INTRODUZENSE EN LA PRESENTE COMEDIA LAS PERSONAS SIGUIENTES (continued 8)
Reading edition
Lydo[rio], Fulminato, Marcelia, Felisino, Pinel.
[Lyd.]—Grande es el reposo que oy veo en esta casa; Dios quiera que sea para mayor bien, porque veo a Floriano metido en vn camino, que no sé qué tal querra Dios que sea el paradero. Ayer tarde me paresce que se tractaua de que hauia de yr a verse con la que él llama su señora, y no me paresce que quiso acompañar se de más de solos tres moços y vn paje, teniendo tantos continos y gente de casta a su mandado, que comen su pan. Pues andar de noche no lo tengo por bueno ni seguro; pero no andar muy á lo seguro tengo lo por locura, porque de noche ni se conosce quál es bueno ni quál es malo. Pues ya que va de noche, mejor es que lo digan: quién passa, por ver le con autoridad y a recaudo, que no que digan: perdonele Dios, que le mataron pensando ser otro. Y lo que me paresce mal es que no ay hombre en casa, ni contino, ni mayordomo, ni veedor, ni otro que diga que le ha visto, más de que dizen que duerme. Gran descuydo ha sido este mio, porque dado que yo haga la voluntad de Floriano en dexar le solo, pues él se acompaña de muchachos y gente de baxa suerte, pero al fin, viendo yo el daño, no hago lo que deuo a la fe del buen duque Florineo su padre, que en buen passo[693] esté su alma. Cierto que de oy más la consciencia me carga, y el temor del daño pide que yo ande más alerta sobre las cosas de Floriano. Pero qué puede mi buen zelo y gran lealtad hazer con sólo buen desseo y poca possibilidad? Porque el auiso y correction fraternal deue la dar el hombre a donde cabe, y callarla donde con el consejo hareys mayor daño, y causays malquerencia, y cresce la malicia, y dobla se la pertinacia. De manera que lo que se hazia en el que erraua con sola inclinacion moça y sensual, y con persuasion de los aparejos, y con falta de resistencia de la razon, despues lo haga con doble peccado de voluntad maligna peccando contra Dios, con pretender de dar os pena a vos que le auisastes y corregistes. De Floriano, pues, yo tengo lástima a su honra y grauedad y hazienda y alma. Lo primero, porque le comiençan a cobrar en opinion de poco assentado y mal concertado en sí y en su casa. Lo segundo, porque da parte de sus flaquezas, y tracta y communica vn duque Floriano, y en ojos de una corte imperial, con vn paje y vnos moços despuelas. Lo tercero, he lástima a su hazienda, que la veo andar baylando en manos de amigos publicos de ella, y enemigos secretos dél. Y veo le yr tras chismosos, tras rufianes, tras putas, tras alcahuetas, y con gente que con sus dones se honren, y de la honra dél despedacen camino de los burdeles, do se gaste mal la hazienda del que la heredó bien, y la possee bien, y la dispensa y gouierna mal. Lo quarto, he lástima a vn alma que, con ser por sí noble, en ser hechura a imagen de Dios, y con hauer le dado Dios compañia de cuerpo no de sangre y ralea vil, pero noble y generosa y real, con todas estas circunstancias ella es peor tractada y más mal mantenida de virtuosas obras, que si cayera en suerte de ser vn porquero. Porque alli, tras su vil ganado, ella se podia saluar; y aqui mandando a tantos buenos y sabios, y nobles, y virtuosos, y generosos, ella anda aperreada y hecha estropajo a la disposicion de la sensualidad moça y libre y rica y mal aconsejada, como la ay en Floriano al presente, si Dios no lo remedia. Porque veo que el oydo y el creer de Floriano pende de las mentiras y embustes desta gente que con él tracta a salvo de su ganancia y a pérdida de Floriano. Y vereys que no dara audiencia ni credito a vn criado antiguo, leal, seruicial, amador de su honra, defensor de su persona, augmentador de la gloria de su estado, y aun, lo que peor y más peligroso es, que os cobrará enemiga porque le retraeys de los vicios, le desseays la salud, y le procurays por la hazienda, y le tractays de ensalçar su honra. Y esto es el por qué ay oy en dia pocos criados antiguos fieles bien medrados en las casas de los señores. Porque el fiel criado, condoliendo se del daño del señor, atreue se con buen zelo y amor a le auisar y retraer; y como por esto ve que cae en desgracia del señor, alça se a su mano, busca vn achaque, y el señor, que huelga que él le tenga para yrse a su casa con sus hijos y muger, y dexa de autorizar el palacio del señor moço y mal aconsejado, y ansi faltan las muchas canas, y sobran las muchas chismerias. Y aquellos por fieles van se con quitarles la racion porque no assisten, y dar les a más librar (más por verguença que compelle al señor que por voluntad que le combide) el medio acostamiento, porque se van como buenos, y lleuan le doblado los livianos que asisten, porque se pican de andar más galanes que graues. Y porque éstos, con lo no merescer, por medrar se subjectan a todo, y los otros, con hauer lo ya merescido, confian en su bondad y lealtad que merescen algo. Y ansí oy en dia la gente que más mentiras y más adulaciones oye, y menos verdades espera, son los señores, que se hazen enemigos de quien los ama, queriendo los sanctos y virtuosos, y amigos de quien los aborresce en la virtud. Porque tanto menos medra vn criado soberuio quanto el señor es más humilde, y tanto más medra vn criado luxurioso, que anda callejero y ventaneros los ojos a ver qué cobdiciar, y a ver qué poder auisar al señor de que vio acullá la hermosa, quanto más el señor es dado a las mugeres. Y ansi se han tornado los palacios acorro de viciosos, porque se despueblan de viejos, y se acompañan de moços, y porque ay poca audiencia de verdades y gran gula de mentiras; porque oy en dia es muy cierto el vulgar que mal me quieren mis comadres, etc. Y por esto con poca autoridad de los palacios, los seruientes de pelillo, los mentirosos, chismosos, malsines, truhanes, dezidores maliciosos, chocarreros, como hallan audiencia en el señor, ansi los tornan de su talle, si Dios y la buena condicion no los defiende de inuiciarse. Porque, como dize el Psalmo, con los sanctos serás sancto, y con el peruerso serás peruertido. Y aun en tanto es muy peligrosa al bueno la mala compañia, en cuanto más ayna se nos pega la mala costumbre, que no la buena; porque más daña vna viciosa palabra que aprouecha vn largo sermon. Y ansi dize la escritura: que corrompen las buenas costumbres las peruersas palabras. Y el que quiere guardar se del mal no deue fiar de sí mesmo, con dezir que tiene buena inclinación, que es sabio, y alcança lo que es malo, que es noble, y que la nobleza le combidará a la virtud. Porque donde no anda el fauor particular de Dios, y donde tercia la ruin compañia, y la propria sensualidad obra, no ay muro firme que defienda. Porque si el señor no guarda la ciudad (dize el Psalmo) por de mas vela el que la guarda. Que agora ninguno más sabio que Salomon, ninguno más rico, ninguno más acatado; pero ni le valio el ser rey, ni le mamparó la su sabiduría, ni se le acordó del fauor que Dios le hauia mostrado, con terciar la sensualidad propria, con la compañia de las mugeres estrangeras, que le hizieron ydolatrar, que es el mayor de los peccados; porque, tras el negar a Dios, nada queda que perder el hombre que algo sea. Pero he aquí asoma vna buena joya de los de la confradia; quiero saber dél lo que ha passado, aunque dudo si él sabra dezir me verdad, ni aun yo pensar que él la diga para me obligar a creer le, porque el que por mentiroso es tenido, aunque diga verdad, no es creydo. Ha, Fulminato, de dónde vienes?
Ful.—Vengo de la armeria, y de hazia Santiago.
Lyd.—Todo esso es vn camino; por qué tú lo diuides?
Ful.—Porque allá fuy a diuersas cosas; porque a la cal de Santiago fuy a buscar mi capa de grana que me auia dado Floriano en pago de la que me harparon los seys por su seruicio y honra en la cal de Francos.
Lyd.—El que te la dio Floriano, bien lo sé; el por qué, dias ha que te lo oy a ti contar, que para tus hazañas pocas vezes buscas tú más testigos de tu lengua que lo relate; pero cómo la vienes de buscar, y de alli?
Ful.—Luego no sabes lo que passó anoche?
Lyd.—Y qué?
Ful.—Pues porque no digas que no ay testigos de mis hazañas, preguntar lo has a los que iuan anoche con mi amo.
Lyd.—En tanto que ellos no parescen, dime lo tú breuemente; porque si lleuare camino de creer se, creer te lo he, y si no, oyr lo he.
Ful.—Ya sabras la yda de Floriano.
Lyd.—Bien la sé.
Ful.—Pues tambien sabras el a qué y a dónde.
Lyd.—Presumo lo; ven al punto.
Ful.—Pues yendo por aquella calle, yo que iua delante asegurando el campo, salieronme vnos quatro de traues, que por yr ellos bien armados, y a mí me ver con sola espada y capa, presumieron de se me atreuer; pero en dos palabras los puse en tal estrecho, que por la calle abaxo, tomando las viñas, se me saluaron por pura pata. Yendo, pues, yo tan ceuado en ellos y tan goloso de alcançar los, y ellos tan sueltos en el correr, me hizieron descuydar de la capa, hasta que oy la eché menos, queriendo la cubrir.
Lyd.—Son tus hazañas tales, y tan extraños tus hechos, que ni te culpo, porque yendo desarmado, y siendo tan buen corredor, y yendo ellos armados no los alcançaste, mayormente si corriades en oppuesto, vnos para huyr de los otros. Pero pues que en tal caso, y por tan buen señor perdiste la capa, quien te dio aquélla por vn hecho te dara otra por esta valentia. Pero a qué iuas a la armeria?
Ful.—Diziendo te lo que passé, bien deues de adeuinar a qué iua yo a los armeros, porque las armas quedaron tales, que no eran para traer, ni la espada buena para poder entrar en la vayna con mellas.
Lyd.—Di me, Fulminato, cómo diste a adobar las armas que yendo corriendo tras los otros desarmado no lleuauas? ni la espada se melló en los que por su buen correr no alcançaste?
Ful.—Cuentas me los bocados? pues espera, que yo te respondere por tiempo entero. Muy ganoso estás, señor Lydorio, de que no te calle nada; porque como aquellos se me fueron por pies, vine a la posada y armé me con boluer los a buscar; quando quise vestir me de sobre capa para tapar la malla, halléme sin capa, pero tomé otra. Y saliendo en busca de mi caça topé otros seys, que en el herir no me parescieron los primeros; pero como Fulminato yua a buen recaudo, a fieros golpes los desbaraté, y aun heridos [dos] de ellos, me tomaron las viñas todos.
Lyd.—Ya has contado de ti; agora me di, qué fue de Floriano y los otros?
Ful.—Aunque con peligro, por la falta de mi persona, pero con buena ventura, fueron, y negociaron, y tornaron se en saluo, porque yo hauia andado al ojeo.
Mar.—O, gracias a Dios que ya llegué acá, y me pude descabullir de tan importuna cosa como este mayordomo del Abad, que al cabo al cabo nunca veo que su arbol me da más de hoja de parola; y con quién lo ha!
Lyd.—Cata, cata, he alli la partera de los partos de Floriano. A buen tiempo viene para informarme de lo que passa, que harto mal es el nuestro, quando ha de preguntar hombre a vna gente tal de los secretos del señor que ellos no siruen. O, que norabuena vengas, señora Marcelia! ay algo de bueno en tus nueuas?
Mar.—Siempre yo las he traydo buenas a esta casa. Y agora, si me pones con Floriano, no las haurá menos; y que sé yo que en qualquier occupacion que él esté se desoccupará en el plazer de mi venida.
Lyd.—Esso creo yo antes que si fuera vn varon de Dios.
Mar.—Dizes algo, señor?
Lyd.—No más de que, pues tales nueuas traes, y con tanta priesa, anda acá, entremos.
Ful.—No mirays el majadero, que, estando hablando conmigo, me dexó y se va acompañando vna menos muy poco que pública del burdel? Pues reniego de la espada de sant George, y aun de la escriuania de sant Lucas, si al cielo no se me acoge, si no escriuo con el cuchillo del puñal en aquella cara puta el nombre de Fulminato porque quien la comprare sepa que me deue mi decima, y aun que a Lydorio yo le dé a conoscer cómo se despide otro dia de la persona.
Fel.—Qué es aquello que haze el valiente? qué tal tirar de barba tiene y dar de pie, y mirar en arco! quiero ver qué cuento tenemos nueuo, y si son enterrados los de anoche. Di, Fulminato, de qué te muestras tan enojado?
Ful.—Y cómo no lo tengo de estar? y aun de mí mesmo.
Fel.—De essa manera tú mesmo harás tus amistades: pero qué fue?
Ful.—De acordar me quán poco corri anoche.
Ful.—Herieron te?
Fel.—Qué herir? pluguiera a Dios que no me conoscieran, porque me esperaran, y aun me lo pagaran, porque no es menester más de que me reconozcan los que saben mis golpes, para que en viendo mi espada fuera me huyan, tanto que me pesa muchas veces porque me conoscen. Y ansi me dissimulo quanto me suffre la accelerada condicion; porque si esto no fuesse, más de tres gallillos traeria yo de mi mano sin las crestillas de orgullo que traen tan salidillas. Pero ya sabes, hermano, que mudar costumbre es a par de muerte; que te doy mi fe que si con mi condicion pudiesse acabar de ser algo asegurado, que yo tuuiesse más pesca, aunque no tengo redes, ni aun caña.
Fel.—Por esso dizen: cata que quien no asegura, no prende; pero mira quánta mentira ay en el mundo, y aun embidia de tus hechos: ya hauian dicho que te corrieron la çapata vnos dos.
Ful.—Di me quién lo dize; porque vna tal vellaqueria, quando vaya a oydos de mi amo, lleue ya el castigo a cuestas.
Fel.—No ay para qué sepas quién. Pero, mudando hitos, no quiero que me digas qué hiziste anoche, que luego disparaste a nunca más ver; porque bien presumo que andarias en passos de tu officio; mas ruego te que me digas, qué fue de tu capa de grana?
Ful.—Huelgo que me ayas conoscido; porque quiero, como amigo (que otro no lo ha sabido de mí) que sepas que anoche fuy en seguida de vnos no sé quántos rufiancillos atreuidillos, y como los amonté, valiendo les los pies, bolui en vuestra busca y nunca os pude encontrar. Pero para satisfazer me a mí mesmo, salté sobre el muro de la huerta de la dama, y como no senti dentro bullicio, dexé de saltar dentro a buscar os allá. Y ansi tornando a saltar al suelo para venir en vuestro rastro, por temor de que me tendriades menester, y hallé que al subir de presto se me cayó la capa, y voto a la sancta letra dominical deste año de quarenta y siete, que en tantico que fue todo ello, ni hallé rastro de quién me la lleuasse, ni sonido de pies a quien seguir, y ansi me vine en cuerpo, dando se me poco de vna capa, perdida por buen coraçon. Y cierto he pensado sobre ello, y hallo por mi cuenta que algunos ladronzillos, hijos de vezinos, se deuen de andar de noche siguiendo me a trecho de mí, como ya todos me conoscen, para que si hago algun hecho ellos sepan contar lo por ganar honra en que estauan a mi lado, y aun tambien para coger las capas de los que ya saben que me han de huyr, y jugar a como dizen: si me viste, alcéos la; y si no me viste, lleuéos la.
Fel.—Y aun esso deuio de ser, y cierto que ellos te merescen poca cortesia. Pero cata alli a Pinel, que es buen testigo de quánto ha que te buscamos, porque anoche, pidiendo por ti Floriano ya que veniamos, nos mandó buscar te, y que todos tres le hablassemos hoy.
Ful.—El tambien se huelga de saber mis hazañas; porque más lecion toma en mis obras para sus cauallerias que en quantos libros tiene de Romanos antiguos, pues en ellos lee de dizesse, y en mí vee de hazesse; y, como sabes, ay gran rato del dicto al facto.
Pin.—Esteys en buen hora.
Fel.—Cómo vienes tan alterado el rostro?
Pin.—Pues no lo puedo encubrir, no quiero callar que he corrido en seruicio de Fulminato.
Ful.—Cómo ansi?
Pin.—Porque vn ladron salio den casa de tu amiga con tu capa hurtada, y aun sembrando pluma. Yo que llegaua en tu busca y le vi salir de mala manera, y las moças gritando tras él, tomo su seguida, y acogiose me en sanct Julian; de arte que, no pudiendo hauer le, bolui a Gracilia, y contóme vna farsa de que uengo atonito.
Ful.—Pues esso quede para su tiempo, que yo voy a sacar le de la iglesia.
Fel.—Pues él va tan denodado, vamos nos a buscar de almorzar.
Pin.—Sigue, que despues lo reyremos todo, que bien ay de qué.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XXXVIII
Sabiendo Lydorio de Marcelia de lo que a Floriano le ha succedido, entran a Floriano. Marcelia le da su anillo que traya de Belisea, contando le lo que le allá auino. Floriano le manda para casar la hija en albricias; con otras cosas que más passan de notar.
Lidorio, Marcelia, Polytes, Floriano.
[Lyd.].—Por cierto tú me has contado grandes cosas, y aunque yo siempre pretendi apartar a Floriano desta cosa, pero pues ella es tal, y la cosa va tan trauada, no culpo a Floriano, pues como mancebo le prendio el amor, y como cauallero sabio se ha empleado tambien, que si el padre de ella huelga, todo yrá encaminado por Dios, y no tendre por tan vana la ganancia de nuestra jornada, en lleuar tal señora a los vassallos del duque.
Mar.—Ay verás cómo, aunque a harto peligro mio, pero mis passos guiaua Dios en seruicio de tan buen cauallero. Y quiero que sepas que Lucendo, el padre della, con ser cauallero de tanta estima y casta y poder en el reyno, y con ser vno de los más sabios que oy tienen ditado en España, quiere y tiene en tanto a la hija, que no pensará que errará en cosa que haga; y hecho, qualquier cosa le perdonará ligeramente. Pero bien tengo yo por mí que, aunque he sido yo harta parte para poner la en el grande amor que tiene a Floriano, que ni yo, ni él, ni todo el mundo la harán caer en lo que Floriano querria de ella luego. Y sey cierto que ella está de las enamoradas y penadas de amor de Floriano, que jamás amor prendio. Pero está la más casta y constante en el no errar en tal caso que oy ay donzella en el mundo, la menos combatida, y la más recogida, y la más guardada que sea.
Lyd.—Por tanto me confirmo en más pensar que nos la tiene Dios para que nos mande y la siruamos, y con razon, pues pocas tales flores tendra oy el mundo. Dime, Polytes, duerme aún?
Pol.—Mas ya se viste, y salgo a que se vista el capellan a la missa, que la quiere oyr.
Lyd.—Pues entremos, señora Marcelia, que ya ha mucho que te detienes.
Mar.—Oyamos, si mandas, qué es lo que dize, que hablando está, y no nos ha sentido.
Flor.—O venturoso Floriano, cómo es poco el plazer que muestras para tu tan gran gozo! O mi señora Belisea, y si este sospiro te fuesse a dezir como estoy en tu contemplacion! pero bien sé que te deuo más y más, y mucho deuo a Justina, en gran cargo soy a la buena Marcelia, y no lo perdera en mí. De manera que Polytes y Justina tengan bien con que me seruir, pues los casé, y me lo mandó mi señora, cuyo es quanto tengo, y el señorio con ello. Y a Marcelia yo la dare con qué en su casa, mientras viuiere, tenga por qué se acordar de mí. Y a todos los de mi casa quiero hazer mercedes, para que cada vno segun es ansi sienta parte de mi alegria, pues a todos los de mi casa tengo obligacion; que me siguieron sin pedirme dónde yo yua, y me han servido honrosamente. Yo quiero que todos vean qué señora tienen, porque yo la tengo. Y a mí me quiero yo tractar no como mio, sino como cuyo me conozco. Por manera que con la mejoria de mi salud y con mi buena ventura, crezca el bien y gozo de toda mi casa. Pajes, pajes, quién estay?
Lyd.—Señor, aqui estoy yo, que agora entro con Marcelia.
Flor.—Que ay está Marcelia? bien me daua el alma que cosa de mi señora Belisea estaua cerca de mí, de cuya participacion crescia tanto mi gozo. Llega te acá, llegate acá, que ya te veo, que como a tercera de mi bien te tengo de dar vn abraço; y no te me enojes, que todo nasce de buen amor.
Mar.—A la fe, sí, sus abraços me mantendran!
Flor.—Qué dizes, mi Marcelia?
Mar.—Que me paresces adeuino, pues agora vengo de en casa de mi señora Belisea, y aun si bien supiesses qué de secretos te traygo!
Flor.—Cata, hermana, que el coraçon amante muchas vezes adeuina. Pero dime, dime, qué me traes?
Lyd.—Da me licencia que me salga, porque te querra en secreto esta dueña.
Flor.—No quiero que te vayas, sino que, pues es cosa de mi señora, lo oyas todo, para que te confundas viendo del bien que me pretendiste siempre quitar.
Lyd.—Por el fauor y por la reprehension (pues veo que tú acertaste e yo sali errado) te tengo en gran merced lo que me has dicho agora.
Flor.—Pues oye y calla; dime, Marcelia hermana, queda buena mi señora?
Mar.—Buena, y más tuya que podras creer; porque esta mañana me mandó que te lo certificasse y jurasse ansi.
Flor.—Ay, qué poco me monta que ella lo diga, si ansi no es!
Lyd.—Oye, señor, a Marcelia, y cree a lo que tu señora dize.
Flor.—Ay, Lydorio, que muy con razon me riñes mi mal hablar, y aun quisiera que con peores palabras me retraxeras de lo que el orgulloso plazer hizo desmandar mi lengua.
Mar.—Pues oye, señor, lo segundo que te manda tu esposa dezir, que aunque esté Lydorio delante lo dire, pues son ya embaxadas de muger a su marido, aunque tambien hasta os besar a entramos las manos por mis señores no te deuria a ti llamar marido y señor de mi señora.
Flor.—Anda, Marcelia, que sin besar las a entramos lleuarás de mí las mercedes, y di.
Mar.—Pues agora que no es tiempo de hablar te por circunloquios, ni guardar secretos en esto, digo que tu esposa no ve la hora que la veas y te vea. Y ansi te embia a dezir que no faltes para la hora que te mandó, y en señal de tu esposa te embia como a su esposo este anillo, que yo le vi quitar del su dedo del coraçon, y que quiere que luego te le pongas tú, para que de tu mano, quando vayas, ella te le tome por tuyo. Esto es lo que me dixo, con otras muchas cosas. Y queda me aguardando, que antes de yr a mi casa tengo de boluer a darle cuenta de lo que he hecho, y sepas que ya me dio mercedes de desposada. Agora he dicho mi embaxada; dame licencia, porque ando desmayada de çanquear en ayunas, y tambien es hora que tú ya comas.
Flor.—Tus buenas nueuas he recebido de grande alegria, y quiero hazer lo que me dizes en comer, y aun quiero forçarte a que comas conmigo oy.
Mar.—Señor, aurás me de perdonar, que no soy para tu mesa sin grande nota, en especial que me aguardará mi señora Belisea; por esso mira qué mandas que le diga, y dame licencia.
Flor.—Pues que ansi quieres, te ruego que le des este papel, en que lea hasta que yo vaya a mi glorificacion a cumplir su mandado. Y quiero que le digas que esta mañana, en su contemplacion occupado, yendo la mano escriuiendo lo que la mente yua pensando, al cabo salio essa lauor, la qual no sé qué es, ni aun lo he leydo, más de como lo he contemplado y lo hallé escripto de mi mano, y que poco ha que lo acabé de escriuir. Y en pago de tus trabajos, quiero que te den (porque me dizen que tienes vna hija para casar ya), para en dandole marido, treynta mil marauedis, y tú, Lydorio, harás la cedula, y que le acudan con ellos el dia que la madre la entregue a su marido. Y más quiero que, si a dicha la casare con persona de mi casa, que tú, Lydorio, seas padrino, y le des para ayuda de los vestidos a entramos otros veynte mil marauedis, los quales tú tomarás de mi recamara, y dar se los has de tu mano a la de ellos. Y quiero que les hagas la costa del dia de su boda, como de tu mano, honrosamente. Y a Marcelia dar le has vna librança de veynte cargas de trigo, que se las den esta semana, para mantenimiento de su casa deste año, y oy la lleuen de comer de mi plato, porque no haurá guisado nada andando en mi seruicio, y luego la den cinquenta ducados para sus menesteres, y perdona.
Mar.—Tus illustres manos me has de dar por mi señor.
Flor.—Anda, hermana Marcelia, que no dexaré de siempre te fauorescer; ve con Dios. Y tú, Lydorio, dame presto de vestir, oyre missa, y luego me den de comer, porque quiero yr oy a palacio, que ha dias que no fuy allá.
Lyd.—Yo salgo a dar obra en todo. Tú, señora y hermana Marcelia, huelgo que lo ha mirado Floriano bien contigo, y porque por mí no lo perderas, mira quién te lleuará los dineros y la cedula del pan, y más la del casamiento de tu hija; que para buen pro, de sobremesa te lo lleuará Fulminato, que es mucho tuyo, si quieres.
Mar.—Mas antes bastará que los lleue Polytes, o si no, quien tú mandares.
Lyd.—Pues yo lo embiaré, aunque lo dexes en mi credito. Y tú tracta de casar la hija, que yo haré lo que su señoria me mandó, de muy libre voluntad por cierto.
Mar.—Nuestro señor te lo pague; que bien conosces que tengo necessidades de pobre viuda, que luego tienes intento de dar me la merced, asituada por el que Dios en todo prospere, y pues que tienes que hazer, y a mí no me falta, con tu licencia te encomiendo a Dios, y me voy. Pero o, vala me Dios, y si todo esto sale verdad, en buen ora entró esta gente por mis vmbrales. Yo me voy a mi casa a esperar la vaquilla con la soguilla (como dizen) y si juegan a luego toma en lo de agora, yre alegre a ver a Belisea, y tendre esperança de lo venidero. Y esta mi alegria quiero desde agora enfrenar con temperancia, porque de la mucha alegria y gasajado mio no sepan todos mi riqueza, y sabida, no me tracten de la muerte. Porque diz que no ay vida más contada de dias de la del rico, en especial de los que pretenden dél más su moneda que dexará que no los consejos que les dará; y es bien escarmentar en cabeça agena. Porque a Celestina (segun dizen) los dones de Calisto con la cobdicia de los que la tractauan, le quitaron a ella la vida, y a ellos ellos la justicia en castigo. Que dado que ella fue sagaz para los otros, alomenos no lo fue para sí en ganar y guardar; porque más prudencia quiere el guardar lo ganado que el allegar lo incierto. Y ansi los hombres que preuienen sus cosas, las menos vezes las yerran; porque dizen: hombre apercebido, medio combatido. Y con esto encamino para mi casa, loando a Dios.
ARGUMENTO DE LA SCENA XXXIX
Fulminato, hecho el ademan de yr tras el que lleuaua la capa, se va a Marcelia, y passan muchas pláticas. Despartense con la venida de Polytes, Felisino y Pinel.
Fulminato, Liberia, Marcelia, Gracila, Polytes, Pinel, Felisino.
[Ful.].—Reniego del sepulcro de Absalon y del sceptro de Roboan si no me burló Pinel, y que por hazer del valiente, y echar me a cargo que corrio tras el otro por mi capa, dijo que la lleuaua el ladron, etc. Bien dizen que ni ay que fiar en los hombres, ni son de creer todas palabras. Y pues fue mayor mi boueria en creer lo que su mentira en dezir lo, quiero que pasen, mocha por cornuda, a pagar en la mesma moneda. Y pues por aquí no hallo rastro de cosa mia, voy a Marcelia, y sabre de ella por qué no me habló oy quando habló al camarero, y aun si no me aplaca con algo de la ganancia y la hallo sola, si no la marco, para que sepa en qué estima me ha de tener. Y aun le pidire mi capa, diziendo que la dexé en su casa, porque ni creo que dexa de ser puta con otros como conmigo, ni aun de estas sus venidas tan a menudo la deue de hauer ydo mal. Y pues yo la meti en el juego, ha de partir por medio la ganancia, porque tan poco no me tengo por tal, que piense de albardar me sin que dé corcobos; porque no ay que fiar destas que han perdido la verguença y traen el alma en venta, porque no les da más penar por poco que por mucho, y ansi a todo hazen rostro, diziendo: preso por mil, preso por mil y quinientos. Y pues dizen que la tierra ni la hembra, quien no la ara en balde la siembra, quiero dar le vn torcedor con que me pague la capa, o que a lo menos por falta de no le mostrar yo el diente no piense de almorzar me y merendar y embaucar me; y al cabo diga que ladre me el perro y no me muerda, y echar le he la cuerda. Y de oy más, pues no me querra restituyr, será bien que andemos a hecho y pago. He alli viene la hijuela den casa de la prima: asuadas tales tres joyuelas para los lobos, que agora que bulle la ganancia, todos hazen sopas en la miel del modorro; pues veo que esto todo le llueue a Floriano en casa, o por mejor hablar, le llueue de su casa.
Lib.—Espantada vengo de quánto paño traen estos estudiantes en vn manto; que ouo saboyana en la loba, y aun sobró a mi prima para vn sayuelo; el diablo del sastre, que tambien sacó para su pendon; y maguera del corrillo! cómo se desasnaua el buen zabbi, y qué hazia de desboronar requiebros! Aunque mi prima, con sus raposias, ella le encestará de manera que en el hazer de las ropas sea el sastre de Ciguñuela, que ponia la costa y hazia de balde la obra. Pero he aqui el que fuera bien escusado, en especial si busca la capa.
Ful.—Qué hazeys por acá?
Lib.—Vengo de sacar vna lauor den casa de mi prima, que verna agora tras mí, porque sola he miedo.
Ful.—Y dó está tu madre?
Lib.—Es yda a la joyeria a buscar lauor de tienda; pero qué mandauas?
Ful.—Vengo por mi capa.
Lib.—Y adónde la dexaste, que vienes por ella?
Ful.—Anda, que no estoy para burlas agora.
Lib.—Pues si tú no vienes para mis burlas, menos estoy yo para tus veras, y si te ensañas, ensaña te a solas; que yo bueluo me para mi prima.
Ful.—Y valga la el diablo, y con qué raueada me dexó sin más ni más en blanco! Pues subo arriba y cierro esta escalera; que si veo en qué, yo me entregare de mis daños.
Mar.—Quién sube ay?
Ful.—Cata, cata, no ay que fiar en bagassas. Y cómo me dixo que no estaua acá la madre! Pues aun si tuuiese algun gayon en casa? pues subo, que si la hallo sola, quiça pelaremos el pato a medias. Parescete que te han tomado de sobresalto en el hurto?
Mar.—Siempre te armas más de malicias que despierten ira, que no de armas que atemorizen contrario. Pero cierto que mi hijuela pone tal cobro en la casa, que a hauer qué, tenian buena medra los que juegan de alça ropa.
Ful.—Lindo lançar de alesna ha sido esse, para te hazer pobre y para te escusar de no me dar mi capa de grana. Pues a la fe, tambien tiene culpa quien da la occasion por poner mal cobro, como el que lo hurta.
Mar.—Ay, sancta Maria, y si es verdad que ha entrado ladron en mi casa hoy?
Ful.—Gentil discante es esse; si tú no lo sabes, quieres que lo sepa yo? Da me mi capa, no se cubra oy el diablo con ella en esta casa.
Mar.—Agora que pienso que hablas de veras, di, qué capa pides a mí?
Ful.—La mia.
Mar.—Y dónde está?
Ful.—Qué renegadero para vn tal renegador como Fulminato! Dexando yo mi capa en tu casa, me preguntas dónde está?
Mar.—Cata que tornes en ti. Y si buscas achaques para reñir, no conmigo; que en paz alabo a Dios en mi casa.
Ful.—Agora te canonizarán por sancta! pero en tanto, acortemos razones, y da me mi capa que te di a guardar.
Mar.—Y quándo?
Ful.—La noche que fuy a guardar a Floriano y los suyos; que si no por mí, ya los comiera la tierra.
Mar.—Y aun anxi xexona.
Ful.—Qué dizes entre dientes?
Mar.—Que la busques por allá donde se te cayó o la dexaste.
Ful.—Aun pesará a tal con la cayda; bien sé que te la di por yr más suelto, para que por pies no se me fuesse nadie.
Mar.—Aun quiça lo creyera, sino que entre oy...![694]
Ful.—Pues dime quién te dize de mí otra cosa, para que te trayga en su mesma gorra su cabeça?
Mar.—Ya, ya, bien conozco tus blasones.
Ful.—Qué dizes?
Mar.—Digo que no querria en mi casa altercaciones sin por qué. Porque no puedo creer que dexasses caer la capa por huyr, vn tan valiente como tú, de solos dos enemigos.
Ful.—Essas y otras tales cosas te dirá a ti aquel chismoso de Lydorio. Pues no oyre missa antes que no me deua nada, y aun quiça vos, doña bagassa, si no os saco el alma, porque en mi presencia, y sin más hazer caso de mí, os me encerreys con nadie, y que agora vengays a parir antes de los nueue meses essas vellaquerias de que os empreñastes con aquel gayon, que se nos haze vn sancto de pajares, y al cabo deue de ser por ganar tierra con Floriano, por malsin.
Mar.—Calla, calla, infamador de buenos, maluado, que no abres boca que no sea tu lengua de viuora.
Ful.—No veys quán sin verguença se me torna a los ojos la...?
Mar.—Soy mejor que vos; que si no por mi, no ouierades descargado los piojos de acuestas.
Ful.—Essas palabras a mí? de las que tengo en la cara reniego si no os saco el alma; no os cale huyr por la escalera, que yo os acabaré oy los dias.
Mar.—Virgen Maria de los Remedios, libra me deste furioso.
Grac.—Bien te dezia yo, prima, que hauia yo visto entrar a tu madre en casa rato ha; pero oye, oye qué tropel baxa por la escalera.
Ful.—No os me yreys, doña mala hembra.
Lib.—Ay, sancta Maria, val me! qué gran mal es este, que a mi madre oyo en el entresuelo y la escalera está cerrada? Jesus, Jesus, Justicia, aqui del rey, que mata aquel traydor a mi madre.
Ful.—Pues yo reniego de todos los adoradores del sol si oy no quiebro la puerta, y os embio a poblar la silla que en el infierno os espera.
Pol.—Quán a buen tiempo llego, que no tendre que llamar; que en el portal veo a la de Pinel y la de Felisino. Pero qué es aquello, que dan gritos? quiero aguijar, que gente se allega.
Pin.—A, hermano Felisino: al paje que hemos traydo en ojo veo yr corriendo; aguija, que algo ay allá.
Fel.—Alarga el passo, que gente corre en cas de Marcelia.
Pol.—Apartá os afuera rapazes; a, señoras, qué es esto?
Lib.—Ay, señor, por vn solo Dios, que matan a mi madre.
Pol.—Calla, calla, que mejor lo hará Dios. Cerrad essa puerta, que ya conozco quién es; no será nada; mira me, señora Gracilia, por essa plata, que yo quebraré esta puerta del escalera, que tan cerrada está por de dentro.
Grac.—Daca, y acorre antes que la mate.
Fel.—Qué es esto? fuera, fuera, rapazes. Ea, gente de pro, que no es nada; andad con Dios, que todos somos de casa.
Pol.—Cierra, Pinel, essa puerta de la calle, no venga la justicia; que Fulminato no deue de estar agora en sí. Allá irás, diablo de puerta, qué rezia estaua.
Mar.—Justicia, que me mata este ladron.
Ful.—No os valeran vozes oy.
Pin.—La puerta de la calle ya la cerre: da le, da le, Felisino, a esse diablo, pues que tan mal mira por la honra de Floriano.
Pol.—Qué sin sentido está de passion, que le tengo la espada por los gauilanes, y el braço quedo, y aun no lo siente.
Fel.—Qué es esto, Fulminato? quieres que por tu locura hagamos aqui algun desatino?
Ful.—Cata, cata, y por dónde entrastes a quitarme de ceuar el espada en putas carnes, ya que no alcancé a los otros?
Fel.—Y calla, y subete arriba.
Ful.—Pues dexad me el espada.
Pol.—Subamos arriba, que luego te la dare en te viendo más manso.
Ful.—Dexad me, que yo acá haré oy a esta embaydora...
Mar.—Vos mentis como vn gran rufianazo. Ansi me han de tractar en mi casa? Justicia demando a Dios, y al rey me voy a quexar, y no tengo de parar hasta los pies de Floriano, para ver si por ser le yo tan seruidora, me han de mal tractar los suyos.
Pin.—Y calla, señora Marcelia, pues ya sabes que todos somos criados de Floriano, y por él te seruiremos, y por tu persona te honraremos; que bien sabes ya que Fulminato te ama y quiere, sino que tiene aquellos impetus primeros furiosos.
Mar.—A la fe, el malaventurado, con las de seguida vaya él a tractar de fieros a cada passo; que en mi casa estoy, y no le deuo nada, y él a mí más que vale.
Lib.—Ay, madre, no llores más, y adereça essos atuendos de tocados, que pues lo quiere nuestra desuentura que por hazer bien se nos atreuan como a solas mugeres, demos gracias al señor del cielo en todo.
Mar.—Tú me causas esto, en andar te me fuera de casa.
Grac.—Por mi vida, que no hazia sino yr me a mostrar una lauor. Pero pues en lo hecho no ay suelda, remedie se lo de adelante en mirar, tia, a quién das tu puerta y tu silla; y tú sube te luego arriba, y tú, prima, vamos a la puerta de la calle y abramos la, porque oyo de fuera gran tabahola, y asoseguemos lo con sentar nos seguras a la puerta, y no llamemos testigos de nuestras flaquezas.
Pin.—Bien hablas, señora Gracilia; yo me baxo con vosotras, por más assegurar lo todo.
Lib.—Mas antes os yd entramos, porque la justicia no entre a escodriñar nuestros rincones; que mi madre e yo nos iremos arriba, y lleuaré yo essos platos con que estás embaraçada.
Grac.—Pues hagan se las amistades luego.
Pin.—Y aun ayudaremos a descorchar los platos antes que la vianda se enfrie.
Lib.—Pues anda, madre, que subo delante.
Mar.—Agora que hay terceros, quiero meter las cabras en el corral a este panfarron, con hazer de la enojada, pues tengo por qué, y dezir que me voy a quexar a Floriano.
Ful.—Paresce os que haueys hecho poco mal en quitar me de hazer seruicio a Dios en quitar malos del mundo?
Fel.—Y quién te hizo a ti Justicia de Dios? calla, que no quieres mirar por la honra de la casa de Floriano.
Pol.—Por Dios, la honra estaria buena, fiada de quien no la sabe estimar.
Ful.—Qué dizes, Polytes? y da me mi espada, que no sé cómo te la fié.
Pol.—A la fe, a más no poder. Pero digo que si esto viene a oydos de Floriano, tú has echado oy buena madrugada.
Fel.—Y aun por esso temo yo que Marcelia no vaya con quexas; que no cabremos en casa con Floriano.
Mar.—Esperad, pues, que yo os confirmaré en esse temor. Liberia, da me presto mi manto, porque ansi como estoy me voy a Floriano.
Fel.—Veys lo que yo dezia? que agora tracta de yrse.
Ful.—Pues que no me dexastes acabar la, estorualde la yda; si no yo la acortaré los passos antes que allá llegue.
Pol.—Esperad, que yo lo soldaré todo; que aqui viene en mi manga vn paño, vn buen acalla necios. A, señora Marcelia, pues yo no fuy el malhechor, oye me dos palabras en esta alcoba.
Mar.—Por amor de ti más que esso haré; pero sea que me dexeys yr presto.
Fel.—Ay, señora, no te fies de esse barbiponiente.
Pol.—Pues mando os yo tener embidia! señora, ues este no es lugar ni tiempo de largas pláticas: cata aqui cincuenta ducados en oro todos, y más esta librança; y que Floriano te ruega que luego comas esso, que por amor de ti tomé trabajo de traer, que te embia de su plato; que por su mano me dio su mesmo plato que le siruieron. Y por amor de mí que perdones los enojos todos, y no se hable más en lo passado; y de aquí adelante mira más por tu casa, y mira que Felisino es muy tu seruidor, y harto ha reñido a Fulminato; por esso baste ya.
Mar.—Por amor de ti mucho haré, y digo que no hablaré más en ello; y tú toma essas quatro pieças de oro para guantes, y no porfies en no las tomar, y perdona lo poco.
Pol.—Por amor de ti las tomo. Y mira que ninguno destos sabe nada desto; por esso, sal a ellos, y dissimula, y cumple con todos.
Pin.—A, señora Gracilia, pues ya se ha derramado el tropel que estaua a la puerta, y arriba ya callan con la paz, subamos a comer del alboroque.
Grac.—Subamos luego.
Pol.—A, hermana Liberia, dame mis platos.
Lib.—En esta alazena estan como los truxiste.
Pol.—Señora Marcelia, Floriano te embia esto, con que combides a Fulminato.
Pin.—Esso me paresce bien.
Fel.—Y aun a mi me paresce que Fulminato desmanche dos rucios o vno de a dos reales para el vino y fruta tras la comida, y no se repita aqui palabra de renzilla passada.
Pol.—Pues que quedays apareados tres por tres, e yo sobro del juego, con tu licencia, señora Marcelia, me voy, pues ya Liberia me ha desembaraçado y aun limpiado los platos. Y tú, Fulminato, toma las armas, aunque de derecho eran de la señora Marcelia.
Fel.—No passe la plática adelante.
Ful.—Pues cata, hermano Polytes, que esto no buele en casa.
Pol.—Por mi parte queda seguro, y todos quedeys con la paz de Dios.
Mar.—Pues en pago de que he hecho todo lo que me has agora mandado, te ruego que bueluas por la respuesta de tu embaxada, pues el tiempo no da lugar a que agora tú te pares, e yo no haga lo que he menester, que es comer, pues aún estoy oy ayuna.
Pol.—Queda te a Dios, que todo se hará como mandares. Pero mejor te ahorquen que no te entiendo; ni aun mejor yo viua que tienes remedio conmigo.
Grac.—Yo voy a llamar mi moça que vaya por vino, y lo que fuere menester, pues ya tengo los dos reales; y en tanto poned la mesa, que no tardo nada, con ayuda de Dios, pues aún no tengo gota en los pies.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XL
Hablando Belisea y Justina de sus cosas, sobreuiene Lucendo, y queriendo tractar con la hija de effectuar de casar la, ella se dize estar mala, por dilatar el término de la respuesta de lo que el padre le pide.
Belisea, Justina, Lucendo.
[Bel.].—Dime, Justina, qué te paresce que podra hazer agora aquel cuya memoria tiene occupados todos mis sentidos? porque te hago saber (pues ya no es tiempo de callar te cosa) que queriendo más recoger me, para más quitar me de pensamientos penosos, el pensamiento que más me dexa atormentada es el que en otra cosa no me occupa, sino en memoria de Floriano: porque le amo y quiero, y con su memoria viuo, y su absencia me mata. Pero ay de mí, que no puede mi poca libertad dexarme le ver, ni mi recogimiento me le dexa hablar: mi castidad me haze illicita su conuersacion, y el amor querria siempre conuersar le; la honra de la casa de mi padre me cierra sus entradas y salidas secretas, que la sensualidad querria, por manera que para más bien le querer me tengo de aborrescer a mí y a mis cosas. Pero, al fin, yo lo he querido, y Dios lo tiene determinado, y ansi torno a dezir que soy suya, y que nunca otro será señor de mi cuerpo sino Floriano, que lo es de mi voluntad.
Just.—O, qué grande es el poder del amor, que ansi desencasa vn compuesto bien concertado y derrama vna voluntad bien ordenada!
Bel.—No me respondes, Justina?
Just.—Qué te respondere debaxo de la gran compassion que te tengo, por la batalla que en ti ay de la sensualidad contra la razon, que tiene temor de perder la posession de su señorio en ti?
Bel.—Pues con más piedad y con más razon te apiadarias de mi triste coraçon, que anda ya a punto de su perdimiento, si bien supiesses mi mal; el qual, aunque yo le passo, ni le sé ni le entiendo, mas de que veo que el tú compadescerte de mí me monta nada, si el que tiene mi coraçon no se apiada dél. Y como temo que me oluida, no descansa mi voluntad, ni cessa de pedir a mis ojos que se le pongan delante, para que todas las potencias se auiuen y reconozcan el bien de dónde les viene. E yo te digo, Justina, que yo bien querria que mi voluntad fuesse muy obedescida en esto; porque yo viendo le, pensaria que no me oluidaua, pues la absencia es madrastra del amor.
Just.—Quando el amor no es postizo, ni cresce en la presencia, ni mengua en la absencia, ni se varia con los tiempos, pues la voluntad y entendimiento de donde quiera buelan a ver lo que aman. Y Floriano amar te, prueua lo bien los tormentos que le causaua tu amor; y dessear te, bien tengo yo por mí que cuenta los momentos hasta verse en la hora; y visto delante de ti, presumo que aun apenas cree, porque dizen: que lo que mucho se dessea, no se cree aunque se vea.
Bel.—Pues que ansi me aseguras del temor que yo podia temer, e yo lo estoy bien de que él no deue tener duda de que le amo y jamás le oluido, qué te paresce que haremos en lo que esperamos de nos ver? Pues ni yo le podré dexar de amar como a señor y amigo y marido, ni podré hazer por él cosa que passo tuerça de la razon en guarda de mi honra y honestidad.
Just.—Pues que estamos a solas, para qué tendre la boca llena de agua, en no te dezir lo que, por hauer bien pensado, no será possible callarlo, vista occasion de dezir te desengañadas verdades?
Bel.—De esso huelgo, y no esperes de mí más licencia, sino que sin salua me digas lo que te paresce libre, que yo deuo hazer tan captiua.
Just.—Digo que no presumas tener las cubas llenas, y las suegras beodas. Y cata que si le amas marido, que toda eres suya de justicia muger. Y si te honras de lo vno y te huelgas de ver le y querer le, huelga de obedescer le. Pues mal meresceras la honra de su muger, sin tener él el prouecho del matrimonio, pues dizen que honra y prouecho no van en vn saco.
Bel.—Bien dixeras (que ya te entiendo tu intento) que honra y prouecho no van en vn saco, quando el prouecho no deroga a la honra, y quando la honra y el prouecho son de vno. Pero agora tú quieres ascribir me a mí la honra (y tienes razon que lo es en ser suya) y a él el prouecho en el gozo.
Just.—Pues bien sabes que quando velan los nouios les dizen que seran dos personas en vna sola carne. Porque quiero que oyas, que bien lo sabes ya, que la honra y prouecho de tu marido es tuya, y la tuya de tu marido juntamente.
Bel.—Bien has hablado; pero cata que la honra es cosa muy vedriada, y muy sotil, y muy fragil, y junto con esto, la que haze immortales los hombres, la que los haze de estima, la que les da imperios, la que los haze ser seruidos, pues vemos que los antiguos por sola la honra arriscaron quanto fuera de ella tenian.
Just.—Ansi es que la honra, mayor contentamiento da al hombre que qualquier temporal otro prouecho. Pero tornando a mi intento, nunca la muger pierde honra con su marido, debaxo deste vinculo de dos voluntades, no se teniendo respecto a otra disparidad, como es si él es de mucha estima, y ella de baxa ralea, o al contrario; o el vno en estremo pobre, y el otro muy rico; o en las qualidades del alma, quando el vno Moro o Judio, o muy vicioso notoriamente, y el otro notoriamente contrario de aquello. Pero donde no ay estos estoruos, quando dos personas que van a las parejas, que solo ay la differencia en ser el vno hombre y el otro muger, se ayuntan, como concurre Dios en aquel vínculo para hazer vna persona de dos voluntades que eran antes y despues se tornan en vna, alli ay mayor honra de entramos quanto más entramos son solo vno. Y con esto baste; porque no soy tan desuergonçada que tenga vocablos más claros; que más vale verguença en cara sobre tal vínculo hecho, que no manzilla en coraçon con tan no castos pensamientos y tan desasosegados desseos.
Bel.—Embuelues tantas razones para concluyr lo que quieres, que algunas vezes como de los cabellos traes la razon para que aprueue tu justicia. Y por tanto, ya no quiero sino que, pues siempre me lo persuadiste, me aconsejes cómo se concluya de manera que lo que a Dios es notorio que passa entre nosotros sin su offensa a mi parescer, sea público a las gentes sin escandalo y de manera que entiendan juntamente ser guiado por Dios, pues sabes que no sólo el buen nombre le ha de buscar hombre con Dios, pero aun con las gentes.
Just.—Y aun es ansi que el buen nombre vale más que toda riqueza, y que éste más tarde se cobra delante las gentes, y aun más presto se pierde con ellas, que no delante Dios, pues el vno mira más en la voluntad, y los otros aun calumnian las buenas obras. Pero lo que me paresce en estotro es: que pues a las mugeres en semejantes casos no se nos permite acometer, y aun se nos dan auisos para guardar nos de no ser acometidas como flacas en la resistencia y muy impugnadas en esto a la virtud, y al hombre como más libre, lo vno y lo otro le es permitido, digo que Floriano te pida por muger a mi señor Lucendo tu padre; que como ello ya esté hecho, y Dios lo ha encaminado, él lo concluyra, y hará que el viejo, veniendo en ello Dios, se sirua, y vosotros gozeys, y el mundo lo loe, pues no hay disparidad de las que arriba ya dixe en entramos. Y aun más digo, que si quieres la cosa más breue, y mandas, yo lo hablaré a tu padre, aunque bien sé que arrastro paño de tan alto negocio para tan baxo delegado.
Bel.—Lo que yo quiero que tú hagas, es: que tú como de tuyo lo persuadas a Floriano esso.
Just.—Que lo haré venida la hora. Pero alli viene mi señor solo; asuadas que venga a te hablar en casamiento; porque hoy han estado con él dos señores, los más altos del reyno, que sé que tenian hijos, que te recibiria por muger qualquier de ellos.
Bel.—Ay, Justina, si vieres que me quiere a solas, busca occasion con que nos diuidas presto; si no, yo soy perdida.
Just.—Pierde cuydado. Pero cobra le en estar sobre auiso en que no te cace en algo de Floriano; que ya sabes qué sabio y sagaz padre tienes.
Luc.—Qué hazes, hija, estás buena?
Bel.—Por cierto, señor, que aún no he tornado bien en mí desde estotro dia.
Luc.—No me marauillo, hija, porque tú eres delicada, y el mal que entra poco a poco, sale de tarde en tarde. Siempre ten cuydado de mirar por ti, y no salir de los consejos de los médicos, para no tornar a recaer. Sienta te, hija, en tu estrado, y tú, Justina, sal te allá fuera. Ya sabes, hija, cómo Dios lo manda y naturaleza inclina a los padres en el cuydado de la prouision de los hijos; en especial de aquellos hijos que la naturaleza más desnudó en su nascimiento. Porque vn paxarito, despues de sacados los hijos, en muchas cosas no tiene menester mirar por ellos, como es el vestir los, el limpiar los, ni el enseñar los hablar ni andar, ni dezir les lo que han de comer, porque con sólo traer se lo mientras no son para yr por ello, naturaleza y la necessidad les dize quál coman y quál dexen, y vn animal por su mesma manera, cada vno como es. Pero al hombre, con dar le Dios esta excellencia de tener vso de razon, le hizo en lo demás menesteroso de las abundancias agenas; porque de ageno viste y come y calça, y aun no a todos se les da el saber lo buscar, y hallado, guardar lo. Y si el cuydado de los hijos ansi pende de los padres, mucho más carga y solicita el de las hijas, como más menesterosas. Y como vno destos cuydados sea dexar en estado las hijas en que puedan seruir a Dios, ansi yo con esta obligacion natural, como por el gran amor que te tengo, quito de mis proprios cuydados muchos ratos del dia, para dar lugar a los que me vienen de contino, de verte ya en mis dias en estado del matrimonio puesta. Y porque ya muchos de mis vezinos han caminado tras el pendon de la muerte, y no sé quándo a mí me llamará su trompeta, cierto de que no he de quedar, incierto del quándo tengo de yr, querria te, hija, dar antes mi bendicion con tu compañero en el thalamo conjugal. Muchos de grande estado al mundo te me piden, y a ninguno (aunque muy importunado) he dado sí ni mano, porque te querria emplear (como thesoro que yo más estimo despues del alma propria) muy a mi honra y tu contentamiento. Porque en todas las obras politicas del hombre humano hauria de hauer voluntad del que las obra, y en especial en este estado, que con paz es de gran bendicion, y contra voluntad tomado, y en desgracia, es gran seruidumbre y vida peor que de galera. Por tanto, sin me detener más dias, me di tu deliuerada voluntad en esto, porque sobre aquella asiente yo la mia, en la conclusion de lo que ya tanto y tantos me molestan. Y cierto si en alguna cosa me paresce a mí hauian de hazer su querer las hijas, hauria de ser en esto; pero hallo que por las leyes diuinas y canonicas y ciuiles las constriñen a no salir de la obediencia de los padres. E por esso aprouando lo por bueno, tú harás mi voluntad en que me digas la tuya luego.
Bel.—Siendo yo la hija que más deue a su padre que de mi manera haurá en esta vida, nunca Dios quiera que comience en mí el exemplo de la ingratitud y mal consentimiento en el no te obedescer muy por entero a lo que me mandares. Porque si otras hijas son obligadas a sus padres porque son padres, yo a ti porque eres padre y madre, y señor y regalador y abrigo mio. Pero más pienso que meresceré delante de ti en hazer tu mandado en esto, en forçar me a querer hallarme sin ti vn hora, que no por otras causas que la honestidad suele mouer a las honestas hijas, en obedescer a sus buenos padres. Y ansi sepas que quando me dieres marido, le tomaré; quando me metieres monja, lo seré; y quando me mandares yr de tu casa, yre; y quando quisieres que no vaya, no yre; aunque tanto más mejor te obedesceré en que quieras que no te dexe, quanto menos regalo espero tener sin tu presencia. Pero más quiero como hija hazer tu voluntad, que como regalada dessear mi contentamiento. Y ansi como no determino de dezir nó a cosa que tu voluntad sea, ansi no te quiero sacar condicion alguna, porque en apartar me de ti hallo la mayor pérdida que jamás hija perdio, y en no hazer tu voluntad sería la más de culpar del mundo.
Luc.—Has hablado, hija, tan prudentemente, que con tu sí tan libre que me das me dexas más captiuo mi querer al tuyo. Y ansi te prometo al amor que te tengo: que tractando esto, no te mire como hija en te mandar, sino como a muger en no hazer cosa sin tu expresso consejo y contentamiento. Y por esta razon te quiero en particular dezir quiénes son los que te me piden, y con quién soy más inclinado a cerrar en esta cosa: para ver lo que de cada vno sientes.
Bel.—Ay, mezquina yo, que agora que entramos en lo especial temo, que hasta agora todo ha sido querer en general; y ansi no estaua yo tan constreñida a declarar me con quién quiero por nombre, y a quién no quiero.
Luc.—A quién dizes que te inclinas más en lo particular? que no te oy bien. E ya te digo que ni por dezir me tu parescer te tendre por más atreuida, ni por hablarme claro por menos buena y honesta.
Bel.—Señor, a Dios gracias, la poca contractacion que tengo fuera de con mi gente me quita del vicio que llaman accepcion de personas, en tachar a vnos y aprouar a otros, pues a todos los ignoro, y a todos quiero bien, y a mí tengo por no merescedora del menor, y más suez que tu voluntad fuere de me dar. Pero mira que viene Justina, y deue de querer te algo.
Just.—Mucho va adelante la plática: quiero despartirlos.
Luc.—Quieres algo, Justina?
Just.—Señor, que mires que ha rato que se apeó el adelantado mayor, y deue estar te aguardando.
Luc.—Pues voy, que esta plática se concluira para la obra otro dia plaziendo a Dios; queda te, Justina, con tu señora, y tú, hija, mira que te solazes, pues de tu plazer huelgo yo mucho.
Bel.—Yo te haré esse plazer de oy más.
Just.—Que te paresce, señora, quán a mano tramé la mentira?
Bel.—Ay, que peor es si sale en balde, que luego tornará enojado.
Just.—Entonces no faltará otra y otras diez; en especial que ya él vino endenantes. Pero como viene tantas vezes, no sé si se tornó a yr o no. Pero, cómo te ha ydo?
Bel.—Qué quieres que me vaya? Pues ya a lo claro quiere concluyr de casarme.
Just.—Y qué le dixiste?
Bel.—Que no saldre de su mandado.
Just.—Bien fue ansi; pero en lo particular, de quién te nombró?
Bel.—Ya lo començaua quando nos atajaste; pero quedó que otro dia me lo dira, para que yo escogiesse quál mejor me agradasse a mi parescer.
Just.—Agora te digo que está andado el medio camino, y piensa que ordena Dios esto. Yo auiso esta noche a Floriano, para que sea él vno de los que te pidieren, para que si a bueltas de los otros te lo nombrase tu padre, puedas cerrar con él, y ansi no se sentirá.
Bel.—Bien está; ansi se hara bien; encomendemos lo a Dios todo.
ARGUMENTO DE LA SCENA XLI
Estando en palacio Fulminato y Felisino y Pinel, tractando de lo que acontescio a Fulminato con Marcelia, sobreueniendo Polytes y Lydorio, tractan de qué cosa sea la fortuna, y despues se desparten para yr se a apercebir para la jornada de la noche.
Fulminato, Felisino, Pinel, Polytes, Lydorio.
[Ful.].—Agora que, hermanos, estamos en casa, quiero daros razon de lo que en casa de Marcelia vistes que passó, que me haueys pedido que os diga.
Fel.—Como ya te lo hauiamos pedido tantas vezes, ya yo tomaua el tu callar por respuesta.
Pin.—Yo porque sospeché que fue sobre la capa, callaua yo ya; porque veo que no lo recibe Fulminato de buen gusto.
Fel.—Agora digo que me espanto de tantos chismosos, y por esso dizen que el miel y la mentira para el fondo tira; y ansi luego es alcançado vn mentiroso. Dicho me auian a mí, pues, que anoche hauian capeado a Fulminato, y aun que si no tuuiera buenos pies, que quiça con el capear fuera el caparle.
Pin.—Tirte a fuera: esso malo era. Pero dixeron me a mí que el dexó la capa por huyr de dos garçones que le corrieron la çapata. Pero como despues yo mesmo la vi lleuar al ladron que yo no pude alcançar, y sacar la den casa de Marcelia, todo lo tuue por burleria.
Ful.—No en balde dijo Esopete a su amo: que no hauia cosa más amarga ni más aguda que la lengua. Y no en balde es dicho la muerte y la vida está en poder de la lengua, y que no ay peor cosa ni mayor pestilencia para toda congregacion pacífica que la lengua doblada que siembra discordias. Y ansi huelgo que veays qué crédito se ha de dar a semejantes flaquezas dichas de Fulminato de oy más. Pues que si dexé la capa caer, fue porque no cayesse el ánimo desseoso de alcançar a aquellos vellacos, que senti por más sueltos de pies que yo.
Fel.—A la fe, en tal caso poco es dexar la capa. Pero dexando esto, nos di, qué auias con Marcelia? que no ay quien os entienda a los dos vuestras algarauias; vosotros os enojays, y os confederays quando se os antoja.
Ful.—Y aun essa más gracia me dio Dios, que nunca muger me acabó de entender, porque con ellas siempre os haueys de hauer bien, vuestro derecho a saluo: de manera que si la castigaredes, os tema y si la halagaredes, no se os atreua.
Pin.—Y aun ansi dizen que la muger y la sardina, de rostros en el fuego. Y aun que la muger y el fuego para que luzgan, a coces, aunque esto tiene haz y enues. Porque si la muger se aueza al castigo, y os toma el pulso hasta quanto os pese la mano, tiene ya, como hecha a las armas, el ser castigada, por solo dar os enojo y salir con la suya.
Ful.—A la fe, no la dexar criar malas costumbres desde nueua; porque vna bestia mular, cobrando vn siniestro, ella muere, pero no le pierde: y ansi no menos es de la muger. Por donde digo que el ser buena o mala vna muger, todo consiste en saberla tractar a los principios, que la hazeys a la carga de vuestra voluntad.
Pin.—Pues dessa manera, cómo quieres tú apoderar te, con Marcelia, que la començaste a entrar al cabo de Dios os salue? porque ni le podras ya quitar la marca del que la selló primero, ni las costumbres en que ya se ha criado, y madurescido, y aun començado a enuejecer, la pienses quitar, pues ya en ella mudar costumbre es le a par de muerte.
Fel.—Y aun por esso me paresce a mí que haze mal Fulminato en querer domar ya yegua con potranca, tan grande como la madre; en especial que no la tiene tan por suya, que con tales tractos no le cambie por otro que la regale.
Pin.—Más quiça está ya hecho, porque no la veo yo tan buena de contentar, que con la ordinaria prebenda de Fulminato se mantenga. Pues hartar, bien vemos que es por demas, pues es muger, y no vieja, y suelta; que diz que buey suelto bien se lame.
Ful.—A la fe, en sólo el apetito hambriento de recebir y pedir la he hallado siempre suelta.
Pin.—Pues cómo, y agora sabes que la muger es vn género de animal imperfecto, que para suplir su imperfection en lo vno, siempre dessea al varon como la tierra al agua? y no sabes que ansi abre las manos al tomar, que no sabe tener rienda en el recebir? Y no me pidas más de que sea vna muger auarienta, que yo te la vendo por viciosa y confusion de toda virtud; y si esto no es ansi, diga lo el señor Lydorio, pues lo traxo Dios a tan buen tiempo.
Lid.—Qué es lo que tengo de dezir?
Fel.—Que estaua prouando Pinel que el vicio de la auaricia es muy peligroso, mayormente en las mugeres: esto te preguntan si es ansi?
Lyd.—Digo que dize muy gran verdad, porque ansi está escripto: que la rayz de todos los males es la cobdicia. Y aun ansi dize el sabio: que no ay mayor maldad que amar el dinero; y en tanto es malo el vicio de la auaricia, que es contado por idolatria, que es dexar de adorar al criador, adorando la criatura.
Ful.—En ley de christiano no ay peor mal.
Lyd.—Pues esse tan grande, le causa la auaricia en el hombre, como vicio más detestable de los otros vicios, porque donde asienta roba todas las virtudes, y donde él está ay tiniebla, y este vicio es vn ñublado de las virtudes, que todas las absconde. Y ansi aquel potente Marco Crasso amató en sí muchas virtudes que tuuo con solo ser auariento. Y aun es vicio que, con hazer robar lo ageno, haze al que lo ha robado ser robado y enagenado de sí mesmo, por ser esclauo de la riqueza que ha robado y tiene; y ansi dizen que el auariento más es tenido de la riqueza que la riqueza dél. A esta causa muchos de los amadores antiguos de la sciencia desterraron de sus academias la riqueza, por poder aposentar la sciencia; y de sus casas lançauan el thesoro, por encerrar el sosiego; y de sus personas alongauan el amor del dinero, por se hazer amadores ricos de la virtud.
Ful.—Si las cosas hauian de yr medidas por esse pesso, a pocos conuenia el pesso de la moneda, y menos a la muger, por lo que yo me sé.
Lyd.—Ansi es, que a todos es dañosa la auaricia, y a la hembra es pestilencia, y aun pestilencia de las modernas, que no las hallan cura los medicos. Porque dad me una muger auarienta, y no me nombreys virtud que le quadre, ni vicio que no aya en ella, o se presuma hauer. Porque si es moça y hermosa y auara, yo os la daré más comun que el pan en la plaça y los abbades en las iglesias; y si es fea y moça y auara, potajes haze de su persona, y embustes para contentar los hombres, para ganar les la moneda, que no se pueden nombrar, porque faltaria tiempo, ni se deuen dezir, por a reuerencia de las que son buenas.
Fel.—Y aun cierto oy en dia gran acatamiento se deue hazer a vna muger buena.
Lyd.—Y aun en tanto se deue estimar la cosa, quanto con más difficultad se halla; porque sin perjudicar ninguna en particular, mi opinion es: que pocas ay que quieran dexarse caer a la mano del hombre, que no quieran que es de. Y si no lo sabeys: quántas casadas y ricas, y que tienen hechos los maridos a mandado suyo y muy a su mano, y vienense a pegar a vezes con vno que es asco verle?
Pin.—Que digo, señor (hablando con perdon) que aunque los maridos sean muy viles, y los amigos muy loçanos, y muy a desseo y contento de ellas, y ellas en estremo ricas, siempre quieren doblada substancia, que es la del marido en todo, y la del amigo, en el cuerpo y en la bolsa. E ya que les falte buena color para pedir a los pobres, que lo han de lazerear por darlo a ellas, que les sobra, a lo menos toman achaque de pedir con dezir: dad me qué trayga por vuestro amor.
Ful.—Por el cerrojo de Burgos, que hablas como experto.
Fel.—Asuadas que en tales andolencias se le desgaja a él el partido.
Pin.—Sea lo que fuere, cada qual siente sus duelos, y Dios remedia los de todos. Y di, señor Lydorio, hasta concluyr tu plática, porque si no tractas de todo género de mugeres, injurias las vnas y abonas las otras: porque, a mi ver, más presa haze la auaricia en los viejos, aunque no alcanço el por qué.
Lyd.—Porque como les va faltando el mundo en el viuir, querrian tenerle (como dizen) por los cabeçones, y buscan la virtud adquisita terrena, como les va faltando la virtud natural, y ansi todos guardan; porque como ellos van faltando ya al mundo, ansi piensan que todo les tiene de faltar a ellos. Y por tanto bueluo a mi intento, que la auaricia en la muger, y muger vieja, es más peligroso mal, porque la haze embaidora, hechizera, alcahueta, y amiga y aliada del demonio.
Ful.—Y aun pese a tal con las que desde temprano aprendieron todos eassos officios.
Pin.—Ay te duele aún? pues con tu pan te lo comas, que a la verdad ello es ansi; que como ay oy en dia imitadores de los virtuosos passados, tambien ay remedadores de los viciosos antiguos.
Lyd.—Y aun para el remedar los viciosos más precipites son las mugeres; y para intentar vn vicio qualificado. Porque quién de los hombres intentará hechos procaces y nefandos y feos y malos en todo genero, como muchas de las mugeres de los siglos primeros? Y porque calle los que en historias sacras son referidos, por la grauedad y magestad de las sacras escrituras, quién, empero, yguala con la auaricia de aquella Tarpeia, siendo donzella y recogida, y a quien no faltaua cosa en la casa del alcayde del Capitolio, su padre? Pues no diremos que andando por el mundo aprendió tanto que con auaricia pudiesse poner a Roma en el estrecho que la puso. Quién por tan poca cosa hiziera tan gran mal como Eriphile, en vender al marido tan bueno y tan estimado, y que tanto la queria? Quién hiziera, con suzia carnalidad, lo que Pasiphae, muger del rey Minos? Quién con saña vengatiua perpetrara lo que las dos hermanas Progne y Philomela? Quién por solos amores, aun no gozados, ni aun más fundados, con solo ver el amante, y aun desde lexos, se dexara prender de la yerua de flecha de amor en la manera que Scylla, para executar su venenosa ponçoña en cortar la cabeça a su viejo y dormido padre el rey Niso? Quién se atreuiera a lo que Myrrha, enamorada de su padre Cinara? Quién pudiera abatir tanta gloria de reyes, y desolar tantos reyaos, y acocear tanta gloria de famas de monarchas, como el mal gouierno de la persona de Cleopatra en Egypto? ni Helena en Troya y Grecia? y si concluymos: con la nuestra Caua en España? Es nunca acabar escodriñar libros en buscar exemplos, para probacion de cosa en sí tan notoria.
Ful.—De aqui infiero yo, para salir de la plática, que tenian razon los antiguos en tener por cosa de gran tomo y poder a la fortuna, pues podia y bastaua a fauorescer a que personas tan effeminadas y suezes y flacas saliessen poderosamente con hechos de tanto mal y daño, como las antiguas que Lydorio ha contado, y como[695] muchas de las modernas que yo me sé, que tracto con gente que las sabe y las haze. Pues más agudo tiene el ingenio vna mala hembra para cien males[696] que diez varones para intentar de repente vn mal, y vn caso feo, y vn hecho espantoso a los buenos, y temeroso a los flacos.
Fel.—Pues por Dios que tú, Fulminato, leuantaste plática cuya consideracion muchas vezes me tiene atonito: ver quán dispares cosas encamina la fortuna.
Pin.—A la fe, los males encamina los la astucia del nuestro enemigo, y accepta los y aun obra los la nuestra propria, y los bienes encamina los el gouierno y prouidencia diuina. Porque si yo quiero y Dios quiere guardar me, ni basta vna fortuna imaginada, ni muger artera, ni aun el diablo tan poderoso, para derrocarme a vn mal que sea daño del alma, que en lo demás temporal callo y subjecto me al parescer de los sabios en esto, y a la iglesia en la fe.
Lyd.—Tú dizes bien, Pinel: que la escusa que no los escusará a los que no quieren enmendarse del mal, es dezir que lo hizo el demonio, que fue su hado, que lo gouernó ansi la fortuna, que fingidamente era deificada de los insipientes y ciegos antiguos, teniendo la por diosa, con otros muchos mentidos dioses que ellos inuentauan a sus propositos cada vno.
Pin.—Pues porque vno de los bordones comunes de los enamorados que hablan de sus amores escriuiendo o trobando, luego a mano tractan querellas de la fortuna, nos di, señor Lydorio, algo de la fortuna.
Lyd.—Digo que más querellas formaria ella de ellos si supiesse quexar se.
Ful.—Pues qué cosa es, que tanto de ella hablamos, y tan poco la conoscemos?
Lyd.—Segun el error de los antiguos, ella era vna de sus dioses mentidos (como ya dixe) y fingieron la que gouernaua a su libre querer este mundo, y traya los hombres en vna voluble rueda asentados, por manera que al que le plazia, boluiendo su rueda, baxaua, y al que le plazia leuantaua; a vnos daua lo que a otros primero quitaua, y a vnos vestía, desnudando a otros.
Ful.—Esso a cada passo lo vemos, que muchos que no merescian la sal que comen, les sobra el bien, y otros que lo merescen y son para ello no tienen vn pan; y vnos bien siruiendo no medran, y otros crescen sin por qué como esponja, con no ser para dar migas a vn gato, porque salga cierto el vulgar: que da Dios hauas a quien no tiene quixadas. Y ansi como parezca que estas sean obras de fortuna, cierto, como no guarde la justicia en su distribuyr, no deue de ser buena cosa.
Lyd.—La fortuna es vn subito y no pensado caso de las cosas que suelen acontescer.
Fel.—Y aun ansi, veo que la fortuna es vna manera de feria, que cada merchan habla de ella como en ella le fue. Porque la fortuna por muchos es llamada, por otros culpada, por muchos desseada y por otros huyda, por muchos loada y por otros muy reprehendida; por muchos honrada y, por otros baldonada y menospreciada y tachada; por vnos es tenida por ciega, vagabunda, inconstante, varia, incierta, fauorescedora de indignos, y enemiga y contraria de buenos y valerosos y animosos; y por otra parte, si la miramos la veremos en sus effectos totalmente contraria de todo esto.
Lyd.—Todo esso y aun más cabe en el ser sin ningun actual ser de la fortuna. Porque a las vezes vence la potencia de mil y el consejo de ciento, con sólo vno; y amata la juventud, y anima la edad decrepita, segun le plaze; y ansi la llama vn poeta inconstante, fragil, fementida, deleznable. Y por tanto, los antiguos, que la adorauan por diosa, la fingieron como donzella, ciega y con alas, y dauan le vn cuerno o bozina en la mano, para tocar le como a monteria, y con él derramaua oro por vna parte y esparzia sangre por la otra. Y dauan le en la otra mano vn gouernalle de nauio, y ponian la vn pie sobre el qual se sustentaua, puesto sobre vn ancora, y en aquello declarando sus atributos que ellos le dauan, entendiendo de ella que gouernaua el mar y la tierra. Porque tenia vn pie en el ancora, y el otro encaminaua a poner sobre la tierra, sin llegar con él al agua. Y que daua riquezas a vnos, y afanes y muertes a otros de los que seguian tras su llamado. Y llamaua a son de monteria, por la inconstancia que ella en sí tenia, y el poco sosiego que tienen los hombres que andan en la monteria occupados, y por la incertinidad que a manera de caça, inciertas son las ganancias de la caça, y vn muy engolosinado afan de incierta posession de lo que muchas vezes buscando, o no pueden descobrir lo, o sólo lo pueden ver, y las menos vezes cobrar. Pintauan más a la fortuna ciega, o bendauan la los ojos, significando que los fauores o riquezas o afanes que daua son por vn caso fortuyto y por vn acaescimiento no pensado. Pero esto que ellos llamauan fortuna, y algunos llaman por nombre de hado, que tambien los ciegos gentiles, cuydadosos de buscar dioses, y descuydados de conoscer al Dios criador verdadero, venerauan las hadas que ellos llamauan Parcas por diosas hijas de la diosa de la necessidad; porque les dauan poder aun sobre los otros dioses, en lo que ellas disponian quanto a la gouernacion de los hombres y del mundo. Y ansi dezian que lo que ellas tenian determinado entre sí, que de necessidad acontescia, y no por puro acertamiento. Pero esta fuerça o poder de los hados no tiene más ser ni más poder (como ni el de la fortuna), ni más eran de en quanto los que las venerauan les querian dar. Porque desde siempre que ay cosas causadas, han de tener principio en la causa primera, y todas las cosas que en sí tienen successo e orden natural las dispone naturaleza imperada por Dios. Y todo lo que se haze, que su ser no sea priuacion (como es el peccado), pero sea cosa que tenga ser, en quanto es causado, procede de la causa primera que es Dios, y es cosa ordenada, la guia, y ordena, y dispone la diuina prouidencia y saber infinito de Dios, o que por sí, o que por sus causas generales, que en él tomaron la tal virtud. Porque ni ay más fortuna, ni ay más hado que fuerce al hombre a hazer lo que en su libre poder consiste, ni es escusacion de los que quieren larga licencia para peccar, dezir que les forço el hado o la fortuna; que si bien hazen, por Dios lo obran, y si mal, por sí mesmos. Puesto que quanto á las inclinaciones naturales, variamente son en los hombres: que vnos son más inclinados a vn plazer o a vn vicio que otros, y otros más a vna virtud que otros; pero en solo esto, ni consiste el merescimiento ni desmerescimiento, ni es causa principal ni de nuestro bien ni de nuestro mal. E si el paje no saliera ya a llamar me, más dilatara en esto, porque es plática prouechosa a mancebos que quieren saber oyendo y acertar sabiendo.
Fel.—Y aun ansi nos pluguiera a todos de que fuera ello adelante. Pero desde agora te lo suplicamos para otra semejante coyuntura y vagaroso espacio como el que agora hemos tenido, que no ha sido poco.
Pol.—A, señor Lydorio, Floriano llama a ti y a Fulminato.
Ful.—Pues bien fuera que me embiara a dezir para qué, para que de camino lleuara mis armas si el caso lo pide.
Pol.—Anda ya, que baste la capa que dexaste caer huyendo, y la espada que yo te saqué de la mano algun dia.
Pin.—O, pese a tal, que si te oyera, no cupieramos en casa. Y tú anda luego a Marcelia, que te queda aguardando, y rogo me que te lo dixese; que creo que te ha hallado buen fregadero de su comezon.
Pol.—Pues ser le ha escusado pensar de rascar se con tal mano; ay está el brauo de Fulminato.
Ful.—Qué dizes de mí?
Pol.—Que entres a Floriano, porque ya ha entrado el camarero, y llamando os juntos, pondras sospecha en Floriano que te acouardas en la obra, si algo de tomo te quiere mandar.
Ful.—Pues por quitar a él y aun a vosotros de essos scrupulos, entro.
Fel.—Pues, Pinel hermano, vamos a la despensa y preuengamos los cuerpos antes que por ventura los hallen flacos las armas, si nos las mandan tomar.
Pol.—Y aun esso es lo acertado; yo tambien entro tras Fulminato; que Marcelia, aunque sea entendida, a lo menos no será de mí ni oyda ni creyda ni obedescida.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XLII
Marcelia lleua la carta y mensaje de Floriano a Belisea, con la qual y con Justina passa grandes pláticas sobre los bienes y males que ay entre los casados. Va se Marcelia a su casa, y queda Belisea con Justina, y lee el papel de Floriano. Justina torna a persuadir a Belisea que concluya el matrimonio con Floriano, venida la noche.
Marcelia, Liberia, Belisea, Justina.
[Mar.].—Pues que ya claramente he visto el desapegado amor que Polytes me muestra tan al descubierto, ni yo en le aguardar más hago mi prouecho, ni aun para lo que le yo quiero, ya que venga, tengo buena esperança dél. Y pues él tiene ya muger con quien cumplir y niña y apropriada a su juuentud, quiero contentar me ya dél con lo passado, en lo por venir perdiendo esperança. Pues si con no se hazer lo que queremos, esso hemos de querer que podamos, y ansi como ansi no lo hauia gana, dixo la raposa. Yo quiero dar conmigo en casa de Belisea, con la carta que traygo en el seno, de Floriano, porque no es razon que tan presto a dineros pagados le muestre los pies quebrados. Pero maldita sea esta rapaza, qué callejera se ha tornado, que no para de ydas y venidas en casa de Gracilia, que ni agora la veo para poder me yr, ni he tenido tiempo, ni ella ha parescido para preguntar le qué fue de la capa de aquel desuella caras. Voy me de aqui, que quiça de camino le dare mala ventura.
Lib.—O, bendito Dios, que ansi se ha hecho tambien que aun está mi madre arriba. Asuadas que tambien haurá tenido occupaciones acá, como yo en casa de mi prima con aquel diablo de ropauejero. Y no vistes el diablo quántos rodeos traxo con mi prima, hasta que la hizo quedar me sola con él? y aun que pienso que tambien lo entendio mi prima como el que lo negociaua. Y aun como yo, que no me pesó mucho a la verdad, porque al fin aquello me gané por el presente, y más mi sauoyana muy a mi proposito, y guarnescida, que por lo menos lleua vna vara de raso, y la costa de la seda de los pespuntes, y la hechura, que por mi salud él me pagó harto mejor que vn escuderote peynado; aunque al diablo lo encomiendo si con ser tan orgulloso, no me daua vn hedor de sí, que a hadafina me paresce que tengo de oler toda esta semana. Pero pues tiene la persona lo que le cumple, y a su prouecho, passar cochura por hermosura; que á mi prima, pues le traygo la llaue de la puerta que le cerré, quando venga por ella, si mi madre no está en casa, me tengo de mostrar tan enojada, que con hauerse hecho, yo quede por ser entendida, y ella quede espantada de mí. Pero mi madre baxa, quiera Dios que de camino no ayamos bregas por la capa, que sabe Dios quánto rehuso este trance. Pero al fin el otro se quedará sin ella, y el que la lleuó sin la loba, y con mi madre no faltará con qué la satisfazer, quanto más que pocos ñublados duran vn mes, ni tales renzillas allegan al año.
Mar.—De dónde vienes di? nunca has de parar en casa?
Lib.—Vengo de acabar de sacar esta lauor de en casa de mi prima, antes que le lleuassen vn dechado donde está, que es agora nueua y se la emprestaron, y muy de priessa, vna donzella que la hurtó a su señora por cosa muy preciada.
Mar.—Pues di me, qué fue de la capa de grana?
Lib.—Para qué, madre, buscas achaques de reñir conmigo el mal de Fulminato? ya no diste palabra a Polytes y a los otros de no hablar mas en ello? pues ya el Fulminato la da por perdida, pues en presencia de Pinel y de mi prima y mia se nos coló el ladron con ella, que Pinel no bastó a le alcançar.
Mar.—Pues paresee te que fuera mejor para que tú te la cubrieras, que no que la hurtaran por tu descuydo, ya que Fulminato la dexa?
Lib.—A la he, bien ansi: déxala él porque más no puede, y aun por no se afrontar en dezir que la dexó caer por huyr de los otros; pero por mi salud que no es tan franco que si él supiera que la teniamos nos la perdonara; y aun que si él pudiera, y gente no viniera, que él no lo hauia oy sino por sacarte alguna moneda por ella. Y aun por mi salud, dexando todo esto, que en ser suya no la viesse nadie a mis cuestas, porque ni era mi honra, ni él acabara de çaherir que fuera suya y me la hauia dado. Ansi que, madre, más me quiero libre descubierta que con capa de tanta subjection.
Mar.—Bien dizes, pues, hablando la verdad. No te vayas de casa, y cierra tu puerta, y adereça essa casa, y ten auisada a tu prima que no te falte a la cena, pues la tendremos a discrecion a costa agena. Y no te descuydes de la puerta quedar abierta, pues vale más que llame quien viniere, y no estando yo en casa, a todos puedes escusar la entrada, pues más hemos de tener del ser buenas y honestas, porque al mundo maligno y la vezindad sospechosa hemos de ser recatadas. Ansi que anda, cierra, que lo vea yo, que luego torno.
Lib.—Bien me ha querido Dios, pues tan a mi saluo se ha hecho todo; yo quiero entender en adereçar mi casa, que a mí se me trasluze que esta noche hauremos mi madre e yo tener platos y aun camas dobladas. Porque segun veo, el despensero, si viene, no querra yr fuera a dormir, y si al compañero yo le albergo como a Felisino la primera noche, sin que mi madre lo entienda, como aun no ha imaginado lo otro, yo andaré a las parejas con mi madre el camino del plazer, sin gastar calçado del crédito de mi integridad. Y si no fuere ansi, salga por do saliere, pues al fin ella lo ha de saber, e yo no lo tengo de dexar de hazer. Pues quiero, como dizen, a tuerto o a derecho, que mi casa vaya hasta el techo, como lo va la de mi madre; pues bien aya quien a los suyos sale.
Bel.—Qué hazias agora, Justina?
Just.—Estaua pensando cómo nos ha de succeder esta noche, y cómo diré a Floriano lo que le tengo de dezir.
Bel.—Y qué es esso que le has de dezir?
Just.—Que te pida por muger mañana en todo caso.
Bel.—Y que aun toda via te paresce que será bien ansi?
Just.—Tanto, que no me paresce consejo mejor.
Bel.—Cata que estas cosas suelen salir muy a otro puesto que las encamina el desseo de los que las tractan, quando a Dios le plaze.
Just.—Contra tal poder no ay lança enhiesta; pero aquí no pienso yo que vamos contra Dios, sino con él y por él.
Mar.—Bien me ha encaminado Dios, que no he visto ni he sido vista de cosa que ponga estoruo; y pues ya me sé el por dónde, entro en busca de Justina.
Just.—Señora, señora, cata dónde entra Marcelia.
Bel.—Pues yo me entro a mi camara; queda te y lleua me la allá, pues que no ay por aqui quien nos vea.
Just.—A la fe, señora, como ladron de casa: tan presto será contigo en tu camara como tú, pues ya ella viene dentro.
Mar.—O, qué buen encuentro, hermana Justina! pues y cómo huye de mí mi señora Belisea?
Just.—Calla y anda y sigue me, que te quiere en su camara, pues esta sala es lugar comun.
Bel.—O Marcelia, vengas por cierto muy en buen hora. Cierra, Justina, essa puerta de mi camara, y torna te aqui conmigo, y tú, hermana Marcelia, te sienta aqui par de mí en este estrado. Y di me, porque acortemos pláticas (pues es tiempo éste donde entran y salen las mugeres, y aun otros, a ver me) fuyste a lo que te rogué en casa de aquel cauallero?
Mar.—Y luego de camino, y vengo de buelta, que antes no me ha dexado preguntando me cosas, vine a te dar la respuesta de lo que hize. Que yo le di tu anillo, y él le puso luego con muy grande acatamiento en el dedo del coraçon.
Bel.—Pues qué hazia?
Just.—Torno me [a] apartar, pues que hablas en secreto, señora.
Bel.—Anda, llega, que bien huelgo que seas testigo del gozo que siento en hablar con Marcelia destas cosas; pero di me, qué hazia Floriano?
Mar.—Señora, toma esse papel que a la sazon que yo llegué acabaua de escreuir, que lo que me dixo dando me lo, fue: Toma, hermana, y lleua a mi señora este papel, para que hasta que yo vaya a ver la y cumpla su mandado, ella tenga en qué se occupar en leer le. E diras le que le suplico enmiende lo que faltare, porque yo no sé lo que en él va escrito, mas de que estando meditando en la gloria de su presencia, la mano, adestrada por el entendimiento, yua escriuiendo sin yo pensar qué escriuia, aunque bien sé que pensaua y meditaua en mi señora; y sé tambien que la mano no sabra escreuir cosa que no sea de mi señora. Ansi que en esto podras ver lo que Floriano hazia, y en lo que agora te doy en este papel verás asuadas lo que él querria que tú hiziesses por él. Y mira que ya te lo he dicho de mí para ti, y agora te pongo por testigo a Justina, que no me culpará Dios el no te hauer aconsejado: que mires que (por honesta y casta que seas) ya él es tu marido, y tú su muger, y entre el marido y la muger, para que aya perfecto vinculo de matrimonio, son menester las cosas que te quiero dezir si me das licencia.
Bel.—Antes holgaré de oyr las, y Justina no menos holgará, pues a ella como a mí le incumbe saber las, y a ti que lo has tramado, y tienes tan buen crédito de mí y aun de ella, compete el dezir lo, que la falta de experiencia a nosotras escusa no saber, y a ti obliga dezir.
Mar.—Pues que ya me paresce que, loado Dios que lo encaminó tambien y lo acabará mejor, lo tengo de hauer con entramas, digo que entre el marido y la mujer, para que el estado del matrimonio les sea bueno de lleuar, es menester lo primero, que aya la liga del amor, y lo segundo el sí del consentimiento de las voluntades en lo interior, y el sí de las promesas en las palabras en quanto a lo de fuera. Y es menester que tengan vn querer y vna voluntad y vn no para en lo malo, y vn sí para en la virtud. Es menester que aya paz en la habitacion: porque donde no ay paz, no mora Dios; y donde no mora Dios, no ay ni puede hauer bien de perpetuidad.
Just.—Por cierto, en todo me paresce que hablas sabiamente, y que no ay más que dezir.
Mar.—Pues antes quiero que sepays, pues os tengo de hablar al claro, que si no ay más que dezir en mí, que ay más que hazer en vosotras.
Bel.—Y qué?
Mar.—Los effectos del matrimonio, en quanto al ánima, y en quanto es sacramento, digan lo los letrados castos y estudiosos. Pero los effectos en quanto al ayuntamiento de las personas, dire lo yo, que ya, por hauer passado por ello, me veo con vna hija en mi casa viua y otro hijo que me lleuó Dios al cielo. Y creed me, aunque entramas os mireys más, y os concomays más, y os compongays más: que mientras los maridos no os descompusieren de virgines, que ni saldra a luz el por qué del matrimonio, ni aun faltará en vosotras qué dessear, y en ellos de qué se querellar, y por esso dizen que antes que te cases, mires lo que hazes. Y este refran entiendo le yo ansi: que antes que la muger o el hombre se casen, miren lo que hazen: que todo es en casa agena, y todo será con peccado, y todo será malo. Pero despues de dicho el sí la muger y el hombre, más es menester el hazer que el mirar: pues, como dizen, todo se cae en casa.
Bel.—No tengo por buena tu declaración, ni aun por seguro tu consejo; que ya no quiero dezir que no te hemos entendido adonde nos encaminan tus razones, porque esso ha de hazer la muger, de que no tengan que la retraher.
Mar.—A la fe, ya, señora, sobre mojado llouerá, segun veo; porque, pues tú dixiste sí, por donde te llamen casada, muy annexo es el dezir que hauras de salir preñada; pues en la preñez de la casada no se hablará de que se empreñó, sino de que dio sí por donde a ello se obligó.
Just.—Caro costaria si tras el dicho anduuiesse luego el hecho, pues más serian las arrepentidas, y aun las escarnescidas, que las escogidas.
Mar.—Y aun sin esso y con esso son más las arrepentidas, y quiera Dios que acabado el meollo del pan de la boda, y hauiendo de entrar por la corteza de los cuydados y sinsabores del mantener de la casa, y seruir al marido, y contentar a los hijos, y pagar los criados, no os comience a salir el descontento. Pero porque ya han tocado a visperas, y a mí el cuydado de la casa me quita el reposo, y a vosotras el regozijo que esperays os quitará el sueño, tú, señora Belisea, me da licencia para me yr, y perdon por lo hablado, si en algo tengo excedido, y ruego te que no te arrepientas de no te hauer aprouechado del tiempo, y con esto me voy, porque tú puedas leer tu papel, que te lleua las atenciones en lo que te hablan. Y para el dia de la boda no me despido de te venir presto a besar las manos, y aun despues a empañar los hijos.