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Orígenes de la novela, Tomo III

LA LENA (continued 2)

Reading edition

Pol.—Agora que tienes la cancion, la harás cantar a la puerta de tu Florina.

Cor.—Hallado has el musiquero; acaba ya, no seas boba, ablandate, que fuego no se mata con fuego.

Pol.—Pues para qué la has escrito?

Cor.—Para mis amos, que como son músicos, tienen el seso con ventanas y quieren auer quanto se canta, y assi me embian a media noche a caça de sonetos.

Pol.—Dime lo que has escrito.

Cor.—Cantando?

Pol.—No, porque no l'oyan los vezinos.

Cor.

El que os viesse y no cegasse Ciego, señora, seria; Quien perdido no quedasse Más perdido quedaria. Para poder escapar De cegar o se perder, Es el remedio n'os ver O no saberos mirar. Mas quien assi se librasse Presso afligido seria: Y si os viesse y no cegasse Mal, Policena, veria.

Pol.—Tú me das la raposa por marta y me hazes cr'er quanto quieres.

Cor.—Pues por qué no cr'es quanto te quiero?

Pol.—Essas son otras quinientas.

Cor.—Oye, amores, por vida mia, mas yo boluere a la hora que suelo, si gustas d'ello.

Pol.—Si gusto? En condicion me lo pones? Hazme rauiar esperandote, como sueles.

Cor.—Ya sabes que no soy mio.

Pol.—Pues cúyo eres?

Cor.—De mis amos y tuyo.

Pol.—Mio?

Cor.—Assi fuesses mia, que no puedo llamar assi vn cuerpo priuado de aficion.

Pol.—Troquemos.

Cor.—Esso no, mi alma; besote las manos. (Solo). Mirá hasta dónde encaxa los celos el demonio. Como si no tuviesse que hazer con los casados. Lo que remedia y daña una copla a tiempo! Cosa estraña es lo que me quiere esta moça; mas tal burla la hago, por vida d'el Marques de la Cornia, que no la trocasse por la más repicada de la ciudad. Es cosa de burla, sino andarse el hombre tras estas ouejitas de prima tonsura. Más estimo aquel cuello que me dio el otro dia, que quanto mis gallipauos esperan de sus emparedadas. Andense ellos a coplas, que yo me estare entretanto las manos en la cinta. Quierolos lleuar esta profecia y allá se auengan.

NOTAS:

SCENA II

Lena, Violante, Damasio, Cornelio.

(Len.].—No veo persona en esta calle. El señor Damasio me dixo que me dexasse ver, que me queria dar vn regalo para mi enamorado. El diablo le ha dicho que le tengo. Al fin, no hay cosa secreta, por más que la persona mire por su honrra; a fe que tengo de abrir los ojos de aqui adelante, que por menos se suelen perder buenos casamientos. Sin duda lo aurá sacado el casquiuano por discrecion, entendiendo que aunque se le corta la cola al perro, siempre queda perro: que de otra manera seria imposible saberlo él ni nadie, porque no entra en mi casa sino secretamente (a medio dia) quando no parece persona biua, por euitar el escandalo de la vezindad. A lo menos, si no soy casta, tengo esto bueno, que de cauta me he preciado siempre, porque'l mal es siempre mal, mas peor quando con mal exemplo se comete. Si todas se gouernasaen con el recato que yo, no andarian hoy tantas honrras por los tableros. Piense lo que se le antojare, que tampoco él anda ahora para hazerse hermitaño: que yo no me emendaré mientras pudiere comer mi pan con corteza, y aun despues veremos. Echá la natural inclinacion a palos, que no por esso dexará de boluer. No sé con todo esto si l'espere aqui o si llegue a su casa. Si le aguardo, podrá ser que como moço descuidado se esté entreteniendo en otra parte, y que me dexe plantada hasta la noche'scura, y no puedo perder tiempo teniendo tantos negociantes, que me esperan como agua de Mayo; aunque las más vezes soy la de San Iuan, que quita el vino y no da pan. Si voy a su casa podrá la madre preguntarme lo que quiero, y no sabiendo qué responder, sin duda m'embiará jabonada. Pues no es nada soberuia la señora: dízenme que quando la pica la mosca no ay quien pueda esperar sus reziuras. Pero cómo soy necia ahora, estando más llena de cautelas que un hueuo de clara y yema? No sabré darla el pan por hogaza? No, que soy vna boba! Ea, pues, cabeça mia, Dios te me guarde de pan de ventana; hela aqui a las mil marauillas; al fin no se hizo la silla para el asno. En aquella casa ay tres que me conocen: Cornelio y sus amos; será desgracia si en llamando no responde alguno d'ellos; si fuere otra persona, o la mesma madre, diré que traigo a vender alguna cosa, la primera que me viniere a la boca; está que no ay más que pedir; con buen pie vamos. Ta, ta, ta.

Violante (dentro de la ventana).—Perdoneos Dios, amiga, esse llamar tan rezio; que toda me aueis turbado.

Len.—Ay, qué ligera de sangre es la señora!

Vio.—Qu'es lo que buscais?

Len.—Ayudame, lengua, si no, mira que te corto. Cuitada de mí, no deue ser ésta la casa que busco. El otro dia me encomendó vna señora que la traxesse vn poco de estoraque y benfuy para hazer vnas pastillas, y no acordandome de la casa, lo pregunté a tiento a vna muger que acertó a passar por aqui y me encaminó a ésta, diziendo que sin duda seria V. m., porque (dixo) es la más curiossa señora de la ciudad. Qué lamedor!

Vio.—Ay, amarga de mí, cómo s'engañó en todo; ya passó esse tiempo; mas aunque no soy la que buscais, yo tomaré vn poco si es bueno.

Len.—Es bonissimo quanto puede ser. El diablo me traxo a la memoria esta mercancia.

Vio.—Subí arriba, hermana, o esperáme ay.

Len.—Esperete vn toro. No lo traigo, aqui.

Vio.—Pues si no lo traeis con vos, para qué llamais?

Len.—Para saber la casa, auisar que lo tengo ya y boluer por ello a la mia. Tan gran pecado ha sido? perdoneme V. m.

Vio.—Andá en buen hora, que no deue de ser esso lo que buscais.

Len.—No ha sido malo el encuentro y desecha para de valde; qué haré ahora? Dar de la sarten en las brassas.

Cor.—Allá va la bienhadada.

Dam.—Es ella?

Cor.—La mesma. Daranos ahora sin duda tres ouejas negras por vna blanca; ya nos ha visto.

Dam.—Dexame con ella. Loada sea la hora en que aueis parecido a cabo de aueros buscado tres horas. Más teneis que hazer que pastelero en Carnestoliendas; bien se deue correr el oficio.

Len.—Tan bien, qu'estoy por llamarle (sino por lo que por seruir a V. m. traigo entre manos) peor que mecanico. Pobre de mí, que para poderme sustentar y mantener en la gracia de los que bien me hazen he de cumplir con todos y ser como el Sol, que assi alumbra a los buenos como a los malos; aunque deuen de pensar algunos (no lo digo por quien tanto se acuerda como V. m. de hazermela) que biuo como camaleon.

Dam.—Huelgo de no entrar en essa quenta.

Cor.—No? La primera partida de su Manual.

Len.—Aun hasta ahora no puedo dezir de qué color es la ingratitud.

Cor.—Ha hecho como el tirador de arco, que para llegar al punto va tomando la mira gran espacio sobr'el blanco; y ahora vende la salsa.

Dam.—Quereis yr a hazer lo que os dixe!

Len.—A V. m. toca mandar y a mí obedecer.

Dam.—Tomá este par d'escudos, y si bolueis con algo de bueno, yo sé lo que haré.

Cor.—No digo yo que nunca cantó en vano? Y con todo esso, haze siempre como la gata, que sin quitar los ojos de las manos come y gruñe.

Len.—Bastame la gracia de tan buen cauallero.

Cor.—Es a punto el medico, que diziendo no es menester hazer esso comigo, abre la mano y aprieta más que vna tenaza; pero tienen ambos esto de bueno (como el lobo): que nunca toman por quenta.

Dam.—Esta carta y anillos aueis de dar al Bachiller, diziendole lo que más al proposito os pareciere, para que llegue a buen puerto.

Len.—Pierda V. m. cuidado.

Dam.—Todo lo remito a vuestra discrecion.

Len.—Beso las manos á V. m.

Dam.—Con bien boluais.

Len.—Quedá en buen hora, Cornelio hijo.

(Vasse Damasio).

Cor.—Lena madre, todos los cuclillos os acompañen; como ayais concluido este negocio, haremos los dos otro aparte.

Len.—Ay, loco, loco; ya no me quiere ninguno, sino para lo que traigo entre manos; pues siempre me dexan a la luna, como tablilla de meson. Mas con todo esso, ya hablaremos más largo y tendido; que aunque se acabó el vino, el barril es el mesmo.

Cor.—Creolo, porque la zorra muere en su pelleja si no la desuellan.

Len.—Pulla es essa; basta. Lo demás para otra vez; a Dios mi... no lo quiero dezir.

(Vasse Lena).

Cor.—Pues direlo yo: fa, sol, la mayor puta vieja que ha estudiado en Valladolid. Burlaos y vereis lo que passa; tenderse quiere la niña. Con todo esso, he de procurar pescarla algunos realejos, contentandola, quando más no pueda, a ojos cerrados; acabando de comer mi pan con la salsa de más agradable imaginacion.

(Buelue Damasio).

Dam.—Quán de assiento lo tomas.

Cor.—Tambien, señor, ando yo casi enamorado, y quiero tenerla contenta; qu'es aparejadissima para sacarla quanto alcança.

Dam.—La razon?

Cor.—Porque como estas calloncas tienen la carne tan mal acostumbrada, dan liberalmente lo que les queda al que tiene paciencia para ensillarlas.

Dam.—Sacaráte el vientre de mal año.

Cor.—Por qué piensa V. m. que se dixo: Bueno está Chillon, si la vieja le dura?

Dam.—Por lo que guarda su quiñon la vieja madura; y assi vendrá a salir tu desiño el sueño del perro.

Cor.—Todo será auenturar dos ydas y venidas; y quando la suerte salga en blanco, a lo menos no tendremos que reñir sobr'el partir de la cadenilla, porque la damos a comer por onças, y assi quedaremos amigos como de antes.

Dam.—Gran hablador eres.

Cor.—Lo qu'escuecen las verdades!

Dam.—A la fé, sospecho que deues de ser a la parte.

Cor.—Nunca me passó por pensamiento, porque ya murió Calisto, y nuestra Melibea se da tanta priessa a sacarnos de pena, que la mercancia vendrá a salir poco más que de balde.

Dam.—Poco precio te parece el coraçon con que la he dado?

Cor.—Es de los que se pesan en las carnecerias de amor, que se hallan a cada passo.

Dam.—No es para ti esta materia; puedo cantar con verdad:

Quisiera yo tener diez coraçones, Y que lleuara vno en cada dedo.

Cor.—Y porque no tenemos más de vno le conseruamos quanto podemos.

Dam.—Ya v'es lo que dize la estanza.

Cor.—Veolo, pero como soy tan grosero, no lo entiendo.

Dam.—Buen principio es para salir de tu necedad el conocerte. Dice que no desconfie por verla tan encerrada: que sea constante en la començada empresa: fiel, entiendesse secreto, qu'es la mejor parte en vn enamorado y que más satisface a las damas. Assegurame del reciproco amor; y poniendome delante que las victorias más trabajadas hazen el triunfo mayor, concluye con esta verdadera sentencia: qu'el amor rompe y allana todas las dificultades a quien con pecho valerosso se resuelue para llegar al fin que pretende. Qué te parece?

Cor.—Que lo ha V. m. interpretado muy a su proposito; pero quisiera yo que todo esso lo dixera la copla.

Dam.—Mucho más da a entender, que para ti seria algarauia.

Cor.—Pues qué concluye?

Dam.—En que está determinada de poner en execucion lo que la pide el desseo.

Cor.—Quando?

Dam.—Más tarde que yo querria. Esso estudiará ahora, y sin pensar nos lo cantará el ruiseñor.

Cor.—Cómo gusta la fortuna de casos tales! y para hazer bien no se hallará agua en Tajo[765]. Bien ha hecho V. m. en no dezir nada d'el cantar a esta buena muger.

Dam.—De semejantes no se ha de fiar sino lo forçoso, y esso con gran escaseza y recato. Vamonos a casa a consolar a Macias con esta buena nueua, que no la creerá segun es el viento fauorable.

Cor.—Yo tengo que hazer en la plaça; mandame V. m. algo?

Dam.—Que no te descuides de acudir al pagezillo, que ya v'es lo que nos importa.

Cor.—No perderé punto.

NOTAS:

SCENA III

Cornelio, Vigamon.

[Cor.]

Si vna es buena, es por ventura, Y si mala, de natura.

En dos palabras ha dicho la señora quanto es menester, más claro qu'el sol; y yo hago del aturdido, por dexar saborear y dar más que deuanear a mi amo. Allí veo a Vigamon, mi amigo viejo; quiero desentrañarle, para tomar vn rato de plazer.

Vig.—Vienes más a punto que la gracia a vn condenado quando está en la escalera, porque yua derecho a buscarte.

Cor.—Ya era tiempo de que nos viessemos; ay algo en que te pueda ser de prouecho?

Vig.—Mi amo me embia a llamarte.

Cor.—El señor don Galcerán a mí?

Vig.—Quánto ha que mudé dueño!

Cor.—Pues con quién estás ahora?

Vig.—Con el señor Aries de... par Dios, no sé de dónde.

Cor.—Es vn cauallero padre de vna señora que se casó poco ha con un Ceruino de tal, que biue a las Tenerias?

[Vig.].—[766]El mesmo.

Cor.—Pues de dónde me conoce él a mí?

Vig.—No te lo sé dezir.

Cor.—Mira no le ayas entendido mal.

Vig.—No eres tú Cornelio, criado de aquella señora viuda hermosa, que tiene dos hijos y vna hija?

Cor.—Qué me podrá querer?

Vig.—Menos lo sé: él te lo dirá; de qué te congoxas?

Cor.—Sabes qué cosa es ser llamado sin pensar vn pobre moço de personas tales? Haze reboluer en vn punto quanto el hombre ha hecho y pensado en toda su vida: la verguença me empacha y haze dezir esto; pero con todo esso, vamos. Como lo passas, Vigamon hermano? estáis bien acomodado?

Vig.—Casi bien, como vela a medio arbol.

Cor.—Quánto hazes de daño?

Vig.—Doze grullejas pagadas, que no ay más que pedir.

Cor.—La cama?

Vig.—De la fabrica de vnas parrillas, no la trocaria por la del guardian del Abroxo; mas no sé qué tiene, que aun durmiendo me bambaneo, sin poder hallar remedio (aunque he prouado ciento) para hazerla estar queda.

Cor.—Será sin duda algun duende.

Vig.—Oxalá, si fuesse como el de la otra, que se quexaua que vno no la dexaua repossar de noche, con que tenia amedrentada a su madre; hasta que se vino a descubrir que secretamente metia en casa vn familiar encarnado, que hazia sobr'ella la pessadilla.

Cor.—Ha, ha. No, ay[767] en casa alguna dueña que quiera hazer contigo de la duenda?

Vig.—Si esso tuuiera, medio mal, mas no ay sino vna viejeçuela, trasparente como lanterna, que gouierna la casa.

Cor.—Es tan sin dientes que no se la puedan sacar vn par de muelas?

Vig.[768].—No ay vieja para esse menester; mas llegate a herrarla: es vn Barrabas con tocas; no ha nascido (segun lo que muestra en el sacudimiento y aspereça) mula más mala d'ensillar.

Cor.—Aurá sido coxquillosa en su jouentud: mas si yo la dixesse al oydo vnas palabras que m'enseñó vn albeitar, verias marauillas.

Vig.—Como d'essas sé yo; pero tal qué aprouecha? no queda por esso.

Cor.—De manera que ya l'has tentado las coraças?

Vig.—Vna vez sola, que haziendo del cortés, la pregunté como estaua, y al punto muy escandalizada se lo fue a dezir a mi amo, añadiendo que la auia tocado el deuantal; y él (que es más seuero que Socrates) diziendo: Dura cosa es, hermano, andar a discrecion de un garrote, me puso perpetuo silencio. Y assi passo vna vida tan colerica y melancolica, que (de puro ahondar horizontes) temo al cabo de venir a dar en poeta; porque me siruo demassiadamente de la cabeça. De manera, hermano, que soy medio biuo, sin más conuersacion que la de un negro boçal que cura el cauallo; con quien passo mis ratos, hartandonos ambos de zinguerrear en vna guitarra más destemplada que discante de ramera.

Cor.—Vamos a la gula.

Vig.—Esso no falta quien me mantenga flaco, con poco gasto, fabricando siempre en seco, tanto que a cada bocado me veo en passamiento.

Cor.—Quién compra?

Vig.—Yo, por mi más negra ventura que la pez.

Cor.—No sabes la cuenta del siete y tres son treze? Ya m'entiendes!

Vig.—Demassiado, pero todo lo que se come es casi de su cosecha, y andan tan d'espacio los banquetes, que se puede hazer poca hazienda.

Cor.—Arrima la nauaja y rapa donde pudieres: no ues quánto han encarecido las cosas, que todas han crecido sino nuestros salarios, que no bastan para çapatos? No tienes algunos percances?

Vig.—Qué cosa buena puede auer en casa donde no se juega? Assi me tengo por casi enterrado.

Cor.—Tú qu'eres amigo de plazer, auias de estar con mis amos (dos puros locos de atar), que siempre me traen de acá para allá, haziendo el amor, dando músicas, en seraos, en comedias, en banquetes y en otros mil passatiempos. No ha Dios amanecido quando assidos de mí comiençan a luchar comigo, arrastrandome por aquellos suelos y haziendome pedaços quanto traigo acuestas.

Vig.—No me parece essa buena conuersacion.

Cor.—Qué importa, si quanto traigo es suyo y quanto ellos mio. El vno, toma tal jubon, y el otro, ponte aquellos calçones: vengan los torreznos, la fruta, el beuer fresco, y todo con vnas entrañas, que me tendrian los que no nos conociessen por su hermano mayor.

Vig.—No son esos caualleros como los malauenturados que dizen que para ser bien seruidos conuiene tener los criados pobres.

Cor.—Tras essa hoja hay otra: que no siruamos tanto que de puro obligados los amos no sepan con qué pagarnos; y assi he visto criados que lo pueden ser del Rey, enuejecidos y rotos, esperando los montes de oro, que nunca corren, con que los entretienen.

Vig.—Dexariame yo echar vn birote de semejantes amos como los que tú tienes. Llegate a ciertos confessos reuestidos con quatro reales que les dexaron sus padres (ganados como Dios sabe), que les parece matar a sus madres si dexan al pobre moço vn momento en reposso, como si los vuiesse comprado por esclavos; no lo puedo lleuar en paciencia. O si (como lo he desseado mil vezes) me tocasse por suerte vna[769], ser amo de alguno d'estos pelones, verias cómo me seruia d'él, haziendole correr, trotar, saltar, sudar y trabajar tanto, que no le parasse mosca encima; cada dia (por ahorrar el salario) leuantaria cosas nunca soñadas para descontar del salario, y por quitame aquella paja: hermano, otro poco a otro cabo. Mas es el diablo que para esto es menester argent, y yo no lo puedo esperar en los años de Matusalem: porque no ay en todo el Mapamundi tanta tierra como ocupa vn'hormiga que sea mia. Al fin no viene a ser puerro sino el que se trasplanta. Auria lugar para otro criado en casa d'essos señores?

Cor.—Es su madre tan auarienta, que antes mira a despedir que a recebir de nueuo.

Vig.—Buena ventura fué la tuya en topar con tales amos: daria quanto tengo por seruirlos.

Cor.—Con quántos ducaditos caerias si yo te metiesse en mi lugar? que desseo ya assentar y dexarme de tantas mocedades.

Vig.—Para esso mi amo.

Cor.—Pues troquemos.

Vig.—Oxalá, mas cómo?

Cor.—Concertemonos, que despues yo lo encaminaré.

Vig.—Burlaste o dizeslo de veras?

Cor.—Respondeme al quánto y dexame el cargo.

Vig.—No me hallo con más de quatro, y el mes que va corriendo (aunque no tanto que no me parezca vn año); darete los tres, que lo demás es para cambalachar unos calçones con éstos que andan por dexarme.

Cor.—O, esso es poco, porque te valdran más de cinco al mes los prouechos: mas por lo que te quiero me contento con quatro.

Vig.—Sea[770] assi.

Cor.—Dexame concluir vn negoçuelo en que ando, que será presto; yo te auisaré, y entonces haremos d'esta manera. Yo me despediré (resuelto) de mis amos en buena paz, fingiendo alguna ocasion, y les diré que en mi lugar les quiero dexar vn criado a toda broça, tal como bueno, que serás tú; y sin duda holgarán d'ello; y al mesmo tiempo harás otro tanto con tu amo, diziendole que soy un moço diligente, virtuoso, que nunca dexó el rosario de la mano, y tan amigo de quietud, que pienso meterme fraile.

Vig.—No anda él tras otro, doylo por hecho; quándo quieres el dinero?

Cor.—Esso, amigo, quanto antes será lo mejor, porque no nos podamos arrepentir.

Vig.—Veslo aqui, toca la mano.

Cor.—Fiat.

Vig.—No nos detengamos, que t'espera mi amo con más desseo que las coles de Agosto l'agua. Voy a dezirle que estás aquí.

Cor.—En buen hora. No ha sido mala esta iornada; tendre con qué prouar la mano. Sy ganare, boluerselos he, y si no, trampear y a ello.

Vig.—Subí arriba.

NOTAS:

SCENA IIII

Inocencio, Lena

[In.].—Omnes in omnem culpam prolabuntur. Gran peccado comete mi señor (de que ha de dar estrecha quenta) en tener tan encerrada y descontenta a vna mujer exemplo de virtud como la suya: tengo por cierto que, si por él no fuesse, no dexaria pobre desconsolado y que daria quanto tiene a quien se lo pidiesse, ocupándose siempre en hazer caridad. Mirá qué bondad de señora: ha entendido el desastre de la prima, con que otra se vuiera escandalizado y dicho que si ha hecho mal con su pan se lo coma, y en hallandose sola (con vna angustia grande) da cien suspiros de pena, por no poderla ver y ayudar como querria. Pues con qué gracia me rogó que vaya a dar un recado de su parte a aquella buena muger con estos tres ducados, por el menoscabo de su ropa, con que voy a cousolarla contentissimo, porque quien esto la embia no dexará de socorrerla adelante. Pareceme la que allí está; sí, ella es. El señor os tenga de su mano, hermana Lena; pensauades que n'os auia de venir a ver algun dia?

Len.—Y por qué auia yo de cometer tan gran pecado, pensando tal cosa de quien tiene por oficio las obras de misericordia, y principalmente la mayor de todas, que es consolar los tristes? Assi se alegre comigo quien mal me quiere, como yo con su gentil presencia; sin duda que mi ventura le ha traido aqui, porque en este punto pensaua yr a buscarle para lo que oyrá. Mas antes quiero saber a qué ha sido la buena venida; porque desseo mucho que me emplee en su seruicio.

In.—Cierto que deueis essa voluntad a l'aficion que yo os tengo. Mutuo amamus inter nos. Mi señora está tan afligida por la desgracia de aquella señora, que desde aquel punto que la di su carta anda como fuera de sí; fantasseando tan trocada, que me trae lastimado; y assi me embia a saber cómo está la buena donzella, y a rogaros que la vais luego a visitar de su parte, y digais que tenga ánimo, porque con mucho calor va tratando de remediar su pena; y tambien os da estos tres ducados por la que tomais en ser medianera entr'ellas, y dize que la disculpeis de no la escriuir, que no lo haze por euitar sospechas.

Len.—Bendita sea tal señora; al fin donde está la nobleza ay largueza; en más tengo esta memoria de su mano que vn tesoro de otra. Ay, hijo mio, quánto se consoló aquella criatura con la carta que la lleué: no pareció sino que via el cielo abierto. Dixome que fuesse otro dia a verla, como lo hize ayer; recibiome con mil caricias, besandome estas pecadoras manos; y despues de mil demandas y respuestas, me dió esta carta, con estos dos anillos, para la señora Marcia, con los cuales dize que su merced s'enternecerá; porque son los que la embió con el padre quando vino a sus bodas. Por caridad, que V. m. se los dé, encareciendola mucho la memoria que ha tenido d'esta su deuota y humilde criada.

In.—Yo lo haré muy de veras.

Len.—Si tiene, mi alma, algunas camisas que adereçar, mire que me las traiga, si no quiere que m'enoje.

In.—Istam tuam voluntatem semper in ore, animoque habeo. El Señor quede con vos.

Len.—El vaya contigo, que te sobra la bondad, como la cresta al gallo.

SCENA V

Damasio, Cornelio, Lena.

[Dam.].—No se me cuece el pan por saber lo que ha hecho Lena de la carta y anillos, y el modo que aurá tenido: quieres, Cornelio, que nos vamos passeando hazia su casa?

Cor.—Si V. m. lo dessea mucho, yo muero por ello; y me parece cada hora más estrecha y larga qu'el mal año: aunque estoy casi cierto de que aurá hallado camino aproposito; porque no son tres asses peores qu'ella, ni tiene el Infierno más astuto demonio.

Dam.—Su oficio lo requiere. Llama, que aquí t'espero.

Cor.—Llegue V. m. comigo (pecador de mí), por si acaso está allí su rufian.

Dam.—Ya te entiendo; perro couarde no quiere ver lobo. Pareces de los soldados de Trencha, qu'eran treinta y seis a arrancar vn nabo.

Cor.—Mucho me pessa de oyr essas palabras; mal conoce V. m. al segundo Fierabras. Digolo porque nos la negará, no viendo persona de respecto.

Dam.—No es mala desecha.

Cor.—El diablo me ha metido entre el martillo y la vigornia.

Dam.—Miedo ha Payo, que reza; no lo digo yo? qué estás murmurando?

Cor.—Qu'estoi por dar al vellacon, en abriendo la puerta, vna cuchillada que le derribe ambas orejas, aunque sea otro Orlando.

Dam.—Alomenos, burlando. Quien leon mata en ausencia, del topo teme en presencia. No más, Fierabras; yo te marco por vn dezeno de la cama; aunque sospecho que tomaras tú ahora vnas paredes por Iaco, porque todo Milan no armaria tu miedo.

Cor.—Ya esso passa de burla; no haga V. m. que se me suelte alguna mala palabra.

Dam.—Antes creo que se te ha soltado otra cosa peor; no m'espantaria, porque perro escaldado despues tiene miedo del agua fria.

Cor.—A fe de pobre moço que si no fuesse por cierto respecto que yo me sé... basta; mejor es callar. Sepa V. m. que hast'ahora nadie me ha quebrado nueces sobre la cabeça. Bien dizen que la familiaridad d'el señor es capirote de loco para el criado.

Dam.—La rana haze del leon.

Cor.—Dexemonos de motecicos y chufetas, que por menos qu'esso he visto yo venir a buenas cuchilladas. Llamaré o no?

Dam.—Pues a qué venimos? de qué hablamos? Animo, ves me aqui para morir a tu lado; aunque como te muestras tan fiero, temo no hagas, en el furor de la colera, de la ballesta gallega, que tira a enemigos y a'migos.

Cor.—Ta, ta, ta.

Len.—Quien llama tan rezio, algo nos trae.

Cor.—Con qué nos recibe la maldita!

Len.—Señor mio, es possible que los caualleros se humanan tanto? Qué buena ventura ha traido este bien a mi pobre cabaña?

Dam.—La mia, si hallo lo que me he prometido siempre de vuestra discrecion y diligencia.

Len.—No puede faltar a persona dotada de tantas gracias. Mire V. m. lo que passa. Estando tomando el manto para ir a dar aquel recado, entró por mi puerta el buen Bachiller (que está uestido y calçado con todas sus letras en el Limbo) con tres ducados que me embio la reina de las mugeres, mandandome que fuesse luego de su parte a consolar, a V. m. y a assegurarle de que'n breue concluira el negocio muy a su gusto; con otras mil palabras buenas, y ceremonias de nunca acabar. Iurandome el cuitado que desde'l punto que leyó la carta no parece más la que antes era. Y como que lo creo yo, que quando, por mis pecados, nauegaua por los acidentes de amor, no repossaua hasta dar fondo. Tengase lo demas por dicho, y pues que está ya hecho el pico al tordo, aparejem'esas manos.

Cor.—Cómo s'encaxa la puta vieja!

Len.—Ay, ojos encantadores, qué tiempo se os va llegando! cómo se le cae al osso la pera madura en la boca! ya m'entiende.

Cor.—Harto claro lo pide: pero mi Durandarte haze orejas de mercader y buelue se a su negocio.

Dam.—Haos dado alguna carta?

Len.—No, señor.

Dam.—Qué recado distes a la mia y anillos?

Len.—El mejor del mundo, a mi parecer. Diziendole que su prima se los embia, fingiendo ser vnos que la señora Marcia la embió con el tio quando boluio de sus bodas.

Dam.—Bueno, a fe de quien soy: no ay más que hazer sino esperar lo que Dios hará.

Cor.—Ha, ha, ha.

Dam.—De qué te ries, insensato?

Cor.[771].—Riome de que quiere V. m. esperar de Dios lo que suele hazer el diablo.

Dam.—Tienes razon: por necio que vno sea acierta a dezir algo bueno; ya podras ser mi predicador y hazerme dar con los amores en vn conuento.

Len.—Lo que más ahora hemos menester son las bragas de vn motilon, que quitan los malos desseos como con la mano.

Cor.—No lo digo por tanto, yo enmudecere por quinze dias.

Dam.—Acaba ya, majadero, que no son los donaires para todos tiempos.

Cor.—Antes en este que esperamos de tanta alegria y consuelo, no ha de auer otra cosa.

Dam.—Está bien. Amiga Lena, comete al sabio y dexale hazer; en vuestras manos me he puesto, dadme buena quenta de mí.

Len.—Biua V. m., que todo se hará bien.

Cor.—O mal; otro nudico a la bolsa.

NOTAS:

SCENA VI

Macias, Cornelio, Bezerrica, Damasio.

[Mac.].—Ea, Cornelio, aunque creo que estás cansado, por auer ydo a cien partes, vamos, que quando el amo tiene trabajo no deue repossar el buen criado.

Cor.—Por mí, vamos donde y quando V. m. mandare.

Mac.—Es burla lo que leia anoche mi hermano en aquel libro? pues dize que l'alma del amor es la esperança, y que en faltandole muere, como la criatura careciendo de leche.

Cor.—Quien lo escriuio deuia de hablar por esperiencia. Porque viene a proposito, dire a V. m. vna estanza que cierto cauallero muy sabio embió a vn amo mio (y por contentarme la tomé de coro) que conforma con lo que dize el libro. Notela V. m., que vale más quel Cancionero General.

Mac.—No querria que fuesse de las que sueles cantar.

Cor.—Esta es contemplatiua.

Nasce de ociosidá el Ciego Flechero, Que biue alimentado d'esperança: Quien le da leche es el desseo primero Y vanos pensamientos la criança; Ser y vigor (si bien no verdadero), El contento (qu'está siempre en balança), Es muy escaso en dar; promete largo, Presenta dulce, y da despues amargo.[772]

Mac.—A fe qu'es buena; mas boluiendo al proposito digo, que prueuo en mí lo contrario: pues sin alimento d'esperança ha crecido, y con más fuerças que de gigante me atormenta y va priuando de la vida.

Cor.—La causa es V. m., pues le ha criado a los pechos de sus pensamientos, que le han seruido en lugar de leche d'esperança, deteniéndose en ellos sin acordarse de otra cosa.

Mac.—Dizes bien, porque l'aficion me la pintó tan hermosa desde el punto que la vi, que siendo defendido a los ojos el esterior refrigerio, la mente se retira dentro; y viendo impressos en sí mesma los rayos de aquella sobrenatural belleza, haze d'ella el manjar que dizes, de que se sustenta.

Cor.—Esto deue aquietar más á V. m.

Mac.—Antes al contrario, porque la figura que señorea y gouierna mis sentidos, enamorada de sí mesma, me fuerça a yr donde naturalmente reside, y no pudiendo, con los dientes de amor me roe el coraçon, ahogandome los espiritus.

Cor.—Passo, que oyo cantar al pagezillo; apartese V. m.

Bez.

Vistase mi esperança como viere Qu'el bien d'el que más ama va vestido; Siga el camino al punto por do fuere, Y al fin se junte con quien ha seguido; Despues (si la Fortuna no impidiere, Embidiando d'Amor tan buen partido) Lleuará su consuelo mano a mano, Y el contento que pid'el caro hermano[773].

Cor.—Bezerrica amigo, ya era tiempo de que nos viessemos: qu'es de la pelota que te di el otro dia?

Bez.—Veisla aquí, n'os la daria por vn Real; mirá como salta.

Cor.—No iugaremos vn poco?

Bez.—No tengo dineros.

Cor.—Yo te prestaré, no quede por esso.

Bez.—O, quántos reales! son todos vuestros?

Cor.—Pues cúyos auian de ser? toma, toma vno. Si tú fuesses a mi casa, yo te daria tantas de las cosas que tengo.

Bez.—Qué teneis?

Cor.—Qué? esso es largo de contar. Confitura de todas suertes[774]: maçapanes, rosquillas, mermeladas, turrones, passas, datiles.

Bez.—Datiles teneis? Traeis ay algunos?

Cor.—Sí, amigo.

Bez.—Y confites?

Cor.—Quieres que traiga aqui toda mi tienda? si yo supiera que te auia d'encontrar, no viniera sin muchas cosas que darte; mas otra vez yo te pondre como un trompo. Abre la fatriquera; no te los vea tu amo.

Bez.—Ver o qué? mal año; ni aunque fueran otros tantos, yo me los yré engullendo de dos en dos. O, si vsassen los datiles sin cuexcos!

Cor.—Luego no los has visto?

Bez.—Nunca.

Cor.—Pues yo te dare vna libra, que te comeras las manos tras ellos. Mas dexame escriuir lo que has cantado, que perdí la cancion del otro dia.

Bez.—Qué me plaze; aunque voy de priessa a llamar a vn criado d'el padre de mi señora para que vaya con nuestro Bachiller a acompañarla, que va fuera con la hija de mi amo, y él se quedará en casa, porqu'el otro dia escalaron vna junto a la nuestra.

Cor.—Di, pues, presto, que yo escriuire en vn momento.

Bez. (Lee).—Vistase mi esperança como viere, etc. Quedá con Dios.

Cor.—El te guie. Esta es vna ieringonça de palabras sofisticas, que no las entendera vn Catedratico.

Mac.—Dexamelas l'er, que por ventura me pondra delante Amor lo que el rudo ingenio no alcançare. (Lee) Vistase mi esperança como viere, etc. Quán presto halla camino lo que ha de ser.

Cor.—Loado sea la d'el Villar, traenos ese enigma alguna buena nueua?

Mac.—Rebuena a lo que entiendo.

Cor.—No lo dezia yo? al fin las más duras se maduran, como las seruas, con tiempo y paja. Aqui viene el señor Damasio, que contrapunteará sobr'el canto llano marauillosamente, porque entiende de achaque de tramas más que quatro abogados. O, cómo llega V. m. a buen tiempo!

Dam.—Qué ay?

Mac.—Esto que ha cantado el mochacho poco ha.

Dam. (Lee).—Vistase mi esperança como viere, etc. Este's canto verdadero de las Syrenas, que hará dormir a Vlysses; sus a ellas! No ay tal como perseuerar con paciencia, que con ella todo se alcança; ni castillo ay[775] tan fuerte, que alcabo no se venga a perder (por vigilante que sea el que está a la defensa) si solo ha de combatir contra muchos. Quién hiziera cre'r esto a Macias?

Mac.—N'os espanteis, hermano, que lo deue causar la falta que tengo d'esperiencia; fuera de que quanto más vno dessea, tanto más anda embuelto y atado en temores y dificultades; porque siempre de lo que se pretende es menor la esperança que el miedo de no poderlo alcançar.

Dam.—Ea, pues, Cornelio, ya que hasta aqui se ha nauegado prosperamente, no nos perdamos a la entrada del puerto; quenta con el timon, andame listo, echate vna anguilla en el cuerpo.

Cor.—No me faltaua sino tratarme (tras asno) de lerdo; más a proposito seria echarsel'a quien yo digo.

Dam.—Pierde cuidado. Aqui dize que tengamos quenta cómo sale vestida la señora Cassandra, qu'es vuestro bien, y vos, hermano, el que yo más amo, que me vista de aquella manera y las sigamos; qu'en llegando a donde van, me junte con ellas y alli nos trocaremos, quedandome yo con mi dama en lugar de la vuestra, a quien lleuareis a nuestra casa a ensartar aljofar; y la mia a mí dond'ella fuere seruida; si ya alguna desgracia no lo impidiere. Mirá qué suerte; sin duda aurá hallado el modo para que podamos seguramente pagar el diezmo al Celoso. Ea, Cornelio, haz ojos de Linceo, no las pierdas de vista por descuido; mira que no hay cosa de más ligeras alas que la ocasion: que mientras el lobo caga la oueja se salua. Ven en vn salto a auisarnos; mira dónde paran, qu'es lo que más importa para trocarnos. Entretanto vamos nosotros a rogar a Lobata que nos preste el vestido que fuere menester, fingiendo querer hazer vna burla a vn amigo muy enamorado, haziendo como que su dama le va a buscar a su casa.

Mac.—Embuste de Lena: buen dicipulo ha sacado; al fin quien trata con malos se haze malo. No nos viene poco a proposito ahora tener mi señora aun todas sus galas; no sé qu'es su intencion.

Dam.—No m'espantaria si de treinta y quatro años que puede tener (a su quenta) viendose parada como molino sin agua, y a nosotros derretidos de amor (siendo del mesmo humor) se le antojasse algo; ya lo veremos.

Cor.—Yo me voy a poner en vna saetera, cerca de su casa, que descubre media legua.

Dam.—Ya auias de ser ydo y buelto, segun mi desseo.

NOTAS:

«Nasce de ociosidad el ciego Archero Que biue alimentado d'esperança; Dale los pechos el desseo primero Y pensamientos vanos la criança; Ser y vigor (muy poco verdadero) El contento (qu'está siempre en balança). Y siendo escaso en dar, promete largo; Muestra ser dulce y es en todo amargo».

«Vistase mi esperança como viere Qu'el bien del que más ama va vestido; Tome presto el camino por do fuere, Júntese a tiempo con quien ha seguido; Despues (si ya Fortuna no impidiere, Embidiosa de amor, tan buen partido) Lleuará su contento mano a mano, Y el consuelo qu'espera el cuerdo insano».

SCENA VII

Cornelio.

[Cor.].—En conclusion, este Ceruino no merece la muger que tiene; semejantes hombres aurian de arar con aquellas simplonas que los plantan de azul vltramarino y oro, que a tiro de arcabuz se parecen. No como la señora Marcia, que se los enxerirá de verd'escuro, que son ciertos cuernecitos que no salen vn pelo fuera de los caxcos, más ligeros que'l mal frances moderno; que no haze aquél los espantajos que el antiguo (dand'os vn leva eius por las narizes) y es más dulce que la sarna (casi gentileza tenerle) y tan poco temido, que hasta las damas sin miedo le acometen, y ninguno por él con ellas vale menos, como bullan las arenicas del rubio Tajo. No puede dexar de ser ésta de las más solenes burlas que se hallan escritas en el Bocacio. En fin, qualquiera debe enseñar a le'r, escriuir y hazer coplas a sus hijas; porque son de tanta virtud como las alcarchofas, y (segun dizen las comadres) de gran vtilidad contra la pudicicia, qu'es vna trabajossa enfermedad. Lo que haria al caso es que ninguna tuuiesse ojos ni orejas, que son las ventanas del coraçon. Dizen mil grosseros que poder escriuir los pensamientos es comodidad para saber ser malas. A la que canta por Natura (si gusta de las cosas d'el mundo) tanto la importa saber le'r y lo demás como no saberlo. No echan los necios de ver que las ignorantes, fiando los secretos de los criados, se hazen sus esclauas; y que se hallan algunos tan atreuidos, que presumen tambien yr a la parte, con amenazas de que descubriran sus faltas (o sobras), y si no lo alcançan (ellas se lo saben) mudando oy de vn amo y mañana de otro, van publicando las desgracias de las tontas inocentes. Mas estas Sibylas, estas doctas, saben gouernarse de manera que apenas ellas mesmas entienden lo que hazen. Veis aqui ahora el exemplo, que por tener esta señora tantas letras, ha sabido engañar a vn hombre tan sabio como el bachiller Inocencio (que le podrian poner (como dizen) inter oues et boues et reliquia pecora campi), pues siendo el principal ministro de la transformacion qu'esta noche se hará, piensa ayunar a pan y agua. Mal haya el diablo, que no me ha de tocar sino el escriuir simplemente los auisos; porque los criados somos como la campana, que suena para otros, y no le quedan sino los golpes d'el badajo. Alli salen las salidas damas: de morado va la de Macias; juraralo yo sin verla, porque tengo por menos pessado vn cosolete a prueua que vn virgo. Quiero darme priessa para auisar a mis amos, qu'estan espiritados.

SCENA VIII

Ceruino, Marcia, Innocencio, Cassandra.

[Cer.].—Marcia, amores, ya veis que me dexais solo; por amor de mí que os vengais en acabando las Vísperas.

Mar.—Y'os lo prometo, que no me querria quedar tan presto en la Iglesia.

Cer.—Oyslo, Inocencio? n'os aparteis d'ellas; mirá no las pissen, que aurá mucha gente.

Mar.—Por cierto que pareceria tan bien el Bachiller entre las mugeres como nosotras en el coro.

Cer.—O, qué donosa razon! hazé, hermano, lo que y'os digo. No me contenta nada, Cassandra, esse tu manto; baxo les está mejor a las donzellas.

Cas.—Y la pragmatica?

Cer.—Yo pagaré la pena.

Mar.—Assi aurá ello de ser. No quereis que vea dónde pone los pies?

Cer.—Dexalda caer, que Inocencio la leuantará.

Cas.—El coraçon me dize que será ello assi antes que buelua a casa.

Cer.—Marcia, mirá que os pongais en part'escura; apartaos quanto más pudieredes, que andarán cien insolentes que os quitarán la deuocion que lleuais.

Mar.—No ayais miedo; en nombre de Dios vamos. Qué os parece, Inocencio, de la mala condicion d'este mi hombre? Por vuestra vida, no me teneis lástima?

In.—Y cómo, señora! Summa est hominum peruersitas. Mil vezes he dicho entre mí qu'es V. m. martir con él; en verdad que no tiene razon. Auria de tener otra muger que le hiziesse padecer del mal que tanto teme; mas no lo permita Dios. Es más que verdad lo que dezia mi maestro: que de todo quanto la tierra produce, con alma vegetatiua y sensible, no ay cosa a quien la muger no pass'en miseria, pues sola ella ha menester comprar con sus bienes a quien ha de ser señor de su persona.

Mar.—Paciencia.

In.—Sí, señora, por amor del Señor. Ahora que tengo tiempo quiero encomendar a V. m. aquella pobre señora, qu'es vna obra meritoria.

Mar.—Y'os prometo que por esso he salido de casa, que no me siento con el ánimo reposado ni nada buena (Vamos poco a poco). No sé qué me tengo desde qu'entendí su desgracia. Ahora pienso hablar a vna grande amiga mia, prima de la abadessa del Monasterio donde pienso ponerla (que vendra a encontrarnos sola por no dar nota) y espero que todo se hará bien.

Cas.—Ya no puedo más, que se ha alargado vna cinta de'l chapin y se me sale del pie. Entremos si V. m. es seruida en esta casa a apretarla.

Mar.—N'ora buena. (Aquí se truecan).

SCENA IX

Ramiro, Policena.

[Ram.].—Si me vendiesse por esclauo en vna galera, tengo de comprar vna casa, para no andar en estos alquileres. (Policena a la ventana). Siempre has de estar a la ventana, rapaza? Mirando los bencejos se junta el ajuar? No lo has aprendido, cierto, de tu madre.

Pol.—Estaua mirando, padre, si venia, para saber si se ha de hazer la cena en esta o en la otra casa.

Ram.—Confundido me has con la respuesta. De manera, tarauilla, que por estar a la ventana vendre más presto y se hará de cenar con lo que aún está en la plaça? Policena, Policena, mira que no se me antoje jugar de petrina, que si comienço me comere las manos tras ello.

Pol.—Esso seria de pessar de auerme castigado sin culpa.

Ram.—Antes me daria contento; no más, picotera; limpiame luego essos bacines y aguamaniles como vn oro, y metelos con los paños y estuches en l'arca grande; y sea presto, no me pagues hecho y por hazer. Huela la casa a hombre; no la tocaria a vn pelo de la ropa más que a las niñas de mis ojos, porqu'es la mesma bondad. Mas es menester aparejar la medicina antes que venga la dolencia, y assi (porque no se m'estrague) quiero procurar de sacudir la pessadumbre que traigo (por su causa) a cuestas; no quiero que me suceda alguna desgracia; que no puedo tener oficial que me ayude sin sospecha, y solo gano tres vezes menos de lo que solia. Que se puede esperar de mercancia que (como cañafistola) baxa ciento por ciento de precio, y que a duras penas (aun dando dineros con ella) hallais quien os la quiera sacar de casa? Sino lo que de la otra Policena, hija del rey Priamo; pues quanto más hermosas, tanto mayor es la desuentura del que ha de lidiar con ellas. Quiero resoluerme de tomar muger que mire por mí y por ella; mas (pobre de mí), quién sufrirá el infierno de daca la madrastra, toma la hijastra, si ya el diablo no las concierta? No sé qué me haga; cierto la vida que passo no es para llegar a nietos. Qué tentacion tomó a mi madre quando quitandome de sastre (por ser, como dizen, oficio de ladrones) me puso a baruero? Deuió sin duda de topar con alguno que l'acerto a poner la madre en su lugar (que padecia mucho d'ella), pues si esto no fuera, qué me faltaua a mí, dexandome libre, para venir a ser alguacil o mercader? Al fin, es mundo: todo anda errado, pues poss'en en él las cosas aquellos para quien no se hizieron. Como yo ahora, que con más altos pensamientos que vn principe de Salerno, soy vn pobre baruero. No acabas, Policena?

Pol.—No me falta sino vn aguamanil.

Ram.—Quando quieres todo lo hazes en vn pensamiento; pero es el diablo qu'eres antojadiza.

Pol.—Y más ahora, que me muero por vnos botines.

Ram.—No te faltarán.

Pol.—Y de cena no dize nada? Yo baxo allá.

Ram.—No, que voy por recado y quiero cenar en la otra casa.

Pol.—Buelua pronto, padre, que tengo miedo si no estoy a la ventana.

Ram.—Pues de quándo acá ha la niña temor del Coco? a buen seguro que tú le pierdas presto. Pareceme que oyo a la madre, que no podia estar vn momento sin compañia.

SCENA X

Ramiro, Ceruino, Marcia, Inocencio.

[Ram.].—Beso las manos de V. m.

Cer.—Dios os guarde, Ramiro; qué buscais tan tarde por estos barrios?

Ram.—Soy ya más vezino de V. m.

Cer.—Cómo assi?

Ram.—He alquilado aquella casita de la esquina.

Cer.—Sea en hora buena; mucho me huelgo de teneros por vezino.

Ram.—Estaré más cerca para seruir á V. m. Ya me parece que se va haziendo hora de cenar.

Cer.—Por esso espero aqui a mi muger y a mi hija, que han ydo a Visperas y auran topado con algunas comadres, que las tendran parlando quanto han soñado desde que nascieron.

Ram.—Ya no podran tardar, aunque si están en las Huelgas acaban muy tarde. La pobreça, señor, escusa vn criado; con licencia de V. m. me voy a comprar de cenar, que por ser recien mudado no ay nada en casa.

Cer.—Vais norabuena. Cómo lo entendio bien el que oyendo predicar ser necessario para saluarse que cada vno lleue su cruz, se fue a gran priessa a tomar a su muger a cuestas, teniendola por tal!

Mal entendido lazo de la gente! Que las más vezes junta Dos contrarios humores, Con sola vna pregunta Y vn sí (senzillamente Dado) qu'en mil cuidados y temores Tiene siempre despues al más valiente.

Si no fuera por el negro respecto del mundo (que dize que buena muger y buen casamiento s'entiende, no de serlo, sino d'el que no se habla) me fuera ahora a traer a la mia arrastrando por aquellos cabellos, dandola mil puntillazos. Huelguense, pues hazen oy Carnestoliendas. Quiero que mi suegro se ria de mí, si puede otro dia, tanto comigo que las dexe oyr otras Visperas este año; es verdad que me quitará que no enclaue la ventana, que por amor d'él dexé abierta. Alli vienen; délas Dios tanta gota, que nunca más se leuanten, amen, amen, amen. Sin duda que aueis ayudado a cojer las sobrepellizes.

Mar.—Marauilla fuera si no me salierades[776] a recibir con vuestros pudrimientos; veis aqui al bachiller y a Vigamon, que os diran si son acabadas las Completas.

Cer.—Preguntá a mi compañon si yo soy ladron.

In.—Es cierto (por est'anima pecadora) que se leuantaron al Nunc dimittis.

Cer.—De aqui adelante seran las Visperas rezadas en casa, que no las quiero tan largas fuera.

(Salesse Ceruino a la calle).

Mar.—Yo sufrire quanto pudiere; subios arriba, Cassandra.

In.—Ya está en su camara. Señora, no sea part'el marido para que V. m. pierda lo que oy con tanta deuocion ha ganado; que siempre el insidiador anda más solicito quando nos ve yr por el camino de nuestro verdadero descanso y contento.

Mar.—Dios se lo perdone a quien tan bien m'empleó.

NOTAS:

ACTO QVARTO SCENA I

Violante, Cornelio.

[Vio.].—Cornelio.

Cor.—Señora.

Vio.—Dond'está Damasio, que no ha dormido en casa esta noche?

Cor.—Lleuaronle vnos amigos suyos que han venido de Salamanca, y por ser tarde se quedó con ellos; no la dé pena a V. m., que'en buena parte está. Y no le aurá faltado regalo y contento.

Vio.—Pues cómo no me has dicho nada?

Cor.—Mandóme que no lo hiziesse. La jouentud, señora, ha de passar su carrera, porque quando el moço es viejo, es viejo moço, y lo que ahora disculpa la edad, en la madura da que reyr a las gentes.

Vio.—Ay, Cornelio, Cornelio, qué retoricadas escusas de traidor descarado son essas? En mal punto pusiste los pies en mi casa; tú, vellaco, eres el inuentor y maestro de los vicios de mis hijos; tú se los tramas, y me los has de dos palomas sin hiel buelto milanos.

Cor.—Nuestra señora de Prado me valga con V. m. Déme licencia, pues tan mal parezco ante sus ojos, y con esto saldremos ambos de pena. Parece que me ha visto V. m. el juego, porque no desseaua sino semejante ocasion para yrme con Dios, porque a vn moço le sobra vn amo; por esso V. m. mande hazer quenta comigo, y tambien yo la haré de auer perdido el tiempo en parte de donde pensaua salir con otro pelo.

Vio.—Esso es lo que yo he más menester; yo voy a missa: en boluiendo lo haré de muy buena gana; porque la muerte del lobo es la vida de los corderos.

SCENA II

Macias, Cornelio.

[Mac.].—Bien me puedo (o amor, grande y benigno señor) dar de oy más por bien pagado de quanto por amar he padecido; y si culpandote (con impaciencia vanamente) he pronunciado algunas palabras contra ti, ahora (arrepentido de todo coraçon) confiesso que la mayor de tus penas es pequeña y muy facil de lleuar en comparacion de tan grandes premios; pues de la tempestad de los suspiros y del infierno de los afanes lleuas a la luz y gozo de todos los deleites d'esta vida. En este punto oy hablar a Cornelio y no parece; bueno es que se descuide quando más es menester; donde aurá ydo? No sé cómo podremos sacar a mi hermano y boluer a mi alma a su casa. Mal aya el diablo; a fe que se pudiera Ceruino dar con vn canto en los pechos antes que me sacara la pressa de las manos, a no tener tal prenda en su casa. O, qué terrible cosa es auer por fuerça de refrenar el apetito y gusto, y priuarse de su contento: mas quien siembra ha de compensar la esterilidad con l'abundancia. Pero lo que más me lastima es ver que esta pobre señora (como tiene en tanto la honrra) no ve la hora de boluerse a su casa, assegurada ya de tenerme por suyo.

Cor.—No estaria más vn solo dia en esta casa si me dorassen.

Mac.—Cuitado de mi, qué oyo?

Cor.—Es este el galardon de mis seruicios?

Mac.—Parece que s'está quexando Cornelio. Hermano Cornelio.

Cor.—Ya es la hermandad acabada.

Mac.—Vienes con vn gesto como si te vuiesse mordido vna biuora.

Cor.—Hame mordido otra peor que biuora; yo me voy, señor, a sacar mi hato, que estoy resuelto de no sufrir más insolencias de mugeres.

Mac.—Este veneno me faltaua, para hazer amargas todas mis dulçuras: bien dizen que el A B C que haze comedia, haze tragedia. Cómo, Cornelio, es possible que en tan gran necessidad nos quieres desamparar?

Cor.—Yo no soy bueno para necessidades, sino para hazer malos a Vs. ms., como acabo de oyr de boca de mi señora, con palabras que no se podrian dezir a vn capeador; y por esto me quiero alargar sin ninguna réplica.

Mac.—Estraño eres en mirar a sus palabras conociendola; no sabes ya quán terribl'es con nosotros quando s'enoja?

Cor.—Si ellos se quieren estar como pollos en cesta, yo no; porqu'estimo mi honrra (aunque pobre moço) como el más estirado.

Mac.—Por vida de Damasio (que sé que le quieres más que a mí) que (dexando aparte la colera) veas cómo nos deuemos gobernar para que salgamos bien d'este negocio.

Cor.—Yo no me quiero empachar más en cosa de Vs. ms., pues soy (segun dize mi señora) quien los distrahe, antes yrme con Dios en haziendo mi quenta.

Mac.—No esperaua yo cierto essa respuesta de tí, ni menos mi hermano: pues me dixo ayer que como boluiesse a casa te queria dar vn vestido y diez ducados. De mí no digo nada.

Cor.—Y dónde los tien'él para darmelos?

Mac.—No tiene la renta de Toro y la de Boezillo, qu'es erencia de vn tio nuestro y ha quatro años que goza d'ella?

Cor.—Y tiene cierto los diez ducados?

Mac.—Y aun más de ciento y cinquenta.

Cor.—Pequeña lluuia gran viento aplaca: del amor del señor nasce la obediencia del criado, y el qu'es fiel nunca se mueue a hazer bien por la esperança del premio; y assi no lo haré, ni por diex, ni por mil, sino por mi buena ley y porque no se diga por mí: quando el malo ayuda, os dexa el pesso a cuestas, y aun oso dezir por dar desgusto a mi señora; perdoneme V. m. si le pessa d'ello.

Mac.—Nosotros queremos más para ti que para quantas madres ay en el mundo. Qué te parece que hagamos?

Cor.—Yo lo remediaré todo; dexem'el cargo. He pensado esta noche, mas no perdamos tiempo, que la esperiencia es maestra en los casos que ocurren. Vna cosa quiero de Vs. ms., y es que si acaso yo diere en manos de la Iusticia, me ayuden a diestro y a siniestro.

Mac.[777].—Por qué temes d'ella?

Cor.—Porque no querria dar d'el humo en el fuego, y qu'el verdugo me hiziesse las lechuguillas con los pies. Si Vs. ms. han esta noche estado en el plazer de Niquea, yo no he llorado mis pecados, antes gozado de mi Policena como vn paladin: la qual me ha dado la llaue de la casa donde han morado hast'ahora, y otra contrahecha, además de la que tiene su padre, de vn'arca grande que dexaron de mudar ayer por ser tarde; para que en remuneracion de mi trabajo tome lo que hallare dentro (effetos de amor, que haze a los hijos ladrones y enemigos de sus padres). No quiera V. m. saber mas: mi señora es ida a la Yglesia, y la casa está sola; lleue V. m. a la señora Cassandra a la casa que he dicho de Ramiro.

Mac.—Y si acaso él estuuiesse alli?

Cor.—Quien mucho mira al viento, ni siembra ni planta a tiempo; haga V. m. lo que le digo, que cosa hecha cabeça tiene. No ay otra llaue de la puerta sino ésta, y Policena está preuenida para que si el padre se la pidiere l'entretenga con aquí estaua, allí la pusse, acullá os la di, hasta que yo buelua y se la dé a ella; y estamos seguros, porque no hallará quien se la mude sino despues de Missa mayor.

Mac.—Ay, ay.

Cor.—No hazen al caso los suspiros quando se trata del remedio.

Mac.—Suspiro por lo que pierdo y podria suceder.

Cor.—Conforme a lo que viniere nos gouernaremos, que en el camino s'endereça la carga; haga V. m. lo que digo presto, pues no ay tiempo para mas consideraciones. Dios da hilo a tela hurdida.

Mac.—Yo voy por ella.

Cor.—Vaya V. m., qn'el palo torcido se endereça torciendole al reues; yo me adelanto a tener abierta la puerta. (Solo.) Terrible simpleza es la de los que seruimos: que ponemos la vida a cada passo en mil peligros por nuestros amos, no esperando d'ellos otro galardon sino al primero descuido vn «hermano, otro poco a otro cabo, que no os he menester en mi casa». Mas gran necio seria yo si por las palabras de la madre dexasse los (mientras dura el granillo) que me son tan compañeros y liberales. Quien no soba, buen pan no coma; quiero cogerme ahora estos diez ducaditos (vengan de do vinieren), que con ellos y el vestido me pondre como vn Palmerin de Oliua. A fe de pobre moço, que se podra dar a este (si se nos logra) el precio de los tiros. Andaos a ser celoso, y embiaros han a donde ni el Papa ni el Emperador no tienen Embaxador; quiero dezir (con perdon de quien me oye) a la maldita y descomulgada region de Cornoualla. Yo prometo, si me caso, que tengo de lleuar a beuer mis patos quando llueua, que la violencia de no dexar hazer su curso a la Natura trae semejantes acidentes. Mas qué no acomete vna persona quando siente que no se fian d'ella? Quanto a mí, yo confiesso que todo lo echaria a doze, y por ventura que han passado las agrauiadas de treze, porque los gallipauos no se aurán dormido (yo los fio) con las purgas.

(Juntanse en casa de Ramiro.)

Esta cerradura, señora mia, es de golpe y se abre por de dentro, tirando assi el pestillo; prueue V. m.; esté diestra para que no s'embarace al salir, y esto ha de ser en oyendo tosser. Subasse presto a su apossento: baxe al punto el señor Damasio y metasse en l'arca, que con el mesmo ardid le sacarán y será lleuado a casa de Ramiro.

Mac.—Mucho me quadra, mas temo no se desmaye de congoxa.

Cor.—No tenga miedo, que los ratones d'esta casa son enamorados y como tales nos han ayudado con agujeros que han hecho, para que pueda respirar, y ya yo lo he prouado más de quatro veces; quanto más que ha de durar poco. Ahora salgasse V. m., dexeme cerrar la puerta; esté a la mira; yo lleuaré las llaues a Policena y m'encerraré con ella en yendo el padre con l'arca; que vale ahora tanto como la de Noe, quando buscando nueuo mundo andaua rellena de todas las reliquias de la tierra.

Mac.—La de Marsella te guie.

NOTAS:

SCENA III

Cervino, Ramiro, Inocencio.

Cer.—La casa de Cesar no solamente ha d'estar sin macula, mas sin sospecha della. Digan mi suegro y quantos me tienen por estremado celoso lo que quisieren: que lo he sido, lo soy y lo sere; dando siempre gracias a quien me da conocimiento para serlo; en que me tengo por Rey de los hombres, pues sé tener a mis mugeres de manera que no me puedan hacer de los juegos de passa passa, que suelen las que tienen algunos Iuanes por maridos. Atengome al cantarcico Portugues que dize:

O homen que a moller naon garda Merece de trazer albarda.

Presto s'engaña quien mal no piensa: tú que tienes que hacer en tu casa, no te alexes d'ella. Dizen que andan en vn predicamento el Celoso y el Cornudo: porque actu vel potentia, el que no lo es lo puede ser. Y si esto es assi (como lo es) no sé yo qué razon ay para que vn hombre que tiene muger moça y hermosa, como yo, no guarde su cabeça de tan estraña Metamorphosis. Es verdad que os toca vna enfermedad comunicable: sino para hazeros vergonçosa conseja d'el vulgo. Mejor están los cuernos en el pecho qu'en la frente. Fors etiam nostris, inuidit quaestibus aures. Porque a qué amigo osareis quexaros que, si no se rie de vos, no se aproueche de la ocasion, instruido y encaminado, para tomar su parte de la visceracion? Esta mañana en la plaça me dixo vno en secreto que cierta donzella principal se salio anoche de casa de su padre, y que se está a plazer con su enamorado. Qué atreuimiento del demonio? A no auer contado mis ouejas, descuidaos y vereis lo que passa. Perro viejo no ladra en vano. (Ramiro llama a su puerta con l'arca.)

Ram.—Ta, ta, ta. Aurasse la rapaza subido a los desuanes. Tata, tata, tata. Por mi fe, que la tengo de dar en abriendo dos repelones. Tatata, tatata, tatata.

Cer.—Ramiro, quereis sin para qué dar con la puerta en tierra? Si vuiesse alguno en casa, ya os auria oydo aunque estuuiesse sordo.

Ram.—A mi hija dexé aqui poco ha; no sé cómo no responde. Aurá salido fuera, la loca, a buscarme. Suplico a V. m. mande que estos hombres descargen en su casa mientras bueluo, que la quiero yr a buscar.

Cer.—(Lo que más he yo menester)[778]. Norabuena. Amigos, aliuiaos, que no sabeis quánto ha de durar la fiesta.

Ram.—Ios a beuer y bolué luego a mi puerta, que y'os pagaré vuestro trabajo. Mande V. m. que se mire por ess'arca, que tengo dentro vn gran tesoro.

Cer.—Yo voi fuera. Bachiller, dad buena quenta d'ella.

In.—Ya lo guardaré como el dia del domingo.

Cer.—No me viene poco a proposito la vezindad de Ramiro, porque con vna mira apuntará a dos cosas. Quiero encomendarle que tenga quenta con quien entrare o saliere en la mia, y estoy cierto de que me será fiel espia. Mas como dize el Iudio: De quien me fio me guarde'l Dio; de quien no me fio, me guardaré yo.

NOTAS:

SCENA IIII

Macias, Lena, Inocencio.

[Mac.].—Lo peor de desollar, Lena, es la cola; todo quanto os he visto no vale nada, si no hazeis de manera que Inocencio salga a la calle; que con esto la cosa sucedera como desseamos. Mirá qu'en teniendola fuera de casa, aueis de tosser; qu'es la seña que tiene para salir al punto.

Len.—Hasta aqui la mar está sossegada, pues no se oye rumor de marineros. No se muestre V. m.; apartesse y dexeme hazer mi oficio, Santo Viceto, in secula, amen. Señor Licenciado, cómo está V. m.? que me parecen años los dias que no tengo ventura de verle.

In.—No creo yo menos, Lena, de vuestra bondad; estoi bueno para lo que os cumpliere, gracias sean dadas al Señor. Huelgome de aueros encontrado; porque os sé dezir que ayer tarde, voluiendo a casa, me dixo mi señora que ya auia concertado el negocio de su prima, y que se auia puesto en manos de quien lo hará muy a su gusto, de que venia alegrissima; y despues acá no he sabido otra cosa, porque no la he visto, a causa de auer reñido con nuestro amo anoche sobre cena.

Len.—Qué me quenta? Llegueseme acá por amor de mí, no nos oya algun espiritu malino de allá dentro.

In.—Aun no auia yo mirado en tanto; teneis más que razon.

Len.—Digame, por amor de mí, qué fue la causa? Hem, hem, hem.

In.—Vinieron a tratar del bien auenturado san Iuan, y diziendo ella que san Iuan Euangelista es digno de gran veneracion, respondio él: es assi; más el de oy no es él, sino Baptista. A que replicó mi señora, que sabia bien ser el Euangelista; y aunque yo la hazia señas que se'ngañaba, con todo esso porfió tanto, diziendo que no inoraua'l Calendario, que'l (ya amostazado de auer buelto casi de noche a casa) se leuantó enojado, profiriendo: Bien dixo el sabio rey don Alonso, que para ser vno buen matrimonio auia de ser el marido sordo y la mujer ciega. Beatus vir qui habitat cum muliere sensata; y entendiendo ella que la llamaua insensata, començó más alterada a injuriarle. Y él entonces, buelto a mí, dixo: N'os parece, bachiller, ocasion esta para renegar de mugeres? y diola un bofetoncillo que no matara vna mosca. Con qu'ella s'entró grittando en la camara de la señora Cassandra y s'encerro con ella, donde aun s'estan juntas, sin auer querido salir vn passo. Mas yo sospecho que andaua (como los medicos) buscando'l mal, y assi quando yo estuuiera en lugar de su marido, quizá que hiziera más con ella.

Len.—Hem, hem, hem. Por esso dizen que es más fuerte el vinagre de vino dulce; pues V. m., que parece vn silo de paciencia, la vuiera meneado los huessos, a fe que lo deuia de merecer. Hem, hem, hem. V. m. la ponga en razon, que no la estará bien si su marido la comiença a perder el respecto: yo sé bien la tempestad que se leuanta quando el enemigo de nuestra fragil natura se mete entre marido y muger. Hem, hem, hem. Mas espero qu'esta riña de san Iuan será la paz de todo el año, porque passada la furia, la señora se aplacará, procediendo adelante como quien es, que al fin se ha de seruir al marido como a señor, y guardarse dél como de vn traidor. Hem, hem, hem. Estoy muy resfriada.

In.—Bien se os parece.

Len.—No me sabria dar algun remedio?

In.—Y tal como bueno. Tomareis esta noche vna escudilla la más caliente que pudieredes y muy arropada; dormí sobr'ello, que amanecereis como vna mançana.

Len.—Pues qué tengo que tomar caliente?

In.—Ya n'os lo he dicho?

Len.—No, por cierto.

In.—N'os espanteis, porque voy enucleando algunas arduas questiones que nuperrime se me han mouido en la especulatiua, las quales me traen desuelado y como fuera de mí.

Len.—Mucho me pessa de su desassosiego. Y con quién han sido las quistiones?

In.—No es esso, hermana. Question viene de quaero, que es buscar, disputar, dudar, et similia.

Len.—Quistion de cuero se apacigua con sueño. Otra gracia querria que me hiziesse.

In.—Ya sabeis lo que teneis en mí. Omnia prorsus officia debeo.

Len.—Desseo mucho saber en qué mes cae la Epifania este año.

In.—Ya es passada, mas viene siempre en Enero.

Len.—O, pecadora de mí, quise dezir la Ascension.

In.—Mucho va de vno a otro: es menester verlo en el Calendario o Tabella temporaria Festorum mobilium, y no oso estar más aqui; la primera vez que nos veamos os lo sabré dezir.

Len.—Alomenos digame quando haze la Luna.

In.—Cierto que sois curiosa, esperá. Aureo numero seis; Epacta 26, miercoles a las siete de la tarde; y esta noche passada ha auido eclypse, que començó a las diez y duró hasta las quatro de la mañana.

Len.—Grandes dolores de cabeça aurá causado. No me haria merced de darme alguna oracion de su mano contra los duendes qu'en la casa adonde biuo andan?

In.—Acabá por amor de mí, n'os detengais más, que aun no estando mi amo en casa le temo.

Len.—El Señor le acompañe.

In.—Y vaya con vos. Ay sinceridad como la d'esta buena muger en el mundo?

SCENA V

Ramiro, Policena, Ceruino [Inocencio], Bezerrica, Damasio.

[Ram.].—Adónde has estado hasta ahora, chorlita? No me veria ya sin ti.

Pol.—Antes de digan, digas; y el padre dónde anda que no ha tenido lastima de dexarme sola en vna casa donde anda vna fantasma, que d'espanto me ha tenido tendida, desmayada más de vna hora, y como bolui en mí, le fuí luego a buscar a la otra casa; y n'osara tornar a ésta si no me vuiera encontrado Cornelio, el criado de aquellos caualleros, que me ha enseñado una oracion, la qual se ha dezir en los temores, por l'alma del postrero ahorcado.

Ram.—Y cómo era la fantasma?

Pol.—E... e... era vna cosa la... la... larga, que me parecio abraçarme, y me cubrió el co... co... coraçon, tanto que me cai de mi estado como muerta.

Ram.—Ta... ta... tartamuda te ha dexado el espanto; fue, necia, de[779] tu sombra; baxa, baxa acá, abre la puerta, que voy a passar l'arca de casa del señor Ceruino, donde la pusse hasta que pareciesses o muerta o biua. Seruidor, señor Doctor.

In.—En buen hora sea mentado.

Ram.—Vengo por mi arca.

In.—Señor.

Cer.—Qué ay?

In.—Viene Ramiro por su arca.

Cer.—Pareció ya vuestra hija?

Ram.—Sí, señor, tuuo no sé qué miedo de verse sola, y fue a buscarme a la otra casa.

Bez.—O, qué espada dorada tan linda que está en esta arca.

Cer.—Qué espada? qué sabes tú?

Bez.—Tienela vn señor que está dentro.

Cer.—Señor que está dentro? qué dizes?

Bez.—Sí, señor, yo le he visto.

Cer.—Qu'es esto, Ramiro?

Ram.—Mira V. m. a las palabras de los mentirosos niños?

Cer.—Pues ellos suelen dezir las verdades, y muchas se descubren con la mentira. A buena quenta, yo quiero ver lo que ay.

Bez.—Sí, señor, dentro está.

Ram.—Son mis estuches dorados y recado de la tienda; estás borrachito, merdosso?

Cer.[780].—Digo que abrais, si no quereis que nos oyan los vezinos.

Ram.—Qué me plaze. (Abre Ramiro l'arca.)

Cer.—Assi, mal hombre, traidor, infame, cornudo.

Ram.—Qué insolencia es ésta? D'esta manera se tratan los hombres honrrados en esta casa; tras auerme robado mi hazienda? Iusticia ay en la Corte. (Sale Damasio de l'arca.)

Cer.—Y a vos que os parece? Es buena gentileza meteros d'esta manera en casa agena?

Dam.—Hablá con quien me metió. Mas qué teneis vos que ver en que yo me haga lleuar como me diere gusto por toda la ciudad?

Cer.—Lleuen os a casa del diablo, pero no a la mia.

Dam.—Ay más, si os pesa tanto, que pagaros el alquiler del tiempo que ha estado l'arca en vuestro portal? (Sale Damasio empuñando y vasse.)

Ram.—Señor Ceruino, haga V. m. que parezca mi hazienda, pues me ha faltado en su casa; dexemonos de quentos: no seamos tras cornudos apaleados.

Cer.—Ambos me lo pagareis con las setenas, a pena de ruin hombre. Al fin, la muger y el vino engañan al más fino.

NOTAS:

SCENA VI

Ceruino, Inocencio, Bezerrica.

[Cer.].—Inocencio!

In.—Señor.

Cer.—N'os he yo dexado en guarda de mi casa?

In.—Sí, señor.

Cer.—Aueis estado siempre aqui?

In.—Sin apartarme vn minuto.

Cer.—Pues cómo se ha hecho esta maldad?

In.—Qué maldad puede cometer vn hombre cerrado en vn'arca? Tuuiessemos assi todos los malos y podriamos dormir a sueño suelto, sin temor de ladrones. Quanto más que son cosas de moços y auran querido hazer alguna burla al barbero y a su hija. Nunca V. m. siendo estudiante hizo l'ánima pecadora? Cómo d'essas le podria yo contar!

Cer.—Mirá a quién he yo encomendado mi honrra.

In.—No está mal guardada quando el que la podria quitar viene debaxo de llaue.

Cer.—Quitaosme de delante, insensato, no me hagais...

In.—Mire V. m. que se deue tener respecto a vn hombre graduado como yo, porque d'este palo nascen los Oydores y Presidentes que mandan el mundo. Si, que yo no soy zaorí, para ver lo qu'está en las arcas cerradas: por qué no lo adeuinó V. m. quando la hizo descargar en casa? Auctor horum malorum praeter te nemo fuit.

Cer.—O, Ramiro traidor. Ben acá, Bezerrilla: baxó abaxo Marcia?

Bez.—No, señor.

Cer.—Hombre'n arca en mi casa! Inocencio, yd luego a llamar a mi suegro (que nunca él lo fuera); dezidle que se llegue luego aqui, que me importa mucho. Dime, mochacho, cómo viste aquel hombre?

Bez.—Desde la ventana de la despensa.

Cer.—Dilo todo, no tengas miedo.

Bez.—Abriendosse aquell'arca, salió d'ella la señora Cassandra.

Cer.—Y quién abrió a Cassandra?

Bez.—No sé, señor; ella creo que venia abierta.

Cer.—Y qué hazia entonces el bachiller?

Bez.—Estauasse a la puerta de la calle hablando con vn fraile.

Cer.—Y despues qué hizo Cassandra?

Bez.—Subiosse arriba.

Cer.—Y subida ella?

Bez.—Baxó aquel señor con no sé que ropa en el braço, la espada dorada en la mano, y metiosse en l'arca.

Cer.—Esta ha sido vna de las mayores maldades que se han visto en el mundo. Sus, manos a la sangre. Quiero matar primero al traidor enarcado, y despues daré tras estas maluadas, que no se me yrán sin castigo. Estos eran los casamientos del señor Aries! Bezerrilla, si viniesse mi suegro, dile que me espere, que luego bueluo.

SCENA VII

Damasio, Macias, Cornelio, Aries.

[Dam.].—En vn punto estan dicha y desdicha, y las desgracias siempre aparejadas. No hay contento en esta vida que no traiga consigo el desgusto, ni alegria sin mezcla de llanto. Es tan cierto esto como seguir la sombra al que al sol camina. Al fin, lo que menos se teme es más de temer. Mas ya que nuestra mala suerte ha querido que aquel rapaz aya descubierto el más gracioso caso que de amores ha sucedido, auemos, hermano, de procurar que aqueñas señoras no padezcan, porque su pena nos seria de perpetua infamia. Es menester preuenirnos y començar a reparar el daño, por que las desdichas son como los peces, que por marauilla vienen solos en la redada.

Mac.—Cortá de mí por donde quisieredes: tengo por mejor obrar antes con peligro que padecer despues con verguença. El daño que haze la mala suerte se ha de remediar con valerosa mano. Haz tu deuer y venga lo que viniere. Vamos luego a sacarlas de su casa.

Dam.—Gentil emendar de auiesso: bien dizen que naturalmente la iouentud (como poco esperta) no mide ni considera los peligros, y assi no me marauillo de que vuestra resolucion sea más gallarda que prudente.

Cor.—Si vuieran considerado lo que pudiera suceder, a buen seguro que aún se estuuieran en los jardines de Tantalo.

Dam.—Qué dizes, Cornelio?

Cor.—Digo, señor, que corriendo inconsideradamente en negocio tan arduo, seria uestir antes el jubon que la camisa.

Dam.—Es como dizes. Velocitatem sedendo tempera.

Mac.—Esso s'entiende quando el tiempo da lugar, y porque falta, diré antes yo: Tarditatem surgendo tempera; que no se ha de perder momento en consultas quando la necesidad constriñe a menear las manos.

Dam.—Estemos a la mira para socorrerlas, si fuere menester, y assi cumpliremos con ambas cosas. Qué te parece, Cornelio?

Cor.—Que V. m. habla como vn Seneca y el señor Macias como cauallero de la Tabla redonda, cuyo parecer se ha de executar quando no aya otro remedio. Mas yo espero ponerle, por via del señor Aries; y por ventura la Fortuna no nos sera tan enemiga, ni passará la cosa tan mal como tememos. Mas entretanto, vn ojo en la sarten y otro en el gato; tenganme buen animo, qu'en el templo de Iupiter dizen auia dos cubas de vino, vna de bueno y otra de malo. No nasce rosa sin espina: ya es hecho; busquemos vnguento que poner en la llaga, antes que venga a encancerarse. Yo quiero que Vs. ms. vean ahora quién es Cornelio Ceruantes de Pisuerga; que vn hombre a las vezes vale por ciento, y que muchas, ciento no valen por vno.

Dam.—Pues qué medio tienes tú con Aries?

Cor.—Por lo menos el de la señora doña Luxuria, que a la vejez le haze jugar de lomo.

Dam.—Es possible?

Cor.—Eslo tanto, que me ha prometido vnas Indias por que le sirua de tercero.

Dam.—Sepamos con quién.

Cor.—No, que s'enojarán Vs. ms. si se lo digo.

Mac.—No podras tú dezir ni hazer cosa de que nos pesse: dilo libremente.

Cor.—Con mi señora (quando menos), por quien beue los ayres dend'el dia que le habló sobre el casamiento.

Dam.—Ha, ha, ha, y tú qué le has dicho?

Cor.—No le quise dexar sin esperança, adeuinando que los passos en que andamos nos lleuariau a auerle menester; que por esso tambien tengo ya hecho con Vigamon su criado vn cambalache de dueños, con que se tiene más por Vs. ms. que de su amo. Alli viene, deue de yr a reñir nuestra pendencia; dexenme con él.

Mac.—No ay negocio tan perdido que poniendol'en manos de vn prudente no se pueda esperar algun remedio.

Cor.—Beso las manos a V. m. Qué alteracion es essa?

Ar.—Es por yr de priessa a casa de mi yerno.

Cor.—Tengo que dezir a V. m. sobr'el negocio que m'encomendó.

Ar.—Vení a hablarme a la tarde.

Cor.—No será possible, porque tengo mucho que hazer a causa de que mañana, en amaneciendo, me parto para Cerueros, adonde voy en romeria.

Ar.—Esperá vn poco. Bachiller, vayasse delante, diga a mi yerno que luego seré con él. Pues, amigo, qué tenemos?

Cor.—Tratéla (señor) del negocio en bonissima coiuntura, con tan grata audiencia, que quisiera (a lo que sospecho) que durara mi plática hast'ahora.

Ar.—Al fin?

Cor.—Podré cr'er (me dixo poniendose de mil colores) que ay en el mundo quien se acuerde demí? Y aunque no me dió el sí, ni me dixo de no, eché de ver que tiene perdida la mala voluntad a V. m.; pero como muger prudente no quiere descubrir su coraçon tan presto.

Ar.—Mucho contento recibo de oyr esso; bolué, os ruego, a darla otro tiento.

Cor.—No será possible, porqu'está muy enojada ahora contra su hijo el mayor.

Ar.—La causa?

Cor.—A V. m. todo se le puede dezir. Estando el señor Damasio enamorado de la hija de Ramiro el baruero, por orden de la moça (para lo que V. m. puede pensar) se metio en vn'arca que de la casa donde han biuido se auia de mudar ayer a otra que ha tomado, y por ser tarde la dexó hasta esta mañana, y lleuandola halló la puerta cerrada por auer salido la hija no sé a qué, y mientras boluia, la descargaron los ganapanes en casa de aquel cauallero yerno de V. m. (con su buena licencia), por no dexarla en la calle, y queriendo despues sacarla, no sé cómo se vino a echar de ver lo que auia dentro. De que mi señora está muy congoxada, temiendo no hayan sospechado que aya sido por hazer algun mal en aquella casa; mas la pura verdad es ésta.

Ar.—Es cierto lo que me aueis dicho?

Cor.—Ciertissimo; assi yo tenga buen viage o nunca d'el buelua.

Ar.—Luego de la hija de Ramiro andaua enamorado el Damasio? Y aun por esso me dixo Vigamon vn dia qu'era toda vuestra.

Cor.—En el cúya se engañó. Es como le he dicho; yo sé bien lo que ay entr'ellos.

Ar.—Al fin la inocencia es seguro escudo; y cr'er muy presto, ligereza. Vos me aueis dado dos nueuas vna mejor que otra, con que m'he alegrado mucho. Tomá este doblon para guantes.

Cor.—No, suplico a V. m.

Ar.—Qué cosa es no? Tomá os digo.

Cor.—V. m. me quier'echar vn'argolla al cuello, y yo me doi por su perpetuo esclauo; beso las manos a V. m. Yo le asseguro de que si aprieta, vendra presto al fin de su intento.

Ar.—Y vos no ayudareis a ello?

Cor.—Estos (señor) son dos moços muy libres (como todos los hijos de viudas) y quierenme mal de muerte, porque les digo lo que les conuiene; y assi no quiero estar con ellos por ninguna cosa, aunque mi señora no me quiere dar licencia.

Ar.—Pues cómo, esso tengo en vos? Tampoco yo quiero que os salgais de su casa, y me obligo a daros más al doble en ella de lo que ganais; quereis otra cosa?

Cor.—No he seruido tanta merced como recibo de V. m. Mas no es possible dexar de partirme, por la obligacion de cumplir el voto que hize ya ha muchos dias; y como soy mortal, no es justo perder la buena ocasion que se me ofrece ahora de vn cauallero que me quiere bien y va a lo mesmo, que me hará la costa yda y buelta por que le acompañe.

Ar.—Digo que n'os aueis de yr en ninguna manera; sufrí con discrecion, pues la teneis, sus mocedades; que qualquiera palabra mala que os dixeren la pondré a mi cuenta, y la romeria se hará otro año, y podria ser comigo, porque tambien pienso yr, si me caso, a Cerueros.

Cor.—Si V. m. me mandasse yr a Roma descalço, lo haré mejor que por el Rey.

Ar.—Y'os lo agradezco. Con esto quiero yr a sacar a mi yerno de la opinion que deue tener.

Cor.—Es tanto el odio que tengo contra el Damasio, que me holgaria (en alguna manera) de que aquel cauallero creyesse que se auia hecho lleuar assi por amor de su hija, para que le hiziesse matar.

Ar.—No suceda tal, que iria la honrra de la mia de por medio.

Cor.—Encargo a V. m. (por quien es) la de Policena, qu'es vna donzella honesta y muy recogida.

Ar.—N'os dé pena, que basta ser muger para escusar lo que la pueda hazer daño, y mirá que no me oluideis.

Cor.—Yo lo desseo como[781] V. m.

NOTAS:

ACTO QVINTO SCENA I

Violante, Cornelio, Ramiro.

[Vio.].—Sali acá, Lobata, dadme vn manto y venios comigo, desdichada de mí. No sé qué he oido a vnos que a mi puerta estauan tratando de vna pendencia que han tenido mis hijos. Bien me dixistes vos que auian salido de casa de mala manera. Estos son los embustes de aquel embahidor de Cornelio, que de los más modestos y obedientes me los ha hecho los más libres y viciossos d'esta ciudad. Estoy resuelta o acabar d'echarle de mi casa, o dexarlos con él y meterme en vn monasterio. No sé adonde pueden estar, cuitada de mí. (Entran Ramiro y Cornelio alborotados.) Qué ruido es este? Desuella caras, traidor, enemigo, qué has hecho de mis hijos?

Cor.—Ellos quedan sanos y en saluo, y yo por defenderlos traigo mi pago.

Ram.—Es como dize Cornelio, y lo qu'él tiene no será nada.

Vio.—Dezíme (amarga de mí) adónde los dexastes?

Ram.—En la plaçuela de San Llorente.

Vio.—Venios comigo, Ramiro; dexá a esse mal hombre.

Cor.—No lo digo yo?

SCENA II

Aries, Morueco, Cornelio.

[Ar.].—En effeto este mi yerno es un mal hombre; bien dizen las obras con el bestial nombre que tiene.

Mor.—Ya V. m. lo ve.

Ar.—Vamonos, por amor de mí, a saber cómo está el herido; que por ser criado de aquella casa lo siento mucho más. Alli nos sale al encuentro, de que no me huelgo poco. Cómo estais, amigo? Qué ha sido esto? Creed que me ha dado tanta pena vuestra desgracia, quanto contento recibo ahora de veros en pie.

Cor.—No esperaua yo menos de V. m. Iuansse (señor) mis amos a passear al Espolon, y sin por qué, Ceruino, acompañado de diez o doze escapados de las horcas, nos assaltó en aquel passo estrecho que va de la Boheriza[782] al Rio, entre las casas del Duque de Bexar y la Rondilla. Viendo esto, hezimos los tres vna hilera, y cargando los más sobre'l señor Damasio, trayendole acossado, y viendole yo en mal término, arrebaté d'el carro de vn serrano vn toçuelo (que me deparó mi ventura) y dime con él tan buena maña, que los hice retirar más que de passo, tanto que auiendome cebado en ellos, me hallé a Ceruino al lado, el qual a traicion me dio vn reues de que me ha mancado esta mano. Sobreuino luego el teniente y prendiole; los demás ladrones, de alguaciles y porquerones seguidos, s'encomendaron a sus pies; no sé lo que despues ha sucedido.

Ar.—Qué le parece a V. m., señor Morueco, de la temeridad d'este atronado? Que se aya ydo sin más verificacion a poner mano a las armas, deshonrrandose con tanto escandalo del pueblo.

Mor.[783].—Mucho ha que le tengo yo pronosticado este desatino.

Ar.—Andá, hijo, gouernaos bien, y auisáme lo que fuere menester, que yo tendré cuidado de saber de vos.

Cor.—Beso las manos de V. m.

Ar.—Quiero en todo caso prou'er a lo que a mi hija conuiene, que la sangre y su mucha virtud (en que imita bien a su madre) me obligan a mirar por ella y a sacarla de tan angustiada vida como este loco le haze passar. Y descubriré ahora a V. m. vn secreto, de donde conocera la mucha virtud de Marcia. Hame jurado que se está tan virgen como el dia en que nascio, porque Ceruino no es hombre, escusandose con que vn'amiga que ha tenido de viudo le ha ligado.

Mor.—Yo lo creo por mi fe; tengalo V. m. por ciertissimo, porque ha muchos dias que le veo andar tras Sanchez el boticario de la rinconada, y nunca me ha querido dezir lo que con él tiene, aunque se lo he preguntado.

Ar.—Pues para con V. m. yo quiero escriuir luego a Monsiñor Cornaro[784], que es todo mio, que me auise si la podré casar con otro, atento la impotencia d'este malauenturado.

Mor.—Haga V. m. que conste, que yo se la dare libre en quinze dias, sin embiar tan lexos.

Ar.—Tanto que mejor.

Mor.—Pues V. m. pretende anular el matrimonio, será bueno que yo tambien le apriete para que case a mi sobrina, pues se ofrece tan buena ocasion, y qu'entretanto la meta en un monasterio o casa donde esté tratada como quien ella es: que no querria verla caer por desesperacion en algun inconueniente de los que cada dia acontecen. Tengo por gran desatino e imprudencia no dar quanto antes dueño a las donzellas que quedan sin madre que mire por ellas; quanto más con las partes de mi sobrina, y la que tiene de nuestro abuelo en el monte de Toroços.

Ar.—Si le parece a V. m. vamos juntos a hablar al licenciado Ceruera mi Letrado sobre ambas cosas, y segun su consejo nos gouernaremos.

Mor.—Por mejor tengo al Doctor Vaca, que trata ant'el Prouisor de muchos casos matrimoniales.

Ar.—Vamos a ambos, que no dañarán dos consultas y pareceres; no perdamos tiempo.

SCENA III

Damasio, Violante, Ramiro, Macias.

[Dam.].—No es, señora, gran indignidad venir vna persona como V. m. a semejante cosa?

Vio.—No es mucho peor que vosotros me deis ocasion para ello? (Entrase Damasio.)

Ram.—Señora, esté V. m. muy contenta, pues la ha dado Dios dos hijos como leones; porque lo han hecho tan valerosamente, que han ganado oy mil voluntades.

Vio.—Querria yo (triste de mí) que esse valor se mostrasse siendo más virtuossos que otros, y que se echasse de ver en el buen gouierno de sus personas y de tanta hazienda como su padre los dexó y yo les he conseruado y aumentado. Madre desconsolada, viuda de veinte años, que he consumido la flor de mi joventud criandolos con perpetuo cuidado, sin auerme (por su causa) querido boluer a casar, con salirme muchos buenos partidos, y vltimamente el de vn cauallero que está a pique d'eredar el Estado de Mont'agudo.

Ram.—No lo ha querido Dios, porque V. m. criasse con más aficion a estos caualleros y a mi señora Valentina; él se los guarde, que si prosiguen como han començado, por todo el mundo se hablará dellos.

Vio.—Pobre de mí; si estas pendencias succeden vna vez bien, a la segunda o tercera salen mal d'ellas.

Ram.—Esta no ha sido por su culpa; yo me hallé casi presente, pues vi yr a quel desatinado con vna manada de rufianes (que robarian la peste a San Roque), y metiendo todos mano contra ellos, qué auian de hazer?

Vio.—El enojo que yo tengo es con aquel malino de Cornelio.

Ram.—Contra Cornelio, señora? Ahora digo qu'el hazer bien no aprouecha todas vezes; por vida de mi Policena que merece ser bien querido de todo el mundo, quanto más de V. m., porque lo ha hecho como leal y valiente criado. Arisgar la vida el moço por el amo ya ha mucho que no se vssa en Valladolid. (Buelue a salir Damasio.)

Dam.—Sabe V. m. cómo ha de ser aqui adelante?

Vio.—Peor que peor si no ay emienda.

Dam.—Digo que, sinos quiere bien a mi hermano y a mí, ha de hazer quenta de que tiene tres hijos, poniendo en este numero a Cornelio, a quien tenemos más obligacion que a ninguno de nuestro linage. Porque al tiempo de las necesidades los parientes son poco fieles, los amigos se desaparecen, y este entonces se muestra más desentrañadamente, en quanto nos toca.

Ram.—Cierto que lo merece.

Vio.—Tenedle vosotros en el lugar que quisieredes, que yo os dexaré en su tutela, apartandome (yo sé bien de qué manera) de ver y oyr tantas desverguenças. (Entrase Violante.)

Ram.—Enojada se ha entrado mi señora; V. m. es mal sufrido y ella impaciente, porque como tan buena madre, le duelen estas cosas que oye.

Dam.—El sufrimiento y la obediencia es muy justa y deuida cosa, mas no hemos de dormir (como dizen) hasta los treinta años con nuestra madre; ni ella ha de tirar tanto la cuerda, que se rompa; porque ya no somos niños y segun las edades han de ser los castigos.

Ram.—Es assi, señor, que los niños, porque no entienden ni temen otra cosa, se castigan con el açote; mas los hombres con las reprehensiones, las quales se deuen oyr de los padres con humildad y respecto, teniendolas siempre en la memoria, para guardarse de allí adelante de darles ocasiones de pena: porque todas sus asperezas van endereçadas al bien de sus hijos, y al fin, la cura del rigurosso cirujano es más segura que la del blando y piadosso medico.

Dam.—Hablais como vn Canton[785]; cierto que no he oydo sacamuelas que tan apuntadamente diga lo que alcança: quién pensara que de la boca de Ramiro podían salir razones tan acicaladas, que bastan a conuertir los más descaminados y perdidos! Salí acá, Macias, oyreis marauillas. (Sale Macias.)

Mac.—Qué ay? Estamos seguros?

Dam.—Hame predicado Ramiro la obediencia y humildad, despauilandose tanto el senescacho, que con gran admiracion he dicho: Bendito seas tú, Señor, que assi como Balaam oyó la voz del que le lleuaua, me has hecho sentir la d'el mentecato Ramiro.

Mac.—Y vos qué dezis a esto? No aurá para mí algo?

Ram.—Vs. ms. andan de torneo; no m'espanto de verlos aturdidos: dexemonos de donaires; acuerdense de que quien deue de resto no está libre, qu'es lo que haze al caso; hagamos de manera que se cobre mi ropa, que no sé imaginar cómo me la sacaron de l'arca.

Mac.—Como quiera que haya sido, aqui os la pagaremos si se perdiesse; quereis mas?

Dam.—Y'os l'asseguro; vengamos a lo que os importa más. Ya sabeis l'amistad antigua que teneis en nuestra casa, la qual aueis conseruado con vuestra buena seruitud; y conociendo el amor que nos teneis, desseamos que saqueis el fructo del que os tenemos, y assi buscamos ocasion en que poderos aprouechar. Conoceis tambien las buenas partes de nuestro Cornelio, a quien tenemos en el lugar que aueis oydo; y d'esta manera creo que abraçareis la voluntad con que os daré parte de lo que mi hermano y yo auemos tratado: y es quán bien nos vendrá que le casemos con Policena vuestra hija, y para esto nosotros los ayudaremos, de manera que no les falte nada.

Ram.—Entendiendo assi lo que V. m. me ha dicho y propuesto, no haria lo que deuo si llanamente no sometiesse mi voluntad a su disposicion; y assi los dexo el cuidado y doy a Vs. ms. mis vezes para poder libremente hazer della lo que fueren seruidos. Pero con vna condicion.

Dam.—Y es?

Ram.—Que mi señora Violante piense tambien en casarme; que por sí puede juzgar la melancolica vida de los viudos: esto se entiende quando Vs. ms. l'ayan aplacado.

Mac.—Ya yo la he desenojado y está muy contenta.

Dam.—Todo lo que pedis está ya pensado, y assi os daremos vna muger que os vendrá de perlas.

Ram.—Vea yo a Vs. ms. señores de dos grandes ciudades.

Mac.—Que tan grandes, por vida mia?

Ram.—Por lo menos, como la de Suntiem de la China, que (si no miente el que lo escriue) ha menester vn hombre para atrauesarla de puerta a puerta, caminar con buen cauallo todo vn dia sin pararse (esto sin les arrabales, que son otro tanto) y es de tanta gente, que en media hora pueden juntar doscientos mil combatientes, los cien mil a cauallo.

Dam.—Essa sea la mia.

Mac.—Y la mia?

Ram.—La Cestiérnega, fundada al pie d'el alto monte de San Cristoual, media leguecita de aqui (porque no se canse), que no tiene alcalde, alguazil, porqueron, escriuano, medico, boticario, cura ni sacristan (falta para biuir en paz y con salud mil años), abundantissima de quixones y turmas de tierra, que son bonissimas para los auogados y mejores para los nouios.

Mac.—Agrauiado quedo; y con todo esso, quando lo seais, y'os haré el banquete y dare essa fruta.

Ram.—Como quiera que sea, no veo l'hora. Al fin es verdad que muger ni mal año nunca faltan. Mas de veras, a quién me quieren dar Vs. ms?

Dam.—Qué nos dareis porque os lo digamos?

Ram.—Quanto tengo, sino a mi hija.

Mac.—Essa ya se ha dado.

Dam.—Ahora y'os lo quiero dezir: aparejá la colacion.

Ram.—Sepamos antes si lo vale.

Dam.—Vale vn Perú. A Lena Corcuera de Cienfuegos, la corredora.

Ram.—Mucha gente es essa para tan pobre despensa como la mia, y más si trae cola.

Dam.—No, qu'es rabona, y vna Fenix que nunca ha parido, y fuera de ser honrrada quanto otra de su manera, es la mesma diligencia para hazeros de oro en poco tiempo.

Ram.—No sea como l'aue de caça, de quien dixo aquel ser bastante para mantener vna casa en hambre y lazeria aunque tenga veinte personas. En conclusion (señores mios) no me descontenta el partido, por ser de la edad que yo he menester para no andar assombrado dentro y fuera de casa, metiendo en ella alguna tortolica de las que ahora se vssan. Mas de hazienda, cómo está?

Mac.—No sabe lo que se tiene.

Dam.—Esso me haze poner en duda el quererlo hazer; pero nosotros (qu'es toda nuestra) haremos que venga en ello por fuerça; quanto más que no es Ramiro para desechar, y assi podeis perder cuidado. Pero vna cosa queremos de vos.

Ram.—Y es, señor?

Dam.—Que no alceis la quexa de aquel traidor de Ceruino.

Ram.—Como Vs. ms. me fauorezcan, antes haré instancia para que le corten la cabeça.

Vio. (dentro).—No acabais d'entrar en casa?

Dam.—Ya vamos, señora.

Vio. (de la ventana).—Por amor de mí, que de oy más tengais mejor assiento y seso; no andeis en estas rebueltas, que me quitais la vida.

Dam.—Ramiro, entrá a refrescaros con nosotros.

Ram.—Vs. ms. me perdonen, qu'es tiempo de acudir a casa; que aunque tengo ya buen oficial, para mi hija es tarde.

Dam.—Regalalda mucho, que presto la echaremos de casa, haziendo nuestro deuer con ella como buenos amigos.

Ram.—Con essa confiança voy; biuanme Vs. ms. mil años.

Mac.—Dios os guarde.

NOTAS:

SCENA IIII

Aries, Ramiro.

[Ar.].—Ya aureis sabido la pendencia de Ceruino con los hijos de mi señora Violante?

Ram.—Como quien se halló presente a quanto ha passado; y si V. m. supiesse la causa que tuuo, lo tendria por gran desconcierto y locura. Para dezir verdad, este yerno de V. m. es vn terrible hombre.

Ar.—Siempre he temido, viendole tan desatinado, que le auia de suceder alguna desgracia.

Ram.—Yo temo no vaya esta vez en ruina quanto tiene, y aun dudo de la vida. Assaltar a dos caualleros tan emparentados con la casa de Cabra, donde está el Rey, y tantos de los alcaldes, es otro que palabras. Pues burlense con el Licenciado Bicornis, que le prendió; a fe que apretandole los cordeles, le haga alargar los cerraderos de la bolsa, y aun de la boca. Veremos ahora cómo sale del insulto, de la herida del criado, del hurto de mi hazienda, de auerme tocado en la honrra, con tanto vituperio. Y de lo que más importa, que son las blasfemias, que se le prueuan con cien testigos tan honrrados como él.

Ar.—Yo vengo ahora de verle y hele hallado tan manso, que porque le ayude a salir d'este trabajo me ha confessado todas sus menguas. Y assi, auiendome ya informado de que sin litigar podré dar a mi hija otro marido, lo pretendo hazer quanto antes me sea possible.

Ram.—Qu'es lo que oyo? sueño, o qué me tengo? Casar con otro a la señora Marcia? Puedense ya tener dos maridos juntos? Qué les faltaria a las locas?

Ar.—No va por ay. Quiero que sepais vna cosa, de que os quedareis abobado.

Ram.—Qu'es, por vida de V. m.?

Ar.—Que Ceruino aun no ha podido pagar el deuito a mi hija.

Ram.—Cómo es esso? Pues a fe que es ella para hazerse pagar en otro que doblones! ¿Tiene acaso algun menoscabo en su persona, que le ha impedido?

Ar.—Dize que con vn hechizo le han hecho impotente.

Ram.—Basta, ya estoy al cabo; crea V. m. que siempre estos estremados celosos tienen algunos defectos que los traen con aquellos espantos.

Ar.—No tengais duda. Aueis visto a Cornelio?

Ram.—Sí, señor.

Ar.—Tiene más mal de la herida?

Ram.—No tiene otra cosa, y aquélla es pequeña.

Ar.—Cómo le podria yo ver?

Ram.—Ha dado a V. m. alguna buena esperança?

Ar.—La esperança en que me ha puesto es tan pequeña quan grande es el desseo; y para que sepais mi intencion, os digo que si por el modo intentado no ay remedio, quiero tratar por otra via de casarme con esta señora.

Ram.—Esse sí (señor) qu'es el camino real y seguro.

Ar.—Quierol' embiar a llamar; si le veis antes, dezidle, os ruego, que me hallará en las Arrepentidas.

Notes in this chapter

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