INTRODUZENSE EN LA PRESENTE COMEDIA LAS PERSONAS SIGUIENTES (continued 4)
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Pol.—Mi señor te manda entrar, señora honrada.
Lyd.—Pues si el escudero no me lo quita, yo te quiero acompañar.
Ful.—Señor, como esta señora sea libre e yo sea tuyo, queriendo ella, a mí se me hará merced.
Mar.—Señor, beso tus manos, que ni me temo entrar sola, ni soy tan vieja que no me vaya por mi pie.
Lyd.—Pues guiala, paje.
Mar.—O, mi señor Floriano, cómo salen cumplidos mis desseos tan antiguos de que se me offresciesse occasionada oportunidad, tan buena como agora, para que, aunque con atreuimiento, a lo menos sin verguença y sin por qué de ser me retraydo por tu mucho merescimiento y mi mayor baxeza y pobre aparato, te pudiera venir (como vengo) a besar tus manos. Pero no lo he dexado por negar seruicio a tu magnifica persona y amor grande que tengo a tu bondad, lo qual los más del mundo, a mi parescer, te deuen con razonable título. Mas ya sabes, señor, que a la muger del estado de viudez no todo ni aun lo menos de lo que dessea le es concedido por el dezidor y maldiziente mundo, aunque sea de género suyo bueno y encaminado a la virtud. E con tanto, recibiendo mi sana voluntad a tu seruicio, me perdona en lo passado, con la enmienda en lo venidero. Y ansi de oy más quiero que me culpes por remissa en tu seruicio, si hallando en qué te seruir de mí y manifestando me tu voluntad, hallares en la obra negligencia.
Lyd.—Y valga la la maldicion, si no se pica de rhetorica.
Flor.—Mucho te agradezco la tan buena voluntad como publicas, y perdonando mi desabrimiento que la poca salud me causa, porque tu venida no vaya sin gratificacion de la honra que meresciere, me di qué es lo que me quieres pedir.
Mar.—O, cómo se manifiesta tu illustre generosidad y magnífica largueza, pues que sin esperar a saber mis seruicios me combidas con las mercedes. Pero tambien quiero que sepas que, aunque yo pobre y tú señor y rico, primero te vengo a buscar a tu casa para darte que para pedirte hasta su tiempo.
Flor.—Qué me puedes tú dar?
Ful.—Darte ha respuesta de lo que tú me mandaste, lo qual ella por te seruir y a mí quitar del cuydado de las armas, me quitó del tal afan.
Flor.—Si algo fue, haria lo por ti, que por mí no.
Mar.—Dado que yo deua buena voluntad a los tuyos, pero como ellos te deuan seruicio, ya que algo yo por ellos hiziesse, seria endereçado a fin de te seruir con ellos. Y porque sé que te arrepentiras de me auer occupado sin me oyr mi embaxada, manda me la dezir.
Flor.—Aunque desconfiado de que sea cosa que me pueda dar algun contentamiento, pero por ser la primera cosa que me pides, salios vosotros todos a la sala, y dexadme con esta dueña, si ella se osa fiar de mí.
Ful.—Aun no del todo, voto a la consagracion de mi corona, porque tu enfermedad de hambre de tal vianda es.
Pol.—Qué sales gruñendo? No deuen de contentar a Fulminato aquellas puridades.
Ful.—A la fe, su alma en su palma.
Lyd.—Alto a oyr missa, que ya no saldra Floriano por agora a oyr la, y hazese tarde, y aun el capellan ha rato que esta reuestido. Tú, Polytes, te queda a essa puerta, para si llamare.
Flor.—Agora estamos solos, y antes que me digas lo que quieres, me di tu nombre.
Mar.[674].—Llamo me a tu seruicio Marcelia: soy vna pobre viuda, amadora de los nobles y buenos, y con tal desseo de te seruir, vengo a darte vna embaxada.
Flor.—Cúya?
Mar.—Dime, señor, tú no diste vna carta a Fulminato?
Flor.—Y para quién?
Mar.—O, qué grande es el poder del amor, que ansi le tiene desacordado! Que digo al punto, sin te tener suspenso el entendimiento, que Fulminato me dio en tu nombre vna carta tuya para tu señora Belisea.
Flor.—O viuifico nombre, que ansi me ha tornado de las puertas de la muerte a la vida! Dime, por Dios, si ay buena nueua, que agora sé que sí di.
Mar.—Pues yo se la vi en su mano.
Flor.—Que se la viste tú en su mano?
Mar.—Que se la vi vna vez y otra vez.
Flor.—No lo creo.
Mar.—Pues porque en conoscerme que entiendo yo en tus negocios, y porque tengas en poco esso, sabete que ella queda con harta parte de tu pena.
Flor.—Que sabe mi señora que yo peno por ella?
Mar.—E aun que penará ella presto por ti, si yo no muero.
Flor.—Agora me desconfiaste del todo.
Mar.—Pues mira que soy yo, Marcelia, la que, si me das palabra de tornarme lo que yo te diere, quando yo te lo demandare, te dare vna joya suya.
Flor.—Luego te la doy.
Mar.—Pues pon te tú esse anillo suyo en el dedo del coraçon, que ella tiró del suyo, y por su mano me le dio para ti, porque le dixe quán malo estauas. Pero con dos condiciones. La vna, que yo se le tornasse en mejorando tú; y la otra, con que no te dixesse que ella te le embiaua, sino que yo te le traya.
Flor.—Perdona me, que dizes tanto, que no puedo persuadir el entendimiento a creerte.
Mar.—Pues pon le en el dedo y trae le hasta mañana que te le tornaré a pedir, y en el obrar verás si te miento.
Flor.—Pues pon te tú esse de esse diamante mio en el tu dedo, no en prenda, sino por tuyo, y estotro te le dare pidiendo me le, y no en pago de tu trabajo, sino en trueque de que tú me truxiste estotro. Y tambien porque no es razon que ande en mi mano a la ygual de joya tan sublime.
Mar.—Bueno va esto; que si la piedra es fina, buenas veneras lleuo de mis romerias.
Flor.—Qué dizes, mi hermana, qué dizes, mi amiga? por qué no me das parte de todas tus palabras, que a mí me han resuscitado? Y por qué no te gozas de mi gozo? O joya que meresciste andar en tales manos como las de mi señora: perdonad la injuria y baxa que se os da en ser puesta en las manos deste captiuo y sieruo de aquella cuya vos soys. Y pues sé (que agora lo creo) que ella os mandó venir a mi poder, con su voluntad venistes, y con su palabra me traereys conseruada vuestra virtud, y en su fe os pongo en su memoria en mi dedo. Ya, ya sano soy, vida tengo: resuscitado he. Bien paresce[s] auer (o joya) otra virtud más que la tuya natural, por ser tú cuya eres y querer ella que yo viua, pues tan en punto veo effectos de tu virtud en mi salud, dada por el poderio de mi señora.
Mar.—O, qué hermoso encarescimiento y qué bien encadenado hablar!
Flor.—Qué dizes, almario de mis consuelos?
Mar.—Digo que si me acabas de oyr, que verás quánto me deues.
Flor.—Más que tengo fuera del coraçon; pero di, di, si puedes traer más.
Mar.—Pues para que digas con verdad quánto estas ropas pobres te pueden dar antes que te pidan, sepas que aun te puedo dar más, y más, y más.
Flor.—Que no es possible suffrirme, aunque estoy desnudo, desde la cama no te abraçar, y perdonar me has.
Mar.—A la fe, esto y lo al te perdonaria de buena voluntad.
Flor.—Qué dizes, thesoro de mi salud? no te me enojes.
Mar.—No es tiempo que reyne enojo en mí, viendo tu alegría; pero digo que quisiera tener espacio para contar te las particularidades que passé con mi tan peligrosa y dudosa mensageria, porque viesses el peligro en que me vi, por ti bien empleado. Porque sé yo bien que te dara más plazer la buena ventura que uve, que tristeza te diera mi perdimiento. Pero al fin lo que es hecho con sana voluntad por tal señor como tú, nunca se pierde.
Flor.—La paga dexando para despues, más por dar primero aliuio a mi coraçon que porque la dilacion trayga en oluido lo que te deuo, dime, dime, cómo la vistes? dónde estaua? qué hazia? qué semblante mostraua oyendo te hablar de mí?
Mar.—Señor, ansi como sientes pena en el tardar me en te contar lo que yo hize por tu seruicio, tambien te pesará de que con estas tardanças se te passe el tiempo para lo que has de hazer más.
Flor.—Pues dimelo presto.
Mar.—Que tu señora, con sola la compañia de sus mugeres, está en Prado.
Flor.—Y a qué va, mi hermana, si sabes? y si no es venida, perdona me que a pie me voy y ansi desnudo tras ella, como tras la causa de mi viuir.
Mar.—Y aun por eso te dixe que era tarde; no me detengas, hasta que me oyas mi plática, con el estoruo de tus encendidos desseos. Y sepas que con gran agonia me dixo que tiene desseo de verte; pero no me dio licencia que te lo dixesse de su parte. Por tanto, siguiendo mi consejo, ve tú allá de la mia, o por lo que te paresciere, que despues yo me pondre a la pena por tu seruicio.
Flor.—Qué es esto que oyo? moços, moços, den me de vestir; si no ansi me yre.
Mar.—Cata que la próspera fortuna quiere miramiento, ansi como la aduersa suffrimiento. Come, porque vayas con más color de rostro, para que muestres lo que ha obrado la virtud de su empresa, y no lleues sino poca gente, y de arte, porque es muger muy sentida. Y si te vee con aparato, por no perder su grauedad tú perderas tu ganancia y ella le saldra en vano su desseo. Y porque no te quiero quitar la alegre ganancia de que te ha vestido este mi pobre vestir, come luego e yreme a mi casa a hazer lo mesmo si tuuiere qué. Porque allende de mi pobreza, que a las vezes no ay con qué lo comprar, oy no aurá cosa ni comprada ni guisada, porque anteuine oy el dia en tu seruicio, y en él no he parado hasta agora, que he rompido más chapines que en dos meses.
Flor.—Pues yo quiero comer luego, y no te quiero compeller a que comas conmigo; pero espera. Pajes?
Pol.—Señor.
Flor.—Llama me luego al camarero, y tú, señora y amiga, por amor de Dios, que pues me has començado a curar, que no pares hasta ver me sano, que la paga no será como meresces, pues allende de ser poco quanto tengo para lo que te deuo, como soy forastero no te podre dar lo que pide mi voluntad. Pero no me despidiendo de te fauorescer, te aurás de contentar con lo que suffriere la oportunidad.
Lyd.—Qué es lo que, señor, mandas?
Flor.—Que luego des a esta dueña diez varas del refino que este dia sacaste para mí, para que se vista, y daras le para chapines veynte pieças de oro, y tendras cuydado de mandar la cada dia a su casa racion. Y en el cuydado que de ella tuuieres quiero ver la gana que tienes de hazer me plazer; y a mí me traygan de comer luego, y den me el vestido azetuni altibaxo. Y tú, señora Marcelia, ve con Dios, que de mi plato te mandaré que comas agora que no lo tendras guisado en tu casa. Y tú, Lydorio, manda con ella dos escuderos.
Mar.—Por todo beso tus illustres manos; pero basta que este paje se vaya conmigo, porque me lleue el paño, que por lo de más bien me sé yr sola, pues no puedo mantener quien me acompañe, y encomendando te a Dios me voy.
Pol.—Al diablo encomiendo la bagassa si no la entiendo mejor que a mí, pero montarle han poco sus mañas por oy, si puedo.
Flor.—Que sientes, Lydorio, de mi buena alegria? agora no me diras que no como, y bien! Pero dime, diste lo que te mandé a aquesta dueña?
Lyd.—Señor, todo lo lleua a su contento.
Flor.—Bien heziste, porque más meresce aun. Y mandale luego este par de perdizes ansi calientes de presto, con otros dos platos differentes. Y manda me adereçar de brida vn cauallo de los Franceses el mejor y mejor guarnescido que a ti paresciere. Y a Fulminato le daras de vestir, o luego diez ducados para ello, con que se vista a su contento, y manda le comer luego, por que se vaya conmigo.
Lyd.—Mira, señor, que para lleuar solo vn moço aurias de yr más disfraçado.
Flor.—Bien me acordaste; pues caualguen los continos todos, y tú y los pajes y más gente que tú ordenares vaya.
Lyd.—Come, señor, con reposo, porque mejor te preste, que yo voy a que de todo esso no falte vn punto, segun que cumple y tu voluntad lo pide.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XVII
Idos Marcelia y Polytes juntos a su casa de la Marcelia, luego va Felisino con el paño, que no quiso que lleuasse el paje yendo con ella, y lleua le el otro paje con Felisino la comida que le mandó Floriano. Felisino se combida para la cena con Marcelia. Floriano va a nuestra señora de Prado, donde habla con Belisea, segun se dirá en la scena que se sigue tras esta.
Marcelia, Polytes, Liberia, Felisino, Floriano, Lydorio.
[Mar.]—Qué te paresce, mi señor Polytes, quán conuertido en alegria queda por mi causa Floriano y toda su casa? y tú vas tan mustio, que paresce que te deuen centeno. Cierto que yo soy desdichada contigo en querer te como al viuir, tanto que ha podido en mí la fuerça del amor compeller me a que yo te acometa a ti en te publicar que te amo y quiero tanto, que el desseo de complazerte me priue del cuydado de la guarda de mi honestidad y honra. Y lo que peor veo en mi mal es que con hazer yo, atreuida y desuergonçadamente como muger en acometer te y requerir te, lo que tú como hombre deuieras licita y honrosamente hazer a ley de hombre galan, amante mancebo, yo me quedo con mi desuerguença y tú con mi desamor. Y mira quánta sea en mí la fuerça de tu amor, que contra la ley comun de mugeres, que aunque penen y mueran con dissimulado desuio, aun siendo requeridas, muestran no tener memoria de lo que les dessea el coraçon y les pide la voluntad, yo empero anteuengo te con ruegos amorosos. Y aunque esto para en vna muger que quiere que la tengan en algo sea gran tormento, muy mayor es a mí uer tu desamor con que me pagas; y la carestia de tu habla y el ceño con que me miras me ponen en vna firme sospecha de tu desamor, y en vna sospechosa duda de que te inclinarás a quererme, y en vna certinidad del tu mi menosprecio, que es vna de las cosas más odiosas a las mugeres.
Pol.—Donosa, pues, viene estotra vendiendo me su tan jugada y aun perdida honestidad, que como ya me cuesta tan caro su hambre, la he cobrado temor de entrar en su poder.
Mar.—Qué vienes hablando, amor mio, que aun la vista y habla, que no se niega sino a los notorios enemigos, no quieres darme?
Pol.—Al fin entrar auremos en juego. No sé por qué, señora Marcelia, condenas en mí lo que vuieras de loar por buen miramiento; ya sabes (si amas como dello te precias) que el amor no sabe tener medio. Y como vamos tan en público, no oso hablar, porque como tu amante temo caer en algun amoroso descuydo que sea pregonero de lo que hay entre nosotros dos. Ansi que la razon, acompañada del amor que te tengo, tiene en mí tal fuerça, que posponen lo que quiere mi sensual desseo a lo que toca a tu honra. Que por lo de más, ya sabes que la ley vulgar comun dalo a los mancebos amantes bien empleados, aunque en ningun caso lo aprueuan esto en la muger, pues siempre le da quiebra el crédito.
Mar.—Ay, angel mio, que con ser como tú dizes, bien veo que me quieres hazer creer sagazmente que lo que en ti causa el desamor y oluido que me tienes me digas que es por mirar por mi honra, que yo por ti traygo muy al traste, y quieres me tú dezir que el dexarme de hablar, que lo causa el no me amar, lo hagas por zelo de lo que a mí me cumple. Ay de mí, que te amo tanto, que aun viendo me engañar de ti no puedo desechar tus razones, porque todo en ti me paresce bien. Pero mira cómo lo que yo digo es ansi: que agora que estamos ya en mi casa, donde no tenemos a quién dar cuenta sino a Dios, pero ni aun por esso sales de lo que tienes en la voluntad, que es no amarme.
Pol.—Bien me culparas de veras si tu hija no baxara ya, que nos vio luego.
Lib.—O, loado Dios, que vienes, madre, a esta casa, que ni sé qué piensas de qué nos hemos de mantener; que hoy no se ha callentado el hogar en esta casa.
Pol.—Picado deues tener el molino; mala serias para palacio, que a las visperas aun es temprana la comida.
Lib.—Allá haria como allá, y no se me haria graue; porque dizen que en Roma como en Roma, y en palacio como tal, y en mi casa segun mi ordinario.
Pol.—Y aun porque agora sales de compas ya desmayas? bien dizen que mudar costumbre es a par de muerte.
Mar.—Asuadas que no está ella para matar el sapo con la saliua ayuna.
Lib.—Y aun mi madre canta como bien harta.
Mar.—Por tu vida y de todos tres, que oy no me he desayunado sino de peccados, que salen en vn guiñar del ojo.
Lib.—Pues bien ha vn hora que tengo los manteles puestos.
Mar.—Por tu vida veamos qué tendrá que nos dar, que vn combidado puede combidar a otro.
Pol.—Sentareme sin mirar que aya, porque veas quán de veras pretendo complazerte, mayormente en mi prouecho, que ni miro a lo que se me pueda dar, sino con qué voluntad.
Mar.—Por cierto con la que se dara en esta casa a mi hija.
Fel.—Ea, paje, date priesa, no se enfrie esso. Y pesse a tal con la bagassa, perdoneme que es mi suegra, si despues de puta, no medra agora por alcahueta. Y aun que ella presto quiere (segun veo) echar el pelo malo, aunque toda via algo cabra al yerno de este paño, que es lástima verlo condenado a cubrir tan putas carnes. Y el necio, pues, de mi amo, que por mensaje de vna alcahueta da lo que tiene, y por todo el sudor y vida de vn criado daran vn mal mes, y otro para ellos, y solo del diamante y anillo es verdad: ay os digo yo que como se vea con pelo, que luego se haga delicada y ociosa. Y si la ociosidad entra vna vez en la casa destas tales mugeres, ansi solas y libres y no viejas, yo os baptizo por burdel la morada, aunque ya le lleua los tenores. Pero a la puerta estoy, llamar quiero, que en estas casas ansi cumple, porque a las vezes ay dentro quien ni ellas ni vos querriades encontrar. Ta, ta, ta.
Mar.—Sube, sube, Felisino, que ya eres conoscido.
Fel.—Quiero yo tomar a este paje esto, porque no sé que ay arriba; daca, hermano, essos platos, y da luego la buelta, que serás allá menester para el alçar de mesa; que yo lleuaré la plata. O, hi de puta, y qué buena viene la comida; en mala pro les entre a solas. Buena pro haga, señoras. Cata, cata, y tú eres el patron de la casa?
Pol.—Y pesa te de ello?
Fel.—Por cierto no me pesa a mí de todo tu bien; pero aunque vengo tarde, pues traygo cobro, bien me recebirás, señora Marcelia, y manda me tomar esto; pesan estos platos vn arroba. Y mira que te manda mi señor de su mesmo plato, aunque el vino hasta otro dia lo aurás de perdonar, que allá en el beuer contaronte por muger.
Mar.—Pues más quiero entrar en el numero de los hombres en el beuer el vino, y estar sana, que andar guayando y desseando; pero bien paresce de cuya mano viene la merced, cuya vida Dios prospere y prolongue, y tú, hija, que me reñias por mi descuydo de no proueer te de comer, cata, boua, que donde no anda la persona no haria tal sombra como esta que vees; que ya se te rie el ojo.
Lib.—Pues no te paresce que me deuo de holgar con la visita de Dios presente, que desterrará la hambre de nuestra casa oy, y la misericordia suya, que espero que adelante desterrará nuestras miserias? pero acaba ya Felisino, y descubre lo todo.
Fel.—La comida ya la tienes y no me combidas; y ansi no lleuarás estotro hasta que se me manden albricias.
Mar.—Si me truxeras cosa que ya la palabra de tu amo no vuiera hecho mia (como es vn poco de paño, que han de ser diez varas para vestirme), bien fuera que me pidieras albricias. Pero aunque esso ya lo tenía por mio antes que a ti lo diessen que lo truxesses, porque no quise que Polytes lo truxesse veniendo conmigo, y aun que de lo incierto se deuen las albricias, pero por lo auer traydo, algo aurás.
Fel.—A, pese a tal con la mercaduria; pedistes man to antes que tuuiesses nada, y agora que tienes para dobles vestidos haze se te poco?
Mar.—Anda, bouillo, que toda esta casa es de vosotros; que si pedí poco, pedí segun mi pobreza. Y si tu señor me dio, diome aun poco, segun él quien es, aunque sea mucho a mí. Y mira que no me lo pidas antes de ver si lo he menester; porque como tú no vistes con sola la capa, ni aun yo con solo manto, y allende que yo toda ando como desnuda, y no miras que essa muchacha, que no me la vistes ni mantienes tú, ya que tambien ha menester una saboyana; mira lo tú, hijo, que como a tal te tengo en esta casa, y tú, señor Polytes, juzga qué me podrá sobrar, aunque no quiero que me conozcays auarienta con ver me pobre; tomad sendos cruzados en oro, desto que agora me dieron para chapines quien Dios guarde como a mí, y pensad que lo quito de la boca; porque tiene la persona en su casa mil redrosacas, que vosotros, libres y moços, Dios os guarde, no teneys de cumplir, porque no manteneys carga de casa. Y sentaos y comencemos a comer, y no se hable más.
Pol.—Dios te lo pague, señora. Y por vida de Floriano, que no consintiera que sacaras para entramos cosa, sino por no te enojar. Y tú, Felisino, ni pidas a muger hermosa, ni prometas a pobre, ni deuas a rico, ni tomes de nadie, no te lo deuiendo, más de lo que te quisiere dar de si.
Lib.—Asuadas que luego se publica la virtud donde está.
Fel.—Pues, cuerpo de tal, no quiebres tú las treguas de tu madre en obligar me a que torne por mí; que si me notas de mal cumplidor de mi palabra, yo te traere las agujas, que aun no soy muerto, y porque agora no puedo parar me más, yo lo emendare todo con venir de assiento a la cena, adonde lo soldaré todo, y con tanto con tu perdon y licencia nos despide, pues sabes que en comiendo ha de yr a Prado Floriano.
Pol.—Pues de essa romeria ya sabes, señora Marcelia, que no puedo yo hurtar me, y en el tardar haremos falta, y la falta resultará en nuestro enojo, de que tú no holgarías. Por tanto, a Dios hasta otro dia que de más assiento nos veamos, y tengas vino que beuamos.
Fel.—Y aun la falta de esso, y que estoy que me ahogo de sed, me haze que sin más salvas os quedeys a Dios.
Mar.—Pues no da hombre más de lo que tiene; prouee a la cena de lo que agora faltó, e yd con Dios.
Pol.—O hermano, cómo te quedo en obligacion, más en me auer librado de Marcelia que no por el ducado del alboroque!
Fel.—Y aun porque te entendi busqué cómo te escabullir de sus vñas, que la matrona, como te halla barbiponiente, pegar se te ha.
Pol.—Ella se me puede pegar a mí, pero yo huyre de ella, y ansi mal conuernemos. Pues do vno no quiere, dos no barajan.
Fel.—Alarguemos el passo, que muero de sed; y allá se lo hayan ellas, pues nos libramos y comimos y ganamos.
Mar.—Agora que, hija, son ydos aquellos, te quiero dar a entender cómo deues loar a Dios con el dia de hoy, y hazer cuenta que oymos buena missa. Y mira, boua, quán de buen pie entró esta gente en mi casa, aunque tú pocas vezes te satisfaze cosa que yo haga, lo qual conozco que nasce en ti por falta de experiencia[675]. Pues calla, hija, que andarás por los dias y gustarás de las necessidades, y cargarte han los cuydados, y començará el mundo a brumarte, y como el çapato te vaya mordiendo, y el dolor de la miseria te comiençe a sujetar, aprenderas; y la experiencia te mostrará cómo te deuas oy en dia subjectar por la ganancia a todo el mundo. Porque esta trae a los más ricos merchantes[676] passando los mares y andar acosados de feria en feria. Y aun verás que el mal tiempo no les haze dilatar la partida del regalo de sus casas, porque andan al son que les haze la ganancia en las ferias. Y ver los has, hija, aqui poner tiendas y por el mercado de un dia desplegar sus fardeles, abrir sus caxas, estar presos a la tienda, esperando y combidando a cada qual que les vaya a ella. Pues si miras en ello, verás que a todos les van, acogen y halagan, y al dicho de cada qual plega y desplega sus mercancias, aunque los menos de los que paran le dan ganancia. Ansi tú, hija, a todos los que vienen a tu casa muestra buen rostro, y guarda tu hazienda, y echando tras la suya, echales en el regaço vna honesta risa y dales vna buena palabra, porque no sabes por dónde te tiene Dios encaminado el bien. Por esso, hija, te ladro cada dia que a estos criados de grandes señores les hagas solaz o hospedaje, porque son moços, y viendose delante sus amos todo lo parlan, porque en algo les contenten. Y si no, mira lo, hija, que Floriano sin me auer hasta oy visto, ya tenia tal crédito de mí, que por auerle oy yo visitado, mira qué visita embió luego tras mí, con que comimos y cenaremos si a Dios plaze. E oy me visto de manto y mongilon, y para ti, por no vender mi palabra, vna saboyana. Pues para la hechura y para darte botines y chapines, mira qué moneda no vsada corre agora por mi bolsa. Pues tras esto me queda este anillo, que si la piedra es la que yo pienso que será fina, mira si con tal diamante aurá para ayuda de casarte! que la costa de entre año ya la tenemos segura con ayuda de Dios y de Floriano, y de mi industria; porque me mandó dar racion cada dia, y asuadas que siempre sea tal, que aunque excedamos de nuestro ordinario, nos sobre para ayuda de otras baratijas de por casa. Y tú andate ay, no me creas, y tengas paz con todos, y allegate a los buenos, y serás vno honrado de ellos. Daca, daca mi anillo, que ni pienses de te me alçar con él, ni comiences ya a guardar le por dote, porque aunque más se te ria el ojo, los casamientos salen como los guia Dios, tarde o temprano. Qué dizes, qué me hablas, boua?
Lib.—Que como veo subida tan repente y tan alta, y no veo escalon por donde nos ayamos encumbrado, temo, y con razon, mayor cayda.
Mar.—Donosa judia de Çaragoça, que cegó llorando duelos por venir, ansi me paresces, que tú antes de gozar, llorar. Siruamos a Dios, y antes esperemos el bien que el mal; porque Dios da, y siempre da, y da como quien es. Y con esto ve, cierra la puerta y dormire vn rato yo, que los cuydados del dia me quitaron el sueño desta noche, y tú reposa tambien, que ganada tenemos ya la cena, y el combidado, que no faltará, nos proueera del vino que nos ha faltado.
Pol.—Ya estamos, Felisino hermano, en casa; ve, da los platos al repostero, que yo quiero hablar a Fulminato que nos viene al encuentro.
Fel.—Con esse hombre allá te auen, porque no tiene plática para que yo espere sin beuer.
Pol.—A, hermano Fulminato, qué ha sido de ti, que no he tenido vagar para preguntarte qué fue lo de anoche?
Ful.—Y qué?
Pol.—Que segun diz que anoche corrias, ouo algunos que pensaron que yuas a tu tierra a recobrar herencia, y aun que estarias ya allá.
Ful.—Por qué dizes esso?
Pol.—Porque diz que corrias de suerte que bien ganarás el palio si le corres.
Ful.—Pues ay verás quién es Fulminato; que los que fueron, en sintiendo me desenuaynar, y en reconosciendo ser yo, toman las viñas, de suerte que por bien que yo corro hallé anoche mi ventaja.
Pol.—Y a quién querias tú alcançar, pues los quedauas atras?
Ful.—Quedaron se me a vna buelta de calle, e yo quando aduerti y bolui sobre ellos, sólo vno que no corrio tanto alcancé, que con humildes palabras se me escabulló de una bareada de espaldarazos.
Pol.—Bien dizen que la mansa respuesta quebranta la ira.
Ful.—Mas por vida de tu amiga, quién te lo conto? porque si no fue persona que te lo vuiesse de dezir de buena tinta, tornando yo por mi honra, te diga yo la verdad del caso muy de pe a pa, porque en summa es lo que yo conté.
Pol.—Y aun ansi será, y el resto se quede para de más vagar, porque baxa ya Floriano.
Flor.—Ya, Lydorio, me tendras entendida la razon en lo que quiero que allá se haga, y cómo essa gente se quede esperando me cómo y adonde ya te dixe.
Lyd.—Señor, entendiendo en lo que mejor te paresciere en tus negocios, puedes perder cuydado en lo que me mandaste, que se hará como mejor y más seas seruido. Moços, llegad esse cauallo, y no falte nadie; y encaminemos a la buena ventura.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XVIII
Començando a penar Belisea por Floriano, y estando tractando con Justina de su mal, sobreuiene Floriano, y finalmente se hablan, declarando Belisea a Floriano en qué manera le ha de amar, y ansi se diuiden, quedando Polytes y Justina concertados de se hablar despues de media noche.
Belisea, Justina, Floriano, Polytes, Fulminato, Felisi[no].
[Bel.].—O soberana madre de Dios, virgen sancta Maria, por reuerencia deste tu sancto templo te suplico me valas. O, qué gran basca siento en el coraçon! o, cómo me siento muy tierna en la memoria del nombre de Floriano! Ay de mí, que ni sé qué mal es el mio, ni sé dónde me han abscondido mis antiguos castos pensamientos! No solia yo tractar de amor de hombre sino por Dios, como a proximos. Pero agora, por la via que aun no entiendo, ni sabria decir, me veo implicada en varios pensamientos. Quiero platicar con Justina este de mí no salido mal, porque allende de ser honesta y sabia donzella y querer la yo bien, sabe oyr lo bueno para loarlo y fauorescerlo, y lo malo para deshazerlo y no lo descubrir. Ven acá, Justina, vete conmigo a la iglesia, y esotras mugeres desque ayan todas comido sin salir de la ribera se espacien y tomen plazer.
Just.—Todo está puesto en cobro: vamos donde mandares.
Bel.—Pues dame la mano y vamonos por en torno de la cerca desta huerta de los monges; porque me congoxo a la sombra desta ribera.
Just.—Y aun por cierto, mi señora, que andas tan achacosa, que no sé si lo haze tu venida.
Bel.—Antes que acá viniesse estaua ya tal.
Just.—Que no digo essa.
Bel.—Pues quál?
Just.—La venida acostumbrada, que es enemiga de la hermosura a las mugeres.
Bel.—Ya te entiendo, que aun para esse mal faltanme dias.
Just.—Pues si en algo te puedo ser buena, te suplico te me declares.
Bel.—Por la confiança de tu buen secreto te quise comunicar los principios, que mi mal no lo entiendo, y es, que desque esta mañana leí vna carta, me siento muy otra que solia.
Just.—Cúya era o qué tenia? no tuuiesse, mal peccado, algunos hechizos!
Bel.—Creo que tenia mi perdicion. Ay, mi Justina, qué hare? que ya siento mi voluntad inclinada a tomar gusto y deleytarme en pensar lo que de antes aborrescia aun oyr. Ya desmayan (por mi mal) mis castos pensamientos, y mi meditacion de Dios se me deshaze; ya los cuydados muy veleros de la honra se me han adormescido; ya, finalmente, como por fuerça de sensualidad me siento ser trayda a recrear me en vanos pensamientos. Y ansi quiero por vna via lo que siempre aborresci por otra; que no sabre dezirte qué quiero, ni qué amo, ni qué aborrezco, ni qué busco conseguir y hallar, ni qué desseo euitando huyr, y esto por hallar me rodeada de mil contrariedades acerca de una sola cosa, que juntamente amo, y temo, y busco, y huyo, y desseo, y aborrezco.
Just.—O, gran mudança de muger! siempre me temi de Marcelia. Pero pues ya es hecho, y en lo hecho no ay enmienda, proueamos en lo porvenir; que si su mal es de amores, ella dara más señal, y si es de enfermedad otra, no le faltará quien la cure, ni medicinas ni regalos. O, poderoso Dios, y qué sospiros tan de las entrañas alança! o, qué alteracion de rostro! o, qué oluido de compostura! ya, ya! asuadas que yo adeuine; mirad qué acuerdo, que me llamó para hablar conmigo, y apostaré que no se acuerda ni de sí ni de mí. Bien dizen que mal vezino es el amor. Jesus, Jesus, y cómo se ha tendido! qué desmayos son estos, mi señora?
Bel.—Ay, que de la muerte. Y lo con que más muero, es desconfiar que no me matarán, porque ansi pensaria descansar, pues el morir es necessario a todos los mortales.
Just.—Ay, por tu vida, que te esfuerces, y mira que viene gran tropel de gente.
Bel.—Pues tornemonos a la ribera con las mugeres.
Just.—Anda, que no hay quien nos conozca si a dicha no son los escuderos que vienen por ti.
Bel.—Yo dixe a mi padre que no viniessen por mí: que me bolueria como vine.
Just.—Pues huelga, que la gente se queda atras, y viene solo vno de a cauallo y dos de a pie, y ansi será vn cauallero que vendra a hazer oracion.
Flor.—Di, Fulminato, qué mugeres son aquellas dos que alli estan a la sombra de aquellas paredes del monesterio?
Ful.—Voy [a] hazer las venir a que las conozcas; pero si alguien que ciña espada presumiere de defenderlas, dasme licencia que le saque la vida?
Pol.—O, maldito sea este panfarron, amen.
Flor.—Qué dizes tú?
Pol.—Que parescen gente de pelo; pero ya, ya! acá está Belisea.
Flor.—No lo creas.
Pol.—A la vna he reconoscido, que es Justina, a la qual tú eres muy en cargo, porque te es muy seruidora en tus negocios.
Flor.—Pues donde essa está, bien podre yo llegar. Tú, Fulminato, no te partas de ay, por si fueres menester. Y tú, Polytes, te ve a la puerta de la iglesia, y mira quién entra y sale, con auiso.
Ful.—Aun el diablo creo que aya parte oy en la venida: que aquella deue ser la dama, que las dos ya parlan entre sí. Yo seguro que ella que debe de buscar manteles, y que si el asno de mi amo me creyesse, que no deuria de hazer sino llegar y embarrar; porque al fin, aunque gruñen con la boca, con el cuerpo se tienden, y luego las vñas de gato. Pero, pesar de la vida, si aure oy de comprar el vestido que mandó al camarero darme, con perder aqui la vida? No sé quién me haze a mí querer honra tan costosa y blasonar del valiente! que Floriano para esso me llama en tales trances, pensando que diran mis hechos con mis dichos para guardar le las espaldas; y él está mal en la razon, porque al primer desenuaynar, y aun quiça antes, le muestro las suelas del calçado, que oy calcé nueuo con esperança de romperlo. Porque ni pare mi madre, ni me parira otra vez, ni mi amo me restaurará la vida si de necio la pierdo por él. Y en estos palacios, si os mancays por ellos, el aliuio que os hazen es en el partido, que no lo dan sino a quien lo suda, y las mercedes, en la sierra de Gata. Yo bien tengo por mí que tal donzella como ésta que no vino sin escuderos, con quien me guarde Dios tomar contienda de dia, ni aun de noche, y éstos en lo sintiendo, son con Floriano. Y él (segun es loco) pensará que con tenerme al lado y la dama delante, que no hay más que temer; y quando mirare por mí, hallarse ha del agalla, que a la fe, pues busca la carne, y solo la querra trinchar, y solo comer, que solo la compre. Que quien solo come en el plato, que solo guarde el hato.
Just.—No has mirado, señora, qué lindezas ha hecho aquel cauallero? y qué saltos haze dar al cauallo? y qué entero anda en la silla? que por mi vida que algunas vezes de ver el cauallo tan enarmonado me pone pauor no le auenga algun desgayre; porque es cauallo muy desapoderado y paresce vn elephante.
Bel.—Ay, guardar lo ha Dios, que holgado me he de verle, y quán sin tacha y quán gentil hombre le hizo Dios, y aquel vestido le arma muy bien, y aquella cadena de oro le adorna mucho.
Just.—Y aun ella, que es harto rica y grande. Pero ya sé quién él es, y si no te enojas, direlo.
Bel.—No creo que ay por qué enojarme, que él me ha parescido hasta agora bien. Dime, quién es?
Just.—Es aquel gran cauallero, tu seruidor Floriano. Ay, por Dios, no te desmayes ansi; qué tal te sientes?
Bel.—Ay, que no sé; pero dexa me, que el lugar tan público, y mi honra, y mi honestidad, me mandan sacar fuerças de flaqueza, y ansi me esforçaré más que puedo, por no dar señales de mi mal.
Flor.—Toma este cauallo, Fulminato, y passeale un rato.
Ful.—Pues si en algo más me vuieres menester, mandas que le suelte?
Flor.—Anda, que solo yo deuo tener temor por ver me ante tanta majestad.
Ful.—Pues a la obra verás si ay temor en mí; pero allá yrás. Qué buen achaque tengo agora para escabullir me; porque si algo fuere, dire que con el passear del cauallo no lo vi, y con el rixar suyo, no lo oy. Y aun si viere que son muchos, suelto el cauallo, y él por los campos a huyr de mí, e yo tras él a huyr destotros, y otra vez auisará mi amo, si escapare viuo, en no echar las cargas todas a vno. Pues esperar socorro de la gente es por de mas; porque todos se han tendido por los campos a buscar sombras; que Floriano está tal, que ni sabe si haze calor, si frio. Ea, pues, vos, don cauallo, tambien teneys el mal de vuestro amo? Quiero me yr a vna sombra por aqui donde a mi seguro pueda huyr en despertando si algo vuiere; y alli dormire a mi sabor, que Floriano y las damas ya se van encontrando, e yo seguro que tienen plática para tres horas.
Just.—Señora, el cauallero se viene hazia nosotras con su varica en la mano. Y pues os haueys visto entrambos, habla le, que la buena criança entre los más nobles reluze más. Y pues ya está cerca, yo quiero mouer la causa de la plática, no como más sabia, pero como más atreuida y más libre. A, cauallero, no passeys adelante sin licencia desta señora, que yo os defenderé el passo.
Flor.—Por cierto si como es essa señora la que con justo título posee mi voluntad, y tiene el sí y el no de mis obras en su querer, fuera yo el tal posseedor (aunque posseyera mal) yo os obedesciera luego. Y ansi os ruego no me tengays a mal el esperar esse mandamiento de su boca, desacatando se mi atreuimiento a vuestro libre mandar; y en esto no pretendo injuriar vuestro merescimiento en no me subjectar a vuestro dicho; pero por no quitar la obediencia a quien sobre todas las del mundo todo buen entendimiento de hombre conoscera ser le deuda forçosa, y a quien más que todos y sobre todos y solo entre todos amorosamente soy subjecto, y esforçadamente defendere por sola mia la deuda del tal seruicio. Y ansi a vos, hermosa, por muchos respectos desseo hazer os plazer, fuera del presente discrimen.
Just.—Pues cómo tan ayna conosceys quién sea cada vna de nos, posponiendo a mí y anteponiendo a esta señora, auiendo os yo hablado la primera?
Flor.—Dexando muchas causas que me han mouido en lo hecho, si algo ha sido contra vos, y respondiendo, no en excusacion de lo que tan acertadamente yo dixe, pero para sólo dar razon de lo que me pedis, digo: que el temor reuerencial que mis potencias han mostrado en mí tener a essa señora, me abrio la ciega vista de mi enajenado entendimiento, y alumbradas mis potencias con rayos de tanta gloria presente, ni tanta majestad se podia occultar a mi vista, ni mi voluntad, que a ella hizo homenaje sola, permitiera hazer tal aleuosia, que a nadie diera otra obediencia. Y ansi por el gozo que siento en hablar en esto, torno a me declarar cuyo soy, porque vos veays a quien sola deuo de obedescer. Porque en llegando, la presencia desterró mi tristeza, y diome nueua alegria, y la tal alegria auiuó mis sentidos, despertó mi memoria, abrio la clausura de mi entendimiento. Y vi luego las prisiones de mi coraçon y el gozo de tanta gloria, haziendo me atreuer a leuantar de mi baxeza los ojos de mi tan irradiado e illuminoso y claro entendimiento, vi el de dónde procedia mi tal alegria. Y finalmente vi en las manos del querer de essa señora las llaues con que quando perdi mi captiua libertad vi aprisionar mi glorioso y libre llagado coraçon por suyo. Cuyo desque le conosci, le vi tan altiuo, y tan grandioso, y tan estimado, y lleno de tanta hufania con su prision, y tan gozoso con su herida, y tan alegre con sus mortales dolores, que ni quiere buscar cómo salir de ellos, ni hazer semblante de acatamiento menos que a tanta majestad. E ansi ni vos tendreys en mucho el no auer os yo obedescido, ni essa señora me culpará en ansi me auer en su presencia (como absorto y oluidado de mí) desacatado con desenvoltura en el hablar, y firmeza en el llamar me por suyo, y a ella por mi señora, aunque ella de esto sea injuriada, pues en ello soy yo el bienauenturado y gozoso.
Just.—A, señora, pues no oso delante deste cauallero sino llamar te mi señora, ni yo puedo suffrir que en tu presencia tal me tracten, ni delante de quien ansi me deshaze osaré parar más, por esso me da licencia e yre por vnas horas que oyendo missa esta mañana se me quedaron en la capilla, porque viene gente y no me las tomen. Y vos, cauallero, mirad que aun no os doy entera soltura para que sin mi licencia hableys a otra dama.
Bel.—Anda, maldita seas, chocarrera, y estate queda, que pensará esse cauallero que hablas de veras.
Flor.—Ni yo sé, mi señora, con más de sola vna que tiene mi coraçon tener veras, ni con vos puedo tratar debaxo de alguna burla.
Just.—Ay, señora, señora, mezquina yo, qué toro tan lleno de garrochas viene de hazia el rio! Huye, huye, acojamonos a la iglesia, que yo no oso parar aqui más.
Bel.—Cauallero, por vuestra fe que passeys vuestro camino, que mi compañera se me ha ydo, e yo me voy a poner en saluo, aunque las piernas me ha cortado el temor de tan feroz animal; aun que viene algo lexos.
Flor.—Mi señora, el toro se ha passado a nado huyendo. E pues los otros en vuestra ausencia han muerto por vos, este morira en vuestra presencia por el que los dio a la muerte, más muerto que ellos, por vos.
Bel.—Ay sola de mí, que soy muerta, que hazia acá encamina!
Flor.—Más solo me hallo y más muerto sin vos, aunque me sustenta la fuerça de vuestra hermosura. Pero porque veas, mi señora, qué fuerças son las tuyas, que ansi temes a vn bruto animal, y a mí tienes tan sin temor tal parado, suplico te veas cómo las fuerças del tu vencido quitarán la vida al que ha puesto temor a quien sola yo tanto temo.
Bel.—Ay, por vn solo Dios, que no tomes debate por mí, que me puedo acoger a seguro, tan a tu peligro con quien no sabe hazer differencia de merescimientos.
Flor.—Hará la, aunque no quiera, del poder; y sin te mudar, me perdona antes que más llegue, porque se viene hazia nosotros, y muy denodado.
Pol.—Anda, anda, mi señora, que agora el temor del toro te puso en la prision del que tú tienes tan muerto.
Just.—Sin falta que son grandes y muy a cada passo vuestras muertes. Pero dexame, triste yo, que ni sé qué fue de mi señora, que pense qne venia tras mí, y dexo la sola, y lo hize mal, y tampoco yo me recataba de ti.
Pol.—Anda, mi vida, acojamonos a la iglesia, que ella allá tiene quien le va más que juramento en guardar la.
Ful.—Cata, cata, qué fiero toro! y por las reliquias de sant Saluador de Oviedo, que es Floriano con él. O, hi de puta, pues qué animalejo! que no hay cosa de que yo más tema en esta vida, despues de temer a las superiores potestades. Pero pongo me a cauallo por sí o por no, que este quatrupeo me pondra tierra en medio. Pero o, hi de puta el diablo, qué soltura y destreza y coraçon y fuerça de hombre que ansi le esperó, y de solo un golpe le ha desjarretado. Pero tal mirador tiene! muerto le deue de quedar, que ya se torna limpiando la espada. Agora que sé que el toro no vendra por acá, me torno a mi officio la barba sobre el hombro y los pies en primera.
Bel.—O, qué hazaña y soltura de cauallero! o, cómo no sé por qué vias soy violentada más y más de cada momento a le amar! Y pues él se torna para acá, y no excuso rendir le gracias por lo hecho, y tengo buena occasion para le hablar, quiero intentar de saber sus desseos, que tanto en todo y por todo publica ser en mi seruicio. O, bendito el Señor que te libró! En merced tengo, señor, lo hecho, por la parte del temor que me quitaste, y pena que tenia de te ver yr a tanto peligro.
Flor.—Nunca pensé merescer, mi señora, tanta piedad de vos, ni verme tan viuo delante de quien me mata.
Bel.—Y quién es la persona que ansi se ha con vos?
Flor.—Ay, angel mio! que si tal merced de ti me atreuiera a pensar de alcançar como es el hablarme, tuuiera pensado el cómo responder a tu pregunta.
Bel.—No tengas en tanto la habla, que a nadie aborresciendo la niego.
Flor.—Por merced grande tengo el hablar me; pero por principio de mi aliuio tengo el saber que a nadie desamas, porque ansi pienso que no ha sido tu intencion en lo passado que yo muriesse, pues tu clemencia a todos querria dar vida. De donde pienso que si fueras antes sabidora de mi pena, y supieras el ser por ti, y conocieras el ser tú la causa, que si no por yo lo merescer, a lo menos me vuieras acorrido por tu benignidad, sentiendo pesar de la pena de mi atreuimiento. Porque a yo más acabar de morir, mi tormento atreuido fuera pregonero de mi culpa e tu innocencia.
Bel.—Pues tan al descubierto me dizes que yo te doy pena, querria saber tu nombre, para conosciendo te conoscer si tú tienes la culpa de la pena que dizes que tienes.
Flor.—La pena que yo he padescido, confiesso que ha sido merescida, por el atreuimiento deste tu Floriano; pero pues tu hermosura dio alas a mi atreuimiento en te yo amar, suplico te, como por cartas te pedi, que en el gualardonar mis tormentos, no teniendo respecto a mi culpa, la tengas[677] a tu misericordiosa compassion, y con ésta detengas las fuerças de tu justicia no executando tu riguroso castigo. Y si quieres castigar me más y más, si mayor castigo puede auer en las carceles de amor, propon de me dar en el suffrimiento mio mayores fuerças tuyas para que, en mí tu indignacion executando, seas más vengada, si tu merced en me atormentar es seruida, e tu benigna misericordia no injuriada.
Bel.—Antes de agora vuiera yo de conoscer, Floriano, quién fuesses, cuyo nombre tus atreuidas cartas me auian dicho. Pero mira, Floriano, que si tú como hombre buscas tu desatinado descanso, yo como donzella mamparo mi delicada honra. Y si tú buscas la consecucion de tu infectionada voluntad, yo defiendo mi libertad. E si tú quieres guiar tras tus venenosos y no limpios desseos, con tu amor desamador de mi honestidad, yo tengo de cerrar la puerta a toda habla que ni a mi ánimo trayga limpieza ni a mi spiritu reposada castidad. Por tanto como a hermano en tal amor te ruego me ames, si me amas, y me quieras bien para mi bien, y no de suerte que queriendo me, quieras mal para ti y peor para mí. E con hazer tú esto, podras ganar en mí vn amor que a bienqueriente de mi honra te tendre. De otra guisa, desamarte he como a enemigo de virtud, y perseguidor de mi honra, y menoscabador de mi limpieza, y matador de mi innocencia en mala inclinacion, y derramador de mi fama, y destruydor de mi reposo, y asolador de la casa de mi padre, y ensuziador de mi alta sangre. E si te han mentido de mí otra cosa, desapega la de tu imaginacion. E si te han dicho que me pesa de tu mal, si tú lo entiendes como yo quiero y pretendo que lo entiendas, sey cierta que tú me tendras que agradescer, e yo occasion con que más y más te mostrar por las obras el limpio amor de mi voluntad senzilla. Y si eres hombre, yo muger, y entramos hechos para Dios y formados a su imagen, y criados para gozalle, y obligados a amarle, y en él a nosotros, y a nosotros por él y para él. Y si holgué de verte, fue por desengañarte. Y en esto (concluyendo mi plática) verás quán en limpio amor te amo, que tu bien vees me he esforçado a forçarme a te hablar sola sin te auer aun conoscido. E pues te consta mi voluntad, si te guiares por ella, procuraré tu salud, holgaré de tu bien, buscaré tu descanso, acceptaré tu conuersacion, oyre tus mensajes, respondere a tus castas peticiones. Pero de otra manera, aborrescere tus costumbres, huyre tu persona, blasphemaré tu nombre, euitaré tus hablas, quitaré tus visitas, perseguiré tus fuerças por assegurar mi flaqueza, y desamaré y oluidar me he de tu salud exterior, por no perder la mia interior.
Flor.—No menos sabia te has mostrado, mi señora, en el hablar, que honesta en el rehuyr me, y hermosa en el mal herir me, y poderosa en el matar me, y señora en el mandar me, y paciente en el oyr me, y sagaz en el despedir me. Yo me doy por pago de lo que padezco con el dezir que me amays, aunque no es el amor que yo pido, pues es más del que yo os merezco. Pero todavia te suplico que, pues ausente, como a proximo necessitado, me mandastes este tu anillo, cuya virtud por solo ser tuyo me reuocó de las puertas de la muerte, que agora que me has visto presente no permittas que mi gran fuego de pena me consuma, siquiera porque se vea, mi señora, que, como pudiste herir me y matar me, puedes tambien sanar me y dar me vida; y de oy más sustenta mi vida para que en mí executes tu saña con el castigo, si otra cosa no te merezco. Y esto siquiera porque, pues yo me publico por tuyo, vean los que no lo son quán bien sabes tractar a los tuyos, para que todos lo cobdicien ser, aunque yo solo lo querria tener por mio, porque solo me tuuiesses por tuyo.
Bel.—Ya te di seguro del amor que te tengo y tendre, mientras tu mal gouierno no lo perdiere de mí. Y con esto te ve con Dios, que sale Justina y vendra mi gente, y no quiero sospecha donde yo no tengo occasion, ni la quiero en ti.
Flor.—Sin más altercar a tu mandado, quiero hazer vuestra voluntad en me yr bien contra mia, pues jamás saldra de tu seruicio: cuyas manos besando, me despido de tu presencia, encomendando se te en ausencia este tu Floriano, que agora que me encomende a ti, me voy al templo a encomendar a Dios el alma, y a ti, a quien encomiendo mi coraçon.
Just.—Anda ya, señor, que estas no son cosas para tractar en este lugar. Baste, que en el jardin, y a la hora que te aplaze, hablaremos lo que queda. Y mira que viene tu amo acá; yo quiero dexarle entrar, e yrme sin que me vea para mi señora.
Pol.—Pues con esperança de la yda me voy a la puerta de la iglesia, do él mandó esperar le.
Bel.—Anda ya, Justina, maldita seas, y cómo me dexaste sola?
Just.—Mi señora, fue tanto el temor que cobré al toro, que con pensar tambien huyeras conmigo me acogi; pero y el toro?
Bel.—Anda, vamonos a la ribera con las mugeres y dame la mano, porque tractemos de yrnos para casa.
Just.—Pues si mandas, daca, y vamos; pero ay, que está alli el toro.
Bel.—No le ayas temor, que aquel cauallero le mató, y aun muy desembueltamente.
Just.—Pues vamonos por par de él y veremos le.
Flor.—Dy, Polytes, vino gente alguna mientras alli estuue?
Pol.—Señor, no.
Flor.—Y qué hora será?
Pol.—Señor, seria poco más de la vna quando llegamos, y los monges han dicho sus visperas ya, y aun ha dado las quatro el relox.
Flor.—Pues no me paresce que ha media hora que llegamos. Di a esse moço que me trayga el cauallo.
Pol.—Señor, ya viene con él, que siempre ha estado alli cerca Fulminato.
Ful.—Boto a la sancta Litanía que se acogieron las damas; y helo sale muy deuoto Floriano; alla voy con el cheuao (sic).
Pol.—Por Dios, que barrieron presto las señoras, y Floriano no sé qué ha negociado, que va mustio, y aun él que tuuo harto tiempo, si fue para ello. Aunque quiça que hizo algo, no le quiero condenar para poco, pues yo fuy para harto menos, aunque a la verdad la reuerencia del sancto lugar me ató las manos donde andaua bien suelta la voluntad.
Ful.—Cómo va hecho mudo nuestramo; di, hermano Polytes?
Pol.—Y con quién ha de yr hablando, pues con nosotros la disparidad de las personas lo estorua?
Ful.—O, pesar de la Berberia! y cómo, no soy yo hombre que por mi persona puedo hablar con el rey? Cata que la sangre todos la tenemos bermeja; pues la casta? de Adam baxamos todos, que no está en más la disparidad que llamas sino en el tener. Sí que el yr a cauallo, y lleuar ropa de seda, y cadena de oro, no nascio con el hombre; y como lo tiene aquél, lo podia tener yo. Pues si por hazañas se gana la casta y valor, ya puede Fulminato tener más blasones que cabran en vn paramento. Pero al fin, como no me conosce ni estima el rey y el mundo, ansi me yre a pie.
Fel.—A, hermanos, qué ha passado por allá? que yo dormido he vn rato atendiendo, y aun por poco que fuera, como los más lo hizieron desque hartos de aguardar.
Ful.—A la fe, si tú y ellos estuuierades en vela como Fulminato, guardando el cuerpo a Floriano, no os enhadara la ociosidad con el cuydado de las armas y el peligro de la vida; pero al fin todo es dicha este mundo.
Fel.—Alguna razon tienes; pero por tanto eres de a par del asa. Aunque si mal vuiera de hauer, nosotros estauamos los primeros en el passo por donde auia de venir.
Ful.—Essa disputa más tiempo pedia para dezir se; pero ya estamos en casa, y entendamos en apear a nuestramo.
Flor.—Oyes lo, Fulminato? de aqui a vn rato sube a mi camara.
Fel.—Cata, Fulminato, como yo acerté en que eras de a par de el asa; pues alto, cada vno entienda en lo que deue.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XIX
Lydorio pregunta a Fulminato lo que passó en Prado. Floriano haze gran lamentacion de su pena y quiere embiar a Fulminato a su señora, el qual escusandose le manda llamar a Marcelia.
Lydorio, Fulminato, Floriano.
[Lyd.]—Dime, Fulminato, qué nueuas tenemos? cómo ha venido tan mustio Floriano? qué successo vuo la yda?
Ful.—No sé por Dios; porque quando solo me vi, y alla vi la dama...
Lyd.—Qué dama?
Ful.—La que nos trae dansantes sin son: y digo que quando conosci la cosa como yua, se me alegró el ojo, y juro por las bendiciones de la letania que ya me bullia la espada en la vayna, y al cabo mi gozo en el pozo, porque no vuo persona de resistencia.
Lyd.—Y Floriano habló ya con la dama?
Ful.—Y cómo ansi; que bien dizen que a los bouos se aparesce la virgen Maria.
Lyd.—Calla en mal punto; no desmandes la lengua contra quien te mantiene.
Ful.—Digo lo porque da Dios hauas a quien no tiene quixadas. Porque si en mi poder la viera, en la meytad del tiempo que él gastó con ella en circunloquios, la tuuiera yo encinta; porque al fin yo juro por ella que le querra más buen obrador que buen parlador: porque dizen que gato miador nunca buen murador.
Lyd.—Mira que todas las cosas quieren sazon y tiempo.
Ful.—Y aun ansi es, que quien tiempo tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente. Y mejor es buscar suelda para lo hecho que tiempo para lo por hazer, porque el ser mejor es en las cosas, que no la potencia.
Lyd.—Dizes bien en las bien guiadas.
Ful.—A la fe, todo hombre obra por el fin. Y el fin de Floriano es venir a lo que yo començara por la obra, porque excusados son rodeos donde ay llano atajo.
Lyd.—Nunca verás atajo sin trabajo.
Ful.—Ni aun rodeo sin desseo; al fin, de dos males, mejor es el yerro en el hazer que no el yerro por esperar. En especial que, segun la troba, los yerros por amores son dignos de perdonar.
Lyd.—Dexando pues esto, yo seguro que deue de hauer algun aliuio, pues sobre hauer precedido esso, te manda llamar de prisa. Ve, pues, a ver qué te quiere.
Ful.—Voyme a armar; que él no me querra sino que le vaya por la dama allá sobre noche.
Lyd.—Lo que fuere allá lo sabras; entra dentro.
Ful.—Pues porque aya tiempo para me apercebir, voy.
Flor.—O captiuo amante, cómo ahora del todo has conoscido tu poco valor, pues tan despedido vienes de tu señora, y tan sin confiar remedio en lo que esperauas! O mi señora, o mi bien, o, qué gracia mostrauas en la compostura de tu honesto semblante! o, qué señorio en la persona, o, qué grauedad y majestad en el retraerme, o, qué compendio en las palabras y qué elegante facundia en las razones! Ay de mí, que el tú despedirme me lleva más para ti, y el combidarme a la guarda de tu honestidad, con tus dulces y amigables palabras, me pone mayor desseo de te ser en esto enemigo. Porque o tú me tienes de acabar la tan penada vida, o has de perdonar mis tan importunas querellas; porque mientras más virtudes y gracias veo en ti, más de la razon soy lleuado, y más la voluntad me combida quererte, y adorarte, y seguirte como a objeto final de mis presentes desseos. Bien puedo morir en el campo del amor, pero no dexaré, mi señora, de publicar me por dichoso tu captiuo, y a ti declarar por injuriada en ser mi señora, y ansi, vida mia, huelgo que me acabes de matar, porque gane mi victoria el triunpho de mi pelea, y la gloria en acabar la vida en seruicio de quien me le da. Y ansi yo muriendo haré fin a mi penar, y tú, mi señora, quedarás libre de mi captiuerio, que en tu prision dulce passo, pues ya no tendre en qué te ser molesto. Pero qué digo? qué hablo? de qué me querello? de quien tanto fauor me ha mostrado en querer me hablar? Perdona me, vida mia, que gozoso de tu vista se me ha desmandado la lengua a dezir lo que no le dieron licencia, ni yo ingrato le vuiera de dexar pronunciar.
Ful.—O, pesar de Mahoma con hombre tan sin acuerdo, que haze de passear, y sin verme a mí presente habla con la otra, por auentura bien sin memoria de el que está ausente. Agora deue hablar con ella lo que ayer lleuaba pensado y no osó en verse delante ella. Quiero despertar le de su oluido, si no aquí me estaré oy. A, señor, mira que ha rato estoy esperando tu mandado.
Flor.—O Fulminato, y ay estauas? mira quál deuo estar yo que aun no te auia visto; pero qué quieres?
Ful.—Otra vez a doze; vengo a ver para qué me llamaste.
Flor.—Ya sé que te llamo para ver qué sientes de mi mal y qué esperas de mi remedio.
Ful.—De lo primero, por sentir tanto, quisiera que me vuieras dexado libre, y ansi supiera responderte a tu remedio.
Flor.—Y qué licencia quieres?
Ful.—Para dexarme hazer a mi modo, que allá donde estaua ayer contigo te tomara la señora y te la pusiera a ancas del cauallo. Y con poco que la ayudaras a tener, ella fuera buena de aplacar; y en guardar te el passo[678] dexarasse a mí, pues estas son mis missas.
Flor.—Y tú no miras que en esso se offendia la libertad de quien a mi me aprisiona?
Ful.—Anda, señor, no te captiues tanto, que ella, como muger, hecha fue para el hombre.
Flor.—En las otras ansi es, pero a mi señora criola Dios solo para sí, y a mí solo para ella; y como Dios sapientissimo inclina cada cosa para su fin, a la piedra en yr a lo baxo, y el fuego a lo alto, y la tierra para ser pisada, y el mar para habitacion del pece, y el mundo para seruicio del hombre, y al hombre para la bienauenturança, y como para mí, por particular priuilegio, como por tal fin en lo desta vida me deputó Dios a mi señora por objecto, ansi la amo, ansi la busco y ansi la quiero, como cada cosa busca su conseruacion.
Ful.—Ni a mí me crió Dios para tantas rhetoricas, ni a ti para menos que Dios; y ansi me di luego lo que quieres que haga, porque tambien me dio Dios por natural el poco hablar y el mucho obrar; y si mandas concluyda la prouança, sea luego la sentencia el mandarme que te vaya por ella.
Flor.—Esse tan libre hablar no es para contra tal poder como el de mi señora; pero dexando de hablar como mi pena y la razon lo pide, y hablando segun tu supuesto requiere, te querria me supiesses cómo queda mi señora conmigo.
Ful.—Bien digo yo que este hombre agora habla lo que lleuaua pensado entonces. Dime, y quién mejor que tú sabra esso, pues que la hablaste ayer?
Flor.—Sí que no luego se conoce vn coraçon humano.
Ful.—Pues si mandas que en su retraymiento lo sepa de ella, dame licencia.
Flor.—Pues antes que sea más tarde la noche, ve y sabe qué tal vino, y todo lo que tú más pudieres.
Ful.—Bien sé yo que ella quedó descontenta, si no quedó dueña, si, con todo, otro no auia ya madrugado antes; porque al fin damas: el que antes llega y más da, la lleua.
Flor.—Qué dizes? no vayas de mala gana.
Ful.—Bien me has conoscido y entendido; antes dixe que me hazes merced en lo mandado, y seria cumplida la merced en darme ya lugar; porque por el sancto cerrojo de Burgos que no escuso oy de darme a conoscer con los de su casa, que me traen ya sobre ojo: e yo pica viento por tener la oportunidad que agora para que del todo me conozcan y aun ayunen.
Flor.—Pues mira que esta cosa no ha de yr por via de fuerça.
Ful.—Pus para esso, el paje Polytes ha de yr allá esta noche sobre concierto de la su donzella. Pero al fin, acudiendo a lo que haze al caso, voy [a] hallarte a Marcelia, que ya sabes para quánto es, y aunque ya ella no saldra de su casa por agora, pero luego por la mañana te la hago venir dando de manos.
Flor.—Pues ansi lo pon por obra, y ve luego, llama me a Polytes.
Ful.—Alla quedarás diablo, y qué pensado tenia que auia de yr yo donde me mandaua. A la fe, auise el pelo, que a mi saluó de honra y persona y ganancia, y aun sin offensa de Dios, seruirele porque me lo paga. Y en lo demas, él con su locura e yo con mi prouecho y vida. Y pues por el presente me libró Dios deste moledor, será bien yr a dar vn ojeo a la cal nueua, porque la presencia del hombre quita a la muger de muchas occasiones de deslealtad. Pues dizen que al molino y a la muger, andar sobre él. Y despues desto, tractaré con Marcelia destas cosas de Floriano, y si ella queriendo entender en ello piensa sacar algun fructo, yo le dare soga de libertad; pero de lo que sacare, a medias, y aun mi parte la primera, que, si yo puedo, con las manos de aquella boua sacaré yo agua con que me yo refresque. Que pues ya la cosa se va vrdiendo, yo haré que por mal recatado no me alcançe algun torbellino. Y en lo de mas, pues me tengo buen arrimo en Marcelia, y aun no tan viejo que no me sustente este año todo, para el otro, si viuos somos y acá estamos, Dios proueera de algun fresco. Y en tanto, pues ella me guarda lealtad (que tan poco le cale menos) pues bien ha de madrugar quien a mí engañe, porque dizen que no hurtes hogaça a quien cueze y amasa, quiero lleuarla a sobre peyne, porque dizen que el que mucho exprime saca la sangre. Y ansi yo tanto la podre acossar, que me pierda el temor al castigo, y la verguença al offender me, y entonces perderse ya rozin y mançanas; porque quien todo lo quiere, todo lo pierde. Quiero ver, pues, si Felisino querra encaminar para allá, porque ni lo quiero aguardar para más noche, ni aun sé bien si Felisino perdio bien el enojo de estotro día, que aun no me mira catholicamente; que paz querria con todos, y más con las tauerneras. Y con todos querria a mi saluo mi ganancia, que tambien Pinel aun anda algo de costana, porque alli los vi estar hablando a solas los dos, y tengo por ruin señal que en verme se traspusieron. Voy los buscar para ver en qué ley viuimos.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XX
Belisea descubre á Justina sus bascas y mal, y entramas platican de dónde proceda el amor en el hombre. Justina descubre a su señora el concierto que entre ella y Polytes auia, de hablarse essa noche. Y conciertan de que le hable Belisea al paje, porque sepa de Floriano.
Belisea, Justina.
[Bel.]—O donzella triste y la más sin ventura de las mugeres! Ay de mí, que no sé en qué han de parar estas mis vascas: que si quiero dar alguna razon de mi mal, no la conozco, ni la alcanço; si propongo dissimularlo, no es possible. Mi recogimiento, mi honestidad, mi limpieza me hazen no saber cómo pueda, ni ose, ni sepa hablar la lengua lo que el afligido coraçon le manda. Pues la razon acompañada de mis antiguas virtudes me da sofrenadas para que lo que la concupiscencia platica y representa a mi memoria, mi limpia voluntad lo despida, y mi castidad lo destierre, y mi honestidad lo huya, pero ay de mí, que con la memoria de aquel cauallero me siento muy acouardada y perezosa y soñolienta a la virtud. Ya mis desseos dan lugar a mi entendimiento para que se esté ceuando en su contemplacion, mis ojos lloran por verle, y todos mis sentidos exteriores pierden su officio para no estoruar a las potencias interiores que se harten, y ceuen, y sustenten en aquella meditacion que la voluntad toma por final descanso. Y esta meditacion y esta gloria no me prouiene sino de parte de aquel cauallero: que mi voluntad ansi le ama, que manda a mi memoria no partir de sí, aunque mi honestidad algo resista; pero no como de primero, porque ya se halla muy debilitada de sus primeras fuerças. Pero grande es mi mal, pues ansi me siento affectionar a lo contrario a mi honestidad y honra, y pues ya la razon en mí predomina, quiero obedes er y seguir tras la sensualidad, y ansi sanaré lo acessorio, que es el cuerpo, con la muerte de lo essencial, que es el alma. Determino me de no lleuar tanto mal a solas; pero descubrirme a Justina, para que como cuerda me encubra, y como fiel y libre de tal rauia me busque algun remedio, o a lo menos aliuiarme en algo, pues el mal conmunicado con el amigo se disminuye, y el bien y alegria cresce.
Just.—Grande es el mal de Belisea, pues ya discae la guarda de su honestidad; y pues ella (como he oydo) quiere comunicar me sus cosas, quiero le salir al camino, porque, yo preguntando a ella, tenga occasion de me lo dezir con menos empacho. A, señora, qué hazes a solas? por tu vida que te pongas a esta rexa deste jardin, y oyras el armonia de las aues con el frescorcito de la noche. Y mira que andas muy descaida y te haze daño toda soledad y tristeza, porque dizen que el espiritu triste seca los huesos, y el ánimo jocundo haze la edad florida.
Bel.—Ni yo puedo tener atencion a la armonia de las auezillas, por tener yo como absortos y muy occupados los sentidos en la contemplacion del suaue sonido que hazen mis pensamientos en la cosa que más me deleyta. Y tambien no pienso que ay mal que mal me haga, pues tengo vn mal que con le tener por gran bien, me tracta de muerte.
Just.—Veo te tan agena de ti, que no sé qué te diga, mi señora.
Bel.—Ay, Justina, qué gran llaue de mi mal tocaste, que es no estar yo en mí. Y pues te tengo por secretaria de mis congoxas, las quales dan exterior muestra y muy clara de no ser yo la que gouierno en mí mesma, excusado será callar lo que querria saber dezir te.
Just.—Esso, pues, si mandas me aclara cómo sea ansi que no te gouiernes tú a ti mesma, aunque bien sé que Dios es general causa y concurso de todo acto de vida; y ansi él es el que en nosotros nos gouierna. Pero junto con esto proueyó al hombre (sobre todo otro animal) de vna razon discursiua, que al hombre gouierne como un ayo, guiandole a la conseruacion del natural ser y vida, y junto con esto para encaminalle en el camino de la inmortalidad de gloria. Y a este amor y para este gozo inclina Dios al hombre como para el fin porque fue criado. Y ansi la concupiscible voluntad o potencia regulada por la razon inclina y guia y lleua al hombre para Dios por vna manera de fuerça de amor.
Bel.—Pues bien sabes tú que vna de las obras de essa virtud que tú llamaste concupiscible, que al hombre inclina a buscar descanso, es el desseo. Y desseo no es otra cosa saluo vn querer el hombre lo que no tiene.
Just.—Oydo he que esta virtud concupiscible tiene obras en tres maneras, que son: desseo, gozo y amor. Y el desseo, en quanto obra desta virtud, encamina el bien con voluntad de delectacion.
Bel.—Tú me vendras a lo que yo digo; por manera, que el desseo ha de ser de delectacion, y de cosa que la persona que dessea no tenga. Y porque yo querria lo vno, y lo otro me falta, de aqui es que por buscar el tal bien con delectacion o gozo, amo el oluidarme de mi, por acordarme de...
Just.—Dilo, dilo, mi señora, que yo tambien soy muger.
Bel.—Ay, Justina, que ya bien veo que ha de poder más en mí la necessidad que la honestidad. Y pues son escusados contigo rodeos, sino que sepas que ha querido mi ventura que desseo ya oyr nombrar el nombre del que tú me trayendo algunas vezes a la memoria, fuiste retrayda de mí, como perseguidora de mi libertad, la qual yo he perdido.
Just.—Cúyo nombre, mi señora? el de aquel buen cauallero Floriano? Ay, Jesus, y cómo desmayas ansi?
Bel.—Porque enflaquescen ya las virtuosas fuerzas de mis castos y limpios desseos y firmes propositos, y leuantan su estandarte en mi homenaje muy victoriosos mis enemigos malos desseos con la memoria de ese cauallero. Al qual por vna violenta fuerça que me haze la virtud concupiscible (de que me hablaste) soy forciblemente, queriendolo yo, lleuada y compellida a le dessear y amar, y no sé cómo, ni de dónde, ni en qué, ni por qué, ni para qué.
Just.—A la fe, esse tal concupiscible apetito no le baptizes ansi, que no se llama desseo, porque el desseo, en quanto es obra desta virtud, si es guiada por la imperante razon, llámase como tú le llamas desseo. El qual ordinariamente se toma por cosa buena y de virtud. Pero quando al tal apetito le faltan estas tales condiciones, no se llama desseo, ni lo es.
Bel.—Pues yo nunca le supe en mí otro nombre.
Just.—Pues mira, señora, que te auiso que quiero que sepas, o ya que lo sabes (hablando más claro), que al tal lo llames de oy más amor, o porque mejor en ti le conozcas, y conosciendole le aciertes el nombre, porque trae en ti desordenacion de la voluntad y va perdiendo el amor de la virtud, tambien tú en ti le quita el tal nombre, y llama le amores. Y perdona me que voy poniendo la habla en singular en ti, que no lo digo sino para declarar mi intento, y no para injuriarte ni darte pena.
Bel.—Anda, que ni me das pena, ni aun siento injuria; porque no sé por qué llamas a un acto solo de amar nombre de muchos, que es amores; que aunque me paresce que aciertas a lo que yo siento, pero no me declaras lo que yo entiendo.
Just.—Puesto que no lo podré mejor que tú dezir como más sabia ni experimentada, pero por hazer lo que me mandas dire lo que supiere, como más libre y desembaraçada de tal dolencia.
Bel.—Y qué dolencia es ésta?
Just.—Diz que el desorden que acarrea la declara ser vna enfermedad spiritual, propiamente mal de la voluntad, y esta ponçoña ciega endereça sus venenosos rayos contra los ojos del alma, que son el entendimiento. Y ansi diz que pintan sin vista el amor, porque vno de sus effectos y daños que haze en el paciente o herido es ceguedad de entendimiento.
Bel.—Mucho me huelgo en te oyr hablar tan delicadamente; pero querría me declarasses más qué cosa es esse amor.
Just.—Señora, si lo dicho no basta, la experencia (según voy viendo) te sacará maestra en lo de más. Porque ni para entender tu mal he menester maestros, ni consiento que más te hagas fuerça a ti mesma en me descubrir tus penas; porque sepas que estoy muy al cabo de lo que es, y tambien presumo lo que ha de ser. Y ansi te prometo buscar aliuio a tu mal y alegria a tu tristeza, y despues tomarás tú el remedio que tu enfermedad pidiere y a ti paresciere mejor.
Bel.—Gran consuelo es esse; pero cómo lo cumpliras?
Just.—Embia, señora, a llamar la que tramó la tela, que essa mesma la texerá.
Bel.—Por tu fe que, pues no soy ya la que solia, y tú dizes que mi mal cegó el entendimiento, que no me hables por figuras lo que quisieres que te entienda.
Just.—Digo que mandes por Marcelia, que podra hazer mucho a tu caso. Ya bien me entenderas, y entiendes que te entiendo.
Bel.—Ay, mezquina yo, que ni me deues dezir lástimas, ni querria me diesses pena sobre pena. Y si quieres dar me la con que más me aliuies, dame la muerte. O si quieres granjear me la vida, trae me á Marcelia, y muy en secreto y muy en breue, porque no espero llegar a la luz de mañana.
Just.—Pues tanto te congoxas por lo que luego no será possible hazer se, te quiero, por aliuio desta noche, descubriendo mis secretos, fiarme de ti, aunque como señora mia me deurias castigar mis defectos. Y sabras como a gran importunidad de aquel paje de Floriano, del qual como su muy allegado él se fia, le mandé me viniesse hablar esta noche por vna destas rexas, y ha de ser de media noche arriba, quando el sueño asegura las partes; entonces le podras hablar sin que te conozca, y saber dél lo que quisieres, pues ya viste que fue con su señor a Prado.
Bel.—Ay, Justina, que si yo (como te he dicho) me gouernara a mí mesma, ni tú en hazer esso sabiendolo yo me fueras sin castigo, ni aun de ti jamas confiara cosa. Pero agora, ya que yo quiera soltar la lengua en el retraerte, sabiendo que hazes mal, la voluntad me manda que te dé licencia para no más del honesto hablar, con que se haga lo que tú has dicho de mí sin quiebra de mi grauedad y dislate de mi honra.
Just.—Anda, señora, que Dios mediante no se tractará cosa que mal lustre tenga, porque ni yo lo haria, ni las rexas darian lugar a que las voluntades se comuniquen, por más de las lenguas en el solo parlar. Y tú yendo dissimulada sola le podras hablar, o si no, yendo conmigo, dexa hacer a mí como allá verás...
Bel.—Pues que yo ya no puedo guiar me a mí sin errar, quiero errar por tu parescer, y hagase como tú ordenares.
Just.—Pues tú dexa hazer a mí y entrate a entender en cenar, porque te recojas más antes, y ansi daras lugar a que las mugeres anticipen la hora del dormir, e yo tenga más desembaraçado lugar para lo que quiero, y tú más segura tu grauedad y honra.
Bel.—Pues que hemos de procurar euitar toda occasion de mal sospecha, quiero hazer lo que me dizes. Di que enciendan velas y entiende en que se me dé de cenar quando te paresciere hora; y mira que dexo en tu prudencia mi gouernacion.
ARGUMENTO DE LA SCENA XXI
Oyendo Fulminato lo que Pinel contaua a Felisino de lo que Marcelia passaua con el despensero, segun se tractó arriba, al fin perdiendo el enojo se van Fulminato y Felisino a casa de Marcelia, donde passan algunos entremeses de risa.
Fulminato, Felisino, Marcelia, Liberia.
[Ful.]—O, descreo de los retajados, con tantas trayciones como ay en el mundo, y que tal ha de passar como a Felisino ha contado Pinel? Vida es ésta? que se me ha de echar aquella bagassa con quantos despenseros ay, y aun que les asse yo la cena? A ella yo le cruzaré la cara, porque viua con su castigo, y al Pinel yo le cortaré las piernas, porque sepa atar la lengua. Pero al fin el diablo me mete en pleytos excusados; que ella no es mi muger, y como es conmigo puta lo será con quien le agradare, en especial que deue ser todo mentira; pues estotro es moçaluillo y arriscado, no quiero pleyto con él, mayormente que ni ellos me vieron quando lo hablauan, ni él sabe que yo sé que él lo ha dicho, para que en no se lo demandar me tenga por couarde. Alli sale Felisino; quiero dar le vn tiento, y como viere, ansi haré. Adónde bueno, hermano?
Fel.—Sigue me y verlo has, como vieres la racion que agora lleua vn moço de despensa a la cal nueua.
Ful.—No te aclares más, que lleuar me has para esso por vn cabello, aunque los tengo cortos, y sigue. Pero agora que vamos fuera, me di si me confessarás vna verdad?
Fel.—Si lo es y deuo dezirla, sí.
Ful.—Qué te dezia Pinel de mi?
Fel.—Con que te aseguro que no se hablaua de tu daño no me pidas más.
Ful.—Con esso me has quitado de le no quitar las narizes o la vida. Pero porque a dicha passando quando él te hablaua oy que me nombró, me di lo que ay, pues la amicicia sabes que la pintauan descubierto el corazon.
Fel.—No me pidas de vidas agenas, que jamas supe ser chismero, en especial que no se tractaua sino de quán bien te diga la ropa del colorado, y que quiça embiaras a Ceruantes alguno por ella. Pero dexando esto, me di como discantaua el amicicia, porque es cosa que a muchos oyo asomar y a ninguno oy el cabo.
Ful.—Aunque en mí más has de pedir obras de amigo que relacion de la figura, pero dire lo que he oydo a otros. Diz que la tenian los Patricios pintada en el senado Romano entre las otras memorables antiguallas en forma de hombre, y en edad de mancebo, con alegre rostro, con presencia robusta, la cara exempta y sin algun sobrecejo ni ruga, la cabeça descubierta, la ropa aspera y corta y no rica, los pechos abiertos, y con la mano diestra enseñando el coraçon descubierto, del que procedia vn letrero matizado de fino oro que dezia: muerte y vida; de la parte de los pies por baxo yua otro del mesmo matiz, que dezia: cerca y lexos, y por alli diz que conoscian qual era buen amigo o no.
Fel.—Pues declara lo significado.
Ful.—Ya te digo que me pidas a mí las obras, y las significaciones pide a Lidorio, que lo oy de su boca todo, y no se me acuerda ya.
Fel.—Pues con todo esso, ya estamos en la calle. Pero cata, cata, quién será el que salio de allá y tomó a passo largo la banda de arriba?
Ful.—Espera me, que cortando le las piernas le haré que te espere y tú le preguntes lo que quisieres.
Fel.—Qué determinado va el diablo! y al cabo si algo ay, yo me aure de quedar solo, aunque él no ha corrido como quien quiere pescar; quiero al fin detener le, pues veo que ama la vida como yo. A, hermano, y ansi me has de hazer correr por no te dexar solo?
Ful.—O, pesar de los Moabitas[679] contigo, y no me riesgues la ropa, que de ver tengo que vellaquerias son éstas.
Fel.—Anda, está quedo; que ni todas las cosas se han de apurar, ni todos los amigos de prouar, ni todos los enemigos de descubrir.
Ful.—Sí, que no acometo yo con esperar acorro de otro que Dios y mi espada.
Fel.—Bien lo veo; pero tampoco soy yo hombre que te auia de dexar solo. Y otra vez asegura te más si quieres prender, porque madre e hija nos han sentido, y si algo han hecho, has las preuenido para buscar suelda y trapos con que encubrir la herida.
Ful.—Y qué escusa le quitará que yo no las marque?
Fel.—Habla sin mote, que si marcares, sea tu ganado.
Ful.—Hi, hi, hi.
Fel.—Ries te? ansi lo haz siempre, y enoja te tarde, si no quieres tener siempre de qué te arrepentir.
Ful.—En cosa de honra no ay paciencia sino escrita.
Fel.—Bien dizes que los primeros mouimientos no son en mano del hombre; pero hemonos de ayrar sin peccar.
Ful.—Por ay me entras? con las ouejas me aprisco.
Fel.—Pues donde no te deuen sustentacion, no entres con enojo, ni entres sin llamar a la puerta de fuera, porque no te obligues a dar pesar, o ver con que le recebir.
Ful.—Pues llamo. Ta, ta, ta.
Mar.—Mira, ve quién llama.
Lib.—Felisino y Fulminato son.
Mar.—Pues el despensero fuese? o encontraronle?
Lib.—No le alcançó Fulminato que corrio tras él, porque le detuuo Felisino.
Mar.—Ve, abre la puerta, que el agudo a los ojos los verá, y le haré que se le antoja, porque no sea tan sentible y se haga a la carga. Porque éstos que lo blasonan todo, ansi los sé yo domar que lleuen el albarda, y aun suffran el aguijon, y no gruñan; y dar les hemos de cenar, pues nos viene de bobilis bobilis y en tanta abundancia que lo hemos de lançar a mal, y aun esto no es seguro, porque no gana la honra nada de la muger pobre y sola quando tales viandas rebosa por las ventanas. Y tú mira que muestres mejor cosplaz a Felisino, pues huelga de te hablar, pues comiença ya a bullir la ganancia.
Lib.—Voy, madre, aunque de mala gana, que más quisiera que tractaramos de acostarnos; pero asuadas que no lo haya con sorda ni perezosa mi madre, que pues ella con Fulminato y con vn hato, que yo ansi con Felisino, porque bien aya (dizen) quien a los suyos semeja.
Ful.—O, descreo de Jason y aun de Medea con tal tardança; aun aun si ay algun vasiadero de puerta falsa? pero ya baxan. Quiero ablandar con Marcelia, porque de las ganancias me acuda con tercio y quinto.
Fel.—O, alabado Dios, que no nos amanescera ya en la calle; pero con tal encuentro, facilmente se perdera la quexa.
Lib.—Mas no, sino venid muy mendoças, tarde y gruñendo; aun agradesced que se os abre puerta.
Ful.—Y por qué, hermana? esse galan lleue la pena que tiene la culpa.
Lid.—Y aun porque paguen justos por peccadores, a todos hiziera yguales.
Ful.—Yo arriba me acojo, que vosotros a la lucha aureys de venir, y aun bien sé yo quién caerá debaxo, y aun quién quedará vencido.
Lib.—Nunca desborona sino malicias.
Fel.—Pues que nos dexó perdona le. Pero dime si me has perdonado el enojo destotro dia?
Lib.—Mas te turan a ti essas mañas que a mí el enojo; pero está quedo, y dexame, que está sola mi madre.
Fel.—Anda, mi señora, que allá va quien la despierte si dormia.
Ful.—Buenas noches, señora Marcelia. Mas pesar de quantas piedras y junturas y aun roturas ay en la casa del Turco, y es cosa de passar que estés en acuerdos, é yo quebrando la puerta? aun aun si mis sospechas han de salir ciertas!
Mar.—Y de qué? que vienes muy reñidor.
Ful.—De que si no pisas llano, para estas que en la cara tengo...
Mar.—Ay, el diablo lleue este rufian; quiero le halagar, no se me atreua. A la fe, sí; bien piensas que no te entiendo, que vienes corrido por el que se te fue por pies? pero quién era?
Ful.—Esso me di tú.
Mar.—Y qué sé yo, mi amor, que por tu vida no sé más de quanto aquella muchacha te conoscio en el correr y habla. Pero ay, que no ha subido Liberia. A, hija, qué hazes alla?
Ful.—Quedaua reñiendo con Felisino.
Mar.—O, maldita sea tal boua, que nunca acaba, por vn aguja que le perdio.
Ful.—Mas no le dé el otro la suya y se rompa la tela!
Mar.—Qué dizes, mis ojos? que me huelgo en ver te sin enojos alegre ya.
Ful.—No te espantes, pues por allá los coge hombre.
Mar.—Pues no los descargues donde no te lo deuen: pero espera, vere cómo no suben.
Ful.—Anda, no seas sospechosa, que pies tienen y todos son seguros.
Mar.—Sí, pero ha de dar cuenta la persona de sí, y dexame. Dónde vas, a la camara? que no ay allá candela.
Ful.—Pues ansí es menester para nuestra cuenta.
Lib.—Ay, Felisino, cómo no me deuiera yo fiar ya de ti.
Fel.—Perdona, pues tu hermosura y mi pena me dan occasion de enojarte.
Lib.—Bien sabes que la muger (mayormente donzella) que haze quiebra en la honra, que amortigua su fama y menoscaba su honestidad, e pues tú te sirues de mi honestidad para tu apetito, has de no lastimar mi honra.
Fel.—Anda, señora, que ni soy tal que todos pierdan conmigo honra, ni a ti te tendre en menos porque liberalmente me hagas semejantes mercedes. En especial que donde fuerça ay, derecho se pierde.
Lib.—Huelgo yo de te seruir, y porque tengo madre y renzillosa, agora no oso subir, lleuando mi delicto delante los ojos.
Fel.—Asuadas que no ayan estado ellos ociosos, y si algo fuere, yo responderé.
Lib.—Mas dexa me subir delante, y tú de aqui a vn poco subiras, ya que veas que yo aure puesto la mesa, porque piense mi madre que entonces llegastes.
Fel.—Pues anda, que en tanto haré yo vn poco que por aca me cumple.
Lib.—Cata, cata, y ascondido se han, y dexaron acá la candela! Buena se anda mi madre, vno ydo y otro en casa; yo pues, como boua, con vno y tarde me congoxo ayna. A la fe creo que de oy más auremos de jugar al descubierto. Quiero, pues, allegar en torno del fuego esta vianda en tanto que concluyen.
Mar.—Ea pues, dexa me salir, que anda Liberia fuera y no nos haya sentido.
Ful.—Donosos scrupulos te matan a cabo de rato; pero vamos donde mandares. A, hermana Liberia, y Felisino?
Lib.—E yo qué cargo tengo dél? pues que si no quiso subir, suya la culpa.
Ful.—Por Dios que aun sospecho que el asno nunca ha osado llegar a ella, como la deue hallar coxquilla como potranca nueua.
Mar.—Qué dizes, Fulminato?
Ful.—Acá lo ha Marta con sus pollos. Digo que está bueno este guisado, y que seria bien ablandar a Floriano, porque se le desgaje con que siempre medremos. En especial que agora vengo de su parte a llamar te, que luego por la mañana le vayas a ver, y asuadas que siempre se nos pegue de tu yda alguna ganancia.
Mar.—Pues confia en essa estaca, y verás adonde paras.
Fel.—Buenas noches, y haga buena pro, que a buen tiempo vengo, si la señora Liberia no está tan braua como endenantes; que de miedo de su enojo he dado dos bueltas a la rua, hasta que desflemasse la cholera.
Mar.—No hagas cuenta de sus renzillas, que de boua aun no sabe mostrar amor a quien le tiene. Sientate, que está el pastel grande y marauilloso, y esta cena a ti se agradesce, aunque Fulminato entra en ella primero. Y tú, hija, anda en vn salto, cierra la puerta, que la dexaria Felisino de par en par, y luego vente a sentar, y cenaremos de nuestro plazer todos juntos, loando a Dios que nos lo dio.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XXII
Polytes va a hablar a Justina, y Pinel que le acompaña. Belisea sin darse a conoscer le habla. Justina y Polytes passan grandes pláticas. Lucendo, padre de Belisea, oye ruydo, y leuanta se a ver a Belisea.
Polytes, Pinel, Justina, Belisea, Lucendo.
[Pol.]—O immenso Dios, y si en más no tengo ver me escabullido de Floriano que hauer hecho vna gran hazaña! y quán en su seso y quán importuno estaua en el querer se yr conmigo! Descreo de tanto parlero como ay en esta casa, que apenas he dicho que auia yo de yr esta noche, e ya lo sabia Floriano. Paresce que ansi como ay hombres que tienen cuenta con la virtud para el obrar, ansi ay otros que tienen cuenta con lo que oyen para medrar. E ansi como el virtuoso meresce lo que gana por sí mesmo, ansi el chismoso, visto que no es para ganar con sí o por sí, acuerda de ganar con contar lo que otros hazen, para esperar lo que el señor le dé. Y al fin, como el señor no le contenta el mal que haze su criado, tampoco toma buen crédito del traydor que le vende los criados. Y ansi con negar lo que a Floriano auian dicho de verdad, él me creyendo, a ellos quedé por mentirosos y a mí por libre. Y es castigo justo que a los mentirosos que les cuentan mil mentiras, quando despues les contaren verdad, no tengan más crédito que la Cassandra con sus naturales Troyanos. E yo aunque mentiendo condené delante de Floriano la verdad de los otros, suya la culpa, porque ni todas las verdades se han de dezir en todo tiempo, ni a los amos y señores ha de dar hombre cuenta de todas sus cosas. Porque él sabiendo vuestros secretos de vuestra boca, sabe que ansi sabran los otros los suyos tambien de la vuestra, y ganays que ni se fie de vos y que os trayga muy sobre ojo. Pero buelto a mi negocio, él me mandó agora que fuesse y lleuasse algunos criados de casa en mi guarda, de manera que yo yendo en su nombre, hago mi facto. Y lleuo compañia la que me paresciere, sin me obligar con ellos a otro tanto, pues al fin cumpliendo el mandado de quien los mantiene, hazen lo que yo les pido y a mí cumple. Y pues yo ya tengo las armas que me cumplen y el caso pide, aunque vale más yr solo que mal acompañado, pero quiero lleuar algun moço, porque al fin el solo da occasion a que más se le atreuan. Bien está, he alli a Pinel, que es determinado a todo. A, hermano, es despues de cena?
Pin.—A tu mandado y a mi prouecho. Por esso mira si ay en qué conozcas lo que haré por ti.
Pol.—Yo te agradezco tu liberal offerta. Y sepas que me envia Floriano a vn mandado, y mandó me que no vaya solo.
Pin.—Pues no quiero que busques otro, y espera, en vn salto subo a la camara por algo que lleue con la espada.
Pol.—Y cómo, ya vienes? bien paresce que tengas obra con la palabra.
Pin.—Alomenos tendre voluntad buena; y sin más aguardar, guia.
Pol.—Mucho me obligas, hermano.
Pin.—Esto que es acompañarte deuolo al mandado de quien a ti te manda yr. En lo demas, hasta que veas en la necessidad (si la vuiere) mis obras, no me las antepagues con gracias. Porque menos se amaña hombre a hazer por lo ya pago que por lo que espera ser pago; y ansi dizen que dineros pagados, braços quebrados.