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Parnaso Filipino

Nedruda (Esteban)

Reading edition

Nedruda (Esteban)

Consagrado al periodismo, es ahora redactor de «El Debate». Antes lo fué de «La Vanguardia».

ANHELOS

Quiero los cantares que miman al alma, las tiernas endechas que saben a miel, los trinos del ave de la noche en calma y el aroma suave que esparce el vergel. Quiero las caricias de la fresca aurora sentir en la frente al amanecer, y en los labios rojos de la diosa Flora libar tiernos besos que embriaguen mi ser. Quiero de la brisa el blando murmurio en campos y valles plácido escuchar, y de la sibila el feliz augurio de glorias y triunfos de mi patrio lar. Quiero luz, colores, vida, miel, aroma, pues tengo en mi pecho una eterna sed que mi alma atormenta cual una carcoma y de las tristezas me pone a merced. Y quiero en mi rostro sentir de los vientos ósculos ardientes que sepan de amor, y en mi mente loca tejer pensamientos tan bellos que halaguen mi alma, mi alma en flor. Porque necesito decirme a mí mismo que el dolor no existe, que es pura ilusión, que sólo germina el laudable altruísmo de todos los hombres en el corazón. Que todo es ameno, que todo es de rosa, que es palabra vana la fatalidad, que ninguna pena mi pecho destroza y que no es amarga la realidad. Porque hay que engañarse si el alma queremos que no se deshaga en girones mil, y siempre pensemos y siempre forjemos que nunca se mueren las rosas de Abril. Ya que nuestro mundo lleno está de abrojos, vilezas y engaños que causan horror, un cristal de rosa pondré ante mis ojos porque todo sea de hermoso color. Por eso yo adoro del sol los fulgores, y busco en los ritmos el grato solaz, y alfombro mi senda con versos y flores para hacer más dulce la vida fugaz.

MEDITACION

Segado por el viento de un huracán furioso desciende al frío suelo el cáliz de una flor: tal de los desengaños al sopolo venenoso fugaz se desvanece un sueño encantador. El río solitario, cruzando las malezas, en su áspero camino tropieza sin cesar, y en vez de alegres odas murmura sus tristezas: tal navegan los hombres de la vida en el mar. Un día contemplaba en viejo campanario la ligera veleta de su eterno girar, y pensé que es veleta el hombre en su calvario que gira sin descanso en constante penar. Y, si acaso, hay momentos de calma lisonjera que de gozo inocente nos hacen sonreir, son momentos fugaces que con la primavera dejan triste recuerdo en el pecho, al partir. Cuando en noches serenas despierta el alma mía tras un sueño de rosa,--dulce sueño de amor--, que en suave desvarío recreó mi fantasía por mundos ignorados y jardines en flor; Cuando en alas del rápido y misterioso viento, de la argentada luna a la trémula luz, a las altas regiones vuela mi pensamiento olvidando un instante de las penas la cruz; Yo siento que en mis labios se enjoya la sonrisa y la calma perdida vuelve el alma a sentir, y yo bendigo todo: rocío, flores, brisa; y entonces me parece que es hermoso el vivir. ¡Oh, cuán grata es la vida cuando sólo ilusiones llenan de nuestra mente el invisible azul! ¡cuán bello es todo el mundo si nuestros corazones de amor se sienten presos en el rosado tul! Mas ¡ay! cuando se cae la venda de los ojos, el bello panorama tórnase en funeral... ¡los que gratos nos fueron, hoy nos causan enojos! ¡lo que fué nuestra dicha, es ahora nuestro mal! Entonces es en vano que alcemos las miradas hacia el límpido cielo do dicen que está Dios; ¡no tendrán ningún eco nuestras tristes baladas y de los sueños idos se perderán en pos...! ¿Porqué ha de ser la vida cadena de amarguras? ¿porqué todos nosotros hemos de padecer? Dime, ¡oh rey de los astros que radiante fulguras! ¿porqué gime lloroso el infante al nacer?

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