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Orígenes de la novela, Tomo III

LA LENA (continued 3)

Reading edition

Ram.—Yo se lo diré, encontrando con él.

NOTAS:

SCENA V

Lena, Macias.

[Len.].—No será bien (pues quien primero toma no se arrepiente) dexar enfriar el amor de mis escaramuçantes (porque no dura más en ellos que de Nauidad a Sant Esteuan). Más pierde quien más verguença tiene. Bueno seria auerles enseñado el camino y perderme yo en el bosque. No quiero (porque no ay cosa que tan facilmente se quiebre como la voluntad d'el hombre) aguardar más, a peligro de que les dé fastidio, el pedirles la buena pro les haga, y que vssen comigo como el que mientras llueue se mete debaxo del arbol, y passada l'agua le haze leña para su fuego. Querranseme ahora (si viene a mano) esconder en vn trigo segado. A punto me llega el menor, de cuyas palabras se puede fiar tanto como de vna soga pudrida. Señor Macias el enamorado, dichoso, rico y gentil hombre.

Mac.—Qué ay por acá, Lena bella, discreta y agraciada?

Len.—Parece que començamos a tirarnos las verdes. Vengan mis chapines y tocas.

Mac.—Rato ha que las vi passar.

Len.—Passador malo me atrauiesse si lo dexare passar. Y el señor Damasio, está tambien con modorra?

Mac.—Por esso vengo de tomar vn poco de aire, que me he sentido esta noche algo pessado.

Len.—No ay sordez peor que no querer responder a proposito. Pues no me hagan entonar tan alto que nos oyan los mudos.

Mac.—No son los tiempos siempre de vna manera: seria mejor atender de oy más a lo que conuiene a nuestras almas y pensar lo que somos y a qué auemos de venir, dexandonos de vanidades que tan caro cuestan.

Len.—Este es el primero sermon que ha hecho pollo a raposa, que no se hallará en Esopete. Estoy por reirme sin gana. Ha, ha, ha. Ahora digo que tambien se toman zorras viejas de las que han otras vezes dexado la cola en el lazo. Despues de pan y vino cogido, y lo que peor es, comido y beuido, damos en santitades. Antes se ha vno de oluidar de sí que d'el proximo. De aqui adelante yo ataré mejor mi dedo: quien tal haze, que tal pague.

Mac.—Ya me parece que os vais entonando, como dixistes poco ha: guardaos de oyr essa cancion a cauallo.

Len.—Qué me dize V. m.? Hablemos claro, no ay para qué mascarme las palabras. Aunque se oluiden las buenas obras, siempre ha de durar el respecto que se deue a las tocas.

Mac.—Y aun por no auer oluidado yo las vuestras, digo que os guardeis.

Len.—Alomenos guardarme he de tratar con gentes que traen las cabeças tan llenas de aquello que no es bueno sino para nauegar.

Mac.—De viento quereis dezir: mirá cómo corremos las parejas. Quien os sufre essa injuria, no merece algo?

Len.—Digo que se ha de cumplir lo prometido, porque d'esta manera se aumenta y conserua el credito; y vueluo a dezir que quiero mi buena estrena.

Mac.—Dos cosas son prometer y cumplir. Mas qué cosa es buena estrena? que antes nosotros la pretendemos de vos.

Len.—Y de qué norabuena? Aun seria peor esso que lo d'el qu'emplaça a su acreedor. Yo sé bien lo que me deuen y lo que por ellos he hecho.

Mac.—Pero no lo que nosotros pensamos hazer por vos: que andamos desuelados por daros contento y descanso, y no lo acabais de entender; la vna mano tira y la otra hila.

Len.—Señor mio, al orinar se conocen las yeguas; tanto me dirá, que me cosa la boca: sepa yo, pues (antes que muera), lo que me tiene la ventura guardado.

Mac.—No es poco.

Len.—Alomenos biene poco a poco.

Mac.—No aueis oydo decir: nunca mucho costó poco?

Len.—Con esso me destetaron. Mas no sé lo que m'espero; y bien que me costará ya muy caro.

Mac.—Esso más es que descoser la boca. Quiero's lo dezir, por no venir a las manos.

Len.—Pues tras qué ando yo? Daua la esperança por verme con V. m. a la melena, pagandome de mi mano en contado.

Mac.—Mas lo querriades sin contar. Dexemos esto, que ya son amores. Queremos casaros, ea, acabemos ya.

Len.—V. m. me parece que tiene en la vna mano el pan y en la otra el palo. Oxalá, que ya mi requebrado hizo flux.

Mac.—Es posible?

Len.—Al confessor y al médico se ha de descubrir todo. He descubierto que cubria vna andrajosa y que la tiene preñada, y como amor no puede sufrir acompañado, al punto le di passaporte. No ay, señor, que fiar de rufianes, pues auiendo yo sacado a este traidor (oliendo a estiercol) de rascar la mula del canonigo Frechilla, trayendole como vn palmito y dadole quanto tenia (a qué quieres boca) me ha dado este pago.

Mac.—Alguna secreta virtud deue tener, pues Lena (maestra d'estas labores) ha hecho tanto por sus pedaços.

Len.—Mas pensé que por sus ojos bellidos. Daria lo que me queda porque fuesse de veras lo que V. m. me dize, para oluidar a aquel vellaco. Mas a fe, burlase V. m.?

Mac.—Mi hermano's lo dirá. Como quien soy, que os queremos casar.

Len.—Con quién? Con quién, por vida mia?

Mac.—Quando menos, con Ramiro, baruero, cirujano y un poco fisico; hombre maduro, acreditado y bien acondicionado.

Len.—No es el de la hija bonita, donde ya me'ntiende?

Mac.—El mesmo.

Len.—No me parece mal; mas no sé si me querra con tan poca dote.

Mac.—Todo lo suple vuestra persona y buenas partes: ya le tenemos medio conuertido.

Len.—Harianme Vs. ms. su perpetua esclaua; si no me oluidan, no faltará en qué seruirselo.

Mac.—Dexanos el cuidado, y tambien de regalaros por lo que os aueis fatigado en guiarnos la dança, y quanto os he dicho ha sido por tentaros.

Len.—Bueno seria pensar otra cosa; no querria ser tenida por tan necia; todo se me alcança. Beso las manos a V. m.

Mac.—Con bien vais.

Lena, sola.—Con esta buena esperança quiero començar a ordenar mi ajuar y esforzarme quanto pudiere a salir de pecado y huir de que se diga por mí que no ay ramera ni alcahueta que no venga a morir en el hospital o de hambre. Cómo se mejoran las horas quando Dios quiere y quánto aprouecha seruir a los buenos! Al fin no queda carne en la carneceria, por mala que sea; y en effeto, la muger es como la yedra, que arrimada al tronco se sustenta verde y fresca, y apartada se seca. Bueno será ponerme de veinte y cinco alfileres para echar mejor el garauato a Ramiro; que aunque no soy para desechar, todo lo auré menester, porque me parece que ha dado mucho de sí. Mas si cenare solamente vna ensalada, no se dirá que me voy a dormir ayuna.

SCENA VI

Cornelio, Aries, Inocencio.

[Cor.].—Dixo cierto sabio que cada vno tiene su defeto, y que el suyo era la muger que tenia, sin la qual en todo lo demás era bien afortunado. Deue (sin duda) de ser vn pessado inconueniente, pues vn hombre tan justo y prudente sentia alterada toda su quietud y vida por la mala cabeça de su muger. Qué deuemos pensar los pobretos como yo? Verdaderamente que me pone en cuidado el humorcillo de Policena, y assi estoy entre si me casaré o no me casaré, como pinaza en la mar, combatida de dos vientos. No querria hazer como muchos necios, que primero hazen las cosas y despues las piensan. Esta mañana al salir de casa, la primera cosa que oi, fue toser a un cabron, y aunque me dizen lo suelen hazer por la mudanza d'el tiempo, lo he tomado por mal aguero. Mas otra cosa me da mucho que pensar, y es auer oydo que los casamientos y partos del verano son muy peligrosos. La razon desto deue d'estar en la esperiencia, pues no ay astrologo que la sepa adeuinar sino con dos dedos. Echome a nadar a la ventura (como hizo mi padre) en el lago tocado d'el Vnicornio. Quiero poner las manos en el rostro, por no topetar con la frente, y hazer lo que mis amos me aconsejan: que si Ramiro no tiene casa, tampoco yo gozo de hogar ni viñas. Ellos me prometen lo qu'es bueno, y mi señora casi el ajuar entero; Ramiro no tiene otro heredero y hallase con granillo; la moça es cortada a mi medida; deuola (segun me jura) su honrra, y está espiritada por mi gentileza; buenos señores y amigos: puedome passear poco menos que a cauallo, pelando cada dia mis patos; qué quiero más? Ramiro me ha dicho qu'el señor Aries me dessea hablar; deue de labrar el fuego. Es, pues, burla que tendré mala rentilla en él? Quiero yr a buscarle y cargarl'he de palabras que sean como el estruz, que ni es bestia ni aue, gouernandome de manera que le vaya chupando sin sentir, y aumentando el desseo con falsas esperanças, sin acordarme d'él más que de las nuues de ant'año. Alli está; quiero hazer del dolorido para que valga más la mercancia.

Ar.—Vengais en buen'hora; pues, amigo, cómo está la mano? He entendido que la herida es pequeña, de que me huelgo mucho.

Cor.—Qué importa, si quien me la dio la haze grande, pues yua con ánimo de cortarme cercen el braço.

Ar.—El está donde lo pagará todo. Hablastes más a mi señora Violante?

Cor.—No ha media hora, haziendo vn largo razonamiento sobre V. m.

Ar.—En fin?

Cor.—En fin (señor) está de manera que vn ciego echaria de ver de qué pie coxea, pues da señales de lo mucho que gusta de oyr mentar a V. m.

Ar.—Podré cr'er esto?

Cor.—Bueno seria dudar de cosa tan puesta en razon; sí, que no se hallan a cada passo las calidades que mi señora ha entendido de V. m.! Ella es persona muy sabia, y como tal (por no mostrar ligereza) no se quiere declarar tan fácilmente; mas presto nos desengañará el coxo. Entretanto sepa V. m. que le tiene perdida la mala voluntad.

Ar.—El tiempo trae las cosas a quien con más razon puede'sperarlas; mas el mio es tan corto quanto larga en ella essa buena voluntad; y assi, no siendo para mí esperanças tardias, ni menos pretender inclinarla con los amorosos terminos, de que suelen pagarse las mugeres (aunque no las que son tan acuerdas como ella), estoy resuelto de pretenderla por via de casamiento, si ya no hallamos otra más corta.

Cor.—Essa, señor, es infalible, si no se atrauesasse el desseo que tiene de casar antes a la señora Valentina, que (dize) comiença ya a parecer mal en casa. De los hijos, V. m. lo sabe de su boca. Mas he pensado vna cosa desde que Ramiro me dixo que Ceruino es impotente, y que V. m. pretende dar otro marido a aquella señora, y es que sea el señor Damasio, si quisiesse venir en ello; pero pongolo en duda, por verle tan embaraçado con aquella donzella.

Ar.—No más, basta esto por ahora, que viene alli el Bachiller; no quiero que entienda lo que vamos tratando. Andá en buen'hora, y de quando en quando, vna puntadica, por amor de mí.

Cor.—Ya estoy al cabo. (Sale Inocencio.)

Ar.—De dónde viene ahora el buen Inocencio?

In.—Ya V. m. lo puede pensar.

Ar.—Pues qué ay?

In.—Nunca le falta mala ventura al desgraciado. Ha ydo al Corregidor vn cauallero moço (nomine Macias Curuca) echando chispas, haziendo grandes requerimientos, diziendo que el herido tiene el pasmo y qu'está ya en las manos de Dios.

Ar.—Esso es assi.

In.—Por otra parte, el padre de Bezerrica (que no parece) pidiendole quenta d'él, y que hasta que se le dé, le tengan a buen recaudo. Y assi, le han buelto a estrechar la prision. Y hallandosse afligido m'embia a supplicar a V. m. que por amor d'el Señor no le desampare, y que se vaya tratando d'el casamiento de la señora Cassandra, qu'él gustará de que se effectue. Y qu'en lo que toca a mi señora, él mesmo hará fe bastante para que sin más aueriguacion la pueda V. m. dar a quien la quisiere. Qu'él pretende (cansado ya de las cosas del mundo) retirarse a vida solitaria. Encomiendosele a V. m., amore Dei.

Ar.—Porque se allana, y el nombre que ha tenido de mi yerno, yré a entender lo que ay; y si puedo, le haré dar en fiado vna casa por carcel (como no sea la suya).

In.—Esso no importa, pues no quiere entrar más en ella.

Ar.—Yo huelgo mucho d'ello. Vayasse, bachiller, haga buena compañia a las mugeres y digalas lo que passa, que yo yré a verlas. Aries (solo). Ahora sí que a mi gusto podré traçar y juntar, a menos costa mia ya, la de Ceruino; quiero encaxarme adonde desseo, para passar mejor la enojossa vejez. Será bien acudir a Macias para que apriete a su hermano, y que de tres casas hagamos sola vna, de consuelo y alegria; no quiero dormir mientras está el hierro caliente.

SCENA VII

Damasio, Macias, Cornelio.

[Dam.].—Hermano, adónde ha ydo Cornelio?

Mac.—Es tan diligente, que donde quiera es de cr'er que nos está siruiendo. Veisle alli.

Cor.—A dónde yuan Vs. ms.?

Mac.—A buscarte, que no sabemos estar sin ti vn momento, y vamos cortando de tus pedaços.

Cor.—No ay pocos de que assir, segun ando destroçado. Pagados quedamos, pues yo tambien he roido los çancajos a Vs. ms.

Dam.—Con quién las has auido, por tu vida?

Cor.—Adeuinelo V. m.

Mac.—Ea, dilo.

Dam.—Con el señor Aries, que anda en todo y por todo de nuestra parte.

Mac.—Qué dize?

Cor.—Tanto ha dicho y yo contrapunteado, que no lo quiero dezir.

Dam.—Bueno es esso; acaba d'echarlo.

Cor.—Que la señora Marcia será de V. m. y la señora Cassandra me parece que la lleuará vn cauallero de Tortosa.

Mac.—Qué dizes? Estás loco?

Cor.—Como se lo quento.

Mac.—Gentil nueua me traes para venir tan alegre; cómo eres necio!

Dam.—Dizeslo de veras?

Cor.—No son cosas para burlar con ellas. Assi se la dexarán de dar, como el señor Aries alcançar lo que pretende.

Mac.—No nos dirás qué quiere?

Cor.—Quando menos que mi señora le caliente la cama.

Mac.—De qué manera?

Cor.—Como la calentó a su padre.

Mac.—Y quando mi señora viniesse en ello?

Cor.—Entonces él lo trocará todo y hará que V. m. tenga lo que dessea.

Dam.—Cómo sabes tú todo esso?

Cor.—Porque lo ha tratado comigo y se contentará d'esta manera.

Dam.—Tú eres a punto el aliento, que ahora calienta, ahora enfria; o como el alacran, que hiere, y con su aceite sana. Gran cosa es tener criado que no haya menester consejo. Para dezir verdad, tú mereces mejores amos que nosotros.

Cor.—Yo los tengo mejores que sabria dessear.

Mac.—Entremonos, hermano, persuadamos a mi señora, que si yo no alcanço esto d'ella, me quiero ir a Flandes.

Dam.—Poco será menester para esta coniuncion, porque la deuemos de tener de manera (con la platica de nuestros amores) que no deue dessear otra cosa. Entretanto, toma tú, Cornelio, estos diez ducados, que ha mucho que son tuyos.

Cor.—Adeudarse haze al hombr'esclauo. Beso las manos a V. m. Y el señor Macias, no piensa sino injuriarme?

Mac.—Toma quanto tengo, que todo es tuyo.

Cor.—Sí, por cortesia, pero no querria yo ver siempre esse toma desnudo.

SCENA VIII

Morueco.

[Mor.].—Ahor'acabo d'entender ser los celos de las más violentas y bestiales passiones que pueden tocar a vn hombre: porque si vna vez se assientan en la cabeça d'el que se consume y seca inuestigando vna tan escura verificacion, le haze cometer ridiculossos desatinos. Bien dixo aquel qu'el celoso es loco de arte mayor, pues como tal, tiene miedo hasta de su mesma sombra, y de cosas nunca vistas, oydas ni pensadas: mirandolas como en espejo de alinde, que se las representa muy mayores de lo que son. Biuiendo el cuitado siempre, en el mal hecho vn Argos y en el bien ciego topo, con vna inuengable yra, que no se le puede acabar sino con la vida, por ser infinito el numero de los que dessea herir y matar, para satisfacer la rauiosa saña que tiene contra todo lo que teme; temiendo de quanto imagina. Y puede tanto esta frenesia, que aun contra sí mesmo le buelue: tanto, que ha auido alguno que para saber si su muger le haria los husos tuertos (por si s'empreñasse, poderla conuencer de adulterio) se hizo (quando menos) capar. Poco le ha faltado a nuestro Ceruino para hazer otro tanto. Veis aqui lo que resulta d'estos escusados celos, cuya vengança más hiere que sana al que los tiene. Como Lepido, que vino a morir de pena. Mas bueno seria, si Macias, que con tanta voluntad ha pedido por muger a mi sobrina Cassandra, se saliesse ahora fuera. Quiero yr, a la ventura, a ofrecersela; que espero mirará quién es, y que la señora Violante considerará quán bien estará a ambas partes. Riome del buen viejo Aries Gonçalo, que estando el pie en la sepultura (para alargar la vida) pretende lo que (quando menos se cate) le hará cantar a la puerta vn Requiem aeternam. Porque la muger es como la yedra, que corrompe y arruina la pared que acaricia y abraça. Como le cuadra bien lo que otro viejo respondió a vno que le reprehendia porqu'en tal edad se casaua: No fuera yo viejo si tuuiera seso; basta que quando le tuue me tuue. De quán diferente humor está Ceruino, que dexa tan facilmente muger e hija (no viendo la hora d'echarlas de sí), y porque yo ayude y le dé mi granja para retirarse, me da la renta que tien'en Tordehumos, de que yo me contento por apartarle de mí. Y ya resuelto, voy a echar vn lance, donde por ventura quedaré con los demas enredado; que la señora Valentina es pieça que facilmente me hará embarcar por su seruicio.

SCENA IX

Lena, Ramiro.

[Len.].—Mereceria que m'echassen en vn rio, si despues de auer tenido escuela de humanidad treint'años no supiesse mi quenta y quisiesse venir a ser esclaua, de señora de mi casa y anchura. Quiero ver cómo passa el negocio; que quando Ramiro no se contente de mi estar poco en casa (buscándome la escama en el cogote) no quiero que passe adelante nuestro casamiento. Seria bueno (por no saber su condicion, al cabo de mi vejez) dar de nalgas en vn prado de hortigas, que nunca fueron buenas para salsa. Tambien será bien saber lo que tiene, porqu'es menester más que manteles limpios a la mesa. Quiero capitular antes con aquellos mis señores, que cabeça sin lengua a calabaça se parece. Mas digamos ahora qu'él fuesse mal acondicionado y pobre (nunca coz de garañon hizo mal a yegua), ¿no me le traeré yo como leche a vna mano, pues va la pierna donde quiere la rodilla? Y quando la despensa no esté muy bastecida, dexaré yo las manos en el seno a Policena? Es verdad que no es la moça (cayendo en las mias) para que anden los regalos rodando por casa (aunque se case) y venga a ser la tienda de mi nouio la más frequentada y famosa desta ciudad! Quiero m'engolfar: que no puede faltar nada a quien ha sabido hazer de vn celoso vn satyro; qu'esto me da vn coraçon de elefante. Aqui viene mi velado y todo mi bien.

Ram.—Amores, cara de Pascua florida, ya qu'estamos tan adelante, bien te puedo pedir vna cosa a credito, como mia.

Len.—Tal puede ser que no aya lugar.

Ram.—Que me dexes besar essa boca de perlas.

Len.—Esso es? Dios me defienda d'el enemigo malo. La primera cosa que no se permite a los desposados; no haria por todo 'l mundo semejante pecado: hagase antes lo que diz'el cura.

Ram.—No me puedo yr a la mano, porque vienes oliendo a mil ambares.

Len.—El más perfecto olor de la muger es n'oler a nada. A tiempo seremos.

Ram.—Adónde vas, amores?

Len.—A buscar a mis buenos señores.

Ram.—Es en vano, porque están (como en consejo d'Estado) tratando de muchos casamientos, y ha passado vna cosa de risa.

Len.—Y es?

Ram.—Que proponiendo el señor Morueco el de la señora Violante con el señor Aries, respondio ella que antes se meteria monja que hazer tal agrauio a los huessos de su marido, porque daria que dezir a las gentes, si al cabo de tan larga viudez, teniendo hijos é hija para casar, los diesse antes padrastro. En esto saltó aquel loco de Macias diziendo: señor Morueco (pues lo dessea tanto) V. m. se casará con nuestra hermana y mi señora con el señor Aries, a quien nosotros holgamos de tener por padre. Y assi se lo podrá V. m. dezir de nuestra parte. Y que se tenga de oy más por señor desta casa; en lo demas no me entremeto, pues mi señora quiere ser forçada. Mirá si aurá dado bien que reir.

Len.—Ha, ha, ha. La señora Violante no querria salir de tan largo ayuno sino con carne fresca, mas no le faltará consolador. Qué rollo de muger! si yo fuera hombre, me perdiera por ella.

Ram.—Si supiesses lo que ay debaxo de aquel mongil, de veras lo dirias.

Len.—Y vos sabeislo?

Ram.—No quieres que lo sepa, si la he echado ventosas y sangrado de braços y touillos cien vezes?

Len.—Y tocado, a, no? Quitáosme de delante, que me rebolueis la sangre en el cuerpo. No ay cosa que más cuidado me dé en este casamiento que auer de tener marido priuilegiado para poder emplear sus cinco sentidos donde otros no pueden vno.

Ram.—No me has de ser celosa, si quieres que biuamos como dos palomicas sin hiel.

Len.—Al fin, en qué han parado las pláticas?

Ram.—Ya quedan todos concertados.

Len.—Decime cómo.

Ram.—El señor Aries, con mi señora Violante; el señor Morueco, con la señora Valentina; el señor Damasio, con la señora Marcia; el señor Macias, con la señora Cassandra; el señor Cornelio, con la señora Policena, y el señor Ramiro, con mi señora Lena, qu'están presentes. Y todos quieren pedir al Corregidor la libertad de Ceruino, que pues las partes se contentan, es justo que se halle a las fiestas y bodas de su muger, de su hija, de su suegro y de su cuñado. Y porque las piensan hazer muy solenes, me embian a preuenir los menestriles de la ciudad, y assi (para que se lo diga) voy a buscar al trompeta Iuan Cornier. Sabrásme dezir adónde le podria hallar?

Len.—Si, hermano, donde vos teneis los pies. Mirá que con la priessa no se os caya alguna mentira.

Ram.—Si me cayere, la hallaré en tu casa, donde començaremos a tratar de nuestros pucheros.

SCENA VLTIMA

Cornelio.

[Cor.].—De parte del señor Ceruino, guarda mayor de los montes, se haze saber a todo el insigne auditorio que los que no se fiaren de sus consortes estarán tan seguros como de no caer las ojas d'el arbol en fin de otoño. Porque los celos son contra el natural ingenio de las mugeres: cosolete de araña para los arcabuzazos; la curiosidad, en todas partes viciosa, y en ésta mas perniciosa. Y assi (mouido de piedad y celo fraterno) amonesta que ninguno (de qualquiera calidad que sea) los tenga, dentro ni fuera de casa; so pena de que no le podrá faltar mala ventura. Antes, que todo el mundo se arme de la quieta y mansa paciencia. Porque la esperiencia le ha hecho tocar con la mano que todas las sutilezas y vigilancia de los espantados Lepidos (que no quieren dexar hazer su curso a la Natura) son açadones con que los cuitados sacan de los centros de sus sospechas las inuisibles cornetas de la Fama. Y aduierte que se burlan más d'el que se fatiga en poner remedio que d'el pacifico que lo dissimula o ignora, y qu'es menester gran ingenio para cuitar tan inutil y enojosso conocimiento. Por lo qual aconseja (sobre su conciencia) que cada vno renueue en su casa la costumbre de los prudentissimos Romanos (a quien deue imitar) que quando boluian a las suyas, lo embiauan delante a auisar a las mugeres para no cogerlas de sobresalto, descuidadas y mal compuestas. Y porque'l sereno podria hazer mal a las damas (que son más delicadas), las combida con su cena y casa, ofreciendolas que no faltará de la fruta más agradable a sus gustos.

Valete et plavdite.

Tetu in de Chamartin.—Imp. de Bailly-Bailliere.

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