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Orígenes de la novela, Tomo III

XI (continued 4)

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Las cándidas distracciones del Bachiller Inocencio sugieren á Ticknor el recuerdo de aquel incomparable dómine Sámsom que pinta Walter-Scott en su novela Guy Mannering ó El Astrólogo; pero la semejanza es aparente y exterior, porque Inocencio es tonto de capirote, aunque simpático por su misma bobería, y el dómine Sámsom, rico de otra bondad más alta, sólo hace reir por lo torpe y desmañado.

Tal es esta comedia magistral, aunque frívola y liviana, que, si no fué la última de las Celestinas, por haberse publicado todavía durante el siglo XVII algunas muy notables, señala el término de la primera serie y anuncia la transformación del género, libertándole de la servidumbre de los lugares comunes en que había caído, restituyéndole el nervio dramático y trayendo nuevos elementos á la pintura de costumbres. Por esta senda caminaron otros ingenios, especialmente Salas Barbadillo en La Sabia Flora y en El Sagaz Estacio, obras en que me parece evidente el influjo de la Lena juntamente con el de la comedia italiana. Pero de esto se hablará en otro lugar.

Por ahora aquí termina el estudio analítico y minucioso que nos hemos impuesto de una de las más singulares manifestaciones de nuestro arte dramático y novelesco, pues á los dos se extiende su influjo y sirve de puente entre los dos géneros. La especial índole de estos libros exige todo género de precauciones en su exposición, pero creo haberla realizado con decoro literario y sin hipocresía, persuadido como estoy de que la ciencia purifica todo lo que toca y tiene derecho á invocar todo género de testimonios, interpretándolos con desinterés absoluto. Consecuencias muy importantes, no sólo de historia literaria, sino de historia social, se deducen de estos libros, que son además un tesoro de lengua castellana; y no me arrepiento, por tanto, de la tarea nada leve que este volumen me ha costado, ni juzgo que desdiga de mis años y de la severidad de los estudios que profeso.

Á continuación de este prólogo van reimpresas cinco obras del género celestinesco: la Tragedia Policiana, la Comedia Florinea, la Eufrosina, la Doleria del Sueño del Mundo y la Lena. Las dos primeras son de la más extraordinaria rareza; la Doleria lo es mucho menos, pero sólo podía leerse en las ediciones primitivas. La Eufrosina castellana escasea bastante, aun en la reimpresión del siglo XVIII. De la Lena hay edición relativamente moderna, pero poco satisfactoria, y el valor literario de la obra es tal, que por ningún concepto puede faltar en una Biblioteca do Autores Españoles.

No he reproducido la Tragicomedia de Lisandro y Roselia y la Comedia Selvagia (aunque lo merecían) por estar ya incluídas en la colección de Libros Raros y Curiosos, donde figura también la Segunda Celestina de Feliciano de Silva. En la misma colección se hallan la Thebayda, la Seraphina y la Lozana, que bajo ningún pretexto hubieran debido exhumarse.

Con esta colección y la nuestra queda casi completa la serie de las Celestinas, pues apenas falta otra que la de Gaspar Gómez de Toledo, tan absurda y mal escrita que nadie ha de pensar en sacarla del olvido.

En todos los textos seguimos fielmente las ediciones originales (salvo la puntuación) y conservamos la antigua ortografía, no sólo por razones filológicas, sino por la conveniencia de cercar con una especie de vallado ó seto espinoso estas producciones, alejando de ellas al profano vulgo. Las obras que este tomo encierra son ciertamente de las menos libres y más morigeradas de su clase: lo son hasta en cotejo con la tragicomedia primitiva; pero así y todo no deben correr indistintamente en todas manos. El precio relativamente elevado de esta colección, el aspecto arcaico del texto, el aparato crítico y bibliográfico que le acompaña, bastarán, según creemos, para conjurar todo peligro.

Una deuda de gratitud me resta cumplir con mi sabio y cariñoso amigo el eminente literato D. Francisco Rodríguez Marín, que con su bondad acostumbrada y su pasmoso conocimiento de la lengua del siglo XVI me ha ayudado en la corrección de pruebas de estas comedias, cuya recta lección ofrece no pocas dificultades. Aun con tal auxilio no me lisonjeo de haberlas vencido todas, pero seguramente habré disminuído el número de las erratas, y las que queden sólo á mi descuido deben achacarse.

En el cuarto y último tomo de estos Orígenes de la novela trataré especialmente del género picaresco, y también de otras formas novelísticas ó análogas á la novela, como los coloquios y diálogos satíricos[494].

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