← Table of contents
Orígenes de la novela, Tomo III

TRAGEDIA POLICIANA (continued 2)

Reading edition

CLAUDINA. PARMENIA. LIBERTINA. DOROTEA. FLORINARDA. PHILOMENA. THEOPHILON.

[Clau.]—Son los rayos del sol los que entran por esta ventana? sancto Dios e cómo he dormido a sabor, despues que tomé la palabra á aquel demonio mi familiar, pero con mucha razon, pues en este negocio no es menor la honrra que el prouecho. Hija Parmenia.

Par.—Qué mandas, señora?

Clau.—Qué hora es? fueron se aquellos locos?

Par.—Agora estauan ay.

Clau.—Y Libertina, es leuantada?

Lib.—De mañana en buena fe, tia. Agora tengo por dormir el sueño de la salud.

Clau.—Bien hazes, gozate, pues agora tienes tiempo, que venida a la senectud, y todo es vna hedad de trabajos. Ya aquellos pica cantones, no dexarian algo para la costa?

Par.—Mejor landre se los lleue, que estos tales, madre, no quieren sino llamate mio e busca quien te mantenga.

Clau.—Anda, hija, que de golpe o de recudida, yo les sacaré el escote. Yo me voy a casa de Philomena, a dar la primera puntada en vna labor trabajosa. Mochachas, rogad á Dios que yo salga con ella a luz, que no me acuerdo auer intentado cosa de que tanto aya desconfiado.

Par.—Madre señora, ya conosceras si desseo tu prouecho como el mio, assi por la ley natural como por mandamiento de Dios; pero tú andas en tales tractos que en ellos no puedes ahorrar sino de las narizes, y aun plega a Dios no dexes alguna vez la vida, porque es ley de Dios que quien ama el peligro peligrosamente muera. Mira, madre, quién es Philomena, e no pienses ganar saya de londres e barates vn jubon de açotes. Mira que donde agora vas lleuas el cuchillo a la garganta, y avn como suelen dezir, la soga arrastrando, porque te hago saber que los viejos padres de essa dama son tan zelosos de su honrra y avn tan cautelosos en guardarla, que si vna vez te sienten, sin que lo entiendas e estando segura te pondran en cuentos la vida. Mira lo que hazes, e ordena tus passos de manera que tu vida e honrra esté segura.

Clau.—Confusa estoy. No sé en qué me determine: diformes inconuenientes se me ofrescen de tu auiso, e no puedo boluer atras en este camino, porque tengo prometido el acometimiento, e avn dada mi palabra de la victoria. Notable deffecto es la inconstancia, e tanto que se tiene por indicio de locura.

Lib.—Tia señora, no biuas engañada con vna mala opinion, que tanto es más mala quanto más vsada e guardada. Digo te de verdad que oyendo el otro dia al padre presentado, le oy affirmar que la perseuerancia en el vicio no meresce nombre ni galardon de constancia, e que quien del vicioso camino se buelue, no inconstante, sino firme en virtud deue ser llamado. No tengas la condicion del arroyo, que jamas supo tornar atras.

Clau.—Quedaos a Dios, hijas mias, que yo voy determinada de morir en esta demanda, e nunca a la osadia vi que fallesciesse fortuna. Yo me voy; si a hora de comer no ouiere dado la buelta a casa, no tengays dubda que me la abran dado por el mercado. Acudireys a la carcel, que alli será el paradero. Agora que voy sola quiero mirar con auiso este discreto temor que a mi Parmenia le queda, porque a la buena speculacion jamas vi carescer de buen fructo. Qué hare? si voy allá, a peligro pongo mi vida; si dexo de cumplir lo prometido, no puedo escapar de muerta ó apaleada, e lo que es más de estimar, el mal nombre que de falsaria puedo cobrar. Pues si el credito pierdo acabada es la grangeria. Ora venga lo que viniere, que aparejado está donde cayga. A casa de Theophilon llego, aqui traygo en la faltriquera no sé quántas franjuelas e cabeçones; en achaque de trama, vamos a hablar a nuestra ama. A Dorotea veo a la ventana, buen aguero hallo para mi venida. Esfuerça, esfuerça, Claudina, que en otros peligros te has visto.

Dor.—Valala el diablo a esta vieja espanta perros, e qué rezar trae consigo. Quál arroyo la echó por estos barrios? no me medre Dios si tú vienes en buenos passos.

Clau.—En hora buena y en buen punto vea yo tu cara de oro: qué hazes, hijita mia? desciende acá e abraçame, que me gozo de ver te; ansi goze yo la vejez descansada.

Dor.—No os digo yo? las palabras de beata e las vñas como gata. Vengas en buena hora, tia de mi coraçon. Quánto ha que no vienes por estos nuestros barrios? Por cierto mi señora Florinarda ha tenido memoria de ti e aun me ha preguntado si te he visto.

Clau.—Acuerde se Dios de su merced y él le pague la que yo rescibo en que me conozcan por criada vieja de esta casa, porque este es el principal título con que yo me honrro despues de ser muger de Alberto, que Dios aya. Pues por mi salud que aunque yua a otro negocio en que no me yua a mí poco no tengo de passar sin ver a mis señoras vieja e moça. Dilas, hija, que está aqui la Claudina, que si mandan sus mercedes que suba.

Dor.—Espera vn poquito, madre, que yo boluere corriendo. Señora, la vieja Claudina está aqui, si mandas que suba, que te quiere ver.

Flo.—Dila que suba; con qué viene agora el diablo?

Dor.—Sube, tia, si mandas.

Clau.—Con el pie derecho delante, porque no tropieze a la entrada. Paz sea en esta casa. Señora Florinarda, salue Dios tu venerable presencia.

Flo.—Vengas en ora buena, madre, qué nouedad es esta que te acordaste desta casa?

Clau.—Afficion grande, desseo de seruir te, apetito de offrescer me por tu muy fiel criada, para que como a tal me mandes lo que a tu seruicio cumpliere.

Dor.—Debaxo de la buena palabra está el engaño.

Flo.—Pues, comadre mía, cómo te va? Vieja te vas haziendo; muy desffigurada estás despues que no te he visto.

Clau.—E cómo, señora mia, burlando lo dizes? Tal ha passado por mí despues que deste barrio me passé; trabajos he padescido que el menor dellos bastara a acabar tan poca vida como la mia, pues si el principal se considera, la misma muerte no es tan penosa.

Flo.—Qué mal es el que tanto te duele, madre?

Clau.—No será mal de amores, mal pecado, que con las muelas le he dexado, sino biudez, señora de mi alma, que no ay dolor que se le yguale: Dios te guarde a aquel Señor, e nunca te veas sin él, amen, que por mi vejez la que buen marido pierde no sé yo por qué no le acompaña so la tierra.

Flo.—No lo digas burlando, comadre, nunca oyste lo que dicen de los getas? que vn tiempo las mugeres biudas no dubdauan de hazer se matar sobre los cuerpos muertos de sus maridos? y avn porque entre ellos alguno tenia muchas mugeres, aquella era más estimada que con su marido se sepultaua.

Clau.—Sancto vínculo es el del matrimonio, e como sea vnion intrinseca e espiritual, con lo más biuo del ánima se deue sentir la diuision.

Flo.—Veemos que entre los animales que de entendimiento carescen, este amor matrimonial está esculpido, pues las tortolicas passan su vida contentas con vna sola compañia. E si aquélla muere, la que queda no beue más agua clara, ni se pone en ramo verde, ni canta ni haze señal de alegria, señalando la cuytadica quán dura cosa es perder su dulce compañia.

Clau.—Ay, ay, quántos daños acarrea la falta del varon en casa; no los sabe sentir sino la triste que passa por ellos.

Flo.—Trabajoso dolor deue ser, pero quando el Señor da semejante llaga, tambien prouee de remedio para ella. Trabaje la honrrada biuda de ser honesta de costumbres, e guarde la limpieza que las tales son obligadas, que para sus necessidades Dios es el verdadero marido.

Clau.—No lo niego yo, mi alma, pero guardete Dios de pobreza con soledad, que esta es muy ruyn tramojo de roer. De alli nascen los cuydosos pensamientos, e avn a vezes no muy sanctos; alli se toma licencia para las dissolutas palabras, e avn para los desonestos tratos, e avn se deprenden los officios deshonrrados. Ay del solo, que quando en tales hoyos cayere no tiene quien le dé la mano.

Flo.—Verdad es, madre, que mejor se passan las penas quando para lleuarlas ay compañero. E quedaron te hijos de Alberto tu marido?

Clau.—Sí, mi reyna; e vn varon que ha siete años que salió desta ciudad e no he sabido dél ni biuo ni muerto, e otra donzella que en casa tengo.

Dor.—Donzellita es el diablo.

Flo.—Qué dizes?

Dor.—Digo que es vna muy bonita moça.

Clau.—Dizes, hija, tu virtud, aunque en ella no lo aya, pero en fin como huérfanos sin castigo de padre, faltos de doctrina e cargados de pobreza. Y a todo esto se obliga la muger aquel triste dia que cobra nombre de viuda. O señora de mi vida, quán pesada carga es de llenar el hijo crescido de cuerpo e menguado de castigo, que en cabo del año pienssa la pobre madre tener buena vejez, e ha criado vn cueruo que le saque el ojo. Pues todo esto es nada en respecto de lo que con hijas se passa, que como, mal pecado sea vn ganadillo tan malo de guardar, a buelta de cabeça, y a vn encierra ojo e abre, hallays la casa a mal recaudo, e la honrra de las moças beuida en gostaduras. No hay cosa oy en el mundo tan fragil e delicada como la honrra de la donzella, que no paresce sino que de vn cabello está colgada. Nunca por buena que sea le faltan ocasiones para ser mala, ni avn por bien que se guarde caresce de murmuradores. Si habla poco es tenida por grossera; si mucho, por liuiana; a los que no saben les paresce nescia, e a los ressabidos, maliciosa; si luego no responde, tienen la fantastiga, e si a todos da respuesta, a peligro de caer; si está assentada con reposo, nunca le falta un nombre de traydora dissimulada; si alça los ojos e mira, luego dizen que allá miran ojos, etc. O señora Florinarda, e quien solo vn juyzio tiene, cómo hará guisados que a tantos haya de contentar?

Flo.—Poca necessidad tiene la donzella de poner su honrra en tal discrimen; mi hija retrayda ha de estar hasta que quien la merezca se precie de yr delante della.

Clau.—Jesus, Jesus e pienssas, mi señora, que con nuestra platica no auia oluidado de preguntar por Philomena? No yre de aqui sin ver a su merced, ansi goze yo de mí.

Flo.—En buena fe, comadre, que esta noche passada se sintio mal dispuesta e no he consentido que se leuante de la cama.

Clau.—Pues, señora de mis entrañas, da me licencia para que la vea, que avn a mí algo se me entendera de estos dolorcillos.

Flo.—De muy buena voluntad, por cierto, madre mia. Corre, Dorotea: entra con la madre vieja al aposento de mi hija, e perdona me por mi amor que no voy contigo, que tengo por acá en que entender.

Clau.—Huelga con salud, señora mia, que yo bien sé ya esta casa más ha de mil dias. Dónde está mi señora?

Dor.—Entra madre, en este retraymiento.

Clau.—Gozo bueno vea yo de essa cara de alegria.

Phil.—Bien seas venida, madre.

Clau.—Jesu, coraçon mio, e gesto es esse de enferma? Tal sea mi salud e se me torne mi vejez; qué es esto, hija de mi alma? qué sientes? yo juraré que deue ser regalo.

Phil.—No, madre, que no soy tan regalada, sino que dende anoche he sentido vn dolor en este lado izquierdo, que, ansi goze de mí, no me dexa reposar.

Clau.—Pues, señora mia, manda salir allá a Dorotea porque quiero tentar el lugar donde te duele, y plazera al Señor que quedes con mejoria.

Phil.—Dorotea, sal allá fuera.

Dor.—Todo va bueno; plega a Dios que yo mienta, e que esto sea agua limpia.

Clau.—Descúbrete, entrañas, veamos la parte del dolor.

Phil.—Mas arriba lo siento, sobre el coraçon.

Clau.—Ya, hija mia, lo he visto, y avn conoscido la causa de donde nasce el dolor: que por mis pecados maestra vieja soy de curar estas passiones. Quiero saber, coraçon mio, si antes que este dolor sintiesses resciuiste por auentura alguna alteracion. E mira, señora, que al médico y al confessor se deue dezir la verdad.

Phil.—Por cierto, madre, es verdad que con essa moça yo rescebi passion, de donde pienso aver se causado mi indisposicion.

Clau.—Verás por mi vida si conosci yo luego ser tu mal de turbacion. No será nada, hija, yo tengo la mediçina para sanar estos dolores. Aunque por mucho que la passion te aquexe no es de marauillar, hija mia, porque es ley de Dios que quien a hierro mata con hierro pierda la vida.

Phil.—Burlas, madre, como me ves con dolor?

Clau.—O angelica ymagen, y qué graciosa eres. Mas dime por mi vida, entrañas, a quántos en esta vida abrás tu sido causa de dolor de coraçon? Pues justicia es que padezcas alguna de las penas que a otros has tú causado; toma, señora, este anillo, que tiene virtud contra todo dolor cordial, e mira, hija mia, que no me le pierdas, que no es más mi vida de quanto comigo le tengo.

Phil.—En gran cargo me pone tu tan buena voluntad, aqui estoy para hazer todo lo que te cumpliere.

Clau.—Tal confiança tengo yo de tu graciosa cara, que siempre me has de hazer muy señalados fauores, e para principio dellos te suplico, mi alma, tengas atención a mi breue mensage, el qual, aunque te parezca culpable, te ruego no me hagas cargo de culpa, pues no ay en mí otra sino ser yo la mensagera, y esta ya sabes que es digna de indulgencia. Un cauallero gentilhombre, doctado de toda disciplina, no menos militar que literaria, cuyo nombre sabras a su tiempo, me mandó llamar con vno de sus siruientes, e como yo cumpliesse con la obligacion que a los semejantes deuo, fui a su casa, donde le hallé en vna cama, e tan en el extremo de vna enfermedad del coraçon que a tu causa dize que padesce, que sin dubda yo penssé que hablandome la vida se le acabara. Finalmente, con la mayor fuerça que fingir pudo me dio parte del principio de su mal, e me pidio que le pussiese remedio. Pues como sea mayor virtud consolar al atribulado que substentar al hombre próspero, acordé de tomar a mi cargo su medicina, poniendo me en este peligro, porque tengo por mejor perder obrando virtud que ganar dexandola de hazer.

Phil.—E quién es esse cauallero que dizes?

Clau.—Ya te sientes?

Phil.—Qué rezas entre dientes? qué tengo yo que hazer con las enfermedades agenas? Dime ya quién es el enfermo, que me tienes suspensa, o vete con Dios, que harto tengo que ver en mi mal.

Clau.—O perla mia, dasme licencia por mi vida?

Phil.—Di lo ya, no seas pesada, sea quien fuere.

Clau.—Pues tu rostro de paz me da atreuimiento, no quiero ser couarde en obra tan piadosa. Bien conosceras, mi coraçon, vn cauallero de illustrissima sangre que biue en esta ciudad que se llama Policiano.

Phil.—Anda, anda, vieja maldicta, con la malauentura, y agradesce a Dios el sufrimiento que el zelo de mi honestidad me pone, que yo te hiziera yr al infierno a pedir las albricias de tu menssage.

Dor.—Passo, passo, señora, no alborotes la casa, qué cosa es esta? qué has hecho, madre señora?

Clau.—No hize nada, hija mia, sino que mi mala dicha quiere que por buen seruicio resciba mal galardon.

Phil.—Avn lloras, vieja ruyn? mala fin ayas tú e tus maldictos passos. Echame de ay a essa vieja, si no quieres que ay la mande matar a palos.

Flo.—Qué es esto, comadre? qué dizes del mal de Philomena?

Clau.—No rescibas pena, señora, que vn dolorcillo es causado de tristeza del coraçon. Ay la dexo vn anillo con que vera mejoria muy presto: no consientas, señora, que se le quite del dedo; yo me voy, porque me he mucho detenido. Señora Philomena, si para tu salud yo fuere menester algun dia, bien sabe esta donzella mi posada, no dexes de embiarme a mandar, que yo vendré de voluntad.

Flo.—Essa se te agradesce por cierto, comadre.

Clau.—A Dios, a Dios, mis señoras.

Phil.—Ve en buen hora, madre mia.

ARGUMENTO DEL DOZENO ACTO

Palermo [y] Piçarro van a casa de Cornelia y Orosia para traerlas a su estancia, van por el camino temiendo topar con los criados de Policiano; llegados a casa de estas mugeres, las traen consigo, etc.

Palermo. Piçarro. Cornelia. Orosia.

[Pal.]—Hola, Piçarro hermano, salgamos ya de casa pesar de Lucifer, y vamos a traer aquella gentezilla a la estancia.

Piç.—A boca de sorna me paresce más seguro, porque si escandalo ouiere podamos tomar calças, ya me entiendes? que despecho del galeon[542] de Francia si me querria asir con nadie. El espada tengo hecha vn assador, vn broquel traygo sin aro, el guante paresce arañuelo; pues el casquete sirve agora de orinal. Blanca para comprar armas, rape el diablo la que yo mando, que por vn real me pueden agora ahorcar.

Pal.—No me cuentes plagas, descreo de la vida en que biuo sino vamos a casa de aquellas putas, e veamos si por allá ay algun cayro. Sepamos si quiera qué moneda corre. Pese a tal con dayfas tan sin prouecho, e tan amigas de poner a hombre en ruydo. Yo, descreo de la torre mocha, toda mi vida fui más amigo de tomar cuenta a la yça a tercera noche, e abrir el ojo que no eche dado falso, que de buscar pendencias donde se ponga el pellejo en condic[i]on. Mira bien dónde vamos, que si estos moços de Policiano allá nos apañan nos quitaran el puto del cañon sin que aya quien se lo estorue.

Piç.—Ora las pelosas vayan a punto, porque si por caso valiere huyda no se queden [en] poder de vellacos.

Pal.—Nunca otra prenda me arrebaten, que por el peligroso passo en que vamos, en toda mi capa no se ate vn quartillo de trigo.

Piç.—Pues que la mia, por el cuerpo de la tramulla, no vale quatro sueldos.

Pal.—Ora la Magdalena nos guie. Mira, Piçarro, el passo más sin peligro.

Piç.—Cerca llegamos, e mira, Palermo hermano, que suelen dezir que los hombres de honra precian más la muerte dichosa que la vida deshonrrada. No te engañe a ti esta opinion de locos, sino da al diablo la honrra e pongamos en cobro la vida.

Pal.—Pospuesto que auemos de ser más ligeros en los pies que en las manos, tambien es menester que para que estas piltrafas no nos tengan en poco, hagas, hermano, del feroz, e hables de la hermania el espada en la mano, el passo en primera, los ojos en arco, la boca medio torcida e hablemos los acostumbrados desgarros, pues aqui somos tenidos por hombres de seguida. E mira que no me dexes de contar algun contezuelo. Ya me entiendes.

Piç.—Bien dizes, marcadamente hablas; pues ya que llegamos, lo que se hablare sea cosa de tomo.

Pal.—Hola, Piçarro, marcha delante, mira si ay dentro quien nos defienda la entrada.

Piç.—Deffender o qué? O despecho del anima de Berzebuy, escucha, veamos quién suena dentro, e si hombre es biuo mandale confessar.

Pal.—Quién está en su casa?

Cor.—Quién es el que llama? Sube, señor Palermo. Tú seas bien venido con la buena compañia.

Oros.—Jesu, señor Piçarro, y acertaste a venir por esta calle?

Piç.—Descreo de tal, señora Orosia, si el señor Palermo que está presente no me hiciera fuerça, si yo escampara por aca por toda esta semana. Harto tiene hombre que hazer agora en buscar armas e andar a punto para castigar aquellos garçones, sin embaraçar nos en visitaciones de damas. Pero por agradar al compañero se ha de hazer toda gentileza.

Pal.—Señora Cornelia, ya sabes quántas vezes te he rogado que tú e la compañera passeys el hato a la estancia, porque en nuestra compañia no se puede perder nada; no te has determinado hasta saber la voluntad de la señora Orosia tu prima: porque ella agora está presente, será bien, dama, que sepas que es mi voluntad que luego te determines a venir comigo a mi estancia, e ayudar me a passar mis trabajos, pues no me dexas solo en mis mayores passatiempos; e si en esto pensares no contentar me, haz cuenta que me perdiste para todos los días que biuieres.

Oros.—Señor Palermo, aunque mi prima me perdone en tomar la mano a responder en su presencia, despues que ella se ha determinado a hazer contigo esta jornada, yo la he dicho como a amiga e parienta lo que de su yda siento. Pero como ella está penada, ni rescibe mis palabras, ni conosce la voluntad con que se las digo, porque ni los ojos enfermos pueden mirar la luz, ni los animos apassionados la razon. Pero como lo poco que yo sé del mundo me dé a conoscer que mi prima no lo acierta, no puedo dexar importunamente de dezirle lo que siento, porque a ti, señor Palermo, conozco, e avn tu voluntad entiendo mejor que a mí me sé entender; nosotras, como tú sabes, somos vnas mugeres de seguida que substentamos honrra haziendo seruicio a los buenos. De nuestros passados no heredamos otra hazienda, e si esta nos falta, la vida nos sobra. Pues metidas con vn hombre en vn rincon de la Ciudad, perdemos los amigos e no ganamos dineros. Lo que por ti, señor, digo a mi prima que haga es tenerte por amigo para reñir sus quistiones, e quando menester la ouieres que te ayude con dos doblas, acuda a tu estancia, prouea lo que cumpla, pero no soy de parescer que se desaperroche nuestra casa.

Cor.—Prima, bien conozco tus razones endereçadas en mi prouecho, e ansi las rescibo como Dios resciba esta ánima quando deste mundo vaya. Mas por ver me vengada de aquel moço de espuelas, me yre con vn negro donde llevar me quisiere.

Pal.—Señora Orosia, de la voluntad que yo tengo a Cornelia tu prima Dios y el señor Piçarro son buenos testigos; y en lo que toca a sus quistiones, quexando se ella a mi, e dando me parte de ellas, no seria yo Palermo, hijo del merino de Ronda, si no pusiesse por ella la vida e todo el resto, porque sin lo que a su persona se deue es ley de gentiles hombres hazer por las mugeres quando rescibieren agrauios e demasias. Yo la pienso poner donde sea conoscida e tenida por quien es.

Oros.—En la puteria.

Pal.—No hables entre dientes, señora, que yo lo haré no menos que lo digo: e de vn pan que hombre aya, la mitad no puede mancar; pero si a ti, señora, paresce que cumple otra cosa, hagase como ordenares, que como aya provecho passará hombre su soledad.

Piç.—Señora Cornelia, bien abrás sentido que yo del tiempo viejo te solia ser amigo, y agora por causa del parentesco que con esta dama tienes, y el amistad que ay entre mí y el señor Palermo, estoy determinado a morir por lo que a tu honrra tocare; y en esto, señor, al tiempo hago testigo. Pero si a tu honor e prouecho impide hazer mudança, ordena como vieres que cumple á los amigos. En casa dexamos la olla hirviendo, e solo al mochacho soplando los tizones; por mi vida, damas, que allá nos vamos a comer.

Oros.—Essas cosas, amigo, antes seran hechas que mandadas. Prima, toma tu manto, e vamos donde quisieren.

Cor.—Vamos si quisieres, que yo estoy a punto.

Pal.—Echate vnos manteles en la manga, que boto a tal no ya[543] en qué nos limpiemos sino es a las barbas.

Oros.—Ora galanes, andad delante, que nosotras muy presto llegamos.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XIII ACTO

Policiano, muy penado del dolor que siempre le aquexa, habla consigo solo e quexasse de la dilacion que la vieja pone en su remedio. La Claudina viene e le cuenta lo que con Philomena ha passado, etc.

Policiano. Solino. Salucio. Siluanico. Claudina.

[Pol.]—O ánima mia tan desierta de plazer quanto acompañada de cuydosos pensamientos, qué será de ti? En qué ha de fenescer este triste auiso que has comendado? Cada momento estoy esperando quándo mi carne, canssada de suffrir tantos dolores, ha de apartar la vnion que contigo tiene; mas ay de mí, que biuo, e biuiendo muero, e muriendo no satisfago a aquella cruel e sangrienta lamia, que con su fferidad despedaça sus hijos, con cuya muerte queda contenta, e Philomena no con la mia. O vieja Claudina, qué hazes? En qué te detienes? No te duele a ti donde a mí, si no tú apressurarias los passos. Maldigo tu perezosa solicitud, que para todos tienes obras, e a mí me çeuas con tus palabras. O mi angelica Philomena, si te acuerdas algun tiempo del dia deste tu captiuo Policiano? Dónde estás, mi alma? En qué estás agora ocupada? Por qué no alças tus ojos para embiar algun rayo de claridad sobre este caliginoso coraçon? Moços, moços.

Sal.—Señor.

Pol.—Entra aca, qué se suena de mi remedio? En qué estado está el processo que amor contra mi vida haze? Si ha dado ya sentencia contra mí el coraçon de aquella que puede matar me con quererlo, e dar me la vida con querer me?

Sal.—No temas señor, ser condenado, que quien padre tiene alcalde, seguro va a juicio.

Pol.—Qué a mí con quien me juzga?

Sal.—Basta que seas nascido de muger para que confies no morir por feminil consentimiento, mayormente que Philomena es misericordiosa, e la Claudina solícita, e no ay piedra tan dura a quien la instante gotera no penetre.

Pol.—O Claudina, qué hazes? No sé si tenga tanta quexa de tu tardança quanta de mi poco suffrimiento, pues no rescibo menor agrauio de tardarte tú que de penar me yo. No osaré sospechar que te descuydas por no acabar la vida con ymaginacion dubdosa, pero mal sabor tiene tu tardança o yo tengo dañado el apetito.

Sal.—Señor no sé si lo causa que delicadamente siento tu pena, pero mayor dolor siento porque padesces que en poner mi vida porque descansses. Qué hare yo, señor, para que tu mal tenga algun refrigerio?

Pol.—Mira, Salucio, tengo tan abatidos mis cuydosos pensamientos, que sólo mi abatimiento bastaria para causar en vn coraçon libre vergonçosa confusion; pero siento me tan vencido, que aquello que a la voluntad sana suele apocar la fe, a mi coraçon apassionado acrescienta el amor. O Claudina, grauissima prouisora de mis ansiosos cuydados, como creo que tendras más tiempo para arrepentir te por tu negligencia que para remediar me con tu solicitud, porque me siento tal, que si algun fabor Cupido piensa darme, sola mi fe que le meresce tengo biua para sentirle, pero grande quexa lleuaré del amor si se me acaba la vida sin algunas arras de mi gloria.

Sil.—Señor, la vieja Claudina viene por esta calle del Conde muy passo a passo, e la cabeça baxa sanctiguandose algunas vezes como quien de poder del diablo se ha escapado.

Pol.—Viene sola?

Sil.—Sí, señor, que ninguno viene con ella.

Pol.—Corre, espera la a la puerta, e rescibe la con mucha alegria, porque no enturbie la que yo estoy esperando con ninguna accidental tristeza. Qué haze? No llega?

Sil.—Señor, no, que está hablando con un despensero.

Pol.—Ay del triste que la espera, mal fuego semejante al mio los abrase, para que con mi sentimiento no pongan dilacion en mi remedio. Corre, llamala, e dila que aqui la espera vn cauallero, que no se detenga.

Sil.—Señor, esta vieja es sospechosa, e yo soy algo conoscido, temo no aya sospecha de ver me hablar con ella.

Pol.—Bien has dicho, pues no fuera más mi vida que derramar mi cuydoso secreto con descuydada negligencia. Dexala venir, e plega a Dios que antes fenezcan mis dias si su respuesta viene vazia de remedio. O negligentes canas, o años caducos, acaba ya, que se me consumen las fuerças con tu espaciosa venida. Assomate, mira si viene.

Sil.—Señor, el despenssero se va y agora llega vn paje del Duque, e segun la tiene asida de la halda creo que se la lleuará antes que de la mano la dexe. Señor, señor, que se va.

Pol.—Corre, negligente, perezoso y llamala; finge estar aqui vna dueña que la espera, dila que llegue aqui, que luego puede dar la buelta. Mira no seas sentido de aquel paje.

Sil.—Señora Claudina, vna dueña me mandó que te llamasse porque a la puerta de mi possada ha gran rato que te espera.

Clau.—Ya sé, hijo, por quién dizes. Dila a essa señora que luego voy, quanto dé recaudo a este paje, que no con menor necessidad me ha buscado.

Sil.—Madre mia, no yre sin ti, por esso mira que te espero.

Clau.—Pues, hijo mio, vete tú en ora buena, e a tu señor diras que su negocio está en buen estado e que aquella dama me dió esse torçal que ponga en el bonete, e que lo demas le dire quando desta dueña me aya apartado. Vamos, hijo Siluano, que aquel Rey de lo alto sabe la pena que me ha dado auer me detenido: tengo muchos negocios, e aurora sobre todo aquel paje del Duque me lleuaua por fuerça. Sancta Maria del cielo, con tantos trabajos como este mi officio me acarrea; Jesu, Jesu, señor Policiano, sino paresce auer passado por ti vn año de enfermedad. Jesús, e qué poco esfuerço el tuyo! Mala dicha fue la mia.

Pol.—Madre mia, más me consumen tus tibios e descuydados oluidos que las memorias ardientes de mis continuos dolores. Toma, madre mia, este puñal, e en lugar de la vida dulce que con tu venida esperaua, dame la más cruda muerte en que tu ymaginacion pueda caber, porque pues en tu nombre e fama e solicitud faltó para mi ventura, no quiero esperar la en más que en la sepultura. Pero antes que yo muera te suplico oyan mis orejas sola vna palabra de aquella seraphica boca salida, con cuyo dulce sabor mi spiritu fatigado se esfuerçe para el riguroso tránsito que tan vezino espera.

Clau.—Señor Policiano, aunque tu passion sea muy biua no deues descuydarte en mortificar algun rato la ymaginacion que della tienes, si no quieres que mi venida sea más para llorar tu muerte que para remediar tu vida. Yo tengo tan presentes tus penas, que por sentir las no tengo cuydado de las mias, que son, aunque menores en qualidad, no menos en quantidad, que ansi goze yo de mi vejez y a tí bea yo en braços de quien yo agora digo, como si mi venida he dilatado no ha sido otra la causa sino auerme lleuado el manto por el tercio de la casa, donde por falta de dinero se abrá de quedar por el tanto.

Pol.—Pues cómo, madre mia, tan poca[544] confiança tienes de mi voluntad e fuerças, que essa necessidad e otra mayor no proueyera yo con hazer melo saber? Oyes, Salucio.

Sal.—Señor.

Pol.—Ve luego a casa del mercader e trae para mi madre quatro varas de paño fino, e llama vn sastre y cortenla presto un manto.

Clau.—Por la liberalidad del don beso, señor, tus manos, que la quantidad e otra mayor se deue a mi voluntad y avn a la obra que no ha faltado en tu servicio, aunque penssé que me costara la poca vida que tengo. Pero ya soy de prueua, no me espantan golpes semejantes. Hijo Policiano, viniendo agora a lo que a nuestro caso haze, el cuydado que en mi pecho lleué de la pena en que te dexé, de tal manera penetró mis entrañas, que negara yo el natural de muger si no pusiera mi vida por tu remedio, e ansi por compasion como por hazer mi officio confiando ser gratificado, fuy a casa de aquella perla de Philomena, donde si con temor entré, no sali muy esforçada a causa de los peligros que allá estuuieron en las manos. Abreuiando razones, yo busqué oportuno tiempo qual conuenia, e puse en su pecho[545] mi mensage y tu congoxa, de la qual, o yo no seria la Claudina muger del que Dios aya, o ella tiene tanta parte de sentimiento como tú.

Pol.—Sancto Dios estoy yo aqui?

Sol.—Mira, Salucio, cómo tiembla el desdichado de nuestro amo, e quán atento está oyende las mentiras de aquella tructaconuentos!

Clau.—No interrumpas, señor mi platica, e manda a estos moços que se aparten allá fuera, si breuemente deseas saber lo que tenemos.

Pol.—Moços, apartaos allá, mal criados; dexad me solo gozar deste remedio, pues a solas siento el dolor.

Sal.—Mándote yo que ella te dira más falsedades que tienes cabellos en la cabeça.

Pol.—Señora mia, coraçon mio, reposo mio.

Sil.—Corre, corre, Solino, que las manos está besando a la vieja.

Pol.—Aliuio mio, si no quieres que tu mensaje e mi vida fenezcan en un momento, dame licencia para que por menudo te pregunte los passos de mi vida o muerte, porque no tiene menos fuerça para matar el subito plazer de mi gloria que la repentina pena de mi nueuo daño: qué le dixiste? con qué començaste? con qué rostro te oyó? e finalmente lo que te respondió, e yo propongo de estar a tu razonamiento no menos atento que deuoto, pues sin soberana reuerencia no es virtud oyr tu embaxada.

Clau.—Para la entrada de su casa no fue menester ocasion sophistica, a causa de la antigua amistad que yo en semejantes casas he procurado, porque si tal necessidad se offresce, no sea yo tractada como extraña. Mi aspecto, mis canas, mi autoridad, mis doradas palabras, quitan todo género de sospecha, mayormente en tales casas donde si me conoscen, no por el tracto que traygo, sino por la grauedad de mis largas tocas e de mi faz arrugada, siempre me hazen venerable tractamiento. De manera que Florinarda su madre, libre de mi fingida necessidad de visitarla[546], me rescibio con alegre semblante porque por mi larga ausencia mi visitacion auia seydo desseada. Passado el deuido preambulo, yo tomé licencia de Florinarda para entrar al aposento de Philomena, donde la hallé indispuesta de vn dolorcillo del coraçon. Yo fingi saber medicinar su dolor, e dixe ser necessario estar á solas, donde tuue lugar para darle muy entera parte de tu continua congoxa, causada de auerla mirado con ojos afficionados. Las cosas que durante mis razones alli passaron ni entonces las acerte a entender, ni agora te las sabre dezir, porque si mil vezes sus ojos me mostraron tu salud, otras tantas en su rostro vi aparejada mi muerte y tu sepultura; vi sus aparencias de muger no libre, e dixome palabras de hembra desamorada. Oyó mis razones con indifferente semblante, e respondio me con muy crudas amenazas de muerte.

Pol.—O desuenturados oydos que tal oyen.

Clau.—No me marauillo que te assombres, porque si con ella en tal articulo me consideras, antes te faltarán ymaginaciones para pensar lo que ocasiones para no esperar salud en coraçon tan crudo como el de Philomena; pero si mis reglas no son fallibles, no es mala señal su tan delicado sentimiento. E de aqui resulta, señor Policiano, que no te congoxes ni desconfies por lo que con tu señora he passado, porque a la segunda monicion o ella vendra a obediencia o yo fulminaré[547] contra ella mis çensuras. E rescibe mi palabra en prendas desta victoria. Pero si entretanto tus acidentales dolores te acudieren, grande nombre ganarás si quando más te aquexaren mostrares mayor suffrimiento.

Pol.—O dilatada muerte, o prolixo tránsito, o negligente fin, qué es de ti? Por no dar me este descanso te tardas? Pues vn plazer entre tantos enojos breuemente es anegado. Ve, Claudina, con Dios, e yo me quedaré con mi mal e sin esperança de salud, pues para mí no la ha guardado el amor.

Clau.—Señor, suplicote con tu seso esfuerçes lo que tu dolor enflaquesciere, e no te apresures tanto a padescer, que dexes tus huessos para gozar de lo que desseas. Yo me voy con esperança de boluer con tan buenas nueuas que merezcan soberanas albricias.

Pol.—Vete ya, madre, que ni yo espero bien, ni soy capaz dél.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XIIII ACTO

Salida la Claudina de casa de Policiano va hablando consigo sola e passa por la estancia de Palermo e Piçarro, donde están riñendo con Orosia e Cornelia sobre que las quieren poner en el lugar de las mugeres públicas. La Claudina los pone en paz, etc.

Claudina. Cornelia. Orosia. Palermo. Piçarro.

[Clau.]—O soberano Dios y a quántos trabajos se pone quien con torpe vida quiere ganar de comer, quánto deue biuir recatado quien mala vida biue. Mirad agora quántos desdenes, quántas desgracias e sinsabores he rescebido en esta vida de personas a quien con este mi officio he seruido, e a quántas afrentas publicas e secretas estoy cada dia aparejada, y en vna me vi que jamas se me cayra el nombre de encoroçada, e agora Policiano pienssa que a la primera vista le tengo de traer a su enamorada. O mundo mentiroso y en quán baxa moneda pagas a quien mejor te sirue; pero andar, que por substentar esta negra honrra e por no venir en tiempo de pedir a los amigos prestado, a más que esto me tengo de poner, e si mal hago, para mí es el daño, e si a otros dañare con mi interessal doctrina, cada vno mire por sí, que por esso da Dios libre el aluedrio para reprobar o aprobar. Yo hago mi officio, mire cada qual lo que haze. Conoscida soy, no se quexará nadie de mí que con fingida sanctidad le engañé; tambien me conoscen como yo me conozco; a quien con mi consejo venciere no deuo nada, pues mi público tracto me relieua de todo cargo. Qué bozear es este que estos locos tienen? Si no me engaño, muger es la que da gritos; oyr quiero para entender la materia.

Cor.—Ansi, don ceuil apocado, y en tan baxa estimacion tienes tú mi persona que por ti me auia yo de poner en tal biuienda? Qué te paresce, prima? A esto nos truxo nuestra ventura?

Oros.—Pues qué pensauas, Cornelia? Quien a los tales se llega, tal galardon espera. Pues cómo, Piçarro, tal pensamiento tenias quando de casa me sacaste? Yo en el burdel con las mugeres publicas? Que yo auia de vender para ti mi persona? Ay de mi moçedad passada en tanto regalo e de otros a quien tú no meresces descalçar.

Cor.—Mira, Palermo, no me hables en tal cosa, que por los huessos de aquel padre que so tierra pudre, antes me echasse en vn pozo que tal por mí passasse.

Pal.—Pues pese a tal con la çurratica piscina, soñólo el vellaco de vuestro agüelo que os auia yo de tener estrado? Descreo de las barbas de Barrabas si no aueys de hazer lo que hombre os mandare o aueys de pitar el roço e tomar luego la puerta.

Piç.—Dezid, pellejas, pese al burdel de Pamplona, quando al estancia venistes qué penssamiento era el vuestro? Pensauades por auentura que auiades de ensartar aljofar? Aqui no queremos sino muger que ruede por donde la mandaren e gane el gouierno, e tenga la casa abasto.

Oros.—Ay desdichada, que en mi seso estaua yo en no salir de mi casa! Yo en la mancebia? Yo? Cata que pierdo el seso, cata que me fino en pensarlo. E cómo, Piçarro, faltauan me a mí dos pares de vestidos e dos pieças de oro en mi arca? En tanta lazeria nos hallastes? Tantas necessidades nos cubristes? No lo haré, para el dia sancto que nos cubre.

Clau.—Quién está en su casa?

Pal.—Tenga se alla quien viene.

Clau.—Gente de paz es, no te alteres, hijo Palermo. Jesu de la cruz, hijos mios, e qué gritos son éstos, que teneys alborotada la vezindad?

Piç.—O, pese a la fe de Tremescen, madre, que estas damas no se criaron sino para biuir en los palacios de Galilea. Pues descreo del memorable Golias si no an de ganar el gouierno, e an de dar cuenta del resto o tomar las haldas en la cabeça, y avn primero an de escotar lo que an roçado en el estancia.

Cor.—Parescete, ay señora Claudina? Parescete qué pago del mundo? Ay justicia del cielo, pues de la tierra no me vale! Dame mi manto, Palermo, que no comere más bocado en esta casa, si no de mal cancer sea yo comida.

Oros.—Justicia de Dios venga sobre estos vellacos.

Clau.—Hijos mios, mal me paresce por mi vejez lo que agora en vosotros conozco tan contrario de lo que yo pensaua, y entre mis yguales auia publicado. Las mugeres han de ser de los hombres amparadas e no mal tractadas. Deueys os, hijos, acordar que de ellas nacistes, para que ninguna por baxa de ley de vosotros sea deshonrrada.

Pal.—O pese a las barbas de Jupiter con quien tal oye y no haze vn hecho de los que suele! Pues descreo de la ley del quaderno, si no me pensara aprouechar del mueble, si antes no las despernara que ellas supieran mi estancia. Ellas han de hazer lo que hombre les mandare trompicando, e vengan Solino e Salucio en la demanda si dessean ser moços de espuelas de Barrabas.

Clau.—Que no, hijos, por mi vida, sino pues son mugeres de honrra, y en ella han biuido hasta agora, que vosotros ayudeys a substentarlas en ella, y aun que siempre vayan adelante, pues se llegaron a los buenos.

Oros.—Toma, prima, tu hato, e daca mi manto e vamonos con la madre, que no aosadas para en quanto viua, nunca más perro a molino.

Pal.—O pese al gorjal de Nembroth, yr o qué? Juramento hago a las calendas de Grecia, si por las nubes no se me salen, si el mismo[548] Satanas las saque de mi poder hasta que paguen lo comido.

Cor.—Cómo, que esto ha de passar? Daca mi manto.

Pal.—Descreo de tal, doña buena muger, sino os doy guantazo que dientes e malla escupays todo junto.

Oros.—Justicia, señores, que nos roban estos rufianes en tierra del rey.

Clau.—Por mi bida, hijos, que les deys su hato, e las dexeys yr a su posada, que si alguna costa han hecho, mugeres son para pagarla[549], e quando no lo hizieren, yo me obligo por todo.

Piç.—Que no estamos en la paga, despecho de la vida mala, sino porque estas dueñas quieren hazer de las marquesas, despues de auer trotado los bancos de Flandes, y el potro de Cordoua y el aduana de Seuilla. Pues descreo de Placida e Vitoriano si no os hago conoscer quién son Palermo e su compañero. Tomad, damas, los mantos e agradesceldo[550] a la madre vieja, que de otra arte se gouernará este embaraço.

Cor.—Ansi Palermo? Que tal cosa se sufre en la Ciudad? Pues dexa tú hazer a Cornelia, que para la que tengo en la cara yo te la dé a beuer si bibo.

Clau.—No las escucheys, hijos, que van agora enojadas, e ansi me quiera Dios como ellas a vosotros. Quedaos a Dios, locos.

Pal.—Vayan de Dios las mohosas.

Clau.—Sancta Maria del cielo, hijas mias, quál pecado os engañó a tomar contienda con estos rufianejos? Siendo moças, e no tan feas que qualquier hombre no huelgue de vuestra compañia, tomays amistad con hombres de tal arte?

Cor.—Ora, madre mia, quien no cae no se leuanta. A mi posada llegamos, si tú eres seruida entra e rescebiras colacion.

Clau.—A Dios, hijas mias, que voy de passo a mi casa.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XV ACTO

Philomena, presa de la yerba diabolica de Cupido, dize palabras compassibles manifestando su pena, de la qual dando parte a Dorotea su criada, manda que vaya a llamar a la Claudina, la qual siendo llamada e prometida su venida se acaba este acto.

Philomena. Dorotea. Claudina. Parmenia.

[Phil.]—Amiga Dorotea, despues de aquel trançe riguroso que con aquella buena vieja passé ningun momento ha dejado mi mal de me poner en el vltimo término de la vida, e cada ora me siento más alcançada de fuerças para resistir vna muy grande que de mi propria guerra rescibo. La discordia que interiormente contra mí se leuanta, la hueste de enemigos que nueuamente siento en mi contrario, no soy yo parte para desecharlas de mí, porque las fuerças de mi discrecion con que antes me defendia hallo robadas, e las memorias de mis passados recatamientos me han faltado. El entendimiento con que los males aborrescia e las virtudes abraçaua[551], hallo destruydo. Tan debilitada me siento en la parte sensitiua de mi coraçon, que ya no puedo resistir al huesped que en él quisiere tomar aposento. Estas entrañas[552] se me abrassan, sin esperança de su primera salud. Ay de mi! Ay corazon mio, que te despedaçan hambrientas biuoras! Ay entrañas mias! Ay ánima mia, quién te puso en poder ageno? Ay mi libertad, qué es de ti? Ay mis fuertes muros e torres de mi castidad, quién os ha batido e puesto en la baxeza de sensual ynclinacion? quién fabricó las escalas que para emprender tan alta empresa fueron bastantes? Ay mi Dorotea! Ay mi fiel thesorera de mis secretos! qué será de mí? que me siento tal, que me es forçado oluidar mi sangre tan illustre, mi copioso patrimonio, la nobleza de mis tan altas costumbres, el temor del cruel castigo de mi padre, y el amor que hallo auer tenido a mi tan amada madre sin auer rescebido ningun momento de engaño. Ay mi coraçon, ay que se me acaba la vida sin esperança de remedio!

Dor.—Señora mia, la ora en que Policiano te miró maldigo.

Phil.—No consiento tal.

Dor.—Por qué?

Phil.—Porque no sufre mi delicado dolor tan aspera medicina. Si mi salud desseas, no reprueues la triaca de mi ponçoña, pues conosces nascer de vn principio mi mal e su medicina.

Dor.—Pues si ansi es, mira tú mi señora el horden más conueniente para la consecucion de tu salud, sin detrimento de tu fama, e puesto en mi secreto pecho yo dare tal corte en tu pena, con que se alcançe tu libertad.

Phil.—Libertad dizes? ni la quiero ni la espero.

Dor.—Por qué, mi señora? la captiuidad no se remedia con su contrario?

Phil.—Todas sí, e la mía no, porque en mi prision consiste mi libertad, en mi pena mi descanso y en mi tormento está ençerrado mi remedio. Finalmente, en mi muerte está mi vida dissimulada.

Dor.—O varia enfermedad, que tanta variedad incluye de acidentes. Y a semejante hiebre, cómoda llaman los medicos en esta tierra?

Phil.—Diuersos diuersamente la nombraron, pero lo que yo dire por experiencia es que mi mal es vn dolor apazible e vna triste alegria, vna passion amorosa e vna sabrosa muerte.

Dor.—De manera que esta tu dolencia agradulçe es como granada? Si tan difficultosa es de remediar como de entender, Erato[553] ni Galeno no se obligaran a la cura.

Phil.—Mi Dorotea, en la mano de vn solo médico está mi salud depositada.

Dor.—Está muy bien. Y esse tal biue en la tierra?

Phil.—En la tierra biue y yo muero en ella.

Dor.—Pues dexa methaphoras aparte, e dime claramente en cuyo poder está el remedio deste tu mal, e mandame como señora, yo obedescere como criada.

Phil.—Ay mi honestidad.

Dor.—Essa deffenderas en su tiempo, e de mí que no te la puedo quitar no te recates, porque lo que desseas no resciba dilacion.

Phil.—Lo que al presente conuiene para que yo recobre mi vida es que con el secreto necessario vayas a casa de la Claudina, e la digas que no dilate su venida, sino que en acabando de comer, al tiempo que mis padres estén reposando, venga por la puerta falsa, e que tú estarás esperando para entrar con ella de manera que en casa no sea sentida, e haz esto con brevedad, que entretanto yo proueere lo que resta para la consecucion deste mi apassionado desseo.

Dor.—Pues yo voy.

Phil.—E yo quedo tan triste quanto basta para morir de tristeza.

Dor.—O juyzios secretos de Dios. Yo creo que la diuina misericordia permite que buenos e malos anden agora juntos en esta vida los hombres, e no quiere que la zizaña se arranque porque el trigo se conserue. Pero a mi parescer esta vieja hechizera tan dañosa entre las donzellas nobles como el lazo del paxarero entre las aves, ni el cielo la hauia de alumbrar ni la tierra substentar. Porque de quantos males en esta ciudad se hazen esta sola es la inuentora, e aun la que incita a que se executen e faboresce los malhechores; quantos stupros se han cometido, quantos inçestos se han intentado, quantos sacrilegios e adulterios se han executado, de todos esta vieja mala ha sido el fundamento. A su puerta llego, e por mi salud que temo de entrar en su casa, porque toda deue ser vn abismo de pecados. Dios sea comigo, tha, tha.

Clau.—Corre, Parmenia, mira que llaman á la puerta.

Par.—Ay, desdichada fuy yo, que estoy destocada.

Clau.—Echate algo sobre la cabeça, e tú, señor Jusquino, mete te presto detras de essa cama.

Par.—Quién anda ay?

Dor.—Si anda, madre mia. Tú eres, hermosa? mandame abrir por mi vida.

Par.—Madre, la criada de Philomena viene, quieres que abra?

Clau.—Corre y entre, que no vale tanto mi saya como su venida.

Par.—Nora buena venga la galana, y qué buena venida es ésta, señora Dorotea?

Dor.—Bueno es esso, hermosa. Es nueuo ser yo afficionada a esta casa? Está en la posada la madre Claudina?

Par.—Sí, mi rosa, sube que arriba está.

Clau.—Jesus, Parmenia, quién sube que tanto plazer tengo sin saber de qué?

Dor.—Quien no te quiere mal, señora madre.

Clau.—En ora buena y en buen punto, e en mil oras buenas vea yo tu cara de angelito. Jesus, hija Dorotea, si no ha más de media hora que sin penssar tan buena causa estaua regocijada, y en bien se me ha vuelto con tu venida. Pues, hijita mia, cómo estan tus señoras vieja e moça?

Dor.—Buenas estan, madre, e a lo que mandares.

Clau.—Tu señora Philomena, cómo está de aquel dolorçillo del otro dia?

Dor.—Mal dolor te dé, puta vieja.

Clau.—Cómo dizes, hija?

Dor.—Digo, madre, que deben ser dolores de vieja.

Clau.—A osadas mal ora. Tal se me tornasse mi caduca vejez qual es la suya. En mi verdad, hija Dorotea, que yo truxe el otro dia tanta pena de ver aquella cara de alegria con doler, que nunca la he oluidado en mis ymaginaciones, y avn en mis oraciones.

Dor.—Dios te lo pague, madre, que todo le ha hecho prouecho. Más aliuiada se siente, e mandó me que te dixesse que tiene de ti necessidad, e te ruega vayas allá oy en acabando de comer, y entres por la puerta de abaxo, que yo estaré alli esperando que vayas.

Clau.—Pues por qué despues de comer, hijita? a osadas por mi vejez que deue ser mi señora Philomena escassita de coraçon; por no dar me vna comida, guay de mi casa.

Dor.—Todo está a tu seruicio, mas ya sabes que eres sospechosa, e has menester guardar tiempo descuydado.

Clau.—Burlando lo digo, boua, que ya conozco essa casa más ha de cinquenta nauidades. A mí me plaze, hija, de grado e de voluntad de hacer lo que su merced me manda, e mira si mandas otra cosa, porque está Parmenia destocada e quiere labarse la cabeça.

Dor.—Pues no quiero estoruar tan buena obra; quedate, madre, con Dios.

Clau.—E contigo vaya.

Dor.—O hi de puta e qué casa de contractacion aquélla! Aosadas qual la madre tal la hija. Lauarse quirie la donzella! Con quién hablauan para arrojar dado falso? Los ojos meti hechos candiles, y entrando vi vna espada, e detras de la sarga a su dueño. No me marauillo, que de esto biuen y dello se mantienen, pero maldicto sea el officio que trae el cuerpo canssado y la hacienda empeñada por los bodegones, y el ánima metida en los infiernos. Mi señor Theopilon está a la puerta e temo no sea conoscida. Al aposento de mi señora la vieja paresce que se entra; antes que dé la buelta me quiero entrar en casa; vala me Dios, dónde esta mi señora Philomena?

[Phil.]—Eres tú, mi Dorotea?

Dor.—Yo soy, señora. Esfuerça, no te congoxes, que presto viene la Claudina.

Phil.—Ay mi coraçon.

Dor.—Señora de mi alma, esta vieja es más diabolica que humana, e quisiera[554] yo más que tu salud tuuiera otro remedio que el desta hechizera. Pero pues tu enfermedad tal instrumento requiere, no te descuydes con ella en el recatamiento de tu bondad, y el mayor auiso que tendras será en dissimular la pena que padesces, porque en saco tan descosido no pongas tu delicado secreto.

Phil.—Ay coraçon mio, quándo serás contento? Dorotea, amiga mia, auisadamente hablas, ansi lo haré como tú lo has acordado, dexa me agora reposar si mi passion lo consintiere.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XVI ACTO

Despedida Dorotea de la Claudina, queda la vieja hablando con Parmenia su hija, y en esto llega Siluanico, paje de Policiano, a llamar la, ella le promete su yda con breuedad, etc.

Claudina. Parmenia. Siluanico. Policiano.

[Clau.]—Pares ceme, hija Parmenia, que con buen çeuo cierta está la caça en el palomar. Aunque tú burlas e escarnesces de mi officio, e siempre le has tenido enemistad, no te hiziera daño para el tiempo de la uejez. No pienses, Parmenia hija, que siempre has de tener la tez del rostro tan lisa para caçar modorros ni aun te ha de biuir la vieja que te los trayga a la cama, que, mal pecado, corren los dias como cauallo de posta, e quando la senectud se llega qualquier hermosura de cuerpo queda estragada e sin prouecho; no me paresciera mala prouidencia que despues de mis dias en esta arte quedaras enseñada, de donde sacaras mejor dos doblas que de vn guijarro, porque a buena fe, hija, si bien lo sé contar, más me valen los amores de Policiano de veinte doblas, e estan por caer las albricias de la victoria.

Par.—Mira, madre, buen prouecho te hagan tus ganancias, que yo no las quiero con tus continuos sobresaltos; toda mi vida fui enemiga de este officio, e jamas me supieron bien sus sabores. Moça soy, e cuando envejezca Dios me hará merced como a todo el mundo haze.

Clau.—Ora pues, anda a tu placer. Ce ce, Parmenia, corre, mira si es este que aqui viene el paje de Policiano.

Par.—El mismo es, sancto Dios, e qué ay de nueuo?

Clau.—Rauia e qué putico peynadico viene el paxarito. Biuora que te lo pique, Siluano, e qué bonito vienes. No miras, Parmenia, qué cabello cria este rapaz?

Par.—Madre, paresce que se te van los ojos a la carne nueua.

Clau.—Hija, nasci para crescer e cresci para enuejecer, y enuejesci para morir, e morire para renouarme, de manera que por ser ley natural aborrescer hombre su fin, de ay nos nasce a los viejos contentarnos con toda nouedad.

Par.—Los hijos deste siglo, los amadores del mundo, éstos dessean biuir por no dar fin a su vida mala; pero tú vieja eres, madre, y el mundo te va dexando, dexa el amor del niño para quien tiene la sangre moça.

Clau.—Vieja te parezco, hija? y avn mala pasqua me dé Dios si debaxo de la çeniza no tengo escondida la brasa. No me deshonrres, Parmenia, que no soy tan vieja como me hazes. Duelos me tienen traspassada, trabajos en criarte y en ponerte en honrra, que no los muchos años. Ay dolor de mí.

Par.—Madre, no aya más, que sube acá este paje.

Sil.—Beso te las manos, madre señora.

Clau.—La gracia de Dios venga contigo, Siluano; ven aca, hijito, abraçame por mi vida. Jesu, Jesu, e cómo me gozo contigo.

Sil.—Passo, madre, no te me llegues tanto, que eres ya muy vieja para nada de esso.

Clau.—Ay, pollito encaramado, landrezilla que te dé, e tan vieja te parezco? pues por mi salud que vienes elado. Jesu e qué frio estás, atienta me a mí, verás si soy vieja; más abajo, hijo.

Sil.—A la mi fe, madre, no sé de qué te precias, que más pliegues tienes que reclamo de codornizes.

Clau.—En fin, Siluanico, que no te agradan los viejos?

Sil.—Por cierto sí, mas no las viejas.

Clau.—Dolorcillo que te dé, mal logradillo vayas. Quién cree que no andas tú requebradito como tu amo, ey? dimelo, no ayas verguença. Rieste, traydorcito? algo es lo que yo digo.

Par.—Donosa es la dubda, quál es el hombre que la moçedad no passa en amor e la vejez con dolor?

Sil.—En buena fe, madre, que no ha muchos dias que yo burlaua de ver a mi amo enamorado, e que esta es la hora que pueden burlar de mí.

Clau.—Ay, angelito, que de verdad lo dizes? pues a quién puedes tú contar tus males que ansi les ponga remedió, bouito?

Sil.—Si pudiesse procurar mi salud sin medico, ya sabes, madre, que se haze a menos costa y más prouecho.

Clau.—Escassito eres? en menudencias miras? no moriras de estocada. Qué me daras por que te haga yo aver vna mochacha de tu hedad, bonita como vna clauellina, que me bendigas cada vez que con ella te veas?

Sil.—Sola vna desseo, pero no ay precio para comprarla.

Par.—Tan altos pones tus pensamientos, Siluano?

Sil.—Si tan alta tuuiese la ventura, no ay hombre tan dichoso que donde yo llegasse.

Clau.—Sancta Trinidad complida, hijo de mi alma, y redes son las mias que no pescarán á essa serena? pues yo te juro, mi coraçon, que si me la pones delante no la pierda de vista sin que la trayga presa o muerta, y al tiempo de la paga veremos en quánto la estimas.

Sil.—Cumple, madre, tu palabra, que yo hare más de lo que pienssas.

Par.—Di nos ya quién es la dama que tan soberuio renombre tiene.

Sil.—Bien conosceras, madre mia, á vna donzella de Philomena.

Clau.—Yuy, landre me dexe si no está gracioso el pajezito, que essa es cierto?

Sil.—Pues ay otra en la ciudad que se le yguale?

Clau.—Pues dexa hazer a la Claudina, para que veas cuánto con las tales puedo.

Par.—Sabes que veo, madre, que a quien no te quiere para herradura porfias de seruir para clauo?

Clau.—Harre aca, mi bestia. Tan buena soy para silla como para en cerro; vieja en el consejo, mas no en el aparejo.

Sil.—Dexemos, señora, estas competencias, é dime qué haremos para ver esta donzella.

Clau.—Ora, hijo Siluano, es menester que me traygas para hazer vn conjuro vna gallina prieta de color de cueruo, e vn pedaço de la pierna de un puerco blanco, e tres cabellos suyos cortados martes de mañana antes que el sol salga, e la primera vez que cabe ella te veas, despues que los cabellos la ayas quitado, pondras tu pie derecho sobre su pie yzquierdo, e con tu mano derecha la toca la parte del coraçon, e mirandola en hito sin menear las pestañas la diras muy passo estas palabras: Con dos que te miro con cinco te escanto, la sangre te beuo y el coraçon te parto. E hecho esto, pierde cuydado que luego verás marauillas.

Sil.—Esso se queda a mi cargo, e al tuyo lo que resta. Cada qual haga lo que en sí fuere, e entendamos en mi mensage, no hagamos lo principal acessorio. Mi señor Policiano me mandó que te hiciesse saber su vida desesperada e aparejada para subita muerte, y te pide le pongas tal remedio con que o su passion se mitigue o su vida se acaue.

Clau.—Hijo Siluanico, este nuestro enamorado al moço del escudero me paresce, o él pienssa que yo tengo a Philomena en el arremango o que ella es alguna muger del partido. Ni Philomena está tan pressa, ni yo tan pagada, para que Policiano pida lo que por derecho no meresce. Solamente le diras que yo he seydo oy llamada con vna criada de Philomena, e creo que su pleyto deue estar ya concluso, e yo tengo acuestas el manto para yr luego a su casa. Que sabido lo que se negocia, yre a visitarle oy en todo el dia.

Sil.—Pues, madre, de camino, ya me entiendes.

Clau.—Yaya, hijo, meçer el ojo sobra. Acude te hazia acá e mira, que lo que en la faltriquera cupiere haga mal prouecho a tu amo.

Sil.—Lo dicho basta por agora. Yo me voy, los angeles te acompañen.

Clau.—E contigo vayan.

Sil.—O hi de puta, qué Sodoma abreuiada, qué Gomorra está aqui en dos renglones, qué burdel tan dissimulado. Por los sanctos de Dios que me paresce ympossible salir de semejante conuersacion el hombre libre sino captiuo, el sabio muy nescio y el casto muy vicioso. Y avn creo que a las piedras duras penetra su abominable consejo; pero andar, aliuio es de apassionados, desemboltura de vergonçosos, lengua de enamorados boçales y capa de pecadores. De su officio biue, como otros de amores mueren; con mi amo e otros tales mantiene la vieja[555] el jarro e la moça el çamarro. Gallina me pidio, mas gallinaza comera, o mala vieja llena de falsedades y engaños. Mirad agora quién son hechizeras, considerad sus liuiandades, notad sus supersticiones hereticas, e guardaos desta los que estays apassionados. Sancto Dios, si abrá mi amo acabado de roer los altares? Entrar me quiero por sant Martin, que aqui me dixo que me esperaua. Vala me Dios e qué devoto publicano, los ojos en el retablo y el coraçon en casa del diablo.

Pol.—O mi Siluanico, qué grande tiempo has tardado. Cómo te ha ydo? Qué dize aquella medicina de mi enamorada dolencia?

Sil.—Señor, yo creo para mí que este tu negocio anda en buenos terminos, porque si la vieja no miente o dilata la cura, Philomena la ha mandado oy llamar, y ella estaua de camino para yr a su posada, y esto me dio por respuesta, e que con lo que negociare vendra luego por la posada. Esfuerça, señor, no desmayes, qué poco animo[556] es el tuyo; torna en ti, señor, que para gran bien tuyo e descansso de tus criados será este camino. Mira me aca, señor.

Pol.—O mi coraçon, cómo me dexaste. O ánima mia no te me ausentes hasta que oygan mis orejas esta tan cruda sentencia, e me dexes condenado para la sepultura. Vamos a casa, Siluanico, que no tengo esfuerço para biuir, ni quiero con pública muerte descubrir tan secreta ocasion.

ARGUMENTO DEL XVII ACTO

Claudina e Parmenia hablan en los amores de Siluanico, e despues la vieja sale para yr a casa de Philomena, entra por la posada de Cornelia e Orosia para las traer al número de las otras; va en casa de Philomena, etc.

Claudina. Parmenia. Cornelia. Orosia. Dorotea. Philomena. Teophilon.

[Clau.]—Paresce te, hija Parmenia, si el pajezito se deja engañar de nadie? no embalde dizen que ni de potro sarnoso, etc.

Par.—O amor que hazes hermoso lo feo, e lo nescio auisado, lo torpe que de agudo se despunte, e finalmente todas las faltas encubres. Con quánta afficion dezia Siluanico ser su amiga Dorotea vnica en todo el mundo. Ojos hay que de las tales se pagan, y a quien ama feo hermoso le paresce, porque amor e fealdad no caben en subjecto.

Clau.—Calla tú, embidiosica, que otras ay más dignas de desechar y a quien muchos no pueden alcançar. Dorotea es muy mochacha, es polida, está bien tractada, e bastale ser moça para que no sea fea.

Par.—Calla ya, madre, en mi ánima verguença es oyrte: si de los atauios haces cuenta, tan hermosa es la tienda de la Valenciana. No me medre Dios si no soy más hermosa que ella, mirad qué negros duelos.

Clau.—Ea ea, neçuela de banear[557] agora procura tú de ser virtuosa, que sobrada tienes la hermosura. El ánima esté adornada de virtudes, e no hace al caso que al rostro le falten los colores.

Par.—No lo digo, madre, sino porque dizes que es polida. Estoy me yo todo el año que no salgo donde pueda ser vista por no tener vna saya que me echar ençima, hauiendo tú ganado más gallofas comigo que con cabeça de lobo, e tengo yo de ser polida con vn verdugadillo que aqui tengo en que estoy metida como en arañuelo?

Clau.—Pues quién tiene de esso la culpa? he te yo comido lo que tú has ganado, Parmenia? por qué no te vistes e te aderescas? lo que yo tengo tú no lo mandas? no deshonrres mis canas, que me yre por esas calles dando gritos como una loca.

Par.—Buelue, buelue acá, madre, no des bozes en la calle, casa tienes donde te metas; vaste? pues anda en buena ora, que algun dia haré yo de veras lo que tu finges cada rato.

Clau.—Ansi es menester tractar a estas rapazas, porque no se atreuan a desacatar a sus mayores. Yo la haré morder en el freno, y avn abaxar la colera si biuo.

Cor.—Ce ce, prima, assomate y verás a la Claudina qué haldear trae por esta calle adelante; segun el passo lleva, paresce que va a dar quexa.

Oros.—O por mi vida, metamosla acá dentro que ha dias que la desseo. Dale una voz antes que se passe.

Cor.—Espera, que hablar la quiero. Ha, señora Claudina.

Clau.—Salue y guarde a la hermosa, piensas que te auia visto? mejor me vea Dios con su piedad.

Cor.—Sabe, tia, si mandas, e no lleues mucha prissa, que ha mil años que no te vemos.

Clau.—Esso haré yo de mil amores en buena fe, hijas. Dios bendiga esta casa, la bendicion de Jacob descienda sobre ella. Jesu y qué atavio. Jesu y qué blancura. Jesus e qué asseo. Bien paresce la mocedad dónde haze su morada. Sancta Maria del cielo e quántos años ha que no entré por estas puertas.

Oros.—Aun este dia passado que en aquel embaraço nos hallaste no fuimos dichosas que entrasses en esta casa, e no sé yo, tia, por qué lo hazes ansi, que de mí te hago cierta que me paresces tan bien que donde oygo tu nombre se consuela mi ánima.

Clau.—Por mi vejez, mis hijas, que no rescibis engaño, antes es dar vuestra voluntad a logro. Pero yo soy vieja, e mal pecado no muy entremetida. Pensando que os daria enojo no os he tractado hasta agora, aunque siempre he procurado de saber de vosotras, e holgar me de vuestro prouecho, e aun no sé qué me dixeron vn dia destos de cierta desgracia que con unos criados de Policiano tuuistes, de cuya causa os pusistes en poder de Palermo e su compañero; y pesó me por mi vejez, porque el tracto e biuienda de vosotras no es para con los tales, que son vnos rufianes pelados. Bien está hecha la buelta, porque al fin fin, Solino y Salucio son hombres de honra e siruen a un señor que siempre los tendra en ella. Reposad, mis hijas, e no andeys como dizen de aquel en aquel, si quereys tener vida descansada.

Cor.—Madre señora, cada pieça tiene su jarrete, e aun cada peso su contrapeso.

Clau.—Ansi es, ansi es, mis hijas, donde quiera ay trabajo. En esta vida no busquemos descanso; de nuestro primero padre heredamos el sudor e cansançio, e de nuestra madre Eua el dolor y el angustia. E pues son tan naturales las penas que por natural herencia nos vienen, hagamos les buen rostro, pues donde fuerça viene, etc. Mala dentadura tienes, acudete hazia casa e dar te he vnos poluos de encarnar que no me oluides.

Cor.—Yo te beso las manos, señora, e rescibo la merced e la voluntad con que se me haze.

Oros.—Madre, pues a mí no me ves qué sin color estoy?

Clau.—Ya lo he mirado, hija, y avn sé la causa dello, alguna faltilla de purgacion deue ser. El torouisco, hija, el marrubio, la yerba buena, la doradilla, algun sahumerio de romero, e avn los tallos dello cozidos en buen vino, todo esto es muy sancta cosa. Pero vete a casa, que yo te dare vna medicina que es mejor que todo.

Oros.—En buena fe, tia, ansi lo haga.

Clau.—Pues, hijas, a Dios que me he detenido.

Cor.—El te guie e te acompañe.

Clau.—Aun no se ha echado mal lançe en coger estas moças debaxo de mi vandera, porque mientras más déstas, más caudal en mi tienda, e mientras más moros más ganancia. Dexaldas vna vez saber la posada e tomar amor con ella, que no dare mis mangas por doze piezas de oro. Dorotea está a la puerta, yo juraré que ha rato que me espera; biuo anda el fuego, obra haze el anillo.

Dor.—Ce, madre, por aqui.

Clau.—Jesu, hija, no te via en mi ánima, qué hazen en casa? puedo entrar segura?

Dor.—Todos estan reposando, pero quitate los chapines e alça un poco las faldas por que no seas sentida.

Clau.—Ansi sea como dizes. A dónde está mi señora Philomena?

Phil.—Passito, madre, llegate aqui, que aqui estoy.

Clau.—O mi señora é mi descansso. O mi rostro de alegria. Cómo te va, mis entrañas? qué tal te sientes, coraçon mio?

Phil.—Madre de mi alma, muy angustiada, muy afligida, muy alcançada de fuerzas y muy abundante de tristezas.

Clau.—Qué sientes, mi señora? qué dolor es el tuyo? adónde sientes la pena? dime lo a mí en secreto, que yo le pondre luego remedio.

Phil.—Madre mia, este lado yzquierdo paresce que tigres hambrientas me le despedaçan. Angustias mortales siento, que cada vna me acaba la vida; mis ojos estan cansados de velar y çiegos del continuo llorar; todas mis fuerzas tengo enflaquescidas y mis sentidos ocupados. Qué hare, que me fino, madre de mi coraçon?

Clau.—Hija mia, primero que nada te diga te suplico rescibas en descargo de la pena que con mi menssaje rescebiste la muy grande que yo lleué de ver te tan penada, e mi ynoçente intencion de donde nascio tu sentimiento, porque es mi natural condicion de hazer seruicios antes que de causar enojos. Pues quando aquel cauallero tuvo noticia de tu acelerada respuesta causada de passion repentina, más sintio tu sentimiento que su enamorada congoxa, y avn me dize que el mayor dolor que ay en su mal es aver te alcançado parte de su acidente, é que dessea suffrir por no enojarte, e por no padescer no puede dexar de quexarse. Pido te, señora, por reuerencia del cuchillo que a ambos coraçones atormenta, que si Policiano meresce algun fabor con su fe, no sea tanta mi desdicha que por mi causa lo pierda.

Phil.—Madre mia, asi como tus razones fueron atreuidas e sin razon, asi no fueron dignas ni capazes de perdon, y si como eres vieja e criada de mis passados fueras estraña e no tan caduca, tu embaxada e tu vida se acabaran en vn tiempo; pero tuue miramiento que si tu osadia merescio cruel castigo, el zelo de mi honestidad me deuia poner suffrimiento, porque si a noticia de mis padres viniera tu demanda, no creyeran que te moviste por la pena que en esse cauallero conosciste, sino por la liuiandad que en mí hallaste. Justo es que se piensse, e digna soy de castigo por el tiempo que en esta platica me detengo contigo, pero mi passion ha sido tan importuna, e la causa della tan secreta, que más te embié a llamar para prouar si con tu consejo tengo algun aliuio que por darle a esse que dizes que está tan desconsolado. Mi padre ha gran rato que duerme, e mi madre creo que está leuantada. Toma esta carta para esse tu cauallero, que en ella sabra las causas que para escreuir le he tenido, e la voluntad que agora tengo para su remedio.

Dor.—Señora, presto te ve o te esconde por ay, que viene acá Theophilon mi señor.

Phil.—Ay desdichada de mi, toma presto, madre, esta carta, y vete porque mi padre no te halle comigo en secreto.

Theo.—Qué venida es esta, buena vieja?

Clau.—A enssalmar a mi señora Philomena que se siente mala de la cabeça.

Theo.—Peor siento yo de estos secretos en tiempos e lugares sospechosos. Mira, vieja honrrada, no me vengas más a mi casa si no quieres que te mande matar a palos.

Clau.—Pidote perdon, señor mio, que yo me voy.

Theo.—Anda, vete en buen ora. Hija mia, no creo que deues conoscer a esta vieja, pues tan sin cautela te pones a hablar con ella.

Phil.—Señor, essa moça la vido passar por la puerta, e pusieronse en platicas e entrose nos en casa. Començome a dezir cómo haria vna lexia para los cabellos, e no pensse que oy acabara.

Theo.—No la des audiencia si otra vez aqui viniere.

Phil.—No haré, señor, pues no hay para qué.

Clau.—Hija Dorotea, de prissa voy. E lo mejor se me oluidaua. Contigo tengo un poquito de negocio, que vn tu requebrado me encargó; ansi goze yo de ti, que te llegues a mi casa porque es cosa que te cumple.

Dor.—A mí plaze, madre, vete presto, que viene mi señor.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XVIII ACTO

Salida la Claudina de casa de Philomena, va por el camino hablando consigo hasta llegar a casa de Policiano, al qual siendo llegada, da parte de lo acaescido con Philomena e le da su carta.

Claudina. Policiano. Siluanico. Solino. Salucio.

[Clau.]—O liberal trabajo, o vtil e prouechosa affrenta. O turbacion necessaria, o discreta paciencia. Si en trance tan yracundo y en salto tan peligroso se afloxaran los ñudos de mi sufrimiento e mi discreta respuesta no templara la furia de Theophilon, yo quedaua sin vida, mis hijos sin madre, Policiano sin amiga, los garçones desta ciudad sin amparo, las moças todas sin abrigo, e mi honra por plaças y ayuntamientos destruyda. Aunque Theophilon estuuo corto en las palabras, mostrosse compendioso en el enojo, e aun colerico en sus amenazas. Ladreme el perro y no me muerda. Plega al señor que la sentencia desta carta sea diffinitiva e por nosotros, que de otra manera, auiendo lugar [a] apelacion, seguir tengo el pleyto hasta auer la victoria. Bien pensará la golosita de Philomena gozar de la possession de mi anillo, pues dexeme Dios sacar de haron a Policiano, que yo saldre de quexa y ella de pecado. O carta carta que en ti está oculta la voluntad de aquella princesa, la vida o muerte de Policiano, y el salario de la vieja Claudina y el descanso de Solino e Salucio. Plega a Dios, carta, que si bazia vas de mi prouecho, mal fuego te queme y a Philomena consuma. A casa llego de Policiano, muy çerradas estan las ventanas: o es por plazer de la siesta o por luto de la pena. Llamar quiero, sea lo que fuere. Tha, tha.

Pol.—Oyes, paje?

Sil.—Señor.

Pol.—O, mal fuego de muerte te acabe, mal sueño mortal durmiesses o de arrebatado dolor mueras rauiando. Corre, vellaco perezoso, mira quién llama a essa puerta.

Sil.—Señor, la Claudina viene.

Pol.—O torpe negligente, abre las puertas de par en par. Moços, moços.

Sol.—Señor.

Pol.—Qué hazeys, dormilones? ven acá, Solino, mete aqui una silla.

Sol.—Mejor pidieras vna albarda.

Pol.—O rostro de paz bienauenturada. O aspecto de alegre misericordia. O venerable forma de fortaleza. Abraça me, vieja tan desseada.

Clau.—Passito, señor Policiano, que estoy vieja e flaca, no me aprietes ni maltractes, si para tu seruicio soy de algun prouecho. Cómo te va, señor mio? Bonito estás e alegre, Dios te bendiga. Amarillito vn poco, mas gentil hombre por mi vejez. Ay si tan cerca tuuieras a aquel angel de Philomena como a este espantajo de vieja, qué tal la pararas?

Pol.—Madre mia, no enternezcas mi dolor, si bienes desierta de mi remedio? Mi señora Philomena merece ser tractada con venerable acatamiento, e quando más communicable se me diesse, con mayor reuerencia e temor la tractaria. Yo estoy con tu venida indifferente, con tu aspecto e señales regozijado. Dime ya con breuedad tu embaxada, en quien mi vida o mi fin consiste, pues no con menor desseo he desseado tu presencia que el mundo su dichosa reparacion.

Clau.—Hijo mio, porque de culpa e pena es releuado quien sin juyzio libre a otro haze offensa, no quiero reprehender tus aceleradas priessas, tus pocas confianças, tus violentas presumpciones, y avn tus molestas importunaciones, porque el amor te haze dessear, y el desseo te causa sperança, y el esperança te haze dubdar, y la dubda te causa temor, y el temor sospecha, y ésta siendo continua te puede traer en desesperacion.

Pol.—O madre mia, pues si el esperança que en ti he tenido me falta, en quién mandas que confie para que mi desastrado principio tenga fin venturoso?

Clau.—En quién, hijo Policiano? en mis años, en mis cautelas, en mi sagaçidad, en mis astucias y en mi voluntad. Esfuerça, esfuerça, cauallero. Dame albricias e dar te he la sentencia de tus amores escripta de aquella mano e sellada con aquel sello de quien tiene la llaue de tu secreto cuydado.

Pol.—Sancto Dios. Si tal cosa es verdad, pide, madre Claudina, que no ay precio en el mundo para comprar joya tan bien[558] auenturada. Cata aqui las llaues de mi casa; cata aqui el cofre de mi thesoro, toma, madre mia, la possession de lo que yo tengo, e damela tú de aquello sin lo qual mi vida e mis riquezas son escorias de la fragua.

Clau.—No tan largo, hijo, que es indicio de quedar corto al tiempo de la obra. Bastame çamarro e saya, e de lo demas te hago gracia.

Pol.—Saya e çamarro dizes? y todo lo que ay en mi casa está, madre, a tu seruicio, e confia en mí que lo gratificaré como cauallero aunque tú pediste como bien comedida.

Clau.—Con tal confiança, hijo Policiano, cata aqui vna carta que tu señora Philomena escribio con sus manos eburneas. Y no quiero encarescerte lo mucho que de afrentas e peligro de muerte me ha costado, porque yo ya estoy pagada. Lo que resta es que para que yo goze del fructo de mi trabajo seas servido de leer essa carta en mi presencia para que yo sepa si esta sentencia es interlocutoria o diffinitiua, que en lo que toca al secreto, más guardado estará debaxo de mis tocas viejas que entre las cuchilladas de tu jubon de brocado.

Pol.—O mensagera de mi remedio, o medicina de mis cuydosos dolores. O papel bienaventurado. O letras escritas por aquella seraphica mano. Plugiera a Dios que con la sangre de mi coraçon fuerades esculpidas, para que al tiempo de cerrar el processo de mi vida o muerte me fuerades fauorables.

Clau.—Baste ya, señor Policiano, mira que con tus lagrimas de plazer rompes y estragas la carta, e despues sentiras más trabajo en leer la que plazer rescibes en besar la. Lee ya, señor, que me tienes colgada de la lengua.

Pol.—Ora sea como tú mandares.

CARTA

La noticia de tu passion atreuida llegó a tal tiempo a las puertas de mi coraçon desamorado, que si no se junctaran en tu fabor tu dicha e mi piadosa condicion, más justo fuera ocupar mi saña en tu castigo que mis manos e pluma en tu remedio. Pero con tan lastimada molestia se me notificó tu passion, causada de tu presumpcion enamorada, que he seydo forçada a auer piedad de tus dolores, o a negar la misericordia de illustre doncella; e para que conozcas que te escribo no tanto porque con este fabor estés vfano quanto porque tu pena tenga algun refrigerio, quiero que esta noche despues de la media passada, vengas muy secreto a las ventanas que desta mi huerta salen a la ribera, e alli dare orden contigo para que o tu passion afloxe o tu vida enamorada de todo punto se acabe. No digo más porque me he mucho alargado.

Clau.—Qué te paresce, hijo Policiano, de lo que deues a la Claudina, cuya vida en tu seruicio mil veces se ha puesto al tablero? y todo por librar te del desamor que Philomena en su pecho tenia escondido. El qual no templado con mi discreta diligencia bastaua para quitarte de la compañia de los biuos, e ponerte como a desdichado amador en la region e sombra de los muertos. No estimo en tanto la satisfacion de mi trabajo quanto la estimacion de mi persona e nombre. Porque quiero, hijo, que sepan tus yguales que yo sola nasci en esta vida para hacer tiernos los coraçones diamantinos, e que de mis manos nunca salieron sino semejantes labores. Tú, hijo mio, quedas alegre e yo voy de tu contentamiento muy contenta. Mira, señor, qué me mandas, porque es hora de acudir a mi posada.

Pol.—Madre mia, lo mucho de que tus obras te han hecho merescedora merescen mucho más de lo que yo puedo gratificarte; pero si tus obras son de tanto merescimiento que excedan mis flacas fuerças, haziendo yo lo que puedo salgo de toda deuda. Yo estaba triste, e con tu jocunda venida me has alegrado, e me dexas con seguridad de no conoscer jamás tristeza. Estaua captiuo e quasi muerto, y en todo has proueydo como fiel administradora. Cata ay quinientas monedas de oro en señal de lo mucho que te deuo, y lo que demás desto te he mandado embiaré luego con mi paje. Perdona, madre, la poquedad de la obra, que si rescibes en pago mi deseo me quedarás siempre deudora.

Clau.—Señor Policiano, yo voy muy gratificada con el copioso galardon presente e quedo obligada para seruirte quando en esta arte o en otra de mi tengas necessidad. E porque antes que sea tarde es bien recoger me a casa, yo me voy, e suplico te, señor, que te guardes e mires cómo vas e por dónde, e te proueas de muy fiel compañía e me informes si fueres seruido de lo que en este viaje se te ofresciere.

Pol.—Todo se hará como dizes, madre; vete, e los angeles te acompañen.

Clau.—E contigo queden.

Pol.—Moços, acompañad a mi madre.

Sol.—Señor, yo voy con ella.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XIX ACTO

Claudina sale de casa de Policiano e Solino va con ella hasta su posada, donde seyendo llegados hallan a Dorotea, criada de Philomena, a la cual la Claudina encarga los amores de Siluanico. Yda Dorotea, quedan Parmenia e Libertina, las quales se van con Solino a casa de Policiano, etc.

Claudina. Solino. Parmenia. Dorotea. Libertina. Salucio.

[Clau.]—Solino hijo, holgado he por mi vejez que este negocio de Policiano tu señor aya auido tan dichosa conclusion, no tanto por mi interesse, porque no ha seydo tan grande, quanto por el bien de vuestro amo y el reposo de vosotros. Mira, Solino hijo, Policiano es cauallero noble, mançebo, liberal, enamorado, sabe le seruir, sabe le agradar, que no está en más la liberalidad del señor que en la diligencia del criado. Entre todas las cosas que como varon virtuoso deues tener, el secreto te recomiendo, que es virtud suprema en dignidad. Cata, hijo Solino, que la vida e la muerte puso naturaleza en las manos de la lengua, e que no ay espada que tanto corte como la lengua desenfrenada. Quiero dezir, hijo Solino, que este caso que Policiano tu señor ha intentado e yo acabado, es de su natural tan peligroso, que la vida de muchos e la honra de todos nosotros consiste en estar secreto, y éste te encomiendo como ves[559] que es necessario. En lo demás, yo he sabido cierto enojuelo que entre vosotros e vuestras amigas ha passado por alguna palabrilla azeda que ellas hablaron como moças; a ellas les ha pesado por mi vejez, e yo lo sé muy de veras. Resciba yo de vosotros tanta gracia que lo passado sea passado sin que dello se tenga más memoria, e que tú, hijo Solino, huelgues de tener a Orosia por amiga, e Salucio tenga amistad con Cornelia, e todos a la vieja Claudina por madre, pues los enojos de los que bien se aman suelen ser mayor vinculo de amistad. Esto aueys de hazer ansi por lo que a mi amor deueys como por lo que aquellas moças merescen, que ansi goze yo de mí que he sentido dellas que por bien que las ameys nunca salgays de su deuda.

Sol.—Madre señora, despues de tener en mucho tu consejo e la voluntad de donde nasce, huelgo que hayas sabido la renzilla de nosotros e de esas mujeres, para que veas a quánto trabajo se dispone el hombre que a estas tales haze rostro amigable. Estas son vnas malas mugeres escandalosas e sin vergüença y a quien ningun hombre de honrra deue tener amistad, pero con todas sus faltas las auemos sufrido porque somos estranjeros y en esta ciudad no conoscidos. Ya que con ellas auemos desbaratado, no mandes, señora, que tornemos a su amistad, porque tan dañoso es el amigo reconciliado como el manjar dos veces guisado. Lo que por nosotros harás en pago de lo que en tu honrra desseamos, es que nos busques un par de moças de prouecho e con quien no tengamos rebueltas a cada passo, que Orosia e Cornelia no son para nosotros que no queremos quistion con nadie.

Clau.—Pues si esso desseas, hijo, por qué no te declaras comigo? dexa hazer a la Claudina, que yo dare buelta a mis registros y os dare dos mochachas tan a vuestra condicion, que por peso y medida vengan como las quisiéremos. A mi puerta llegamos, sube, hijo Solino, veras a mi Parmenia, descansarás vn rato y boluer te has a dormir. Vala me la cruz, e cómo está abierta mi puerta a tal hora? quién está en esta casa?

Par.—Sube ya, madre, que desesperar es esperar tus venidas cada noche.

Clau.—Nunca Dios te dexe callar, qué tenemos de nueuo?

Sol.—Paz sea en esta casa. Qué es esto, señora Parmenia? nunca dexas de reñir?

Par.—Está aquí Dorotea esperando a mi madre más ha de dos horas. Jesus y qué fastio.

Clau.—Ay mi doncellita de oro, y aca estás, mi coraçon?

Dor.—Sí, madre, grande rato ha que te estoy esperando. Mandaste me venir de prissa y has me hecho esperar de espacio.

Clau.—No te marauilles, hija, que tengo muchos negocios, y el que contigo agora se me offresce te quiero dezir en secreto. Desciende te, hija, aqui abaxo, porque te vayas corriendo, que es noche. Hija de mi alma, para contigo no he menester prolixo preambulo, sino que sepas que te quiero como a la luz de mis ojos. Mochacha eres, hermosa estás, sin cuydado biues. Ea loquitas, tengo de subir allá? A quantos te miran dexas perdidos de amores.

Dor.—Aosadas, madre, mejor me ayude Dios que ay quien de mí se acuerde.

Clau.—Calla en mal ora, que eres muy niña, e sabes poco del mundo. Pues hago te saber que un gentilhombre, no menos que tú para muger, muere por tus amores. E me ha rogado que te hable no para más que si te hablare le respondas, e si te mirare le mires, e si te siguiere le esperes. Yo le prometi de te lo rogar, e aun ansi, hija, te lo aconsejo. Tu señora Philomena quiere a Policiano; por mi amor, hija Dorotea, quieras a Siluanico, su paje, que es como hecho de oro, pues sabes que tal para qual, que ansi casan en Dueñas.

Dor.—Madre, por mi vida que de esse paje he sido algunas vezes requestada y aun importunamente seguida.

Clau.—A, locos, aueys me de echar la camara encima?

Dor.—Pero como la hedad no me aya dado a conoscer qué cosa es amar de coraçon, hablar me en amores es para mí muy escura algarabia. Bien me ha parescido Siluano, pero no me da pena la demasia del amor.

Clau.—Pues, hijita mia, preciate de mujer atauiate, enrrubiate, ponte un poquito de color en esse rostro y adelgaza un poco essa çeja. Arreate[560] de ser seruida de galanes e requestada de gentiles hombres, e si mal te fuere con mi consejo, no me tengas por buena maestra. Esse pajezito te quiere agora, aprouechate dél en lo que pudieres, y entretanto dexame el cargo, que yo te daré tu ygual o mal me andarán las manos. Mira, hija, que si Siluanico te hablare le tractes bien y le digas que yo te le encomendé, y le muestres fauor, pues a mí me puso en este ruego.

Dor.—Yo te lo prometo, madre, e porque es noche da me licencia, que me esperará mi señora e no sabe que estoy fuera de casa. Un poco de lexia me mandaste; mira, madre, que no te lo perdono.

Clau.—Esso tengo yo muy bueno, quando quisieres puedes venir por ello.

Dor.—Yo lo seruire todo, los angeles queden en esta casa.

Clau.—E contigo vayan. Sancta Maria del cielo, e qué diablo trauessito eres, hijo Solino. Jesu, Jesu, e qué tropel aueys traydo, diablos loquitos.

Sol.—No sabes, madre, qué auemos concertado? que Parmenia e Libertina se vayan esta noche comigo a la posada.

Clau.—A osadas, yo lo creo que essos conciertos e otros tales hareys vosotros. Landre que te dé, Parmenica, e has me de dexar aqui sola?

Par.—Por cierto, madre, que es grande marauilla a cabo de cient años salir vna noche de casa.

Lib.—Anda, madre, dexanos yr, que ansi goze de mí, antes que amanezca estemos a la puerta.

Clau.—Dime agora, loquito, si tu amo sale fuera esta noche, no has de yr con él a tenerle compañia?

Sol.—Ansi biua el puto de mi padre, por vida del resto que le hagamos entender que para estos negocios es dañosa la mucha gente, y que se ha de yr solo si algo quisiere hazer. Ay está Siluanico, que yrá con él, e avn sobra.

Clau.—Ora pues alto, moças, adereçaos e tomad la puerta ante que más noche sea, e en la mañana no venga nadie las manos en el seno.

Lib.—Suso, Parmenia, que yo a punto estoy.

Par.—Anda delante, Solino.

Sol.—Madre, quedate a buenas noches.

Clau.—Dios os guie, puticos.

Sol.—Boto a tal, señoras, que he seydo venturoso en atornar a mi casa tan bien acompañado. Qué digo, damas? mientras Policiano anduuiere guardando los cantones descreo de la vida mala si no auemos en casa de guardar bien los colchones.

Par.—Bao, contigo me entierren, esto ha que entra en sabor e haze buen prouecho, y no andar de noche en garçonerias como gatos en Hebrero.

Lib.—En cargo de mi alma caros amores son los amores que passan estos escuderotes, e al fin e al cabo por vna haldraposa que tiene más celestres en la cara que el arco del cielo, que ansi goze de mí de asco no hay quien al rostro las ose mirar.

Sol.—A la posada llegamos. Esperad vn poco, yre delante a llamar a la puerta. Tha, tha.

Sal.—Quién llama ay?

Sol.—Abre, hermano Salucio, qué haze nuestro amo?

Sal.—Gran rato ha que reposa.

Sol.—Podemos entrar seguros, que traygo comigo vnas moças?

Sal.—Entren passito, pese al mundo malo, que no hay agora embaraço en casa.

Sol.—Ce, ola, damas.

Par.—Salue Dios al gentil hombre.

Sal.—Vengan en buen ora las frescas. Entrad muy quedo porque estas moças de casa no os sientan.

Lib.—Adonde mandays, que no seamos sentidas?

Sal.—Hola, hermano Solino, arriba en la camarilla de las escobas entretanto que nuestro amo recuerda.

Sol.—Bien dize este nescio, vamos, que leuantado Policiano descreo de tal si no auemos de entrar en su lugar, porque no aya nada bazio en las cosas naturales.

Par.—Jesus, Salucio, qué es esto, adónde entramos?

Sol.—No pidas agora essa cuenta, que en la mañana lo sabras.

Lib.—Calla, hermana, assienta te donde hallares, que no se dize embalde qual el tiempo tal el tiento.

NOTAS:

ARGUMENTO DEL XX ACTO[561]

Venida la media noche, Policiano llama a sus criados, e pide de vestir, e por consejo de Solino va solo al concierto que tiene hecho con Philomena; lleua consigo a Siluanico; Solino e Salucio[562] se quedan en casa con Libertina e Parmenia, etc.

Policiano. Solino. Salucio. Libertina. Parmenia. Siluanico. Philomena. Dorotea.

[Pol.]—No sé si mi importuno desseo tiene mi ymaginacion temerosa, pero o yo estoy desatinado o más de la media noche es passada. Quiero llamar a mis criados, e sabré si es tiempo para adereçar este bienauenturado camino; pero si es avn temprano para acostar, no es mucho que me incusen de am[a]dor molesto. Ansi lo acostumbro hazer con la pena que me acuçia, que siempre hago mis cosas quándo tarde quándo muy de prissa. Llamaré? Sancto Dios, no sé qué haga. Moços, paje.

Sil.—Señor.

Pol.—Qué hora es?

Sil.—Señor, las doze ha dado el relox.

Pol.—O qué ora tan a mi voluntad. Llama presto a essos moços, diles que me den de vestir. Aderescen armas y lo necessario para este mi concertado viaje.

Sil.—Oyes, Solino?

Sol.—Qué, te toma ya el diablo tan temprano?

Sil.—Alto de ay, que llama Policiano mi señor.

Sol.—Aun enoramala madrugaremos a morir mala muerte martes de mañana. Hola, Salucio.

Sal.—Qué nueuas ay?

Sol.—Nuestro amo pide de vestir y manda que nos armemos. Segun Dios le hizo de asno, penssará que auemos de yr con él.

Sal.—Donoso recaudo tiene, en tus manos lo encomiendo, Solino, que por la Trinidad de Gaeta allá no vaya.

Sol.—Ora dexame tú con él, que yo le embiare solo y avn penssará que va más a rrecaudo.

Pol.—Moços, teneys adereçado?

Sol.—Todo está a punto, señor; quién mandas que te acompañe? porque a mi parescer antes deues yr solo que muy acompañado. Mira, señor, que en tales casos como este suele dañar la demasiada compañia, porque ay vezinos que miran por las ventanas e viendo gente de noche a la puerta de vna dama, no dexarán de sospechar algo con que se derrame nuestro secreto.

Pol.—Creo que no es malo tu auiso. Di a esse paje que tome un montante, y dame a mí mi espada e rodela, e quedaos vosotros en casa para aguardar me a la madrugada.

Sol.—De muy buena voluntad. Allá yrás con el diablo a hazer conjuros por las encruzijadas. Si amores tienes, buen prouecho te hagan, y malo, porque sepas de todo. Qué te paresce, Salucio? Qué buena maña me he dado para que no le estorue el requiebro la sobra de la compañia.

Sal.—Descreo de la playa de Valencia si no lo has hecho de capitan; qué digo, moças? Començad a dexar las faldetas, que la cama no estará mal mollida.

Sol.—Digo, hermano Salucio, en la cama de nuestro amo no me hablas? que descreo del diablo si no la he ganado por mi lança.

Sal.—Nunca por esso reñiremos, hermano, que en casa llena presto se guisa la cena; todo lo haze sacar quatro colchones, y esta noche que nos cabe hazer cama de canónigos, pese a tal. Prissa, damas, que se passa el tiempo, e lo que se pierde tarde se cobra.

Par.—Digo, señor Solino, o hi de puta, traydor de Policiano, cómo tiene garrida cama; ansi goze de mí, cada noche quiero ser tu conuidada.

Sal.—Ora, damas, mientras que nuestro amo vela trabajemos en dormir, porque creo estamos muy cerca del dia.

Pol.—Siluanico hijo, muy cerca llegamos de la huerta de mi señora, y el silencio grande me haze tener sospecha de ser nuestra venida muy temprana. Llegate a las ventanas, y estaras atento si oyes alguna señal de mi remedio.

Dor.—Señora, bullicio oygo de esta parte de la huerta. Mira si mandas que me assome para ver qué es lo que passa.

Phil.—Muy passo por entre las puertas, mira si es mi señor Policiano, e no hables si no te certificas de su venida.

Sil.—Ce ce, señora, es mi señora Dorotea?

Dor.—Soy tu muy cierta seruidora. Soy la que por ser tuya no tengo memoria de ser mia.

Sil.—O mi luzero del alba, no penssé que tan presto amanesciera, siendo el punto de la media noche. Mi señor Policiano está aquí. Manda, señora mia; dezir a Philomena que vea lo que quiere que se haga, y entretanto que ellos estuuieren en su plática, daremos conclusion á la nuestra.

Dor.—Sea como tú mandares, pues yo voy.

Sil.—E yo contigo.

Dor.—Señora, aquel cauallero está esperando, e con vn su paje mandó que supiesses su venida.

Phil.—Llégate aquí comigo, no me dexes hasta que dél sea despedida.

Pol.—Es angel dissimulado el que ante mis ojos veo? O es sueño el que padezco para quedar más burlado? Estoy despierto? O no soy yo Policiano? Pues si soy yo, impossible es caber en tan immerito subjecto tantos quilates de gloria.

Notes in this chapter

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings