreto, no se hable más en esta materia.

Mach.—O gozo bueno vea della la que la pario, quan roçagante fegura trae su meçé.

Dor.—Di, Machorro, por tu vida, paresce te bien mi señora?

Mach.—O, pese a quien me hizo el sayo con la parescida, si el rato que la está hombre oteando no me semeja son que los memoriales estan en passamiento.

Phil.—Miras me con buenos ojos, Machorro, e parezco te más de lo que soy.

Mach.—Con buenos ojos dizes, señora? Boto a la coronica de Olmedo que me escantas la condicion con sola tu catadura.

Polid.—O, vala te la maldicion, e qué ensenito enamorado enfinges.

Mach.—Tome, señora, este ramo de limon con que se espacie, e perdone que se le do con la mano.

Dor.—Deuias con el pie.

Phil.—Yo te lo agradezco, Machorro, e queda te a Dios, que nos vamos.

Mach.—Yda buena vaya con ella.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXII ACTO

Palermo e Piçarro, hallando se solos, acuerdan de yr a casa de la Claudina para pedirle compañía, donde siendo llegados la Claudina vende su hija a Palermo e a Libertina para Piçarro, e hecho el concierto se acaba este acto.

Palermo. Piçarro. Claudina. Parmenia. Libertina.

[Pal.]—Descreo de la playa de Valencia y avn de la vida de Barrabas torno a descreer, con tanta soledad como aqui passamos. Vida es esta? no creo en la ley del quaderno, si no me determino de perder la vida que tengo por auer vna yça que me ayude a ganar el roço. Esto ya el diablo se lo quiere, no tengo la vida en tres sueldos, harto estoy ya de comer pan con corteza.

Piç.—Descreo del tabernaculo viejo si tú no andas tramando algo con que demos ell alma al diablo y el cuerpo á los alanos; demos vna gatada en casa de aquella puta vieja de la Claudina, e hagamos la que nos muestre su martilojo de putas, e si alguna vuiere no muy marcada que tenga razonable gesto e mejor adereço de mueble, echalle hemos la garra y daremos con ella en el estancia, donde descreo de la vida en que biuo si la misma muerte me la desengarrafe de mi poder.

Pal.—O, reñego de la ribera de Tajo, pues no es afrenta grande uer vn hombre de honrra yr cada dia con su jarro al bodegon? sino que cueste lo que costare, e vna daifa en casa que sirua de ama e moça y avn passe por dueña.

Piç.—Bien lo has acordado, pues alto; pon los pies en el camino. Oyes, mochacho, mira por la casa, por las paredes digo, que, Dios sea loado, no tropeçará nadie en el axuar.

Pal.—O ventura. Boto a tal no sé en qué se va: treynte años ha que toco los atambores e hago el son en la puteria, e mas ha de quinze que ando hecho[566] estantigua por los çimenterios e a sombra de tejados, y encomiendo al diablo otra cosa he ahorrado sino desta mano derecha. Medio ojo me arrebataron en Bilbao, y este rascuño me dieron en Xerez de la Frontera. Blanca, si no es en la cabeça, do yo a Lucifer la que yo mando. El vn lado me hiede a çimenterio, y el otro a espital pobre: no es vida esta passadera.

Piç.—A casa de esta vieja llegamos, procuremos de metella el diablo en el cuerpo, que de grado o de fuerça nos dara qualque putana.

Pal.—Quién está en su casa?

Par.—Quién llama ya de mañana? No pudieramos agora passar la siesta sin huespedes?

Pal.—Ho salue y guarde a la madre vieja y la compaña.

Piç.—Descreo de tal si no venimos a tiempo que aunque esté comida la pulpa no mancarán vn par de huessos.

Clau.—Jesu, Jesu, hijos de mi alma, quál nublado os aportó por estos barrios? Llegate, hijo Palermo[567], ay par de essa mochacha, e tú, Piçarro, sientate ay con Libertina, e alcançad sendos bocados.

Par.—Qué has auido, señor Palermo, vienes con algun embaraço?

Pal.—O descreo del cuerpo de mi amiga con quien tal pregunta, e quándo suelo yo biuir sin quatro dezenas de tramas, que la menor me cueste la vida? No creo en la fe del soldan si hallasse con quien matarme, si pudiesse auer en casa mejor pasqua.

Lib.—Jesu, defiende me tú, Señor, de hombre tan arrebatado.

Clau.—Qué aueys auido, hijos, que tan ganoso viene Palermo de morir? Jesu me libre y me defienda; ten paz, hijo, con todo el mundo e biuiras alegre y moriras bien logrado.

Piç.—O, pese a tal con la puta vieja, despues de bien puta haze se nos candelera. Danos, descreo de la vida en que biuo, sendas putas que nos siruan, e nos socorran en nuestra pobreza, y el consejo dale por allá a quien más le ha menester.

Clau.—Andá noramala, hijos, no seays vellacos. No podeys dezirme vuestras necessidades sin amenguar mis tristes canas? Como he dado recaudo a otros a quien menos soy obligada, no os dare a vosotros dos e tres moças, y más quantas por derecho deua?

Par.—Ce, madre, ya me entiendes, a tiempo vienen.

Clau.—Ya ya, no mas.

Pal.—No hables en secreto, madre; si no reniego del pilar de Victoria si no lo encomiendo todo al diablo.

Clau.—Hijo Palermo, ten seso e paciencia e ganarás comigo dineros. Descendid acá abaxo, locos, que os quiero hablar un poco en secreto.

Piç.—Vamos, pese a tal, siquiera sea en casa de Barrabas.

Clau.—Sentaos, hijos, en essa escalera, e hablad passo, no nos entiendan estas rapazas. Mirad, hijos mios, ya sabeys que es mi officio ganar de comer entre los buenos, e que quien fuere mi amigo me ha de acarrear mi prouecho. Yo tengo an[568] casa estas dos moças frescas como vnas rosas e mochachas para todo, e ansi goze yo mi vejez como a mi Parmenica me pid[i]o oy vn cauallero con quien no se perdiera nada si yo dar sela quisiera, y a essotra rapaza me han pedido muchos, sino que por no ver me sola no me he determinado; pero porque conoscays la voluntad y amor que os tengo, yo os las quiero dar por vn cierto tiempo hasta que veamos cómo lo hazeys con ellas, e ha de ser con esta condicion: que mireys por ellas e os tengan por amparo, os siruan la casa, e las tengays por amigas, mas si algun lançe se les offreciere con que ganen dos doblas, de la parte que os cupiere tengo yo de aver la mia, pues que, mal pecado, para esso he criado a la vna y a la otra he aluergado en este rincon para que me ayuden a passar esta vida. Y esto que aqui queda entre nosotros concertado ha de ser tan secreto que la tierra no lo sienta.

Pal.—Ora, madre señora, gran merced rescebimos con lo que por nosotros hazes. E si ellas van a la estancia, descreo de la tierra de Fez si no les valga más vn dia que ciento de quien más haga por ellas. Ellas procuren de ser las que deuen e no nos rebueluan cada dia nueuas trapaças, e en lo demás en caso de buscar quien les dé diez doblas, hagan lo que quisieren, que aqui las ayudaremos.

Piç.—Yo las faborescere con mi persona y lo que tuuiere, y aqui el señor Palermo, que es amigo del tiempo viejo, todos las auemos de seruir e poner la vida por lo que a su chapin tocare.

Clau.—Pues, hijos de mi alma, en esto no se entienda más por agora. Vosotros os podeys yr con la bendicion de Dios, porque yo quiero tocar el pulso a las moças, e no que vosotros esteys delante: mañana en la noche dad por acá la buelta, que ellas estaran a punto y lleuar las heys en buen hora.

Piç.—Ora, pues, madre Claudina, lo dicho dicho.

Clau.—Yd, hijos, con Dios, que yo haré lo que digo. Qué hazeys, loquitas? Aora aueys mirado, qué feroces venian aquellos diablos? Qué es esso, Parmenia? Qué ojos son essos que tienes? Qué has auido despues que yo descendi?

Lib.—Madre, ella ha entendido lo que dexas concertado, y despues que de aqui fuiste no haze sino llorar.

Clau.—Ea, ea, bonita, lagrimitas agora, qué me agradan! pues qué te pensauas? que toda tu vida te auia de tener a un lado? No me faltauan otros duelos. Muger eres ya hecha y derecha, e bien sabes ya el pan con que te has de hartar. Ya he trabajado con mi vejez e pobreza hasta ponerte en hedad y en estado que sepas ganar de comer. Biue, hija, por tu pico, e no seas niña toda tu vida. Cata aqui a tu compañera Libertina, que no ha seydo toda su vida sino como una martir, donde quiera que la he lleuado, siempre muy conforme con lo que yo la mando; tuerto o çiego, el amigo que la doy esse tiene ella por perlas orientales.

Lib.—Qué quieres, madre, que haga? Quando a tu casa me llegué yo vine pobre e desnuda, que en mi camisa no ataran blanca de cominos; agora, Dios loado, cayendo e leuantando, no faltan dos reales e vn razonable vestido. Veo que si quiero comer no ay quien me lo estorue, e que duermo descuydada con no faltar la comida; mientras esto durare, ahorquen a todo el mundo.

Par.—Qué quieres, madre, que sienta? Pues que me veo moça y afligida e con desseo de gozar mi alegre moçedad, e toda mi vida encerrada hecha mesonera de vellacos, y agora que en tu vejez esperaua algun buen pago, has me vendido a un rufian, que no sé lo que de mí querra hazer. Veome sola, e huerfana de padre, e desamparada de ti, que en fin eres mi madre, en quien he puesto mi amor toda mi vida. Si mayor mal quieres, si a muger tan temprano persiguio la fortuna como a mí, tú, madre mia, lo mira, e ansi me pon el remedio.

Clau.—Mira, Parmenica, haz lo que yo te mando, toma mi consejo, e no te pongas comigo en disputa si hago bien o mal. Más vieja soy que tú, más sé del mundo que tú, e más se me entiende que a ti. Si vas en compañia de Palermo, no vas a tierra de Moros, muestra te a dexar la teta, que ya duro es el alcaçel para çampoñas.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXIII ACTO

Theophilon, padre de Philomena, conosciendo en su hija algun nueuo desasosiego, habla palabras muy graues a Florinarda su muger sobre el descuydo que tiene en el castigo de Philomena, e llama a Siluerio e Panphilo sus criados en secreto, a los quales encarga que maten a palos a la vieja Claudina, etc.

Theophilon. Florinarda. Siluerio. Panphilo.

[Theoph.]—Florinarda amiga, muchas uezes he desseado auisarte que como honrrada matrona enmiendes algunos descuydos en la gouernacion de nuestra casa y en la guarda de nuestra honrra, porque con muchas e muy biuas ocasiones a esto soy compelido; pero considerando que la flaqueza feminil no deue ser molestamente tractada, e que las negligencias que no nascen de malicia con facilidad son corregidas, he acordado de callar hasta que veo nuestra honrra dando baybenes y a punto de caer en algun hoyo de immortal infamia. Muy escusado me fuera a mí, que soy padre, desuelarme en el castigo de Philomena mi hija, si como tú eres dueña noble fueras madre cautelosa. Pero semejante[569] exercicio de corregir donzellas, al varon es vergonçoso quanto a la muger más honesto. En confusion tuya, y en demasiada pena mia, te doy auiso que de algunos dias a esta parte conozco en Philomena nuestra hija alguna nueua desemboltura causada de tu muy notable descuydo. He conoscido en ella ser amiga de la ventana, e avn no muy enemiga de ser vista, que es en la donzella vn gusano para su nombre tan delicado. Tambien me dizen que vna mala vieja que dizen la Claudina frequenta mucho nuestra calle, y avn nuestra criada Dorotea no dexa de visitar su casa; en el tiempo que Philomena nuestra hija fue templada en sus palabras, honesta en el aspecto, recatada en su persona, e retrayda en su exercicio noble, ninguna nouedad que yo en ella conosciera causara en mí deshonesta sospecha, porque la muger virtuosa donde quiera es buena hasta que viene a dar señales de mala. No piensses, mi Florinarda, que por lo que en nuestra hija siento de nueuo se me aya entibiado el amor paternal, sino que la experiencia que tengo del mundo me causa cautela, e la cautela temor, y el temor me da pena, e la pena produze en mí semejantes effectos; solamente quiero que sepas, si no lo sabes, que ay en las mugeres tanta fragilidad, que con muchas guardas apenas se guarda vna, e con vn pequeño descuydo pueden venir todas en perdimiento. Nuestra hija es noble, pero es muger; es illustre en sangre, pero muy moça en los dias, y aunque el natural y la nobleza la hagan buena, puede se peruertir con el aparexo de ser mala. Mira, Florinarda, por nuestra hija, e castigala con amor en secreto, porque no venga a tiempo que se digan en público sus maldades.

Flor.—Theophilon, señor mio, admiracion grande me causa tu plática sospechosa, e la materia della me acaba las fuerças de pena, porque en nuestra vnica e tan amada hija no solamente no he conoscido maldad, pero jamas senti en ella indicio ni aparencia de liuiandad. Si ama estar a la ventana, e yo no se lo defiendo siendo madre, no procede de mi descuydo, sino de la confiança que tengo en su honesta condicion. Bien veo que se alegra con mirar como moça, pero tambien piensso que es tal su honesto recatamiento, que alançara qualquier pensamiento liuiano; ni nuestra hija es tan astuta, ni yo tan descuydada, que ella pueda mirar sin que yo la vea ni hablar sin que yo lo sienta. En todos los actos y exercicios suyos hasta oy no me acuerdo auer visto alguno que merezca algun género de castigo; pero si yo como muger, aunque vieja, no tengo astucia bastante para velar semejante castillo, e tú como uaron e padre conosces que algun descuydo notable he cometido que deba emmendar, manda me con auiso, que yo obedescere con el amor que a ti deuo é a nuestra hija soy obligada.

Theoph.—Mira, Florinarda, si como eres incauta hembra fueras varon cauteloso, ni me pidieras la causa de mi reprehension ni quisieras otra más para guardar tu hija de conoscer la muger e moça, por lo qual es inclinada a todo linage de vanidad. No te pido que dexas a tu hija que sea mala, sino que puedes con tu descuydo dar la ocasion que no sea buena, porque de ser la madre descuydada viene la hija á ser desvergonçada, e quando tal la conoscieres, o tú deues procurar de perder la con darla la muerte o aparejarte al perdimiento de vida é honrra tan delicada. Qué más ni mayores señales quieres de la nueua liuiandad de Philomena sino verla sin reposo en el bastidor e en su rostro postizo color, amiga de andar en secretos con la moça e muy fácil de visitar la puerta? Grandes señales veo en ella de su perdicion, e ningun remedio para remediarla sino con la sepultura. A mi parecer deuemos tomar por vltimo remedio, porque es el mejor, que tú, pues eres su madre y mas continua compañera, biuas en auisada cautela de aqui en adelante con ella, sin darla a sentir que de su mudança de costumbres auemos tenido nueuo sentimiento; y esto porque el crimen de liuiandad en la muger no se ha de castigar sino con la muerte, e qualquier castigo que este no sea no es sino una licencia para que sea mala con la facilidad[570] de la pena. En esto, amiga mia, te encomiendo seas tan cuydosa quanto hasta agora has sido descuydada, porque no menos se puede adobar nuestra hija e mitigar nuestra pena con el auiso futuro que agora está dañada con el descuydo passado, e porque este negocio e lo que dél tengo secreto, por su grauissima qualidad no requiere tantas palabras quanto poner las manos en el remedio e venir a las obras, tú, amiga, harás de tu parte lo que con tanta pena te tengo encargado, que yo de la mia haré como padre lo que a mi honor soy obligado. Ve, señora, a entender en tu hazienda, que yo me quiero quedar solo a rezar mis acostumbradas deuociones. Solo estoy y apassionado porque la honrra de mi hija, en quien la mia consiste, veo puesta en el postrero remate. Qué haré? con quién me aconsejaré? El coraçon apassionado para ningun negocio arduo tiene saludable consejo. Llamar quiero a Panphilo e Siluerio mis criados para que con su libre entendimiento reparen el mio que está con la pena dañado. Oyes, Siluerio, Pamphilo, dónde estás?

Sil.—Aqui estamos, señor.

Theoph.—Entrad acá, e çerrad essa puerta del retraymiento, porque quiero que mi plática sea secreta. Dezidme, vosotros no comeys mi pan? vosotros no estays en mi casa? no mirays mi honrra como criados, pues yo procuro vuestro prouecho como señor? Cómo, no parays mientes que mi honrra e fama anda destruyda? quién entra en mi casa? quién habla con mi hija? quién le da ocasion para ser liuiana? dime, Siluerio, qué sientes de su liuiandad?

Sil.—Señor, la grauedad de tus palabras e la nouedad de tus reçelos me tienen atonito e sin sentido, y la sospecha que pones en mi fidelidad me tiene de todo punto corrido. Nunca Dios quiera que en Philomena mi señora yo haya conoscido liuiandad, e si la conosciesse, en mí no auria falsedad para encubrir secreto tan delicado. Porque tú eres mi señor, e como tienes obligacion de gratificar mis seruicios, tienes poder para castigar mis deffectos. Verdad es que mi señora Philomena se alegra como donzella moça, pero conozco que se recata como persona illustre.

Theoph.—Dime, Pamphilo, tú no has visto entrar en casa una vieja falsa que llaman la Claudina?

Pamph.—Señor, sí algunas vezes.

Theoph.—E ha hablado en secreto con mi hija Philomena?

Pamph.—De esto no tengo noticia. Porque siempre que essa vieja ha venido aquí, mi señora Florinarda ha estado en la posada.

Theoph.—Pues la conclusion de mi platica sea que yo estoy sentido de la nueua conuersacion de aquella vieja con mi muger e hija, e la he mandado que no entre en mi casa so pena de perder la vida. Cumple a la mia y a mi honrra que vosotros como fieles criados y en quien tengo dende vuestra niñez puesto mi amor, mireys cautelosamente los passos de mi hija e andeys en assechança con esta vieja falsificada, e donde quiera que la pudieredes auer, viniendo a mi casa pública o secretamente, le acabeys la vida a palos, que yo gastaré mi patrimonio e pondre mi vida por lo que sobre ello se os offresciere.

Sil.—Señor, hacer lo hemos como a tu seruicio se deue, aunque yo no quisiera que la primera cosa de afrenta que me mandas fuera poner las manos en una muger e vieja, pero no quiero poner escusa porque no pienses que niego tu mandamiento.

Pamph.—Ora, señor, a nosotros el cargo, que la embiaremos a çenar al infierno antes que tenga remedio de buscar quien de nuestras manos la defienda.

Theoph.—Pues, mi Pamphilo, en lo dicho no aya más.

Sil.—Señor, pierde cuydado, que no lo has dicho a sordos ni descuydados.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXIIII ACTO

Venido el tiempo con Philomena concertado, Policiano llama a sus criados para yr a la huerta de su señora; embia delante a Siluanico, e lleua consigo a Solino e Salucio; llegados a la huerta ponen el escala e Policiano entra, donde halla a Philomena esperando con Dorotea su criada. Los perros de la huerta sienten la gente que anda por ella; finalmente, entrado Policiano e rescebido de Philomena, gozan de los vltimos dones del amor, y entretanto Dorotea passa con Siluanico su requiebro dende las ventanas de la huerta, e despedido Policiano de Philomena, Policiano se torna a su posada e Philomena a su cama, e se acaba este acto.

Policiano. Solino. Salucio. Siluanico. Philomena. Dorotea. Polidoro. Machorro.

[Pol.]—Moços, moços.

Sol.—Señor.

Pol.—Dame mi espada e rodela, e adereçad vuestras personas, si os paresce que es hora de yr este bienauenturado camino. Toma, Siluanico, essa escala de cuerda debaxo de tu capa e vete delante a dar nos auiso de la gente que anda por la calle.

Sol.—Señor, todo está a punto, vamos quando fueres seruido.

Pol.—Vamos, y los angeles sean en nuestra guarda.

Sal.—Oyes, Siluanico, anda delante dissimuladamente hazia la huerta de Theophilon, e si alguna persona vieres de quien podamos ser sentidos harás vna seña para que nos pongamos en cobro; e mira que lo hagas a tiempo, ya me entiendes.

Sil.—Muy bien. O dichosa venida. O plazer incogitado. O camino deleytoso. O cómo se me haze mejor que a Dios lo pido. O mi señora Dorotea, si como yo te desseo me esperas, bendicto pensamiento tan bien gratificado. Cantar quiero vn cantarçillo para recordar á quien duerme:

Páreste á la ventana, niña en cabello, que otro parayso yo no le tengo.

Sol.—Oye, oye, señor, cómo canta Siluanico. Por los euangelios que es deleyte de oyrle con el silencio de la noche.

Pol.—Oye te que canta.

Sil.

Fonte frida, fonte frida, fonte frida e con frescor, do todas las auezicas tomauan recreacion, sino es la tortolica, que está sola e sin amor, que ni posa en rama verde ni en arbol que tenga flor, ansi biuo yo cuytado por amar vn nueuo amor[571].

Phil.—No oyes, Dorotea, qué voz tan apazible es la que suena? Conosces algo en aquel cantar?

Dor.—Sí, señora, mucho conozco: aquel es el paje de Policiano, seña deue ser de su venida.

Phil.—Los angeles todos le acompañen e libren de mal. Mira, Dorotea, despues que mi señor Policiano aya entrado, dexa me sola gozar dél, no impidas mi gozo tan desseado: no quiero testigos de mi vergonçoso deleyte. Estaras atenta e mira si en el retraymiento de mi padre suena alguna sospecha de mi secreto yerro, e no te descuydes si algo sintieres en dar me auiso con breuedad antes que seamos sentidas.

Dor.—Está segura, señora, que no ay agora en casa semejante sospecha.

Pol.—Poned, moços, essa escala por esta parte que dize mi señora que es el lugar más sin peligro, y esperad me en vna parte donde no seays conoscidos e auidos por sospechosos.

Dor.—Señora, ya sube Policiano, yo me aparto a esta ventana.

Phil.—Ve, que yo bien acompañada quedo.

Pol.—Es mi señora Philomena? es la thesorera de mis plazeres? soy yo Policiano? O mi gloria e mi descansso, quanto me hallaria bienauenturado si creyesse que esto no es sueño.

Mach.—Huera aqui, Manchado, que te toma el diabro a media noche.

Polid.—Maginado tengo que andan zorras entre estas arboledas segun que esta noche se despepitan estos perros.

Mach.[572]—Huera aqui, Bardino, avn el diabro cro que ha de auer parte en él esta noche.

Phil.—Passito, señor mio, que duermen cerca estos hortolanos, e temo que estos perros nos han de impedir este gozo tan desseado. O mi señor e mi solo descansso, o mi bien e mi soberana alegria, toda esta noche me he desuelado con la ymaginacion plazentera desto que contigo posseo, e agora que en mis braços te tengo, dos terribles cuydados enturbian mi mezclado gozo: temor que auemos de ser sentidos e que el alba ha de partir esta vnion enamorada. Tu presencia da luz a mi coraçon, e si de mí te apartas, no menos ecclipsada que la luna, absente de Phebo, quedará esta tu captiua con tu ausencia.

Mach.—Huera day, Bardino: si arrebato vn garrote.

Polid.—La rabia tienen esta noche, que no pára su ladrido. Si las paredes fueran baxas no dexara hombre de penssar qualque ruyndá. Torna aqui, Manchado.

Sol.—Por tu fe, Siluanico, que cantes vn poquito al falsete, que huelgo mucho de oyrte cantar.

Sil.

Lagrimas de mi consuelo que aueys hecho marauillas e hazeys, salid, salid sin recelo a regar estas mexillas que soleys.

Sal.—Par Dios, Siluano, graciosamente lo cantas. Di por tu vida otro poco, que me espacia el alma tu suaue melodia.

Sil.

Mis ojos pues que miraron a quien más que a ssí quisieron, paguen pues lo merescieron[573].

Sol.—Oye, oye, Siluanico, ojo a la ventana.

Sil.—Qué te toma el diablo? Antojasete?

Sal.—Juro a los Euangelios, cata la moça assomada.

Sil.—Es mi señora Dorotea?

Dor.—Soy tu muy cierta seruidora.

Sil.—Con esso haze tan lustrosa noche. Con esso no puede entrar en mis ojos ningun quilate de tiniebla.

Sol.—O, descreo de la puta que le pario al rapaz. Juro a la casa Sancta, otro çeloso ay en la posada.

Sal.—Ora oygamos el requiebro hasta el cabo.

Sil.—O mi señora, cómo me has dexado dezir devaneos con mi boz desatinada? por qué no atajauas mi canto con tu bienauenturada presencia?

Sol.—Qué te paresce, Salucio, de la plática del mochacho?

Sal.—Qué diablos[574] quieres que no sepa dezir; estando todo el dia e la noche en la camara de essotro madre de la luxuria, algo auia de deprender.

Sol.—Ora oye.

Sil.—Cómo estas, mi reyna? En qué lugar tienes aposentado mi coraçon, señora mia?

Dor.—Señor mio, la suauidad de tu musica no tuuo menor virtud atractiua que la harpa de Orfeo, pues en mi coraçon insensible hizo tanto sentimiento que me truxo forçada para gozar de tu presencia.

Sol.—O descreo de la putilla e avn de la madre que la pario, e cómo acierta a dezir philosophia de amor.

Sal.—Sí, sí, en las escuelas de Ouidio deue de auer estudiado la rapaza. El arte de bien parlar la deuen auer leydo. No me medre Dios si ella sabe tan bien[575] el Credo.

Dor.—Señor mio, la indisposicion del lugar, junta con la breuedad del tiempo, no me dexan gozar de tu graciosa conuersacion. Creo que tu señor Policiano se va, e mi señora me haze señas que nos vamos. Para la primera noche que Policiano venga a esta tan dichosa visitacion, yo dare orden cómo con más espacio e no menos descanso nos veamos.

Sol.—No la oyes, hermano? En buenos terminos queda el negocio.

Sal.—Ya lo veo. De rruyn a ruyn quien acomete vençe. Descreo de la madre que me pario si aunque la moçuela me ha parescido bien, yo he osado dezirla nada. Llegó Siluanico, y ya ues cómo anda. O ventura!

Dor.—Señor mio, yo me voy. El angel de la paz te acompañe.

Sil.—Reyna mia, e contigo vaya.

Phil.—Mi señor e lumbre de mis ojos, pues has tenido por bien de me pribar del don más estimado que rescebi de naturaleza, pues ya del todo has tomado la passion[576] de esta tu sierua, pues te vas e me dexas a mí sin mí por lleuar mi ánima en tu compañia, suplicote, mi coraçon, que no dexes de acordarte, que si en tu ausencia puedo biuir, será en confiança de gozarte con muy continuas visitaciones. Quando ordenares que yo resciba esta merced tan copiosa, por este lugar, aunque peligroso, hallo yo el aparejo más conueniente, atenta la clausura de esta casa.

Pol.—Reyna mia e mi verdadero descanso.

Polid.—Ora yos boto a sant Alberto, que el diabro deue de andar esta noche entre estos naranjos. Huera aqui, Manchado.

Pol.—Coraçon mio, estos hortolanos estan sospechosos, y el temor de este peligro que está muy en las manos acorta por el presente el hilo de mi alegria, y pienso que ha de ser parte para que mi vida se acorte a causa de los males que pienso padescer en tu ausencia. La noche que viene, por este mismo lugar, si tú, mi señora, fueres seruida, será mi venida muy cierta. Yo me voy e me quedo verdaderamente contigo. Angustiado voy con la breuedad de mi gloria, e con mortal angustia estaré hasta tornar me a poner en esta verdadera possession de plazer. Los Angeles sean en tu guarda e te me dexen ver con el descansso que yo desseo.

Phil.—E a ti, mi señor, acompañen e te tornen a mis braços para que descanse mi coraçon. Dorotea amiga, qué ha seydo de ti? en qué has entendido este tan açucarado rato de mi gloria? has dormido?

Dor.—Si cierto, dormilona es la moça. A la puerta del retraymiento de mi señor Theophilon me he estado assentada.

Phil.—Pues muy passo nos entremos a la camara, e dormiremos lo que resta hasta que sea de dia; pero cómo dormirá quien tan triste queda? qué sueño no quebrantara mi soledad? qué coraçon no inquietara mi tan atreuido yerro? O padre mio, si sintiesses mis tan desonestas pisadas, cómo acabarias mi vida, por no gustar de tu desonrra. O hembras hembras, nunca deuiades de nascer, pues soys tan mal inclinadas e tan potentes para effectuar vuestros apassionados desseos.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXV ACTO

Claudina, cobdiciosa del logro quotidiano, sale de su casa a visitar sus deuotas. Passa por casa de Cornelia e Orosia, a las quales promete de dar sendos amigos, y en el camino, tornando a su casa, topa con Libertina su criada, con la qual va por la calle de Theophilon e halla a la puerta a Siluerio, con el qual se embia a encomendar en Philomena, etc.

Claudina. Cornelia. Orosia. Libertina. Siluerio.

[Clau.]—Agora que voy sola quiero mirar el prouecho que con mi Parmenia tengo, e parar mientes el daño que puedo auer con su ausencia. Lo primero tengo con ella ganancia que monta más moneda que media calongia. Ella lo gana con su persona e yo lo gasto como señora; mi casa está aperrochada de mançebos a su causa, y avn por su buena conuersacion siempre acuden moças de buen fregado con que al cabo del año siempre caen modorros. Con su ausencia, mal pecado, la pérdida es muy cierta y la ganancia dubdosa. Poniendo mi hija en poder de Palermo, en lugar de ganancia puede ser que escotemos lo ganado: no dizen embalde que la cobdicia mala el saco rompe. Si a mi hija saco de mi compañia, para quién quiero mis alhajas? para quién guardo mis sauanas randadas, mis manteles de Alemania, mis tapices de Flandes e mi tinaja de harina? pues de ningun bien la possession es agradable sin compañia. Vna ánima sola ni canta ni llora. Qué tengo yo de hazer entre quatro paredes sola? si me duele la cabeça, quién me pondra medicina? si mi dolencia me acude, a quién boluere mi cara? mal consejo ouiera tomado si de casa la ouiera embiado. Este se, huelgue se, goze de su moçedad, que ansi hize yo de la mia. En mi casa no le faltarán media dozena de amigos ni vna de reales que coma. Mala vejez yo aya si Palermo me la lleuare. A casa de Cornelia llego, quiero entrar a visitarla a ella y a Orosia, que el cañal que no se requiere no da de comer a su dueño. Quiero llamar, si quiera por la criança. Tha, tha.

Cor.—Quién llama de mañana?

Clau.—Abre, hijita, que la Claudina es.

Cor.—Vengas en ora buena tú y los buenos años.

Oros.—Jesus, madre de mi alma, e qué milagro fué éste que nos tuuiste en memoria?

Clau.—Andad, loquillas, que agora que he començado a conosceros e visitaros, cada dia me tendreys en esta casa. Cómo estays, mis hijas? Moças e hermosas, ansi sea buena mi vejez.

Cor.—Aosadas, madre, no sé pues la causa, ansi goze de mí, que nunca me vi tan triste ni tan afligida despues que me conozco.

Clau.—Mirad, hijas mias, pues estays en hedad alegre, no busqueys ocasiones de tristeza. Mirad que el ánimo triste es vn fuego que consume e acaba la vida.

Oros.—En buena fe, madre, que auiamos penssado yo e Cornelia mi prima de yrnos vn dia a tu casa y holgarnos contigo e con la señora Parmenia. Darte parte de nuestras penas, pues te tenemos por madre e amiga verdadera.

Clau.—Sancta Catalina del cielo, hijas de mi alma, e qué passiones son las vuestras que tanto las ayays sentido? Aosadas, por mi vejez que sea buena, que barrunto yo algo de lo que a vosotras duele. Digo algo? Qué dizes, bouita? a perro viejo no cuz cuz. E a quien cueze y amassa no le hurtes[577] hogaça.

Cor.—Madre de mis entrañas, bien sé que lo entiendes todo e por esto te quiero dar parte de lo que nos da tanta pena. Ya ves, madre, que nuestra hedad ni nuestro estado ni condicion ni coxas[578] que, ninguno por gentil que sea, nos venga a escupir en la cara, e si aquellos vellacos rufianes supieran tractarnos como quien somos, a fe de muger de bien que otro gallo les cantara. Pero no es la miel para la boca del asno, ni el anillo de oro para la nariz del puerco. Finalmente, madre Claudina, que a ti toda la verdad se te deue dezir, aunque tengamos en nuestra arca dos pares de doblas e tres de vestidos, bien vemos que no han de durar para siempre: que el tiempo y el dinero corre[579] como el viento. Nuestro alcohol, nuestras camisas labradas, nuestros aromaticos olores, ya sabes, madre, quántos dias ha que se pagan de vazio. No queremos por necessidad yr a morir al espital. Queremos, madre mia, pagar te muy bien tu trabajo, e que nos pongas en poder de hombres[580] que no solamente sustenten nuestro fausto y honrra, pero que nos saquen de qualquier trabajo que se nos offresciere, porque aunque, loado Dios, no nos faltan modorros que acuden con este pie de altar quotidiano, auemos menester quien tome a cargo la costa ordinaria, porque lo demas son nuestras adahalas e lo que nos ahorramos. Esta heredad sola nos dexaron nuestros padres, y desta, como sabes, nos auemos de mantener.

Clau.—Mirad, hijas mias, no os quiero consejar como a mugeres honrradas, pues honrra e prouecho no caben en vn saco. Pero bien quisiera yo, ansi goze de mí, que con Solino e Salucio se hiciera algun cumplimiento, aunque fuera como dizen dar a torçer vuestro braço. Son mançebos gentiles hombres e que os tuuieron en honrra el tiempo que os conoscistes, e ya puede ser que tornando a su amistad aya otra nueua vida.

Oros.—Dalos al diablo, madre, no me los mientes ni oyga yo su nombre, que ellos salieron de aqui para cuanto ellos biuieren.

Clau.—Pues, hijas de mi alma, yo lleuo a mi cargo buscaros lo que os cumple. Pero mirad que si tal cosa hallare, que quiero que me lo agradezcays; ya me entiendes Cornelia?

Cor.—Ya ya, madre, a fe [he] de darte un çamarro que condessa no le tenga tal.

Clau.—Pues a Dios, a Dios, mis hijas.

Oros.—El vaya contigo.

Clau.—Andar, vamos adelante. Con este viaje no se ha perdido mucho; para estas dos moças[581] yo buscaré dos moços de espuelas de vn canonigo que acudan con el mollete hurtado, el pedaço del toçino en la manga e avn la ristra de cebollas en la capilla, que estos tales son los que a éstas han menester, e al cabo ellos yran sin pluma e la vieja Claudina sin quexa. Vala me Dios del cielo, es Libertina la que viene por esta calle? Ella es si los ojos no me mienten. Jesus, hija Libertina, e no te dexé yo en casa quando de allá sali?

Lib.—Pues, madre, ansi es el mundo, ya sabes qué no ay quien en vn estado permanezca.

Clau.—E de dónde vienes, hija?

Lib.—De casa del despensero del Conde.

Clau.—Acabaste ya con él tus cuentas, hijita?

Lib.—Sí, madre, que por esso dizen que el deudor no se muera.

Clau.—Huelgo me, hija mia, ansi por tu prouecho como porque mios o agenos aya en casa dineros; vamos por esta calle, y passaremos por la puerta de Philomena, e si paresciesse su criada Dorotea cobraria el anillo de la concordia. No piense aquella señora que me ha de heredar en vida.

Lib.—Ay desdichada, Siluerio está a la puerta.

Clau.—Cubre, hija, la cabeça, que no puedo dexar de hablarle vna palabra. Siquiera porque si en su casa alguna vez me hallare me haga buen tratamiento. Esté en ora buena el galan.

Sil.—O madre mia, perdona que no te conoscia.

Clau.—El señor Theophilon, hijo mio, cómo está? e señora la vieja e toda su casa?

Sil.—Todos están buenos para lo que a tu honrra cumpliere.

Clau.—Guarde Dios a sus mercedes, que en mi verdad a toda esta casa por su nobleza soy muy afficionada. Señora la donzella, hijo? hermosa como siempre?

Sil.—Sí, madre mia, no es cosa nueua ser mi señora linda dama.

Clau.—Tal sea mi vejez. Ay qué honestidad. Ay qué mesura. Ay qué cara de oro. No en balde la dotó Dios de tales señales de fuera, sino para manifestar las virtudes de que el ánima está adornada de dentro. Resciba yo tanta gracia, que cuando con ella te veas sea de mi parte saludada, e la digas en secreto que aquella sortijuela que a su merced dexé quando se sintio mal dispuesta que me haga gracia de ella, porque es de un gentil hombre que cada dia me la pide. E perdoname, hijo, el atreuimiento, que el amor que te tengo me haze atreuer a tal demanda. Mas aqui estoy yo, hijo mio, para lo que cumpliere, ya me entiendes? paresce te algo de la moça? cuando algo quisieres, no has menester más de meçer el ojo.

Sil.—Nora buena, madre, yo lo dire a mi señora Philomena, e bueluete por aqui esta noche en anocheciendo si quieres saber la respuesta. Essotro que dices no es vianda para mi estomago.

Clau.—A, noramaça, hijo, qué santito te me hazes. Pues avn yo sé algo que te dire algun dia, y a Dios, que nos vamos.

Sil.—Ansi aya el diablo parte en la puta vieja como yo estoy bien con sus tramas, pues yo te juro, doña hechizera, que si esta noche tornas, e por acá te apañamos, que tú salgas si acertares la puerta. O mala vieja, quién cree que ella no trae sus tractos ciertos y avn secretos conciertos con Philomena mi señora? pues calla, que yo te armaré vna trampa donde des el pellejo a los perros y el alma a los diablos. Dexame hablar a Pamphilo mi compañero, que yo te pescaré o malo andará mi anzuelo.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXVI ACTO

Theophilon e Florinarda hablan en secreto sobre la guarda de Philomena su hija, y acabada su plática, Theophilon va a la huerta e manda a los hortolanos que suelten vn Leon que allí está en vna jaula para que espante las zorras que andan entre los arboles. Despidese de los hortolanos y vase a cenar, y entretanto Pamphilo e Siluerio aguardan a la Claudina que viene por la sortija e la dan tantos palos hasta que piensan dexarla muerta, etc.

Florinarda. Theophilon. Machorro. Polidoro. Siluerio. Pamphilo. Claudina.

[Flor.]—Theophilon señor mío, despues de nuestro passado razonamiento, en lo que á la honrra e guarda de nuestra hija toca, yo como madre, y a quien a lo biuo de las entrañas llega qualquier macula de su desonor, he inuestigado por diuersas vias si nuestra tan amada hija aya intentado algun delicto de liuiandad como moça; y avida toda la possible relacion de los criados e donzellas de casa no he hallado indicio por donde deua con razon castigar la como culpada, porque pública e secretamente sus exercicios son de donzella illustre e honesta e bien mirada, sin que aya alguno que en ella aya visto señales de hembra apassionada.

Theoph.—Amiga Florinarda, yo doy credito a tus palabras y assi confio ser verdad, pues nuestra generacion tan noble jamas admitio macula ni discolor de infamia, pero siempre te encomiendo no te descuydes en su guarda e zeloso miramiento. Porque si dizes que no la has visto hablar con alguno, e con esto tomas alguna confiança, hago te saber que los que de ueras se aman, cosidas las bocas, se hablan con los coraçones. Yo no te he dicho que nuestra hija es mala, sino que mires por ella, porque con el aparejo puede dexar de ser buena. Oyes, Siluerio, di a Pamphilo que me traiga mi libro, y entretanto que es hora de çenar visitaré mis hortelanos y allí rezaré mis acostumbradas deuociones.

Pamph.—Señor, vamos, que a punto está todo.

Theoph.—Venid vosotros comigo, que os quiero hablar aquí en esta huerta.

Mach.—Hola hola, Polidoro. Cara acá viene nuestramo cargado de mas cordojos que tiene hojas vn mançano.

Polid.—O cuerpo de la casa sancta, qué desmaginatiuo viene.

Mach.—Prissa prissa, porque si viene sañudo no quiebre en mosotros ell enconia. Echa por esse tablar del colino e yo desmollire las godenes, que es fructa apazible para viejos.

Theoph.—Aun me parece, Machorro, que estos arboles quieren más labor.

Mach.—Agora, mi padre señor nuestramo, dom'a Dios que en todo el dia dexa hombre ell açada de la mano. Ellos mi fe son de mal vidueño; que no les cunde cosa que hombre les haga, que en lo al no a que her.

Polid.—Si su mecé otease acos fructales que alcançan mejor terruño, e avn son vn cacho más castizos, cuydo que viesse bien lo que hombre afana.

Theoph.—Estos çidrales estan roidos, e siempre he temido que andan animales que de noche los estragan. Vosotros dormis a sueño suelto. Si no les poneys remedio camino van de perderse.

Mach.—Los canes abondarien si algo de esso anduuiesse en la huerta, que en toda la sancta noche con su ladrido no escampan: yo desmagino que algunos holgazanes dende afuera tiran piedras a las mançanas, segun que los alanos ventean.

Theoph.—La jaula deste leon me paresce que está desclauada; en vn rato que ande fuera tened cuydado de echarle vn buen clauo.

Polid.—De las mientes me ha salido que no haria daño soltar de noche esta alimaña por la huerta, que al menos no andarian raposas ni sabandijas donde él anduuiesse.

Theoph.—Si no fuesse dañoso para la ortaliza, no me paresce mal tu consejo, porque en estas cercas parescen señales de auer entrado por ellas.

Mach.—A todo hará prouecho si el leon anda de noche suelto, que aunque mosotros andemos con él no ayas miedo que él resciba pabura.

Theoph.—Ora, pues ansi os paresce, tened cuydado de soltarle en siendo de noche, e dexad abierta la caxa para que entre y salga quando quisiere, que al leon no hará daño e la huerta rescebira prouecho.

Mach.—A buena huzia, nuestramo, que ello se haga a plazer.

Theoph.—Prissa prissa, que yo por aquí me quiero apartar a rezar vn poco.

Polid.—Vaya a salud su meçé.

Theoph.—Pamphilo é Siluerio hijos, despues de aquel penoso razonamiento entre nosotros passado, ni yo he tenido lugar ni vosotros cuydado para auisar me si en aquel negocio aueys sentido algun indicio o señal de lo que yo temo. Tengo el coraçon tan leuantado y el entendimiento tan sin libertad para gouernar me, que algunas vezes consiento con la voluntad en cosas muy escandalosas e con la pena las pondria en effecto, si el zelo de mi fama no tuuiesse la rienda a mi desseo. O canas ya caducas. O años desdichados. O pobre viejo, para qué veniste al mundo, pues toda la vida mia no es sino vn curso de miseria, e vna hedad de cuydados y vn tiempo semejante al tránsito de la muerte! qué haré? Si descubro lo que siento y lo quiero castigar, poco castigo es que esta ciudad se abrase. Pues si lo dissimulo por quitar los paresceres del vulgo, vendra en términos mi honrra que se acabe con mi vida. O mis fieles criados, dezid me qué haga o tomad este puñal e dad con él fin a mis dias.

Pamph.—Señor, muy delicadamente siento tu pena, porque con agudo sentimiento traspassas mi coraçon. E segun lo que de tu plática se puede collegir, deues auer rescebido alguna penosa relacion, pues tales effectos produzes. Con astucia auemos mirado lo que como a criados nos mandaste, e hasta agora no auemos hallado en Philomena tu hija indicio que malo sea. Aunque estas contractaciones que esta vieja nueuamente ha trabado en esta casa bastan a engendrar todo género de sospecha. Este dia passado passó por la puerta de casa, e dió a Siluerio encomiendas para todos. No ay otra cosa de que se pueda formar malicia.

Theoph.—O padres, no deuiades de nascer los que hijas mal inclinadas aueys de engendrar. Qué bien tiene quien de honrra caresce? pues qué honrra tiene quien liuiana hija ha criado? pues vn hombre deshonrrado, cómo biuira sossegado? Ora, mis fieles criados, el principio de mi remedio consiste en que esta vieja muera para que por la rayz se comience a curar mi dolor, e despues como esto succediere, tomaremos nueuo consejo.

Siluerio.—Señor, veo te tan penado, que en qualquier peligro pondre mi vida por ver la tuya libre de tristeza, e si en solo esto que mandas que hagamos consiste tu contentamiento, y eres seruido que a su casa vamos e la saquemos el alma, alli la daremos tal muerte con que tú, señor, quedes satisfecho.

Theoph.—Todas las cosas arduas quieren maduro consejo. Mejor es que aguardeys a acometer en vuestra casa, que no yr a la agena de donde vengays offendidos y no satisfechos.

Pamph.—Señor, pues en este caso puedes perder cuydado, que nos sabremos dar a buen recaudo.

Theoph.—Ansi confio de vuestra fidelidad. Vamos, que me paresce ya hora de çenar.

Siluerio.—Vamos, señor, que ya estará aparejado.

Theoph.—Florinarda amiga, no se haze ora para que çenemos?

Flor.—Sí, mi señor, todo está adereçado.

Theoph.—Pues yo voy. Vosotros, hijos, tened cuydado de mirar entretanto por lo que os tengo encomendado.

Pamph.—De muy buena voluntad. Qué sientes, hermano Siluerio? quán lleno está nuestro amo de cuydosos pensamientos!

Siluerio.—El coraçon tan triste como está agora el suyo, es impossible no dar señales de passion.

Pamph.—O qué lastima tan grande es verle sus lagrimas derramadas por su faz tan venerable. Y cómo procura soledad por no descubrir su pena.

Siluerio.—O hembras hembras, que de tantos enojos soys causadoras. O vieja Claudina, Dios te trayga a nuestras manos para que rescibas el pago de tus pisadas. Mira, Pamphilo hermano, esta vieja es cobdiciosa, e ha de venir agora a cobrar de Philomena vn anillo que acá tiene, porque ansi está entre mi y ella concertado. Estemos sobre el auiso, e aparejemos tales leños que al primer leñazo no haya menester segundo. Por aqui por la puerta de abaxo suelen ser sus venidas secretas. Yo te digo, Pamphilo, que no tarda mucho en venir.

Pamph.—Por las reliquias de Roa que o yo me engaño o es ésta que por aqui abaxo desciende haldeando.

Siluerio.—Ella es, cierto. Mira, hermano Pamphilo, que todos la demos a vna, e no arrojemos golpe sino fuere sobre las tocas.

Pamph.—Ora dexala llegar. Oye qué rallo trae.

Clau.—Es possible? es mi Siluerio? es el que yo quiero como a hijo? Jesu, Jesu, aosadas, putico, que no digo yo en balde que eres tu enamorado. A qué hora de la noche está a la puerta el gallito!

Siluerio.—Y tú mira[582], madre vieja, en qué andas a tal hora con tus haldas luengas que paresces estantigua?

Clau.—Hijos, mal peccado, la necessidad es carrera de perdicion. Cómo estan tus señoras vieja e moça? yo te asseguro, hijo[583] Siluerio, que no tuuiste memoria de lo que te dexé este dia encomendado?

Siluerio.—Por cierto, madre, sí tuue, y a mi señora Philomena hablé en secreto de tu parte e holgó mucho en saber de ti.

Clau.—Huelgue se Dios con su merced. E di me, hijo Siluerio, no rescibiria yo de ti tanta gracia que ella supiesse como está aqui la Claudina?

Pamph.—O mala vieja, e qué cuentas tienes tú de aueriguar con ella a tal hora?

Siluerio.—Dala, Pamphilo hermano.

Clau.—Jesus sea comigo.

Pamph.—Y avn rebullis?

Clau.—Confession.

Siluerio.—Confesion o qué? O puta vieja.

Pamph.—Dala dala, que avn todauia rebulle. Siete almas tiene como gato.

Clau.—Conffession.

Siluerio.—Aun rebulles, puta vieja, canas de infierno? pues espera que con este leñazo yo asseguraré la honrra de muchos con acabar tu mala vida.

Pamph.—Mira, Siluerio, si rebulle.

Siluerio.—A mí me paresce que ya está muerta, pero dala otro leñazo para que pierdas la dubda.

Pamph.—Ora, hermano Siluerio, este negocio es concluso. Las tinieblas de la noche encubren esta obra pia que auemos hecho, porque Dios ha tenido por bien que tan maldictos años sean acabados. No es razon que a la puerta de Theophilon aya rastro de tan mala muerte. Arrastrando o como quiera la lleuemos hasta la puerta de su posada para que putas e rufianes la den honrrada sepultura.

Siluerio.—Ten de esos pies, Pamphilo hermano.

Pamph.—O puta vieja, e cómo pesas, qué cargada deues yr de pecados!

Siluerio.—Mejor dixeras que los pecados van cargados con ella.

Pamph.—Aqui junto a su puerta la pongamos para que quien primero entrare pueda lleuar las nueuas.

Siluerio.—Allá quedarás, vieja falsificada, que no es mucho que coman el cuerpo los perros, cuya ánima se lleuaron los diablos. Mira, Pamphilo hermano, aunque nuestras manos se hayan mostrado sangrientas, e con crudos coraçones este caso ayamos acabado, mayor es el bien que la republica rescibe con la muerte desta hechizera que el mal que nosotros hezimos en darla tan mala muerte: ya sabes, hermano, quánto es necessario que vna puta vieja muera, porque las famas e honrras de tantos buenos no perezcan.

Pamph.—Ora a nosotros perdone Dios, pues; a la Claudina se llevó el diablo.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXVII ACTO

Palermo e Piçarro van a casa de la Claudina para traer a su estancia a Parmenia e Libertina, e llegados a la puerta de la vieja, la hallan en la calle, que avn pide confession: metenla dentro en su casa, donde manda que llamen a Celestina e la dexa por tutriz de sus hijos e tenedora de sus bienes, lo cual hordenado e por la vieja Celestina aceptado, da el ánima al diablo e dexa el cuerpo á los gusanos.

Palermo. Piçarro. Claudina. Parmenia. Libertina. Celestina.

[Pal.]—Hermano Piçarro, ya ues que nuestra pobreza no quiere tanta dilacion en lo que cumple al roço quotidiano. Si te paresce que demos vna buelta por casa de aquella puta vieja e traygamos aquellas piel de ouejas al rancho, ya sabes que no podemos hazer viaje que más sano sea.

Piç.—O hermano, hermano, cómo te hiede la vida. Despecho de la casa de Pilatos si tú no me hiedes a muerto. Estas son vnas marcadas rameras, que cada qual tiene vna dozena de amigos, e sobre todo: estos moços de Policiano son mucho de aquella casa, y aun por milagro es quando de allá salen; no pensemos yr por las pellejas e dexemos allá los pellejos.

Pal.—O pese a la fe de Tremeçen con hombre diuino, vamos, despecho de la condicion, y siquiera lo lleue todo el diablo.

Piç.—Veo te tan enojado que no cumple dar te consejo, mas descreo del puerto del Muladar si no estoy temblando como vn azogado. Qué armas te paresce que lleuemos para que no caygamos en falta?

Pal.—Espadas e capas y aun no muy costosas, pues no estamos ciertos de lo que nos ha de acaescer.

Piç.—Lo que yo te sabre dezir, no es más de que si en la posada ay varon no entraré allá más que en el Infierno. E avn que si tomo las viñas vn cauallo no me alcance. Mira, hermano Palermo, por sí o por no, haz como yo hiziere e yo pagaré por ti si murieres mal logrado.

Pal.—O, despecho de la peña camasia con tan pocas fuerças como tenemos. Pues si para este embaraço es menester algun desgarro, o hazer vn repiquete de broquel, o algun golpe de pomo, no llegaremos a un amigo que vaya con nosotros?

Piç.—Donoso estás, leydo has donde yo. Maldito seas, hermano; si hauemos de huyr, no vale más solos que con testigos? Más honrradamente haremos el salto peligroso yendo solos que muy acompañados. Toma, hermano, tu follosa e ata te la bien al cinto, porque al huyr no se te cayga, e si mal te succediere, assientalo a mi cuenta.

Pal.—Ora vamos, e Dios nos libre de traydores, que yo temeroso voy deste camino.

Piç.—Mira, hermano Palermo, cuerdo eres. No te pongas en auentura, sino en viendo me huyr aliuia tras mí, que sé muy bien los atajos.

Pal.—Por aqui por esta callejuela es más cerca e sin peligro.

Piç.—Cerca llegamos. Mas dime, hermano Palermo, no te paresce que vees vn bulto negro hazia la puerta de la vieja?

Pal.—Por el passo en que vamos que creo que dizes verdad. Lleguemos vn poco más adelante.

Piç.—A vn en ora mala acá venimos si auemos de quedar esta noche por estos cantones. Ora está atento, veamos si se menea.

Clau.—Ay, ay, que me fino.

Pal.—Escucha, que boto a tal que habla no sé qué ay.

Clau.—Confession.

Piç.—Huye, huye, Palermo. Huye, que vienen tras nosotros.

Pal.—Detente, Piçarro, detente que no es nada. Ha, Piçarro, buelue acá que no viene nadie, pese a la peña de Francia.

Piç.—O hermano mio, e cómo se me auia elado la sangre. Viste bien lo que era? certificaste te no fuesse alguna traycion?

Pal.—Calla, cuerpo de la vida mala, que lo que alli está ni se menea ni puede.

Piç.—Ora lleguemos allá, Dios e nuestra Señora nos guien. Quién va ay?

Clau.—Confession.

Pal.—Despecho de tal si no es la madre Claudina. Ha, madre señora, eres tú?

Clau.—Que me fino. Confession.

Piç—Ella es, e descreo de tal si de su casa la han visto. Hola, damas.

Par.—Quién llama?

Pal.—Abri, descreo de la media nata que está aqui la madre vieja cuasi a punto despirar.

Par.—Jesus, e qué es esto que veo? Eres tú mi madre? Justicia de Dios, señores, que me han muerto a mi madre. Madre mia, madre de mi alma. Mirame acá, señora.

Clau.—Que me fino.

Lib.—Madre, mira me acá. Buelue a mí los ojos. Quieres algo, madre de mis entrañas?

Clau.—A mi comadre Celestina. Que me fino.

Par.—Libertina, amiga mia, por la passion del que se puso en Cruz, que tú vayas corriendo hasta casa de Celestina, y la digas lo que passa, que tome luego su manto, porque mi madre la quiere ver para siempre.

Lib.—Gentiles hombres, uno de vosotros se vaya en mi compañia.

Piç.—Vamos, señora, donde tú seas seruida.

Par.—Madre de mi coraçon, por qué no me quieres mirar? Di me lo que te ha acontescido. Cuenta me tan gran desuentura. Qué dizes, madre?

Clau.—Que me fino. A Celestina.

Pal.—Ya, ya, madre vieja, ya viene la madre Celestina. Quieres algo que se haga en tu seruicio?

Clau.—A Celestina.

Par.—Ya viene, madre mia.

Cel.—Paz sea en esta casa.

Par.—Ay, tia de mi coraçon, mira mi desdicha grande, mira mi madre y mi bien todo; mira su cabeça hecha pedaços. Justicia, señores.

Cel.—Paciencia, hija mia, paciencia. Qué es esto, comadre de mi alma? qué mal tan grande fue el tuyo? alça los ojos, señora Claudina, mira que soy venida a ver lo que mandas.

Clau.—Comadre, yo me voy a dar cuenta a Dios de la vida passada. Llegado es el remate de nuestra tan larga amistad. E como en la vida te aya sido leal amiga, maestra e compañera, quiero en este tránsito que sepas el amor que te tengo: lo primero para que fuiste llamada será encargar te esta casa con los muebles y aparatos della, donde hallarás muchos instrumentos e materiales a nuestro arte necessarios, de los quales en esta mi vltima voluntad te hago libre e perfecta donacion. Especialmente te pongo en la possession de vn arca mia, donde hallarás las cosas siguientes: quatro botes grandes de olio serpentino, e otros dos pequeños de sangre de abubilla, vna caxuela llena de dientes de ahorcado y otra caxa grande de tierra de vna encruzijada; redomas para azeytes, porque son en quantidad no tengo memoria de las differencias dellas, pero de todas, con lo que dentro está, te hago libre donacion. En vn pellejo de gato hallarás embuelto seys dozenas de agujas para costuras de virgos, y en vna caxa pintada todo el aparejo junto. De todo esto, comadre, tomarás la possession en el punto e hora que mi ánima salga desta carcel. Otra cosa que deues estimar en más que todo te quiero agora dar de mi mano á la tuya. Cata aqui, comadre, vna matricula e memorial en que hallarás ciento e quarenta e dos moças que a mí estavan encomendadas, e setenta e ocho despenseros a quien estaua obligada a proueer, e veinte e cinco virgos que tengo de remediar. Todo esto e a todos éstos te encomiendo, comadre mia, que les hagas tal tractamiento que ninguno dellos sienta mi falta. Mi hijo Parmenico, ya sabes, comadre, quánto ha que está absente. En qualquier tiempo que venga le tendras por hijo[584] adoptiuo, e hasta que sea de hedad será[s] tutriz de su hazienda. Esta mochacha ya queda en hedad para ganar de comer, pero si como moça anduuiere errada, en tu consejo e auiso la encomiendo. Muchas cosas se me offrescen a la fantasia para dezirte, pero ya mi turbada lengua no me da lugar. Hija Parmenia, ven acá, abraçame.

Cel.—Comadre, ha comadre señora Claudina. Jesus, Jesus. Sancta Pascua fue en domingo.

Par.—Madre mia, madre de mis entrañas.

Cel.—A esotra puerta, hija Parmenia; ya puedes dezir que no tienes madre.

Par.—Ay, madre mia. Ay, entrañas mias. Cómo me dexays tan sola? Cómo quedo desamparada? Ay la desdichada. O pérdida grande. O mal sin medicina. O arrebatada muerte. O salteado tránsito. O madre, mi solo remedio.

Lib.—Ay, mi agradable compañia. Ay, tia de mis entrañas, qué será de nosotras? Adónde yremos en tu absencia? Quién cubrira nuestras faltas? Con qué honrra sabremos entre nuestras yguales?

Par.—Ay, señora Celestina, ayudame a llorar mi angustia grande. Siente comigo mi perdimiento.

Cel.—Hijas de mi alma, no desmayeys, tornad en vosotras, aparejad de dar sepultura al cuerpo de mi madre, que aunque la pérdida fue grande, biuiendo os Celestina no biuireys desamparadas. Y aunque los coraçones lastimados pocas vezes admiten consejo, especialmente quando la pena está reçiente, como agora la nuestra, las personas cuerdas y experimentadas en trabajos a toda aduersidad hallan medicina. Para esto nascimos, para tornar a la tierra lo que della rescebimos. La dilacion de la muerte, el deffecto quotidiano de nuestra corrupcion que de dia en dia se dilata, no es otra cosa sino vna muerte prolixa e vn continuo estar boqueando. El termino de nuestros dias por el soberano acto[585] del uniuerso está determinado, y éste no puede passar el más fuerte de los que biuen. Esta ventaja nos lleuan los que en morir nos preceden, porque al fin, hijas mias, todos a este rigoroso tránsito estamos obligados, y a pagar a la muerte este tributo, qualquier hidalgo es tan pechero como quien mayor pecho paga. Poned, hijas, vuestra voluntad con la de aquel que a mi comadre crió para lleuarla, que aunque hagays, como dizen, de la necessidad virtud, con esta conformidad no perdeys vuestro galardon; e ya, pues esta desdicha es acaescida, no podemos los que biuimos tener la rueda a la fortuna que no ruede como e quando quisiere. E tú, hija Parmenia, no çiegues ni atormentes tus ojos llorando, ni te aflijas por lo que perdido es e yrrecuperable. Pon, hija mia, essas alhajuelas en recaudo, e tomad ambas vuestros mantos e vamonos a mi posada, que mientra yo biuiere y tú de mi compañia holgares, no te faltaré ni echarás menos a tu madre.

Pal.—Damas, muy pesantes somos desta desgracia acontescida; por lo que a vuestra gentileza se deue os somos muy obligados si algo a vuestro seruicio tocare, ya sabeys el estancia, e nos podeys embiar a mandar. E pues la madre vieja os lleua a su posada, allá acudiremos para ver lo que os cumpliere.

Piç.—A Dios, a Dios, hermosas, y él consuele vuestra tristeza.

Cel.—El os guie, hijos; andad acá, moças; cubrid bien las cabezas, que muy presto somos en casa.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXVIII ACTO

Policiano con sus criados va a gozar de los amores de Philomena. Y entrado en la huerta sale el leon de entre los arboles, e sin que dél se pueda defender, le haze pedaços. Y luego viene Philomena al lugar determinado, donde halla a Policiano muerto. E despues de hazer su llorosa lamentacion, con la espada de Policiano da fin a sus dias.

Policiano. Solino. Salucio. Machorro. Polidoro. Philomena. Dorotea.

[Pol.]—O noche bienauenturada. O nocturno curso de mí tan desseado. O nocturnas tinieblas, lustrosas e llenas de claridad. O escuridad apazible, quánta alegria das a mi coraçon tan vfano. Los dias me son tan aborrescibles quanto las noches agradables, porque estoy ya tornado aue nocturna que con la claridad pierdo la vista, y en tinieblas estoy muy claro. Oyes, moço.

Sal.—Señor.

[Pol.][586].—Adereçad mis armas, para que vamos a ver a aquella hermosa diana con quien mi vida tiene luz de bienauenturada alegria.

Sal.—Señor, todo está aparejado, vamos quando fueres seruido.

Pol.—Oyes, Siluanico, ve delante, mira no hallemos alguno en el camino de quien seamos conoscidos.

Sol.—Señor, dónde mandas poner el escala?

Pol.—Por esta parte más secreta, e aguardadme con el silencio possible, pues no está en más mi perdimiento que en auer señales públicas de mis amores secretos.

Sal.—Puesta está el escala, sube y los angeles vayan contigo.

Sol.—Buen pelo trae nuestro amo. Encaramada anda la Luna sobre el horno.

Sal.—Todas las cosas puede el oro. Todos los hedificios soberuios allana, e avn los coraçones remontados abate. Dadiuas en fin, hermano, dizen que quebrantan peñas.

Sol.—Es verdad. Pero el coraçon de Philomena crey yo ser de vn diamante. Vn inexpunable castillo e vn rio caudal sin puente, todo lo ha batido, todo lo tiene aportillado, todo lo ha destruydo Policiano con dineros, e la Claudina con conjuros.

Sal.—Pulilla es que consume, cançer que carcome, ladron que en poblado saltea, la vezina mala junto a la casa virtuosa.

Pol.—Mi señora no deue ser venida, muy temprano fue mi camino. Pero entre estos arboles deleytosos esperaré a la reyna de mi vida. Jesus sancto, Dios sea comigo. O, qué animal tan feroz.

Mach.—N'os digo yo? Huera aqui, Bardino. To, to, to.

Pol.—Jesus, muerto soy.

Polid.—Huera aquí, Manchado. Qualque raposa deue de andar retoçando con el leon de nuestramo, segun que se assombran estos canes.

Pol.[587].—O cómo soy burlado. O mi señora, cómo muero sin ver te. Confession. Confession.

Mach.—El diabro veo que tienen esta noche estos allanos.

Polid.—Estan despauoridos con acotra[588] alimañaza; no escamparán de ladrar en toda esta mesada. Mas no has, Machorro, emaginado qué diabros de cudados le toman a nuestramo con esta su huerta? Que dende estotra semana no sel cueze el pan mirando cada dia las almenas de la cerca. Creo que sospecha que le hurtan la ortaliza.

Mach.—Ande se pues a essas, que yo te juro, Polidoro, que vale más vna traspuesta que dos assomadas. No busca él quien le hurta las berças, son que sospecha que ésta su hija anda en qualque pel damor, e reçela se no se entren los enamorados por estas paredes.

Polid.—Valate el diablo cara de asno. Pues por aquella paredaza tan grande se auie de entrar nenguno, aunque huesse el Gigante de cuerpo criste?

Mach.—Poco sabes de garçonia. Pues para alli tienen estos escoderotes vnos diablos de escalones de soga, con vnos garauatos que suben con ellos hata la torre de sancta Maria.

Polid.—El diablo me lo daua. Quiera ella, la zagala, que no ha menester nada de essos armandijos.

Mach.—Ora, durmamos vn cachuelo, pues que los perros han parado.

Phil.—Çe, çe, Dorotea, muy quedo porque no seamos sentidas, te leuanta y escucha si en el aposento de mi señora ay algun rumor o alguno está por dormir.

Dor.—Señora, todo está sossegado. Leuantate, que no tienes de qué temer.

Phil.—O cómo creo que nos auemos tardado. Pues si Policiano mi señor es venido e cansado de esperar se me ha tornado, no será más mi vida.

Dor.—Passito, señora, no sientan estos hortolanos nuestra venida. Tú mi señora te ve sola, e yo daré vna buelta por estas ventanas, e miraré si paresce alguno de sus criados.

Phil.—Ve, amiga, e si yo no te llamare no vengas donde yo estuuiere, que no quiero que impidas mi gozo tan desseado. O mal grande. O desastre sin segundo, qué es esto que veo? qué puede ser tan desastrado caso? Eres tú, mis amores? Eres tú, mi Policiano? Eres tú el que dauas luz a mi coraçon? Impossible es que la hermosura de tu cara aya afeado algun género de muerte. Quierome certificar, e si tú eres Policiano mi señor, no ay razon para que yo biua angustiada muriendo tú despedaçado. O desdicha sin comparacion. Mi plazer es consumido. Mi gloria es acabada. Mi vida desuanescio como humo. O la más triste[589] de las tristes. O mi Policiano e mi descanso: dónde está la lindeza de tu hermoso rostro? dónde está tu esfuerço e gentileza? O dolores que este mi coraçon atormentays, por qué no le rasgays por medio? para que mi alma acompañe en la muerte a aquel que tanto quise en la vida. Mas bien acertada fuera la furia deste animal sangriento en mí, que quedo para morir con dolor, que en ti, mi vida, que començauas a gozar de los premios del amor. O animal[590] sin conoscimiento. O sanguino furor, cómo pudiste executar tu saña en el origen de la mansedumbre? Gran sinrazon haria yo, coraçon mio, a tus angustias, por mi padescidas, a tus sospiros con tanta fidelidad continuados, a tus encerramientos de dia e a tus vigilias de noche, e finalmente a morir tú por mí, si en la misma moneda no te pagasse, muriendo yo por ti; e pues biuiendo con tanta voluntad te segui, justo es que en la muerte te siga, sin tener compassion de mí. O mi Policiano, espera me que quiero morir consolada con derramar las possibles lagrimas, e dar los postreros gemidos con que se hagan tus lastimosas obsequias. E no me incuses de hembra desconoscida, diziendo que me llamas para la sepultura, e me quiero yo alçar con la vida, porque bien conozco que sin ti el biuir es muerte prolixa, mar de tempestades que fortuna remueue, e que tu sepultura e mia son el puerto de nuestro reposo, y que a quien fortuna quiere ser fauorable, junta en la sepultura a quien juntó en las afficiones. O muerte dichosa, que tú sola me pondras en la possession de aquel que en la vida me nego ventura. Tú das morada perdurable e amorosa a los que biuiendo no gozaron de los premios del amor. En ti no moran cuydados, tú ya no me darás vanas esperanças. Crueldad grande es la que hago con mi viejo padre, e mayor la que executo con mi querida e amada madre. Pero mayor la haria comigo, si con la vida de acá me priuasse de seguir a quien me está allá esperando. Mucho quisiera dar cuenta desta mi repentina muerte, a lo menos a esta mi fiel secretaria; pero porque no impida este mi forçoso camino, me será forçado el silencio. Ella dará cuenta de mi muerte a mis viejos padres, pues sola ella queda por coronista de mis amores. O espada de aquel cuyo esfuerço ponia a los mortales ánimo y osadia, que tú serás oy verdugo de mi tardança en morir, e salario de lo que yo meresci con amar. Padres mios, quedad con Dios. Madre mia, perdona me si contigo soy cruel. Dorotea, mi fiel criada, la breuedad de mis dias no me da lugar para gratificar tus seruicios: perdona me por amor de aquel que a todos perdonó en la Cruz, y a él encomiendo mi ánima, y el cuerpo acompañe en la muerte a aquel que no pudo gozar en la vida.

Sil.—Mucho se detiene esta noche Policiano. No sé qué me sienta de su tardança.

Sol.—Yo juraré que está él agora tan embeuido en la señora, que ni se acuerda que tiene moços que le esperan, ni avn de sí creo que no tiene memoria.

Sal.—Canta, Siluano, vn poquito, e acudira la moça al chillido, sabremos della qué mundo corre.

Sil.

Rio verde, rio verde, más negro vas que la tinta; entre ti e sierra bermeja murio gran caualleria[591].

Dor.—No puede ya mi suffrimiento darme espacio para dexar de gozar de tu angélica conuersacion. E pues el tiempo perdido me causa congoxa, sin razon seria perder la resta si ganar se puede.

Sil.—O ángel mio, cómo has salteado mi turbada melodia, nascida de mi desseo, e continuada con el esperança que de mayor gloria me queda. Plega a Dios, Dorotea, si en mi remedio pusieres dilacion, que presto se acabe mi vida.

Dor.—Passo, passo, Siluano, que no meresce tu fe ser pagada con el oluido. Plega a Dios Policiano e mi señora por el presente, no impidan nuestro gozo, que lo que de mi parte se te deue tienes de mí muy ganado. Dexa me dar vna buelta por este jardin e veré si estos nuestros enamorados están en lugar donde puedas entrar por el escala sin ser visto, que yo te auisaré de lo que hazer se pueda.

Sil.—Pues mi señora, en tus piadosas manos encomiendo las penas mias.

Dor.—Valame Dios, tan grande es el silencio destos enamorados que en toda la huerta no rebulle criatura? A dónde estarán? Sancto Dios, qué es esto que veo? Señora mia, señora, oye me. Mira que soy Dorotea. O grande mal. O incomparable desdicha. O caso más que desdichado. O casa desuenturada llena de tan crudas muertes. O Philomena, Philomena, dechado de hermosura. Cómo pudo la muerte destruyr la cosa más estimada de la vida? O espada sangrienta, que de vn golpe tantos coraçones trauessaste. Heriste el de aquel viejo triste cuya luz oy es escurecida. Ensangrientaste las entrañas de la desdichada madre, que en esta hija como en espejo se miraua. Lastimaste a esta sin ventura que a todos excede en sentimiento. Mejor emplearas, muerte rauiosa, tus mortales sañas en mí, que a pocos diera dolor con mi acabamiento, que en aquella que tantos ojos alumbraua con su acatamiento. O Policiano, Policiano, quán desastrado fin tuuieron tus amores. Sola la muerte pudo darte lo que tan difficultoso hallaste en la vida. O amor mundano. O loco mundo. O variable mundo, lleno de tantos desatinos. Loco es quien en ti confia. Vario el que te cree. Sin seso quien tus pisadas sigue. No das vn momento de plazer sin mil años de sobresaltos. Muchos en ti confiaron y a todos dexaste burlados. A todos prometes descanso e nadie lleua de ti sino tristeza. Plega a Dios, amor, que a quien te creyere lo mejor de la vida le falte. Tú eres ciego: pues a quién puedes guiar en camino que se salue? Vete amor, vete mundo, vete Siluano, que quien vanamente ama, vanidad es su salario. Yo quiero agora dissimular este desastre e tornar me al aposento, que al fin el tiempo descubre sus obras.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XXIX ACTO

Theophilon, muy cuydoso de la liuiandad de Philomena, habla con Pamphilo e Siluerio, los quales le cuentan la muerte de la Claudina, y estando en el regozijo de ver acabada su mala vida, entra Machorro el hortolano a dezirle que Philomena su hija está bañada en su sangre en la huerta, e con el llanto de Theopilon se acaba esta tragedia.

Theophilon. Siluerio. Pamphilo. Dorotea. Machorro. Florinarda.

[Theoph.]—Oyes, Siluerio, alça vn poco essa antepuerta, veamos si es de dia, que todo esta noche he tenido el coraçon tan desassosegado, que en mi pena no he hallado vn momento de reposo; qué sientes de mi honrra, Pamphilo?

Pamph.—Señor, más deue ser al presente lo que ymaginas con el recelo, que lo que a tu hija passa por el pensamiento. No te fatigues, señor, ni con la ymaginacion penosa des fin a tus pocos dias, que no ay cosa que tanto duela que el tiempo no le dé su remedio, y para principio del tuyo, te hago saber que Siluerio e yo nos hallamos la noche passada a la puerta falsa con la vieja Claudina, e la hezimos tan buen tractamiento, que la embiamos a çenar al otro mundo. Y esto se hizo no tanto por la culpa que en ella hallamos quanto por cumplir lo que tú como señor nos mandaste.

Theoph.—Agora mis penas son acabadas. Ya mi congoxa tendra sossiego. Ya no temeré que con ocasiones malas mi hija tan querida será liuiana. O mis fieles criados, yo os prometo de gratificar vuestro seruicio como vosotros meresceys, e con él me aueys obligado.

Mach.—Hola, señor nuestramo, yergue te dende malora para todos nosotros acá donde esta madrugada nascimos.

Sil.—Qué es esso, Machorro? qué mal es el que te ha acontescido?

Mach.—Qué, señor? que nuestrama la moça Dios prega es finada e alli esta patitendida en medio de acos tablares, que es mal dolor de otealla.

Theoph.—Vienes por ventura loco o hablas entre sueños? qué dizes? mi hija no está en su retraymiento?

Mach.—Aora de cas de mi madre la garrida. Yergue te day priado, que ni caté si está comida dell alimaña ni si murio de qualque dolencia; que alli vide tanto del sangradero, que vengo medio pasmado.

Theoph.—Oyes, Dorotea, Dorotea, no me oyes?

Dor.—Señor.

Theoph.—Ven acá, dónde está mi hija?

Dor.—Señor, no sé si ha madrugado a coger el frescor de la huerta, que no está a mi parescer en su cama.

Theoph.—O dia triste. O dia aziago. O dia de mi fin desuenturado. Vamos, Siluerio, a ver este desastrado caso para mi.

Dor.—Yo voy a la huerta e vere si a lo fresco de algun limon mi señora está dormida. Ay dolor grande. Ay mal sin remedio. Ay lástima sin segunda. Ay desdichada sola. Ya no tengo quien me mire, ya no tengo quien me halagure, ya fenescieron mis fabores. Ay casa desdichada. Corre, señor, verás las arras de tus caducos años. Anda, verás la lumbre de tus ojos eclipsada, verás a la hija que engendraste bañada en arroyos de sangre que de su coraçon salieron. Corre, señor, rescibe el dote que la muerte te embia en el fin de tus antiguos dias.

Theoph.—O lastimada vejez. O canas mal fortunadas. O mi hija, lumbre de mis ojos, baculo de mi vejez cansada. Qué caso tan inopinado fue, hija mia, el que a ti trauessó el coraçon y a mi cortó el hilo de la vida?

Flor.—Qué es esto, señor mio? qué gemidos tan sin consuelo son los tuyos? Dime la causa de tus penas e sentirlas he como mias.

Theoph.—Ay dolor grande. Ay muger tan amada. Cata aqui mis reçelos, para mientes [en] mis temores. Cata aqui mis castigos no acostumbrados. Cata aqui la hija que tú pariste, su coraçon hecho pedaços. Cata aqui nuestra casa deshonrrada, y sola de la compañia para mi vejez mas agradable. O gentes que lastimas excessiuas aueys gustado, mirad si ay a mi dolor otra pena que se le yguale. O amor, amor, pues me priuaste oy de la cosa que en esta vida más amaua, pues te llamas amor a tuerto o a derecho, a quién has cometido que mitigue mis ansiosos cuydados? qué remedio pones a mi dolor tan estraño? quién aliuiará la cuydosa carga de mi vejez trabajada, pues me lleuaste oy en flor la fructa que para mi enferma senectud Dios e naturaleza me auian prestado. Pero aunque me la dieron prestada, no para tan poco tiempo: dexaras amor desamorado que mi hija començara a conoscer se para que te conosciera, e como de cossario ladrón se apartara de ti. Armaste le el lazo de tus amargos dulçores en la hedad más sin cautela para que menos te resistiesse, e más presto en tus escondidas trampas cayesse. Dime, amor tramposo, mal pagador de seruicios, quándo te offendi yo tanto que meresciesse tan crudo castigo? pues si por demeritos mios, amor falso, me castigaste, executaras tus sangrientas rauias en mis caducos años y en mi faz arrugada, e no me lastimaras en esta juuentud hermosa y en esta moçedad tan delicada. Si comigo tuuiste el enojo, por qué diste tan cruel açote a la ynocente? O amor loco. O amor desatinado. Maldigo tus pensamientos vanos, maldigo tus palabras fingidas, maldigo tus passatiempos lisongeros, maldigo tus enojosos plazeres, maldictas sean tus açucaradas çaracas, e tus deleytosos enojos, tus apassionados deleytes e los instrumentos de tus prisiones; que otros prenden para soltar, y tú captiuas el coraçon para matar. Mataste oy a la joya más acendrada que entre los mortales fue nascida. Lastimaste con mortal dolor a este triste viejo, cuyo fin á mi puerta está dando aldabadas. Pusiste en términos la vida de aquella madre desconsolada que alli veo entre aquellas yerbas medio muerta. Pues si a todos matas, e matar los hombres tienes, amor, siempre por officio, muerte rauiosa te llamen de aqui adelante y no amor halagueño. Porque si halagas es para mejor lastimar, e si lastimas, no más de para matar. Pues, mortal amor, no me puedes hazer ya mayor mal del passado, seguro estoy ya de tus ondas reboltosas, e de tus amargos desconciertos. En lo vltimo de potencia has executado comigo tu rigor; lastimado me dexas los pocos dias que en el mundo biuiere. Pues quien mi lástima tan grande supiere, no es possible sino que de ti se guarde. Si con tiento me hirieras, e tan adentro no me tocaras, mi pérdida no fuera tan grande, e siendo mi mal tolerable, mi quexa fuera templada, pues si yo de ti no me quejara, muchos en tus trampales cayeran. Ya, amor falso, de aqui adelante, porque a ninguno como a mi maltrates, todos huyran de tus sabores[592], con nadie tendras crédito, ni abrá quien de ti se fie. Amor falso malauenturado, tus fabores son humo, tus plazeres no son durables, e al fin fin amor. Omnia pretereunt preter amare Deum.

ACABOSE ESTA TRAGEDIA POLICIANA A . XX . DIAS DEL MES DE NOVIĒBRE, A COSTA DE DIEGO LOPEZ, LIBRERO, VEZINO DE TOLEDO. AÑO DE N[=R]A. REDĒMPCION DE MIL E QUINIENTOS E QUARENTA Y SIETE.

Nihil in humanis rebus perfectum.

NOTAS:

Notes in this chapter

Note 1 · En el original, suzgues.Note 2 · Del contexto se deduce fácilmente que este trozo, á guisa de réplica, corresponde á Machorro, nombre que suplimos por faltar en el original.Note 3 · En el original, palos.Note 4 · En el original, heccho.Note 5 · En el original, Parlermo.Note 6 · Así en el originalNote 7 · En el original, por semajante.Note 8 · En el original, faclidad.Note 9 · Como los de páginas atrás, estos cantares están impresos á renglón tirado, cual si fuesen prosa.Note 10 · En el original, Polid.; pero como acaba de hablar, el que habla ahora debe de ser Machorro.Note 11 · Están impresos estos cantares como si fuesen prosa.Note 12 · En el original, diables.Note 13 · En el original, tambien.Note 14 · Así en el original, quizás por posession.Note 15 · En el original, huertes.Note 16 · Así en el original. ¿Querrá decir son cosas?Note 17 · En el original, corro.Note 18 · En el original, hombre.Note 19 · moços, en el original.Note 20 · En el original, mirad.Note 21 · Hijos, en el original.Note 22 · Hijos, en el original.Note 23 · Sic, probablemente actor ó auctor.Note 24 · Falta aquí en el original el nombre de Policiano.Note 25 · Polidioro, en el original.Note 26 · Forma villanesca del compuesto aquesotra. Ya anteriormente hemos visto, hablando estos mismos rústicos, aco, aca, acos y acas, por aquello, Note 27 · En el original, treste.Note 28 · En el original, amimal.Note 29 · También impresa como prosa esta cabeza de romances.Note 30 · Acaso fabores.
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