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Orígenes de la novela, Tomo III

LA LENA

Reading edition

Por D. A. V. D. V. PINCIANO

Al Illustriss. y Excellentiss. S. D. Pedro Enriquez de Azebedo, Conde de Fuentes, d'el Consejo d'Estado, Gouernador del de Milan y Capitan general en Italia, por el Rey Católico N. S.

Aquí la marca del impresor. Representa el ave Fénix renaciendo de sus cenizas; en medio las iniciales G B P, y en torno del Fénix una orla con esta leyenda bilingüe: «Della mia morte eterna vita io vivo. Semper Eadem».

En Milan. Por los herederos del quon. Pacifico Poncio et Iuan Baptista Picalia compañeros. 1602. Con licencia de los Superiores[745].

Ill.mo y Exc.mo Señor:

Si bien conozco qu'el ciego Vulgo recibe con más voluntad el mal (por serle como natural) que la vtilidad de vna sabia prouidencia (tan agena dél) para dar de mano a las occasiones, que siempre andan llenas de inconuenientes, que suelen causar la inquietud de los tristes que se dexan lleuar de las vanas fantasmas de sus falsas imaginaciones, no por eso he querido dexar de lleuar adelante el jocosso concepto qu' en mi ocio he formado (rompiendo lanças en vn frenetico y desesperado Celoso) con fin de aliuiar á V. S. algun rato en la vacacion de sus graues ocupaciones, renouando el reconocimiento de mi obligacion a su seruicio. Y assegurado de que será recibido con el alegre rostro que pide mi desseo, he ossado sacarle a luz a la sombra de su Excellentiss. nombre: con seguridad de que sólo él basta para defenderle, y que su imperfeccion se disimule o eche menos de ver. Suplico a V. E. le mande poner a los pies de las memorias qu'el tiempo le ha de consagrar por sus heroicas virtudes, las quales llaman a celebrarlas al humilde talento que antes de ahora he dedicado a V. E., a quien Dios guarde.

En Milan a I de abril. 1602, D. Alfonso Velazquez de Velasco.

A LOS LECTORES

Hallando en mi ociosidad empeñada la melancolia en diuersos pensamientos de los graciosos tiros que muchas mugeres del tiempo viejo hizieron, y en la consideración d'el ardiente furor de aquel triste que siente el mortal veneno de vna celosa desconfiança (de cuyos rauiosos desconciertos me ha tocado gran parte), me puse (por mi pasatiempo, como en vengança del daño receuido) a componer esta ridiculosa Comedia, en que algunos ratos he refrescado los espiritus de cierta seca tristeza mia. La recompensa que pretendo es que, como será d'entretenimiento, sirua tambien de vtil consejo y exemplo, para escusar pasion tan terrible, que consume en su proprio fuego al insensato a quien toca. Esto creo bastará para que dissimulen las faltas que hallaren en la disposicion del conceto y estilo. Y para que mi jocosa intencion y simpleza halle fauorable construccion, y no sea juzgada sino segun su effeto, consideren que hablo en el papel como al primero que encuentro en la calle. No he querido aplicar argumentos sobre los actos, teniendolos por superfluos, siendo todos tan eslabonados, y assí, euitando la prolixidad, me remito al prologo de mi famosa Lena, a quien (qual es) os encomiendo por otra tal. Valete.

EL DOCTOR IVAN TOLERANTE AL MANSO LECTOR

Soneto. Aqui verás el fin, vida y locura Del celoso Antecuco impertinente, Que a discrecion de vn necio negligente, Dexa la joya que guardar procura. Astuta vieja; sieruo con cordura; Requestada mujer vana, que siente Desconfiança d'ella; floreciente Donzella con madrastra, en estrechura; Viuda recatada y viejo sano; Moços sin padre, libres y opulentos; Humores vanos, de diuersas gentes. Nota bien sus desgustos y contentos; Abr'el ojo, Lector, qu'está en tu mano Biuir en paz, sin mil inconuenientes. Huye los acidentes Que aqui verás, seguro y sin sospecha, De tu metad: pues nada te aprouecha. Aquel tener la estrecha (Pobre assombrado) menos tu recelo, Si ya el Cuclillo te annunció su duelo. Impatiens operabitur stultitiam (Prou., 25).

NOTAS:

INTERLOCVTORES

Lena, Tercera. Ceruino. Marcia, segunda muger de Cer. Cassandra, hija de Cer. y de otra muger. Morueco, hermano de la primera. Inocencio, Bachiller, criado de Cer. Bezerilla, Page de Marcia. Violante, viuda. Damasio} Macias } hijos de Violante. Cornelio, su criado. Aries, padre de Marcia. Vigamon, su criado. Ramiro, Baruero. Policena, su hija.

Damasio ama a Marcia.—Macias ama a Cassandra.—Aries ama a Violante.—Cornelio ama a Policena.

ACTO PRIMERO SCENA I

Lena haze el Prologo

Terrible cosa es que no se pueda (sino por marauilla) hazer colada que no llueua. No ay ya biuir en este mal Mundo, pues, como el lobo, tanto empeora quanto más envegece; bien necio es quien de ti se fia[746]. Qué se hizo aquel cortés respecto que la buena memoria de mi madre de su tiempo me contaua? iziendo que como se via vna persona de edad, fuesse quien fuesse, andauan las reuerencias hasta el suelo; siendo en todas partes bien vista y acariciada sin nunca hallar puerta cerrada: porque se biuia a la buena, sin las falsas sospechas que ay el dia de oy. Creo que m'engendró la desgracia, y que si tuuiesse en las manos oro, se me bolueria plomo, pues no pesco con mis designos sino mordedores cangrejos que me destruyen. Entré (que no deuiera) en casa de aquel maldito Ceruino, a mostrar a la señora Marcia, su muger, ciertas galanterias de que suelen gustar las damas curiosas como ella, y al punto de concertarnos sobreuino el mal hombre, y sin más, ni más, llamandome de vieja hechizera, alcahueta, encoroçada, con otra sarta de injurias (que por mi crédito y honrra callo) me dió tal granizo de torniscones, que a sus pies cayera muerta a no socorrerme en la tempestad vna buena persona que le detuuo; mas alcançandome con vn puntillazo, dió comigo por la escalera abaxo, donde perdí mi hazienda, y aun la gana de recogerla, porque se daua tal priesa con aquellas manos de osso (en la picota las vea), que la fin de vna puñada era principio de otra mayor; y assí me salí a la calle del Rey más que de passo, con dolores de bolsa y coraçon, que aun me duran por todo el cuerpo. Mas no lo siento tanto como auer perdido vna recepta de agua de rostro que me valiera vn tesoro; porque bastara a hazer hermosa a la más fea de Guinea, la qual me acabaua de dar vna deuota persona, diziendome auersela tomado a vna Condesa de no sé dónde, para quemarla, y que despues, viendola tan perfecta, de la stima se auia arrepentido. O quién la supiera! Pareceos bien, señores, el daño que aquel descomulgado me ha hecho? Mas a fe que tiene que hazer con gata que trae pelada la cola. Estoy por yrme a la justicia (si la ay en la tierra) y querellandome d'el diziendo que me ha hecho fuerça y robado mi hazienda en su casa, hazer que me la pague con las setenas. Mas probe de mí, de qué me seruirá? Pues, por el maldito fauor, en lugar de castigarle, aunque muestre la vandera rota (digo las molidas espaldas), darán más crédito a su mentira que a mi verdad. Loca sin juizio, qué digo? Por qué no le daré de mi propria mano la pena y castigo que merece? Este es el más sospechosso animal que sabemos, y al presente está tocado de tan rauiossos celos, que se le comen biuo. Ha sido casado dos vezes, y de primera muger tiene vna hija llamada Cassandra, de diez y seis a diez y siete años, encerrada en vn aposento como vna muda; tan escuro, que a medio dia se la pueden dar buenas noches; sin consentir que trate con nadie, diziendo que la donzella es como flor cubierta de rocio, que por poco que la toquen se marchita. Cada dia visita la orina, dando a entender (por amedrentarla) que en ella conosce el humor pecante. No quiere que coma bocado de carne fresca, porque halla que solicita y despierta el apetito de la salada; y de la miseria que la embia para sustentarse haze antes anotomia, temiendo no aya dentro alguna contraseña. Si meten alguna cesta de paños o de otra cosa, lo rebuelue de abaxo arriba; porque vna Reyna de Escocia (dize) s'enamoró de su enano, y que dentro de vna canasta se le metieron en su cámara. Quiere que los criados hablen como por señas, porque no los oyan las mugeres, guardandolas como si fuesen yeguas del relincho y salto del cauallo. Con esta segunda muger se casó poco ha, por ser hermosa y de buen linage; y pareciendole temprano, aun no se atreue a estrecharla tanto como querria, aunque no se pudo yr a la mano quando me hizo el tiro que os he contado. No niego auer ydo con intencion de hazersele como él merece, porque vn Cauallero, que está apassionadissimo por ella, me encomendó que la procurasse dar esta carta, y aunque no lo hize, a lo menos cumpli con arriesgarme a lo que me vino, y assi él, considerando no auer quedado por mí, restaurará (sin duda) mi pérdida, de manera que con tan buen premio como el que espero me serian buenos al mes vn par de tales encuentros. Pero para que la suerte no me salga en blanco, lo que haze el caso es procurar (ya que no pude seruirle por mi pico) que se haga por tercera persona. Mas si mientras busco gato que me saque la castaña del fuego, y voy poniendo liga al paxaro, este gentilhombre muda de pensamiento (como es costumbre de los enamorados de ogaño) no lo perderé todo? No, pues quando no me diere de comer en su casa, no me faltará de cenar en otra, con la mesma empresa. Yo soy como la balança, que se inclina a la parte que más recibe, y como cera, que aunque tenga imagen, como se le carga sello, dexa la primera y toma la forma dél. Harto he biuido para saber biuir. Es lo bueno que al punto comprehendió la buena señora a lo que yo yua; que a las que son tan discretas el diablo se lo pone delante. Qué haré, pues, yo ahora? Piensa bien, Lena, piensa y repiensa, hasta que con su verguença le hagas andar como el que tiene pintado el baruero mi vezino, que fue comido de sus proprios perros; helo de hazer si pensasse morir en la demanda. No es persona la que no sabe hazer bien y mal; quien la haze la espere, y la metad del camino está andado, porque los celos hazen a la muger más facil de rendir. Mas entretanto, ya que (transportada de colera) he echado mis verguenças (y las agenas) en la calle, dandome a conocer por solicitadora, agente o tercera (que algunos necios llaman, a l'antigua, alcahueta), vituperando esta sarta que traigo al cuello, quiero contaros vn Erasse que s'era (y el bien para nosotros sea, el mal para la manceba del Abbad) digo de parte de lo que por mí ha passado. Ante todas cosas fui donzellica niña, hasta que de doze años, cegandome el demonio (nunca se lo perdono), me enamoré de un moço de casa, que era como vn pino de oro, y auiendome a los treze años pegado el mal de los dos baços, viendome mi madre ydropica, a gran priesa (por su honrra y la mia, que siempre la he guardado como los ojos de la cara) me casó con vn hombre de más edad y templança que para la mia era menester, y assi, no pudiendo sufrir sus buenas costumbres, me le desapareci, y de lance en lance fui a dar comigo en Napoles, donde (auiendo estado en opinion de donzella, como tres semanas, en compañia de cierta viuda muy recogida (la qual me instruyó aossadas), vn mercader, persona honrrada, me tomó a su cargo, y al cabo de pocos dias (no faltandome ya quien me alentasse a biuir a mis anchuras) me resolui de tomar casa de por mí y puse tienda abierta de cortesana; y assi continué la mercancia como poco más de treinta años. (El que estuuo allí en tiempo del buen Duque de Osuna se acordará de la Buiza, que asi me llamauan entonces); y despues de mil baiuenes, prosperidades y mudanças, auiendo rematado mis prendas, haziendo como el marinero, que facilmente echa a la mar lo que del pasagero ha reciuido, se me desapareció, como humo, en dos dias, quanto en tantos años, por medio de mi pertinaz pecado, auia adquirido, quedandome solamente con los achaques que acompañan siempre a las de aquella profession; que quando más bien paradas, tienen vn pie en su casa y el otro en el Ospital; no bastando al fin (quando más prosperamente se ha nauegado) quanto pueden acumular para emplastros y çarçaparrilla. Y assi, viendome pobrissima, oluidada y sola, començandome la enojosa vejez a amenazar[747] y saltar a la cassa, embotadas en ella (por mi desgracia) las herramientas del miserable trato, me boluí a Valladolid (mi cara y desseada patria), y viendo esta Corte tan destroçada y transida, que más me parece capitulo general de alquimistas que lo que ser solia, acordé de tomar este oficio, con quatro camas que alquilar, que me es como natural: porque siempre la ramera, tercera muere o mesonera. Auiendome antes informado de que en ningun otro trato se hazen tantos negocios de honrra y prouecho como en éste, aunque corriendo muchas borrascas de las que os he contado. Lo qual siento menos, viendo por este medio tan insigne auditorio, para lo que oyreis. Tened paciencia (os ruego), que no será tiempo perdido.

NOTAS:

SCENA II

Ceruino, Inocencio.

[Cer.].—Ya sabeis, Bachiller Inocencio, que teniend'os por virtuoso y de confiança, os he metido en mi casa, y tambien la voluntad que tengo de hazeros bien con el tiempo, dand'os entretanto por prenda la guarda de toda mi honrra, la qual estimo más que hazienda y vida.

In.—Sit modo dignitas incolumis. No puedo, señor, con palabras dignas, responder a tanta merced; mas en reconocimiento de la confiança, con toda fidelidad y amor seruiré a V. m. y a mi señora, de dia y de noche.

Cer.—De noche no, amigo; dexáme a mí ese cargo, que no es poco pessado. Ahora, pues, quiero que entendais de qué manera os aueis de gouernar. Y n'os espanteis de auerme visto tan colerico con aquella mula del Diablo, que no sabeis quién es ni las malas burlas que suelen hazer las tales.

In.—Rectum iuditium iudicate. Qué sabemos si aquella mujer venia o no a lo que V. m. piensa? y teniendo hijos, o nietos, faltandoles el sustento, por no poderse valer de las cosas que dexó en casa, auria V. m. cargado de aquel peso su conciencia.

Cer.—Hareisme con vuestros escrupulos renegar, no sólo de la buena opinion que de vos tengo, mas estoy por dezir de otra cosa. Yo n'os quiero en mi casa para predicador; si quereis hazer a mi modo, aueis de oyr y callar, y si no, yo buscaré quien lo haga.

In.—Esto ha nascido, señor, de que quanto más pobre es vn hombre tanto más se duele de la miseria de otro. No se enoje V. m., que yo haré quanto fuere seruido, como no se atrauiesse[748] l'alma.

Cer.—N'os digo yo? Estad, pues, atento. Quando yo no estuuiere en casa, aueis vos de estar siempre en el portal, mirando como otro vigilantissimo Argos.

In.—De hoc ita Ouidius:

Centum luminibus cinctum captut Argus habebat. Inque suis vicibus capicbant bina quietem, Caetera seruabant, atque in statione manebant.

Pero mala burla la hizo Mercurius a Joue missus, cantus dulcedine.

Cer.—Pues qué entendeis por eso?

In.—Que son peligrosas estas custodias, si anda Iuno celosa, pues no se puede el hombre dormir en las pajas.

Cer.—Huelgo mucho de que nos entendamos. No me dexeis entrar persona, aunque viniesse mi propria sombra; y sobre todo abrí el ojo a estas corredoras, ministras de Satanas, que traen la peste consigo. Si vos vuieredes menester alguna cosa, dezí a Bezerrica que la pida a las mugeres; y si ellas os llamaren, diganle tambien lo que quisieren; no tomeis trabajo de subir arriba. Si acaso pasaren algunos a cauallo, entraos luego en el patio; hazé llamar a mi muger con algun achaque, y entretenedla (desde abaxo) con qualque conseja, como de brujas y hechizeras, hasta que sintais que han pasado y que no bueluen: que todo es menester para que no se ponga a la ventana.

In.—Pues qué quentos sé yo para eso! tendrela dos horas con vn palmo de oydo escuchandome: dexeme V. m. con ella que Vincam meis officiis cogitationes tuas. No aurá falta en lo que yo pudiere.

Cer.—Pues con essa confianza de aquí adelante saldré seguro, y estaré fuera de casa con el ánimo repossado.

In.—Magnam omnibus in rebus tuae dignitatis rationem habeo.

Cer. solo.—No pudiera hallar de Poniente a Leuante hombre mas a mi proposito que éste, porque realmente es puro y sin malicia; pero esta su sinceridad, qué me aprouechará para assegurarme de que no me podrá engañar? Pone seram, cohibe, sed quis custodiet ipsos custodes? cauta est, et ab illis incipit vxor. Guardeme Dios de quien me fió. La memoria de mil malos sucesos me inquieta y desconfia en gran manera. Mas quando d'este no aya que temer, me da cuidado pensar que (por mi desgracia) le podria engañar alguno de tantos cuclillos como siempre andan tras agenos nidos. Por otra parte, tiemblo de meter en mi casa otro más astuto, que se pueda aprouechar de la ocasion; y asi huyendo del monte vendria a dar en vn pantano, porque de los domesticos no se puede hombre guardar. Quán de esperimentado andubo aquel que tratando de casar a vn hijo cuyo moço, diziendole vno que no conuenia darle muger tan temprano y que debia esperar a que supiesse más del mundo, le respondio que s'engañaua, porque si le conociesse nunca se casaria. Casamiento y vejez corren las parejas; muchos o los más lo desean que en llegando lo aborrecen. Y asi dezia vn viejo muy sabio: Hijos, antes que casaros, ni llegar a viejos, dexaos comer de perros. Maldito sea el punto en que me vino pensamiento de meterme otra vez en semejante labyrinto. Qué dote ni erencia pueden recompensar tantos fastidios? La primera vez cortan las orejas a los ladrones, para que, tornando a hurtar, sean sin más informacion ahorcados. Lo mesmo deurian hazer al que auiendo enuiudado se casa segunda vez; pues, al cabo, al cabo, vna buena cabra, vna buena mula y vna buena muger, son tres malas bestias.

NOTAS:

SCENA III

Macias, Violante.

[Mac.].—Con quánta fuerça, o Amor, arrojas las inuisibles flechas, cuyas heridas se sienten en medio del coraçon, donde con ser ciego tan incierto aciertas, derramando por las venas el oculto veneno, con que enciendes la pureza de los más elados pechos. Qué cetro ay que te pueda hazer resistencia, teniendolos todos a tu dominio sujetos? Quién ay que no siga tu estandarte? Quién puso a Troya en tanta ruina y desuentura, que d'ella no dexó casi cenizas? Quién afeminó el robusto y fuerte braço de Hercules, y puso en sus vengadoras manos, en lugar de la pesada maza, vna ligera rueca? Sino tú: que escudriñando los más escondidos senos del mar, en su profundo abismo a los mudos peces enciendes, a las aues en la region del ayre no perdonas; ni menos a los brutos animales, a quien traes en continua guerra. Qué braueza muestran los feroces leones, los crueles tigres, los fuertes toros y los ligeros cieruos, quando se sienten heridos de tu flecha? Al fin, todo este mundo, y el que no vemos, no es otra cosa sino vna vnion y suaue liga con que todas estan trauadas; tú las crias, conseruas y entretienes; por ti respiran y no se acaban; serian los hombres peores que las fieras si tú no fuesses el cebo y alimento de sus coraçones. Mas ay de mí, que con ser tan benigno, me tines qual nueuo Ticyo, sin esperança de mejorar mi triste suerte. (Sale Violante).

Vio.—Qué deuaneos son essos, hijo mio? Buelue sobre ti, que si el amor te ciega, la razon te deue guiar, conociendo que no pretendes cosa imposible, y que la violencia y aspereça del deseo impide más que aprouecha al fin de lo que se intenta. No t'esquiues ni huyas de mí, pues (como tierna madre) voy (teniendo por propria tu pena) tratando de darte entera satisfacion, con esperança de hazerte en breue contento.

Mac.—Esso, señora mia, es (a mi parecer) vender el pellejo del lobo antes de caçarle. En qué funda V. m. lo que se promete, viendome mordido de vn aspide, sin ningun remedio? Estando la vida tan a punto de perderse, aumenta más el sentimiento y pena la tardança de la muerte, si ya no me diessen a beuer de aquella agua de Beocia, que dizen quita de todo punto la memoria. Mas la de la cosa tan amada, que ya está impressa en mi alma, no se puede borrar, si la vida no se acaba.

Vio.—Terrible cosa es auer de contrastar contra la insolencia de tu locura. Dime, por qué te afliges y desconfias tanto? Quien dessea sanar, descubre al medico la dolencia.

Mac.—En mal de muerte no ay medico que acierte, y assi la primera cosa que desampara al paciente es la esperança de cobrar la salud.

Vio.—La escura niebla de tu passion te confunde la vista de los ojos d'el entendimiento; que si con prudencia considerasses el fin de las cosas, ninguna (por difficultosa que fuese) te pareceria impossible.

Mac.—Y aun por serlo esta tanto, no pudiendo sanar (como Telepho) sino con el hierro que me hirió (lleuandome tras sí mi dolor) desespero de la vida, si bien no puedo dezir que biuo, pues ni amanece ni anochece para mí.

Vio.—Huelga de tener vida, que con ella mucho se alcança.

Mac.—Y quando se acaba no falta nada, y así hagan las tristezas a su voluntad, que entonces mi mal acabará comigo.

SCENA IIII

Violante, Vigamon, Ramiro.

[Vio.].—Al punto que sale el muerto marido de casa, se deuria la muger yr a enterrar con él biua, porque no lleuan tanto mal los defuntos como dexan a las viudas biuas. Porque, fuera de innumerables fastidios y cuidados que las cercan y acompañan continuamente, quedan tan sujetas a la ruin fama, que aunque hagan milagros se tiene mala sospecha d'ellas. Si andan las desconsoladas limpias y asseadas, luego las lenguas de oro las leuantan que rabian. Si van al descuido mal aliñadas, no falta quien diga que la ipocresia atiende más al prouecho que al fausto, y que ellas s'entienden. Despues d'esto, qué trabajo se puede comparar al que se padece en el gouierno de los hijos? Criandolos de pequeños, con tantos de los malos dias y peores noches, comportando las viciosas amas, guardandolos, enseñandolos, proueyendolos, teniendo cuidado de aumentar y conseruar la hazienda, que en siendo grandes dissipan y consumen con tantos distrahimientos, malas compañias, pendencias, juegos, trages y amores, con que dan siempre ocasiones a las tristes madres para andar fuera de sí como locas sin sentido, sin más bien ni consuelo de no tener[749] quien las vaya a la mano.

Ram.—Señora mía, beso las manos a V. m.

Vio.—Dios os guarde, Ramiro; huelgome mucho de veros con buena disposicion.

Ram.—Lo mesmo puedo yo dezir, aunque en el rostro muestra V. m. yr descontenta.

Vio.—Amarga de mí, no es mucho que s'eche de ver en él la passion de que el coraçon anda lleno: estoy tan cansada del mundo, que desseo se acabe ya esta miserable vida.

Ram.—Santo Dios, qué oyo? Puede tener ocasion para tanto aborrecerse vna señora principal, honrrada, rica, estimada, con dos hijos y vna hija que valen vnas Indias?

Vio.—Yo tengo más bienes de los que se parecen de fuera, que merezco; pero en mi espiritu, y de mis puertas adentro, más trabajos y desgustos que puede lleuar vna muger tan flaca como yo; pues pensando descansar quando mis hijos fuessen hombres, tengo ahora con ellos intolerables penas.

Ram.—Mucho me pesa de oyr esso. Ay alguna pendencia que los inquieta?

Vio.—No es essa la causa; más estoy por dezir que es otra peor.

Ram.—De quien ellos son, no se puede pensar cosa mala. Digame V. m. lo que ay.

Vio.—Diréoslo, como a persona tan de mi casa, y asi lo tendreis secreto por amor de mí.

Ram.—No dude V. m., porque quando es menester tengo menos lengua que vn pescado.

Vio.—No creo yo menos de vuestra persona. Aueis, pues, de saber que yendo Macias con Damasio (que no deuiera) a las bodas de Ceruino, vió alli a Cassandra su hija (que es, como deueis de saber, en estremo hermosa y agraciada), y quedó tan enamorado d'ella, que no pudiendo verla despues acá (por tenerla el padre de manera que apenas ve Sol ni Luna) ha dado en tan terrible melancolia, que no basta nadie a hacerle comer ni beber, sino a pura fuerça; haziendo tantos estremos, que temo no venga su mal secreto a dar en manifiesta locura; y para remediar esto, voy a tratar con el señor Aries, su suegro, que sea medio para que se la dé por muger, que entiendo nos estará bien a ambas partes.

Ram.—Essa, señora, no es cosa, a mi parecer, que aya de dar tanta pena a V. m.

Vio.—No es gran mal verme a punto de tener vn hijo loco?

Ram.—No seria pequeño; mas no deue estar en esse peligro, y no dudo de que el señor Ceruino no alce los ojos al cielo en oyendo semejante embaxada. Lo rezio fuera quando el señor Macias la pretendiera por otra via; que en tal caso le podriamos atar desde luego, pues seria agua hiruiendo sobre la quemadura: porque yo voy cada quinze dias a afeitar a su padre, y puedo dezir con verdad no auerla visto en dos años tres vezes.

Vio.—Haga Dios lo que más sea de su seruicio. No es esta la casa?

Ram.—Sí, señora. Ta, ta, ta.

Vig.—Quién llama?

Ram.—Mi señora Violante de Cabrera viene a hablar al señor Aries.

Vig.—Entre su merced si es seruida, que yo le voy a auisar.

NOTAS:

SCENA V

Lena, Inocencio.

[Len.].—Quiero ver si aurá salido de casa aquel maluado de Ceruino, que le tengo de armar vn lazo que no se m'escape, aunque esté más vigilante que una grulla. A su puerta veo, si la vista no m'engaña, aquella buena persona que me libró de sus malditas manos; sí, él es. Ahora es tiempo de emplear mis cuentas en beneficio de mi bolsa: quiero entrarle con el sabrosso peccado del'adulacion, bisbisando mis oraciones. E ne nos enducas, liberenos, vita eterna amen. Señor mio, bien auenturado el cuerpo que por l'anima trabaja. No piense que lo digo por el bien que me hizo librandome de la furia de aquel su Escaliote, sino porque no creerá la fama que corre por toda esta ciudad de sus virtudes y buena vida: dichosa yo si tan sola una vez al mes se acordasse de mí en sus deuotas oraciones.

In.—Yo tengo, hermana mia, tantos pecados, que no me bastarán para la milesima parte d'ellos; mas confio en la gran misericordia.

Len.—Ella sea loada sin fin. Digame, amor mio, ha salido de casa aquel turco?

In.—Si no fuesedes muger y apasionada, os reprehenderia acerbamente, porque no se puede dar ese nombre a ningun cristiano.

Len.—Y qué perro ay tan rauiosso como él fue comigo?

In.—Cierto que yo quedé escandalizado de ver lo que pasó. Son dias infaustos: otra vez mirá con qué pie entrais en casas agenas.

Len.—A la fe, no quedó por esso, pues en lunes metí el derecho, sin tocar al lumbral de la puerta. Y porque no soy nada agorera, bueluo en martes, a ver si no estando él (no le quiero tomar en la boca) en casa, podré dezir dos palabras a la señora Marcia.

In.—Ni él está en casa ni vos la podeis hablar. Liberam non habeo facultatem, porque me ha mandado que no la dexe ver a persona ninguna, aunque venga su propria sombra, y particularmente a bohonero ni corredora; este entiendo que es vuestro trato.

Len.—Triste de mí, que la necessidad me haze algunas vezes vsar d'esse oficio, por no dar en otro peor: que al fin es ganar el pan con el sudor que Dios manda.

In.—Assi, Unusquisque propriam mercedem accipiet secundum suum laborem. Pero porque os tengo lástima, voy procurando que se os bueluan vuestras cosas. Teneis familia que sustentar?

Len.—Familia dize, hijo mio? No menos de cinco pobrissimas hijas; las cuatro donzellas, como tantas perlas, y la mayor viuda de veinte y tres años, que se me ha buelto a casa con dos criaturicas, y asi biuimos con la miseria que puede pensar. Y por no auer hallado qué labrar, ni entrado bocado de carne en mi casa en estos tres dias, me embiaron a vender aquellas galanterias, algunas hechas de sus proprios cabellos (que los tienen como hebras de oro). Mire quáles estarán las desamparadas ahora, auiendolas quitado en esta casa lo que las auia de ayudar. Hu, hu, hu.

In.—Doleo dolorem tuum. No lloreis, os ruego, que me rompeis las entrañas de compassion. Y assi, adeuinando todo esso, lo he ya puesto en conciencia al señor Ceruino. Y porque Erigere iacentem debemus, yo le boluere a hablar.

Len.—A tan mal hombre quiere ablandar con palabras? Guardese de tal cosa, pues siendo vn Faraon, seria para más endurecerle; no le pediria el ojo derecho, aunque me le vuiesse sacado. Si lo pudiesse alcançar de la señora, bien, y si no, sobre su alma vaya, porque peor haze quien a perro viejo incita. Dexeme, mi bendito, besar esas santas manos.

In.—No, esso no, absit.

Len.—Veale yo alcalde de corte.

In.—Dios os acompañe.

Len.—Ahora sí que que va bien encaminada l'agua al molino: éste es sin duda de aquellos que cuentan de la tierra de Bauia, donde los trigos se siegan con escaleras; al fin, el que yo he menester. Benditas sean mis lagrimas, y rebenditos ojos, que tan a punto las dexais caer. Estad con buen ánimo, que y'os prometo tantas de las de Alaexos quantas aueis derramado; y ya es tiempo de cumpliros la palabra, porque no puedo más paladear.

SCENA VI

Damasio, Cornelio.

[Dam.].—Crees, Cornelio, que hará Lena algun buen efeto?

Cor.—Tengolo, señor, por hecho: y si faltare, será más por culpa de la suerte que de su diligencia: si ya no haze como los maliciossos cirujanos, que no quieren cerrar las llagas por la ganancia que tienen d'ellas.

Dam.—Parecete que va buena la carta?

Cor.—Mal año para quantos de a real las venden en Lisboa. Va que ablandará vna peña. Mas si por desgracia no, aprouechare, que no es posible (porque las hojas verdes muestran no estar el arbol seco) a dos va la vencida: echar otra que encienda más el fuego.

Dam.—Asi la tengo ya a punto, a las mil marauillas; aunque más querria que no fuesse menester.

Cor.—Podrasse creer esso sin escrupulo?

Dam.—Sobre mi conciencia. Has visto los estremos que haze mi hermano con sus amores?

Cor.—No es marauilla, por ser los primeros, que son siempre como el calor de San Lorenço y el frio de San Vicente, que dan mucha pena y duran poco; ó fuego de paja, que presto da llama y muere.

Dam.—Cierto que no es mi amor de menos quilates que el suyo, aunque no m'encierro a llorar, ni doy tantos suspiros como él; y no creo poderse acabar, no sólo tan presto como tú dizes, mas en ningun tiempo.

Cor.—Bueno es esso para Cornelio, que por no ser filósofo no sabe dar más razon de que (con soportacion de V. m.) no lo cree.

Dam.—Por qué no lo cr'es?

Cor.—Ya he dicho que no lo alcanço; mas por auer estado con otros amos enamorados (a quien via oy fuego, mañana nieue y aborrecer un dia lo que otro amaron) me ha hecho la esperiencia incredulo.

Dam.—Sabes a quién acaece assi?

Cor.—A todos.

Dam.—Esso no, saco mi blanca. Solamente a aquellos que aman a mugeres de poco valor; que como para su fuego cortan la leña en pequeño monte, al mejor tiempo se les acaba. Mas cómo podré yo esperar qu'el mio se consuma, siendo infinita la belleza y el valor de quien es la leña y el fuego, donde suauemente estoy ardiendo, y puedo dezir que nunca bueluo a verla, que no halle en ella nueuas gracias?

Cor.—V. m. ha entrado en materia donde yo no ahondo vn palmo; y assi podra echar libremente por donde fuere seruido, y yo entretanto creeré lo que me pareciere. Mas, si vale dezir verdades, no veo en ella tantas cosas como el ciego Amor haze ver a V. m., qne segun le da a entender, nunca se vieron venir de la India Oriental tantas joyas[750] preciossas.

Dam.—A lo menos ninguna de tanto valor; ni ha salido de Vizcaya mayor asno que tú.

Cor.—Esse es el premio que recibe el que no sabe hablar a sabor del paladar.

Dam.—A lo menos, el que merece quien es tan grosero como tú, que hasta ahora me has tenido engañado con tus bachillerias, creyendo que sabías más de achaque de perfecciones; no sé cómo, o por qué, no te he sembrado los dientes en esa blasfema boca.

Cor.—Porque me saltarian d'ella hombres armados, como los del sembrado de Cadmo; pero no contra V. m., aunque más injurias me diga.

Dam.—Di, necio, no se ve claramente que Amor tiene en aquella frente su potencia y tribunal, pues con vn solo mouimiento desdeñoso o alegre condena a muerte y da vida a quien la mira? Si se apartasse la escura niebla de tu poco entendimiento, verias aquel cabello de color del sol, como encadenadas sortijas de oro, partido en ordenes, por el dilatado espacio de su frente. Las cejas ser dos enarcadas lineas, con cierta magestad tan vencedora, que nunca la mostraron tal los arcos triunfales de los Augustos de Roma. Las orejas pequeñas y puestas en lugar tan medido y compassado, que la tierra menos igualmente dista de las circunferencias del cielo qu'ellas d'el sitio conueniente. Los ojos de tan peregrina y nueua gracia, que en ellos claramente se ve la risa abraçada con la grauedad; tan dulces en el mouimiento, que el ayre circunuezino muestra quedar enamorado y desseosso de introducirse en ellos. La niña de dentro (o ojo del ojo) tan puramente negra, que considerando despues la luz de la plateada yema, parece que está la noche recogida en aquel pequeño circulo, por defenderse de la serenidad qu'en torno la ciñe. Que el parpado que los cubre es blanquissima nuuezilla delante de la cara del sol, o cataracta d'el cielo, que abriendose descubre los biuos resplendores del Parayso, y cerrandose queda por consuelo la mesma materia celeste. Que las largas y sombrias pestañas son puras violetas que s'espejan a la orilla de cristalina fuente. Que de las mexillas de su perfectissimo rostro es la tez de tanta blancura y lustre, que enfrena la imaginacion para no ver lo que falta (si falta puede llamarse aquello que, aunque no se tenga, no se siente faltar). El perfil de la nariz, que parece estar en medio de aquel hermoso teatro, como cuchillo debaxo de cuyo filo inclina y pone la embidia su cuello. Que la tierna y con dulce relieue proporcionada boca (pronunciadora de tantas sentencias y gracias, que por no dar en el infinito, no quiero contar) merece que algun angel la predique con las demas bellezas: como los dientes de perlas, el cuello de marfil y las manos de alabastro. Baste dezirte que la dichosa alma (regidora de aquella preciosa materia) la informa y mueue con tan dulces y alegres ademanes, que no se puede mirar sino con ojos de Satyro.

Quid laudem femur, aut femori confinia membra. Has tractare iuuat, potius quam ducere partes.

Cor.—Ahora confiesso que oyr esas cosas me ha hecho gemir tacita y recalcadamente en lo íntimo de las entrañas, como el cansado cauallo quando acaua de orinar.

Dam.—Ha, ha, ha. Dígote cierto que quando pienso en sus diuinas partes, estoy en duda si la deuo llamar muger o angel.

Cor.—No la pongamos, señor, tan alta que la perdamos de vista, que todauia me quedo yo en mis treze, y no me sacarian de aqui los doze Pares de Francia.

Dam.—Esso creo yo, porque tu vista no es capaz de cosas tan altas.

Cor.—Los ojos humanos no pueden (segun dizen) percibir las cosas sino por las formas de su conocimiento; pero no nace de ay.

Dam.—Pues de qué procede tu ignorancia?

Cor.—De saber qu'es muy proprio de enamorados tener a sus damas por más hermosas de lo que son. Y assi yo, como uno d'ellos (que por ruin que sea el asno tiene su cola), creo sin ninguna duda que la mia es (sin comparacion) la más bella del mundo, y que (por mi buena ventura) no aurá ojos que tengan virtud para conocer su rara hermosura, tan perfecta como ella es y yo la contemplo. Qué me dirá V. m. a esto?

Dam.—Qu'eres vn loco desatinado.

Cor.—A lo menos atinado en esto, y dexaré de contar por estenso sus estremadas gracias, porque no quiero poner en condicion mi salud y el reposso de V. m.

Dam.—Es costumbre natural de los necios celosos, que temiendo que lo que aman se mejore, o lo vituperan, o callando ocultan lo bueno que a su parecer tienen. Mas aunque creo que estás tambien en este engaño, holgaria de oyrte dezir alguna de sus gracias, como si desuariasses con calentura o estuuiesses endemoniado.

Cor.—Si Cupido es el demonio de la fornicacion, más merece el que le sigue esse nombre qu'el d'enamorado.

Dam.—Ya te ha entrado el espiritu malino; prosigue.

Cor.—Son tan innumerables sus perfeciones como las estrellas del cielo, porque de quanto Naturaleza puede dar, la hizo vn escogido compendio, adonde se hallan todas juntas en su perfecto ser. Si V. m. tuuiese ventura de ver la gran proporcion y orden que tan curiosamente osseruó en su rostro, confessaria por fuerça que el cielo ha derramado sobr'ella quantos tesoros de gracias tiene que repartir, y que merece ser celebrada por el más esquisito milagro de hermosura.

Dam.—Tente, dame la mano, no quiero que passes más adelante por que no cayas. Pero sepa yo ahora, quién es essa alhondiga de gracias?

Cor.—Es verdad que me auergonçaré de nombrarla. La señora Policena, hija de Ramiro Coruato, insigne baruero.

Dam.—Quándo menos? A fe de quien soy que lo sospechaua. Vales quanto pessas para loar una martingala. Ha, ha, ha. Ahora sí que puedo dezir que el deuaneo ha manifestado tu modorra o locura. Dala tú el nombre que se te antojare, que la comparacion (dexando aparte la sangre de la señora) ha sido cierto estremada.

Cor.—Luego los caualleros dan en la sangre, sin mirar que es la peor cosa que las mugeres tienen, pues las haze inutiles los seis dias del mes.

Dam.—Ha, ha, ha, ha. Mala pascua te venga, vellaco desuariado, que me hazes reir sin gana. No más, que es ya tiempo de yr a saber lo que mi señora aurá hecho con Aries, que no veo la hora de salir d'este preñado.

Cor.—Antes d'entrar en él.

Dam.—El diablo te lo dixo.

NOTAS:

SCENA VII

Ramiro, Violante, Damasio, Cornelio.

[Ram.].—No ve V. m. al señor Damasio que nos sale al camino?

Vio.—Ya le he visto. Y bien, adónde vas ahora, pan perdido?

Dam.—Vengo a acompañar y seruir a V. m. Pues, señora, podemos esperar algo de bueno?

Vio.—Creo que sí, porque este cauallero, auiendole parecido bien, me ha prometido de tratarlo con Ceruino su yerno, y hazer de manera que aya effeto.

Dam.—Es tan estraño el humor de aquel hombre, que lo pongo en duda.

Vio.—No ay razon para desconfiar, y muchas para darlo por hecho; y assi con esta buena esperança, anima a Macias, que te cre'rá más que a mí; haz de manera que coma y se alegre. (Entranse Violante y Ramiro.)

Dam.—Oyes, Cornelio, torna presto.

Cor.—Dexeme V. m. yr primero, que si no voy no podré boluer en un año.

Dam.—Digo qu'eres un Senequilla; sea assi. Ni presto ni tarde, mas buelue a tiempo, porque no se nos passe la ocasion.

Cor.—No hará, si yo la asgo vna vez del copete.

Dam.—Temo que con essas chanchas se te ha de oluidar a lo que te embío.

Cor.—Corria peligro, á no lleuar la memoria en la mano; detengome aposta porque me parece que no es hora de hallarla en casa, por ser a la que siempre anda a caça de bouas.

Dam.—Vete por donde sospechas que puede acudir y mira que la ofrezcas grandes cosas.

Cor.—Desde ahora la ofrezco al Leon del Moro y la encomiendo a los mochachos de la Plaçuela Vieja, a quien toca cañonizarla, que no la podrá faltar segun sus buenos passos.

Dam.—Haz lo que te digo, camina.

(Sale Ramiro.)

Dam.—Ramiro amigo, mañana os espero, y no se os oluide l'agua de olor que me aueis prometido, que no la quiero perder.

Ram.—Lo que parece V. m. al señor Curuca su padre, que nunca oluidó cosa que le prometiessen.

Dam.—Ya os entiendo: el que trae la cuerda arrastrando no está libre; hagamos ambos nuestro deuer, que yo me acuerdo, como vereis.

Ram.—De mi parte no aurá falta. Beso las manos a V. m. Assi se han de tratar estos aprendizes: cómo le he dado en los cascos! Mejor se los rompan qu'él me saque l'agua, si no viene el vino. A Policena con esso.

SCENA VIII

Ramiro, Ceruino.

[Ram.].—Bien dizen que los barueros todos parece que comen carne de lechuza, porque no pueden guardar secreto; ni yo veo la hora de topar al señor Ceruino, para bomitar el d'el casamiento de su hija, que ya estoy rebentando; alli viene.

Cer.—Qué ay por acá, Ramiro?

Ram.—Vengo de acompañar a mi señora Violante de Cabrera, que ha estado en casa del señor Aries.

Cer.—En casa de mi suegro la señora Violante?

Ram.—La mesma en casa del mesmo; y si supiesse V. m. la causa, podria ser que le fuese de mucho contento.

Cer.—Cosa del diablo es la libertad que se toman estas viudas, que so color de no tener quien les haga las cosas, estan siempre con los mantos acuestas; no me quitarán de la cabeça que no es agua limpia.

Ram.—Es possible que vna persona tan prudente haga esse juizio temerario, auiendole dicho que si supiesse a lo que ha ydo, por ventura le daria contento?

Cer.—Y hasta que sepa otra cosa me estaré en mis treze. Pues qué ay?

Ram.—No me han dado tanta licencia.

Cer.—Ya sabeis mi humor; dezí presto lo que sabeis, no me hagais entrar en alguna mala sospecha.

Ram.—No podrá ser peor, a mi parecer, aunque me tarde; no es razon que yo me atreua a dezir lo que toca al señor Aries; mas si se contenta de entender el caso, sin las personas, yo lo diré.

Cer.—Dezímelo como quisieredes y sea luego.

Ram.—Que me place. Tratarán a V. m. antes de mucho tiempo de vn cierto matrimonio.

Cer.—Mirá con qué me sale, despues de muy regateado: todo esso era? Oxala fuesse de deshazer el mio.

Ram.—Si creyesse que V. m. lo entiende assi, me atreueria a dezirle que no tiene razon, porque es muy embidiado de la ventura que ha tenido en topar con vna señora tan principal de sangre, hermosura y virtudes. Pues qué labores salen de sus manos!

Cer.—Podriaos yo responder lo que el cauallero romano a vno de sus familiares, que le dixo otro tanto, mostrandole vn pie: Vos, amigo, solamente veis que este çapato es nueuo y bien[751] hecho, pero no podeis saber dónde me lastima. Mas quién os ha dicho lo que Marcia sabe hazer de sus manos? No pensé que sabiades tanto de su hazienda como dezis.

Ram.—Selo por auer seruido la casa de su padre veinte años, y auer traido a su merced más vezes en estos braços que tengo pelos en la barua.

Cer.—Que tan grande seria entonces Marcia, a vuestro parecer?

Ram.—Por qué lo pregunta V. m.?

Cer.—Por saber la edad que tiene ahora, que sobr'ella andamos siempre en pleito.

Ram.—Será (si bien me acuerdo) de veinte y tres a veinte y quatro años. Mas boluiendo al casamiento, mire V. m. que quiero mis albricias si se haze.

Cer.—Si las quereis ganar, aueisme de dezir de quien ha de ser.

Ram.—Yo lo diré, pero con condicion que no lo ha de saber otro ninguno.

Cer.—No ayais miedo.

Ram.—De la señora Cassandra, con vn cauallero que pierde el seso por ella.

Cer.—Pues de dónde le viene? Cómo o por qué la quiere?

Ram.—No sé, señor. Yo tengo que hazer; no quiero nada de V. m.

Cer.—Esperá, esperá, qué priessa teneis? Ay alguna muela que sacar?

Ram.—A vna señora que está rauiando, y ya me tardo.

Cer.—Rauia mala la mate; sacáselas todas a mi quenta. Mas dezíme, cómo es posible que aya quien esté enamorado de mi hija, no la pudiendo ver persona biua?

Ram.—No, sino el dia que V. m. se casó.

Cer.—En vna hora?

Ram.—En vn boluer de ojos se pega aquel mal; qu'es como el arcabuzazo, que antes hiere que se oya.

Cer.—Y quién es (Dios nos defienda dél) el galan de tan seco coraçon, que tan presto se encendió?

Ram.—V. m. lo imagine, que yo no sé otra cosa.

Cer.—Vais en buen'hora. Bien dixo Alexandridas que el dia de las bodas es el principio de muchos males. Quien trata con lobos traiga el perro al lado. Deurian los que gouiernan sus casas con tanto descuido ser puestos en vn palo. A dicho de este buen hombre, yo estoy qual digan duelos: él ha seruido a mi suegro veinte años: dize que Marcia tiene quatro más; que la ha tenido en los braços tantas vezes, y esto seria por lo menos a los nue[ue] o diez. El doctor Cornejo dize que halla en sus libros auerse empreñado algunas mugeres de aquella edad. Mirá (por amor de mí) qué aliño para que no le passen al hombre por la imaginacion mil sombras y fantasmas espantosas. Desdichado de quien tiene su honrra en tan roedora carcoma, que no le da vn momento de reposso. Mas quién puede ser este tan enamoradizo? No entiendo cómo ha sido: la donzella de suyo no es maliciosa; está bien guardada; Marcia es su madrastra, y no la incitará el amor que la tiene a sacarla de donde está para que nadie la vea. Pero con todo esto, no se han mouido sin causa estos tratos que dize Ramiro. No sé qué me pueda hazer más, ni qué me traigo en esta cabeça, que terriblemente me inquieta. Fortis imaginatio generat casum. No querria que me sucediesse lo que al otro, que por auerse hallado a vn juego de toros soñó aquella noche, que tenia cuernos, y amaneció con ellos en la frente. Si el destino no se puede vencer y mi cuidado no basta, deme quien es poderosso, para rimediar mi pena, paciencia.

NOTAS:

SCENA IX

Ceruino, Inocencio, Bezerrica.

[Cer.].—Ta, ta, ta.

In.—Quién llama?

Cer.—Yo soy, llama a Bezerrilla[752].

Bez.—Aquí estoy, señor.

Cer.—Adónde has estado dende que yo salí de casa?

Bez.—Donde V. m. me manda que esté.

Cer.—Di la verdad, vellaquillo.

Bez.—Allí he estado, por vida de mi madre.

In.—Dize lo que es cierto, por esta ánima pecadora.

Cer.—Quién os pregunta nada? entraos allá.

In.—Linguam fallax non amat veritatem.

Cer.—No te has quitado de aquí?

Bez.—Nunca, sino quando mi señora me llamó para limpiar el estrado.

Cer.—Y mientras tú lo hazias, baxó ella abaxo?

Bez.—No, señor.

Cer.—Y el Bachiller subió arriba?

Bez.—Tampoco.

Cer.—Quién ha hablado con él?

Bez.—Ninguno, que yo aya visto.

Cer.—Y oydo?

Bez.—Ni oydo, sino al mismo cantando sus latines.

Cer.—Qué vestidos traia aquel que estuuo aquí?

Bez.—Quién, señor?

Cer.—El que vino a visitar a tu ama.

Bez.—Yo no he visto sino aquel gatazo negro que viene siempre a visitar la cocina.

Cer.—Donosso os me hazeis, y aun esso es lo que yo he menester; entrá, entrá en casa, que vos soys una mala pieça.

NOTAS:

ACTO SEGVNDO SCENA I

Lena, Inocencio.

[Len.].—Cornelio ha venido a sacarme de casa con vn par de ducados. Mal año para quantos auogados ay en Chancilleria, y vna higa para mí, si les fuere a consultar la causa del señor Damasio, en la qual sé más que Presidente y Oydores, y aun estoy por dezir que todos los alcaldes quando más estan en su Acuerdo. Si aun no estando el horno caliente se muestra tan liberal, qué puedo esperar quando los fauores de la dama anden en su punto? Sus, Lena, manos a la labor; valgate ahora tu ciencia y abilidad; haz como quien eres. Mas tantas vezes va la cabra a las coles, que dexa el pellejo. Animo, que las mercancias de mucho prouecho no se adquieren sino con gran peligro: es esta la primera de tus hazañas? Sí, que tan mercader queda quien pierde como el que gana[753]. Mas qué digo? Veisme aqui libre y escusada de yr a casa d'el Cauallero d'el Vnicornio, pues viene alli mi Doctor, con tantas letras sobre el bonete, que le haré creer que las anguillas no son peces. Benedictus, benedicta et in secula, sed libranos de mal, amen. En hora buena vea yo a mi buen señor. Sin duda que vendrá ya de visitar algunas santas casas. Al fin, no vale otra cosa de esta vida sino el auerse empleado con caridad en buenas obras; qu'el bien hazer nunca se pierde. Dichosa madre que tal hijo parió, que yo apenas he tenido tiempo para passar mi corona, por auerme ocupado en remendar vnas camisas a ciertos romeros que van a Cerueros.

In.—Dig'os verdad, que estando en casa (con sobrarme tiempo) no puedo recorrer mis estudios, y así me voy al cimenterio de la Magdalena a dezir mis deuociones; por eso ved lo que me mandais.

Len.—Bueno seria mandar a quien desseo seruir de ojos. Hase V. m. acordado de lo que me prometió?

In.—Aunque no le he oluidado, no he podido hazer nada con mi señora, por ser su marido muy sospechoso; mas no perderé la ocasion.

Len.—Mayor caridad que essa podria hazer si quisiese.

In.—Cupio rem gratam facere. Y assí decíme en qué, que siendo como dezis, me emplearé (como vereis) ex toto corde.

Len.—Es obra tal que si en acabandola muriesse, granizaria el cielo angeles para lleuarle al Paraiso.

In.—Yo no desseo sino hazer bien.

Len.—Y tal bien como éste! Qué cosa ay de más merecimiento que escusar los escandalos que puede auer entre dos grandes linages! Qué digo dos linages? En dos ciudades, donde podrian nacer tantas enemistades, que muriessen personas sabe Dios quántas.

In.—Decíme, pues, lo que es presto, que se me haze tarde.

Len.—Es vna de las grandes cosas que aurá oydo en su vida; pero por el padre que l'engendró, que quando por euitar estos escandalos no lo quiera hazer, ni emplearse en tan santa obra, no diga palabra a persona del mundo: que si yo no supiesse con quién hablo y quánto pueda ayudar a remediarlo, antes me dexara coser la boca.

In.—Quis est quem tibi fidum praestare possis? Seguramente lo podeis dezir. Com'os llamais?

Len.—Tengo (con reuerencia) más nombres que vn menudo de[754] puerco. Lena Corcuera de Cienfuegos, natural de Valuerde, a su mandado.

In.—He conocido yo de essos apellidos personas muy honrradas y en grandes puestos. Era por ventura vuestro pariente Corcuera, Maestresala del Conde de la Gomera, que vino a ser Tesorero del de Oñate y murio Contador del Marques de Falces?

Len.—Al fin, como hombre de letras, ha sacado en limpio vn parentesco que no le hallará vna hanega de trigo. No fue menos que hermano de mi padre, que fue casado tres vezes, y a mí me vuo en la segunda, llamada Calidonia de Cienfuegos.

In.—Copia flores propinquorum. Mucho me huelgo de tratar con persona de tan buena casta, y así señora Llena de Cienfuegos, tornemos ad rem nostram, que aqui quedará todo seguramente enterrado.

Len.—Ha de saber, pues, que vna gran donzella... (mire que va en secreto).

In.—Assi lo tomo yo: Tacitum relinquam.

Len.—Prima hermana de la señora Marcia, instigada del enemigo malo, se huyó de su casa con vn cauallero.

In.—Prima hermana de mi señora? Credibile non est. Mirá lo que dezis.

Len.—Primissima digo.

In.—Y que se ha huido?

Len.—Huido, y aportado a esta ciudad, que ni su padre ni deudos no saben d'ella, ni menos de quien la sacó, aunque los andan buscando por mil partes, haciendo grandes diligencias y promessas para hazer crudo estrago en quantos hallaren culpados; mire qué derramamiento de sangre se verá y quántos rencores, para nunca cesar las enemistades. Ahora la pobre donzella está, conociendo su error, arrepentida; dessea meterse en algun monasterio, por medio de la señora su prima, y que aquel cauallero se buelua a su casa a dar muestra de sí, para que no se entienda auerla él sacado. Y esto no se podria venir a saber sino por boca de V. m.

In.—Ya os he dicho que n'os os dé pena esso, porque yo hago las cosas debaxo de las faldas.

Len.—Tanto que mejor. Podrasse dezir que ella, por huir de las vanidades del mundo, se vino de su motivo al olor de la santidad[755] de las monjas d'esta ciudad.

In.—Recte profecto. Consilium mihi tuum probatur.

Len.—Prouado? Si V. m. la viesse, tendria más lastima d'ella, porque es vna rosa de diez y seis años, aunque ahora está tan marchita y afligida, que parece vna santica.

In.—Pues qu'es lo que yo podré hazer por ella a vuestro parescer?

Len.—Qué? No menos que darla la vida.

In.—Luego es muerta?

Len.—Poco menos.

In.—D'esa manera poco haré yo en resucitar los biuos; mas vengamos al modo.

Len.—A esso voy. La cuitadita, informada de algunas personas espirituales, que (por su virtud) la han dicho ser yo la que deuria, ha hecho confiança de mis tocas, rogandome que lleue o embie a la señora Marcia vna carta en la qual se la descubre y quenta B por B y C por C el caso, pidiendola consejo y socorro en su tribulacion. Y pues V. m. dize que yo no la puedo hablar, si quisiere encargarse de hazerla esta buena obra[756], aqui la traigo.

In.—Pietatem exerce. Dadmela, hermana mia, que yo lo haré de muy buena gana, que cierto la obra es santissima.

Len.—No querria que nos vuiesse visto aquel enemigo de su amo.

In.—No tengais miedo, que nunca sale de casa si yo no quedo en ella.

Len.—Si la señora despues de auerla contado el caso estuuiesse dura, diziendo no tener parienta fuera de aqui (porque como son personas de calidad no quieren a las vezes, por su honrra, acetar lo que les parece vergonçosso), digala que bien se puede fiar de nosotros; y acuerdese de que la primera cosa que la ha de dezir sea que la dueña a quien su marido trató tan mal le ha dicho todo esto y dado essa carta, que creo bastará por su mucha bondad.

In.—Praestabo quod a te mandatum est libentissime. Y vso del superlatiuo para daros a entender con quántas veras haré lo que m'encomendais; y porque, a mi parecer, in hoc tota res agitur, quiero boluerme a casa a ver si lo podré poner luego en execucion.

Len.—Los truenos y demoniaciones le acompañen.

In.—Ellos vayan en vuestra guardia.

Len.—Es posible que haga la Natura los hombres y que no se acuerde más d'ellos? No uerá este pedaço de carne con ojos vn cuerno en una barreña de leche. Bien aya la burra que acá le traxo, y qué bueno es el hombre; ya no podia sufrir más la risa. Gentil centinela para un antecuco como su amo; bueno se le va poniendo el cimero. Lena, Lena, tú si que te puedes sola llamar nata y flor de las mugeres del arte y aun de los doctores de Valladolid, pues has sabido inuentar de repente tan estremada conseja, y tan a punto y bien colorarla; mas tengo vna lengua que corta y cose; pero contra vn celoso qué no sale a cuento? Al fin los maestros hazen bien las cosas. Quiero con tan buen pie boluerme a mi casa, que tengo el mal del lobo en el cuerpo, y despues yre a buscar al señor Damasio, que no seran de oy más passos perdidos. Amen.

NOTAS:

SCENA II

Aries, Ramiro.

[Ar.].—Pareceme que es ya tiempo de yr a hablar a my yerno: holgarme ya[757] mucho de acertar a dar gusto a la señora Violante, que cierto no he visto muger que más me hincha el ojo, ni que con tanta gracia diga su razon. Cómo me venis, Ramiro (en buena fé), a proposito. (Sale Ramiro.)

Ram.—Tendria a buena dicha que se ofreciesse en qué poder seruir a V. m. Si soy bueno para alguna cosa, aqui estoy como de cera.

Ar.—Sois bonissimo para todo. Ahora voy a tratar con Ceruino lo que mi señora Violante me mandó.

Ram.—V. m. haze como quien es.

Ar.—Todos somos obligados a seruir a semejantes personas.

Ram.—Y piensa V. m. hazer algo?

Ar.—Espero que sí. Mas dezíme (por vida mia), cómo teneis tanta amistad con ella? A fé que os tengo embidia.

Ram.—He sido todo de su marido, y lo mesmo soy ahora de sus hijos, que puedo dezir auerlos criado; y assi tengo aquella casa siempre abierta para cuanto d'ella he menester.

Ar.—Cierto que la dama es digna de ser amada de todo el mundo, y si yo por vuestro medio pudiesse entrar en su gracia y alcançar algun fauor, sé de quánto prouecho os seria.

Ram.—Cómo fauor? No se piense tal cosa, que se le haze muy gran agrauio. Si me dixesse V. m. que se casaria con ella, entonces seria otra cosa, y por ay lleuarmela. Mas cómo, señor, es possible oluidar tan presto la defunta? Bien dizen qu'el dolor de muger muerta dura hasta la puerta.

Ar.—No sabeis lo que dixo Hipponacte, que de vn casamiento no se pueden esperar sino dos dias buenos: el de las bodas y el de la muerte de la muger?

Ram.—Tambien dizen ellas que no ay dia malo sin marido.

Ar.—Dexemos esso, como quiera que sea; dald'vn tiento: qué sabemos? Podeis perder mas que las palabras?

Ram.—Vna palabra inquieta toda vna vida; y assi no seria pequeño daño si (como me podria succeder) las perdiesse con el pellejo para siempre: pues viniendo a oydos de sus hijos, m'embiarian a poner tienda al otro mundo, donde nunca he podido saber la ganancia que tienen los barueros, que entiendo andan todos chamuscados.

Ar.—Bien lo podeis hazer diestramente, que para todo teneis abilidad.

Ram.—Aqui sale a punto el señor Ceruino.

Ar.—Andá en buen'hora, y mirá que no me oluideis.

Ram.—No haré otra cosa.

NOTAS:

SCENA III

Ceruino, Aries.

[Cer.].—Señor, adónde en hora buena tan temprano?

Ar.—A tratar con V. m. vn negocio que nos importa mucho.

Cer.—Mandárame[758] V. m. llamar, que yo le vuiera escusado este trabajo.

Ar.—Desseaua tambien ver a mi hija; pero luego yremos, que lo hemos de auer a solas.

Cer.—Como V. m. mandare.

Ar.—Dizen, señor Ceruino (y es assi), qu'el que nos quiere por parientes nos honrra, porque no queriendo dezir otra cosa emparentar que hazerse pares, quien procura ser par nuestro presupone que nosotros somos mejores que él; porque, naturalmente, cada vno apetece y pretende su aumento, ó verdadero ó aparente. La señora Violante de Cabrera, muger que fué de Satyron Curuca, ha venido a mi casa a rogarme que proponga á V. m. matrimonio entre Macias (q'es el menor de dos hijos que tiene) y la señora Cassandra. Ya sabemos que los Curucas y Cabreras son de las casas más antiguas de España, y que su calidad y hazienda son de las mejores d'esta ciudad. El (a más de dessearlo mucho, por estar en estremo enamorado de las buenas partes de la donzella) tiene vna mejora de su padre de mucha importancia; es bien diciplinado y virtuoso (que no importa menos que el ser bien nascido), y así soy de parecer que se deue abraçar el partido.

Cer.—No se puede negar lo que V. m. dize (aunque seso, dinero y bondad no es siempre verdad). Pero dos cosas no me agradan: la vna, que diziendose que se la he dado (si se la diesse) sabiendo que estaua enamorado d'ella (que antes de ahora me ha zurriado en las orejas) seria dar a entender que mi hija vuiesse hecho alguna liuiandad por la qual me fuesse forçosso casarla con él; que a mi parecer es negocio de gran consideracion. Y la otra es, que yo (por hablar claro) no querria que su hermano, con esta ocasion, entrando en mi casa, intentasse qué sé yo de Marcia; que es muy proprio de los que biuen a costa de la comunidad.

Ar.—Essas son dos friuolissimas razones; antes muy viles escusas. Quanto a la primera, la verdad tiene siempre su lugar; y quanto a la segunda, digo que es gran vajeza pensar tal cosa, que deue de proceder de tener poco credito de vna muger tan principal y virtuosa como mi hija, cuya bondad es bien conocida en esta ciudad, y crea que me pessará mucho si perseuera en sus estremos.

Cer.—Está bien, señor, yo pensaré en ello y responderé a V. m. con breuedad.

Ar.—Dexesse de buscar el pelo en el hueuo; yo soy de parecer que se acete el partido y que tratemos quanto antes de las capitulaciones. Entremonos a ver a Marcia.

Cer.—Malas lançadas.

NOTAS:

SCENA IIII

Cornelio, Macias.

[Cor.].—Crea V. m. que perdemos tiempo, porque estoy informado de vno que ha seruido en casa más de vn año, que no la dexa ver ventana sino por Iubileos, y si sale de casa, de manera que a penas se le pueden ver los ojos. Lo demás del tiempo está tan pressa, como si vuiesse hecho algun maleficio.

Mac.—Vamos, que con todo esso, quiero imitar al elefante, que no pudiendo nadar se contenta con pasearse a la orilla del rio; porque ver las paredes que guardan mi preciosso tesoro me será como refrescarme en l'ardiente sed que por verla padezco, y consuelo para los ojos corporales (embidiossos de los d'el entendimiento) que con mi gran daño la v'en siempre.

Cor.—No puede, señor, vno ser buen criado y adulador; quiere V. m. que le diga lo que entiendo?

Mac.—Di lo que quisieres.

Cor.—Con essa licencia me atreueré a dezir lo que el filosofo Panecio respondió a vn moço que le preguntó si seria bien que vn sabio fuesse enamorado: Dexemos estar al sabio, mas tú y yo, que no lo somos, no nos empeñemos en cosa tan combatida y violenta, que haze a los hombres esclauos de otros y menos preciados de sí mesmos.

Mac.—Es muy de sabios predicar las cosas más como siruen que como ellas son.

Cor.—Sea como fuere: yo no persuadi a V. m. a salir a espaciarse para andarnos por aquí, calle arriba y calle abaxo, papando viento, que es vn despropositado deuaneo; el suspirar, ramo de locura; el llorar, locura espresa, y el demasiado deseo, archilocura.

Mac.—Si amor, o Cornelio, fuese acto uoluntario, tendrias razon de reprehenderme; mas siendo forçosso, la reprehension es tan indiscreta como seria dezir a vn enfermo que haze necedad en morirse. Assi que si quieres ser el buen criado que dizes, deues atender antes a seruirme dandome ayuda que consejo[759].

Cor.—V. m. tome de buena parte quanto le digo, pues sabe que arriscaré mil vidas por su seruicio.

Mac.—Procura, pues, buscarme quien sepa curar de mal de amores, aunque sea (como se sacan los espiritus) a fuerça de conjuros; y si no tiene cura, déxame morir del mal que mi estrella me ha destinado. Piensas tú que desde aquel para mi triste dia de las bodas de Ceruino (donde mi hermano me lleuó como por fuerça) no antevi todo esto? Cr'e que se me representó tan claramente como lo prueuo ahora: pues viendo entonces las gracias de mi señora Cassandra, yva quanto podia deteniendo la vista y escusando el mago acento de su dulcissima voz. Mas ay, ay de mí, que mal se puede el hombre esconder de un rayo quando Dios quiere herirle. Es su habla tan melodiossa y de tan gran efficacia, que sugetaria la más rebelde y contraria resistencia de amor; adulçaria la aspera amargura; attraheria la terca rusticidad; deprauaria la santitad; encarcelaria la libertad, y ablandaria vn coraçon de diamante. No se mostró Siques[760] tan bella al dios Cupido su amigo, ni la diosa Venus al hermoso pastor Paris quando ganó la mançana. De vna sola vez que acaso me miró, vi salir biuamente de sus diuinos ojos vn espiritu de fuego, acompañado de tan gran potencia, que al punto se apoderó de mi coraçon y me sujetó a esta terrible seruitud de amor en que me veo; tanto que los sentidos esteriores, dexando lengua y pulsos sin vida, se retiraron adentro a darle soccorro; mas no pudiendo en aquel punto y por la mesma via, embiaron al'alma por embaxadora a aquellos celestiales ojos; y no imaginando qué poder esperar, me parti de alli, creyendo que l'alma me seguiria, mas en su lugar traxe comigo este tirano espiritu, y dende entonces no tengo nueua ninguna d'ella. Mira tú ahora lo que será de mí.

Cor.—Por menos he yo visto otros en la casa de los orates.

Mac.—Qué dizes, hermano Cornelio?

Cor.—Digo, señor, que bien dizen que grande amor es gran dolor. En mí prueuo ahora que las penas agenas tambien duelen a quien las oye. Nunca crey hasta este punto que esta passion amorosa tiene la virtud de las nominas que cuentan del otro negromante, que hazia andar en pie cuerpos sin almas. Pero no se han de comprar lutos a cada canto de mochuelo que se oye en el tejado. Más estimado es lo que con más trabajo se alcança. Veamos en qué para el casamiento, y quando por el camino que lleua no hagamos nada, pareceme que deuemos fundar toda nuestra empressa en Lena y en el señor Damasio; porque si la madrastra continúa el amor que le muestra, el negocio está en la mano, pues sin duda gustará de que aya quien tenga contenta a la señora Cassandra, que sabe ya lo que passa y deue estar con más ansias que Ero; porque en el imperio de Cupido los desseos, penas y deleites son iguales.

Mac.—Tras las grandes esperanças está el desesperar. Al buen consolador, amigo, no le duele la cabeça; ruega a Dios que se effetue el casamiento, que qualquiera otra cosa es hazer torres en el viento.

Cor.—Por qué, señor?

Mac.—Porque tengo por impossible que aquella señora, siendo quien es y recien casada, comience tan presto a agrauiar al marido. Ni quando (dexando esto aparte) quisiesse, no sé si podria hazerlo.

Cor.—No ha oydo dezir V. m. que donde ay mugeres ay modo? Quiera ella, que fácilmente le hallará; porque todas en esta materia son doctas, y ella (a buen seguro) no alcança menos que otra quanto es menester. Piensa V. m. que se le hará muy dificultoso engañar al marido? Es (por ventura) Ceruino más que vn hombre?

Mac.—Y parecete poco si lo es?

Cor.—Poquissimo, porque las mugeres son de la piel d'el diablo, y la más simple d'ellas engañará a vn colegio de Catones. Y en vn siglo tan sabio, qué comodidad no es suficiente? Quanto mas, teniendo dentro de casa la mejor tercera que podriamos dessear.

Mac.—Tercera en casa! Cómo nunca me has dicho tal cosa? Podémonos fiar d'ella?

Cor.—Sin ninguna duda.

Mac.—Dime presto quién es, que me has buelto l'alma al cuerpo.

Cor.—Luego no estaua tan lejos como pensaua.

Mac.—Basta que reside más donde ama.

Cor.—Tambien tengo yo mi rato de melancolia; pero siempre me estoy entero como mi madre me pario, y si pensasse que por amar me auia de faltar vn pelo, desde ahora tocaria caxa contr'amor y sus sequaces.

Mac.—No me quiebres la cabeça; di si quieres quién es aquella persona.

Cor.—Es la desconfiança, que es el todo en aquella casa.

Mac.—La desconfiança? Segun esso, quieres que desconfiando me dessespere?

Cor.—No me passa por pensamiento.

Mac.—Declarate, pues, que no te entenderia Seneca.

Cor.—No sabe V. m. que no ay leona ni tigre, a quien ayan quitado los hijos, como es vna muger ofendida de desconfiança? No hay cosa por que más presto se haga enemiga d'el marido: y esta señora me dizen que lo está en gran manera, y asi deue de tener más desseo de vengarse que quien la busca.

Mac.—Quando las ancoras están firmes, no falta consuelo presente, ni esperança de lo que está por venir. Boluamonos a casa, que esas son consideraciones a la ventura.

Cor.—No ay dia sin noche. No nos quexemos tan presto d'el amor, que por ventura será más benigno de lo que pensamos; y sus fructos, quanto en su flor son más amargos, tanto son más dulces quando maduros, y en teniendo saçon, de fuerça han de caer. Paciencia, señor, qu'el tiempo es enemigo de los que sin él se apressuran: él como buen consejero lo dira, y mientras no se puede golopear, trotemos.

NOTAS:

SCENA V

Inocencio, Lena.

[In.].—Grauem curam suscepi. Dónde hallaria yo ahora aquella buena muger? que sin duda lo es, segun sus caritatiuos passos. Gran descuido ha sido no preguntarla adónde mora. Anceps valde sum. Auré de buscarla por essos ospitales de donde nunca sale, aunque más acude, segun me dixo, a la Concepcion; alli pienso hallarla.

Len.—Ce, ce, ce, señor Licenciado, algun buen espiritu le trae siempre a dond'es desseado. En este punto, estando cogiendo vnos paños, que por mi deuocion he lauado, del ospital de Esgueua, me vino vn mensage de aquella señora diziendo que dessea mucho saber el recado que he dado a su carta, y si puede esperar buen suceso de su negocio. Y asi, diziendo quien dexa caridad por caridad no peca, lo dexé todo y sali a buscar a V. m.

In.—Fue mi ventura echar por esta calle, viendome perplexo por no saber adónde os podria hallar; que soy tan corto, que aún no sé vuestra casa.

Len.—No me corro yo poco d'esso, y asi quiero que la sepa en todo caso; que para personas tales la tengo siempre abierta. Sabe, hijo mio, la casa de los locos, que llaman Orates?

In.—No sé otra cosa.

Len.—Pues pared en medio de un oficial de tinteros, peines, calçadores, mangos, lanternas, peonças y macetas de sellos es mi pobre abitacion, a su mandado.

In.—Con tantas y tan buenas señas, no podré errar ya; huelgo mucho de saberla.

Len.—Tenemos algo con que poder consolar los tristes?

In.[761]—Ya he dado la carta a mi señora; leyola delante de mí, y segun lo que pude colegir, entiendo auerla pesado mucho d'el mal suceso de la prima.

Len.—De manera que entendió V. m. lo que dezia la carta?

In.—Las palabras no, porque leia para sí; digolo por auer visto que mudó de color suspirando, aunque lo queria dissimular.

Len.—Qué piensa qu'es el amor de la sangre? Dezia mi buen marido (que era vna persona entendida) que la sangre se muda facilmente en agua.

In.—O, qu'escogida sentencia! boluemela a dezir (por amor de mí) que la quiero encomendar a la memoria para no menester.

Len.—Que l'agua se muda presto en sangre.

In.—Y como qu'es ello assi; y de ay proceden las alteraciones y desmayos, que llaman mal de coraçon. Nunca os ha tocado algo d'esto?

Len.—No ha auido muger que más presto se alterasse que yo; mayormente en mis preñados, que he sido en estremo antojadiza.

In.—Al fin el entendimiento del hombre se sustenta aprendiendo. Compra la buena doctrina, y no la vendas, porque no tiene precio. Preguntóme quién me auia dado la carta. Dixesselo puntualmente (como me aduertistes) y luego medio turuada me mandó salir diziendo: yo respondere, que no puedo ahora porque vendrá mi marido.

Len.—Y halo hecho?

In.—De otras empresas más arduas he yo salido con honrra. Iacta sunt à nobis fundamenta rei. Veis aqui la respuesta.

Len.—El Rey le dé, assi como me la da V. m.,

vna Presidencia, que más de quatro Presidentes ay que no saben tantos latines.

In.—No perderiades vos nada en ello; pero Bonae artes honore vacant. Mandóme mi señora que os rogasse que consoleis y deis ánimo a aquella persona de su parte, diziendola que su merced lo remediará todo muy presto.

Len.—Biua mil años tan buena criatura, perfecta y noble señora.

In.—Yo me voy, que es ya tiempo; si fuere menester otra cosa, auisámelo, que n'os faltaré; y el Señor os dé salud para que por vuestro medio se hagan muchas obras semejantes, que cierto Hoc tuo facto laudabuntur omnes.

(Entrase Inocencio.)

Len.—Nunca él le falta. Sin duda que me deue de tener este por la segunda Puta vieja latin sabeis, pues me jeringonça la mayor parte de lo que habla. A buen seguro que aurá la maestra escrito en esta carta mil petrarquerias; porque (segun me ha dicho l'ama que la crió) sabe quanto ay en Amadis, que no hay más que dezir. Pues el señor Damasio, que ha poco que vino del estudio con las botas llenas de latin, responderá a las mil marauillas y aurá entr'ellos vn passatiempo del otro mundo; y a mí no me faltará contento, pues he de ser repagada del entonar estos organos.

NOTAS:

SCENA VI

Aries, Ramiro, Vigamon.

[Ar.].—Vigamon!

Vig.—Señor.

Ar.—Qué hora es?

Vig.—Las nueue daran, si no han dado.

Ar.—Mas pensé que se le auian de oluidar al relox en la faltriquera. Veme a llamar a Ramiro presto; dile que venga a hablarme, que tengo con él vn negocio de importancia[762].

Vig.—Iré a su casa o a la plaça?

Ar.—Más cierto será hallarle en la tienda; mas por sí o por no, vete por la plaça, que podria ser hallarle en l'acera de S. Francisco recogiendo nueuas que contar a sus descansalenguas. No es el que alli va?

Vig.—El mesmo; Ramiro, ¡a Ramiro! no oys? Ramiro, esperá con la maldicion.

Ram.—Essa te llueua a cuestas; qué gentil criança de patan!

Ar.—Esperá, hermano Ramiro: parece que no quereis oyr; dónde vais tan negociado?

Ram.—Ando por mudar de casa, y asi voy depriessa a buscar al dueño de vna que me vendrá a proposito, y quiero acudir con tiempo, antes que otro me gane por la mano, que andan muchos golossos por ella; V. m. me perdone si no me detengo.

Ar.—Esperá vn poco, por amor de mí. Aueis visto más a mi señora Violante?

Ram.—Señor, no.

Ar.—Ya he tratado con mi yerno de aquel negocio que sabeis.

Ram.—Sea muy en hora buena. V. m. me dé licencia, que no me puedo rascar la cabeça.

Ar.—Veamonos.

Ram. (solo).—Como me desocupe. Renegá de viejo que no adeuina; en effeto, a este se le ha entrado de rondon la sensualidad en el cuerpo. Mirá, por amor de mí, qué seca llamada: querria él ahora que yo tomasse el pulso al gato; mejor le arrastren; no haria semejante vajeza si me diesse quanto tiene. Es aquella señora una bendita, y quando no lo fuesse, menos lo haria; porque, fuera de ser oficio de ruines hombres, está de por medio aquel desenuainador de Damasio su hijo, que trae el seso (como los cangrejos) en la escarcela; no querria darle ocasion para que me matasse y que despues, entendiendo el por qué, dixesse toda la ciudad entonces: benditas sean manos que tal hizieron. Si quisiere hazerse la barua, labarsela he con mil aguas de olores; si sangrarse, hasta que no le quede gota en el cuerpo m'emplearé en su seruicio de mil amores; pero alcahuete yo, no es cosa. Es lo bueno, que quando yo pudiesse ponerlos a braço partido, le tendria por la misma castidad; porque quando más vn viejo presume hazer del valiente, es para perder antes con antes el pellejo. Mas dexado esto aparte, qué cosa es ver vn venerable anciano que pone en punto de aguja seso, honrra, hazienda y vida a discrecion de vna flaca muger? Qué pensamientos le acompañarán, quando despues de auer sido marido treinta años, se ve a pique de andar su honrra por los cantones, mostrado con el dedo, hecho passatiempo y fabula del pueblo, sin poderse librar del mercado que se haze en nuestras tiendas? Mas quién no mofaria de ver derramar lo que con tanta tenacidad se ha escasseado toda la vida, conociendo su impotencia, con quien presume que le puede renouar y hazer un Sampson (sin copete) a fuerça de sus enuaimientos y filtros amorossos, de los quales nos libre Dios, y a estos caxquiuanos, tocados de la mesma yerua?

NOTAS:

SCENA VII

Cornelio, Macias, Damasio.

[Cor.].—Quién pudiesse adeuinar en qué casa aurá entrado a sembrar cuernos l'astutissima Lena! deue de estar emboscada, pues no la podemos descubrir en tantas horas.

Mac.—Va en mi poca ventura, para que acabe de abrasarme sin ningun remedio.

Cor.—No se congoxe V. m., que ella se nos pondra presto delante; y quando no se cate, le hará ver la luna en el pozo.

Mac.—En ventura el cuidado duerme y reposa; mas triste d'el que no sabe en quántas braças de agua se halla, teniendo l'alma colgada de vn hilo, sin ver dónd'está asido. A lo menos, supiessemos de otra que me pudiese dar algun remedio, para que mi fantasia, preñada de vano desseo, muriesse o abortasse.

Cor.—Resistir las pasiones viene de varonil esfuerzo, y a los coraçones flacos les falta en las aflicciones mayores.

Mac.—Dichoso se puede llamar en esta vida el que tiene dolor que se puede resistir.

Cor.—El enojo mata quien no l'estima. En vna noche nasce vn hongo: haga V. m. ánimo de leon, que con ser el mio de oueja, me basta para hazer que su fantasia haga presto treze hijos varones.

Mac.—Está bien; yo veré lo que hazes.

Cor.—Verá que soy como la higuera, que da fructo y no haze flor.

Mac.—Con todo esso, temo no seas antes como la lechuza, que tiene mucha pluma y poca carne.

Cor.—Esta carne nos destruye.

Mac.—Estaria en casa Lena quando dixo aquél que auia salido?

Cor.—Si vuiera ydo solo algun pobreto como yo, no fuera mucho negarla; mas viendo essa presencia de emperador (considerando el prouecho), se la quitara de los braços para dársela: qu'estos rufianes siempre hazen de semejantes viejas mulas de alquiler; y porque no se pierda viaje, quando ellas caminan los dexan (como tablilla) en casa para entretener con palabras a los que vinieren (Sale Damasio). Alli veo al señor Damasio, y a mi parecer alegre; deue de traernos algo de bueno.

Dam.—De dónde vienen los vagabundos?

Mac.—De buscar a Lena, que nos trae perdidos.

Dam.—No sois buenos podencos.

Mac.—Vos, hermano, teneis tanta ventura, que si intentassedes bolar saldriades con ello.

Dam.—En este punto se acaba de yr, auiendome recreado el coraçon con agua de angeles.

Mac.—Para vos es el mundo; dadnos alguna buena nueua.

Dam.—Y tal como la que y'os traigo. Veis aqui la respuesta de mi carta.

Mac.—Es posible? Mostrá, por vida de quien la embia; dexáme l'er, que me aueis resucitado.

Dam.—No se dan semejantes cosas en otras manos.

Mac.—A mí, que soy vuestro hermano y secretario, no se me ha d'esconder nada.

Dam.—Ay pocos renglones.

Mac.—Pocos o muchos, l'edlos ya si me quereis bien.

Dam.—No puede alargarse, por qu'está con mucho recelo de su marido.

Mac.—Al fin ha escrito?

Dam.—Quatro renglones.

Cor.—Mucho se puede dezir en pocos; y si esta vez ha tenido tiempo para escriuir quatro, la segunda será de ocho, la tercera de diez y seis y la quarta ya de uencida (estando más assegurada) será viniendo a los pactos, porque deue (a lo que sospecho) de andar bien cerca de rendirse.

Mac.—Ea, acabemos ya, que y'os prometo que deue de ser bonissima, segun la vendeis cara.

Dam.—Ahora quitaos los sombreros, hincaos de rodillas, y sin pestañear, estad atentos. Donde vas tú, desalumbrado? (Haze que se va Cornelio).

Cor.—Voy por vn par de candelas, para que se lea la epistola con todas sus ceremonias.

Dam.—Escucha, loco.

CARTA

No tengo (Esperança mia) ingenio ni tiempo para agradecer con palabras dignas el amor que V. m. en su dulcissima carta significa tenerme, ni el contento y satisfacion con que quedo de mi dichosa suerte, por tenerme est'enemigo con tanta tirania y recato, qu'es marauilla auer podido tomar la pluma; y assi (desseadissimo bien mio) diré cortamente, que l'aficion con que le correspondo es tan grande quan pequeña la comodidad para podersela mostrar con las obras y breuedad que desseo. A que m'esforçaré por todos los medios possibles. Entre tanto, note bien alguna persona de confiança lo que saliere cantando mi pagezillo: que d'esta manera yré dando auiso de mis pensamientos a quien será siempr'el vnico subjecto d'ellos; en cuya memoria me encomiendo.

No te parece, Cornelio, qu'es carta digna de vna reuerencial atencion?

Cor.—Y avn porque lo sospechaua, y estar más deuotamente, queria yo encender candelas a Piedegrulla.

Mac.—Ahora conozco ser verdad lo que las mugeres dizen: que no es amor el que presto no corresponde, y assi el d'esta dama es (sin duda) plusquamperfecto.

Dam.—Todas las deudas reciben recompensa de diuersas maneras, sino ésta, que no se puede pagar sino con el mesmo amor.

Cor.—V. m. será pagado alomenos en gentil moneda. Qué le parece a V. m., señor Macias? No me concederá ahora que quien sabe escriuir esto sabrá tambien ponerlo por obra, y contentar a quien teme ahogarse en vn palmo de agua?

Mac.—No cantemos triunfo antes de la victoria.

Dam.—Bien has entendido, Cornelio, el auiso; a ti toca ahora estar alerta, para que quando el page saliere de casa entiendas bien sin perder vn acento lo que cantare. Lleua contigo vn librillo de memoria y alguna niñeria que darle, porque te lo diga y dexe escriuir.

Cor.—No perderé punto.

Dam.—Más contentos podemos yr ahora a saber la respuesta que aurá dado vuestro suegro a su suegro.

Mac.—Buena o mala, a lo menos vuestro negocio va en popa.

Dam.—Dezí nuestro, pues es camino infalible para llegar a lo que tanto desseais. Fuera melancolia, la libertad se nos restituye, y no aurá Historia que haga mencion de más dichosos amantes.

Cor.—Oxala, y despues a la mañana con cien moros peleasse. La priessa que se dan las mugeres al mal.

SCENA VIII

Aries, Vigamon, Policena, Ramiro.

[Ar.].—Vigamon, Vigamon, a Villanchon; donde está este animalazo?

Vig.—Aqui estoy, señor.

Ar.—No oyes, porque duermes más que vn liron; no tienes verguença?

Vig.—Por Dios, señor, poca cuando estoy traspuesto. Verguença es andar salteando caminos, mas el dormir no daña a otros y aprouecha al que duerme.

Ar.—Razon de tu aljaba; basta que te hazes donosso entremanos, vente comigo. Llama allí.

Vig.—Ta, ta, ta.

Pol.—Quién est'ay?

Vig.—Quién manda V. m. que diga?

Ar.—Pregunta si está en casa Ramiro.

Vig.—Está en casa el señor Ramiro?

Pol.—Quién le busca?

Ar.—Yo le quiero hablar.

Pol.—En este punto acaba de salir: no pued'estar vn tiro de piedra.

Ar.—Corre, dile que l'estoy esperando. No pensé que tenia Ramiro hija tan hermosa.

Pol.—No lo soy poco para quien bien me quiere.

Ar.—Queda sola en casa?

Pol.—Más de lo que yo querria. Por qué lo pregunta V. m.?

Ar.—Por entrar a hablarla de más cerca. Abra, mi alma, la puerta.

Pol.—Ay gracia como esta? ya no ay viejos en el mundo. Espere vn poco, que mi padre le meterá en casa, alli viene. (Apartasse Vigamon).

Ar.—Vengais en buen'hora, amigo Ramiro; estaua preguntando a vuestra hija si es comoda esta casa, que me parece bueno el puesto.

Pol.—Ay embustero como éste? No le crea, padre, que ha querido entrar, requebrandome como si fuera de veint'y cinco años.

Ram.—Calla, picotera, qu'eres vna chorlita sin juizio.

Ar.—Queria entrar a esperaros en casa; fuera mal hecho?

Ram.—V. m. es señor de quanto yo tengo, y como tal puede entrar y salir quando fuere seruido.

Pol.—Quién oye a mi padre? y despues l'espanta su mesma sombra, y el menor viento que se mueue en casa. Mal lograda me coma la tierra si por sólo esso negare de oy más la entrada, venga quien quisiere.

Ram.—No lo digo por tanto, bachillera; no suba yo allá. Ha visto V. m. la colera de la rapaza? es pintiparada la madre que la parió; pero tras esso, la honestidad del mundo.

Ar.—Bien se le parece. Vamonos passeando vn poco, que tengo que deziros.

Ram.—Puedo seruir en algo a V. m.?

Ar.—Ya vos sabeis en qué me podriades hazer amistad, y no aueis querido; mas quiero que querais en todo caso.

Ram.—Todauia está V. m. en aquel proposito?

Ar.—Y no puedo hazer menos. Ya sabeis, Ramiro, quánto dessea mi señora Violante contentar a Macias su hijo, qu'está perdido de amores por Cassandra, hija de mi yerno; y está en mi mano darle la donzella en las suyas, o desahuciarle. Y assi tengo por cierto que si la dais a entender esto, se resoluerá de fauorecerme como desseo.

Ram.—Es posible que Ramiro Coruato aya oido de la boca de Caton semejante cosa? No quisiera por quanto tengo que vuiera llegado a mi noticia. Aunque creo qu'es por prouarme, o no conocer bien a aquella señora.

Ar.—Querria conocerla mejor.

Ram.—Pues si dexa de saber algo, yo se lo dire a V. m. de P a pa: es visnieta de don Aluar, nieta de don Beltran e hija de Rodrigo de Cabrera el bueno. De parte de madre, es...

Ar.—No me sé dar a entender: digo que la querria conocer de más cerca.

Ram.—Y yo respondo a esso que no soy bueno para tal effeto, porque nunca ha auido traidores ni alcahuetes en mi linage.

Ar.—A fe que os tenia por más amigo.

Ram.—No tiene V. m. mayor seruidor para qualquiera otra cosa. Dé vn tiento a Cornelio, criado de sus hijos, que me parece a proposito para semejantes embaxadas, y podria ser que acetasse la empresa; mas por descargo de mi conciencia digo que tampoco él no hará nada.

Ar.—Ahora bien, paciencia. Con todo esso, quiero yr a referirla lo que con Ceruino he tratado.

Ram.—Anda V. m. en contratos con ella y busca otros medios tan flacos?

Ar.—Y avn por esso he menester tercero que nos concierte.

Ram.—V. m. con su mucha prudencia y auctoridad lo podrá guiar todo, de manera que llegue al puerto desseado.

Ar.—Pues auiendome fiado de vos, no me quereis dar este contento, muera esto aquí. Y mirá bien que no hagais lo que suelen los de vuestr'oficio; que son todos orejas y lenguas, porque nos pessaria a ambos d'ello.

Ram.—Ya V. m. me conoce.

Ar.—Vigamon!

Vig.—Señor.

Ar.—Ve a casa de mi señora Violante de Cabrera, sabe si la podré besar las manos.

(Solo.) No soñaua el que pintó niño a Cupido, porque propriamente el amar es de los moços. Ahora acabo d'entender que la prudencia y el amor no pueden estar juntos, porque contra este tirano no vale edad, seso ni grauedad, pues donde haze pie no dexa su furor, sino con el açadon y la pala, cuyo plazer se acaba en vn punto, y la verguença acompañada de vn frio arrepentimiento dura para siempre. Vanas esperanças, daños más que ciertos, cortas alegrias, pessares perpetuos, dulçores contrahechos, confitados en penosa amargura; liga donde caen los desdichados, cruel y desesperada enfermedad, afistolada llaga, eterno daño, passion que enloda al moço y anega al viejo, y fin que deuora y consume todo bien, con suspiros que importunan lo poco que nos queda de tan miserable vida. Conociendo yo esto, he intentado hazer comigo como los medicos, que quando pierden la esperança de la salud d'el enfermo, estudian solamente en dar aliuio a su pena, al mal de dentro y apostema escondida, aplicando epithimas y fomentos, con qu'el dolor menos le fatigue. Mas es (o gran verguença de mis años) echar leña al fuego en que me abraso, pues en lugar de diminuir mi penosso cuidado, va por momentos creciendo. Pero qué marauilla, pues Socrates, hablando de vn subiecto amoroso, dize que estando viendo vn libro con vna donzella, espalda con espalda, llegando su cabeça a la d'ella, sintió en aquel punto vna puntada en vn lado, como picada de araña, que cinco dias despues, ormigueando, le llegó al coraçon vna começon continua. Mas a mí diré yo auerme mordido el ardiente apetito, que, sin sentir, se ha apoderado de mis entrañas, o la sangre feminil que sin defensa, con el dulce mouimiento de su vista, me assaltó; tirando inuisible sangre, que al punto se m'entró, por los ojos, en las venas, y no consintiendome tocarla, queriendose boluer por donde vino, me haze seguir por fuerça a quien podria sacarme de pena. Mas por ser mi sangre tan espessa y fria, no puede penetrar por aquellos diuinos ojos a mezclarse con la suya, purissima, sutil y dulce: de donde a más no poder nasce el desseo que me deseca y consume, de transformarme en ella. Heu patior telis vulnera facta meis.

(Vuelve Vigamon).

Está en casa?

Vig.—Sí, señor, y esperando a V. m.

ACTO TERCERO SCENA I[763]

Cornelio, Policena, Bezerrica[764].

[Cor.].—Gran contento es seruir a estos mancebilletes baruiponientes: porque fuera de que siempre me dan que reyr, son afables y de prouecho, pues caen liberalmente con lo que tienen. Acuerdaseme ahora (y es verdad) de lo que dixo vn cierto poeta o filosofo a un amo mio, estando en buena conuersacion, tratando de amores: que era de opinion ser el amor vn ramo de profecia; porque quando vienen aquellas frenesias o fantasias al enamorado, acierta a dezir cosas, que si no lo estuuiesse no las alcançaria. Como Macias, mi amo; que teniendo la cabeça como quando su madre le parió, quando le toma la tirria o le assalta el accidente d'el amor, le oyo algunas sentencias que despues de passado creo que no las entiende mas que su cauallo. (Policena a la ventana.) Alli veo a mi linda Policena: quierola recrear con vn poco de viento de Laus laudis, qu'es el que más contenta a las moças, que siempre quieren más al que mejor las sabe engañar. Será bien hazer como que no la he visto.

Pol.—A, buena pieça! a, gentilhombre! Dios me perdone el testimonio que te leuanto.

Cor.—Perdoname tú, amores, a mí, que no te auia visto, por vida d'essos ojos, garfios de coraçones.

Pol.—Bien creo yo que no me has visto, y aun qu'es lo que menos disseas, porque ay otra que te haze yr traspuesto, pensando en ella, sin acordarte de mí.

Cor.—Cómo podré acordarme de otra, si desd'el punto que te vi, mi alma, dexando sus proprios pensamientos, colocó en su lugar los de tu persona? la qual no me dexa acordar ni aun de la mia, tanto, que aun durmiendo, la imaginacion para en ti, como acontecio la noche passada, que soñandome contigo y queriendo abraçarte, me hallé burlado, y assi creo sin duda que ahora despierto lo soy de ti.

Pol.—No es tiempo de burlas, embustero. Tos, amor y fuego no pueden estar secretos. Piensas que no sé lo que passa con Florina, la hija de Mastre Machin el sastre? ay, buena pieça, quál eres!

Cor.—Quién te ha echado essa pulga en la oreja, mi alma? Qué Machin? qué sastre? qué Florina? qué me dizes?

Pol.—Tal prouecho te haga como el aceite a las sardinas, que si hará, por ser castaña, que de fuera engaña, y tú buytre, pues dexando lo bueno te abates a lo corruto y hediondo; mas el mal frances me vengará de ti y de la señora Coxa.

Cor.—Esso tiene más la pieça? Quien no conoce Coxa, de Venus no goça.

Pol.—Qué dizes entre dientes?

Cor.—Acuerdome ahora de qu'estando vn malhechor en la escalera, le presentaron vna moza perdida coxa, para librarle si se quisiesse casar con ella; y al punto que la vio, boluiendose al verdugo, dixo: Hazé presto, hermano, vuestro oficio, que renquea. Qué hará vn hombre libre como yo? No me buelques el estomago con esos merdosos celos, pues podria estar antes la mar sin peces que yo sin amarte vn hora; y qualquiera palabra que enojada me dizes es un perro rauioso que me arranca las entrañas. Los arboles, amores, que tienen profundas las raizes, no se pueden trasplantar como quiera. No me aparto de ti el espacio de vna vña. Dime, por amor de mí, dónde está tu padre?

Pol.—Y para qué lo quieres tú saber?

Cor.—Para si no ha de boluer tan presto entrarme vn rato a desenojarte.

Pol.—Quierome reir sin gana. Ha, ha, ha. Entrar o qué? No se hizo la gragea para los puercos: ya, ya! antes te vea yo hazer cuartos.

Cor.—Mejor seria reales, pues soy todo tuyo.

Pol.—Ay, cara de salteador de caminos; no sé por qué no te tiro algo a essa cabeça de Hurdemalas.

Cor.—Perro hambriento, vida, no hace caso d'el palo. Quien se quema, se sople. Yo sé que de las injurias que me dizes te quedará la pena.

Pol.—Tú, traidor, falso enemigo, sabes que las mereces peores.

Cor.—A fe de hidalgo que no tienes razon, y que te hazes agrauio en pensar que ay en esta tierra otra ninguna por quien yo diesse vn passo, ni el menor pelo que traigo acuestas. Quanto más que no conozco (por los annales de Roma) tal hombre, ni muger; y si hallares lo contrario, toma esta daga y sacame la lengua con ella.

Pol.—Bien lo sabes fingir; mas si primero no atas, como dizen, el asno a la puerta, jurando de casarte comigo, no te cr'eré si me dixesses el credo, ni atrauesarás más estos lumbrales. No, por el siglo de mi madre.

Cor.—Pues tras qué ando yo? Para luego es tarde: dame acá essa mano. Mas escucha, amores, que oyo cantar.

Bez.

No desmaye'l amante porque vea Cerrada su esperança en fuerte muro; Sea constante y fiel, que si dessea, Del reciproco amor está seguro, Piense que tanto más dulce'l bien sea Quanto el camino por do viene es duro: Que al ánimo resuelto, impedimento No puede auer que sea de momento.

Cor.—Page, a, page!

Bez.—Dezis a mí?

Cor.—Sí, hermano.

Bez.—Hermano? y de quando acá? Deueis de ser de aquellos por quien m'embian a mi sin herreruelo a estas horas.

Cor.—Capeador querrás dezir.

Bez.—Maldita otra cosa.

Cor.—Dios me guarde; ahora veo que no me conoces.

Bez.—Ni vos a mí.

Cor.—Mas que sí?

Bez.—Mas que no? Quién soy yo?

Cor.—Eres el page de la señora muger del señor Ceruino.

Bez.—Es verdad; mas yo no cayo en vos; alçá el sombrero.

Cor.—No puedo, qu'estoy con vn chichon en la frente.

Bez.—Pues n'os conozco.

Cor.—No? poco dulce se deue de comer en tu casa.

Bez.—Poco? No deueis vos tampoco de conocer a mis amas.

Cor.—Pues cómo es possible que no se te acuerde d'el hijo del confitero flamenco, como entras en la Especieria, a mano izquierda.

Bez.—Confitero sois?

Cor.—Sí, amigo, a tu mandado. Quién te ha enseñado tan lindo cantar?

Bez.—Lindo, sí, por cierto. Harto mejor es la seguidilla que sé yo, mas no quiere mi señor que la cante en casa, so pena de media dozena de otra colacion que la vuestra, porque dize que es desonesta.

Cor.—Y essa, hatela oydo tu amo?

Bez.—Yo me guardaré d'esso como de comer soliman; mi señora sí, que me la ha enseñado y hecho dezir mil vezes.

Cor.—Quieres me la dexar escriuir y te daré vna muy linda pelota?

Bez.—Venga.

Cor.—Ves l'aquí.

Bez.—Dadmela.

Cor.—Di primero, que te me huirás con ella.

Bez.—No haré, por vida de mi madre; tenéme vos de la faldilla.

Cor.—Toma; di, pues, presto.

Bez.—O qué linda pelota, haseme oluidado.

Cor.—No querria yo más, para que fuesses a casa en cuerpo.

Bez.—Tras esso andais: ya os entiendo. Escriuí, escriuí a priessa. (Escriue Cornelio).

Cor.—No desmaye'l amante porque vea, etc.

Bez.—Dexáme ahora.

Cor.—Que me plaze; si nos encontramos otra vez, yo sé lo que te daré, y más si vas a mi tienda.

Bez.—Tom'os la palabra.

Cor.—D'acá la mano. Pues somos ya amigos, bien es que nos sepamos los nombres; cómo te llamas?

Bez.—Bezerrica, a vuestro seruicio; y vos?

Cor.—Yo Manso, a tu mandado; no te detengas, amigo.

Bez.—A Dios, Manso.

Cor.—A Dios, Bezerrica. Este mochacho y yo vendremos presto a hazer vn buey perfecto, porque no le faltan a su amo sino los cuernos, que ya me parece se los veo apuntar.

Notes in this chapter

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