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Orígenes de la novela, Tomo III

COMEDIA INTITVLADA DOLERIA D'EL SUEÑO D'EL MUNDO (continued 2)

Reading edition

Ast.—Dizes bien, si ellas no entrassen tambien en casa.

Her.—No podran ni osarán.

Ast.—Assi, pues, dize.

Her.—Entiendes?

Ast.—Son grandes marauillas, pero en tu proceder y habla veo que te enfadas.

Her.—Desse modo ya conosces quán a tuerto me accusaste y que desseo de seruirte a tu sabor y al mio. Toma la voluntad que forçada passó los limites del ingenio y pone al juyzio en condicion de ser condenado por su loco atreuimiento, y auiendo hecho mi sermon, resta pidir la gracia que se me oluidó, por premio d'el trabajo sin otra oracion.

Ast.—Essa está en su lugar.

Her.—No lo dudo, y con esto seria tiempo de me dexar.

Ast.—Cómo?

Her.—Yo no me veo sino quando estoy contigo, porque absente estoy sin mí.

Ast.—Y si yo sé otro altar a do vienes hazer tus sacrificios?

Her.—Será de ti tan cerca, que la mayor parte del olor y fuego participes; y si andas por ay, no ay hoja en este arbol en que tú no estes scripta.

Ast.—Holgara mucho de tener que darte.

Her.—Nunca yo te pediré lo que no tienes, y con lo que me dieres seré contento, porque presumo lo harás conforme a tu magnanimidad y mi trabajo.

Ast.—Y si ruego a Dios te vea bien casado, no es harto?

Her.—Sí por cierto, y con tanta más instancia lo rogarás, quanto más prueuas que el contrario es enojoso; mas ya no puede ser, pues eres muerta, que si biuieras, sperara yo resuscitar d'estos descontentos.

Ast.—A lo imposible no ay que dizir, y más yo soy vna sombra.

Her.—Pues yo te affirmo no buscara otra ni la dexara por ningun cuerpo deste tiempo, aunque algunos me llamasen necio.

Ast.—Mal peccado, mas poco haria al caso.

Her.—Tan poco, que ya todo me sabe a lo que es.

Ast.—Essa es la salud.

Her.—Acá viene por quien el cielo se muestra más sereno, como causa efficiente de tales monstros.

Ast.—Quién? o mal hombre, tan prompto estauas? que ay, Idona?

Ido.—Tu compadre, señora, que quiere hablarte.

Ast.—No desiste que tenia compañia?

Ido.—Sí, y todavia quiero dezirte vna palabra solamente.

Her.—Ve, señora, que será algo que te importe.

Ast.—Perdonarme as?

Her.—Sí, haziendo la señora Idona penitencia.

Ast.—Iusto es; Idona ya le entiendes, trabaja por le engañar.

Ido.—No podré.

Her.—Ni es razon que el alma engañe al cuerpo.

Ido.—Ni el cuerpo al alma, como se vsa.

Her.—No en cuerpos glorificados como el mio, que de la contemplacion de tu figura todo lo malo se despide como neblina que la calor del sol gasta y consume. No me respondes?

Ido.—No ay a qué.

Her.—Harta ingratitud paresce, ya que verme no quieres boluiendo a otra parte tus hermosos ojos, no oyrme.

Ido.—Soy contraria a extremos, y suena lo que dizes a estos milagros ordinarios.

Her.—O Dios, y en qué lengua tengo de hablarte?

Ido.—En la mejor, pues que la sabes, y no sea honrra de labrios estando tan lexos d'ellos el coraçon.

Her.—No se dixo esso contra mí, pero quiere la suerte que tú lo interpretes a tu modo.

Ido.—La suerte es esclaua de la verdad.

Her.—Mucho sabes, y quien prueua lo contrario y ve el bien seruir al mal?

Ido.—No pierde todavia la virtud su natural lugar aunque sea herida y mal tratada por vn tiempo.

Her.—Qué puedo hazer sino rendirme a la dulçura de tu boz y resplandor de tus hermosos ojos? todauia no me respondes?

Ido.—Si perseueras.

Her.—Qué ingrata eres, y a eso te supo mi soneto?

Ido.—Podria ser.

Her.—Y el concierto?

Ido.—Yo no interuine en él.

Her.—Y la obediencia?

Ido.—No la passé: entendiase en presencia de mi señora, porque yo no sé leer otra letra que la suya.

Her.—Y yo la tuya quanto basta para morir.

Ido.—Hazes d'ella ponçoña?

Her.—Ponçoña no, mas oraculo dudoso.

Ido.—Poco auia que dudar en él.

Her.—Ora yo te perdono con que lo enmiendes.

Ido.—No quiero perdon.

Her.—Esso es peor; quieres decirme vna verdad?

Ido.—Si la supiese.

Her.—Sabes que te amo?

Ido.—No.

Her.—Ni lo sospechas?

Ido.—No.

Her.—No lo soñaste?

Ido.—No sueño como tú.

Her.—No te lo dixo algun spirito?

Ido.—Aun no passé la barca de Charon.

Her.—Cómo respondes fuera de lo que te meresco!

Ido.—Como me preguntas lo que no deuias.

Her.—Qué mal hago yo en amarte! concedeme vna merced.

Ido.—Qué tal?

Her.—Prometesla?

Ido.—Dize qué es.

Her.—Que seas contenta dello.

Ido.—Cómo pides tan grande sinrazon?

Her.—Por qué?

Ido.—No sabes que no es libre mi querer y que está en el aluidrio de mis señores?

Her.—Y si ellos fuessen contentos?

Ido.—Ay no ay que preguntar.

Her.—Con esso sólo me contento. Si fuesse a veros en hábitos de pastor al villar vn dia, pesarte ia?

Ido.—Ni esso deves preguntar.

Her.—Acá viene quien me hará justicia.

Ido.—Estemos a derecho.

Her.—Porque el juez es de tu parte.

Ido.—No acceptamos aqui personas ni tomamos pechos.

Ast.—Qué razones son estas? algun secreto deue ser.

Her.—Todo son sinrazones para mí.

Ast.—Por qué tratas mal los peregrinos?

Ido.—Qué meresce quien no quiere estar por las leys?

Ast.—Que le castiguen.

Ido.—Proponga su quexa y juzgalo, que yo me voy.

Her.—Porque sabes lo que lleuas y lo que dexas, ay.

Ast.—Ah, ah, ha, qué te duele, hermano?

Her.—La pena, y reyste?

Ast.—No puedo hazer menos viendo que amas y no determinas.

Her.—Si todo aquí está en que tengo de determinarme, no ves que voy y quedo? que corro y no me mudo?

Ast.—No me diras lo que piensas?

Her.—Lo que tú mesma, sin pensamiento que de seruirte pueda.

Ast.—Plazeme hasta su tiempo, por esso biue sin recelo.

Her.—A mucho me quieres obligar, haziendo vn dia solo algunas vezes tanta differencia en los hombres: quánto más los coraçones enamorados que siempre juegan a toma biuo te lo doy.

Ast.—Pues cómo a de ser?

Her.—Como quisiese el tiempo y la ventura.

Ast.—Todavia quiero que me prometas trabajar de contentarte y creresme.

Her.—A qualquiera juramento me puedes atraer dessa manera.

Ast.—Quiero ver.

Her.—Pues quándo bolueré?

Ast.—Vn dia.

Her.—Inciertamente quieres que pene?

Ast.—Mejor es que no a tiempo limitado, porque se spera cada ora.

Her.—Acuerdate de mi cuydado.

Ast.—Y tú de mi señora.

Her.—Quál d'ellas?

Ast.—De la razon, que otras vezes ya te dixe, sin la qual no deues jamas de ir acostarte, por las muchas phantasmas que la escuridad de la noche representa.

Her.—Quien a ti sirue y ama a Idona, no se parte un punto della.

Ast.—Pero sea con las circunstancias.

Her.—No tienes tan mal guarnescido mi concepto que sea de otro modo, y todavia voy por no serte más enojoso. Encomiendote en ella a mí.

Ast.—Ve en paz y buelue a vella.

Her.—Mas a buscarme sin visitar templo de dios estraño.

Ast.—Dessa manera la ternás.

NOTAS:

SCENA 4. DEL SEGUNDO ACTO

Morio aplica su muger al casamiento de la hija con cierto gentil hombre, y hablase en Heraclio a la postre.

Morio, Astasia.

[Mor.].—Muger, no me dexan éstos en paz por la respuesta, mira lo que te paresce, pues sabes leer y lo entiendes.

Ast.—No la queria[717] casar tan presto.

Mor.—Por qué? no es más que tiempo? Andronia, Sophia, Cleophila, no son más moças?

Ast.—No está en esso; queria cosa a mi contento.

Mor.—Bueno era el de antaño y mejor el de aora, vistoso, rico y de buenos parentes; pintado nos venia.

Ast.—Pintado sí, natural no.

Mor.—Qué tiene? mocoso es, si tan quillotra eres, mandemos hazer vno.

Ast.—Muchos ay hechos que nos no conoscemos; ya que no faltan bienes de fortuna y buena voluntad, trabajemos por auer los del spirito. Qué vale sin ánima vn cuerpo, sin hombre los dineros? parece la hermosura y la riqueza, pero la virtud no; ésta busco yo, y ésta compraria si se vendiesse.

Mor.—No te entiendo, ni sé lo que te quieres; no paras mientes quán estimados son los ricos? y cómo biuen a su plazer? comiendo quando quieren y beuiendo y dormiendo quando les plaze? qué más virtud o diablo es menester?

Ast.—Bien veo que esso te bastaria a mi despecho; no te digo cada dia que los ricos tienen más obligation de la buscar, pues son ministros y dispenseros de otro: y sus bienes los talentos con que deuen negociar? que desta vsura y interes se sirue Dios. Mas va todo muy al reues, porque los pobres nos hurtan esta gloria.

Mor.—Aun por esso los ahorcan.

Ast.—Mal peccados! y trabajo yo porque quando fuere al dar de la cuenta no tengamos tantos cargos; pero no hazes que irme a la mano rusticamente.

Mor.—No hago, amores, pero acuerdate que mires por el virote, pues lo ganamos con trabajo y vee cómo a de ser.

Ast.—No me contenta el paño.

Mor.—Quieres a Dareno?

Ast.—No.

Mor.—A Glafiro?

Ast.—Tampoco.

Mor.—A Dalindo?

Ast.—Menos.

Mor.—Y de más, si tienes ojo, a este que aora de aqui va.

Ast.—Seria malo?

Mor.—Buen hombre es, aunque no paresca muy auisado.

Ast.—Ah, ah, ah, y en qué lo ves?

Mor.—No le entiendo cosa que diga.

Ast.—Tambien él se quexa de no entenderte.

Mor.—Estamos, pues, en juego.

Mor.—Ni sé si tiene algo, que estos forasteros andan con las olas y biuen de prestado[718].

Ast.—No importa, nos se lo daremos, pues le sobra lo que yo busco, que conserua todo.

Mor.—Ya te entiendo; si te paresce assi, en ti lo dexo.

Ast.—Mas en Dios, que es el más cierto casamentero.

Mor.—Otra cosa se me oluidaua.

Ast.—Qué, hermano?

Mor.—Que podria ser tuuiese alguna mala opinion, que estos philosophos cada vno haze la suya.

Ast.—Quanto a esso, yo estoy segura.

Mor.—Esté bien, pero si quieres, yo preguntaré.

Ast.—No ay para qué en lo sabido, y seria hazelle daño y a nos poco prouecho; speraremos más vn poco, porque el tiempo es maestre en todas artes.

Mor.—Bien dizes, vida mia.

SCENA 5. DEL SEGUNDO ACTO

Heraclio y Logistico asechan a Asosio que va uender sus pollos y hablan con él.

Heraclio, Logistico, Asosio.

[Her.].—Passas por la burla?

Log.—No ay que fiar, yo la tenia por vna sancta Gertruda.

Her.—Mi aguelo, la color se lo defiende; no oyste dezir, guarda de Español roxo y de Aleman moreno? sabete que señala naturaleza lo de dentro en lo de fuera[719] muchas vezes.

Log.—No me diras cómo passó?

Her.—Fuera bueno que lo vieras para lo gustar mejor. El vellaco tiene la proa a Melania y la massa entre las manos dias ha, aunque lo niegue; yo por ver en qué rumo yuan los amores le asechaua; quiso la dicha que la caça fuesse más larga, trayendo el diablo por alli a Amertia, con la qual concerto cierto viaje passados sus requiebros, y despues a Mania, nuestra amiga, que tambien fue mate a pocos lances.

Log.—Mucho me cuentas.

Her.—Por su vida, que borracho de los fauores se gloriaua auer onze en la fragua.

Log.—Pese a tal con el milano; dessa manera no quedará polla en toda la comarca; ya queria encontralle para dalle algunas martilladas.

Her.—Essas seran sus mangas: pues tambien alli se dio en tu pelleja.

Log.—Mas de veras?

Her.—Vete de ay, que todas te conoscen ya y por burlon no creen cosa que digas.

Log.—No ay hombre que hable más a proposito, pero como son todas desconfiadas de plazer, quando les hablan no lo creen; mas yo vestiré largo de aquí en delante y hablaré entonado como tu moço: haziendo concierto con la risa de pagalle en casa su alcauala.

Her.—Es ya tarde, que tienes lleno el mundo d'esta opinion; pero podiendo transformarte como Apuleyo, no seria malo.

Log.—Oxe, antes las lleue el diablo a todas. Mas no me acabas de dezir en qué paró.

Her.—Passados los dos bancos, entró en el puerto negro, y concluyó con la señora Melania de la proueer de pollos, y ella a él de pan, por le faltar la comodidad de salir fuera; spero que no los comerán sin sal, y de hechar el vino con que sude y no vaya sin olor a la señora, para que se hallen por virtud o necessidad hermanos.

Log.—No seria bueno hazer d'el tosco y tomalle la mercaderia?

Her.—Quál?

Log.—Quál sino los pollos? que por la gallina no le dare vn higo.

Her.—No es todauia mala ropa, a lo menos no será menester yr buscar el Equinoctio, qualquíera de los Polos más ayna si el Luzero no los esconde.

Log.—Nunca yo tal speraria, sino al relox.

Her.—Pues otros correrian los doze Signos.

Log.—Para dar consigo en la torrida Zona y hazer Momia para vender a boticarios.

Her.—Todo lo meresce la nauegacion y el nauio.

Log.—A otro perro con ese huesso, que yo he almorzado, señor mio, y tú, cómo estas? cantas ya todas las vozes?

Her.—O, soy vn Amphyon en Thebas y Arion en el Delfin.

Log.—O comido de los ladrones! oyga yo todauia algunos puntos.

Her.—Qué más puntos quieres que estos de mi lira? No tiene la piedra iman más fuerça en atraher el hierro, y aqui verás cómo d'el cielo vienen los nombres.

Log.—Antes le hazes mucha ventaja si puedes con todos los metales, pero recelo que tengas necessidad de otras magicas para el oro.

Her.—No estimalle es cosa natural.

Log.—Algo dizes, mas si fuese contra hecho esse desprecio, entiende Pluton la cacha y gana el juego.

Her.—Y tú no me conoces? no sabes que ni Diogenes para Alexandre, Fabricio para Pirrho, fueron más seueros?

Log.—Perdoneme, señor, que se me oluidaua; aunque habla su merced de talanquera, terniamos más experiencia de sus philosophias si fuesse menester hazer quaresma.

Her.—Otras mayores tengo de mí.

Log.—D'el tiempo de Marco Crasso contra los Partos?

Her.—De más cerca.

Log.—Vengamos todauia a lo que cumple; en qué clima estamos?

Her.—En el de Phenycia.

Log.—Ya lo entiendo, quieres dezir ser el ave Phenix.

Her.—No más ni menos.

Log.—Mande Dios no te nos bueluas el cueruo de Noe.

Her.—Y más aora con una lection que ley.

Log.—En los naturales de Aristoteles o en el Timeo de Platon?

Her.—No fue ello menos a la fe, porque no quedó secreto natural.

Log.—Qué de borrones auria en el papel, cómo cuadraua? no hazia milagros, y afirmaua que se auia passado a ti el anima de Aristipo el magro?

Her.—Por regla de Pythagoras. Sea como fuere, no me accusará de moneda falsa, aunque fuesse rara y antiquissima la que despendi.

Log.—Algo pornias tú de casa.

Her.—Los cayreles y pespuntos.

Log.—Quién dio la seda?

Her.—Nunca falta un charlatan polido y adobos para la olla.

Log.—A qué vino la philosophia! Manzilla tenga d'ella; pero con todo, vuo banquete?

Her.—Aura que passe a los de Lucio Luculo, y la mesma Arabia Felix con su Phenix como está dicho.

Log.—No quemen essa y nasca algun abutre, porque éstas al cabo dan en ello o en ratones, como la amiga del mancebo de Isopete, que auia sido gato.

Her.—Guay de orejas que tal oyen! No, que aqui ay exception.

Log.—Como en las otras. El caso es que yo te veo lleuar al hospital por loco; no seria malo hazer d'ello testamento.

Her.—Ah, ah, ah!

Log.—Reylo aora, que despues lo llorarás. Por esso caço yo a diestro y a siniestro sin saber el nombre a nadie.

Her.—Alguna bestia hallarás vn dia que te quite el tuyo.

Log.—Sobre auiso ando.

Her.—Está bien.

Log.—Mas consuelate con esso, o con éste que aca viene. El mesmo es; mira, mira, qué precioso.

Her.—Sí a la fe, y de más si le an tendido alguna red.

Aso.—Quién compra pollos, quién quiere hueuos, quién pide leche? Eya, hermanas, buen barato.

Log.—Oye, oye, o hydeputa qué figura! no me puedo tener que no le arroje algo.

Her.—Está, diablo; no heches a perder la fiesta, que en diez años no aurá otra tal.

Aso.—Eya, quién compra? o qué noramala vengays tan de mañana truanes, Heraclio y Logistico; con quién voy topar yo, Virgilio en cesto? Por acá me tengo de colar. Pese a tal con el viage; esto me faltaua aora.

Her.—Olydo nos a, que se quiere desgarrar.

Log.—No lo penseys bayo, que todavia aguardareys la silla o el albarda.

Her.—Cierrale el puerto por allá, y yo por acá lo llamaré. A de los pollos, ola hombre de la cabeça, nos compraremos.

Aso.—Caydo he, qué remedio. Tiente fuerte, Asosio, y ensuziate la cara con d'este lodo. Tomaos allá con los amores negros.

Her.—Buenos dias, hermano, traes capones?

Aso.—No, señor, mas traygo pollos de que los podreys mandar hazer.

Log.—Bien lo representa; pues cómo? con emplastros?

Aso.—Cortandoles los Dios nos guarde.

Log.—Qué Dios nos guarde? qué diablos dize este villano?

Aso.—Los hablando con saluonor.

Her.—Qué saluonor? Habla christiano, bestia.

Aso.—No lo entienden sus mercedes? pues no es Latin, los compañeros.

Log.—Qué compañeros? y de más si nos trama este villano traycion alguna, que somos compañeros.

Aso.—Assi te açoten como no lo entiendes.

Her.—Qué dizes?

Aso.—No lo sé dizir en otra lengua; compren sus[720] mercedes, si tienen gana.

Log.—Quánto el par?

Aso.—No más de dos reales.

Her.—No quereys perder, y los hueuos?

Aso.—A cuatro marauedis el par.

Log.—La leche?

Aso.—A tarja el açumbre.

Her.—Ganará en ello, si pierde en lo demas.

Log.—No fiareis, señor, hasta la buelta?

Aso.—De mil amores; adonde es la posada, mi señor?

Her.—Descabullirse quiere.

Log.—No ves cómo da este honbre el ayre de Asosio nuestro amigo?

Aso.—Guay de tal si mé conoscen.

Her.—Qué dizes, hermano?

Aso.—Digo, señor, que nunca di ayre a nadie, antes soy de muy buena condicion.

Log.—Y es de creer; aora venios con nos y si compramos pagarémos.

Aso.—Norabuena, no me engañareys, vellacos, que pensays me days la cuerda.

Her.—Qué dissimulado viene!

Log.—Tanto mejor; no sospecha que le conoscemos, ni tú mires mucho para tras. Vienes, hermano?

Aso.—Voy, señor, aunque despacio, porque me toma vn çapato el pie; no me cogereys tan presto.

Log.—Pues no vienes?

Her.—Qué es d'el?

Log.—Colado se nos a por la calejuela; más supo a la fe que nos.

Her.—Dexalo yr, pero hagamosle otra peor.

Log.—Qué, por tu vida?

Her.—Que te vistas a la Asosia para yr al puesto acordado con Amertia, haziendole de lexos señas que te sigua hasta la teneres en la mano.

Log.—Nunca mejor hablaste; más preciaria burlar d'éste y engañar la Nimpha que ganar vna ciudad.

Her.—Quedara pago de vno en papo, otro en saco.

Log.—Voy entender en ello.

Her.—Y yo contigo a ayudarte a armar.

Log.—Para el torneo.

NOTAS:

SCENA 6. DEL SEGUNDO ACTO

Entrando en casa de Astasia Asosio, Melania se burla d'el y manifiesta a las damas su disfrace.

Asosio, Melania, Idona, Astasia, Aplotis.

[Aso.].—Yo os abezaré, si biuo, a burlar a costa agena, reuerendos. Qué bien empleado fuera dar comigo en vna escuela, donde no quedara rapaz que no se esforçara a acabar de me sacar de seso. Y cantara entonces la cancion de tales poluos tales lodos, aunque nunca falta quien responda:

yerros hechos por amores dignos son de perdonare[721].

Y este es el bueno del apetito en habitos de frayle, cargado de propositos de penitencia para el otro año, tambien cantando:

Parildo, infanta, parildo, que assi hizo mi madre a my.

Y todo despues se oluida con jura mala en piedra cayga. Desseo de entender la intention d'esta vellaca: el amor es ciego, no dé comigo en algun despeñadero do sean menester manos prestadas. Quanto a lo primero, ella en son de escoger me hará entrar en la casa de las gallinas sin dezir más; a mí toca entender el texto y glosallo conforme al lugar y tiempo. Más me quiere a lo que veo de lo que yo pensaua; es auisada, contentanle los donayres. Con estas tales teneys andado medio camino en empeçando, que vna necia a menester sciencia hecha de nueuo. Qué dispuesta y agraciada es, assi fuera el cuero; mas essa es la salsa d'este manjar; nunca pimienta hizo mal en tierra de pescado. Ya me paresce que estoy en la tela, segun lo traygo en antojo.

Mel.—Allá vienen mis amores. Qué bien le estan los habitos, mal año para Plauto ni Terencio quanto al pintar.

Aso.—Esta es; pregonemos por lo que haze al caso. Quién compra pollos, quién pide huevos? la leche se quede.

Mel.—Cómo entona el señor Iusquin! A de los pollos, hombre de bien!

Aso.—Llama, señora?

Mel.—Si son buenos?

Aso.—Buenos, señora. Pero mejor la voluntad que me hizo mudar el hábito y lo hará a la vida si cumpliere.

Mel.—Entra, señor Asosio, que no es tiempo aora desso.

Aso.—Soy contento, quedese para despues.

Mel.—Passá acá, son todauia buenos? por dissimular si nos vee alguno.

Aso.—Entiendo: tu merced escogera. O, amor mio, vida mia, es possible que te tengo a solas?

Mel.—Aqui verás quánto te quiero: Quién me llama? quién es? Nunca falta vn caramillo. Sperá aqui sin hazer mudança, que luego boluere.

Aso.—Pues cierra tras ti la puerta.

Mel.—Assi lo hago; que tal fuera yo para las olimpiadas, si los juegos assi fueran, no faltara risa y no me alaba nadie. He aqui la discrecion, la gentileza toda en vna gallinera: son escaueches de la malicia, que en fin es necia. Señora, mi señora, vea tu merced la compra que hize, y si puedo seruir de mayordomo y dispensero juntamente? Entra a ver mis pollos y vn hermoso gallo, que es lastima no ser capon.

Ast.—Qué dize esta loca, moças? que no la entiendo.

Ido.—De como le diste el cargo de las aues para el domingo, aurá acertado y no se le cueze el estomago.

Aplo.—Vaya tu merced.

Ast.—Qué dizes, Melania?

Mel.—Que alabes, señora, mi diligencia y buena dicha.

Ast.—Veamos pues.

Mel.—Allá las dexo y voy asechar de la otra parte.

Aso.—Las matronas me paresce oygo. Dios nos guarde de traydores; perdido soy si acá se entran.

Ast.—Ay, quién está aquí?

Aso.—No nada, señora, el gallinero.

Ido.—Que me maten si ésta no hizo alguna burla a éste.

Aplo.—No deue ser menos, porque él buelue la cara.

Ast.—Qué hazes aquí, hermano? no hablas?

Mel.—Hablará el diablo.

Aso.—Sí, señora, pero tomóme dolor de muelas.

Mel.—Ah, ah, ah, dolor de muelas!

Ast.—Algo es esto, amuestra, hijo.

Aplo.—Valas me Dios, este es Asosio.

Ido.—Qué dizes, loca, perdiste el seso? El mesmo es, qué será esto? aqui pasaron los amores?

Ast.—Bien, señor Asosio, dónde dexaste tu vestido? no trocaste, segun yo tenia la opinion?

Ido.—Es d'espantar adonde tanta cortesia y virtud ay caber engaño: que Melania no lo haria sin causa.

Ast.—Assi se tratan las cosas de los amigos? fiara la vida y la honrra del señor Asosio.

Aso.—Pues no ay otro remedio que accusarme del peccado y confessar el hurto, yo me rindo al castigo que ordenares: dispensando todauia con el amor y juuentud que dieron occasion al desuario. Y sobre todo el fiarme demasiado, que si no es prudencia, es vicio natural de nobles coraçones y no viles, como el que aqui me traxo. No quiero alegarte cosas passadas y a quántos esta passión en estremos muy mayores hizo caer: porque tu virtud y discretion consiente que dé la lengua lugar a su dolor extraño y enmudesca aora y despues. Mas spero dexar muy presto con el hábito la liuiandad de mi juyzio, que tan mal supo atinar, y darte de mí satisfacion.

Ido.—No aprueuo esta hazaña; para qué es tentar a nadie?

Ast.—Es assi, en esto mayormente. Señor Asosio, aunque la culpa sea digna de castigo, yo lo quiero por aora suspender hasta tomar informacion y auer oydo la otra parte, que te prometo sea sin passion. Y vete norabuena al viejo hombre, porque el moço no te quadra. Lleuando por penitencia el peso del desengaño de las mugeres, para que sepas mejor guardarte dellas de aqui en adelante.

Aso.—Será lo que Dios quissiere, que yo no prometo aora milagros; él quede contigo y con estas señoras.

Ast.—Y vaya contigo.

Aplo.—Señor Asosio, busca otra que mejor te compre la mercaderia.

Aso.—Paciencia.

Ido.—Risa me toma de ver el diffrace y inuencion, y por otra parte no estoy en mí de tanto atreuimiento, assi d'ella como d'él.

Aplo.—Allá do viene, qué heziste, satanas?

Ido.—El diablo lleue tanta desuerguença.

Mel.—Calla, que assi es menester para escarmiento de otros.

Ast.—Di cómo fue.

Mel.—Procuraua su merced de me engañar, diziendo que no auia querido más Paris a su Helena y que todo era honestidad y buen proposito. Estando, pues, quasi en la red, alcancé dél tanta verdad, que esto es lo menos con que pagalle. Lo que a mí vendia hazia a otras onze que se alabaua traer en su rueda el diamante fino. Testigo Dios y yo que lo oymos.

Ido.—Mirá por vida vuestra.

Ast.—No ay que fiar.

Aplo.—Dios te dé salud.

Ast.—Qué cosa son hombres! d'el mejor nos guarde Dios.

Mel.—Entrese tu merced y oyra el resto alla.

Ast.—Sea assi, llegaos vosotras al sermon y sabreys los articulos desta fe.

NOTAS:

SCENA 7. DEL SEGUNDO ACTO

Logistico, disfrazado en los habitos do Asosio, engaña a Amertia y ella lo disimula.

Logistico, Amertia.

[Log.].—Yo dare cima a esta auentura si no me engaña el coraçon. A despecho del cauallero de las onze (donzellas no) hecho Nereyda, por amores de la Reyna Buruca. No veys el disfrace que le dio? y qué tal queda si ay desastre en el camino. Qué lindeza y gesto para extremos: el Caron os matará de amores; pues la risa, otro que tal, con aquella boca de crocodilo. Aqui es buen paraje, medio reboçado, que es el ayre del amigo, y pisar con buena gracia, al cabo estoy. Ya queria entre manos la comedia.

Amer.—Mucho me he detenido por la calle, mas qué a hombre de hazer a los amigos con que topa? vno: do va, señora? otro: por qué se alexa de los suyos? y otro: beso las manos. Cumple conseruar la cortesia la qual adorna más la gracia y la hermosura. Y hazer prouision de amigos, ya que la renta no es mucha. Con todo, yo cumplo mi palabra; si me ama como dize, no le causará menos desseo la tardança. Las dos más preciadas joyas que amor tiene son la paciencia y solicitud: si no es otra más principal, por nombre pecunias, porque ésta haze baxar los montes y subir los valles. Asosio es buen mancebo, harto vistoso, y no es escaso si le hazen plazer, aunque sea vn poco acelerado, pero no ay cauallo sin alguna tacha.

Log.—Caydo ha.

Amer.—Allá lo veo; señas me haze que le siga, bueno será por causa de la gente, que nunca falta quien os conosca.

Log.—Ah, ah, ah, y qué de priessa viene y encandilada. Todo está proueydo, no estoy a lumbre de pajas.

Amer.—A dó me lleua? otro barrio es este de lo que yo pensaua.

Log.—Aqui la aguardaré, que no podra ya arrepentirse.

Amer.—Qué es esto? o yo estoy ciega o este no es Asosio; Logistico es; trato a sido. Pero haré, conforme al tiempo, de necessidad virtud, y que no sienta otra de mí sino que le sigo por quien es. No ay, señor Logistico, quien te alcance.

Log.—Assi medres como tal pensaste. Por alexarse de poblado y poder gozarte sin recelo de encuentros y otros desastres.

Amer.—Bien ves cómo te fuy obediente.

Log.—Qué menos puedes hacer que siguir a quien te sigue y todo es tuyo? Razon y amor te an inclinado a lo que de tantos dias te meresco. Sabete que esta noche lo soñé, y como sea gran interprete de sueños, lo tuue luego por reuelacion.

Amer.—Siempre su merced se burla de los mal vestidos.

Log.—Mal vestido llamas a essos ojos, a essa boca y a essa nariz tan afilada? no quiero en mi vida hazello de otro paño.

Amer.—No lo digo yo? cómo es cierto que a dos dias te enfadasse!

Log.—No es más menester, señora; en tiempo estamos de experiencias, y bien sé yo vn ánima que vio otra'nima a pocos dias hablar con vn cuerpo sin ser vista.

Amer.—Podria ser, con quién o adónde?

Log.—Entremonos, que yo te lo dire.

Amer.—Como mandares.

SCENA 8. DEL SEGUNDO ACTO

Asosio va al concierto, y halla de buelta a Amertia, que se burla dél.

Asosio, Amertia.

[Aso.].—O Dios, o hombre desgraciado! por qué no te hechas en vn pozo? O gran traycion, engaño no pensado, o hombre perdido! mira por quién, o perra ladrona! no creo en la leche que mamé, si no se la embido de todo el resto y quedeme en camisa. Gallinero yo? No, no; erré el menester; recuero, recuero, pese a tal, con seys dozenas de asnos, y aun seria poco. Ora está bien, vamonos a comer, pues no auemos almorzado; qué mas querias necio? que la caça de Amertia mohosa es, vale más de noche que ésta de dia. O quién pudiesse rematar con ella el fin desta jornada y que no fuesse tragica la historia! Pero seria en mí bien empleado auer venido y ser ya buelta. Qué es esto? Qué fue de ti, Asosio? no se me quita esta phantasia, ni lo puedo creer, pues a osadas que no fue sueño. En qué cuenta me ternan, que a dos dias se sabe por la tierra? Qué lindo crédito terné en amores? de onze se quedarán en media, y oxala, pues la burla es lo mejor, y más si entienden que me duele. Cumple tener la barba tiesta y hechar el negocio a zomberia o dezir que fue apuesta o por darles regozijo.

Amer.—Quán desuiados son algunas vezes los casos o caminos del pensamiento. Todo por mejor, qué le falta para no ser en el bien empleado?

Aso.—Quién será esta? la mesma es; aina perdiera el rastro si más durara la de marras.

Amer.—Harto mejor por cierto que en aquel vellaco de Asosio.

Aso.—Conmigo lo ha.

Amer.—Quién pensara tal! gallinero por Melania? mira qué lindeza de donzella.

Aso.—Qué cosa es esta? o yo duermo, o ésta sueña, o algun paxaro se lo dixo. Quiero todauia certificarme. A, señora.

Amer.—O qué bueno, aquí do viene! el diablo le lleue si le hablo.

Aso.—Eres sorda? a, señora! qué a de ser esto? a se mudado el tiempo?

Amer.—Sí, pues los galanes se hazen truanes; atras la dexais, hermano, no os embian aqui.

Aso.—Cómo no, y la promessa?

Amer.—Digo que no es esta la puerta; no compran aqui pollos.

Aso.—Guay de tal! qué pollos, vida?

Amer.—Podeys tratar en otra mercaderia de oy en adelante, que no demandan en ésta.

Aso.—Qué mercaderia? detiente, amores.

Amer.—A otra perra que te muerda. O hydeputa, qué cortesano! ah, ah, ah.

Aso.—Ido se me ha. Quál diablo se lo dixo? Yo estoy encantado, o perdi el seso o duermo. Pero aqui los ojos abiertos, las manos, los pies, ando, hablo, tengo orejas y el bonete en la cabeça. Este es el vestido de ayer. Pues qué sera? Voyme a alguna hechizera o nigromante; veremos si me hallo o qué es de mí.

SCENA 9. DEL SEGUNDO ACTO

Logistico tornando de su auentura halla Melania y altercan sobre Asosio.

Logistico, Melania.

[Log.]—Más que cierto salió el sueño o consejo de nuestro amigo Heraclio. La quenta es que solamente lo que dexa de cometerse no se alcança. Quién viera sus melindres y grauedad! Guardar a éstas otro decoro es necedad, porque se os lleuantan a mayores, demas de no entendello, atribu[y]endolo más a su gentileza todo que a vuestra buena criança. No va triste la señora, ni creo trueque lo de oy por lo de ayer. En lo futuro ternemos vigilancia, y Asosio ladrará de fuera. No saca este año palabra d'ella segun yua estomagada. Pues si le encuentra en el camino, basta para boluelle loco. Holgaria topar con él para discantar vn rato sus romances. Porque su gloria del bellaco es hazer assi vna d'éstas; mas si él fue a saluamiento con sus mercaderias y halló el recaudo que queria, alli se aurá de quedar esbauacado sin querer otras ganancias. Que las señoras conuertiran en bestias todos sus huespedes como Circe, y Heraclio no lo cree hasta dar de pies en el lodo. Atrauesando por esta calle podria ser le hallasse en su insula poco firme. Vna cabeça veo allá en palacio. No será la de Helena? Toma si me engañé; no es ella otra.

Mel.—Logistico es éste que acá viene, marauíllome velle solo, si sabe por dicha del infortunio de su amigo; que es de creer fuesse a buscar con quien llorarlo. Porque éste, Heraclio y él son de vna camarada. Pero no trae semblante d'ello.

Log.—Media ora a que me da el ayre dessa gracia.

Mel.—Spera, que yo te pagaré con otra tal. Y yo, señor Logistico, me espantaua de la nouedad de mi alegria sin saber de qué.

Log.—No quieres, segun veo, quedar deuiendo nada.

Mel.—Ni el interes; pero dónde dexaste el ánima?

Log.—Qué pregunta a un hombre de amor tan libre! conmigo biene, que será parte para mejor seruirte si algo mandas.

Mel.—Arguyes tan sotilmente que no hallo ya con qué pagarte.

Log.—Tambien esso es arguir, mas no me marauillo, pues que en amores eres tan dichosa.

Mel.—Cómo assi?

Log.—Quien tiene por seruidor a Asosio, que es el primor de media villa, qué le falta?

Mel.—Bien lo ha mostrado dende ayer acá.

Log.—En qué?

Mel.—En vna gran canalleria.

Log.—Mordiote? mas de verdad, si te hizo algun agrauio, deues perdonalle, que de amor seria.

Mel.—Buena era su voluntad, pero él queda el agrauiado: entre damas gallinero hecho, lleno de motes y villancicos.

Log.—Pues quién lo traxo assi entrellas?

Mel.—Tú lo sabes ya, sino ve a dalle el parabien. Y assi os abezarán burlar de quien no mereceys seruir.

Log.—Señora, no se encienda, que si él pecó no es razon que sean tantos los castigados.

Mel.—Todos soys vnos, y a la fe que no tenia Heraclio por acá en mí mal auogado. Mas ya estoy deliberada no creer a nadie, y ay otras deste parescer.

Log.—Qué peligrosa es la ira en las mugeres!

Mel.—Más a los homhres su poca fe. Y esto, señor, le diga si le viere: que yo me recojo al monesterio.

Log.—No tengas más salud de lo que se me da de tus querellas; al monesterio, su ordinario hablar y engaño, siendo tantos los que entran y salen que podemos llamarle bodegon. Asosio todauia a caydo. Quien biue de engañar no es mucho ser engañado. Empero, si yo le conosco, a osadas que no vays a Roma buscar la penitencia. Quién son éstos que acá vienen? Ya, ya, Apio el tocho y Mecion el blanco; tambien han sido de los nuestros, no sé aora de qué tierra son; allá se van con todo, y la abeja maestra sale a ellos. Hecho estaua, algo aure de coger que lleue, que mi gloria es andar por el mundo a descobrir hurtos assi.

SCENA 10. DEL SEGUNDO ACTO

Apio y Metio, seruidores de Astasia en otro tiempo, bueluen al juego y son d'ella muy regalados: Logistico lleua las nueuas de lo que vee.

Apio, Metio, Logistico, Astasia, Idona.

[Apio.]—Qué dizes, Metio? no es razon frequentar tan buena calle? y la compañia destas damas?

Metio.—Sí, por mi vida, porque nos quieren grande bien.

Log.—Ya embidais? mejor juego teneys que Asosio.

Apio.—Algo digo yo, que allá veo vna sombra de cabeça.

Log.—Harto os sobra desso.

Apio.--La matrona es; vamonos a ella, y ternemos vn rato de passa tiempo.

Log.—Y lo dareys, si la boz os ayudasse, pero soys todos baxos.

Ast.—Idona, nuestros buenos amigos Apio y Metio vienen acá: hagaseles fiestas, que lo merescen.

Ido.—Tienes razon, señora.

Ast.—Bien, caualleros, qué fruta nueua es esta? de do o para do?

Apio.—De la tierra para el cielo.

Log.—Oxe, tambien metrificays, caballo de Thesalia? cómo agradará a la Sybilla.

Ast.—Qué breue y avisadamente lo dize el señor Apio.

Log.—Tal sea tu salud.

Ast.—Pues, señor Metio, por qué no hablas?

Met.—Spero a mi lengua.

Ast.—En casa la dexaste?

Met.—No lo digo sino por la señora Idona, que no la veo.

Ido.—Los ojos, pues, dexaste y no la lengua.

Met.—O angel mio, y ay estauas y no te veya?

Log.—O pallo mio, ay llegays? nunca lo pensara.

Ido.—Otro deues de tener, pues admites tanto oluido en tu memoria.

Log.—Dessas soys tambien? guay d'el amigo.

Met.—Oluido, señora Idona? primero bolará vn buey.

Log.—Ah, ah, ah, y más si fuese de su cuerpo.

Ast.—Buenas estan las culpas y desculpas.

Apio.—Por esso hago yo bien, señora, que estoy metido en tu poder y cada dia soy más tuyo.

Log.—Gentil auiso es un gauilan.

Ast.—Ya lo sé, hermano, y me doy por satisfecha.

Log.—Aquí, aquí, noramala se entienden las personas, que no en la Academia de Heraclio, que es todo alegorias.

Met.—Bueno fuera, señora Astasia, que mi proceso fuera ansina. Pero la parte es muy contraria.

Ido.—En qué lo ves, Metio?

Met.—En que me miras de traues.

Ido.—Tú eres esse.

Ast.—No aya más, hagamos pazes.

Met.—Soy contento, si toca la mano.

Log.—Mas el pie, que bien lo assienta.

Apio.—Sí haré.

Ido.—Si tú lo mandas, señor Apio, que eres el viejo amigo.

Apio.—Que sí.

Met.—Y si yo tocasse más, señora?

Ido.—Perderias vno y otro.

Ast.—Tienes razon, qué moça está!

Log.—Más que vieja tú.

Met.—Ora yo me contento con lo que mandas y quiero obedecerte hasta la muerte.

Ido.—Assi ganarás todo.

Log.—De acuerdo estan, voto a tal, y no ay memoria de otro parayso, ni Vergilio se lo pudiera pintar mejor.

Ast.—Qué hazemos a la puerta? entremonos y holgarnos emos en el vergel.

Log.—Qué buen pescador; ella es la que guya la dança sin perder punto.

Apio.—Es tarde ya, señora, y ora de cena; quedese para otro dia.

Log.—Esso es lo que haze al caso, si tú lo entiendes.

Ast.—Siempre te hazes de rogar; quedaos a cena acá.

Apio.—No es tiempo.

Ast.—Pues quándo? no me agradan amistades tan de passada; mal hombre, por qué no vienes cada dia a vernos?

Apio.—Tienes aora otras, la nuestra no es tan buena.

Log.—Ay te speraua, veamos qué dize Faustina.

Ast.—Ah, ah, ah. Por tu vida, hermano, que es todo burleria; haze d'el philosopho y huelgome de oylle sus locuras.

Log.—Firmada está la carta, y no era sueño lo que yo dezia, que soy perro viejo.

Met.—Assi es gran passatiempo oyr vn loco de quando en quando. Y tú tomaslo assi, señora Idona?

Ido.—Antes muy de veras.

Met.—Todavia me an dicho que es tu seruidor.

Ido.—No te paresce que meresco me siruan muchos?

Met.—A la fe sí, pero nadie seruirte puede como yo.

Ido.—Y todauia no lo hazes.

Met.—Ya la paz es hecha, yo lo emendaré.

Log.—Buen remendon, y pongase de lodo nuestro sastre.

Apio.—Vamonos, Metio.

Ast.—Vamonos, vamonos; qué priessa tienes? No te dexo ir si no prometes de mudar el pelo.

Apio.—Sí haré.

Ast.—Pues venios mañana a cenar acá, y no faltará fiesta de cantar y bailar.

Apio.—Norabuena, nos lo haremos; beso las manos de tu merced.

Ast.—Buenas noches.

Met.—Y largas, Idona, para quando seas nouia.

Ido.—No me hables en esso.

Log.—Buena va la dança, aunque ay lodo en el camino; fiaos y vereys. Voy con esta fruta a nuestro amigo, veremos a qué le sabe.

SCENA 1. DEL TERCER ACTO

Asosio, buscando vn Nigromante, halla la grande magica Doleria, que le promete vengalle de Melania y sobreuiene Heraclio.

Asosio, Doleria Magica, Heraclio.

[Aso.].—De manera, señora, que te affirmas que me harás tomar la figura de vn su requebrado?

Her.—Trama es esto.

Aso.—Y de leualla facilmente do quisieres, que quando bien assi fuesse, esta es el biuo diablo.

Her.—Qué cauallero!

Aso.—Y más ayna se dexará morir que engañar, y podria assi nuestro trabajo ser en vano y muy peor, si por mal de peccados se supiesse.

Dol.—Demasiadamente te recelas; dexa hazer a mí y calla. No sabes que ay artificios de tomar paxaros sin redes?

Her.—Y cómo ay!

Dol.—Qué diras si te la doy en la mano borracha d'el amor de aquella mascara o figura que as de representar, y assi lo hiziera de la tuya propria; pero quiero que tu competidor y ella se tornen locos y que no le quede action alguna contra ti.

Her.—Guay de aquel que os caie entre las manos.

Dol.—Mas apareja vna saya de paño fino.

Her.—Esse es el punto.

Aso.—De brocado te la dare, y lo que más quisieres; pero buz.

Dol.—A mí importa más.

Aso.—Cómo a de ser? por tu vida que me lo pintes.

Dol.—Que me plaze. Ya sabes que todo el mundo me conosce y tiene respeto; frequentaré la casa algunos dias, pues ay principio, y harela creer que el asno muere por ella, y a él que la mula le tiene buena voluntad. Porque no dexe nunca la calle, y alabandole de rico, auissado y otras pieças assi, trataré de casamiento, y de que se vean para el effecto, y no te digo más.

Her.—Buena orden lleuas.

Aso.—Maldita seas, que tanto sabes.

Dol.—Pero tú as de fingir amores en otra parte, como si nunca la ouieras visto, porque no piense que te duele aun la llaga.

Her.—Bien lo asienta todo.

Aso.—No dizes mal, pero no as de dormir hasta la obra ser concluyda.

Her.—De charidad.

Dol.—Assi no duermas tú al tiempo de la paga.

Her.—Ay daras.

Aso.—Vete de ay, que eres vna Pharisea; toma de caparra esse doblon para capones.

Dol.—Bendito seas con tal respuesta. Voy y buelo.

Aso.—Veamos, pues.

Her.—Aqui se pagan ellas.

Aso.—Dónde diablos resurgiste? Andas en pena por estas calles?

Her.—Todos somos d'el Merino; si no pregunten lo a Logistico y a mí, o a la señora Falerina.

Aso.—Noramala para vos, que tanto madrugastes, y para ella, que en tal bestia me mudó.

Her.—Búrlaste.

Aso.—O hydeputa, veys vos, gentil hombre? pues por vida d'este cuerpo que yo le haga hablar otro lenguaje. Que no soy tan Narciso como vos.

Her.—Bien me pesa dello, mas puede ser que tambien mi tiempo llegue[722].

Aso.—Estoylo viendo ya, porque conosco coles de mi huerto.

Her.—Pues Doleria, hará algo de bueno?

Aso.—Algo? verlo has; es bastante a reboluer todo el infierno. Bien sabes ya que auiendo denare me, ay laudare te. Y que en prima pagina está scripto Pecuniæ obediunt omnia.

Her.—Y aun en la postrera; yo he oydo el flete, no preciaria más ganar vn buen cauallo. Por que en forma estoy sentido d'el escarnio, que se deue contar por general.

Aso.—Pues calla y busquemos a Logistico para reyllo a tres partidas.

Her.—Bien dizes, hágase.

NOTAS:

SCENA 2. DEL TERCER ACTO

Logistico, auiendo dado las nueuas a Heraclio de sus competidores, a tercan sobre ellos vn buen rato.

Logistico, Heraclio.

[Log.].—Finalmente que podemos ya cantar,

maldito sea aquel dia que nascio mi pensamiento.

Her.—Mas,

recuerde el alma dormida.

Log.—Y

abiue el seso y despierte contemplando.

Her.—Todauia no creo que va esso tan de verdad; son damas, precianse de corteses, sin querer escandalizar a nadie. Essos hombres son muy familiares, por parte de otro a quien tienen obligacion las sobredichas. Y las amistades proceden de grado en grado harto lexos.

Log.—Consiento, por aora, que lo imagines assi, porque no se te gaste el estomago del todo. Pero sabete que soy más experimentado en estas drogas que cuantos boticarios ay en Paris, y doyte dello el tiempo por testigo de ocho o diez dias solamente.

Her.—En menos hizo Dios al mundo.

Log.—Ay verás si puede deshazello.

Her.—En parte holgaria que tu sospecha fuesse cierta, para hartarme de hablar y hazer vna larga penitencia.

Log.—Dacuerdo quedauan para otros dias. Y las Nimphas con tanta pena de vellos partir, que hasta el invierno no se cansaran. Porque entonces el frio yela estas calores.

Her.—De modo que el amor dellas anda con el tiempo?

Log.—Aueriguado; sino que ay fallencia en la regla en vna cosa.

Her.—En qué?

Log.—Que haze el vino causa como la imaginacion, el qual alegra el coraçon del hombre y tiene singulares operaciones.

Her.—No deues hablar sin expiriencia.

Log.—Aosadas que he visto sin antojos y palpado sin guantes calliente y frio.

Her.—Pues cómo haremos?

Log.—Yo seré la centinela y haré señal porque no escape cosa; entonces operibus credite, como el Rey Ramiro, y nuestro amigo Asosio que está más cerca.

Her.—Essa te digo fué burla intolerable; mas si él trae a luz su trama, quedará pago para otra vez.

Log.—El pandero está en buena mano; tú verás el son que haze, y puede ser que auiendo por qué, como yo lo traygo en las narizes, tambien tañamos a su modo, que en la señora Doleria todo ay.

Her.—No me podria saber bien vna vengança assi de tranfiguracion.

Log.—Mejor seria hallar las fuentes de Merlin de amor y desamor para poner la vna al opposito de la otra, y hazer morir Angelica por Reynaldos, y él que huyesse d'ella como d'el diablo.

Her.—Tan poco queria esso, ni fuerça de encantamiento en mi fauor.

Log.—Busquemos luego a Oedipo que nos declare esse enigma. Vistes el Sphinge? Qué poco sabes tú del mundo!

Her.—Confiesso que no falta a su merced para Pedro de malas artes vn solo marauedi.

Log.—Mas faltárame, que ya no ouiera pelo. No sabes que la prudencia tiene dos caras, vna delante, otra detras, y que es la razon la luz de sus quatro ojos y el gran Iupiter el objeto ó fin?

Her.—Hablas como emperador, y todo lo que sueñas son reuelaciones. Quedese assi la traça, para si fuese menester empeçar alguna obra, acudir con los materiales.

Log.—Dexame hazer, que no quiero pongas de casa sino los ojos y las orejas. Y con esto vamos a uer en qué rumo está la nao de Asosio.

Her.—Por vida tuya.

SCENA 3. DEL TERCER ACTO

Doleria sola tratando de los estados enamorados y llega Melania.

Doleria, Melania.

[Dol.].—Esto es muger; a la fe, que tiene andado ya medio camino, mas la buena paga haze milagros, que palabras lleualas el viento como a las plumas, y maldita la cuenta que yo hago dellas. Con todo, despues de bien recuchillada. Porque algunos por consiguir sus apetitos os prometen luego el Arabia Felix y dan os con la Petrea en la cabeça: de lo que no cuesta, a montones. Ay otros tan tristes y pelados, y es tan raydo lo que traen, que tan solamente do hechar el anzuelo no hallays. A estos tales, pelalles más, pues no teniendo qué comer combidan huespedes. Los caualleros muy peynados piensan que se deue todo a su sangre y gentileza, y que os hazen merced si os encargan; y quando mucho, por mano del camarero, os meten diez reales en la boca, porque si acaso os lamentays, respondan: pese a tal con el traydor, que diez ducados le mandé te diesse y guardólos para sí o los jugó el truan. Estudiantes lo hazen muy mejor, los quales no tienen camareros, y de ciertas bolsas de cuero viejas sacan siempre la merced de Dios, o parten con vos de sus raciones. Carniceros, pescadores, grosseros, mesoneros, y toda otra suerte de aues desta pluma, son liberales, por traer la massa entre las manos. Mas otras ay más nobles que todas éstas, quien se quiera lo podria adeuinar: los banqueros, mercaderes gruessos o Burgaleses, que francamente pagan las obras y jornaleros. Diez ducados es el menor bocado de vn escote; sayas, mantos, chapines, calças o tocados, aun no lo pedis quando lo teneys. Si no ved que, no auiendo dado vn passo por Asosio, hecha vn doblon para capones, quedando mi derecho reseruado y entero para la buelta. El saber y diligencia os sobra para éstos. Yo tengo tramada ya la burla, agora la texeré. A la señora no se le cuece el pan ni le toca el trasero la camisa; mas yo por el authoridad de mi officio quise dilatallo, que las yeruas hazian luego operacion y los amigos son diligentes para todo. Y de más si es ésta que acá viene? Ella es, sola; paresce gruñe; será de dolor de dientes. Gentilhombre, poneos delante por que no nos vea y oyremos de qué temple viene.

Mel.—Triste de mí, do la hallaria yo aora?

Dol.—No lo digo?

Mel.—Que no puedo ya estar sin ella, que blanda y apazible es.

Dol.—Muchas mercedes.

Mel.—Y la embidia no lo puede comportar: vnos de hechizera, los otros de falsaria y otros de otras chismerias. Qué mundo este?

Dol.—Hazeys bien de lo sentir assi y de guardar las circunstancias de amistad.

Mel.—No ay verdad ni desengaño sino donde menos se presume, que todo el resto son hypocrysias. Yo buscaré algo de bueno que le dé.

Dol.—Dessa suerte siempre me terneys para vuestras necessidades.

Mel.—Quien me topará por aqui mi gentilhombre; qué lindo y agraciado es, qué bien hablado y qué discreto.

Dol.—Aun no lo sabeys del todo.

Mel.—Paresce que halló el coraçon por natural distinto o particular virtud, su semejante. En hablandome Doleria en él, dio el sentido y la razon lugar a mi deseo y quedó presa mi libertad. Do estará?

Dol.—No se congoxe, que presto la verá.

Mel.—No tengo otro descanso que hablar con ella, y aunque el freno de la verguença y honestidad ate la lengua, los affectos muestran lo que siente el coraçon, y el escondido fuego haze su officio.

Dol.—No es tiempo de más palacio; quiero apparescer a Tisbe, porque no se mate, y lleualla al señor Piramo. Señora, señora, no os vays assi.

Mel.—Quién me llama? O madre mia Doleria, que hasta el ánima me penetró tu boz, dónde estauas?

Dol.—A vn ora que te llamo y no me oyes.

Mel.—Y es posible? no te marauilles, que va hombre pensando en otras cosas.

Dol.—Pues como estás, hija?

Mel.—En verdad que no me hallo bien.

Dol.—Cómo assi?

Mel.—Siento dos dias ha vn dolor incomportable del coraçon.

Dol.—Tienesle otras vezes?

Mel.—Sí, mas no tan grande.

Dol.—Ordinario mal es de mugeres, y puede ser que venga de la madre.

Mel.—No lo sé; dame algun remedio si lo sabes.

Dol.—Y cómo que lo sé!

Mel.—Qué, por tu vida?

Dol.—A la oreja te lo diré, que no lo oyga nadie.

Mel.—Quién está aqui?

Dol.—El ayre, que fauoresce los amadores y los auisa de muy lexos. Los braços de aquel amigo y sus regalos.

Mel.—Mira qué dize; siempre te burlas, mi señora, y me hablas fuera de proposito.

Dol.—Por vida vuestra, qué quieres? soy amiga desengañada y médico propicio, que no procura de dilatar la cura, sino la salud de su paciente. Y no me lo agradesces.

Mel.—Calla, señora, que soy tuya; pero digolo porque sospecho no se acuerda de my esse señor, ni se le da de mi muerte o de mi vida.

Dol.—Y esso más, y ves su passear tan a menudo por la calle, pues de noche con qué suspiros y la color del gesto. Si supiesses lo del comer y del dormir, manzilla es ver la pena que padesce. Solia de ser vn pino de oro, no está aora alli la mitad dél. No sé cómo te lo sufre el coraçon, y más quiere tu honrra.

Mel.—Con esa condicion le acepté.

Dol.—Pues qué hazes por él, que te a de agradescer?

Mel.—Que no le quiera mal, mas es menester hablarse a mi señora.

Dol.—Qué necia eres, no lo hará por todo el mundo.

Mel.—Por qué?

Dol.—Ay cierto inconueniente por causa de su padre. Pero secretamente, si te paresce, el hará lo que yo quisiere.

Mel.—Está bien, mas temo, porque los hombres no se contentan sino con todo.

Dol.—Y quando assi sea, qué le das sino lo suyo?

Mel.—O cuytada!

Dol.—No veys qué lastima? Ora yo me voy a él y quedará esto para mañana; todo estara a punto y algunos menudicos para la nouia.

Mel.—Ay triste!

Dol.—Ay boba! que no desseas otro.

Mel.—Para dessear era la fiesta. Mas no podré mañana.

Dol.—Por qué causa?

Mel.—Tiene mi señora combidados.

Dol.—Quién son?

Mel.—Apio y Metio, sus amigos speciales.

Dol.—Speciales? Otros pensara yo.

Mel.—No, señora, son muy pesados essos; éstos es otra cosa.

Dol.—Creolo, que la señora Astasia es auisada; tal sea su vida si lo entiende assi. Será para el otro dia.

Mel.—Sí, madre; yo terné cuydado.

SCENA 4. DEL TERCER ACTO

Asosio va en busca de Heraclio y de Logistico para dalles cuenta del concierto y del banquete.

Asosio, Logistico, Heraclio.

[Aso.].—Doy la al diablo que tanto sabe y que assi los trae a su mandado. Si yo llego esta empresa al cabo, en más lo terné que el reyno de Mandinga, su tierra de la señora, para que cante si de mí se reyó. Qué música tengo de dalle, en levantandome de dormir! Voyme a los amigos, porque no ay plazer si no es communicado; y discantaremos, y haze más al caso por la traycion que se nos ordena allá. Qué cosa son mugeres! pensé que era Heraclio el norte de la casa, y bien consideradas sus partes dél, solamente les agradescia no tener mal de ojos: mas aora veo quán enfermos son, pues por rosas cogen ortigas, y en lugar de pan se comen tierra, no de la buena. Mal fuego que las queme!

Log.—Este es Asosio, priessa trae.

Her.—Quiça anda en bisperas de Comedia y busca los vestidos. A de la nariz!

Aso.—Aqui estays, cuerpos sin cabeças? que a gran rato que os voy buscando y aora os hallo en emboscada.

Log.—Assi te lo paresce con el poluo de la caça. Pues qué va?

Aso.—No va, mas viene lo possible.

Her.—Mas por tu vida?

Aso.—Y por la tuya.

Log.—No sea otra como la de antaño, con que acabes de quedar graduado.

Aso.—Cerca estamos de la prueua; yo os lo haré ver y palpar.

Her.—De compañia para juzgar mejor.

Aso.—No se me da, que ya estos bienes son comunes; si no preguntenlo a la señora Amertia.

Log.—Dexate desso y adelante.

Aso.—Plazeme, aunque te pese. La señora Andromade estará mañana en poder de Perseo, por contemplacion de la cabeça de Medusa, mi señora, que tiene la virtud de conuertir hombres en piedras; y oy pudiera ser, si no fuera otra cabeça con que os porneys ambos de lodo, si no os buelue asnos.

Her.—Qué cosa, por tu fe?

Aso.—Dende aora las podeys encomendar a la señora mi huespeda.

Her.—Cómo assi?

Aso.—Quando pensé que tenias el remate de tus cuentas y que determinaua de pagarte, hallo que te hazen banquirota y son combidados oy Apio y Metio, mercaderes alemanes o de Coria, para tomallas y acordaros, y prepárase allá vna gran cena, segun lo dixieron a Doleria mis amores. Será el prologo de nuestras bodas. Añadieron más los sobredichos no auer tales angeles en Ethiopia, ni más queridos de damas, allá en su Grecia do son más venerados que el gran Dedalo y el gran Icaro, aunque cayó; será por buenos maestros de su officio.

Log.—De quán lexos he olydo yo esta vianda y quán sin respecto te la defendia, Heraclio, como médico experimentado.

Aso.—Soy yo dello buen testigo, y trabajaua por remar mi remo, aunque perdi la nao en otros bancos.

Her.—En qué pararon mis confianças! qué gran desgracia o engaño que de mi mesmo recibo! Ciertamente no soy yo lo que paresco, o no paresco lo que soy.

Log.—A proposito; ellas no son lo que parescen. Ay más falsa moneda que vna ropa larga y vn tocado blanco y vn torcer de manos, morder de labios, hablar cansado y andar mesurado? Es la calor y el olor del vino, que os combidan a gustalle muy a menudo, hasta os poner en Capricornio. Ya esto era viejo para su merced, pero quiso nueuas experiencias como si los tiempos no fuessen vnos, como está dicho.

Her.—Qué me aconsejays vosotros? porque ya se me va conuirtiendo este amor en otra passion. Yo lo siento.

Aso.—Que hagas como yo.

Log.—No dizes bien.

Aso.—Veamos, pues, tus letras.

Log.—Soy de opinion que lo dissimules algunos dias, hasta que ellas mesmas te quiten el reboço, y entonces, con occasion más manifiesta y sin auer lugar de otros argumentos, lo harás: Que éstas naturalmente siguen á quien las huye y huyen de quien las sigue. Acabada esta jornada, en que aurás tantos golpes que las señales lo testifiquen, viendo que lastimado y con sobra de razon te retiras y aborresces en vez de amar, bolueran la hoja, y como cieruas heridas a la yerua, daran tras ti, y quedará tu causa más legitima, tanto más si perseuera la falsedad y ingratitud en ellas. Lo que agora me paresce seria buscar algun disfrace con que allá fuessemos esta noche, trabajando todauia por encobrirnos, y no siendo possible tanto mejor quedando al toque.

Aso.—Nunca mejor hablaste; aora te digo que eres bachiller.

Her.—Qué disfrace lleuariamos?

Log.—Alguno con que pudiessemos hablar.

Aso.—Yo os lo daré excelentissimo y tomaré el trabajo del adereço, que será delicadissimo.

Her.—Veamos.

Aso.—A la Egiptiana, hechos ciganas, para hablar en falseto.

Log.—Spirito tienes, serás Licenciado. Por vida de Doleria, y assi gozes de sus promesas, que lo pongas luego por obra.

Aso.—Pierde cuydado, que yo os armaré al natural antes de noche.

Her.—Serás mi padre.

Aso.—Ya tu madre es muerta.

Her.—O vellaco!

Log.—Vamos todos a entender en ello, que tanto más presto se concluyra.

Aso.—No dizes mal.

SCENA 5. DEL TERCER ACTO

Apio y Metio van al combite de Astasia, y en mascara los tres amigos a la fiesta, y passan entre sí algunos trances.

Apio, Metio, Astasia, Melania, Idona, Morio, Aplotis, Asosio, Heraclio, Logistico, Page.

[Apio.].—Metio, es ora ya; no hagamos sperar las damas.

Met.—Vamos si te paresce, no embargante que en esto de banquetes es menester ser graue y hazerse hombre de rogar.

Apio.—Alli no, que es la casa de buena ventura y entra hombre quando le plaze; tanto me da en la camara como en la cozina, donde quiera os reciben con alegre cara, y antes os tienen por más familiar.

Met.—Y si por caso hallasses a la señora en camisa?

Apio.—La buena voluntad lo disculpa todo.

Met.—Qué buenas personas.

Apio.—Yo soy amigo viejo; todas me quieren mucho.

Met.—Quánto aurá que las conosces?

Apio.—Va en quatro años.

Met.—Otros ay más viejos, pero no llegan a tu capote en esso.

Apio.—Todo está en el saber. Yo soy de todo trance y hagoles mil seruicios, acompañolas a vna parte y a otra, embioles coplas, oliuas, cartas, castañas, baylo, lucho, ordeno juegos de pasatiempo.

Met.—En suma, que sirues de silla y de albarda.

Apio.—Señor, sí; voy con ellas fuera de la villa y estoyme allá los quatro, los cinco días, y es un passatiempo vernos.

Met.—La rapaza es hermosa; haze algo y tengamos bodas.

Apio.—No ves que estoy tomado ya para las cargas?

Met.—Es verdad, mas no auria remedio con el cura?

Apio.—No me curo desso; más quiero el amistad a buen engaño sin mala fe. Mas tú que puedes, quieres que hable en ello?

Met.—Si te paresce, despues hablaremos.

Apio.—Tomemos por esta callejuela, que es más cerca y más escusa.

Met.—No será malo, voto a mi, que allá veo nuestra gente.

Apio.—De reñirnos auran por la tardança.

Ast.—A sperardes más vn poco, haziamos llamaros de debaxo de la mesa.

Met.—Bien empleado fuera. Beso las manos de sus mercedes.

Mor.—Ya yo tenia tragado medio pan; beso las manos.

Mel.—Besso las manos de mi confessor, toda la fiesta es de beso las manos.

Ast.—Harto ruyn costumbre, mejor andaria Dios delante.

Mor.—Muger, esto es más a la cortesana. Pues qué haze Aplotis, que no ha besado aun?

Apl.—No las besaré a nadie, que esse priuilegio tienen las donzellas.

Ast.—Buena pascuas tengas, hija.

Apio.—No es tiempo, señora?

Ast.—Tiene razon el señor Apio, pues qué hazemos? vamonos assentar. Eya, Morio, agasaja los combidados.

Mor.—Eya, señores, sientense.

Ast.—Yo aqui por empeçar, Apio cabe mí, destotra parte Metio, cabe Apio Idona, Melania cabe Metio, Morio cabe ella, junto d'él Aplotis, y aun queda lugar para vn buen amigo si viniere. Moço, aguamanos.

Page.—Aqui está, señora.

Mor.—Laue V. m.

Met.—Laue V. m.

Apio.—Laue V. m.

Mel.—No veys qué donaire, laue V. m.?

Met.—Laue V. m.

Ido.—Las donzellas no lauan primero que los hombres.

Mor.—Laue V. m., señora Aplotis.

Apl.—Laue Dios a todos.

Ast.—Amen, ora yo quiero empeçar; hecha moço, y vosotros seguid mi orden; laue el señor Metio.

Met.—Por obedecer.

Ast.—Laue el señor Apio.

[Apio.].—Soy contento.

Ast.—Laue Morio.

Mor.—Que me plaze, amores.

Ast.—Lauen las moças aora sin reñir. Page, la bendicion.

Mor.—Yo la dire más breue.

Ast.—Norabuena.

Mor.—Dios, que lo bendixo en el campo, lo bendiga en el papo.

Apio.—Ah, ah, ah! Paresceme que tiene gana de comer el señor Morio.

Ast.—Creolo, que no a almorzado Eya, moço, venga de comer.

Page.—Aqui viene.

Ast.—Señor Apio, deste pernil primero mientras el señor Metio trincha el capon.

Met.—Sí haré señora, o qué tierno está!

Ido.—Es de los nuestros.

Mel.—No se podia assar de gordo.

Apio.—Quiere tu merced?

Ast.—No como salado, pero da a las donzellas.

Ido.—Tan poca sal tenemos, señora?

Mor.—Ah, ah, ah! qué bien respondió Idona; yo quiero to lauia.

Apio.—Tome tu merced.

Mor.—No, no; yo lo cortaré.

Apio.—Metio está ocupado, no le quiero dar.

Met.—Por la pareja.

Apio.—Esso no; toma, toma.

Ast.—Con qué gracia lo dize el señor Apio; señores, aqui oliuas; hecha de beuer y da al señor Apio, que tiene sed.

Apio.—Puede ser que adeuinaste.

Ast.—Yo lo veo.

Apio.—A quién tengo de beuer, si es al uso de Flandes?

Ast.—A quien te quiere más.

Apio.—Será luego a tu merced, que se acordó de mí.

Ast.—Buena prol te haga; qué te paresce?

Apio.—Buen vino es.

Ast.—Hecha, page.

Page.—Aqui, señora.

Ast.—A ti me encomiendo, señor Metio.

Met.—Haré lo que mandas, mi señora; señor Morio, a V. m. ruego por las donzellas.

Mor.—Norabuena, a ti donzellas.

Mel.—Esso es meternos en el saco, Morio.

Apio.—Qué trauiessa es la señora Melania!

Ido.—Buena prol te haga, padre.

Mel.—Muchas mercedes, Morio.

Mor.—Todos me dizen las mercedes, sino Aplotis.

Apl.—Dios se las haga: pensé que entraua con las otras.

Ast.—No comeys desta espalda; Morio, qué hazes?

Mor.—Menear los dientes.

Ast.—Y las manos por qué no?

Mor.—Tambien me ayudo d'ellas.

Ast.—Corta desta espalda y sirue a estos señores; de la ternera, señor Apio; Idona, d'aquella gallina de Indias, muestra tu habilidad. Llega acá los perdigones, Melania.

Mel.—Toma, señora.

Ast.—Estos quiero repartir yo.

Ast.[723]—Buenos están.

Apio.—Todo está como de tu mano, señora Astasia.

Ast.—No se va a burlar; otro dia será mejor. Qué oygo? antojaseme que ay mascaras.

Apio.—Muchas.

Ast.—Cómo lo sabes?

Met.—Ay muchas bodas y es sereno el tiempo.

Mor.—Tememos acá algo?

Apio.—Podria ser.

Ast.—No, no, por amor de Dios.

Met.—Sí, pero si vienen no es justo no les abrir.

Ast.—No tenemos instrumentos.

Met.—Puede ser que ellos los traygan.

Apio.—Si no, la señora Idona les hara el son para que nos holguemos.

Ido.—No estan los mios acordados.

Mor.—Con Aplotis dançará Morio.

Apl.—Con los pies será mejor, que me tratariais mal.

Met.—Bien acordada es la señora Aplotis a la fe.

Apl.—A la mesa no se a de dormir.

Ast.—Tiene buenos dichos.

Mel.—Pues Aplotis, quieres auergonçarnos?

Apl.—Y en qué? no os he dicho mal ninguno.

Ido.—Qué sotil está mi prima.

Apl.—No tanto que puedan coser conmigo como aguja; aun occupo vn escabello.

Mas.—Ta, ta, ta.

Mor.—Con nos lo an. Page, quién llama?

Page.—Es una mascara.

Ast.—Si antes lo recelaramos, antes llegara. Qué tal es?

Page.—Linda, señora.

Ast.—Son muchos?

Page.—No más de tres.

Ido.—Traen menestriles?

Page.—Paresceme que sí.

Apio.—Aqui somos hombres; aparejaos, moças.

Met.—Cómo me huelgo!

Ido.—Tanto rauias por dançar?

Mel.—Vos no?

Ast.—Pues cómo haremos? será bueno dezirles que estamos a la mesa? que perdonen sus mercedes y bueluan de aqui a vn rato.

Apio.—Será descortesia, auemos comido harto ya; manda quitar, señora, y entren.

Mor.—Mas entren sin quitar y beueran, que yo quiero comer aun.

Met.—Señor, sí, que pueden ser amigos. Cómo vienen, Page?

Page.—Como Egiptianas.

Ido.—O qué bueno; entren, señora.

Ast.—De más si son nuestros philosophos?

Mel.—El diablo los traeria acá.

Ast.—Por qué? no son tambien amigos? Abre, moço.

Ido.—O qué lindos vienen; no he visto cosa más galana.

Apio.—Gentil por cierto.

Met.—Muy galanes vienen.

Ast.—Qué buena entrada.

Apio.—Señores, quiten las mascaras y beueran.

Aso.—Buenas noches, buenas noches, hermosa eres, daca la mano, marido tienes, vna blanca tienes, otra negra tienes, vn chiquitico, buena ventura tienes.

Ast.—Bueno va, veamos qué dize estotra.

Her.—Mucho de fuera, poco de dentro, gran coraçon tienes, grande hombre tienes.

Apio.—Quién serán?

Ast.—Los mesmos, algo de bueno, señor Apio.

Apio.—Que me plaze, vn villano, señora mascara.

Log.—Mas sean dos, garrido.

Ast.—Qué bien lo haze Apio. Mira, Morio, a Apio; no ves, Idona, a Apio? Melania, mira para Apio. Qué gentil es el señor Apio!

Ido.—Muy gentil, señora.

Ast.—No ay otro Apio en todo el mundo.

Log.—Bien nos podemos yr, porque todo aqui es Apio; no comen otra salsa, a lo menos la ventera.

Her.—Y aun todas, mirá la fiesta; pues yo sé que nos conoscen.

Aso.—Qué linda compañia!

Log.—Y tú qué hazes, no relinchas?

Aso.—Todo lo guardo para despues del salto.

Mor.—Quiten las mascaras, mascaras, y haremos vna dança de besar.

Aso.—Con ellas besaremos.

Mor.—Oxe.

Apio.—Eya, señores, por cortesia.

Log.—Poca ay aqui.

Her.—Antes les sobra.

Aso.—La necedad.

Her.—Dissimulemos todauia y saquemos éstas a dançar.

Log.—Dizes bien.

Her.—Quieres dançar, señora?

Ido.—Como mandares, aunque es al reves.

Her.—Assi va todo.

Log.—Essa mano, señora.

Apl.—Y la voluntad, que todo meresce la compañia.

Log.—No lo miran assi todos.

Apl.—Es mal de ojos.

Log.—O de cabeça.

Apl.—D'ay nasce la vista.

Log.—Testimonio da la tuya de otra cosa.

Apl.—No falta el desseo, si él meresce algo.

Log.—No se me oluidará essa palabra.

Aso.—Que por fuerça tengo que encontrarme con este diablo? Adrede me la dexaron estos vellacos; eya, señora, por de mi tierra os quiero festejar.

Mel.—Quién eres, mascara? descubrete.

Aso.—El mayor seruidor tuyo.

Mel.—Bien te sabes esconder; conosco los compañeros y pensé lo hazia a ti, pero aora te desconosco.

Aso.—Yo espero que presto me conoscas.

Apio.—Yo no tengo de dançar sino con tu merced.

Ast.—Mirad el señor Apio. O señor Apio, no por tu vida, no más, no más, qué gentil gracia la de Apio, señor Metio!

Met.—No ay otro tal.

Mor.—No beueran todauia sus mercedes?

Ast.—Sí, sí; trae vino, moço.

Log.—No ay sed, señora; ni la aurá tan presto.

Ast.—Qué fina pieça! o no aueys aun comido?

Log.—Harto comimos, pero no estaua muy salado.

Ast.—Bien te entiendo, mascara; algun dia te responderé.

Log.—Y yo algun dia lo oyre.

Apio.—Aun no an dicho la buena dicha toda.

Aso.—Que vos la tengays basta, y seays tambien amado.

Ast.—Señor Apio, otro villano.

Her.—Cómo se huelga la señora con los villanos!

Log.—Tiene razon, que son alegres.

Apio.—Pláceme, señora.

Ast.—Qué bien lo haze; no veys la gracia, no veys el ayre del señor Apio? o señor Apio.

Aso.—Doy al diablo tanto Apio, ya me tiene medio borracho.

Her.—Buelta, buelta a los franceses.

Log.—Con coraçon a otra lid[724].

Her.—Buena dicha tengas, buena dicha tengas.

Ido.—Plega a Dios.

Her.—Hermosica, nouia serás presto, hombre que te quiere mucho.

Apio.—Pero, Cigana, no será Cigano.

Her.—Hombre de paja, rico de paja, muchas tierras tiene, baylará villano. Cigano andar a Egypto.

Log.—Señora, voy todo tuyo.

Apl.—Mio, señor? no meresco tanto.

Aso.—Amores, no los oluides.

Mel.—Oluidar? es impossible.

Apio.—No se vayan, señores, sin colacion.

Her.—Hazelda vos por nos.

Ast.—Pues tanta priessa.

Her.—Harto nos detuuimos ya.

Ast.—Paciencia.

Her.—Yo fio que no la perderas.

Apio.—A Dios, hermanos, pues.

Log.—No en las armas; buena gentezilla es esta, hermano.

Her.—Rasonable.

Aso.—Aora se quedan a su plazer y contrapuntearán la fiesta.

Log.—Que se pongan mucho de lodo.

Aso.—A fe de gentilhombre que mañana a estas oras yo esté satisfecho de mi parte.

Her.—No lo dudo, y spero que a cada puerca venga su San Martin, y con esto nos recojamos a reposar lo que se queda de la noche.

Log.—Bueno será, y soñemos en otras fiestas si puede ser.

Her.—O no dormir por no soñar.

NOTAS:

Vuelta, vuelta, los franceses, Con corazon a la lid.

SCENA 6. DEL TERCER ACTO

Quedan los del banquete motejandose de las Egiptianas partidas ellas, y despues se recoge cada vno a su posada.

Morio, Astasia, Apio, Metio, Idona, Melania, Aplotis.

[Mor.].—Boto a qual y a tal, que fue gustosa la carantoña.

Ast.—Sí a la fe.

Apio.—A poco costo.

Met.—Aquéllo quien quiera se lo hiciera.

Ido.—Poco se detuuieron.

Met.—Ternian que hazer en otra parte.

Apl.—O gente sin virtud!

Mor.—Son buenas personas, aunque no han querido beuer.

Ast.—Al tercero holgara de conoscer.

Mel.—Bien hize yo por ello.

Ast.—Y de más si es Asosio tu seruidor.

Mel.—Mi aguelo vee en mí el diablo; en asomando por una calle, se buelue por la otra; ya me arrepiento, porque tengo menos vn seruidor.

Ido.—Bien lo pudieras escusar.

Apio.—No hagas, señora Melania, que heziste de Romana.

Apl.—Conforme a tu discrecion, como fauoresce el asno el partido de los hombres, assi lo haze Heraclio.

Met.—Guárdeme Dios de tal encuentro.

Mor.—La fiesta es acabada; vámonos acostar, muger, que canta el gallo.

Ast.—Es muy temprano.

Apio.—Es temprano, señor Morio.

Mor.—No para mí, que estoy ya medio soñando. Si vosotros quereys, baylad, que yo baylaré con las señoras sáuanas.

Ast.—Buelue acá, Morio.

Apio.—Dexale yr, señora, al costal de paja.

Ast.—Cortés hermano!

Apio.—O corto.

Met.—Pues qué haremos, dançaremos?

Mel.—Como nuestro amo.

Ido.—Qué dormilona.

Mel.—Calla, hermano, que tengo de madrugar.

Apl.—A algunas de las tuyas. O, si los pechos tuuiessen puertas, quántas cosas se verian!

Apio.—Las Egiptianas van corridas.

Met.—De qué?

Apio.—De la poca cuenta [que] se hizo d'ellas.

Ast.—Poco va en ello. Qué más se auia de hazer? La cuenta y la fiesta tú la remataste, señor Apio, con tus bayles y gracias, de que eres lleno.

Apl.—Bien lo alcanza, fuera buena para juez. Heraclio muerto vale más que estos dos biuos.

Mel.—Luego ternemos lamentaciones de Ieremias.

Ast.—Ah, ah, ah, algo le daremos porque se calle.

Ido.—Media ora de conuersacion, que éste es su manjar.

Apl.—Tambien vos? qué vergonçosa niña!

Apio.—Yo tomaria dello plazer.

Ast.—Plazer? no queria ver tales hombres.

Met.—Tienes razon.

Mel.—Sí por cierto.

Apl.—Sí por cierto, o traydora, y esta es la inocencia de que hazes profesion?

Ido.—El Logistico es del consejo.

Mel.—Esse es su Esculapio, Asosio fue Mercurio, mas despues de la desdicha no paresce.

Met.—Pésate dello?

Mel.—No me a de pesar?

Ast.—Todauia yo quiero yr acompañar a Morio, que es tiempo ya.

Apio.—Bien harás, señora, que tambien me estoy dormiendo yo.

Apl.—Quándo no dormiste tú? mira qué seruidor tiene la dama.

Ido.—Yo me estuuiera hasta ser de dia.

Mel.—Yo no, que se me huyen tambien los ojos.

Met.—Pues hagámosle la voluntad. Buenas noches tenga tu merced, señora, y la compañia.

Apio.—Yo no yré sin dar la paz en el carrillo; aora sí.

Ast.—Mucha licencia es essa; a Dios, hijos, a Dios.

Ido.—A Dios, hermanos.

Mel.—Mirá que no soñeys.

Met.—No se puede escusar.

Apl.—De ser tales unos y otros.

Apio.—Beso las manos.

Met.—Beso las manos.

Ast.—Muy adelante es esso; cierra, Aplotis, y vámonos acostar.

Apl.—D'el todo se pudiesse, mas lleua mal camino.

SCENA 7. DEL TERCER ACTO

Asosio va á casa de Doleria en otros hábitos, y ella con cierto vnguento le transfigura, y él va prouar sus aventuras.

Asosio, Doleria, Logistico, Amertia, Mania.

[Aso.].—Doleria hermana, quanto al vestido ya vees que vengo a la forastera; del resto por más que me prediques estoy vn sancto Tomas.

Dol.—El espejo te quitará de duda.

Aso.—Mi padre, no creeré en cien espejos. Qué se yo si estan de acuerdo contigo ellos, y daran comigo en algun fuesso; pensar yo que me mudarás de gesto y de figura es por demas.

Dol.—Qué desconfiado y enojoso eres; toma, vntate la cara y ve buscar a tus amigos y amigas, y si alguno te conosce mátame.

Aso.—Hablas como reyna; essa es la más cierta experiencia. Pero no sea éste el de Apuleyo, y tú Andria para mí? Noramala acá vernia a ser asno toda mi vida.

Dol.—No ves que estamos en el mes de mayo, y que terniamos a la ora rosas?

Aso.—O pese al mundo, en mayo fue lo otro; pero el asno vuo primero hartos pallos y seruió mil amos con cien mil lazerias.

Dol.—Sí, mas ya estamos aduertidos, y esso fue en Thesalia.

Aso.—Doyte al diablo, que en cualquiera parte se hallan ya Milones y ladrones.

Dol.—No ayas miedo, y vntate sobre mí.

Aso.—Sobre ti venga el fuego de Sodoma si me engañas.

Dol.—Valgalo el diablo a este necio, dexalo.

Aso.—No más, hermana, no te enojes, que ya me vnto. Mas, por tu vida, ello es cierto?

Dol.—Aun porfias?

Aso.—Ora yo lo haré, aquí Circe, aquí Sybilla. Pero di, que se me oluidaua.

Dol.—Qué quieres?

Aso.—Seria malo hazer testamento?

Dol.—Perdiste el seso?

Aso.—Si tengo de ser otro, y no Asosio, o me quedo assi, y no me hallan, quién heredará mis bienes?

Dol.—Tus males, o hombre de poco, desatinado.

Aso.—Nunca en mi vida tuue más seso, y esse es el peor señal que paresce se viene a despidir de mi.

Dol.—O tú d'él.

Aso.—Yo? pues tomo tu vntura, y todauia me engañauas?

Dol.—Damela acá.

Aso.—No, que me burlaua. Ora me encomiendo [a] aquella diosa enamorada y al ciego ballestero. Haze lo tú, hermana, y vee no dexes lugar vacio que por tantico seria luego conoscido, y pornianme de hurto todo lo demas.

Dol.—No te congoxes; mira aora si te conosces.

Aso.—Amuestra, no hay que dudar, esta es la cara de nuestro cortesano.

Dol.—No es sino la tuya, asno; guay de ti que no hay rosas ya, yo te molere aora.

Aso.—Maldita seas, que assi me asombras aunque te burles; no queria ser asno por quantas yeguas de buena raça ay en España.

Dol.—Despachate y ve hacer tus prueuas, para acabares a las dos de cumplir tu rameria aqui, que aqui verna la nouia; pero mira traygas la lengua en la bolsa y saques della contadas las palabras.

Aso.—A mí el cargo; voy, pues, y no a sido malo auer comido, no hauiendo de boluer tan presto a casa.

Dol.—Qué niño de bendicion; ve norabuena, que yo os dare de merendar.

Aso.—Toma ay otro doblon.

Dol.—Qué hombre eres! aun serás Rey.

Aso.[725].—Porque te doy en el papo. Este es Logistico, nunca vino tan a proposito, haré del graue passando sin hablar y escarraré, que es muy de corte.

Log.—Acá viene el cortesano del otro dia, muy entonado va; holgaria de hablar con él por uer si es auisado o conforma con los habitos el parescer, mas no hay conoscimiento.

Aso.—Mirame todauia como a estrangero.

Log.—Qué importa hazello y cortesmente preguntalle nueuas?

Aso.—A mí se viene, todo es burla; por coger a las manos la vellaca me laua la cabeça. Terné con todo tiesto.

Log.—Beso las manos de V. m.

Aso.—Y yo las de V. m.

Log.—Señor, perdone el atreuimiento atribu[y]endolo a cortesia y desseo de lo seruir. Vuessa merced viene de corte?

Aso.—Señor, sí, a su seruicio, y antes es merced, porque los peregrinos tienen necessidad de fauor en toda parte.

Log.—V. m. por sí vale tanto, que yo podria esperallo dél, y todavia me profiero.

Aso.—Bien va, no disimula; beso las manos de V. m.

Log.—Ay nueuas desta guerra, señor mio?

Aso.—Muchas, pero Dios sabe las más ciertas: ay apparato y sperasse rebuelta.

Log.—No deue pesar a los soldados.

Aso.—Essos señores ya sabemos que tienen guerra con la paz.

Log.—No hay duda en ello, y los cortesanos, señor, cómo lo toman?

Aso.—Como hombres dados a seruir damas y calçar guantes adobados, hacer sonetos, jugar a la pelota y a la francesa y otras gentilezas que hazen blandas las manos.

Log.—Pienso condena su suerte V. m. porque no tenga que respondelle. Ya está sabido que lo principal de la verdadera cortesania es el exercicio de las armas, justas, torneos, y dessear fuesse de veras y no de burlas.

Aso.—Essos pongo yo con los primeros, pero hablo de los ociosos, en el numero de los quales no me cuento.

Log.—Su presencia y arte, señor myo, dizen la verdad; vuessa merced me tenga por seruidor, que si algo se le offresce en esta tierra, será merced mandarme.

Aso.—Beso las manos de V. merced; quando esso fuesse, yo se lo suplicaria, porque a los nobles es hazer seruicio pedir mercedes.

Log.—Beso las manos de vuessa merced por essa honrra.

Aso.—Esto está assi de Emperador. Doleria es mujer de prol; mas porque éste es gran xabonero y podria dissimular o fingir no conoscerme, quiero certificarme más adelante y correr dos lancas muy al proposito, vna con Amertia, la otra con Mania. Por estotra calle será mejor, que las señoras no posan lexos vna de otra; a la puerta veo Amercia en su labor, quiero dalle vn mote a la forastera, y a segun que respondiere assi replicaré. Dios salue la gracia de tan gentil donzella.

Amer.—Beso las manos de su merced.

Aso.—En verdad, señora, que estoy en condicion de hazerme natural desta ciudad.

Amer.—Por qué, señor?

Aso.—Porque no veo sino angeles en ella.

Amer.—No burle su merced de las mal tocadas, que ya sabemos no ser acá de las muy lindas.

Aso.—En esso está lleuar el precio, serlo y hazer dello poca cuenta; pero assi fuessen mis seruicios y voluntad acceptos de alguna dama, como yo lo mostraria con effecto.

Amer.—Damas, señor? no las ay aqui, y mas quién podria merescer a semejante cauallero?

Aso.—Ya veo quiere afrentarme mi señora; pues sepa que la fe y amor serian tales, que supliessen la falta desso.

Amer.—De verdad lo digo, por mi vida.

Aso.—Hagame, pues, vna verdad.

Amer.—No soy condesa ni duquesa.

Aso.—Sea luego como reyna.

Amer.—Quántas cosas.

Aso.—Haga, señora, lo que le pido.

Amer.—Primero lo sabre.

Aso.—No la tengo de obligar a lo impossible.

Amer.—Pues sea norabuena. Qué es?

Aso.—Que me dé licencia que la sirua.

Amer.—Ay, señor, y qué gran carga seria tener tal criado si le ouiesse de pagar y entretener como meresce.

Aso.—Yo porne todo de casa, solamente con este título me contento, en cuya virtud me atreueria vencer el Leon Nemeo y la Hidra Lernea; ora vea, señora, qué podria nascer de la verdad, haziendo la sombra tales milagros.

Amer.—Bien a estudiado su merced, que tan apuntado anda a su proposito.

Aso.—Más diria si me valiesse, mas estoy viendo en essos ojos vnas niñas muy crueles.

Amer.—Qué mal le hacen, señor mio?

Aso.—Partir por medio mi coraçon y cegarme de todo punto.

Amer.—No tienen ellas edad para tanta fuerça.

Aso.—No estoy más aqui, pues mis golpes dan en vazio; la consciencia le dira despues cómo le meresco que me trate.

Amer.—Esse auogado basta par yr más descansado y no desesperar.

Aso.—Ay está el punto principal; beso las manos de V. m. hasta la buelta.

Amer.—Y yo las de V. m.

Aso.—Esta va la más donosa burla de todo el mundo; no podré dexar de me andar assi vn par de meses, y encantar más tierras que el sabio Alquife; todo será acordarme con Doleria o yrme a vn meson para despender doblado. Allá está la Nimpha de los desdenes, que conciertan bien con su nombre. Veamos de qué temple está. Todo en esta tierra son milagros; holgaria, señora, que me preguntasse V. m. el por qué.

Man.—A essotra puerta, que esta no se abre.

Aso.—Deue estar en casa algun tesoro.

Man.—Passe, señor, que si lo ay es para otro.

Aso.—Bien aventurado él; es natural, señora, o estrangero?

Man.—Todo tenemos aquí de casa, que lo de fuera no nos agrada, y por esso es tan barato.

Aso.—Peccador de mi, señora; de manera que nadie me comprará?

Man.—Tal puede ser el precio; á cómo da V. m. la libra de sy?

Aso.—A onça de V. m. y menos si mandare.

Man.—Bien se comide; ora buelua lunes, que aora no labran.

Aso.—Y esa gracia, no conuertira las oras y mudará los dias?

Man.—Pensaré en ello; cubra que llueue, o passesse a la sombra.

Aso.—Que entre? o gran favor.

Man.—No lo entendistes. Iuan, trae leña.

Aso.—Esso palos son.

Man.—No sperallos si no los quereys.

Aso.—Harto me apallean essos ojos, sin que otros me den.

Man.—Cuydado dél, que está ya muerto; todauia, señor, yo estoy de horno; buelua siendo el pan cozido y comera vna torta.

Aso.—Tan hermosa boca no podrá mentir, yo lo haré assi.

Man.—Acertará la puerta?

Aso.—Si algun fauor no me desatinare.

Man.—Pues está como estaua.

Aso.—Seruidor de V. m.

Man.—No se auenture.

Aso.—Esta es vna cruel bellaca. Qué haria si me conosciesse? El caso es, señora, que a essa garganta estará muy bien vna cadena d'oro que tengo en la posada.

Man.—Podreys ser oydo si por ay entrays. Pesa mucho, señor mio?[726].

Aso.—O traydora, cómo te conosco; quarenta ducados por lo más, que no es cosa que le trabaje.

Man.—Amuestremela mañana paseando por aquí.

Aso.—Sí haré, mi reyna, y todo el resto queda por suyo.

Man.—Beso las manos de su merced; assi haga su merced desta posada, y queriendo refrescarse con algun regalo, más merced seria.

Aso.—Mañana, que aurá más tiempo.

Man.—Como mandare; pero, señor, no se le oluide.

Aso.—Mal podré yo oluidarme á mí.

Man.—Beso las manos de su merced.

Aso.—Y yo la boca si me dan licencia.

Man.—No se emplee tan mal.

Aso.—Hablaremos. Maldito sea metal que assi enternesce, que más sangre de cabrón es menester para labrar diamantes, por vida de Asosio, que acabando la en que ando, entienda en ésta, a trueque de quarenta marauedis que la cadena puede costar, y verna por ducado a marauedi, poca es la diferencia. Pero con estas burlerias se me passó la ora y deuen sperarme.

NOTAS:

SCENA 8. DEL TERCER ACTO

Melania va al concierto de su cortesano y effectuasse el casamiento.

Melania, Doleria, Asosio.

[Mel.].—Peccadora de my si me spera ya aquel gentilhombre; no querria por ninguna cosa darle enojo. Qué bien criado es y comedido, qué bien hablado y lindo, qué más riqueza quiero; él muestra amor, no sea apetito solamente, que los hombres por complille prometen quanto les piden, pero en medio está el amiga que me quiere como a hija, y no consentirá que se me haga tuerto. Queria verme ya en ello, que son vanos estos temores y causan daño algunas vezes.

Dol.—Asosio, albricias.

Aso.—De qué, Doleria?

Dol.—De la venida del cauallo que sperauamos; menester será calçar espuelas.

Aso.—Gran nueua es essa; de todo vengo proueydo.

Dol.—Y que oluides tambien a Asosio y sus burlas y te hagas aora Vlisses para Circe.

Aso.—Sobre mí que no le valgan sus encantamientos.

Mel.—A la puerta veo a Doleria.

Dol.—Assi hazes sperar la gente?

Mel.—Por vida tuya que vengo cansada de apressurarme; no fue possible más, que es menester dissimular en casa y fingir vna mentira; mas qué ay, vino?

Dol.—Sí, y boluiose.

Mel.—De verdad? o triste!

Aso.—No lo seras tú nunca, señora, a mi poder.

Mel.—La burlona? y engañauasme?

Aso.—Hazialo por te prouar, y pues tan claramente se paresce la obligacion que de seruirte tengo, bastame.

Mel.—En buena fe, señor, ya que la verdad dezir se deue, yo no vengo sin amor aqui, ni es pequeño, pues me venia doliendo de la tardança.

Aso.—Tanto mayor es la deuda.

Mel.—Entremonos en casa, hijos, y reposaros eys; tambien se entendera en la comida.

Aso.—Y esso mas?

Mel.—Tantos regalos?

Dol.—Todo es poco para lo que yo desseo, y con el tiempo haré, a fe que no te quexes nunca de balde.

Aso.—Bienauenturado dia que assi pudo glorificarme y traer a mi poder la muerte y vida.

Mel.—Dios nos guarde, señor, de muerte.

Aso.—Paresce que quien la tiene no la teme.

Mel.—Pues tan fea soy?

Aso.—No es fea quien tiene fuerça para matar.

Mel.—Todos estan los hombres de acuerdo en esto.

Aso.—Esso es peor; pues, señora, a tantos as oydo?

Mel.—Parte de oyda, parte de vista lo alcanço.

Aso.—No fuesse en mi perjuizio, que te adoro.

Dol.—Yo quiero despartir esta contienda, hermano; lo mejor es no perder tiempo; esta donzella viene aqui a fuerça de mis ruegos y se a offrescido hazerme la voluntad en todo, siendo cosa de su honrra; si tú assi lo quieres como affirmaste, daca la mano y recibila, que a la ora se harán las bodas.

Aso.—A tal gracia y merescer cómo puede faltar firmeza? Digo que soy suyo aun despues de muerto, si ella no está arrepentida.

Mel.—Yo soy la dichosa, mi señor.

Aso.—He aqui dos manos en vez de vna que me pides.

Dol.—Prometes de cumplir todo lo que dixiste?

Aso.—Prometo.

Dol.—Prometes, Melania, de complazelle en todo?

Mel.—Prometo.

Dol.—Dios os haga bien; aora podeys quedaros solos.

Mel.—Mira, señora, lo que te digo, pues basta esto?

Dol.—Y sobra.

Mel.—No me dexes sola.

Dol.—Boba, no quedas con tu marido?

Mel.—No, por tu vida, que tengo verguença.

Dol.—Verguença? si algun dia auia de ser, no vale más aqui que en otra parte? trabaja por contentalle en todo, que fuiste bien auenturada.

Mel.—Es verdad, pero...

Dol.—No es pero, sino mançano; dexale coger su fruto y buena prol le haga.

Aso.—Qué secreto es este? Ay falta en mí que esta señora dessee ver enmendada?

Dol.—Sí, por esso hazele la voluntad en quanto se adereça la colacion.

Aso.—O reyna mia, ánima mia, y es possible? o dichoso hombre, qué boca esta, qué nariz esta.

Mel.—Manso, señor, que me maltratas.

Aso.—Calla, vida mia, que no puedo menos.

Mel.—Entremonos allá dentro.

Aso.—Esso quiero yo.

SCENA 9. DEL TERCER ACTO.

Heraclio va a casa de Logistico a consultar de sus amores, y alli scriue vna carta a Astasia, que lleua Honorio.

Heraclio, Logistico, Honorio, Page.

[Her.].—Quán bien empleada es en mí la tempestad deste viage, pues de barca tan mal adereçada quise fiar mi gran tesoro, sin mirar tiempo ni reuolucion de cielos o creerme de pylotos experimentados! Aora que dexé el timon y la furor del viento rompio las velas, los marineros con el impeto de las olas se cayeron, que'sperança aura de puerto? Mas pues mientras dura la vida no se deue dexar el arte y diligencia (con que se restaura muchas vezes lo perdido y el juizio y sentidos con mano prompta boluiendo a su officio se restituyen) gouernaré hacia el amigo, para que juntamente carteemos sin passion y trabajemos por tomar la altura. Honorio, adelantate, y sabe de Logistico si está en casa.

Hon.—Direle algo?

Her.—No le digas más.

Hon.—Qué [he] de mandalle si está en casa?

Her.—Doyte al diablo.

Hon.—Y yo a ti, porque no quedes solo.

Her.—Aun sea gruñendo. O Dios, y qué pesada carga es la de vn necio. Más queria que me engañase vn auisado. Este a sido parte de mis desgracias, es vn asno que por dezir piedra dize pallo, y quando alla le embio, quiere motejar tambien y requebrarse, y no pueden auelle fuera de casa.

Hon.—Quánto a de durar a mi amo la callentura, si no se muere della, que maldita sea la cosa que come o beue. Tengo me yo a Logistico, que lleua vida de Emperador y no entiende en otro que en pasatiempos.

Her.—No acabas de llegar? cantas o metrificas?

Hon.—No conosco, señor, tales yeruas; pero venia hablando en nuestro amigo, que se levantaua de dormir la siesta, la moça adereçaua la colacion y el page tañia en el clauicimbolo, cantando como vna golondrina, y tu merced no sabe quándo es de dia, ni quándo las noches sone, como dezia el prisionero.

Her.—Bien me las assienta el bobo, y algo dice.

Hon.—Todo se va en suspirar. Reñiego de los amores; yo les cantaria el requiescat si comigo lo ouiessen.

Her.—Paresceme vas acertando, pues otra ay que dice; no son amores para todos los odres.

Hon.—No dire sino bien, que sean para todos los diablos.

Her.—Mucho me huelgo que te hagas auisado.

Log.—Qué madrugada es esta, mi señor?

Her.—As lo soñado; de la siesta hazes mañana?

Log.—Perdone su merced, señor, que de como anda cercado de neblina y vapores gruesos, perdí la concorriente.

Her.—Mas el sueño embaraça assi, si de antes no auia otro achaque.

Log.—Buena estaua la comida y el vino harto fresquissimo.

Her.—De ay proceden luego los vapores que me assaca, y haze bien, que es el tiempo peligroso de ayres corruptos.

Log.—Soy yo tú, que traes en pleyto a Iupiter sobre el hurto de Europa? No se me da más por toda la Asia y Africa que por essos paxaros que van bolando. Hermano, la vida es breue, el arte larga y todo se queda por acá. No sabes que Charon no consiente a nadie cargar ropa en su barquilla?

Her.—Qué burleria essa si bien se mira; pero no lo pensamos sino quando dariamos la buelta, y no ay lugar.

Log.—Muchos ay que por vengarse dello beuen más vna vez.

Her.—Y otros menos con essa ansia.

Log.—No más ni menos a segun es la philosophia, verde o madura, y la complexion sanguiña o melancolica, como de los dos que vno reya, lloraua el otro por una mesma causa. Pero dexadas las circunferencias por el centro, mande dizirme V. m. que le trae por acá a estas oras, que para la grauedad y compasso con que biue, es extraordinaria esta visita.

Her.—Esso es buscar sophisterias para no me lo agradescer. No es occasion harto bastante la de ver a su merced y gozar de la musica de su page? y sobre todo de su tan dulce conuersacion y plática?

Log.—O qué passo! Todo es poco, señor mio, para seruir la gracia con que lo dize; mas si por acá no ay tan buen guisado como sobra a él, pese la voluntad y hallará vn cuernocopia.

Her.—No es esse muy buen manjar quanto a la superficie, pero el sentido y buena intention lo suple.

Log.—Estays entre las dos columnas sin auer para que buscar plus ultra.

Her.—Ni menos lo ay donde está V. m., sino fuesse en sueños, y aprouecharia poco assi.

Log.—De acuerdo estamos, ora sientese su merced, mientras me lauo, y perdone la descortesia.

Her.—No ay de qué, señor; laue si puede.

Log.—Bien dize, porque algunas veces conserua la suziedad la gentileza.

Her.—Essa es otra nueua alchimia.

Log.—Qué necio! No as encontrado con ollas de damas?

Her.—Podria ser.

Log.—Pues qué más quieres? Aquella hiel de buey, higos podridos y otros mil perfumes, para qué son sino para dexar su agua á los cauallos? Moço, canta algo con que lloremos todos.

Page.—Romance, señor, o cantiga?

Log.—Lo que quisieres.

Her.—Sea de las vuestras, page, que yo os lo pagaré en el laud.

Page.

Para qué me dan tormento, aprouechando tan poco que suffra, mas no tan loco que descubra lo que siento?[727]

Log.—Ya vees cómo aqui todos andamos a adeuinar lo que te cumple, y tú no lo agradesces.

Her.—Si ouiesse de hazello conforme a las mercedes, todo se me yria en humo de gracias. Ora, page, la buelta dessa que es excelente.

Log.—Vete de ay, no cantes bueltas, que sólo por el nombre las aborresco; sean todo estradas y adelante siempre; dize ay

por amores me perdí y si me cobrasse un dia nunca más me perderia.

Her.—Buena pascua tengas, que de razon assi a de ser, y huela la casa a hombre.

Log.—Dame licencia y verás si te hago justicia, poniendo en obra alguna de mis magicas.

Her.—Bien sabes soy tu sombra y que no me puedo mouer sin ti; pero sea cuerdamente y conforme a nuestra profession.

Log.—Assi se entiende, mas vna cosa es menester primero.

Her.—Qué?

Log.—Ya sabes que mujeres son antojadizas sospechosas, desconfiadas, celosas, vengatiuas, mentirosas; que por todos estos escalones a de subir el triste que aya de ser sentenciado dellas. Veamos, pues, si en alguno dellos diste occasion de recibir la muerte: en el primero mostrando otro de lo que sentias; en el segundo, si sob specie de dar consejo vsaste de reprehension; en el tercero, si por tentar su calor mostraste frio, y en el quarto, si heziste oracion a alguna otra sancta o eres general; en el quinto, si no tomaste con alegre cara su desseo de satisfazerse o no diste lugar con generoso y manso semblante a su furor, y en el sexto, si le contrariaste en algo o dexaste de finxir que creias sus mentiras.

Her.—No te sabria dezir particularmente la orden del proceder, porque amor es figura aparte, y no conosce señorio de tiempo o otra fuerça humana, pero en summa sabe que Marco Antonio no fue más leal a Cleopatra, aunque me dexe solo aora en la pelea desta mar de mis males, como ella hizo a él.

Log.—Bien hacia yo el Palinuro; pero tu hechasteme en la mesma mar: es fuerça todauia, que aun me atreuo lleuar tu nao a mejor puerto. Mi consejo es que aun lo dissimules y le scriuas vna carta.

Her.—Quieres hazerme perder el seso? si nunca me responden, que es indicio de tenerme en poco.

Log.—Podria ser que no, y fuesse tentacion, que en fin tiene su término. Hagase aqui y lleuesele luego; quiza será principio d'algun contentamiento o el remate o cabo de todos sus contrarios, hechando las ancoras en otra parte sicut et nos. Entiendes este verso del Paternoster?

Her.—Demasiado; sea hecha tu voluntad en esta tierra. Page, traed papel y scriuanias.

Page.—Si haré, señor, aqui estan.

Log.—Vna merced queria del señor peregrino de amor o desamor: que contasse por los dedos sin curar de cifras d'esta vez, que yo prometo seruirselo de otra.

Her.—Soy muy contento, mas si ay negra alguna allá, podria ser que se corriese.

Log.—Proprio es de negros correr y huir, pero aqui estamos nos que le alcançasemos con los perros de Asosio.

Her.—Ah, ah, ah, esto es mejor ya de lo que será la carta. Empieço: Mi señora.

Log.—Señor, sí.

Her.—Ya sabes que no estando mi alma en otro cuerpo que en el tuyo, para biuir contento conuiene que te busque.

Log.—Vn poco va alatinado, pero vaya.

Her.—O, ni tambien a de ser el A. b. c. que presumen allá de soletrear.

Log.—Essa es la cuenta.

Her.—Mas si lo hago y el tiempo y lugar me faltan para recibir el acostumbrado nutrimiento, es matarme.

Log.—No salieras en ayunas, si lo dixieras en el campo de Xeres.

Her.—Por qué? es descortesia?

Log.—Señor, no; prosiga.

Her.—Doyte al diablo que tanto sabes de Guydo, fueras bueno para barbero.

Log.—Y su merced para montar en banco, como charlatan italiano, y vender pelotas de xabon y otras species; adelante.

Her.—No sea tan rigurosa la ley del Monasterio, que no aya excepcion en ella.

Log.—Aora me diste en el paladar, porque esse es el sexto punto de que tratado tenemos, dexareste engañar y tener por cierto lo incierto.

Her.—Nunca menos hize sino vna vez que la reprendi de general.

Log.—Entonces perdiste el juego.

Her.—Antes me lo agradescio.

Log.—Son mañas; Dios sabe que le quedó en las narizes.

Her.—Ya es hecho, la intencion me salua.

Log.—De buenas intenciones está el infierno lleno.

Her.—Assi lo dizen. Si tu merced me da licencia yre acordar oy cierta musica que tengo pensada y darle algunas nueuas.

Log.—Bueno, porque es más sentida que vn delfin y muy amiga de nueuas para tener en qué morder.

Her.—Si no, quédese para mañana, si oy no puede ser, que tus honestos exercicios no te dexan tiempo para otras cosas. Dios te conserue en ellos.

Log.—Ad quam gloriam. Andaste de capitan, cierra aora, y ay está Honorio que porna todo en su lugar.

Hon.—Assi fuesse en mi mano cómo las haria baylar al son.

Her.—Ya sé vuestra buena voluntad; yd, pues, y cortesmente, sin más historia, como os tengo dicho, dad esta carta, y mirad lo que os responden, que en casa os speramos o allá fuera.

Hon.—Si haré, señor.

Her.—Vamonos passeando por aqui a coger ayre.

Log.—No será menester yr para esso lexos, que aqui cerca está vn molino que da harto.

Her.—A do lo[da]?

Log.—En su cabeça de V. m.

Her.—Y en la vuestra ay agua y tierra. Algun dia me lo pagareys, vellaco.

Log.—Mucho aueys de sperar, hombre honrrado.

NOTAS:

SCENA 10. DEL TERCER ACTO

Asosio de retorno de sus bodas encuentra con Logistico y Heraclio, con que se burla un rato en su mascara y buelue Honorio.

Asosio, Logistico, Heraclio, Honorio.

[Aso.].—Y vos, señora Alcumena, pensauades no auia otro Amphitrion y que se oluidaua Iupiter de los pollos? por vida de Martes el soldado, que os an de saber a grajos, y quedays señalada de manera que todo el Balsamo de Ierico no os aproueche. Qué bien le supo la comida; a fe que es de buena boca la señora y alegre en la conuersacion, sino que era el dia claro y descobria al Pauon los pies. Andará la burla assi algunos dias; alquilaré despues la mascara a otros. Entendamos aora en la cadena de la otra Nimpha, para ganar el precio del torneo y contar de la batalla, pues soy auenturero. Qué paxaros son éstos? ah, ah, ah, los mesmos. Asosio otra vez al grano y entonado.

Log.—Este buelue a ser mi cortesano de oy; alguna cosa busca por aqui.

Her.—Será enamorado. No tiene mala vista ni representa mal, si lo demas responde a ello.

Log.—O, es discreto y buena arte d'hombre! lleguemosnos a él que ya nos conoscemos. Señor, alegrome en pensar que lo detenga alguna cosa en esta tierra.

Aso.—Mucha ay, señor, si yo valiesse la menor.

Her.—Bueno. Beso las manos de V. m.

Aso.—Beso las manos de Vs. ms.

Her.—Cierta regla de valer mucho es ser confiado.

Aso.—Si yo lo soy es en el desseo, pero aqui deuen querer más.

Log.—Aqui, señor, por dinero baylla el perro, como en tierra de Salomon. Y sepa que si el señor Homero viene sin él, duerma al sereno, aunque trayga a Hector de rienda.

Aso.—En toda parte, señor mio, saben ya essa oracion, pero en algunas hay más cortesia y quieren los cumplimientos reboçados.

Notes in this chapter

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