COMEDIA INTITVLADA DOLERIA D'EL SUEÑO D'EL MUNDO
Reading edition
CUYO ARGUMENTO VA TRATADO POR VIA DE PHILOSOPHIA MORAL
AORA NUEUAMENTE COMPUESTA POR
PEDRO HURTADO DE LA VERA
(Escudo del duque de Medinaceli, á quien va dedicada la obra, encerrado en un óvalo.)
En Anvers. En casa de la Biuda y los herederos de Iuan Stelsio. Año de M.D.LXXII.
Con gracia y priuilegio.
PRIUILEGIO
Concedio el Rey nuestro señor, a la Biuda de Iuan Stelsio, que ella sola, ó quien su poder tuuiere, pueda imprimir y vender la Comedia intitulada Doleria d'el sueño d'el Mundo, aora nueuamente compuesta en lengua Castellana, por Pedro Hurtado de la Vera. Y prohibio que ningun otro la imprimiesse o hiziesse imprimir, dentro de seys años primeros siguientes, sob las penas contenidas en el priuilegio, otorgado en Brusellas en 20 Septiembre. 1572. Firmado, De Perre.
al muy illustrissimo señor don iuan de la cerda, duque de medina celi, conde d'el gran puerto de sancta maria, señor de la villa de cogolludo y su marquesado, gouernador y capitan general por su magestad en las tierras baxas. My Señor.
Si es verdad (como lo es) Principe Ill.mo pesarse[701] los presentes más con la voluntad d'el que presenta que con su valor, ó con la grandeza de a quien son presentados, ni Orsines, Satrapa de Dario, a Alexandre, ni el Rustico a Artoxerces (saltando de vn extremo en otro extremo) presentaron nada, en respecto de lo que yo aora a V. Excellentia hago. Si no bastare por testigo d'ello su consciencia propria, cuyo natural (por oculta virtud d'el alma) es adeuinar el amor ó odio ageno, doy á V.
Excellencia los de Salomon, el qual mandandonos no murmuremos de los principes, ni en lo secreto, porque las aues d'el cielo (sean aues o spiritus) se lo lleuan, queda entendido tambien lo hagan a nuestras affectiones y desseos. Siendo pues assi, yo, en virtud d'estos, me atreui armar esta Comedia contra toda saeta enaruolada, de su fauor y nombre, sperando lo que no quiero suplicar (por ser deuda ya de su sangre clarissima). V. Excellencia la defienda, y tome, no por liuiana ó sensual como paresce, sino por los Sylenos que dizen de Alcibiades (eran estos Sylenos ciertas caxuelas pintadas por de fuera, con figuras de Satyros y otros animales desprezibles y ridiculos, mas lo de dentro no tenia precio) o a lo menos si allá no llega, por la sal que haze comer y no se come sola. Poca necessidad auria d'esto si los estomagos y gustos fuessen en todos, como el de V. Excellencia, sanos y perfectos, no dañados. El argumento es soñar el mundo lo que suele, que son engaños y mentyras, y la verdad por accidente, y que la muerte le despierte y la iusticia alumbre todo. Leyendo V. Excellencia con este presupuesto, quedo yo libre de culpa, culpado quien me la diere; por impedir ó pretendello, otros impetos mayores y meyores en lo futuro: que es su proprio officio de la embidia: de la qual por su bondad inmensa, nuestro señor por muchos años y contentos á V. Ex.cia guarde.
AL LECTOR
Amonestate el autor (Lector Benigno) si no quieres offender los dos, leas esta Comedia como cosa moral y traslado de la vida humana. Amor es el argumento d'ella, por ser en el mundo Amor la causa de todo mal y bien. Duerme el Mundo y sueña ser Heraclio amor de virtud y fama, con el contrapeso de vanagloria, que es Honorio su criado. Logistico, la razon que manda sobre ella, la qual cae alguna vez para leuantarse con más fuerça como Antheo y reconoscer la fuerça soberana. Astasia es la sensualidad y hiprocrisia en habitos de virtud. El deleyte, Idona, hermosa de cara, de obras fea. Melania, la malicia, cuyo fruto es el trabajo, que la color d'el negro significa, y á la postre queda subjecta á Morio, que es la ignorancia, y con él casada. Asosio, la carne vagabunda, pero al spirito reduzida, con el castigo y experiencia. Las Egycianas son las tentaciones que procuran de ajuntar los buenos á los malos. Andronio, la ciuil costumbre que declina de la malicia á Aplotis, la simplicidad. Apio, Metio, Amercia, Mania, son los vicios. Doleria, la casamentera d'ellos, engaño y castigo juntamente. El bosque de las sombras, la vanidad de la cosas d'esta vida. Aglaia, Thalia, Caliope, Melpomene, las sciencias y virtudes que voluntariamente se presentan á sus amadores. Los saluajes, penitencia y contino remordimiento de la consciencia. Nemesis, la justicia que yguala[702] todo y manifiesta lo que hizo dissimuladamente y disfraçada con Asosio; tomando despues por instrumento de castigar los malos á los malos, de remunerar los buenos á los buenos. Es Charon la muerte que despierta al Mundo y da principio de vida á vnos, de muerte á otros. Si el argumento ó estilo no te contenta, hagalo el desseo que es de contentar los auisados; si no, casate con la hermana de Melania, muger de Morio, y sereys cuñados.
HERACLIO
Preguntanme quién soy; no oso publicallo; Del poco que meresco, nasce este temor; Podria ser tambien, de ser nueuo pintor. Vos respondereys, pintura, lo que callo; Que yo detras me escondo, a ver si hallo, Demas de la correa, quien haga el reprehensor, O le detenga allí la embidia en lo peor, Para del fauor y bien gratificallo. Pero, sacra Musa, tú que al sacro canto Al alto amor y fuego tanto me inflamaste, Aclara las tinieblas de la enferma vista, O toma las armas, para herir de espanto Los ojos que contemplarte no dexaste Y á los pies que no entraron en tu lista.
NOTAS:
INTERLOCUTORES
Mundo. Morpheo, Dios d'el sueño. Heraclio, Enamorado. Logistico, Amigo. Astasia, Matrona. Melania, Criada morisca. Idona, Donzella hija de Astasia. Morio, Bobo, marido de Astasia. Asosio, Amigo de Heraclio y enamorado de Melania y otras. Honorio, Bobo, criado de Heraclio. Amercia, Labrandera. Mania, Labrandera. Doleria, Magica. Aplotis, Donzella, prima de Idona. Apio, Competidor de Heraclio. Metio, Seruidor de Idona. Page de Astasia. Andronio, Enamorado de Melania. Aglaia, Gracia d'el cielo. Thalia, Gracia d'el cielo. Caliope, Musa d'el verso heroico. Melpomene, Musa de los Tragicos. Nemesis, o Iusticia diuina. Charon, o Muerte.
SCENA 1. DEL PRIMER ACTO
El Mundo muy entonado y vestido de diuersas colores. Morpheo Dios d'el sueño le sale de traues y le hace dormir despues de algunas altercaciones.
Mundo, Morpheo.
[Mun.].—Yo soy el Mundo.
Mor.—Qué necio, y yo el Sueño.
Mun.—La presencia, el hábito y la grauedad lo dizen.
Mor.—Grauedad? o hydeputa, falsa y contrahecha!
Mun.—En mí estan los Imperios, Reynos, y la diuersidad de los Estados, altos, medianos, baxos; las riquezas, las grandezas y las miserias; el saber y la hermosura; las fuerças y la gracia.
Mor.—Qué de viento trae, por qué no dize el perdido la mentira, la locura, la malicia y el pecado?
Mun.—Quién como yo?
Mor.—Quién como él a mengua de hombres buenos? Spera que yo te haré callar, o hablar menos y pensar más. Ao, ao, hombre honrado, ao.
Mun.—Qué loco será este desatinado, que assi me llama descortesmente? mirá el villano, qué quieres o qué dizes, alimaña?
Mor.—Que mentí, y conciertan tus disparates con las colores d'el vestido; eres quiça, hermano, charlatan o sacamuelas?
Mun.—Gran cosa es esta, que no está jamas vn sabio sin un necio; es tentacion o penitencia? qué pesada carga!
Mor.—La de tu cabeça con tanto viento.
Mun.—Sabes con quién hablas?
Mor.—Muy bien.
Mun.—Dilo, pues.
Mor.—Con vn loco perenal.
Mun.—O monstro de naturaleza, tientasme?
Mor.—Pues quién eres? Veamos lo que dize.
Mun.—Yo? soy el Mundo.
Mor.—El Mundo, ha, ha, ha, aora te digo que acertaste, tú el mundo? quál?
Mun.—Quál ha de ser el Mundo?
Mor.—Otros desuariados como tú dizen que ay muchos.
Mun.—Nunca yo tal consenti, si ellos me quisieran entender.
Mor.—Todavia te dura la calor, y apesar d'el seso y de razon quieres ser el mundo.
Mun.—Quién seria yo luego si no fuesse él?
Mor.—No te lo dixe ya?
Mun.—Qué enojoso y pesado eres; si no me fuera por ensuziar las manos, te castigara.
Mor.—Prueuelo su merced, señor Papagayo; veremos quién gana la hogaça.
Mun.—Quitateme de delante, no me hagas salir de curso.
Mor.—Ah, ah, ah! esso seria de mundo boluerte rio, y a la postre verás que ganarias; mas sin passion, me di aora qué menester es el tuyo, o de qué tierra eres, porque assi los habitos como el lenguaje te me hazen estrañissimo.
Mun.—Buelues a tus treze? de qué tierra será el mundo, o qué menester el suyo?
Mor.—Porfias tanto, que estoy medio embarbascado; qué señas me daras, o qué testigos d'ello?
Mun.—No embargante que tu calidad y la mia sean diferentes y no admitan tantos golpes y argumentos, te alumbraré la vista interior; pero recelo no sea capaz de tanta luz.
Mor.—Dexo uaziar aora a este cantaro; seruira despues de alhaja a mi hermano el Riso: e ya, pues, sé liberal y no te quede nada por dezir, que yo te oyre.
Mun.—Harta merced es essa de tan gran Rey.
Mor.—No te burles ni me juzgues hasta el cabo, porque dentro d'el vaso está la virtud d'el balsamo, no de fuera.
Mun.—No hablaste mal; por esso quiero començar y contarte de mi linaje, padres y hijos. No oyste d'el gran Promotheo, que se enamoró de Iuno?
Mor.—Sí.
Mun.—Mi hijo fué de los antiguos Titanes, que con su fuerça presumian subir al cielo.
Mor.—Tambien dessos?
Mun.—Mis hijos fueron Deucalion y Pirrha, segundos padres despues de la general inundacion.
Mor.—D'essos assi.
Mun.—De mí descienden Nembrot, Nino, Belo, Syro, Dario, Xerxes, Alexandre, Iulio, Augustos Monarchas d'el mundo; Hercules, Antheo, Teseo, Hector, Achiles, Aiax, Milon.
Mor.—Tambien essos?
Mun.—Scipion, Hanibal, Pompeo, Bruto, Metelos, Fabios, Camilos, Lucios, Torcatos, de my proceden.
Mor.—Alargaste mucho; tanto me diras que no te crea.
Mun.—Pues creeme; los Chaldeos, los Phenices, los Hebreos, los Asirios, Medos, Persas, los Griegos, los Romanos, mis hijos fueron.
Mor.—Qué llena de humo está uuestra cosina, y es posible?
Mun.—Semiramis, Cleopatra, Hecuba, Helena, Stratonice, Medea, Lucretia, Porcia, Sapho, y las Sibillas todas, mis hijas fueron; las altas, las baxas, las hermosas, las feas, los fuertes, los flacos, los sabios, los simples, los pobres, los ricos, los venturosos, los miseros, los locos, los cuerdos, todos son mis hijos.
Mor.—Donoso padre.
Mun.—Las Monarchias, los Imperios, los Reynos, los Principados, yo los doy, yo los quito; la guerra, la paz, los impetus, las iras, el trabajo, el sosiego, por mí se haze, por mí se mueue todo; el oro, la plata, los metales todos, las piedras preciosas, las joyas, los vestidos, las pompas, las galas, loçanias, los triunphos, juegos, las ciudades, villas, fortalezas, las artes, armas, la hermosura, las damas, los caualleros, en mí se halla todo.
Mor.—No tiene más drogas vn Boticario.
Mun.—Los combites, los amores, los disfraces, los motes, danças, justas, torneos, yo lo ordeno todo. Quieres más? Finalmente, que yo soy el Mundo, y debaxo d'este nombre se comprehende todo.
Mor.—Mucho es parescer tan moço siendo tan viejo: estoy hecho tonto y arrepentido de no creerte de principio; pero viendote tan desconcertado en los vestidos y en el andar y echando palabras por ay, pense otra cosa. Perdoname por tu fe, hermano el Mundo.
Mun.—Aora me dexarás de sinsabores y oyras de mejor gana, que tu simpleza y poco vso escondian mi ser y authoridad. De manera que yo soy el Mundo.
Mor.—Si que tú lo eres, no ay duda en ello; mas sabes qué todavia estoy pensando?
Mun.—Qué?
Mor.—Que soy tu amo yo y tú mi moço.
Mun.—No lo dezia yo que era este loco? aora llegó la conjunction.
Mor.—Y aun que te lo haga confessar.
Mun.—Di algo con que reyamos.
Mor.—O lloremos. Di, essos Gigantes, essos Monarchas, Emperadores, Reyes, essas hermosuras, fuerzas, loçanias, essas riquezas, sciencias y artes, dó estan, en qué pararon? respondeme y no te pasmes.
Mun.—Ya es passado todo, es el curso de las cosas, vnas van y otras vienen.
Mor.—Y a la postre no para todo en sueño? no hablamos d'ello, o nos recordamos d'ello como de sueño? despierta, que aun duermes, pan perdido.
Mun.—Y tú quién eres, que assi hablas denodado?
Mor.—Quién te paresco?
Mun.—Loco al comienço; aora hereje.
Mor.—Por qué esso?
Mun.—Por te hazeres Dios, siendo mi amo, que yo no tengo otro.
Mor.—Bien atinas. Pues yo te afirmo que antes de llegar a él ay otro despues de mí.
Mun.—Esse mysterio me declara.
Mor.—Primero me diras si te paresce sueño lo que dixe.
Mun.—Lo passado sueño paresce.
Mor.—Y lo presente, sueño presente d'el adormido mundo.
Mun.[703].—Sea assi, y acaba ya.
Mor.—Yo soy Morpheo, el Sueño.
Mun.—Tú? o traydor, y el otro que es tu amo?
Mor.—El Tiempo, el qual haze d'el Sueño lo que él hizo d'el Mundo; el señor d'el Tiempo es Dios omnipotente, que como sea sempiterno no hay tiempo en él, antes es principio y fin de todo; entiendes, bobo?
Mun.—Vete de ay, que no te creo nada.
Mor.—Aora lo verás, que yo te haré dormir mal que te pese y soñar algo con que des plazer al tiempo.
Mun.—Ay, ay.
Mor.—Seré en mis braços, y la Comedia o Tragedia o lo que se es, terna por sobrenombre Sueño d'el Mundo.
COMIENÇA EL SUEÑO
Heraclio enamorado comunica con Logistico sus amores, y él le persuade no fiarse de mujeres.
Heraclio, Logistico.
[Her.].—Qué dizes a esta consideracion del sabio, Logistico hermano? todo tiene su tiempo y corre por sus spacios limitados, sin que baste saber, arte o fuerça humana que lo estorue.
Log.—Antigua es ya essa philosophia, pero holgaria de entenderte, que la preñez de tus palabras nunca para en menos que en Pithias o en Apollo.
Her.—No sea en ratones, segun el refran.
Log.—De todo ay, porque no se alabe.
Her.—No ayas miedo, que ya me declaró tu amigo Socrates las letras de Delphos.
Log.—Bien has trotado si no lo oluidas.
Her.—Soberuia seria presumillo, porque lo sensual haze su officio.
Log.—Dessa manera más puede que nos.
Her.—A tuerto o a derecho, ley de natura es.
Log.—Esso a la diuina contraria, y assi escusarnos ya d'el pecado, porque nadie puede seruir a dos.
Her.—En alguna parte, que de otra suerte poca sperança auria.
Log.—Sí, quanto al primer impeto, que es de ladron o salteador, que de lo pensado no ay Logica que nos defienda. Mas quedandose esto para más de spacio, digame su merced lo que pretende, para que yo mejor entienda al sabio y la differencia de sus tiempos.
Her.—Fue acaso lo que dixe; y quando ouiera otro mysterio, yo nunca doy a los amigos pesadumbre, todas las guardo para mí.
Log.—Mal guardas luego las circunstancias de amistad, que comprehenden qualquiera honesto extremo, antes les contrarías en dos cosas.
Her.—Qué tales?
Log.—La primera escondiendo el secreto de tu pecho, y la segunda dexando entrar en él hábito tan vil, como es no recebir por no deuer, que es enfermedad de spiritos baxos.
Her.—Muy lexos me interpretas de lo que soy, y bien puedes ya poner en cuenta de amistad esta paciencia.
Log.—Tambien yo podria retorcer esse cordon, mas la seda no lo sufre.
Her.—Mejor es que se palpe y vea de una parte á otra.
Log.—D'acuerdo estamos; falta aora lo principal, que es darme cuenta de tu necessidad distinctamente.
Her.—Soy contento; conosces a Astasia?
Log.—Aquella por quien priuauas de luz al Sol y a Orpheo de su musica?
Her.—La mesma, y aun te affirmo no auer dicho nada por que meresca culpa, mas la ternia no lo confessando y quien d'ello me culpasse.
Log.—No deue ser sin causa, pues tanto en ello perseueras.
Her.—La verdad, es más musica que el mesmo Orpheo, y enternece todo, quanto más los hombres, con cuya lira piensa que lo alcançó.
Log.—Qué peligroso es arguir con los Sophistas de amor!
Her.—Consiento si no es con ánimo de injuriarme.
Log.—Injuriar? Dios nos libre, antes te tengo embidia, y ay deue estar el punto de tus Philosophias.
Her.—Assi hallasses la cura como la llaga.
Log.—De suerte que amas?
Her.—Y amaré.
Log.—A Astasia?
Her.—A Astasia y la tierra que pisa.
Log.—Qué gran heresia! siempre hablaste en ella con essa afficion, cuya fuerça haze d'el dia noche, y te podria transformar en otro animal.
Her.—Mas en ella, que es natural d'esta passion; pero no pienses que guiado d'ello o de accidente supito me rendi, sino con la experiencia de sus gracias, que derrocara aquel Timon Atheniense.
Log.—Puede ser que el juyzio te engañasse o tu propia virtud.
Her.—De qué manera?
Log.—Yo te lo dire; facilmente se persuade el noble coraçon con un dulce mirar, vna palabra dulce, o vna risa, aunque sea fingido: que paresciendo nascer de cordial affecto, con las mesmas condiciones se rescibe que paresce darse, y obliga a la constancia aun despues d'el desengaño.
Her.—Más valdria ay la fortaleza para boluer atras y no ser pasto de villanos, que este es el nombre de la ingratitud.
Log.—Assi es, mas vn gentil spirito más ayna dissimulará la pena que ser hablilla de la gente, que atribuye generalmente estas desgracias a falta de juizio, y tambien estimase más la victoria auida con trabajo que sin él; porque vencer al enemigo con fuerça, vigilancia y maña es triunphar d'el tiempo y d'el y de fortuna, quedando con más gloria, y si no acontesce como se speraua o se pensó, no ay culpa, auiendose hecho ya el deuer. De modo que en los principios estan los yerros escondidos, y en el creerse o fiarse de ligero. Y tú quieres en quatro dias pintallo todo en tu fauor.
Her.—Si con mis ojos lo viesses, de otra suerte lo sentirias: esta es la Diotima de Socrates y la mesma ánima de Minerua.
Log.—Ya esso es más que sacrilegio, robar ánimas agenas.
Her.—Digolo por no auer en ella lugar vazio de aquellos quatro metales de que se compone la beatitud.
Log.—Para conoscellos, particularmente deuen tocarse, lo que no puede ser en menos tiempo que Alcibiades á Socrates: y enemigos ay que nos engañan disfraçados con sus habitos.
Her.—No pienso puedan hurtarselos para esse effecto.
Log.—Contrahacen las colores tan al natural, que facilmente se engañan nuestros ojos en lo que mucho no vsaron, que si tú no viste lo colorado, o verde más de vna vez, algunos dias despues tomarás por ellos lo encarnado o verde escuro; assi el vicio aparesce muchas vezes sob specie o semejança de virtud, lo que con esta señora te podria acontescer.
Her.—No oyste que en la frente y en los ojos se lee la letra d'el coraçon y quanto con su diuinidad las ánimas comprehenden?
Log.—Sí, pero las puras de las accidentes de la carne, que haze lo que la leña verde, que es amatar el fuego y henchir de humo toda la casa. Y pensar otro, seria necedad.
Her.—La cortez sola de mis palabras deues tomar, si lo de dentro paresce de mala digestion, o echame en destierro.
Log.—Alçartelo queria y sacarte de prision, que tal es vna porfiada phantasia.
Her.—Assi lo quiere el amor reciproco, mas tornemos al proposito.
Log.—Ay te speraua, que es el effecto de la phrenesia.
Her.—No tengo razon?
Log.—Siendo la causa tan justa, como lo es mi opinion en cosa de mugeres, te lo conffessaré sin golpes ni heridas: mas as de dizirmela tan de spacio como el caso, valor y precio de tu persona lo demandan, y auiendo que replicar, yo lo haré con que ambos quedemos satisfechos, con condicion que abras los ojos.
Her.—Apartemonos hazia estos arboles, cuya sombra con la armonia de los paxarillos meresce mi cancion.
Log.—Mas quedese para despues, por ser tarde ya, y tomarás aliento para el vltimo trago de confession.
Her.—Sea ansi.
NOTAS:
SCENA 2. D'EL PRIMER ACTO
Astasia con su criada Melania saliendose a vna huerta suya, veen a Heraclio y Logistico embeuescidos en sus razones, y sin ser vistas d'ellos, oyen lo que hablan.
Astasia, Melania, Logistico, Heraclio.
[Ast.].—Qué agradable y deleytoso es el verano! mira la fresca sombra d'estos arboles, oye el ruido d'el ayre con sus hojas y la melodia de las aues. No paras mientes, Melania, cómo en respecto d'esto todo lo demas cansa y enfada?
Mel.—Assi es, señora.
Ast.—Qué pintura ay o obra de manos que sirua de más que de engañar la vista? o qué aprouecha al cuerpo o ánima si no es el paño con que nos cobrimos, auiendo proveydo de todo la natura? y aun en ello nos han sido harto liberales los animales con sus pellejos, acomodandonos segun los tiempos y necessidad, si nos contentassemos, o la razon mandasse al apetito como de principio se ordenó.
Mel.—Nadie se cura desso, sino de hazello todo al reuez y burlarse de contemplaciones.
Ast.—Mal pecado, y va tan adelante, que la costumbre está por ley.
Mel.—Oygante tus orejas.
Ast.—Qué dizes?
Mel.—Que no hallan ya orejas las verdades, mas de verdad que está lindo el campo y que tiene tu merced razon, que dentro de casa aora todo es humo.
Ast.—Melania, Melania.
Mel.—Señora.
Ast.—No ves allá a nuestro Philosopho Heraclio con su amigo, altercando entrambos y muy embeuescidos en su platica? no hariamos d'el ruyn y les assechariamos para ver si son los hombres en absencia como lo juran en presencia?
Mel.—Sí a la fe, mas temo que nos vean.
Ast.—Qué se pierde en ello, que no ganemos más en tener testigos de sus obras, si quieren despues hazer d'el graue y vender por suyo lo ageno? que tal es el que con habitos de Hermitaño da color de verdad a la mentira.
Mel.—Muchas veces acontesce, pero no toca a nos juzgar a nadie.
Ast.—Es verdad.
Mel.—Cómo les cargas luego de la mentira?
Ast.—Y si les hallo con el hurto?
Mel.—Ni el cielo ni la tierra nos da tanta licencia, antes paresce que todos nuestros actos deuen ser senzillos y poco ocasionados á entender malicia, que es la ponçoña de honestidad.
Ast.—Tambien vos quereys philosophar? parte es essa agena dessa simplicidad.
Mel.—Por qué? para persuadir lo bueno no ha menester prouallo?
Ast.—No tan retorcidamente, que es tan fino en lo interior y superficie, que nada se le yguala, y aun aprueuo lo que dixe para saber andar y no caer, que si los pies caminan y los ojos quedan atrás, el cuerpo lo sentira, y oxala no fuese el alma; en casa propria la solicitud y astucia defenden la de la lluuia y tempestad.
Mel.—Seria proceder muy adelante, señora, el replicarte, y siempre ganarias, que el saber y experiencia son armas de ventaja, y con esta conclusion sigamos nuestro proposito.
Ast.—Será mejor.
Log.—Ya aurás tomado aliento para lo que te quedaua por dezir, y bien paresce te sale d'el coraçon.
Her.—Más d'el alma, que es más noble posada, que el huesped todo meresce.
Log.—Otro pensaua yo que tú le auias dado a quien se deue con más razon.
Her.—Tambien esse consiente compañia si es conforme, o le antepone a todo.
Log.—Quién passea tan limitado?
Her.—Nadie, sino a tiempos, y vnos más que otros, siguiendo cierta mediania que con el vso se haze naturaleza.
Log.—Ora yo no quiero mouer questiones, ni menos subir al cielo o descender a los abismos, sino quedarme en la tierra con las otras criaturas, y pues que el tiempo nos da en ella este rincon libre de contrastes, tomemoslo, y la serenidad d'el cielo y suavidad d'el campo nos ayudarán.
Ast.—No oyes el tocar de declas que haze Logistico? tambien canta como Heraclio.
Mel.—Y aun por esso son tan amigos; quiça nascieron con los pies para delante.
Ast.—Veamos qué responde.
Her.—Plazeme que no se pierda la ocasion y nos siruamos d'el buen dia, que no podria ser mejor para my, estando entre ty y Astasia, que el vno por virtud, por amistad el otro, me tratareys como os meresco.
Ast.—Cuytada de my, comigo lo a este traydor; luego pensé que nos auia visto, mira cómo lo dissimula sin reyr ni boluer los ojos.
Mel.—Calla, señora, que no pueden vernos, pero de lexos se començo la platica, y pues la fortuna a este tiempo aqui nos traxo, no lo perdamos.
Log.—Ya te vas poniendo, segun esso, en el tercero cielo y determinas de visitar á Venus.
Her.—Pues no quieres guste d'este manjar y resciba tan dulce engaño como será pensar que está presente?
Log.—Aora doy por firme tu callentura, pues al segundo paroxismo desuariaste.
Mel.—No ves, señora, que era otro el sentido de las palabras? no podran vernos aunque quieran.
Ast.—Assi paresce.
Her.—Grauemente me persigues, mas ni por esso lo dexaré.
Log.—No te faltaua para buen Amadis otro capitulo.
Her.—Vete de ay con esse nombre, que ni mi pena ni la razon d'ella sufren mentiras.
Log.—Sea luego Leandro.
Her.—En mar embrauescida, sin poder llegar al puerto de mi descanso, faltandome la luz de sus hermosos ojos y la fuerça de su imaginacion, que es el piloto.
Ast.—Cuytado.
Mel.—No es ello mucho para burlar, señora, pero tú eres muy cruel.
Ast.—Más lo tengo de ser para vengar a amor y matar en él todos los falsos.
Mel.—Y si él no lo meresce?
Ast.—Todos son vnos.
Log.—Assi que speras morir en la mar de Abido?
Her.—Señor, sí, y que pag[u]e el cuerpo sus offensas.
Log.—Mucho te entonaste en esta vltima lamentacion; estoy en cantar algo que te alegre o entristesca más, que es virtud de la musica particular, y en cierto modo alegra al triste la tristeza.
Her.—Es cierto, y por tu vida, hermano, que lo hagas.
Log.—Plazeme.
De vos y de mí quexoso, de vos porque soys esquiua y de mí que nunca biua si mi mal deziros oso.
Mel.—Esto tambien, señora?
Ast.—Qué te paresce?
Mel.—Que andamos a descobrir thesoros.
Ast.—Oye la buelta.
Log.
Quando estoy de vos absente hallo en mí tal compasion, que pienso que soys presente á deziros mi passion; mas vuestro gesto sañoso y presuncion tal altiua me hazen que nunca biua si mi mal deziros oso[704].
Ast.—Qué lindamente canta Logistico; sea tambien de los nuestros, pues tiene tal abilidad.
Mel.—Sea, señora.
Her.—Si en la fin de mi mal, mi bien no se començaua, el mal porqué se acabaua, ni tu cancion, la cual es harto a mi proposito?
Ast.—No dexará passar nada por la vida.
Mel.—Allí le duele.
Log.—Pues quién te lleuó a palacio en figura de hombre? mejor te quedaras en el campo hecho buey, haziendo sonetos a los arboles y mirando strellas.
Ast.—Qué pieça!
Mel.—Harto fina.
Her.—Hable cortés, señor, o buscaremos qué le arrojar.
Log.—Su merced rodaria sin trabajo.
Her.—Paciencia, pero dexame llegar al cabo, y hazé despues lo que quisieres.
Log.—Sea, pues, en el nombre de las tres griegas enamoradas.
Ast.—Madrugado a este moço.
Mel.—Aosadas.
Her.—As de saber que d'el primer año de mi peregrinacion la conosco.
Log.—Gran ojo tuuiste al nacer y en las manos no menos diligencia, pues tocaste moneda en viniendo al mundo, lo que no hizo Diogenes en su tonel.
Her.—Doyte al diablo, piensas que hablo por metaphoras?
Log.—Ah, ah, ah, de cómo eres todo milagros; pensaua los auias hecho al nascer; de manera que ha mucho que la conosces?
Her.—Mucho.
Log.—Con qué principio, por tu fe?
Her.—Ya cantas más a compas, y si me lo oyes con sabor, estaré en parayso.
Log.—En quál?
Her.—En el de Gnido, si assi quieres, por via de vn amigo que era todo suyo, passando vna vez con él y hablandole a su puerta me quedó este desseo de la seruir toda mi vida.
Log.—Y más si es más possible, por tener compañia al gran Rugiero.
Her.—Sea assi.
Ast.—Buena va la plática.
Mel.—No parará aqui.
Ast.—Silencio, que despues se glosará.
Log.—De suerte?
Her.—De suerte que su humanidad a sido la occasion de llegar a la experiencia que me puso en tal estado, oluidandome de toda otra compañia.
Log.—Sentias la mesma afficion en ella?
Her.—Natural es de amor no hazerse de rogar: bien sabes que se encuentran los spiritos que salen por los ojos y se inficionan de la sangre d'el coraçon.
Log.—Cómo los boluio tan presto a otra parte?
Her.—Ay!
Log.—Doliote el golpe?
Her.—Vn poco, mas no sabria determinarme en la razon, sino que mi absencia causó en ella nueua secta de amor, que bien considerado queda sin culpa.
Log.—Pues cómo absencia tiene fuerça contra essa fuerça?
Her.—Paresce que el tiempo deshaze todo.
Log.—En largo curso de años, pero que siendo breue trueque las leyes de amor y de verdad, procede de no auer vno ny otro.
Her.—Pudiera aun más la causa d'ello siendo el mesmo Apolo o Zoroastro con su magica.
Log.—Beato quien halló tan afficionado competidor, más lo estimara que la famosa trompeta de Achiles, por la qual Alexandre suspiraua.
Her.—En esso verás la fuerça que tiene la verdad.
Log.—Juzgo que por la gran preeminencia desse estremo y de entendello assi cayste en él, aunque tambien sospeché que tu amor era tibio, pues hazias con él tales partidos.
Her.—No respondo a esso, porque más adelante lo haré con los afectos y palabras embueltos en mi sangre: todavia como era huesped y residia en mi lugar, hallé a la tornada vazia gran parte d'ella, y me recogieron con las condiciones de la absencia breue que dixiste, la qual algunas vezes aprouecha y es más agudo clauo que el de la solicitud y perseuerancia.
Log.—De todo ay, mas no seria por muchos dias, porque a las espaldas de todo lo nueuo agrada, vienen otras desgracias ordinarias.
Her.—A la verdad el primer encuentro fue glorioso y de verano sin quedar flor en el campo que no reyesse, mas despues empeçó a llouer y escurescerse todo.
Log.—Y aora truena.
Her.—A lo menos dentro de mí, que soy hecho de contrarios, sin poder contentarme o sossegar la fantasia.
Log.—Cómo fue esso, por tu vida?
Her.—Vna tarde que estauamos en su huerno haziendo más anothomias que Democrito, entrando Morio a pedille las albricias de la venida de Sytirio, fue olido el humo d'ello con tanto gusto, que lleuó tras sí el ánima y lo demás, dexandome los ojos de sí tan llenos, que luego alli dieron el testimonio d'ello, y hartos dias despues culpando a mí y a ella.
Log.—No lo entiendo bien.
Her.—En summa, que la arrebató de alli el gran plazer sin despidirse ni otro cumplimiento, auiendo sido más que breuissima su absencia.
Log.—Conmigo se tomara para entregar a la mesma ora la fuerça al enemigo.
Her.—No admite la prudencia tanta colera: justo era tentar el vado más adelante.
Log.—No oyste dezir que gran paciencia causa gran injuria?
Her.—Su peso y medida tienen las cosas; speré el tiempo, no como hombre que le dolia nada ni entendia tanto d'el mundo, y continuando la conuersacion, cantando de mi parte lo más dulce y a compas que supe, quiso aplicalla la segunda o tercera vez a aquello para otros dias poniendole delante la conformidad de entrambos; rechaçóme el golpe tan de presto (diziendo que las oraciones de aquel santo no le dexauan oyr otras) con un mirar tan tibio y vna color tan diferente de la mia, que se me dobló la callentura y despedido maldiziendo yua al Rey y quantos en la corte auia.
Log.—Pues en qué paró?
Her.—En desterrarme dos años enteros.
Log.—Y essa fue la occasion de tu partida tan repentina? procurara yo otra venganza que le doliera más.
Her.—Ay verás quién soy, que quise esconder su ingratitud con mi destierro; paresce que este estremo a remouido aora el humor de la consciencia y triumpha la verdad de amor y de su plomo, mostrando de mi venida vna alegria singular, de la qual yo doy señal en todo quanto hago por no ser ingrato a la fortuna.
Log.—Como los endemoniados en el agua con la yerua o raiz de Eleazaro[705]; si todavia perseuera tienes razon, pero es tan vario este animal, que aun temo otra peor.
Ast.—Bien me trata.
Mel.—Es perro viejo, aunque no de dias.
Her.—No no, los terminos son otros; el entendimiento y su virtud son raros.
Log.—Desso me dize.
Her.—Qué quieres que te diga? tiene en el pecho a las nueue hermanas, y Diana en la cabeça hechando agua a Acteon para que sea comido de sus perros.
Log.—Mucha gente es essa; no sé si le bastará el pan de casa o será menester hurtalle a otros.
Her.—Para todo ay.
Log.—No dexaste nada a Idona?
Her.—Esse es el Sol que resplandesce por estos valles y embaraça la vista humana.
Log.—Mucho encaresces tus pensamientos; deue ser con el recelo de las culpas; no dare sentencia sin que me informe por otra parte y de otros ojos, pero seria lo mejor conoscer que son los de Alinde los de amor, con que lo poco pareste mucho y grande lo pequeño, y que con dificultad suple el arte adonde falta la natura, boluiendo la cara y los sentidos a otro Sol.
Her.—Ya te entiendo; este es el fuego que me enciende a ello.
Log.—Dios mande no te consuma y busquemos en la ceniza otro Heraclio, y pues es tarde ya, quedese el resto para otra fiesta.
Her.—Sea assi, mas yo dare la buelta por ver si gano alguna tierra.
Log.—Mira no la pierdas.
Her.—Todo es prouar ventura.
NOTAS:
SCENA 3. DEL PRIMER ACTO
Astasia queda hablando con Melania sobre los dos amigos y dissimula su afficion.
Astasia, Melania.
[Ast.].—Ya d'esta vez no nos lleuais ventaja. Que cierto amigo es el coraçon; en viendolos lo sospeché. No veys este mal hombre quán sin asco descubre sus locuras?
Mel.—Señora, en amor no hay orden; paresce que le incita el demasiado fuego, y harto te meresce.
Ast.—No me engañará por más que sepa.
Mel.—A qué llamas engañar, señora?
Ast.—Hazerse muerto para que yo le toque.
Mel.—Essa seria la verdadera muerte si lo oyesse.
Ast.—No se passarán muchos dias que no lo oyga.
Mel.—Eya, señora, que correrias más que vna Leona tras quien te lo lleuase.
Ast.—Para esso es la presa.
Mel.—Natural cosa de quien se muere de amores.
Ast.—Qué dizes?
Mel.—Que no son amores para todos los hombres; el pecador arde y muere por te tener contenta, y tú estás elada para él.
Ast.—A qué proposito? otros pensamientos son los mios.
Mel.—Fueron; mas aora con tan cierta prueua de su fe y experiencia de sus gracias es impossible.
Ast.—Muy de veras os poneis, señora, de su parte; deueis de estar rogada.
Mel.—De my consciencia, que es d'ello testigo.
Ast.—No hay para qué te afficiones tanto á Heraclio.
Mel.—No lo digo yo?
Ast.—Porque es hombre, y son todos vnos.
Mel.—Con mal estaria el mundo si assi fuesse; nunca faltan diez, si no se hallaron en Sodoma, que lo permite Dios para salvar los otros.
Ast.—Pocos milagros tengo visto hasta ahora.
Mel.—No está dicho que de la abundancia d'el coraçon habla la boca, y que por el fruto se conosce el arbol?
Ast.—Qué parte soy para esso yo siendo muger, a quien no se conceden essas pesquisas? hombre fuera, que presto lo alcançara; algunos frutos ay que debaxo de hermosa vista y suaue olor amargan, y otros que sólo el gusto es dulce, lo demas aspero y desabrido.
Mel.—De todo haze el tiempo anothomia descubriendo neruios y huessos.
Ast.—Aunque tarde, por ser muy hondo el coraçon d'el hombre, y este tu amigo paresce sancto.
Mel.—Es por demás la citola en el molino; no se partirá d'él que la maten.
Ast.—No oygo lo que dizes.
Mel.—Digo, señora, que no será otro en que le maten.
Ast.—Auemos hecho vna gran jornada; esté callado hasta su tiempo, y vete para Idona mientras yo me passeo por aqui pensando en otra cosa que me sea más prouechosa.
Mel.—Bien harás, señora, reseruando todavia su derecho al proximo.
Ast.—Está bien; haré lo que sea justicia.
SCENA 4. DEL PRIMER ACTO
Astasia sola lamentandose porque ama; despues habla con Morio que sobreuiene.
Astasia, Morio.
[Ast.].—Tan dificil cosa es el fingir lo que no es, como cobrir el fuego con las pajas; triste de mí, que quanto más trabajo por escondello tanto más se enciende y me abrasa, dando en los ojos con contrario effecto muestras de mi mal; aora que estoy sola pensaré en él y en estos desuarios de Cupido que vsa comigo de sus tiros, estando ya desengañada d'ellos; a qué proposito, enemigo; qué mal te hize? quándo blasfemé tu nombre o accusé a nadie, no confessando estar subjecta mi flaqueza a qualquiera siniestro humano, o hize concierto con mis potencias y sentidos de no passar los limites de la razon, sin atribuir la resistencia a aquella suprema fortaleza? traidor, que si con razones euidentes prueuo tu sinrazon y quán a tuerto me persigues, con habitos largos, mesurado gesto, y palabras dulces, otra vez me engañas, haziendo fantasmas en el ayre, sea en el campo, o en poblado, sea de noche, sea de dia, con que yo me desconosca y oluide de mí mesma. Es virtuoso Heraclio? por cierto que más lo fue Dauid; es sabio? mas lo fue Salomon; es fuerte? fuerte fue Sanson; es continente? es de carne; es casto este amor? es amor cuyo nombre altera; si es spiritual, porque atormenta el cuerpo? los spiritus inuisiblemente se communican a todas oras, sin auer absencia para ellos, ni el vso d'estos organos, que son contrapesos de la carne. A esto me responde el sophista que no es mala la presencia ni el vso de los sentidos, porque con él despierta la virtud, que la vihuela si no tocays las cuerdas no sonará o dará de sí aquella suauidad y harmonia que está inuisible en ellas y en la mano, antes se queda muerta. Finalmente, que los oydos, ojos, y lenguas, den testimonio de los animos; pero esto no haze en mi fauor, si es necessario: las passiones d'el alma siendo el amor d'ella son superfluas. Si yo no duermo, por qué? si su absencia me da pena, por qué? si tanto me plazen sus burlas y alegro con su vista, por que? qué desuarios [son] éstos? tengo de ser yo hecha de extremos o ánima sin cuerpo? en el desierto fuera mucho. Assi es la presumption humana, que nos haze a amor odiosos y al mundo y a Dios algunas vezes so specie de virtud. Haga la casa cada vno a la medida de su cuerpo y no estreche tanto la consciencia o la ensanche que se muera de calor o frio; el pobre hombre pregona fe, zelo y charidad, y a mí figuranseme chimeras, que son mucho y no son nada. Qué fructo saca desto? no no, no le seré ingrata, pues todavia perseuera no le auiendo tratado humanamente, que es razon bastante de sus querellas; mas quién es este que acá viene con tan descompuestos passos?
Mor.—Allá veo Astasia, si los ojos no me mienten; qué de paradillas haze, deue auello con algun sancto.
Ast.—O qué norabuena vengays, madero.
Mor.—No lo digo yo? grande amor me quiere.
Ast.—Qué ay Morio? de dó vienes? nunca me hazes compañia.
Mor.—No basta de noche y al comer, muger?
Ast.—Ah, ah, ah, qué donoso está; pues no as verguença?
Mor.—No ay nadie aqui.
Ast.—De Dios.
Mor.—El no se mira por estas cosas.
Ast.—Cómo no? de qualquiera palabrilla ociosa se a de dar cuenta en el juyzio.
Mor.—Aun viene lexos essa muger, y podria ser que se le oluidasse.
Ast.—A quién?
Mor.—Al mesmo juyzio. Qué tanto aurá de aqui allá?
Ast.—Para vnos poco, para otros más.
Mor.—Quieres dezir a segun caminaren o fueren grandes o pequeños?
Ast.—No más ni menos en esso está.
Mor.—Para entonces quiero hazerme vnos buenos çapatos y prouision para el camino.
Ast.—Pobre animal, menester es.
Mor.—No ay ventas por allá?
Ast.—No, ni otro pan sino lo que lleuamos; por esso cumple trabajar por que no falte.
Mor.—O sancto dios, hermana, y qué pan es esse?
Ast.—De amor de Dios y con el proximo, de charidad.
Mor.—Pues, y la charidad se come, aquella madre de los niños hermosos?
Ast.—Essa mesma, hartando los hambrientos, visitando los enfermos, recogiendo los peregrinos, y enterrando a los muertos, y enseñando los ignorantes.
Mor.—Pecadorzilla, tantos oficios tiene?
Ast.—Pobre pecador, que tan poco entiendes.
Mor.—Mas pobre creatura que tanto quieres astrologar podiendo dezirlo de media vez; pero dexemos esso; di, hermana, el amor de Dios es hombre?
Ast.—Hombre, hermano, y muy honrado.
Mor.—No puede menos ser, porque su merced deue tener en casa gente de bien; pues dime, cómo lo auriamos por aca?
Ast.—Buscandolo y contemplando sus grandezas, cielo, tierra y mar, con todo lo criado, y pidiéndole la gracia.
Mor.—Qué muger es essa gracia?
Ast.—Hija suya muy estimada.
Mor.—Qué me dizes? es casada?
Ast.—Y rica y bien aparentada. Valgalo la mona a este pallo.
Mor.—No te entiendo.
Ast.—Digo, hermano Morio, que será bueno recoger la leña y el heno que descargó en el patio el grangero.
Mor.—Por tu vida, amores, que lo pensaua; allá me voy.
Ast.—Y yo a mi labor. O Dios, qué marauillas, quánta diuersidad de hombres, y cómo va todo repartido, la riqueza, honrra y razon con estos contrapesos y con otros muy differentes, sus contrarios; pero quién es tan rustico que no entienda que esta es la estrada y que cada vno en el viage tiene su carga cierta y peso que lleuar? si éste me cupo a mí, es menester andar y callar.
SCENA 5. DEL PRIMER ACTO
Idona, hija de Astasia, reprehende a Melania de la ociosidad y tratase d'el officio de las Donzellas y otros propositos.
Idona, Melania.
[Ido.].—Qué perezosa y holgazana es esta Melania; pues, señora, y assi se biue? d'esta manera gastays el tiempo?
Mel.—Con quién lo haueys, condesa?
Ido.—Oxala lo fuera, para te hazer mercedes por lo que hazes de labrar y coser.
Mel.—No veys qué sancta?
Ido.—No veys qué perezosa? aqui no ay sino jurar y mentir.
Mel.—Con perdon.
Ido.—No es verdad? no estauan las oras repartidas?
Mel.—Valganos Dios, y qué contrita está; pues quién cayó?
Ido.—El seso de tu cabeça; harta vernas de passear?
Mel.—Preguntalo a my señora.
Ido.—Con ella fuiste?
Mel.—Y vine.
Ido.—Desse modo perdona, amiga; pensé que au[i]as hecho algun viage de los tuyos.
Mel.—Ya murio todo esso, hermana; otros son aora mis cuydados.
Ido.—Todavia lo confiessas sin açotes; entendida eres.
Mel.—Todo lo meresce la causa d'ellos.
Ido.—Assi te lo paresce.
Mel.—Mucho antes me lo parescio; primero vadeé el Rio.
Ido.—Gran auiso, nunca ay llegó la Reyna Dido.
Mel.—Burlaysos, vida? llegareys vos en sueños vn poco más acá de ayer a noche.
Ido.—Como mandaredes, mis amores; mas de veras, adonde aueys estado?
Mel.—No te lo negaré por vida de tu padre.
Ido.—Tanto le quieres?
Mel.—Y no es para querer tal viñadero?
Ido.—No ves lo que tengo en la mano desasisada?
Mel.—La costura; bien creo que por poco la arrojareys.
Ido.—Mas, por tu fe, di.
Mel.—Con condicion que calles.
Ido.—Quándo hablé que te pesasse?
Mel.—Ya lo sé, pero cumple assi.
Ido.—Meresçe el euento tantas saluas?
Mel.—Y aun más.
Ido.—Acaba ya, no me tengas tan suspensa.
Mel.—Topamos con Heraclio y Logistico.
Ido.—Todo esso era? no veys el milagro? adonde?
Mel.—Junto a la huerta.
Ido.—Solos los dos?
Mel.—Solos.
Ido.—Qué hazian?
Mel.—Estuuimos vn buen rato escondidas por oyr lo que hablauan.
Ido.—Pues?
Mel.—Grandes cosas.
Ido.—La guerra de Troya o la tomada de Constantinopla?
Mel.—Acertaste.
Ido.—Mas por tu fe?
Mel.—De nos fue todo; ya nos trayan entre las manos; contaua Heraclio sus auenturas dende que conosce a mí señora, los fauores y diffauores, y finalmente que se quema.
Ido.—Mirá, por vida vuestra, qué locura.
Mel.—Son grandes amigos.
Ido.—Qué importa esso o qué bondad ay en esse fuego?
Mel.—El todo lo echa a buena parte, certificando que por su gran virtud y honestidad le quiere bien y alabandola hasta el cielo.
Ido.—Desdichada, pues no hizo de nos mention?
Mel.—Spera, que a esso voy; contigo lo remató, haziendo de ti la diosa Venus.
Ido.—Mejor fuera Pallas.
Mel.—Si tú fueras Panthesilea, Reyna de las Almazonas.
Ido.—Diana luego.
Mel.—Faltante los perros.
Ido.—Ay estás tú que los darás.
Mel.—Landre en tal saber.
Ido.—Ah, ah, pero seria contrahecho.
Mel.—No le vi essa color.
Ido.—Qué bien tamaño, que aun no estoy oluidada!
Mel.—Assi lo fuesse yo; no paras mientes do pone los ojos quando acá viene y qué de mudanças haze en te partiendo o asomando?
Ido.—Engañasme.
Mel.—No hago a fe; quieres que se lo pregunte vn dia?
Ido.—Qué desuergonçada; esso auyas de hazer?
Mel.—Por qué no? medio burlando, quanto más que será por terminos que no lo entienda.
Ido.—Assi es el niño bobo; adeuina lo que pensamos.
Mel.—Y aunque esso sea, qué mal sería?
Ido.—No muy grande, pero sobrada desemboltura para donzellas.
Mel.—A tan buena vista vn ojo bastaria.
Ido.—Y a ti la media lengua; todavia me pesaria si lo ha comigo.
Mel.—Por qué, amores?
Ido.—Quiero ser monja.
Mel.—Como yo frayle.
Ido.—Pues a fe que no estuuiesse mal el hábito, y representases en el pulpito lindamente con tus cien lenguas y dos mil ademanes y la color sobre morada.
Mel.—Ay dareys, traidora; yo me vengaré de vos dexando os sola, haziendo contemplaciones como vuestra madre, y a pesar de vos y d'ella sereys de los nuestros.
Ido.—Qué dizes, qué dizes? buelue acá.
Mel.—Que sereys de los nuestros, y que todos auemos de dançar al son de leuantese el pensamiento.
Ido.—No seria mala la cancion, aunque es vieja y no se vsa.
SCENA 6. DEL PRIMER ACTO
Melania sola contrapunteando los amores de sus amas, sobreuiene Asosio, su requebrado, que la espia y despues le habla.
Melania, Asosio.
[Mel.].—Donosa anda la caça; mis amas vieja y moça ambas se mueren de amores, sin querer darse por condenadas, y el mochacho de Heraclio que lo entiende y passease a dos lados, cantando alto y baxo sin dexar punto, cada vna lo toma por sí, aunque las cartas, coplas y otros donaires vengan a la madre. Quién las viesse vn dia picadas de los celos andar a los cabellos, y que Morio las despartiesse! o qué lindo! sin duda ella es carcoma d'el diablo y guarda poco el parentesco, que, mal pecado, ya lo sé con aquel traidor de Asosio, que me haze mil despechos sin razon; pero amor causa estos desuarios, trocandolo todo a su plazer y antojo, como el otro dia, que de verle dezir a Aplotis vna nonada a la oreja me nascio vna apostema, pensando que estauan ya d'acuerdo y me lo lleuaua el ayre, y cayendose hombre en la necedad se muere de auer muerto vn inocente; que de otra assí, tomó frio ya y callentura al peccador, a mí pedian la cuenta d'él si se muriera; lo mejor es andar de sobre auiso en estas niñerias, sin dar occasion de penar a otro, o tomandola sin proposito para sí, porque despues no se os sossiega la consciencia. El es de los de Heraclio, y algunas vezes les veo de compañia; algo le diria, que el lobo y la bulpeja ambos son de una conseja.
Aso.—No es esta Melania? la mesma, voto á tal; consigo sola lo ha; algun huesso tiene entre dientes; qué embeuescida está, que aun no me vee; agora sabre si me miente el coraçon.
Mel.—Y no ay que fiar de nadie.
Aso.—Por ay andays?
Mel.—Pero tambien nos acá (si fuere menester) haremos conjuracion.
Aso.—No lo digo yo, que a este huesso nunca falta perro? no es tiempo de aguardar mas; contra quien, señora, pese al turco? entre yo en ella por amor de Dios.
Mel.—Bien que es esto? no veys este mal hombre? inuisible deuio venir; es esta la costumbre, tomar de sobresalto a las donzellas? peligro corria si fuera más antojadiza.
Aso.—El coraçon es la guia destos caminos, regiendo los passos ocultamente como amor a él, y no te pese de mi buena fortuna, ya que de la mala tanto te plaze; pero sepamos d'esta conjuracion.
Mel.—Y si fuesse contra ti?
Aso.—Pornia las manos su merced, yo las armas dandole esta espada luego.
Mel.—Cómo lo saben dizir, y las necias que todo creen.
Aso.—Si quieres ver la prueua, no está en más que en mostrarte d'ello contenta; pero ya puede ser que te pesasse de ver muerta la verdadera fe de Asosio.
Mel.—Calla, amor, que no me sufre el pecho tales golpes, y biue ledo.
Aso.—Con qué sperança?
Mel.—De morir.
Aso.—Desse modo no speres que ya más te veré ni me verás.
Mel.—Cuytado d'él, a do se yrá?
Aso.—A casa de mi padre; ea, ladrona, que estás burlandote aqui de quien te adora; descreo de la casa de Meca y d'el Pago de Tremel, si no estoy para arrojarme por esse suelo.
Mel.—Arrojate, que yo te leuantaré.
Aso.—Ora, señora, no an de ser todo burla; determinese su merced a que estemos vn dia solos.
Mel.—Para qué?
Aso.—Para dezirte mi passion.
Mel.—Ygual seria la de Christo.
Aso.—Para todo aurá tiempo.
Mel.—Empieça aora, que yo la lloraré.
Aso.—Doy te al diablo.
Mel.—No veys qué negros amores?
Aso.—Essa es su gracia principal, y por quien yo estoy conuertido en lo que soy.
Mel.—Por tu vida que de antes no lo estauas.
Aso.—Como quisieres, con condicion que me respondas.
Mel.—Qué más quieres? no te digo que tienes tiempo aora.
Aso.—Quedese todo por dezir, pues assi responden tus obras a mi fe, y voime.
Mel.—Spera, spera, hermano.
Aso.—No quiero sino desesperar; si oyes que hize desatino alguno, no te espantes.
Mel.—Esso no quiero yo, antes te dare todo lo que pides.
Aso.—Prometeslo?
Mel.—Sí.
Aso.—Quándo?
Mel.—Para el domingo, y vete, que ay gente acá.
Aso.—Pues adios, ánima mia.
Mel.—Contigo va.
Aso.—O beato.
SCENA 7. DEL PRIMER ACTO
Heraclio va visitar a Astasia y passa con ella y con Idona muchos requiebros.
Heraclio, Astasia, Idona.
[Her.].—Tiempo es ya de ir a ver a mi señora Astasia y no dexar la vida a beneficio de absencia, aunque verdad y amor, sin los cuales no doy vn passo ni osso entrar en la fortaleza, me la asseguren algunas vezes, y otras cresciendo mi pena, no me sobre la speranza, que es el salario de mis engaños, y de no acabar de me entender, no sé por qué se me desasosiega tanto el alma; si este amor es limpio y honesto, cómo recelo tanto de llegar y despues de llegado de partirme? si este fuego es bueno, por qué me quema? y si el temor no es malo, por qué me yela? qué contrarios estos! Nadaré todavia en este golfo mientras el viento y las ondas me dexaren esperando la ventura. O más cerca estoy de lo que pensaua y me paresce veo vno de mis trabajos, o refrigerios a la puerta; el otro deue estar en emboscada; visto soy tambien, que ya se me rie. Quán cierto amigo es el coraçon, señora Astasia.
Ast.—Algunas vezes; mas por qué lo dizes?
Her.—Primero te dare los buenos dias, aunque no los tenga.
Ast.—Cómo assi? dónde los dexas?
Her.—Mucho ha que se me oluidaron en tu casa.
Ast.—Aora está peor, pues no fue de grado.
Her.—Esso es lo que me adiuinaua el coraçon, jugar siempre contigo al gana pierde; cómo podia yo, pues él quedaua y todo lo demas?
Ast.—No es gran caso? que todo eres misterios.
Her.—D'el primer dia que la hermosa idea de tu figura se imprimio en mi alma soy assi.
Ast.—Blando, señor, que si pretendeys venderme no comprareys assi, aunque metays todo el caudal.
Her.—No compré yo caro para vender barato, ni sé por qué tu saber y noble condicion consiente las chismerias d'el pensamiento.
Ast.—Si yo mirasse en ellas y las creiesse, ya hiziera mil desatinos.
Her.—Uno bastara para acabar inconuinientes.
Ast.—Qué tal?
Her.—Matarme.
Ast.—Cuitado d'él.
Her.—Soylo, y no me pesa, mientras sé d'ello te plaze; pero viendo la inconstancia d'este mundo y la differencia de los dias, no me determino.
Ast.—Esse enigma me declara.
Her.—Ni por ay te escusarás de compassion; salesme algunas vezes al camino tan llena de amor y d'ella, que me pones en la tercera sphera, tan lexos otras de los dos, que desseo alas de paloma para volar y reposarme en el desierto.
Ast.—Solo?
Her.—Con la imaginacion, pidiendole estrecha cuenta si te ofendi.
Ast.—Mejor es que esse desierto venga a nos y que la hagamos todos a lo cierto, quemando los ramos que no dan fruto.
Her.—Si guardaras essa ley conmigo no ardiera tanto en el fuego de tus oluidos, ni se secaran las hojas de mi sperança; pero veo que te cansas de lo bino y buscas lo pintado, como enfermo que dexa lo mejor por lo dañoso.
Ast.—Pues, y assi me tratas, deseando yo de complazerte en todo?
Her.—Está por ver el primer milagro dessa verdad.
Ast.—En qué se a de ver?
Her.—Dentro d'el alma.
Ast.—Tan mal ves lo qu'en ella está scripto y figurado?
Her.—A juzgarlo por las impresiones que haze en mí, o por lo que siento, ni la letra es muy legible, ni las figuras claras.
Ast.—Qué buen interprete! sé que no eres tú espejo que representa lo que tiene delante.
Her.—No por cierto, mas tú el sol de cuyo calor templado o excesiuo reciben mis sentidos o pensamientos ser.
Ast.—Para todo te doy licencia, sino para idolatrar.
Her.—Desso no me puedes accusar, pues en la tierra no adoro a otro sancto.
Ast.—Confirmada está luego la heregia, porque a Dios se deben los estremos, el qual haze justicia de quien no paga.
Her.—Por esso biuo yo, aunque en pena.
Ast.—Cómo assi?
Her.—Sperando que me la haga.
Ast.—Y de quién?
Her.—De ti.
Ast.—Por qué, mal hombre?
Her.—Porque me entiendes como quieres, y a mi razon y causa justa llamas desuario.
Ast.—Quando assi fuesse, passas la ley que manda oluidarnos las injurias.
Her.—Tambien ella se hizo para ti, pero rompesla como telaraña.
Ast.—Fuerça es essa de mi condicion agena.
Her.—Respondan las obras a tus palabras; mas por qué me remocaste de idolatra, si sólo por su contrario te he buscado y te quiero, y basta la menor centella d'este fuego para encenderme en biuas llamas?
Ast.—Por qué usas luego algunas vezes de terminos que tanto saben a la sensualidad?
Her.—Porque me rige amor como el sol al ayre, cuya presencia lo enciende, y el absencia yela.
Ast.—De manera que no hay desculpa, y yerro contigo todos los golpes?
Her.—Sino los mortales.
Ast.—Bien se paresce en ti.
Her.—Causalo tu presencia, que yeruas ay que marchitas y al salir d'el sol rebiuen y florescen.
Ast.—Y otras que la absencia d'él y el frescor de la noche reuerdesce con vn olor suaue.
Her.—De todo ay sino.
Ast.—De verdad.
Her.—Mas de amor ygual para mí, porque las sobras dessa contigo faltan en él.
Ast.—Aun buelues ay? no te tengo dicho que te amo y venze el pensamiento a la razon?
Her.—No los affectos.
Ast.—Ingratitud es no ver ni oyr lo que mi alma siente, en lo que paresce que tu amor no llega allá, antes se queda muy abaxo. Que si es assi, puedo dezir ser muerto ya todo lo que en ti biuia.
Her.—Quando el fuego arde, no van todas a vna parte las centellas, sino vnas altas y otras baxas, pero no pierde el nombre ni su virtud; por esso si mi graue dolor algunas oras rige los actos y la lengua, qué culpa tiene el coraçon?
Ast.—Está bien dicho; por esso te perdono, y ruego por la fuerça d'el escondido Genio que nos incita a estos impetos que te contentes, templando y moderando con la razon, que es la señora, los desconciertos de los criados, que yo prometo de no faltarte hasta el altar.
Her.—Ni yo tampoco pido más, y bien afortunada ora que merescio lo que los años no pudieron; confieso que passa todo y que me cumple merescer de nueuo.
Ast.—Justificandote assi, hallarás siempre piedad.
Her.—Y no bastaua la color y la flaqueza?
Ast.—Pues tambien me has de prometer de remediallo.
Her.—Con qué?
Ast.—Con huyr de celos y sospechas que perturban mucho los sentidos, figurandome en ellos al natural de lo que soy.
Her.—Que me plaze, con vna condicion.
Ast.—Qué condicion?
Her.—Que me des licencia que te escriua aun y me respondas para engañar el tiempo que no te veo.
Ast.—Idona lo hará mejor.
Her.—Sea ella.
Ast.—Veamos lo que dize; Idona, Idona.
Ido.—Señora.
Ast.—Sal acá.
Ido.—Qué mandas, señora?
Her.—Que me mates, pues que con menos priuilegio se goza de tu vista que d'el espantoso Basilisco.
Ido.—Dios nos guarde; más valdria luego que no me viesse nadie, si tan extraño nombre y natural me das.
Her.—Sí, pero tu matas para doblar la vida.
Ido.—Nunca vy muerto que resuscitasse.
Her.—Y todavia hablas con vno.
Ast.—Tiene razon, Idona.
Ido.—Puede ser, mas no lo entiendo.
Her.—Porque no quieres; la señora Astasia me a otorgado que respondas a mis cartas o desuarios; no pido más que el effecto de la obediencia que le deues.
Ido.—Pues a qué proposito?
Her.—Al de mi callentura, porque despues no te llamés al engaño y me condenes.
Ast.—Contigo lo a. Idona: no respondes?
Ido.—Otro dia, que me ha tomado aora muy de supito.
Ast.—Bien dizis, hija.
Her.—No spero más, porque esse es el passaporte.
Ast.—Contentate, que lo tienes para volver.
Her.—El cielo te lo pague.
Ast.—Y sea contigo.
SCENA 8. DEL PRIMER ACTO
Astasia tienta a su hija de casamiento con Heraclio, y passan sobre ello algunas razones.
Astasia, Idona.
[Ast.].—Qué te paresce de nuestro amigo, Idona?
Ido.—Que meresce el nombre que le das.
Ast.—En qué lo vees?
Ido.—En el spirito de sus palabras, donde creo que le salen.
Ast.—Tan facilmente crees?
Ido.—Lo que veo; mas tú, señora, hazesle desesperar, y no sé qué parte es essa para conseruar el amistad y buena conuersacion.
Ast.—Por tal la tienes?
Ido.—A mi iuyzio.
Ast.—En verdad que le quiero como a hermano, y que todo es porque diga algo a la cortesana.
Ido.—Tienes razon, señora, mas yo veo que te entristesce.
Ast.—Pesate d'ello?
Ido.—Ni me pesa ni me plaze, pero...
Ast.—Ya, ya, esso es passion.
Ido.—Antes no, pues hablo contra ti.
Ast.—Cosas ay que no miran en parentesco.
Ido.—La justicia a lo menos, si a de dar lo suyo a cada vno, como es su officio.
Ast.—Huelgome que assi lo entiendas, y quando bien fuesses su apassionada, él lo meresce. Dize, hija, no te agradaria?
Ido.—No sé.
Ast.—Mas de veras?
Ido.—Dexa te desso, señora, que es temprano aun, y más quiero ser monja.
Ast.—D'el monesterio de Adam; mas, por mi vida, qué te paresce?
Ido.—Con tal prenda no lo callaré, no auria desconformidad de conditiones segun veo, puesto caso que sea forastero, pero mi padre no querrá, y tú, señora, tentasme.
Ast.—No hago en buena fe, y tu padre no juega aqui con otras manos que con las nuestras.
Ido.—No, no, señora; más vale tenerte compañia.
Ast.—No puede ser.
Ido.—Por qué?
Ast.—Conuiene representar tu parte d'esta Comedia con los habitos que el maestro lo ordenare.
Ido.—No lo entiendo.
Ast.—Yo te lo declararé; este mundo es el Theatro, nosotros las figuras, Dios el que ordena la comedia; en ser Rey en ella, Monarcha, o capitan, no está la gloria, sino en representar bien su figura cada vno, o sea de loco, de cozinero, labrador, pastor, o moço de cauallos. Es menester obedescer al dado y no extrañar lance ninguno, porque viene de alta mano.
Ido.—A cosa tan verdadera no ay que responder; aqui estoy, señora.
Ast.—Hasta su tiempo; recogete por aora a tu stantia.
SCENA 9. DEL PRIMER ACTO
Logistico, acaso sin ser visto, halla a Astasia sola haziendo discursos.
Logistico, Astasia.
[Log.].—Allá veo la diosa Ceres, o qué lance se perdio Mercurio! entre sí habla; veamos aora qué pelo trae, porque no me verá aqui, aunque lo mande el Rey. Y más si le tura aun la fiebre.
Ast.—Yo con todo no me engañaua; Idona tiene buena voluntad a Heraclio y no le pesará de su compañia.
Log.—Al diablo tal adeuinar, brauo spirito tengo.
Ast.—Y a la verdad tiene razon, por la conformidad de las costumbres. Ella es mansa y mensurada[706], él no soberuio ni descortes; inclinada á la virtud, él apartado de todo vicio; si es discreto, ella no es nescia.
Log.—Dentro estays; a dó te lleuó el viento, hombre perdido?
Ast.—Si es hermosa, él no es feo, demas de su gentil gracia y ayre.
Log.—Qué cierta cosa de enamorados!
Ast.—Finalmente, él es modesto y ella no destemplada. Contraria a fiestas y a combites, palabras ociosas y trajes arrogantes; contentandose con lo honesto, que es de generoso coraçon y altivez de spirito.
Log.—Porque ves, mucho de noramala, sabeys guardar y no gastar o despender.
Ast.—Que anteponer el resto a él y componer lo mortal, arguye gran baxeza.
Log.—Qué linda esta la cartuxana!
Ast.—Los hombres embaraçados con el resplandor d'el oro...
Log.—Ay daras.
Ast.—Y diferencias de colores, toman lo negro por lo blanco y lo flaco por lo fuerte.
Log.—Y vos trays antojos.
Ast.—Qué lustre da a vn estado grande vn principe tirano? a vn cuerpo hermoso vn'alma fea? a las fuerças corporales, flaqueza d'ánima o cobardia? en cuerpo noble, spirito rustico?
Log.—Bien canta la señora.
Ast.—Yo no quiero siguir los más sino los menos, y tirar al verdadero blanco.
Log.—De Ribadauia puro.
Ast.—Más que engaño reciben nuestros ojos.
Log.—Untalos.
Ast.—Qué principios tuuo el mundo? quál fue la criacion d'el hombre? qué hizo las differencias o dissimilitud entrellos, sino la sciencia y discurso natural? quál es la cabeça d'esta scientia? la virtud.
Log.—Bien lo pintays.
Ast.—Pintemos aora.
Log.—No lo digo yo?
Ast.—Salir de dentro de la tierra hombres desnudos de vn parescer y gesto todos...
Log.—Sembrados a los dientes de la sierpe como Cadmo.
Ast.—Las diuersas inclinaciones los harán diuersos y la nobleza o villania las obras de cada vno.
Log.—Doyte al diablo con tanta philosophia.
Ast.—En verdad que si me tomara este desengaño en otro tiempo, no tuuiera de qué quexarme. Pero quieresse esta vida assi contrapesada, y que siruan algunos para exemplo de los otros y se rodee todo con mysterio.
Log.—Assi biuas como biues.
Ast.—Que venga de tan lexos quien assi nos quiera y nos agrade, no es sin causa.
Log.—Y cómo no es sin causa!
Ast.—Que Idona se le afficione no es sin causa; que le amemos ambas sin embidia o celos, no es sin causa.
Log.—Mentir, hija, mentir, y no tanto.
Ast.—Porque el amor es ciego y no guarda priuilegio a nadie. Que todos aqui le miren, conuersen y hablen de tan buena voluntad, no es sin causa.
Log.—O pese a tal con la trampona, que toda es causas!
Ast.—Es gracia o merescimiento particular sin duda.
Log.—Qué nueuas estas de Clopatra para Marco Antonio!
Ast.—Pues ver sus cartas, su inuencion y stilo de escriuir, mata de amores.
Log.—Algo dize.
Ast.—No me terne que no tiente a Morio.
Log.—Aora se perdio.
Ast.—Si fuere capaz d'ello.
Log.—Bien ha tornado, que carpintero él.
Ast.—Estare en atalaya.
Log.—Ojos teneys de gauilan, si os quitays las antifaces.
SCENA 10. DEL PRIMER ACTO
Logistico busca a Heraclio para darle las buenas nueuas, y hallale con Honorio su criado que le buscaua assi.
Logistico, Heraclio, Honorio.
[Log.].—Qué nueuas estas para Iupiter! Dó estara aora? en su ysla de Creta o transformado en toro, encomendando Io a Argos? Quién le topasse!
Her.—Honorio.
Hon.—Señor.
Her.—Viste a Logistico, o sabrias imaginar adonde lo hallassemos?
Hon.—El suele a las tardes yr passeandose hazia el rio y requebrarse alli con las hermosas.
Her.—Bien apuntaste.
Hon.—Señor, señor, acá viene, voto a mí.
Log.—Qué veo? no es otro. Ao, ao.
Her.—Cómo es cierto hablar en el ruyn y assomar!
Log.—La mesma cancion cantaua yo, y más que ruyn seas tú, pues no oyste la más suaue musica que dessear pudieras.
Her.—Por tu fe?
Log.—Y por la de Mancias.
Her.—A dónde o cómo?
Log.—En el Laberinto con Pasiphae y Dedalo. Ya estaras al cabo?
Her.—De no entenderte; no diras esse milagro con menos circunloquios?
Log.—Algo a menester que sufras, como yo, quando me cargas de algunos cuentos de su legua cada vno.
Her.—Yo? quándo? iniustamente me accusas.
Log.—Mal de cabeça jamas admite cómo ni quándo.
Her.—Gentil hombre, mesuraos, si no quereys que os haga bolar.
Log.—Podria ser, pues os sobra el viento, aunque falten alas.
Her.—Algo porná de casa su merced. Pero dexados los donayres, sepamos desta metaphora musical.
Log.—Con condicion que seas oy mi conbidado.
Her.—Essa es mejor; tan barato compras lo que querias vender tan caro?
Log.—Essotra es más sotil: hazer d'el graue, quiça no estando la olla al fuego.
Her.—Noramala para tal adeuinar.
Log.—Ah, ah, ah, ora solo esso tomo por penitencia de tus peccados, sin darte la de otra dilacion. Sabras que saliendo de mi casa con proposito de visitarte y echando en el Nilo la red por no perderte, tomé vn crocodilo que me la ouiera de romper si no me ayudara de mis artes: que fue a la de marras, sola, inuocando dioses marinos.
Her.—De verdad?
Log.—Paresceme que si, como es graja, fuera aguila, te lleuara al cielo como la otra a Ganimedes.
Her.—Quiça te auia sentido.
Log.—Sentiria mi padre; tenia yo el anillo de Giges y estaua vna Angelica para Orlando.
Her.—Pues?
Log.—Qué quieres mas? sino que eres tú el Neptuno de su mar, o el Satyro de su bosque, metiendo en la dança todas las Ninphas d'él. Y affirmando que sin controuersia te daria la corona y ceptro de la monarchia, siendo en su mano.
Her.—Vete de ay, burlon, que mientes.
Log.—Si tú as de salir de seso, miento, pero si me prometes ser magnanimo y generoso, es más aun de lo que digo.
Her.—Grandes nueuas traes; mas en qué concluyó?
Log.—En tratallo con Vulcano.
Her.—Sol y viento a menester.
Log.—No sino Mars su amigo, que le dé de pallos[707] o vna hanega de algarismo, porque el rapaz sabe de cuenta.
Her.—Y aun por esso ay allá tanto carbon; mas no me dizes particularidad alguna?
Log.—Que tus cartas le plazen mucho y son muy auisadas.
Her.—Basta, y viene a nascer vna que aqui traygo para le embiar con Honorio, aunque no responden.
Log.—No se atreueran, que tú buelas más alto que vna garça, y por esso te alaban, siendo ordinario entre ellas tener por auiso lo que no entienden, todo lo otro por necedad.
Her.—As caydo en esso?
Log.—Antes que nasciesses, pero cómo osaste entrar en sagrado sin licencia d'el Cura?
Her.—Ya la tenia.
Log.—Y assi la comiste solo, y las señoras cartas?
Her.—Enmendarse a, y ve aora ésta.
Log.—Amuestra.
Her.—Yo la leere, porque no pierda la reputacion, por falta de algun accento.
Log.—Muy medido andas; esso tienes de mal enamorado, que los finos todo son desconciertos.
Her.—No basta el d'el tiempo y de la vida en estas necedades?
Hon.—Assi lo digo yo, señor; mas tu merced no quiere creer a Honorio.
Log.—O qué embite!
Her.—Valgalo el diablo a este bobo cucharron; apartate allá, asno.
Hon.—Coces da este cauallo.
Her.—Qué dizes de cauallo?
Hon.—No nada, señor.
Her.—Habla, bestia.
Hon.—Que más quiero ser asno que cauallo.
Log.—Qué lindo!
Her.—Que lo seas norabuena; oye, hermano, y está atento.
Log.—Estoy.
Her.—As de coger higos, que te pones en las puntas de los pies?
Log.—Como entiendes mal, poniame de alto porque no me escapassen tus auisos, que está dicho buelan.
Her.—Estragarás medio mundo; todo an de ser burlas? oye si quieres.
Log.—En el nombre de fraudador de los ardides, entonate, que ya vees en qué postura estoy.
Her.—Mi señora la fortuna quiere...
Log.—Discreta entrada, porque todo esto de fortuna, ventura, desgracia, pensamiento, pasion, tormento y otras drogas assi, les quadra mucho, y piensan que no terná mal vino vaso con esta çapadera; adelante, hermano: la fortuna quiere.
Her.—Que siga este camino de hablar a quien no me oye y responder a quien no me habla.
Log.—Bueno, que es principio de lamentacion.
Her.—Y para prueba de mi constancia, con tus oluidos cresce mi fe, sin saber ni querer arrepentirme.
Log.—Pura obligacion.
Her.—Escucha: y tomaria por galardon que fuesses d'ello contenta o me dexasses pasar mi mal sin reueses: que aun d'él, porque de alguna manera me descansa, priuar me quieres.
Log.—Por vida d'el Rey, que tocas en el centro.
Her.—Pero si tu gentil spiritu, mouido de mis affectos, a piedad se inclina, dame cierta ley con que te sirua para merescer el premio de la obediencia o el castigo d'el peccado. Porque con bien o mal se a de acabar mi mal.
Log.—Enternesceras las piedras.
Her.—Y que no te lo dé Dios a prouar, sea el remate de tus desconfianças y mis locuras. Qué te paresce? lo mucho enfada y a buen entendedor, etc.
Log.—Sí, mas éstas no buelan tan alto, y por no persuadirse muchas vezes a sí y a otros que no entienden, arman carracas en el ayre, o de cada palabrita hazen vna phantasma, con tan incierta anothomia, que en vez de bien dan de pies en nuestro mal.
Her.—Aueriguado, mas aqui va de monte a monte la philosophia. Veamos aora lo que aprouecha. Honorio, llegate acá. Ve a casa de Astasia y dale esta carta, o a Idona, a quien primero hallares, y buelue.
Hon.—Mejor seria quedar allá.
Her.—Qué dizes?
Hon.—Sí, señor, que boluere.
Log.—Y si hallas aparejo, que retoces.
Hon.—No soy dessos yo, señor Logistico.
Her.—Vamonos por acá a sperar el fin d'esta jornada.
Log.—Hagase, pues todo va fuera de quicio.
Her.—Pero será mejor que yo dé la buelta solo y tú te quedes.
Log.—A su plazer.
NOTAS:
SCENA 11. DEL PRIMER ACTO
Honorio lleua la carta y buelue.
Logistico, Honorio, Heraclio.
[Log.].—Queria que parassen estos amores en lo que suenan, porque no hay que fiar en pelo roxo, mas a la fin se canta la gloria o llora la pena. Si por razon se rigen los negocios, meresce mucho más: noble, auisado, polido y prompto para vna empresa; pues si en amor o lealtad estamos, en esso passa todo. Pero es vn ladron el mundo, sordo y ciego, que todo compra por el olor. La hipocrisia le huele a sanctidad, la soberuia a grauedad, a templança el auaricia, el saber a necedad, y los dineros a nobleza. Pongase de lodo, que a la postre vence la verdad estas mentiras. Algunos ay que ponen su bienauenturança y summo bien en la abundancia de bienes de fortuna, otros en la fuerça corporal, y otros en la hermosura o buena proporcion de miembros y otras gracias. Y aunque el Philosopho lo diga ser partes éstas de que ella se compone con la virtud d'el ánimo, con su licencia, yo soy de opinion que ésta sin las otras basta, y no las otras sin ésta, como dixo el otro por la castidad: y si fuere menester, daré testigos. Mas, boluiendo a lo vulgar, vn cauallo muy hermoso, bien señalado y con ricos jaezes, atrauessandose con cierto distincto natural, o gloria de aquella vanidad, no passa nunca de cauallo. La razon tiene otros grados, la qual bandida de sí la carne como cosa impropria, athesora en el alma lo que más natural y proprio le paresce; y como centinela en lugar alto, de allí oye, de alli vee, de alli come, y de alli vela los asaltos y engaños d'el enemigo. Logistico, esto para solo es ya mucho y para entre los muchos nada. Recoger con tiempo, porque no venga Pythagoras o Epicuro que tomen entre puertas. Pero qué haze al caso? llamariamos a Luciano en nuestra ayuda o a Charon, que es el verdugo d'estas burlerias; acá viene Honorio, panal, pero sin miel, cargado de cera para el sello de la sententia que trae de la corte. Paresce que dentea; si le dieron allá en qué morder? que las damas son liberales y muy complidas.
Hon.—Pese a tal, que buena estaua la moça.
Log.—Ojo.
Hon.—Por vida de su madre que se podria comer sin sal.
Log.—Oreja.
Hon.—O qué lance para Honorio!
Log.—Más o qué lança!
Hon.—No creo en tal, si no biuiese de señor, hermosa, rica y auisada.
Log.—Burlaros eys?
Hon.—Hazer d'el graue y passear cara a cara con mi amo, assi y assi, y si su merced no lo tragasse, domine, ya es muerto por quien repican.
Log.—Donoso está el asno.
Hon.—Pues paresce que me mira de buen ojo, no lo dudo, porque yo soy más alto que mi amo, tengo copado el cabello, y apuntame la barba, y más hablo con sonidos.
Log.—No os falta á lo menos el badajo.
Hon.—Quién habla aqui? o señor Logistico, aqui estaua tu merced? guay de mí si me a oydo.
Log.—Aqui está la mia; pero la tuya aun no llegó; deuio quedarsete por allá el ánima segun te veo demudado.
Hon.—No fuera mucho, señor, que angeles auia que la asechauan.
Log.—Serian de Ginea.
Hon.—Dios nos guarde.
Log.—Guardará, pues soys innocente.
Hon.—Tambien yo peco, señor; si no preguntenlo al cura.
Log.—Ora está bien; qué nos traeys? hijo o hija?
Hon.—Dó está mi amo?
Log.—Bien te puedes fiar de mí, porque él me dexó por presidente d'esta embaxada y no deue tardar.
Hon.—Pues sea norabuena; traygo madre y hija, que es mejor; entraremos sin licencia.
Log.—Cómo assi?
Hon.—Toda la casa es nuestra; fue bulda la carta para ellas; no faltó más que besarla; todo allá suena a nos, y todo es nos, como todos nos allá.
Log.—Digoos que lo concluys muy auisadamente.
Her.—Mantengaos Dios, señor Honorio.
Hon.—Pues a la fe, señor, que harto pan auria menester, a segun vengo desanimado.
Her.—No oystes dezir que no biue el hombre de sólo pan?
Hon.—Esso para los delicados, como su merced, que no se contentan sino con perdizes y ansarones; pero los moços es menester que se contenten.
Her.—Teneys razon, y d'el resto qué me dezis?
Hon.—Logistico me lo a tomado todo; faltaua solamente que dize su merced holgará mucho de ver mañana a tu merced, y que dessea ver claridad si llueue, porque es escura la casa sin candela.
Her.—Esso es enigma de pelo y medio; bueno será que nos vamos a casa a decifrarlo.
Log.—Es vna Sybilla la Gemila.
Hon.—Yo lo soletrearé, señor.
Her.—Cantando.
Hon.—Sea assi: amor, amor, más te pido.
Log.—Cebolla, pan y tocino.
Her.—Buena.
SCENA 12. DEL PRIMER ACTO
Heraclio yendo a casa de Astasia, topa Asosio que speraua por Melania, y passan otras damas con que se requiebra, no le viendo.
Heraclio, Asosio, Amertia, Mania, Melania.
[Her.].—De manera que tiene mi gloria tanta fuerça, que de los brutos se dexa sentir y ver. No sabe este necio de mi moço hablar en otra cosa que en la gracia y perfectiones d'estas señoras: y es lo mejor que está medio enamorado. Lo que me incita más a gratificar amor y a la fortuna tan altos dones. Yo estoy emplazado para aora con un criado suyo; creo que es temprano, por ser fiesta y auer visitas. Mas quién es éste que se passea por acá como figura muda? habla con todo: O d'el traydor, Asosio es el Melanio, y no le quieren mal. A quién se va tan apressurado? Amertia es la señora; de asilla[708] aurá: gozemos d'estos amores mientras no nos vee.
Aso.—Qué peccados son los mios, señora Amertia, pues ha vna ora que te sigo y me huyes? No seria bueno que se boluiesen tus hermosos ojos a alumbrar mis passos?
Her.—Assi te pelen como lo dizes de verdad.
Amer.—O señor Asosio, por vida de mi madre que no te conoscia; pensé que era Logistico, que no me dexa con sus burlas.
Her.—Noramala para vos, quándo las merescistes?
Aso.—Pues, señora, qué diras en mi absencia, si a esse gentilhombre, siendo dechado de los otros, tratas assi?
Amer.—Por su vida, vn dechado de burleria.
Her.—No está loca.
Aso.—Ora sea como fuere, que no es tiempo de examinar a nadie, ni yo quiero reñir contigo.
Her.—Como sesudo.
Aso.—Quál a de ser el fin, o quándo, de mi pena?
Amer.—El infierno, si allá vas.
Aso.—Siempre me hablas fuera de proposito, pues tambien tú allá yrás si me matas.
Amer.—Va de retro.
Aso.—Pues no me mates.
Amer.—No veys qué muerto que anda y habla? y en qué te mate yo?
Aso.—Con tus mentiras.
Amer.—Hablando con reuerentia.
Aso.—Digo mal? que jamas cumples lo que prometes, como en la fiesta de antaño y lo de marras del combite.
Amer.—En la huerta d'el amiga?
Aso.—Señora, sí.
Amer.—Pues no sabes por qué lo dexé? y que me llevó mi tia a otra parte?
Aso.—Nunca te falta vna escusa.
Amer.—No es por cierto.
Aso.—Y aora no lo emendarás?
Amer.—Quándo?
Aso.—Ayer, pese a mi padre.
Amer.—Es tarde ya.
Aso.—Sea oy.
Amer.—Tengo que hazer.
Aso.—Mañana.
Amer.—No sé si podré.
Aso.—Que te pongas de lodo[709].
Her.—Seria lo mejor.
Amer.—Essos son los regalos?
Aso.—Qué quieres que diga, vida mia, que la sobra de mi desseo causa estas locuras, y busca mi passión mil modos de engañarse?
Amer.—Si assi fuesse, algo haria.
Aso.—Pese a mis males, que vees arder medio mundo y tienes frio aun.
Amer.—Más fingido es esse fuego que mi frio verdadero.
Aso.—Ayna me harás morir con tus desconfianças.
Her.—De cossario a cossario los barriles.
Amer.—No mueras todavia, que yo lo emendaré.
Aso.—Quándo?
Amer.—Mañana.
Aso.—Do?
Amer.—Fuera.
Her.—D'acuerdo estan.
Aso.—En el sobredicho lugar?
Amer.—Si, o a otra parte nos yremos passear; mas qué diran los que nos vieren? que el tiempo es malo y la gente sospechosa.
Her.—Esso lo impide.
Aso.—Se[710] que no tengo yo vna yerua que haze inuisible.
Her.—Natural seria.
Amer.—Como lo demas, baste lo dicho, que viene gente.
Aso.—Cómo a de ser?
Amer.—Yo te haré señas.
Aso.—Pues adios, amores.
Her.—Nuestra es la presa.
Aso.—O hideputa, la ciudad aqui no vuo menester diez años como en Troya.
Her.—Aosadas.
Aso.—Pero esto es gracia gratis data, que otros ay que qualquiera aldea les cuesta toda la vida: yo hablo luego a proposito, y nunca me empleo todo en vn lugar por evitar estas necedades de amores, estos suspiros, lamentaciones y otros milagros que parescen cosa de farsa.
Her.—No os apartays mucho d'el camino.
Aso.—Quántas pensays que tengo emplazadas d'esta manera? no falta más de vna para la dozena. Hecho barro a la pared, y la negra es que todo pega, aunque de principio lo ponga en duda. Yo no soy de altenarias, porque éstas tales no se entregan sino a fuerça de encantamientos y cauallerias, y todo es mentira. Vntalde los dedos con algo de lo de Midas, y diros an bene veneritis, de mi reyno soys.
Her.—Al diablo tal acertar.
Aso.—Acá mis gentes contentanse con otros metales; hagoles creer con mis astrologias que ando a la caça de la piedra philosophal, y pongolas assi en la sphera de los camaleones, comiendo yo de lo que hay por casa.
Her.—Que lo creo.
Aso.—Pues acá viene otra de las onze; por vida d'el Rey que no se va sin toque.
Her.—Salado está el amigo, y todo le viene a dar en las manos.
Aso.—Pensareys de passar assi, señora Mania?
Man.—Bien, señor Asosio, qué hazes por aqui? que de lexos te conosci.
Aso.—Y yo de lexos te spero, y de hallar vn dia gracia contigo.
Man.—Comigo, hermano? búrlaste.
Aso.—Esse es el fruto que yo saco de te seruir, dexando por ti a otras sanctas.
Man.—Assi lo dizen todos, y cada vna es en presencia la diosa Venus, mas debaxo limones.
Aso.—Bien está, si tu quieres conoscer los coraçones y juzgar por conjecturas.
Man.—Las obras dan fe d'ello y la contina experiencia.
Aso.—Pese a mi aguelo, y pagarán justos por peccadores?
Man.—Iustos?
Aso.—Iustos y buenos.
Man.—Deues tú ser vno d'ellos.
Aso.—Ni tampoco de los peores. Pero dexemos este pleito a su juez y tratemos de lo que haze más al caso.
Her.—Qué pieça! tornaos con él.
Man.—No tan cerca, señor Asosio, ni tan desembuelto, que nos pueden ver.
Her.—En esso está.
Aso.—Qué menos puedo hazer con esse fuego que sale de tus ojos y con essa gracia de ruyseñor, sino dexar el seso a la natura? Por vida desse gesto, que te duela la pena que padesco y no dilates tanto el remedio. Y si quieres saber si te meresco algo, prueuame y veras mi acendrada y pura fe.
Her.—Sin el carbon.
Man.—Pensaré en ello.
Aso.—Como siempre.
Man.—De verdad.
Aso.—Dame la mano.
Man.—Toma.
Aso.—La paz tambien, pues que la guerra a durado tanto.
Her.—Qué diligente es!
Man.—No sabes dizen que el villano por el dedo toma la mano?
Aso.—No se me da; todo se acomete por reynar.
Man.—Quedas sin culpa.
Her.—A la razon se allega.
Aso.—Pues quándo acabaremos este hijo?
Man.—Vn dia.
Aso.—El d'el juyzio.
Man.—Yo lo buscaré y te daré auiso si passares por allá. Y no puedo negarte que me pesa quando te veo.
Aso.—No quiero mas, ánima mia; la Magdalena vaya contigo.
Man.—Y quede contigo.
Aso.—Ya son dos; presto entraremos por la tercera.
Her.—Ha, ha, ha, esso tengo yo de ver.
Aso.—Esta tiene gentil garbo y es aparejada para dar quantos reales tiene, que yo no busco otros enfermos. Pero todo lo demas seria nada, si Melania acá quisiesse concluyr.
Her.—Ay te speraua.
Aso.—Porque ay de vno y otro, mas sabe más la perra que Merlin: veremos do llegará la barra haziendo diligencia, la qual venze lo impossible. Por dulçuras, coplas, requiebros, musicas y otras obras assi de manos no escapará. Y si fuere menester hazer d'el valiente y ordenar ruydo hechizo, tambien se porna de casa, saltar paredes, o passear de noche en verano; que dormir al sereno o a la lluuia en inuierno no me lo mande vuessa merced, ni tampoco dar dineros, porque soy enfermo de los riñones. Por guantes de Valencia o d'el citrino para el caron no nos desauendremos.
Her.—Demasiadamente se conforma con el tiempo; no irá d'esta vez al hospital si el meollo no le dexa.
Aso.—Todavia esto; es ora de maytines ya, quiero ver si su merced es lleuantada.
Her.—Hasta consigo vellaquea, haziendo de la vispera maytines.
Aso.—Que si no se le a oluidado dormira con piedra en mano como grulla; mira que nigromante soy y ella que assomaua, cantaremos pues,
por la calçada va el moro por la calçada adelante,
porque la señora es entonada y dize el tenor allá.
Her.—Y vos todas las partidas, sino el tiple.
Aso.—Quién podra engañar vn amador?
Mel.—Cómo assi, señor Asosio?
Aso.—Aunque el pensamiento y natural orden de las cosas me representassen mil phantasmas y sospechas, amor, por vias ocultas, fortalescia mi sperança, dandome essos ojos, essa boca y dientes en rehenes d'el coraçon.
Her.—Ya este rio sale de madre, mas todavia bien lo finge.
Mel.—Deues hauer soñado con Carcel de Amor, o Guarino Mezquino[711].
Aso.—Antes despierto estoy en ella siempre, paresciendome mezquina toda otra guarida que no sea de tu mano.
Mel.—Y respondesme por Aristoteles.
Aso.—Qué mal hago yo en obseruar las letras de la entrada de la escuela de Platon, no entrando sin Geometria, y de como para ti tenga necessidad de todo, hize prouision en casa de vn guante lleno de artes liberales.
Mel.—Amuestra, amuestra, amores.
Aso.—Velo ay, piensas que te engaño?
Mel.—No son malas, si las otras assi saben y tienen color de datiles.
Her.—Qué par de pieças, ambos cantan a compas; quisiera estar sin mascara para tambien me doctorar, mas qué tragar haze la nouia!
Mel.—Porque no digas que no te quiero bien, como tus logicas de tan buena gana.
Aso.—Come norabuena, vida, que más quedan allá: o, pese al caballo con la mula, con esto auremos de bridalla, ya que le sabemos esta maña. Pues entraremos?
Mel.—No es posible aora, que hay gente de fuera, mas tengo pensado vn auiso de los tuyos para mañana, que nos dará más tiempo y menos recelo.
Aso.—Qué es?
Mel.—Aqui vienen aldeanos algunas vezes a vender pollos, hueuos, mançanas y otras frutas en sus cestos; toma d'esto lo que mejor te paresciere y los habitos conformes, y uernas entre nueue y diez, que seran ydos a la missa, y entrarás.
Her.—No más, no más, todo va perdido.
Aso.—Y esso no es peligro o podria saberse? que yo estimo mucho tu honrra.
Mel.—Ya lo veo, pero dexame hazer, que mi honrra y la tuya quedarán en su lugar.
Aso.—Pues d'el resto, no doy un higo por los doze Pares.
Mel.—Por esso te asseguro, y vete antes que venga nadie; pero dize si vernas?
Aso.—Qué duda! No creo en tal con la borracha, si tiene armada alguna ratonera en que me tome biuo.
Mel.—Callentura lleua.
Aso.—Pensaremos bien en ello, y si no assentare bien, podreys colgaros de vuestros lindos cabellos como Absalon, que se me da muy poco d'ellos, por seren de Saba.
Her.—Y yo assi os lo aconsejo; no le quiero hablar aora, despues se reyra por junto; mas si ello es assi, no ay que fiar, y pues ay gente, dare la buelta y boluere.
NOTAS:
SCENA 1. DEL SEGUNDO ACTO
Idona a solas hablando en Heraclio y en sus auisos y lamentandose tambien de amor.
Idona
Ya este mal no sufre compañia, porque sólo el pensamiento me descança; esto son vezes d'el tiempo, por cada vno an de passar sus auenturas. Bien pudiera la fortuna sperarme vn poco más, pues la edad y inocencia me escusauan, mas tuuo embidia a mi reposo. Esto es amor aqui entre nos, amador y amante, que él no puede estar muy lexos, si sus affectos no son fingidos, y tanto más lo entendera de mí quanto más el sexo y la honestidad defienden publicarse. O escondido fuego que me consumes! por la potencia que te mueue, que assi abrases y occupes a Heraclio los sentidos que no participe d'esta gloria con mi pena. Qué harmonia la de su carta y quán poca resistencia hazen los oydos al dulce canto de las Serenas! Despues me embió este soneto, no estando en casa mi señora, y yo vsé de vna cautela, que lo ley y trasladé y torné a embiarselo como vino. No sé de qué suerte lo tomará; estoy medrosa, aunque su discretion salue mi recelo: el tomar nada está mal a las donzellas, y peor el responder; con vn renglon pagué á ambos: perdoname, porque no sé leer otra ninguna letra que la de mi padre y madre; si oy viene por acá, como sospecho, en el gesto se lo conoscere. No puedo dexar de l'elle[712] muchas vezes ni de dalle su lugar, que es el que duele.
SONETO
El frio que penetra en cuerpo sano Causa calor en él naturalmente, Porque pelean ambos diestramente Y vense vno al otro mano a mano. Mas vuestro hermoso gesto sobrehumano Sea en mi alma tan astutamente, Que el fuego que la enciende, al accidente D'el blanco y duro pecho prende en vano. Paresce que reconosce[713] de do viene, Y no quiere boluer por no offenderos Sino templado y menos encendido. Pero si en vuestros ojos se detiene Por ver si assi podria deteneros. De nueuo buelue todo a yr perdido.
Y pues he dado al spirito su reffection, quiero boluerme al cuerpo y esperar el ánima, que no tardará, si no ay en el campo otra que la detenga.
NOTAS:
SCENA 2. D'EL SEGUNDO ACTO
Melania sola ayrada contra Asosio y deliberada de burlalle.
Melania
Nunca medre saya, ni los dientes me aprouechen si no doy a muchas de muchos vengança oy; o hombres, dónde esta la fe, la justicia, el natural amor? en el apetito sin otro miramiento? todo es tierra mala y el artificio de satan. Estaua en la gloria de Niquea, con los amores de Amadis, teniendolo por santo, y todas sus palabras por plata fina, los sueños por reuelaciones; y aora veo todo ceniza; quisolo Dios assi, y alumbrar mi ceguedad, vista la innocentia. O traydor peruerso, yo era la Nimpha de tu fuente por quien offrescias sangre y spirito a amor? y en vn momento (sin que me viesses que te veya representar la farsa con otras dos) te alabaste al ayre y a essas paredes que trayas onze en la rueda; aguzando para mí más el ingenio, como si fuera furia infernal. Que por más no fuera que por la sinceridad de mis palabras, deuieras franquearme y romper por otra parte de la villa. Bien conosco yo las damas, y aunque no sean principales, qualquiera d'ellas se afrentara, procurando la vengança, que nadie quiere ser engañado, ni que otro le prefiera; grande fue mi sufrimiento, pues no sali luego a dar señal de tal despecho, mas la razon tiene otra fuerça. Ello está assi bien; el cauallero d'el ardiente rauia verna vender sus pollos y spero que no le falten compradores ni retorno, y que esta ira se conuierta en risa, por el señor Protheo, dios marino, que llegará a saluamiento.
SCENA 3. DEL SEGUNDO ACTO
Heraclio haze su visita, en la qual ha discursos varios entre él, Astasia y Idona.
Heraclio, Astasia, Aplotis, Idona.
[Her.]
De mi ventura quexoso, de quien me agrauia contento, de mi remedio dudoso, mas no de mi perdimiento.
Nadie me puede priuar d'esta gloria de mi firmeza, aunque la muerte a la vida, la fortuna a lo demas lo hagan, y en la mayor fuerça de mi mal este bien solo me consuela: ni puede aquella Nimpha accusarme de descomedido en las circunstancias de mi afficion, que si en limpieza y fe deue fundarse, qualquiera della guardan mis sentidos con tanta vigilancia, que se oluidan de su officio, poniendo al fatigado cuerpo en duros terminos. Pensé que mi soneto exprimiendo los affectos del coraçon pudiesse más que los versos de Zoroastro, o las yeruas de Medea; mas el duro pecho, blanco de mis saetas ó de amor, no menos las despunta y hecha de sí que si fuera de diamante. No bastaua la licencia para no tomar ni responder, sino el oraculo dudoso, que con el sentido vario me mata, sin me quitar la vida para más pena. Aora veremos la color; puede ser que d'ella se comprehenda lo que el juyzio no alcança. Cerca estoy, quiero llamar. Ta ta ta.
Apl.—Quién llama?
Her.—Quien quiere paz y le dan guerra.
Apl.—O señor Heraclio, tu merced era?
Her.—Era, que ya me conuerti en otra piedra.
Apl.—Muchas ay que valen más que el oro.
Her.—Sí, mas no les sabemos tan particularmente las virtudes como a esse cauallero.
Apl.—Creolo.
Her.—Qué hazen por acá?
Apl.—Lo acostumbrado.
Her.—Pues yo vengo buscar más.
Apl.—Todo es prouar ventura.
Her.—D'ella soy yo bien prouado o tentado.
Apl.—No ay cosa que no se acabe.
Her.—Si antes yo no me acabo.
Apl.—Que no, señor Heraclio.
Ast.—En la oreja me sonaua tu boz, allá en mi cámara.
Her.—No seria en la izquierda.
Ast.—No, pero buenos dias.
Her.—No queria que tuuiessen otro nombre.
Ast.—Siempre vienes armado.
Her.—Y sin armas soy vencido.
Ast.—Mas no rendido.
Her.—Ay!
Ast.—Qué te duele?
Her.—Tu poco dolor.
Ast.—No lo dezia yo? entremonos si mandas.
Her.—Y aun para quedar toda la vida.
Ast.—Enfadarte ias.
Her.—Prueualo.
Ast.—Costaria caro.
Her.—Yo daria lo que queda.
Ast.—Para qué? sentemonos aqui fuera de mano, porque no venga alguno que nos estorue.
Her.—Sea assi, mas de qué te ryes?
Ast.—Tú lo sabes.
Her.—Tan clara y transparente eres!
Ast.—Sí, a quien me mira sin antojos que hazen major la letra.
Her.—Es al contrario en mí, pues no me muestran tu coraçon, ni encarescen lo que veen.
Ast.—No ves que te arguye la consciencia? pero passemos a otro proposito, cuyo principio sea preguntarte cómo estás.
Her.—Tambien yo pudiera reyrme aora y responderte que tú mesma lo sabias si dessearas entendello.
Ast.—Muy proueydo andas contra mí y sabes todauia quán senzilla y sin malicia soy.
Her.—Otra cosa me dixiste tú vna vez.
Ast.—Qué?
Her.—Que no auia malicia que no entendiesses, aunque lo dissimulasses.
Ast.—Es muy gran verdad, y aun aora te lo affirmo.
Her.—Qué puedo yo luego sperar de ti?
Ast.—No es consequencia, porque el astuto cauallero deue saber el lugar de la emboscada para hazer otra contra ella, y el diligente caçador dónde tendera sus redes sin errar. Qué daño hiziera entender Eua a la serpiente? qué pensatiuo está! qué dizes? tengo razon o no?
Her.—La que yo de amarte a pesar de todas las sierpes que me tientan.
Ast.—Qualquiera pena merescias auiendo aora juez en medio.
Her.—Por qué?
Ast.—Por diuertir de vn argumento bueno a otro que no es tal.
Her.—Deliberado estoy sufrirte sin culpa ni desculpa, porque me salua la intencion; guya pues, que yo te siguire.
Ast.—Si en mí lo dexas, no pararé hasta llegar al cielo: no miras qué sereno está, produziendo estas flores y sus alteraciones[714] con las más?
Her.—Essa es la mejor contemplacion, puesto caso que en la más pequeña parte d'ella esté vn abismo incomprehensible: pero en lo de fuera y do la vista puede llegar, ay tanta diferencia de sabores, que el menor d'ellos basta a sustentarnos quarenta años, quedando siempre el vestido nueuo y el calçado, que es en su ser naturaleza, que la virtud todo conserua como balsamo verdadero d'el spirito.
Ast.—No ves qué buena guya soy? y quán sin trabajo te lleué tan alto? pues más as de subir; no leyste alguna vez quán lexos sea de aqui al cielo?
Her.—Sy, mas deue de ser más, pues lo es tanto d'el cuerpo al ánima estando en él.
Ast.—Mas por tu fe?
Her.—Hállasse auer desde el centro de la tierra hasta la sphera de Saturno más de ocho mil años de andadura.
Ast.—Qué me cuentas?
Her.—Lo que ley.
Ast.—Qué marauillas, y qué tantos son los cielos o quál es mejor opinion? porque vuestros philosophos no concordan: cuyas reuoluciones holgaria de entender, que como sea mujer, estoy tan pobre en esto, que quando lo oygo me parescen cosas d'el otro mundo.
Her.—Ya veo que no siendo Hercules ni Atlas, pretendes ponerme el cielo sobre los hombros[715], porque desecho con el peso, se deshaga la occasion de te enfadar, mas yo haré como Adam, que dio la culpa a Eua en auer comido d'esta fruta, y tú a tus culebros maliciosos, y a cada vno cabrá assi su parte d'el castigo de la golosina.
Ast.—Cómo eres vengatiuo! mas si quieres, quede todo sobre mí, y tú en parayso contemplando.
Her.—No ves que conuerna siguir la compañia?
Ast.—Ora, pues assi a de ser, no temas nada.
Her.—Contigo no ay de qué temer, cuya vista enfrena toda ponçoña.
Ast.—Callo porque hables, y no sean todo questiones.
Her.—Essas no cesan dentro de mí, mas no para impedir seruirte. El cielo o cielos comprehenden lo criado, siendo comprehendidos del que los crió, a quien nadie comprehende, como nuestro entendimiento a las cosas corporales y a él ninguna dellas: aunque los sentidos, como medianeros y participantes de vno y otro, sean ministros de la razon en esto: que es comparada o produzida de l'ánima d'el cielo, como ella de la mente angelica, verdadera Venus, de quien Amor nascio, alçando la cara a Celio, suprema fuente de toda hermosura.
Ast.—Aora veo menos que de antes, pienso que quieres que espantada de la mucha claridad me buelua a mi primera sombra.
Her.—No hago, antes pongo vna nuue delante el sol para que puedas encarar en él sin offender los ojos.
Ast.—Menos te pidia yo.
Her.—Ay verás si me deues más de lo que confiessas.
Ast.—Prosigue, pues.
Her.—El noueno arrebata y lleua consigo todos los otros, con tal velocidad y impeto, que en veynte cuatro oras buelue a su primer lugar, haziendo ellos dentro del contrario mouimiento cada vno como le cupo en suerte, tardyo o apressurado, de cuya discordia nasce otra más suaue concordantia que esta de los elementos, que siendo materiales de las formas inferiores, son los cielos con sus planetas los instrumentos con que labran aquellos diuinos intellectos, repartidos tambien en nueue ordenes. El decimo despues del nono es el impireo imoble, forma y luz de toda otra forma y luz inferior y rayo de aquella luz inaccesible y no criada.
Ast.—Bien está, si tú me ouieras leydo otras lectiones.
Her.—Basta siendo tú el eslauon[716] y pedernal del fuego que ay en mí.
Ast.—Bien creo que qualquiera milagro haze amor, quando.
Her.—No passes de ay, que ya te entiendo. Sabete que el mio no se aparta de su sposa, mas tú adrede me persigues. Si es por acendrarle más para que meresca gozar d'ella, ya pagas todo: mas si con ánimo de verme caydo para mostrar gratitud en leuantarme, mucho más te apartas d'ella y de aquella modestia singular que en tí auia. Dessea, señora, pagarme quando yo de ti tenga necesidad, y no desseys para pagarme que yo la tenga; porque seria querer que el cielo fuesse cruel para tú te monstrares piadosa; y bien ves quánto en ello ganarias.
Ast.—Si dudas de mi intencion? aun estás muy lexos donde yo pensaua, y d'esta suerte pequeño inconuiniente seria verte caydo para ayudarte a lleuantar, lo que yo desseo, y no que caygas, por pagarte. Pero acaba lo que començaste y no te arrepientas, si no quieres que yo lo haga de deuerte.
Her.—Lo que quedaua por dezir es tanto y tal, que no admite lengua, y que en parte lo hiziesse es prohibido.
Ast.—De quién?
Her.—De quien trató d'ello.
Ast.—Aora me quexaré de ueras, pues tienes por prophanado lo que me dieses, sabiendo por quán prophano yo tenga al vulgo.
Her.—Engáñaste; todo fiaré de ti a la oreja.
Ast.—Quién está aqui que oirte pueda?
Her.—De la Luna para baxo todo es lleno de espias que nos accusan quando peccamos.