INTRODUZENSE EN LA PRESENTE COMEDIA LAS PERSONAS SIGUIENTES (continued 3)
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Fel.—Andando hazia allá, te diré cómo me pienso auer. Abezar el estomago a poca vianda, y ansi, quando tuuieren extraordinario, tomándolo loaran a Dios por poco que sea, como pupilos de plato tassado.
Pol.—Hi, hi, hi, qué ordinario quieres tú donde quantos escriuieron desto no hallan en mugeres medio, sino vno, que en esto las pone en extremos de contentamiento?
Fel.—Pues yo no lo que los libros, pero lo que mis fuerças basten les daré; y aun de alli quitando algo, y si más quisieren, que musen.
Pol.—Si ansi lo guias, tú serás vezino de Cornualla, y tendras possession en Ceruantes conoscida, adonde andes a caça de cuclillos.
Fel.—Por esso bien que no tienen mi palabra por más de quanto turare el vso y fruto; que por temor de essas aues temo el perpetuo vinculo. Y ansi más quiero andar a lo fresco, oy aqui, mañana alli, que perpetuar casta.
Pol.—Si ansi te sabes auer, serás sabio, porque gran afan es buscar carretas y requas a cada passo andando en estos palacios, para lleuar hijos quiça que hechos a medias.
Fel.—No no, horro Mahoma, todo mi axuar a cuestas como el caracol, porque buey suelto bien se lame. E ya que aya de tomar estado, será en mi naturaleza, porque cada gallo canta en su muradal, y en la tierra agena la vaca acuerna al buey.
Pol.—Y aun ansi es lo acertado. Porque el que se casa en tierra agena, toma la muger mala y hazensela buena. Y aunque vea el gayon, que calle el cornudo y vaya a trabajar: y aun siempre le diran que todo lo huelga y todo lo gasta. Y aun, hermano, en esta tierra vende la tienda la hermosura de la muger que te dieren de dia, y despues a la noche desnudando se quando le pidieres virgo, dar te ha la verdugada o emprestada o alquilada, y a la mañana todo lo paga la sangre de un palomino, y lo ha de llorar el triste paciente.
Fel.—No creas tal cosa.
Pol.—Si estos principios no sabes, presto venderas cestos, y aun quemarás en tu casa cuernos, y te lo harán olor de ambar gris ó menjuy. Y pues estás a la puerta, mira por ti, y queda te a Dios, y mira que llamen antes que saludes, si no quieres ser mal recebido en estas casas de tracto secreto, con presumpcion de buena fama y humos de honra; en especial que arriba ay gran trastauillar de pies; que te auran visto y aurá algun trasparamento, o puerta falsa (si la tiene esta casa) y voyme.
Fel.—Perdona, que has de ser testigo de lo que ouiere; y llamo, ta, ta, ta.
Mar.—Presto acaba, hija, pon en cobro esse galan, que no escusamos abrir a Felisino y Polytes.
Lib.—Anda, abre les la puerta, madre, y detenlos algo, mientras le echo por la puerta del corralejo.
Pol.—Cata que, aunque me llamas sospechoso, la tardança en abrir y el bullir del sobrado saca mi malicia cierta y mi sospecha verdadera.
Mar.—Quién llama a la escalera tan apriesa? O qué buen encuentro por cierto!
Fel.—Bueno le es para nosotros en verte; pero pensauas auerlo a solas?
Mar.—De tal compañia huelgo yo en mi casa. Pero dónde te subes?
Fel.—Señora, quedo se me vn guante este dia, y aunque no tiene adobo, pero porque no aprouechará éste a mí ni el otro solo a nadie, le voy a buscar, y con achaque dél, vine a te ver.
Mar.—Bien parescen vnos guantes a vn galan. Pero tú, señor Polytes, buscas guante?
Pol.—Sí buscaría, si me aprouechasse.
Mar.—Pues cata que muchas vezes hallan vnos lo que pierden otros. Pero qué priessa es essa, Felisino? y espera que todos nos subiremos.
Pol.—A mí me perdona, que me voy a vn negocio de prisa.
Mar.—Pues sabe que en esta casa ni comen los hombres ni te quieren mal. Y tú, Felisino, sube, que tras ti me voy, y ten en mucho fiar se te la casa ansi.
Fel.—Ansi lo tengo por cierto; pero mejor te ahorquen que no te las entiendo. Pues anda, que sendas nos tendremos, que si a ella le contenta el muchacho de abaxo, a mí la muchacha de arriba.
Lib.—O, bendito Dios que me libró de hombre tan moledor; pero buen albalá de quatro reales me queda en las vñas, sin lo que dió a mi madre. Bonica, pues, me estuuiera yo royendo con hambre de mi casta honestidad, molestada de mil deseos de lo que agora me viene a manos llenas. Y pues que mi madre con su dissimular aprueua mi hecho, andemonos a ellas. En cargo soy a Felisino, que con pensar que me robaua me libertó, para que siendo suya de nombre pueda[669] vestirme de tales ropas como la que agora desnudé. Pero o, qué dicha la mia, que helo venia ya tras mí, y por poco no me topó viendo su possession que él primero labró. Pero ha se de hacer a la carga, y aun que lo vea y no lo crea, sino que piense que sueña. Pero algun embaraço tiene mi madre que ansi le dexó subir, aunque no se me da nada; que ésta, que es la primera y no será la postrera, no me la quitarán ya.
Fel.—A, mi señora Liberia; vengo a verte porque no sossiego sin ti; qué hazias por allá abaxo?
Lib.—Norabuena vengas; no sé si te crea: essas entradas qué decoradas teneys todos para embaucar a las que os atienden lealtad. Y vosotros, ésta os mata, y la otra os mata, y todas os matan, y nunca morys, ni aun os acordays sino de lo que gozays por el momento que tura.
Fel.—Anda, que no me acuerdo de mí por tu causa.
Lib.—Pues ya que digas lo que quieres, dexa estar mis tocados, y mira que estamos solos, y subira mi madre.
Fel.—Y que esso me dizes, y entraste a la cámara? pues espera.
Pol.—Señora Marcelia, sube a poner cobro en tu casa, y perdona mi priessa.
Mar.—O, valas me Dios, qué desamorado eres; quitemonos ya de la puerta y subamos a este entresuelo, que te quiero preguntar vn poco mientras baxa tu compañero con el guante.
Pol.—Al fin aurá de salir con la suya.
Mar.—Mucho te agradezco esto. Pero mira que no seas tan atreuido como este dia, y toma de mí la sana intencion y llana conuersacion.
Pol.—Ya no puedo con honra dissimular más, pues que harto se me declara en dichos y meneos. Señora, perdona mi pesadumbre, porque no quiero que taches mi couardia.
Lib.—Parescete pues, señor, que si mi madre agora subiera, que dauas donosa cuenta de mi?
Fel.—Anda, mi señora, que ya me querrias ver fuera, porque tendras otro que más ames que a mí.
Lib.—Ay, perdida yo por quererte, pues ya me juzgas por muger comun. Vete, vete [de] delante de mí, que aunque quede escarnida mi innocencia en te amar, auisará mi malicia en tener de ti el crédito que devo.
Fel.—Anda, vida mia, que me burlaua.
Lib.—Y aun ansi lo veo yo que te burlas de mí. Desdichada, que me robaste mi limpieza, y por ti engaño a mi madre, que piensa que soy la que ella me tenía. Anda, anda, engañador, destruydor de mi honra, y de oy más no te fies en mi llaneza y fidelidad que te he tenido.
Fel.—Agora que tu sentimiento me pregona tu bondad, te tendre y querre más. E ya sabes que los amigos ciertos son los prouados.
Lib.—Vete luego [de] delante de mí.
Fel.—Pues di que me perdonas y no quedas enojada, e yreme.
Lib.—Vete y no quedo.
Fel.—Pues a Dios quedes.
Mar.—Ay, cómo te as auido mal comigo; pero yo me tengo la culpa, que conosciendo te me fié de ti sola.
Pol.—Donoso tirar de alesna es esse.
Fel.—A, hermano, baste ya, y vamos; y tú, señora Marcelia, perdona y haz las pazes de arriba.
Mar.—Doy al diablo el majadero derramasolazes. Ay, señor Felisino, no te escandalizes de que a solas estaua preguntando a Polytes vn poco; pero qué son las enemistades?
Fel.—A dónde le acudio? Digo que nos hagas amigos a mí y a Liberia, que le pedi vna aguja por tomar mi guante.
Mar.—Traele vna dozena y hechas seran las pazes.
Fel.—A Dios quedes, que yo lo haré.
Mar.—Dios os guie. Y tú, señor Polytes, no oluides esta casa.
Pol.—Pierde cuydado. Allá quedarás, diablo bagassa, que para tu hambre, ésta y no más, si puedo.
Fel.—Pues para yr ya tú a otra parte no tendras tiempo, encaminemos para palacio. Y dime cómo te fue, que demudado saliste de color.
Pol.—Que quisiera que baxaras antes; pero creo que tambien huyes tú la compañía.
Fel.—Y aun que si bien lo supieses, aregañarias, dixo el Bizcayno. Pero la viuda de buen fregado es, y en ti que hallaria buen coçadero para su comezon.
Pol.—No sé qué se hallo en mí, pero sé que en el pueblo no la aurá muger tan lasciua. Y no tengo en nada ser amiga de Fulminato, sino como no es ropa comun; pues no seran menester rethoricas para halagarla, ni fuerças para derrocarla.
Fel.—Pues no piensa el otro sino que tiene thesoro en caxa.
Pol.—Bien mantendria estotra con palabras huecas del otro su grauedad, y con sólo su pasto su hambre.
Fel.—Aun creo que te abrió la bolsa?
Pol.—Abrio para echarme en ella este real de a quatro con que me compró, y aun barato, y para nunca más.
Fel.—Esso no diga nadie, que no caera otra y otra vez, si Dios no le guarda. Pero esse yo se le vi a Fulminato, con que ayer hazia alarde. Y segun veo, pagate sus cuernos con los quatro sueldos.
Pol.—Pues no tengas esto en nada que me diessen para comprar ropa tan basta y de balde costosa. Pero mira que tú no los pagarás con los quarenta, si el otro con quatro. Porque el pato ya te costó vna cena; y aun apenas entraste en la confradia de los de esta casa, porque la hija ha de aprender de la madre.
Fel.—Anda, hermano, que si me costó caro el pato, compréle, y degolléle, y comíle fresco, y trinchéle de mi mano.
Pol.—Dichoso fuyste, pues con essos adherentes compraste barato. Y aun creo que te vendieron lo que tenian gana de echar de sí, y que aparaste vianda que otros te coman del mesmo plato, y abriste por donde te entren al melonar. E ruega a Dios por salud, que verás como en casa del herrero todos aprenden a majar hierro, y en casa del escriuano a escreuir, y la hija aprendera el officio de la madre.
Fel.—Calla ya, que no entiende ella más las algarauias de su madre que si nunca la conosciera.
Pol.—Ay, peccadora de la bouilla! Tú eras proprio para casado, porque en tu opinion siempre fuera buena tu muger, y viuieras con las hechas, sin las sospechas.
Fel.—Mal me conosces. Antes por prouarla la pedi zelos sin por qué, y ansi saltó como granizo de aluarda.
Pol.—Y aun por ay me confirmas en mis sospechas; porque quien se quema, ajos ha comido.
Fel.—Anda, que quando ay algo, malo es de encubrir.
Pol.—Tú deues llamar algo el hallarle en la cama.
Fel.—Di tú lo que quisieres, que yo bien sé lo que me tengo en Liberia.
Pol.—Vna trabajosa guarda, si ella no quiere ser guardada.
Fel.—Y aun porque conozco yo en ella muestras de muy buena, no dudo de su seguridad.
Pol.—Pues si tú crees las muestras y compras el paño por la lista, yo dudo de las obras. E si tú eres cierto de su seguridad, yo no seguro de su bondad; porque al fin es hija de madre, y de vnas puertas adentro; de manera que con quien pasce y de quien nasce. Pues mirá si bastando lo vno a que se le pegassen de sus maternas costumbres, qué será viendola y entendiendola, siendo ya para lo que ella, sin mancarse ya en la labor?
Fel.—Anda ya, que es tan buena que no la derrocará la madre aunque sea más peor que tú la pintas.
Pol.—Pues mira que si buena fuera la hija, que no se diera a ti, y si no aprendiera de la madre, no supiera ya cumplir contigo. E al cabo dame la tu muger, y dar te la he inconstante; damela moça, daretela peligrosa; damela que se vea algo hermosa y no sea muy guardada, que yo te la doy por perdida; damela loquilla y golosa, que yo te la doy por barata; damela nouicia o principiante en el officio o lauor que tu la enseñaste, que yo te digo que para ver si podra cansar y por ver si podra matar su desseo, ella busque cómo experimentar sus fuerças, y obrar sus desseos, y aprouechar sus mañas, y cumplir su nueuo apetito experimentado, aunque viejo en ser desordenado.
Fel.—Aun dirás algo que me pusiesse temor, pero es muy desapegada y çahareña. Lo qual como no tenga su madre, veo que cada vna sigue por su natural inclinacion: la vna al vicio y la otra a la virtud.
Pol.—Y cómo agora sabes que por muchacha que sea, que quando les cumple, sacan de las del saco? y ansi se saben mostrar buenas, y honestas, y çahareñas, y halagueras, y amorosas, y muy pegajosas, y muy sacudidas y desamoradas. Y quiero que sepas, si no lo sabes, y si lo sabes oye mi opinion, y es: que las que más sacuden de sí los hombres y hazen de las honestas y turbadas, de vergonçosas, essas por la mayor parte con la turbacion estropieçan y caen, no de manos como el gato, pero de lomo. Y más te digo, que lo querria yo auer (tractando en lo que tractamos agora dellas) con las que a los primeros golpes son más sacudidas, porque todo lo que tienen de furia lo muestran luego, y como se acceleran en el combate y gastan la municion de colera que tienen, al segundo tiento, si vos como boçal no desmanchays a los primeros golpes, como no ay que hablar que no ayan hablado, ni que reñir que no ayan desembolsado, ni colera furiosa que no ayan gastado, quedan vnas flematicas turbadas para caer, y sanguinas de bien acondicionadas para conceder; y aunque la melancolia de mala inclinacion les haga huyr, los chapines y faldas las hazen estropezar sin que aya en qué, más de las duras piedras que ellas os tiraron a los principios.
Fel.—Mouerme yan tus maliciosas y caladas razones viuas si no supiesse yo que ella no espera aun las primeras palabras. Porque aun conmigo, que tiene por qué conoscerme ya, no quiere sufrir de tres palabras arriba estando solos; que luego me dize: ay, señor, mi honra; ay, vete, no des sospecha; ay, por Dios, que vendra mi madre; tanto que ya me da pena verla tan sentible.
Pol.—No la has aun entendido: no querria tres palabras, sin luego obras. Y no querria que no se quebrasse su honra, porque si con el hazer no pierde el buen crédito, haze y goza, y mete moros, y siempre es la que era, y descuyda los otros de que miren por ella, y con los otros se descuydar, quedan le a sus apetitos más lugar. Y si teme el venir la madre, es porque quiere que no dilates el pleyto, sino que luego concluyas, y pongas los tus testigos a la prueua; y enséñate que el que ha de pleytear no ha de temer el gasto, y ha de hablar poco y obrar quanto pudiere. E ansi dizen las tales allá entre sí en sus audiencias, blasonando y mofando de los que en esta causa somos pleyteantes; que gato muy miador, nunca buen murador. E si no digo la verdad, dime tú si puesta en juego si se pone mal al jugo, y entonces condename.
Fel.—No sé: peligroso eres. Yo te prometo que, aunque no por antiguo, pero que por maestro podras ya bien leer en esta escuela, y ser abogado en estos pleytos que dizes.
Pol.—Pues que ya estamos en casa y en esta plática recibes pena, entiende en buscar las agujas, y ata bien la bolsa, y mira bien por el amigo; y perdona, que yo marcho para arriba ver qué aya.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XII
Passando Marcelia consigo y despues con la hija pláticas de la bondad de la hija, el despensero de Lucendo les haze vn banquete de cena. Y sobreueniendo Fulminato y Pinel, haze Marcelia á Fulminato guisar lo que el otro auia de comer. E sobre cierto achaque Fulminato se va huyendo y viene el despensero.
Marcelia, Liberia, Despensero, Fulminato, Pinel, Gracilia.
[Mar.]—O, mezquina yo y cómo se me abrasan las entrañas y me acompaña gran soledad en la absencia de Polytes! O, quán sin ventura soy, pues siento que no me ama, e yo me aborrezco a mí, y mi honra, y casa, y a todos por él! O amor, qué grande es tu poder! O, cómo si la honra no contradixesse a la voluntad y me atasse los pies, tras él yria desbalida como tras cosa necessaria a mi descanso! Pero o, desacordada de mí, yo qué digo? quiero subir a ver qué haze esta muchacha. Porque si la mano de Dios no la sostiene, y ella no es muy inclinada a virtud, con mi perdicion, o ella es perdida tras mí, ó no escapa de serlo. Porque el no poderla yo proueer como yo querria y mi honra pide, me haze dissimular con ella en algunas desembolturas, con la conuersacion de éstos que tractan en casa. Y quiera Dios que no aya tomado para su mal las libertades que yo le doy, y que mi mal hazer no la aya enseñado a perder la simplicidad y a abrir puerta a la deshonestidad. Porque el mi no hazer con qué enmendarla me ata la lengua al corregirla, ni puedo castigarla; donde mi vida me muestra a mí digna del castigo, y me embaraça el poderla yo a ella abonar. Porque poco monta ser madre reprehensora de lengua, con vida y obras viciosas y occupacion reprehensible, porque el enseñar ha de ser obrando y platicando bien yo.
Lib.—Mi madre sube: quiero ganar por la mano en mi abono, para que de quantas ella haze, que haziendo yo alguna errada, o no la vea, o no la crea, como ella piensa que no la entiendo yo sus vrdiembres. Ansi, ansi, y no vistes quán de reposo se anda mi madre de iglesia en iglesia, y dexa la casa franca a quantos van y vienen? Dios me libre de tan buen crédito como tiene de todos, que piensa que son como ella a las buenas. Y no vistes qué descuydo? que harto tengo que sacudir de mí importunidades de locos, que con la buena confiança de mi madre a mí querrian robar de mi limpieza, y estragar mi innocencia, y deshonrar su casa, y amenguar la a ella.
Mar.—Buenas nueuas de mi hija son éstas. Pero quiero halagarla, pues mi vida no me permite reprehender su innocente vida. Calla, hija, no me reñas por tu vida, que vengo de encomendarme a nuestra señora. Pero dime, fuese el de endenantes?
Lib.—Y aun despues, que no deuiera, vino Felisino.
Mar.—Esse como por de casa le dexé subir, que le encontré á la puerta. Y fuese ya?
Lib.—Tal venia él para parar mucho con él yo en casa! y anda ya, madre, dexame allá con tus confianças que de todos tienes, que éstos son hombres y de palacio, y oy aqui y mañana alli. Ansi como no paran en lugar, ansi no dexan cosa de intentar, ni aun mujer por burlar.
Mar.—Y qué hizo?
Lib.—Qué? qué hiziera me di, si yo le dexara! que lo que hizo fue poco en rasgar me la lauor y perderme vn aguja, que segun lo que quisiera fue nada.
Mar.—Dexalo, que él lo pagará, que es vn burlon; pero calla, que llaman: suba quien es.
Desp.—Dios guarde la honra y gentileza desta casa.
Mar.—E tú eras? perdona el no te auer respondido antes. Pero no sé por qué oluidas tanto esta casa do no te dessean mal?
Desp.—Mis occupaciones impiden mi voluntad en te seruir.
Mar.—Y aun por vna onça de libertad que tengo en mi casa suffro vna arroba de pobreza; porque la vida arriscan los hombres por la libertad. E ansi dizen, que mi casa y mi hogar cien sueldos val. Pero qué es lo que mandas agora?
Desp.—Tengo vn poco de Olanda y vengo a saber si me podras vestir de tu mano de vnas camisas al moderno.
Mar.—Por cierto sí para otros; pero no faltará tiempo y voluntad para lo que tú quisieres.
Desp.—Pues, señora, porque este es para mí tiempo muy occupado en mi officio, me perdona que luego embio el lienço, y mandaré con que cenes. E si mandas vendre, sossegada la gente, a te ayudar a quitar los manteles, para que sobre mesa me cortes las camisas.
Mar.—Por tu seruicio huelgo de ello, con que mires que ay vezinos que velan vidas agenas en este varrio.
Desp.—Yo proueere de venir en quietud de todos, y por señal que soy yo, tiraré tres piedrezuelas a esta ventanilla, por no pararme a llamar. Y con tanto me da licencia, y perdonando mi pobreza, toma esse real de a quatro, para que se aya proueydo de fruta.
Mar.—No le tomara a no incurrir en mala criança. Ve con Dios, que en todo se proueera. Allá yrás, majadero, que acá dexas para la lampara de los necios, y despues daras para la vela de los cornudos. Cata, hija, que a quien Dios ama, la casa le sabe. Mira qué haze este hombre de hazernos bien: darnos ninguna molestia. Pon, hija, esse hogar a punto, que yo seguro que no tarde en embiar, y aun que sea menester desemboluerte.
Lib.—Yo bien tengo para mí que él proueera de suerte que aya para nos y aun las vezinas; pero no te congoxes, madre, que para todo aurá tiempo. Yo voy a mi prima que se passe acá; y con ayudarnos al trabajo, ahorrará ella la costa.
Mar.—Bien dizes; ve luego y buelue, que me quedas sola. O, bendito el que lo gouierna todo, y quán sin resabio de malicia anda mi hija sobre tantos estropieços como yo le pongo por esta negra de honrilla y ganancia, que pocas veces son de vna mesa estas dos cosas. Pero cata, cata, y qué presto y que gimiendo viene! asuadas que trae cobro. Qué es esso, loquilla, que si fueras casada pensara que te hazia gimir tanto la preñez?
Lib.—A la fe, ya que nos libró Dios de essos afanes, catanos aqui en otros de más prouecho y ganancia; y plega a Dios que tales gemidos nos visiten cada dia; pero no veys qué prisa se da mi madre viendo que no puedo con la carga?
Mar.—Anda, boua, que de alegria no miraua en tanto; pero muestrame essa bota de buen año. O, qué cosa de ángeles! por tu vida que es de Madrigal, y aun de más de tres hojas.
Lib.—Ansi, ansi, madre; si truxera ponçoña, del lodo estauas.
Mar.—Bien sé yo que tan buen liquor no podria suffrirla. Pero desembaraçate ya, y assese vn capon de essos, y essa ternera ençorça, que harto aurá.
Lib.—Anda, madre, que el dia de mañana no le vimos, y no diga que lo hurtó el moço, mayormente que ya verna Gracilia, y aun de aqui a la noche acudira alguien más al buen olor.
Mar.—Dizes bien; pero qué fue del lienço?
Lib.—Como que no entiendo yo que sabe mi madre qué corte de camisas busca el otro!
Mar.—Qué dizes, hija?
Lib.—Que no pudo el moço traello todo.
Mar.—Nunca y no que la paga acá está. Ay viene tu prima, desembolue esso; yre yo por vna ropa limpia de mesa a mi arca.
Ful.—Tienes, hermano Pinel, qué hazer?
Pin.—No lo aurá para no occupar la persona y las armas por ti.
Ful.—Pues vamos a vn salto.
Pin.—Pues espera me quanto visto vn jaco de malla y tomo vna rodela.
Ful.—Anda, que aqui va mi Valenciana.
Pin.—Pues porque no temas que busco escusas, guia.
Ful.—O, descreo de los desconfiados de Dios, y miedo en Fulminato? Pues sigueme, que tú verás esta noche quién es Fulminato, y cómo por ser tú no lo tomo por injuria.
Pin.—Al diablo encomiendo tal hombre aun oy. Pero si me pusiere en más de lo que puedo, que lo haga a solas: tomar viñas, porque otro dia auise en lo que mete a los amigos.
Ful.—Ya creo que te arrepientes de venir.
Pin.—No quieras de mí más de vn sí.
Ful.—Pues guio por tras sant Julian, que me salieron esta noche vnos tres a quitar la capa; pero a no tener buenos pies, pagauan me el pato.
Pin.—Pues por essas callejuelas lugar es para esse officio. Pero cómo te libraste?
Ful.—No quisiera que me lo acordaras por el enojo que de mi poco correr tengo.
Pin.—Dizen que el que va a hazer mal, que ya va medio herido.
Ful.—Por el sancto molde de la Litanía que a no me conoscer en el denuedo del desenuaynar, que auia acometido con buen semblante.
Pin.—Si ello fue ansi, tenian la vida en los pies, y ansi dizen que vale más salto de mata.
Ful.—Mal me salio la peroña, pues sin presa estoy ya a la entrada de la cal nueua.
Pin.—Y aun ay serian las tus bregas. Pero en esta calle quando Dios amanesce, aun hallo yo dia.
Ful.—Y aun yo os descubri este Peru, y vosotros mal agradescidos.
Pin.—De Dios aurás lo bien hecho. Pero pues ya estamos a la puerta de tu manida, cata que ay bullicio arriba; no sea que los que te huyeron aculla se te acogieron aqui.
Ful.—Pues por esso solo subo sin llamar, a puerta abierta.
Mar.—Ay, mezquina yo, quién quedó abierta la puerta, que no sé quién sube?
Ful.—Sí suben, que por tanto me llaman a mi Fulminato. Y ésta qué burleria es?
Mar.—Ay, qué fiero viene el desuellacaras, triste de mi! Pero reniego de la leche que mamé si sobre hazerle oy cornudo no le hago que guise la cena al otro.
Pin.—No te turbes, señora, con los de casa.
Lib.—Y cómo no nos hemos de turbar de la voz de hombre de subito, viniendo tan descuydadas a la llana?
Ful.—Y esta qué boda es?
Mar.—No tuya.
Ful.—Pues cúya en esta casa?
Mar.—Oyste, necio, y no veys qué señor de la posada?
Ful.—Sacame desta duda antes que haga algo.
Mar.—Y qué has de hazer? a la fe en mi casa no deuo si [no] a Dios y al rey tributo; que aunque pobre, de todos sino de ti soy honrada.
Pin.—Ni aun pienses que Fulminato te haga desaguisado, sino que viene enojado de vnos que se le fueron por pies.
Mar.—Pues nadie se deue ensañar, si no tiene buen desensañadero. Y vayase allá, que aqui no le deuen centeno.
Grac.—Y calla, señora tia, que estos de palacio son ansi maliciosos.
Lib.—No es sino el diablo que reyna en ellos como ociosos, y ansi son tan absolutos y aun dissolutos.
Grac.—Caya ya, prima, que vendra el señor tu tio y no hallará la cena hecha.
Mar.—O astuta moça!
Lib.—En cargo me eres, prima, llamarte a tomar enojos escusados.
Pin.—Anda, señora, que no hay nublado que ture vn año; que si no me tuuiessedes por de casa, nunca acá asomaria, ni seria amigo de quien tal no fuesse, aunque Fulminato e yo seamos de vn señor.
Ful.—E aun por tanto paso yo por tus desafios, y en presencia de amiga.
Grac.—Todas le queremos bien, no digas esso.
Ful.—Bien paresce que hazes la salsa, que te quemas con ella.
Pin.—Mas con todo, no seamos, Fulminato, estoruo donde no traemos pro.
Ful.—Baste que esta confradia nos trayga a nosotros pro.
Mar.—Mejor te ahorquen.
Pin.—Dexemos las, que será alguna apuesta de comadres.
Ful.—Pues seamos nos compadres.
Grac.—Qué por demas es tener la boca llena de agua, sino dezirles la verdad; que esto se adereça para vn hermano de mi tia, que vino oy de fuera, que es tutor de mi prima y uendra agora, que anda a visitas de parientes.
Mar.—O, bendicion de Dios en tan sagaz moça.
Ful.—Pues para hombre tan de casa yo quiero assar estos capones; y si viniere, conoscerme ha por amigo.
Pin.—Pues yo rodearé las perdizes, y quiera Dios que no sea afan de caçuela que dizen, guisarla y no comella.
Grac.—Pues qué te paresce, tia, quál estan los pacientes?
Mar.—Que eres como as de ser, y ansi temo que Liberia nunca valdra nada. Pero mira que a Pinel tengas tú cobro dél, que al otro yo le mostraré la puerta, y aun el cuerno al ojo.
Pin.—O, pesar de la vida con los vellacos! dos pedradas han dado en la ventanilla.
Ful.—Aun si han de tener los abbades oy responsos, si son los que te dixe, Pinel! Baxa, baxa, defiendeles la escalera, que yo salto por la puerta del corral a tomarles el passo, antes que sepan que yo estoy acá y se acogen.
Pin.—Pues anda, que nuestros son, que en el portal suenan.
Ful.—Pues calla, no me sientan, si no, yr se me han como la otra vez. Pero aun el diablo aurá parte oy en estas bagassas, si no creo que nos han vendido. Pero si yo llego a mañana, no se me yran sin el pago. No ay nadie, bien está; yo me acojo para palacio, que despues todo será dezir mañana a Polytes, si no muere de bouo agora, que se me acogieron por pies.
Mar.—Ya se fue aquel panfarron; deten sobrina, a Pinel, que va muy denodado, pues ya sabes quién llama. Y tú, Liberia, ve, cierra el corralejo, que el esforçado no le esperemos por agora.
Pin.—Dónde vas, hermana Liberia? espera, yo voy contigo, que aun por Dios no entiendo esto de estos entremeses, aunque con todo no sé si me tienen por seguro.
Grac.—Anda ve, que la bondad de mi prima assegura las partes.
Lib.—Aun pues no seria mucho que te burlasses para mi sanctiguada; porque el buen aparejo abre la dañada voluntad a las vezes.
Pin.—Por Dios, que agora a solas me paresce mejor la moçuela. Y aun que si no fuesse por la parentela suya y de Gracilia, que aun, aun.
Desp.—Buenas noches, señora Marcelia; y perdona que no esperé que me alumbrassen, por deslumbrar sospechosos. Pero dime, quién salio de la puerta del corral de tu casa? porque es el más suelto de pies que jamas vi; porque pense que fuesse algun ladron, y seguile como le vi salir de corrida, pero como alcançar vn galgo, ansi le pudiera yo alcançar ogaño, si ansi corre siempre.
Mar.—Mal peccado, aunque fuera ladron, no tenia qué lleuar, si no nos lleuasse los mantos. Pero dime, viste le la cara?
Desp.—Por Dios que aunque reconoscio que yo solo le seguia, que no parescio sino aue: hazia sanct Benito me desaparescio.
Grac.—Asuadas que era él valiente, que mejor se amañaua a assar que a defender lo assado. Pero pues no soy ya menester, me da licencia.
Desp.—No consiento que te vayas porque yo vengo.
Grac.—Ya sabe mi tia que tengo huespedes. Voyme por la puerta del corralejo, porque la cierre mi prima, y perdona me.
Mar.—Ya, ya, agora te entiendo. Dize bien, que tiene con quien cumplir.
Desp.—Pues porque no me consentiran acompañarte, no porfio a ello; pero lleua vn capon déstos que cenes, y perdona.
Grac.—Muchas mercedes, y a buenas noches.
Mar.—Mira, sobrina, al oydo. Tractame bien al galan. Diras a essa muchacha que cierre bien la puerta y se suba luego, y anda con Dios.
Lib.—Dónde te vas, prima, por aquí?
Grac.—A mi casa. Sube presto, que está tu tio aguardando para cenar. Y tú, Pinel, pues acá no seras menester, te allega conmigo a mi casa.
Pin.—De muy buena voluntad.
Lib.—Hasta la puerta dize? yo seguro que sea hasta la cama. Y aunque ésta es más venturosa que yo; pero algun dia vendrá Dios por mi consuelo; voy me arriba.
Mar.—Ay, señor, qué mal lo has hecho conmigo! sientate y dissimulemos con comer, que sube mi hija.
Desp.—Por mi fe, señora hermosa, que con poco más no os aguardaramos a la mesa.
Lib.—Haga buena pro, que yo ya he comido dos bocados, que me bastan agora.
Mar.—Ni aun yo puedo passar bocado, sino a poder de beuer, que pensando que tardaras más comimos sendos pocos.
Desp.—Pues yo alla cené; por mí no se detenga la vianda.
Mar.—Sueltamente lo hazes; pues no pienses yrte assi. Anda acá, que te quiero dezir vn poco a esta mi camara. Y tú, hija, pon en cobro esso como te paresciere.
Lib.—Asuadas que agora se corten las camisas; pero allá lo aya mi madre, que yo quiero cenar de mi espacio e yrme a dormir, que mi madre ya tiene occupacion hasta el dia. Y aun para mi santiguada, que si yo puedo que me tengo de entregar, que no me lleue de oy mas (pues ansi juega) carta de más ni embite que no se le rebide, Dios queriendo.
ARGUMENTO DE LA SCENA XIII[670]
Fulminato cuenta a Lydorio el destroço que hizo essa noche, y entran a Floriano. Y encargase Fulminato de buscar alcahueta que remedie a Floriano.
Fulminato, Lydorio, Floriano.
[Ful.]—O, reniego de Venus y aun de mí si aquellas bagassas no me lo pagan, y si no tengo por mí que me tenian entrampado, que por secreto que sali, aun vuo gente para mí. Pinel como visoño haria rostro y harianle criba. Perdonele Dios, que era buen mancebo. Y aunque él fue por mi causa allá, no tengo yo culpa de su muerte, pues no deuiera él de hazer más que el compañero. Ya, ya, no más de noche, que aunque bien sé que no me alcançaron, aun pienso que me hirieron. Muchos me parescieron; nunca en tal peligro me vi de veras. Quiero oy llamar mi dia primero, y buscar cómo mi huyr no menoscabe a mi estima, pues ya bien me atreuere a correr el palio. He alli a Lydorio y muy denodado. Aun el diablo seria si acá saben ya de la muerte del triste de Pinel y de la huyda del gozoso Fulminato.
Lyd.—O, qué malo eres de descubrir, Fulminato!
Ful.—Si es cosa de armas dime el qué, y por dónde comience, que verás si halla defensa esta Valenciana.
Lyd.—Anda, que pones gran dubda en tu ánimo con andar tan preuenido en acometimientos de armas. Porque pocas veces vi perro que bien apresasse que mucho ladrasse.
Ful.—Agora lo vieras qué passé.
Lyd.—Qué fue?
Ful.—En el doblar de campanas lo sabras, por vnos tres que no conosciendo mis golpes, me acometieron solo.
Lyd.—Si ansi es bien te fue, pues solo y sin armas te libraste; pero vamos a Floriano, que ya ouiera de auer cenado y espera a ti para encargarte sus negocios.
Ful.—Vamos, que descreo de Mars si no se concluyan presto estos negocios, y a aun costa de más de tres cabeças.
Lyd.—De aues seran; pero entra passo hasta ver si duerme.
Ful.—Agora os digo que estamos todos de vn son; y cantando está, oye, oye.
LAMENTACIÓN DE SU PENA, DIRIGIDA Á SU SEÑORA, LLAMANDO FLORIANO LA MUERTE
Salga la voz lastimera publicando mi passion y tormento; salgan mis sospiros fuera, que riesguen mi coraçon al momento; abranse ya mis entrañas si tú, dama, eres seruida, y verás las mis bascas tan estrañas y dolor tan sin medida que me das. En el campo del amor yo sin armas desafio al que dixere auer tan ygual dolor ni tormento como el mio, ni se espere; porque yo, triste, penando ni espero gualardon ni soy creydo, y mi pena publicando siempre cresce la occasion de ser perdido. Toda pena desta vida con la mia comparada gloria es. O, muerte no fenescida, o, vida desesperada, qué me quiés? Di me en qué te aya offendido, muerte buena para mí, pues me huyes; pide licencia a Cupido que a él vengas y a mí si concluyes. Ya me falta sufrimiento, pues tanto cresce mi fuego tan rabioso; ya mis dolores no siento, y a tino voy como ciego sin reposo; porque do quier que ya fuere yre la muerte buscando con clamores, pues mi tan querida quiere estar se siempre ceuando en mis dolores.
CONCLUYE
No sé qué remedio halle para de mí más vengarte, mi señora; si el remedio es que yo calle, callaré por no enojarte desde agora; que aunque yo quiera otra cosa, pues tú mi lengua gouiernas, no podré; o linda más que la rosa, con que mires que me infiernas callaré.
Ful.—Ya calla; y mal aya hembra que a vn tal hombre se niega, que es para mouer a compassion a las fieras. Que de las que en la cara tengo y de todos los Talmudistas reniego, si Floriano quiere, si no le traygo la dama a las vñas, que todo es ayre andar ruando, y trobando, y sospirando, sino dezir y pegar. Que descreo de quantos adoran el sol, si me vuiera yo puesto en amar a Belisea, si no la vuiera yo hauido, y aun quiça aborrescido; porque al fin donde las otras lo tendra, y de carne.
Lyd.—Calla, que si te oye esso no cabremos en casa; porque la tiene por dechado de hermosura, aunque a la verdad ella es joya tal.
Ful.—Pues si con la hermosura no tiene cordura, la tal cae más ayna; y las tales caydas son peores de leuantar, y aun de hartar.
Flor.—Pajes, meted me vna vela, o abrid las ventanas si es de dia.
Lyd.—A, señor, mira que arden dos velas y es media noche. Y aqui está Fulminato, que mandaste llamar.
Flor.—Y para qué?
Lyd.—Para que te buscase remedio.
Flor.—No le hay, sin el de Dios, fuera de aquella que me mata.
Ful.—Si no quedassen más muertos los que me acometieron, bien les yrá.
Flor.—Muerte corporal para mi vida es. Pero qué fue esso?
Ful.—Que haze Fulminato de las que suele.
Lyd.—Holgarás oyr las cosas de Fulminato de su boca.
Ful.—A la fe qualquiera que diga verdad te contará que de los seys que me salieron, los cinco les valieron buenos pies; pero el vno, que por sus pecados alcancé, aunque por no afrentar la espada le di de llano, por tener la mano cargadilla le hize a seys golpes perder la habla. Y aun yo seguro que ya le esten llorando, si tiene quien le duela.
Lyd.—Doy a la muerte este lebron, que ansi descose mentiras.
Flor.—Qué dizes, Lydorio?
Lyd.—Que él me auia dicho poco ha que eran solos tres, y agora ya son seys, y mañana seran diez.
Ful.—Y qué, los bocados me cuentas? pues no sabes que no trae contradicion de antes tres y agora seys, pues que tres es la meytad de seys? Y a ti bastaua dar cuenta de lo medio que yo hago, pero a mi señor de todo, y con esto te quiero tapar la boca y soldar tus malicias.
Lyd.—Más me la taparas con la verdad; porque ya sabes que el que en mentira es asido, quando dize verdad no es creydo.
Flor.—Cata, Fulminato, que no quiero los de mi casa reboltosos; basta mi desassosiego, sin que le aya en mi casa. Y tú no andes solo hasta que esso se aplaque, en especial que estás en tierra estraña.
Ful.—A la fe, señor, mis obras me la hazen ser tierra propria. Y por esso te suplico no encomiendes ni fies tus cosas de muchachos, pues yo pondre la vida por tu sosiego, y piensa que lo que me encargares, que saldre con ello.
Flor.—Mira lo que dizes.
Ful.—A la prueua buen amor; porque al fin ya yo sé dónde ay la puta, y la buena, y la alcahueta, y la hechizera en el pueblo; y aun sé por qué canales ha de venir el agua que amate tu fuego.
Flor.—Di, serás para traerme retorno de vna carta?
Ful.—Y aun a la dama si menester fuere. Pero ha de ser con que me hagas vna merced.
Flor.—Pide.
Ful.—Que luego me desembaraces, y tú que cenes, que es media noche, y duermas a sueño suelto.
Flor.—Qué te paresce, Lydorio?
Lyd.—Que te aconseja como leal, y que cumplira lo que dize como animoso; en especial si tú le animas con alegrarte.
Flor.—Luego me traygan de cenar, y en tanto escriuire. Y tú vete en tanto a cenar, y cenen luego los que tú quisieres que vayan contigo. Y tú, Lydorio, daras a Fulminato la mi cuera de bufano con la guarnicion de carmesi, pelo y passamanos de hilo de oro, y daras le para calças quatro pieças de oro, y daras le de mis espadas la que él quisiere, con que me dexes la que al presente anda en los talabartes, que agora yo suelo ceñir, y a la respuesta le haré las mercedes.
Ful.—Pues yo espero con mi buen negociar recuperarte el alegria y salud.
Lyd.—Luego voy a entender en que te den de cenar y a todo lo que más mandastes.
Flor.—Pues yo escriuo luego. Tú, Fulminato, buelue luego acá.
Ful.—Señor, ni me detengas ni escriuas, sino sí por sí lo que quieres de allá, que yo me voy a poner a punto.
Lyd.—Mira, Fulminato, que salgas con lo que te has encargado, pues las mercedes ya anteuienen al seruicio; por tanto, huye de la ingratitud, y vamos, darete lo que me mandó. Y sabete que no me pesara que fuera más: pero no se hizo Roma en vn hora.
Ful.—Pues cree me, señor Lydorio, que has de pensar que labras tu heredad, porque en mí no perderas tu buena voluntad y trabajo. Y piensa (dexando vno por otro) y que bien veo, que si no fuesse por tu cordura, que yua de cayda la casa de Floriano; porque la cabeça enferma no les puede yr bien a los miembros. Y aun esto veo por los que andamos en lo suez del mundo, que no podemos rehusar algunas no buenas compañias algunas vezes, y de ellas, con la ayuda de nuestra peruersa inclinacion, más nos damos a lo vicioso que a lo virtuoso. Y ansi proueyó Dios que en vna casa donde ay tanta juuentud y tan suelta a los malos apetitos con estar la mano que nos auia de castigar enferma, que aya en ti vn seso más viejo en saber que experimentado por los dias, para que a los vnos como yguales vayas a la mano, y a otros mandes como inferiores, y a otros ruegues como mayores, y a otros aconsejes como sabios, y a otros loes como virtuosos, y a otros reprehendas como viciosos.
Lyd.—Dios lo remedie todo de su mano, que Dios sabe el temor y lástima que tengo a Floriano: vno de la perdicion presente, y otro del temer que aun vaya a peor, y que se pierda rocin y mançanas[671]. Por esso me di qué remedio piensas tú poner?
Ful.—Contenta te que tienen manos el pandero que le harán sonar, y no me pidas más hasta que veas al claro quánto puedo yo con ayuda de Dios.
Lyd.—Pues no quiero sino dexarlo nadar como corcho en agua. Toma lo que te mandó dar Floriano, y no tengas en poco la merced, que es más de lo que piensas. La cuera ella dize su valor, pero esta espada vale vn cauallo, y toma las pieças de oro, y no falte tu seruicio, porque sobrara tu ingratitud.
Ful.—En esso dexa hazer. Pero en lo que dizes de la espada, quiero que sepas que no suffre qualquier hoja los golpes de mi braço, y que ha de menester el ser tal para turar conmigo. Y aun la cuera que quiça aurá de mandar vna dozena a Ceruantes por mis caseros tras los que allá tengo: que gran marauilla será si esto colorado no entorpece oy alguna bouilla, para que desmayada me cayga en los braços.
Lyd.—Pues luego entra a Floriano y desembaraça le presto porque cene.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XIIII
Fulminato sale de hablar a Floriano con la carta, y va en casa de Marcelia luego de mañana. Marcelia asconde al despensero en la camara; apaziguanlo al fin madre y hija. Fulminato da la carta a Marcelia, en que pone ella ciertos poluos.
Fulminato, Marcelia, Despensero, Liberia.
[Ful.]—O, reniego de ti, Mahoma, con hombre tan sin cabo como Floriano; por más tengo verme ya libre de sus importunidades que el salir anoche de en casa de Marcelia. Por donoso concierto de casa es este si va adelante, que ya es amanescido y aun no he podido coger sueño. Bien dicen que vn loco haze ciento, y vn desconcertado regidor desconcierta vn pueblo. Yo no he dormido, pero passé cochura por hermosura; oy tomemos la medra por sueño, que al contrario cada rato passa el poder dormir y el mal medrar. En la ropa voy hecho vn cardenal, ceuo de bouillas, y en la bolsa voy vn papa, pues lleua oro, qual es muy raro en mi posada.
Por la sancta Letanía que si agora yo fuesse a lleuar la carta a Belisea, que presto recaudasse la dama para mí, y los cuernos para mi amo, y aun que no me curasse de mucho dezir, porque me entendiesse, y aun porque se contentasse; sino llegando y pegando, y a Dio madona. Pero tornando en lo que me podria costar la ropeta, descreo del que a Dios desama si no temo que esto, barato dado, me salga caro llorado. Porque yo quedo obligado a ser alcahuete de mi amo, porque este es nombre que tiene el tal officio que yo lleuo. Y aun quiera Dios que este bermejo no annuncie algun derramamiento de sangre de Fulminato. Pues si muero por esto, ni me enterrarán con ello, ni aun por ello me diran más missas que en Cordoua, porque diran que no es mio, para venderlo y gastarlo por mí; y aun oxala que me digan Dios le perdone, que buen seruicial era. Pero a mí quién me mata? que agora bueno va el dos vale con dos doblones con bolsa, que no son ya buenos de auer, que paresce que ellos y los virgos han aborrescido ya el reyno. Agora que yo ando bien y estoy pagado, mirar por mi persona, y con los negocios y mensajerias, a Marcelia; y como dizen: echese a doze y nunca se venda. Porque con lo poco que ella solicitare y lo mucho que yo mintiere, entrará en la fiesta de loco Floriano, pues ya está en la vigilia. Y con la locura y mi buen embaucar, vendra le la franqueza, y lo que a mí me cupiere mio y lo que a Marcelia, la primera y mejor parte de Fulminato. Y desta manera aurá medra; porque esperar al partido, ello es poco, y pagase mal y gastase bien; por manera que a la vejez, hospital. Con esto, pues ya es dia claro y podré yr seguro, doy comigo en casa de Marcelia, y vere si enterraron a Pinel, y qué se diga de mí. Y si viere la mia, dare vn tras pie a Marcelia y harán se las amistades; porque todos los enojos de la mujer aplaca el hombre en la cama. Y con tanto, salgo en nombre de Dios.
Mar.—O, quán en vn soplo se ha ydo la noche!
Desp.—No sé si ha sido soplo, que aun con no me auer vacado para soplar las manos un momento; y aun mal contenta la señora.
Mar.—Qué dizes?
Desp.—Que es tarde.
Mar.—Anda, que será el lunar.
Lib.—Valas me, Dios, y quán sin perro he dormido, aunque no sin pena, porque esta cama me auezó a querer compañia en la cama, y por tanto, nunca me cuadró mongia, porque a cada vno inclina Dios para lo que es. Pero, dexando esto, me voy [a] abrir la puerta de la calle, que a mi madre no la espero tan ayna. Y tambien, por el empacho de no les ver salir juntos de la camara, me baxo al portal, que quiça en tanto me deparará ventura alguna buena dicha.
Desp.—Señora, tarde es, y Belisea a de yr oy en romeria a Prado, y tengo de dar cobro para ella y sus mugeres, que no lleua hombre ninguno, y madrugarán, que querran yr disfraçadas; por tanto perdona para de más espacio.
Mar.—Holgara de yr con ella. Pero dizen me que la sirue vn cauallero.
Desp.—No me meto en essas cuentas; allá lo aya, que muger es, y no le faltará vn hombre; leuanto me.
Ful.—Bien me ha ydo, que ya estoy a la puerta, y aunque de mañana, está ya abierta. Estas mugeres en durmiendo solas luego madrugan; allá subo, que Liberia va por la escalera arriba.
Lib.—O, valga le el diablo de mañana; siempre vendra quien no cumpla. En pleyto veo la casa si Dios no remedia, y saldran las cosas de mi madre a plaça. Quiero hablar alto por auisar a mi madre, y que vea si le cale dormirse en pajas. Ay, valas me Dios, bien paresces ladron de casa, Fulminato, que ansi subes sin llamar.
Ful.—O, pesar de la vida; no sé de mí, y quieres que mire en essos puntos a tal tiempo? Y qué fue del galan, aun duerme?
Lib.—Y qué galan? no ay hombre en esta casa para dormir, despues que mi padre faltó de ella.
Ful.—Qué maestra está ya la muchacha! A la fe, hermana, quando tú nasciste ya yo sabía la Litanía; y piensa que adonde agora tú vas, yo ya vengo.
Lib.—Dexate de burlar con tus malicias y refranes viejos.
Ful.—A otro perro, hermana, que agora no tienen sazon las burlas.
Mar.—O, mezquina de mí, y si no está allí vn primo mio. Y cómo no quiere Dios que queden los males sin castigo, y el castigo en la honra es muerte.
Desp.—Y calla, señora, no llores; cómo se llama esse primo?
Mar.—Ay triste yo, que Fulminato.
Desp.—Oylda a la puta: es den cas del diablo el otro, y agora primo? y aun él tiene tal fama, que el diablo quiça me empasteló oy aquí.
Mar.—Qué dizes, señor?
Desp.—Que salgo a él a sacalle el alma.
Mar.—Ay deshonrada yo! no hagas tal; espera oyamos en qué para la muchacha.
Ful.—Ea, pues, dexame y respondeme.
Lib.—Y a qué te he de responder, pues no sé si preguntas; y calla, que duerme mi madre.
Ful.—Pues y el hermano?
Lib.—Miralde, y qué escarnio haze! a la fe luego en cenando le lleuaron unos parientes consigo, sin poderse descabullir de ellos.
Ful.—Y aun pese a tal con tal gente; pero voy á ver qué ay dentro. Y dexame, que me riesgas la ropa, sino aun atreuerse ha hombre a la parentela.
Lib.—Ay, Dios le guarde de mal! pues no yrás de aqui agora, aunque más gruñas y digas malicias.
Mar.—O, mezquina yo! escóndete, señor, tras essa puerta; y si entrare a abrir la ventana, saldras te y perdoname. E salgo allá, no se nos entre de rondon.
Desp.—Allá irás diablo; pero por Dios que aunque este diz que es vn matasiete, que Dios lo ha de remediar todo.
Mar.—O, qué buena venida tan de mañana! pero ay cómo me dexaste sola anoche? bien paresce que no amas en mí sino tu interes.
Ful.—Qué, qué? o, reniego de los Jebusces y quién sino yo tiene tu honra en pie?
Mar.—A la fe, gracias á Dios y a mi buen viuir; y si no veldo en lo de anoche, aun sin auer porqué, Dios loado.
Ful.—Aun será el diablo si sabe que huy; pero quiero hazer del brauo y atemorizalla, porque no se me atreua.
Mar.—Qué hablas entre dientes, que es género de traycion?
Ful.—O, reniego de quantos a Dios perdieron, y palabra es essa para dezir á Fulminato?
Mar.—Ya[672] mezquina, y qué fiero está; quiero halagalle, no salga el otro y tengamos que llorar. Ay, no le hableys, que ha de salir a los toros con su carmesi.
Ful.—Y aun allá verás en lo que hago; que si hombre fueras agora, no quedara tu palabra sin castigo de la vida.
Mar.—Y calla, mi amor, que me leuanto descontenta.
Ful.—Ya te entiendo; pesate porque fuy anoche tras aquellos y no torné; pues anda allá, direte el porqué.
Mar.—Ay, perdida yo, y torna acá; y qué buscas? no me abras la ventana. Anda tú, señor Despensero, salte de presto.
Desp.—Voyme, y bien burlado de ti, que si no por mi honra, oy nos oyeran los sordos; pero más dias ay que longanizas.
Mar.—Alla irás, necio.
Ful.—O, descreo de Mahoma, y quién botó fuera? y tal traycion, doña bagassa? pues espera, que yo te hare pieças al gayon.
Mar.—Ay, mezquina y deshonrada y sola; que ansi me has de parar en mi casa?
Ful.—Qué lágrimas de puta!
Lib.—Dónde vas la espada sacada, tan demudado? qual hará si te mordio aquel perrazo que va huyendo, que no me dexó gota de sangre; porque pensando que rabiaua me venia huyendo para ti.
Ful.—Sueltame.
Lib.—Mas, por mi vida, mordiote? y si mordio a mi madre? que yo no sé cómo durmiste, madre, sin sentirle; él paresciome al perro de mi tio, que era grande, que desque anoche hartó se echaria debaxo tu cama.
Mar.—A Dios gracias, que aclara las cosas y salua los sin culpa. Mezquina yo, que no vea este hombre lo que padezco por sustentar la honra, y que hago quiebra en mi casa por complazerle, y que me lo paga con malas palabras y peores injurias!
Lib.—Y calla ya, madre; entremos a ver si hizo el perrazo algun daño en tu camara.
Ful.—Aun aurá de ser perro, aunque me pese.
Mar.—Qué murmuras entre dientes? ya estás confuso de tus malicias.
Ful.—Que digo, que pues no me aprouecha lo que veo, que te he de lleuar por testigo a que aueriguemos el daño que hizo el perro.
Mar.—Ay, dexame, dexame; que no osaré yr con tal hombre.
Ful.—Aunque ya gruñas, tú vendrás a la melena, y con el llouer se aplacarán essos terremotos.
Lib.—Ansi, ansi con el diablo, que no paresce oy mi madre sino mortero de concejo: pero al muy auisado vendisele por perro; a la fe, auezesse a suffrirlos al ojo, y aun el otro triste qué aguijar lleua, y aun que vendia mal estoraque. Pero pues éstos están conjurando las nubes passadas, voy a hacer la cama del entresuelo, porque me da el coraçon que la aure oy menester.
Mar.—Paresce te, amor mio, que despues de auerme injuriado que agora me tienes donosa?
Ful.—Y qué, aun ay enojos?
Mar.—No los tengo sino de mí, porque aunque la sensualidad me halaga, la honra me punge aun en medio del deleyte.
Ful.—Y calla, que más enojo y deshonra mía es, que se me fueron por pies los que anoche por tu seruicio oxeé de tu casa.
Mar.—Antes me dixo mi hermano anoche que vido un hombre huyr sin que nadie le siguiesse, y aun que por las señas que dió eras tú. La affection que me haze no ver la perdicion de mi honra me quita el aduertir en cosas que sean contra ti; porque el amor deshaze las faltas del amante y ensalça sus loores. Ansi que conmigo puedes tú meter moros a tu saluo. Pero dime, quién te dio esta ropa tan rica?
Ful.—Floriano, por lo que anoche hize, aunque fue en tu seruicio.
Mar.—Algun porqué más auria, porque estos señores distilan mercedes y quieren a cantaros los seruicios. Pero dime, en qué son andan los amores de tu amo?
Ful.—Si no me lo nombraras no me acordara dél, porque pena por necio. Pero con todo, porque veas si te siruo y me acuerdo de ti, sabete que te tengo tan acreditada con Floriano, que te manda esta carta, rogandote que la lleues a Belisea en su mano. Y sabe que trayendole respuesta, que la ganancia tuya será tal con que entrambos pelechemos.
Mar.—Donoso adobo es esse, que sobre hazerme alcahueta de tu amo partes ya mi ganancia incierta. Pero porque no puedo no complazerte, y agora ay peligro en la tardança, pues que va a Prado Belisea, y la podré hablar a solas, duerme un poco, que voy a ponerlo en obra, con tanto que no me tengas por alcahueta, sino por mujer que te haze plazer.
Ful.—Anda, cierra essa puerta, que esse mal nombre le ponen las malas gentes, y Dios te encamine y a mí dé buen sueño.
Mar.—Pues que ya me encargué desto, y no cumple tardarme, quiero echar unos poluillos del cabron en esta carta, que ya los he hallado aprouados. Para que si Floriano ama a Belisea, y ella lee la carta, ella le ame a él, y si no quedarse ha libre; que al fin estas cosas sólo Dios las ha de saber. Y siempre aurá alguna ganancia más que con la almohadilla. Y con esto, pues mi hija está recogida y esto está hecho, me voy.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XV
Marcelia da la carta de Floriano con cierta cautela a Belisea, que yua a Prado. Y finalmente lleua vn anillo de Belisea a Floriano.
Marcelia, Justina, Belisea, Pinel.
[Mar.]—Agora que voy en mi cabo, quiero loar a Dios que me libre de tan peligroso trance para la honra como el de anoche, y de oy más poner más cobro en mi vida, porque quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda. Pero gran ceguera fue la mia en encargarme tan sin más pensar de esta cosa que tantas difficultades trae en la salida, y tantos peligros descubre en el effectuarse, y tan jugada trae mi honra, si los puntos desta carta de más con que yo juego son descubiertos. En especial que Belisea tiene con la bondad tanta altivez, y tanto descuydo de mis telas, que como no experimentada, ni herida, ni vsada en estos tractos tan comunes a señoras, y tan publicos a las mugeres plebeyas, que si me alcança de razones, yo voy perdida a remate. Pero mezquina de mí, que tomé por medio para librar me de la ferocidad de aquel desuellacaras con razon sentida, con sospecha cierta de lo que mi obra occulta le auia errado, venir a dar en tan gran extremo que yo por huyr del fuego me lancé en las brasas! Pero pues él como de burla me encargó este negocio, yo tambien haré como viere la mia en seguro; porque duelo ageno del pelo cuelga; aunque la charidad me pondrá espuelas al remediar vn tan eminente cauallero como Floriano. Y la esperança del buen gualardon para desterrar necessidades de mi casa me necessitará a que haga todo mi deuer y me atreua a todo trance; pues no se gana el pan sin afan, ni se toman truchas a ropas enxutas.
Just.—Ea, señora, que bien puedes salir, que vas tan disfraçada, que no serás conoscida, y aun es tan de mañana, que no ay de quien seas vista.
Bel.—Pues vayan se todas essas mugeres por sí por otra calle, y tú sola ve conmigo por guia, y encamina por san Llorente, que quiero alli encomendar me a nuestra señora.
Just.—Pues en nombre de tal señora salgo.
Mar.—Aun es gran de mañana para ser leuantada Belisea; quiero de passo yrme a recomendar a nuestra señora de los Remedios. Pero o, cómo creo que son mis passos meritorios, pues o yo conozco mal, o son las tan tapadas mis ouejuelas. Y aun la delantera cierto es Justina, y la que la acompaña como inferior o criada es la señora; porque el buen donayre y apuesto suyo la apregona por la que es. Y pues me paresce que guian hazia sant Llorente, allá me voy a atenderlas y el tiempo me dirá qué haga. Por mi vida, pues que no hay viua criatura en la yglesia, que quiero auenturarme a poner esta carta en la grada del altar de la madre de Dios; porque si ellas son, no dexará Belisea de llegar la primera a hazer su oracion. E visto el papel, como son inquisitiuas estas señoras, y saben leer, tomar le ha; y si le lee, mi hecho va bueno, y entonces podré darme a conoscer si viere por qué, o si no, a peor librar, si ellas no entran, tomaré mi carta y buscaré otro camino. E si a dicha la criada llega y toma la carta, dar se la ha; y si mal huuiere, descargarán los ñublados sobre ella, y podré yo llegar a poner las pazes sobre auer sido la guerreadora.
Bel.—Muy de mañana deue ser, pues no ay nadie en la iglesia, ni aun es tiempo de yr solas al campo; quiero llegar me al altar de la virgen soberana a offrescersele vn Aue Maria.
Just.—Señora, yo me voy a otro altar a hazer lo mesmo.
Bel.—Alguna nomina deue ser ésta, que echaron aqui a nuestra señora.
Mar.—Bien está, la carta ha guardado. Quiero agora yr me assentar par de la donzella, como que entro agora, pues no me han visto.
Just.—Ay Jesus, y qué mal comedimiento de muger, quien quiera que es, apartá os allá, señora, que harto vazio ay en el templo, sin que os me pongays delante, pues no deueys ser vos el sancto a quien yo vengo a encomendarme.
Mar.—Perdone, señora, que no la auia visto.
Just.—Cata, cata, y tú eras, señora Marcelia? perdona mi demasia.
Mar.—Quién es? perdone me que no la conozco. Ya, ya, o mi hermana y señora Justina! razon fuera, pues que el amor que te tengo me dixera ser tú. Pero aquélla es Belisea? porque tal joya como tú nunca la dexaran tales madrugadas salir sin gran guarda, y con razon, porque para tal thesoro qualquiera atreuido ladron.
Just.—Ay, habla passo, no nos oya alguno, porque vamos a Prado sin gana de ser conoscidas, y nunca acabará mi señora de visitar altares. Y a lo que dizes de mi poco salir, yo nascí en signo de seruir toda mi vida, y quien a otro sirue, no es libre. Y aunque yo sea poco de cobdiciar, en estos palacios, a viejas, y moças, y hermosas, y las que no lo somos, todas andamos más veladas que fortaleza cercada de enemigos, y más puestas tras llaues que el thesoro de Venecia.
Mar.—Y aun por todo esse thesoro no querria yo ver mi libertad tan al sombrio entre paredes, porque buey suelto bien se lame, y aun quiero más pobre libertad que rica prision.
Just.—Quien más no puede, comporta la carga. Y aun tambien en mí la costumbre al encerramiento me tiene en hábito de no lo sentir por pena, pues desde niñez estoy en tal exercicio.
Mar.—E aun esso es lo que peor yo veo; que lo que aurás ganado en esse exercicio que tú llamas será tener agora menos libertad que quando començaste de niña esse vso.
Just.—La mesma verdad dizes; porque más subjection tengo agora que diez años aurá, que la niñez me libertaua y la innocencia me acreditaua en no me vedar las entradas y salidas, ni me contar los momentos, ni me señalar los passos; de manera que agora ando como quien aprende a dançar, que assienta los pies a querer ageno y mide los passos por compases.
Mar.—Pues asuadas que aunque dances quanto quisieres, que no miren que eres ya tan para dançar con compañia, que el no te auer casado te priua ya de vn hijo que temple los pesares passados y trayga cuydados presentes. Aunque, Dios te guarde y el angel sant Miguel te bendiga, tu hermosura y juuentud no aurá menester dote, por el qual ahorrar te dexarán cargar de dias y de desseos. Porque naturalmente tales como tú las crió Dios para los hombres. Y porque hablemos a solas más al descubierto, la hembra ansi cobdicia al varon como la tierra al agua para produzir. Y las donzellas y gallardas, llenas de sangre feruiente, como tú hermosas, quanto soys agenas de experiencia, tanto soys más combatidas de desseosos pensamientos de lo que por el sagrado lugar me queda por dezir te.
Just.—De toda tu larga platica, porque sólo entendi el dezir que ya soy vieja para dexar de casarme, aunque sin gran carga de dote, pocos aurá que me cobdicien; pero no hay memoria de casar la heredera de la casa, que me lleua más de quatro años, y sus romerías creo que andan pidiendolo, y su hermosura no lo desuia, y quieres que la aya de mí para más de acordarse de me mandar en qué la sirua toda mi vida?
Mar.—A la fe, sabete que en palacio anduue, y sé que si te duele la muela, tú te has de buscar quien te la bote fuera. Porque, aunque sobre los diez y ocho que puedes a más largo auer, aunque estés otros tantos años, siempre aurá de nueuo en qué seruir, y siempre te hallarán más obligada a ello, y siempre te querran donzella, y siempre de nueuas fuerças para el trabajo, y siempre con el tú acá, tú acullá como niña, y siempre de menos ganancia en el crédito y confiança de tu persona. Por manera que aunque te amen como a buena y honesta, no te zelen como a hermosa, y te guarden como a moça, y te riñan como a sospechosa de ser quien me callo por tu respecto. Y ansi, porque concluyamos razones, digo y quiero de lo dicho aconsejarte, que pues ya yo te auiso y tú tienes experiencia de que passa por allá como yo lo digo aquí, haz, amiga, lo que te cumple, pues los hombres desde la mocedad han de granjear y buscar y tomar el estado en que querrian que les hallase la tardia y cansada vejez.
Just.—Pues me dizes lo que haga, dime el cómo sin derogar á mi estado ni quebrar el hilo delgado de la honra, pues antes sin la vista que sin ésta me desseo.
Mar.—A buen entendedor poca plática, que tú, bouilla innocentilla, quando en tan buen ceuo como tú traes cayere algun pez de ganancia para el estado y de contento para la persona, si te faltaren mangas, ó no cupiere en ellas, a la fe, alça las faldas y cogele, y cogido, tenle, y tenido, amale, y amado, halagale, y halagado, contentale para que se te affectione. Porque siempre fue y será que quien tiempo tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente.
Just.—Aunque mejor azertaras en llamarme peccadora, pero pues me das officio de pescadora, qué ceuo es el que dizes que tengo?
Mar.—El primer nombre oy en dia, desde el papa hasta el que no tiene capa, le puede quedar, pues todos peccamos en Adan, dize la escriptura. Pero pues quieres que te torne a llamar hermosa, digo que de tu hermosura se haze el ceuo que dixe, y de lo ál que tienes ya me entiendes, que la verguença de ver que es más tu appetitoso desseo que lo que yo digo, te haze baxar los ojos y cobrar color viua. Pues creeme que si quando yo anduue al palacio no me desposara a hurtas, que nunca de allá vuiera salido a gouernar casa por mí y tener algun libre reposo. E aun tu señora, que allí está muy rezadera, me da por testimonio si al cabo de muy guardada no ha de venir como cierua en tiempo de brama. Y aun las tales, tarde prende el fuego y tarde despues se apaga.
Just.—Más temor tendrias aun si supiesses quán seguida es; pero no ay mella en ella.
Mar.—Todo lo sé; las justas, musicas y aun los toros de oy creo yo que por ella mueren.
Just.—Si son por ella corridos no lo digo, pero sé que huyendo de no se obligar á los ver, vamos esta romeria.
Mar.—Y cómo va sola?
Just.—Adelante van las mugeres, que hombre no va ninguno, y a mí sola me lleua en lugar de ama, por no ser conoscida.
Mar.—Mi fe, tan mal se cubre su hermosura con manto pobre como la liebre con la cola, porque el oro más reluze acompañado de baxo metal. Y esto no lo digo por menoscabar tu gentileza.
Just.—Baste, baste; y escucha que no sé qué tardar es éste, ni sé qué ha hallado en aquel papel que tanto ha que está mirando.
Mar.—Será oracion de amor.
Just.—Qué dizes?
Mar.—Que será la oracion del saluador, que es larga. Pero por mi salud que la deue de auer leydo, y que deue de obrar, porque gran robador de amor es vna carta bien ordenada, que hasta que ha dicho todo lo que tiene no es possible mandar la, callar. En especial que los adobos que yo le puse no deuen de ser poco menos que buen ruybarbo, para conmouer en tal dolencia.
Bel.—O, soberana virgen sin manzilla, y qué es esto que en vuestro templo ansi me desasossiega? quiero ya, pues, salir con lo que el appetito pide, y acabar de leer del todo este papel, que ni a él ni a mí bien entiendo.
CARTA DE FLORIANO A BELISEA
Fvente de mi descanso, principio de mi gloria, vltimo fin de mis desseos; la que tiene las llaues de mi vida, la que es posseedora de mi coraçon y señora de mi libertad; angel en forma humana, mi señora Belisea.
Antes de publicar mi querella delante tu justicia, inuoco tu piadosa clemencia para que despierte los oydos de tu libre señorio a oyr este tu captiuo Floriano, el más dichoso de los caualleros y el más penado de los sieruos de amor. Bien veo, señora mia, que tengo llenas de fastio tus orejas con mis continuos y tan importunos clamores. Pero tambien deues tú de aduertir en que, para tan flaco suppuesto como es el mio, ya son muy en excesso los tormentos. Y ansi con el pedirte perdon por el atreuimiento, te pido que cortes el hilo de mi mortal viuir, o aliuies la mano en el atormentarme. O si mandas, porque no seas notada de cruel executora de amor, asienta te audacia de mis querellas, para que oyendo tú mi justicia, oya yo la sentencia de tu voluntad. Porque te prometo que, si me mandares matar, que por más te seruir yo sea el executor de tu sentencia, pues en medio de mis tormentos tendre tu voluntad por retracto de mis obras; porque sepas, si no lo sabes, que no es mi viuir por ti otra cosa que vn contino tormento muy a mí voluntarioso. Y ansi te auiso, mi señora, que si no propones de me acorrer, que no te determines de me oyr, ni deliberes poner en mí tus ojos. Porque si me miras, aunque de rigor de justicia yo meresciesse muerte, la misericordia tuya te inclinaria a mandarme aliuiar, sin oyr allegacion de mi parte, mas de que tú, viendo que yo moria, fuesses sabidora ser tú la causa; en quien confiando, quedo por tuyo.
Mar.—Ay, corre, corre Justina, que tu señora se ha tendido, no sea algun desmayo.
Just.—Ay, Jesus, Jesus! o, mi señora y mi bien, y qué es esto?
Bel.—Ay, captiua de mí!
Just.—Qué sientes, señora! leuantate por vn solo Dios, que te hazen mal estas piedras, y vamos antes que seas conoscida, que comiença ya a venir gente.
Bel.—Calla, que yo me esforçaré si pudiere, que fue vna congoxa de coraçon.
Mar.—Pon, señora, la palma desnuda sobre él y aliuiara se te el mal.
Bel.—Creo yo que montará esso poco. Pero quién eres tú?
Just.—No conosces, señora, a Marcelia?
Bel.—Conozco; pero qué hazes por acá?
Mar.—Entré a hazer oracion; pero cómo te sientes? y cata que nos vamos por ay abaxo hazia el rio, que te hará gran bien ver las frescuras.
Bel.—Vamos luego, no se nos llegue gente.
Mar.—Anda, señora, que yo me quiero yr contigo; que como vienes (Dios te guarde) muy endilgada[673], y la mañana es fresca y tú no acostumbras madrugar, y tambien la frialdad destas piedras, todo esto junto te aurá hecho esse daño. Dame acá la mano, si mandas que te acompañe, y andemos.
Pin.—O, dichoso tú, Pinel, que tan a tu contento as gozado de vna tal dama, y tambien llega se te a este gozo vna alegria de saber que ansi queda el campo por mio, que de oy más no tenga puertas la casa de Gracilia para mí. Aunque si cada visita me ha de costar tanto afan, para pocos dias me quieren, si no me pongo en ceua, por no perder honra y tener aliento. Pues Fulminato anoche fue para no boluer, no quiero agora entrar en casa de Marcelia: qué de mañana tiene la puerta abierta! Allá se lo ayan; quiero colarme hazia el rio, que por aqui abaxo siempre suele auer buenos encuentros por las mañanas. Y quiero dar contentamiento a los ojos, pues naturalmente deleyta la vista del objeto hermoso, mayormente de mugeres. Pero helas van tres y las dos muy de las manos, y aun que paresce ropa de pelo. Cata, cata, por Dios que es mi comadre Marcelia. Y que me maten si no deue lleuar aquellas ouejuelas al matadero, o quiça las trae de la charqueria, y aun que la que lleua de mano que paresce de lustre. Pues la buena criança siempre paresce bien, quiero hablarlas, pues ya Marcelia me ha conoscido y pensó de se me desconoscer. Por demás es, señora Marcelia, el querer te me encubrir, que la luz de essa señora ha alumbrado mi vista al conoscerte. Y ansi con su licencia te beso las manos, y mira si mandas algun seruicio.
Bel.—Ay, por tu vida que le mandes passar de largo, que temo que me ha conoscido, pues me differenció de ti en el acatamiento.
Mar.—Mala es de ver la differencia de las dos. Pero espera, que yo le haré presto dexarnos.
Pin.—Di, señora, si mandas alguna cosa? pues por el acatamiento de la compañera no llego a te compañar.
Mar.—Mas antes a ella harás seruicio y a mí plazer grande en que passes luego de largo.
Pin.—Por cumplir la voluntad de essa señora y hazer tu mandado te beso las manos y a essa dama los pies, y perdona mi atreuimiento. O, hi de puta el diablo; y qué ojos y media frente descubrió, y qué albura de mano sacó del guante por descuydo, y qué loçania de cuerpo de dama! Doy a la maldicion esta Marcelia, y si no creo que sabe quanto bueno ay en el pueblo. Voy me por sí o por no a la posada; quiça yrá a desembarcar con aquel flete alla en busca de algun merchant, que si ansi fuesse, venderse [ha] hombre por comprar tal joya.
Bel.—Quién era aquel tan bien criado, y que ansi te conoscia, y que tan presto te obedescio en yrse?
Mar.—Es vn criado de vn cauallero, el más agraciado y más de los de tomo que agora pueblan la corte, y de más gloriosa fama de quantos yo aure visto.
Bel.—En cargo te es, que ansi le loas. Pero dime el nombre del criado y quién es esse su amo.
Mar.—Este que agora va de aqui se llama Pinel, criado de vn cauallero cuyo loor no tiene par; mancebo, gentil hombre, y muy poderoso y de muy alta sangre.
Bel.—O él no tiene nombre ó le tiene tal que no deue ser para oyr.
Mar.—Para nombrar y loar por cierto es, señora mia, aquel sin par de Floriano. Ay, por Dios, Jesus, Jesus, y de qué te me desmayas? o, qué poco esfuerço para lo que ha de ser, si por bien es!
Bel.—Ay, que no es nada, sino que se me torcio el pie en el chapin.
Mar.—Pues qué tal te hallas ya?
Bel.—No te lo sabre dezir; pero sentemonos vn poco en este prado.
Just.—Cata, cata, y qué de reposo se sienta con Marcelia, y qué oluidada está Belisea de la priessa de yr muy de mañana. No sé qué me diga destos secretos: Dios quiera que paren en bien; allá lo ayan, que aqui apartada me siento, pues en no me llamar, lo quieren auer a solas.
Bel.—Agora me di, Marcelia, por qué me visitas tan mal y tarde; pues sabes que no se muestra pesar con tigo en casa, y aun estás bien acreditada en la reputacion de mi padre.
Mar.—Con la enmienda en lo por venir soldaré, señora mia, las quiebras passadas; aunque yo siruo a vna señora que me da menos vagar y tiempo que yo querria para pagar semejantes deudas de visitaciones.
Bel.—Ay, que no lo hazes bien en seruir a nadie sino a mí, ni yo lo consiento.
Mar.—Y aun ansi confio yo en Dios que agora en tu seruicio, como al presente ando occupada, las mercedes tuyas me harán libre de la señora que digo.
Bel.—Y quién es?
Mar.—La señora pobreza, que tiene don de la honra; ansi que se llama doña pobre honra.
Bel.—Ayna me pudieras hazer reyr con tu señora; dos me parescen a mí essas, y aun que pocas cosas pueblan juntas: porque de la honra tambien soy yo sierua. Y aun con sus importunidades de cosas differentes que manda, pierdo yo con el cuydado de cumplir las el sueño grandes y muchos ratos.
Mar.—Pues a mí me trae en vela de contino; pero quál es la otra?
Bel.—La pobreza, á la qual tú podras seruir, pero yo no la siruo: Dios sea seruido en ello y en todo.
Mar.—Mi fe, señora, pobreza a solas, sin el don que yo le doy, no la hallo yo seruidumbre, porque no ay oy en el mundo gente más libre que la pobre, que de honra y todo lo es. Porque con no tener el tal o los tales que perder, no se dexan de arriscar tras lo que les da el appetito, ni ay cosa que les sea vedada, sino las que contradizen a la virtud; que a éstas la natura las aborresce. Y los ricos andan obligados a sustentar la loçania y fausto y gala del mundo, que con ser vn señor muy mal contentadizo, es tan costoso, que muchas vezes tras las grandes rentas les haze empeñar las almas, y vender las virtudes, y arriscar los contentamientos, y jugar con las vidas, por vestirle de honra; y al cabo ni esta honra sabreys en qué ó de qué es, ni qué color saque, ni en qué consista; porque vnos le visten de lo que otros la acaban de desnudar, y otros la honran y defienden donde otros la arrastran y blaspheman. Y ansi andan los ricos tras el mundo como personages sin son, perdidos por contentar: vno que los pobres traen por los pies, y le pierden a cada passo, porque a la verdad ni haze mercedes más de por vida, ni las dadas dexa gozar sino por su antojo, ni ensalça virtud, ni perdona alguna falta, ni oluida jamas el vituperio. Por manera que los señores que los pobres llamamos, que porque más le siruen más entrada tienen en sus bienes, ni nunca bien le tienen ganado, ni dexan de tener el cielo quasi perdido; porque como tengan mayor carga, caminan menos, y como tengan más negocios, tienen menos quietud. Y ansi dize la escriptura que los ricos caen en tentaciones; aunque no lo digo por ti, pues toda general regla tiene sus excepciones.
Bel.—Aunque no hables contra mi persona, porque hablas contra mi estado, que voy en el cuento de los que vosotros allá llamays ricos, quiero, tornando por mí, desengañarte, que no dize la escritura que los ricos caen en tentaciones, sino que caeran en tentacion los que quieren ser hechos ricos.
Mar.—Pues qué me da más ocho que ochenta, si los ochos son diezes? que no me daras rico que con serlo no huelgue, y que no le pese con el descaer del estado.
Bel.—Dado que te conceda esso, aun no caes en el punto de la razon.
Mar.—Pues suplico te me la digas: porque es descanso verte sabiamente tractar lo que quieres. Y aun huelgo de tener en qué ocupar tu entendimiento en otra cosa que tu mal.
Bel.—Ay, amiga, que al fin allá quedan las rayzes. Y esto, aunque sea mondar las ramas, pero entiendo que ay ricos, y ay desseosos de ser ricos. Los primeros llamo yo los que lo son desde sus antecessores, como los que tienen estados y señorios de majorazgos o herencias seguras y rayzes. Y los tales, como desde que son o fueron fueron ricos, con no tener que dessear ser ricos, pueden occuparse en hazer grandes bienes, con estar contentos con la suerte que les dio el mundo. Pero los que son ricos no de auolengos, sino por industria y fortuna y mala ganancia, que van poco a poco, o mucho a mucho augmentando el caudal para hartar el auaro appetito, éstos caeran en tentaciones de vsuras, logros, robos, engaños, mentiras y oluido del diuino culto por la adoracion de la moneda. Y ansi, adonde los primeros que dixe, en sustentar su estado, no empeñando a Dios por la hazienda, ni haziendo desafueros, sino con lo que tienen por proprio, pueden seruir a Dios, alli los segundos, que quieren a tuerto o derecho (como dizen) alçar casa y fama y acaudalar hazienda, hazen mil offensas a Dios y dos mil agrauios a sus proximos.
Mar.—Altamente has prouado tu intencion. Pero dime si te sientes ya mejor, que te vi en la iglesia endenantes que estauas tan embarada, que jamas pude sacarte vn papel de la mano.
Bel.—Ay, amiga, qué grande fue mi mal no pensado! Pero dime, viste lo que era el papel o sabes qué dezia?
Mar.—Bueno va el recado.
Bel.—Qué dizes?
Mar.—Que, mal pecado, no sé leer; pero por qué me lo preguntas?
Bel.—Porque le hallé en la grada del altar, y no sé lo que es, y temo no sea algun mal, porque luego me senti con las bascas que me viste.
Mar.—No será sino alguna nomina de algun enfermo, que la pondria delante nuestra señora para que tomasse virtud.
Bel.—Ay de mí, que bien creo yo que si alguno sanó con ella, que empeoré yo.
Mar.—Mas qué tacha; ay, Dios te guarde de enfermar; pero dime, sientes algun mal?
Bel.—Dexame de preguntar lo que dicho no sabras remediar; y dime, mudando plática, porque me da pena ésta: de dónde conosciste tú aquel mancebo?
Mar.—Quál, mi señora, a Floriano?
Bel.—Que no, sino el de endenantes.
Mar.—Tan sólo en ser criado de aquel valeroso y gentil cauallero de Floriano; pues ay, señora, y de qué te turbas?
Bel.—No te menees, está queda: que más mal se me va aparejando, y desde agora començare a esforçar mi flaqueça y a forçar mi voluntad.
Mar.—Y aun ansi te cumple, y Dios y ayuda.
Bel.—Qué dizes? no me hables tan entredientes.
Mar.—Hablo ansi porque no sabe la persona si passará alguien que de palabra saque la razon, y declare la persona lo que quiere encubrir. Pero digo que yo te tengo de alegrar oy con mi compañia.
Bel.—Ansi lo guie Dios. Pero dime, cómo tienes tú noticia de su amo de aquel mancebo?
Mar.—Quál, Floriano?
Bel.—Que ya le sé bien el nombre; dime lo que más sabes dél, y piensa que sólo me mueve curiosidad y occasion de tener que hablar contigo.
Mar.—Ay, mi angel, y cómo en nombre del buen Floriano te quiero besar essas manos.
Bel.—Ay, amiga Marcelia, cómo aunque me huelgo de te oyr, no me suena bien esso; cata que ya sabes quánto abomino estas cosas.
Mar.—O, qué gracia tienes aun en el enojarte; puesto que no tienes por qué culpar mi simplicidad en el hablar. Porque si te besé las manos (lo que agora torno a hazer), más en nombre de Floriano que de nadie, es porque con parescerme que a las damas deuen los galanes seruir, no le ay quien a ti merezca si Floriano no. Porque de algunos que en mi casa entran de los suyos oyo dezir, y no acaban de contar de sus loores, su llaneza, su señorio, su liberalidad; pues la edad, que es de veynte y cinco para veynte y seys, que en seso paresce de ochenta. Y agora, mi señora, me dizen que anda tan malo que me ponen los criados duda en el escapar. Y si él (lo que Dios no quiera) muere, se cierra vna gran puerta a menesterosos; porque, a la verdad, a mí me haria grande mal, y a mis necessidades se quitaria vn gran acorro. Y esto te digo como a mi señora, á quien, desengañadamente amando, doy cuenta de mis flaquezas.
Bel.—No viues engañada con migo; pero dime, qué mal es el desse cauallero? que cierto tú lo cuentas de suerte y lo encaresces tanto, que me has mouido a gran lastima.
Mar.—A otro perro con ese huesso. Señora, no me saben dezir sus criados más de que huye toda alegria, y aborresce la conuersacion humana, y ama la soledad. Y puesto a solas, tañe como lo sabe bien hazer, y canta como el que tiene linda gracia nouedades y canciones en declaracion de su mal.
Bel.—Y de qué en especial se quexa, si dizen?
Mar.—Pues no me lleuarás por ay. Señora, no sé más de que dizen que son bascas del coraçon, que algunas vezes le priuan los sentidos.
Bel.—Por mi vida, pues, que si este mi anillo se pusiesse al dedo, que le fuesse bien; porque tiene esta piedra muy apropriada contra esse mal.
Mar.—Mejor anillo le serías tú, si quisiesses, y él te tuuiesse.
Bel.—Qué dizes si me tuuiesse? y habla me claro.
Mar.—A buen entendedor poca parola. Señora, digo que, si no me entendiste, que si le diesses esse anillo y él le tuuiese, que con el sanar te deueria todo seruicio. Pero como ni yo osé pedirte le, ni el buen Floriano esté tan en tu gracia que se le quieras dar, ansi con temor lo hablé entre dientes. Pero, al fin, combidarte ha tu misericordia a que le fies de mí, con tal seguro, que en él sanando o sintiendo aliuio, te le tornaré, o él mesmo te yrá a besar las manos y darte le de su mano a la tuya; porque a todo esto saldre yo fiadora.
Bel.—Ay, calla, que de ti sola lo fiaré, y te lo dare para que él se aproueche tan solo por ti.
Mar.—Yo le tomo con tal presupuesto, y te beso las manos, y se le lleuo luego de tu parte al cauallero.
Bel.—Ay, ay, que no quiero que le lleues en essa manera.
Mar.—Que no digo que se le dare en tu nombre, sino que por tu mandado; pues sola lo fias de mí, yo mesma se le yre a lleuar, aunque en mi vida le hablé. Pero más que tanto haré yo por seruir te, y tornar tele en tu mano como me le das.
Bel.—Ansi lo haz, y cierto que holgara de verle, por saber si es tanto su mal, y ver lo que obra el anillo.
Mar.—Esso, señora, no se lo aure dicho, quando vaya de ojos por tu seruicio él.
Bel.—No quiero dezir lo que entiendes, sino que holgara de que se offresciera occasion de verle, porque en el rostro le conosceré yo si tiene el tal mal.
Mar.—Ya, ya, entendida eres; todo lo haré por tu contentamiento. Pero dónde vas por acá oy que ay toros, segun me dizen, y aun bien sé por quién se corren.
Bel.—No quiero más saber de ti; pero voy a nuestra señora de Prado, por huyr de no me hallar a los toros.
Mar.—Pues si mandas, acompañar te he, aunque tenia bien que hazer: y si has de yr, no aguardes a que entre el sol y ande más gente.
Bel.—Anda, vete, y no dexes de yrme a ver, y ponme cobro en el anillo, que le estimo en mucho por su virtud.
Mar.—Los angeles vayan contigo, que yo cumplire mi palabra.
Bel.—A, Justina, dame la mano y vamos de aquí, que ya se fue Marcelia y vase haziendo tarde.
Just.—Sin duda que ya me dormia; pero huelgo que te alegraste con Marcelia.
Bel.—Por cierto que tengo de mirar de oy más por ella, porque creo que padesce necessidades y es buena muger y diligente.
Just.—Buena obra harás, señora, en fauorescerla; porque con el mal que te sobreuino en la iglesia endenantes luego que tomaste aquel papel, ella mostró tanto sentimiento, que mostró bien el amor que te tenga.
Bel.—Ay, mi Justina, que no te puedo encubrir lo que se trasluce, porque en leyendo aquel papel me senti y siento otra que solia, e inclinada a lo que poco antes aborrescia. Y consentir el mal no es más ya en mi mano, ni sé qué mal es el mio.
Just.—Ay, mala landre me dexe si no deue ser mal de aquel cauallero, y que esta Marcelia lo ha vrdido. Pero si este mal fuere, él se descubrira, porque mal se asconde el fuego en el seno, ni el amor en el pecho.
Bel.—Qué vas diziendo? toma me estos chapines agora que vamos ya por el campo, y dexa me hasta allá yr a solas, porque yre rezando mi rosario.
Just.—Hagase como tú fueres seruida.
NOTAS:
ARGUMENTO DE LA SCENA XVI
Marcelia yendo a su casa halla la hija acabando de despedir vn galan, y sobre sospecha le pide zelos. Despierta Marcelia a Fulminato; vanse juntos a casa de Floriano, al qual cuenta lo que le auino con Belisea, y dale el anillo, y persuadele que vaya a Prado a uer se con Belisea. Floriano da vn anillo rico suyo a Marcelia, con otras mercedes. Y buelta Marcelia a su casa, Floriano se alegra y come, y manda adereçar para yr a Prado.
Marcelia, Liberia, Fulminato, Lydoro, Polytes, Floriano.
[Mar.]—O, quán rica voy para mi casa. No en balde dizen que a quien Dios ama que la casa le cata. Y si vale más a quien Dios ayuda que quien mucho madruga, más valdran estas dos cosas juntas: que por quererme Dios a mí encaminar me hizo aceptar tan de facil el cargo de Fulminato en la carta. Y en deliberando hazerlo, puse pies en camino, y a pocos passos he andado gran jornada, y ansi confio en Dios que sacará buenos fines en este negocio, aunque los principios no sean tales. Ya estoy en mi casa, loado Dios; arriba subo de rondon, despertaré a Fulminato, y luego voy a desembarcar con mi buena nueua a Floriano, que lo ha de oyr de mi boca primero que nadie, porque el alma me da que tengo abierta oy buena ventana de claridad a mi casilla. Qué hazes, hija?
Lib.—Aqui me estoy velando el sueño a Fulminato.
Mar.—Pues quién salio agora de casa de priesa, que le vi asomando yo a la punta de la calle?
Lib.—No sé, madre.
Mar.—Ansi, hija, por tu vida que siempre mires por la honra, pues ves quánto yo ando aperreada por traer alguna ganancia. Ve, cierra la puerta, que yo entro a despertar este dormilon.
Lib.—Ya deue mi madre venir picauienta; que auria de auer ya mal empacho de sí y no pedir me á mí zelos de lo poco que hago para lo mucho que ella me enseña. Pero dichosa fuy en despedir aquel galan al punto, que a lo menos por mucho que diga mi madre, ni me quitará ya ésta, ni me lleuará el realejo de a dos. Y asuadas que, si yo puedo, de oy más que pocas me haga mi madre que no me las pague, ni aun me lleue la delantera, si plaze a Dios, que todo es burla el estar siempre en vn hito que enhada. Y el mudar de manjares más despierta el apetito al comer, si todos ellos son buenos. Yo quiero mientras ellos salen almorzar algun bocado, porque de oy más antes me lleuará mi madre harta a la missa que ayuna a las visperas.
Mar.—O, Jesus, y qué dormido está; pero al fin quierole quebrar el sueño.
Ful.—O, despecho de la vida con tales burlas, y tú eres?
Mar.—Leuantate ya, que es tarde.
Ful.—A la he, bien que leuantate, y echase me encima: pues espera.
Mar.—O, valasme Dios, y qué pesado eres en todas tus conuersaciones.
Ful.—Mucho vienes gruñidera; pues qué me mandas agora?
Mar.—Ay, Dios, y qué bonito, y qué obediente. Viste te presto, que ay mucho que hazer; que tú para la tierra donde no ay dia eras bueno, que dormirias a posta.
Ful.—Pues qué quieres? que andando hombre haziendo esgrimas de noche y cargado de armas, el cansancio de la noche alo de pagar el dormir de dia; que la medicina manda dormir siete horas. Pero vees me a punto, y aun con gana de roçabillar.
Mar.—Pues cubre te y vamos a Floriano, que le lleuo este anillo de la mano de Belisea, y le di su carta, que harto mal será si no nos manda dar de almorzar de alboroque, pues que yo bien lo he merescido.
Ful.—Vamos, vamos, pese a la vida, que con tal entrada medra tendremos entrambos con que poblemos las bolsas, si lo que dizes es verdad.
Mar.—De ser ello ansi no dudes tanto como en el partir mi ganancia.
Ful.—Qué dizes de ganancia? que con el gozo de la medra que espero no aduerti.
Mar.—Digo que mi perder oy de sueño meresce buena ganancia.
Ful.—Anda, que para que los dos medremos, algo has de perder del dormir, pues yo por contentar te pierdo mucho del reposo.
Mar.—Mas oxte, necio, y aun no tenemos hijo y poneys le vuestro nombre? pues al freyr lo vereys.
Ful.—Qué gruñidora vas, y qué passo de frayle combidado, y quán en silencio vamos!
Mar.—Y calla ya, que no miras los inconuenientes; voy como de huyda; porque en verme ansi yr contigo no sé qué diran gentes, en especial que si de la plática cogiesse algun passagero alguna razon, no nos haria prouecho.
Ful.—Qué negros escrupulos de vergonçosa desposada. Dime ya qué heziste de la carta de Floriano, y si la diste a Belisea? para que sepa yo responder al punto sin que me hallen desapercebido.
Mar.—Por mi salud que lo adobauas. Vamos por la calle y nombras las personas para manifestar los hechos?
Ful.—Muy secretaria vienes, pues mandote yo que en el mensaje tú podrás saberlo sola, pero en la ganancia mi mano la primera, y aun mi porcion la mayor.
Mar.—Que vas enojado? pues calla, que allá verás como tú y tu amo y todos vosotros me deueys mucho, pues que os dexé ya llano el camino y la guia puesta.
Ful.—Dessa manera ganancia aurá, que para mí es lo principal, y lo al, vaya o venga, en casa estamos. Mira que no te entiendan lo que traes, porque no nos ganen nuestras albricias.
Lyd.—Cata, cata, qué paje trae Fulminato; aquel deue ser el ceuo de su ropa de color, que él dixo. Di, Polytes, conosces la?
Pol.—Como a mí; es la huespeda y amiga del galan. Y asuadas que si no son alcahueterias, que deuen ser quexas de los que allá entran, mayormente si son de la sangre de su hija, que es a cargo Felisino (segun se suena) y quiça vendra a poner le la demanda del dote.
Lyd.—Calla ay, mal hora, que ésta no tiene talle de tener essos tractos.
Pol.—En esta tierra a dos manos juegan las tales, porque de muchas partes les nazca ganancia.
Ful.—Nora buena esten los caualleros.
Lyd.—Bien venga la señora y el galan, y qué es lo que manda por acá?
Ful.—Viene a hablar a Floriano.
Lyd.—Anda, Polytes, y auisa a Floriano; y tú, señora, me alegra con buenas nueuas, porque aunque te parezca nueuo el hablar sin conoscerte, tengo muy gran lengua de tu bondad y gentileza, de los que allá entran en tu casa.
Mar.—Por el buen cumplimiento te beso las manos. En lo demas vengo con vn recaudo al señor Floriano, con que confio en Dios de dexar toda alegria.
Lyd.—Esse tal señor la dé a ti y a todos, que es él poderoso.