Marfori (Isidro)
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Marfori (Isidro)
De la Laguna, como Rizal y Cánon. Nació el 15 de Mayo de 1890. Interno con jesuítas y dominicos, se graduó de perito mercantil. En talante de poeta, tuvo una primera juventud inquieta y romántica, aunque al fin le sujetaron las realidades de la vida. Ha impreso en Manila dos colecciones de poesías: Aromas de ensueño (1914) y Cadencias (1917). Villaespesa es su poeta preferido: luego Darío, Núñez de Arce, Chocano y Vargas Vila.
A SALVADOR RUEDA
CON MOTIVO DE SU VIAJE A FILIPINAS
Artífice inmortal de la Poesía, incomparable y mágico rimero que tienes en las venas fuego ibero y en el pecho panales de ambrosía. Alma de luz, de sol y de armonía, que en medio de este siglo de odio fiero, descuellas indicando un derrotero a la soberbia humanidad del día; bardo de paz y de combate rudo, que la bandera azul tan alto agitas, ¡divino soñador, yo te saludo! Mi musa a ti, con temblorosa mano, te ofrenda un haz de frescas sampaguitas ¡oh embajador del intelecto hispano!
1915.
A UNA ESTRELLA
Dulzuras destella tu luz de topacio, luminosa estrella del celeste espacio. Y viendo que de ella yo nunca me sacio, me sonríes bella, desde tu palacio. Tus fulgores dame, que amante los guardo en mi ánima opresa, y deja que te ame nostálgico el bardo, ¡divina princesa!
1917.
LAS NOCHES DE CITA
Todas las noches, a la sombra amena de un frondoso macizo floreciente, yo acudía con paso diligente y con el alma de ilusiones llena. Veía a poco su cuerpo de azucena avanzar indeciso, lentamente, mientras un ansia de pasión ardiente daba a mi pecho hervores de colmena. Juntos los dos en dulces embelesos, volviamos al cuento de los besos, sin pensar que es voluble la fortuna. Y sólo nuestro ardor se interrumpía cuando ya en el azul se desleía la dorada sonrisa de la luna.
1917.
EL PASIG
En una vega ubérrima y tranquila, bajo el quemante ardor de un sol de estío, sonoro y riente se desliza el río desde el lago de Bay hasta Manila. Bruñe la faz de su caudal bravío brillante luz que todo refocila, y se entorna ofuscada la pupila al contemplar tan fulgido atavío. Al saludo jovial de la cañada y del sipao que trina en la enramada, su romántica y triste serenata, van pasando sus linfas transparentes bajo el arco de hierro de los puentes como una eterna procesión de plata.
A LA GLORIA
En la aurora de mi vida, aún sin dolores aciagos, te he visto, de azul vestida, flotando en mis sueños vagos. Despertaron mi dormida pasión tus dulces halagos, tornaste en arpa mi vida y fuí cisne de tus lagos. Y ahora qué en ellos me agito, con una sed de infinito y la visión de mi cruz ¿porque le niegas ¡oh gloria! a mi breve trayectoria tu eterna estela de luz?
1917.
AL VOLCAN APO
Guarda silencio el coloso, silencio largo y profundo. Ni siquiera se estremece su ardiente seno iracundo al paso del fiero baguio29 que desvasta en un segundo, azotando en su locura la enorme esfera del mundo.
Velado por blancas nubes yace en un frío mutismo; ningún rumor de amenaza se escapa de su hondo abismo ¿Está en vísperas y acaso se reconcentra en sí mismo y prepara en sus entrañas un horrendo cataclismo?
Preguntádselo a las tribus que moran en sus laderas y os dirán que el Apo duerme con sus ansiedades fieras que las lavas de sus hornos sólo se desbordarán el año en que ellos olviden, en su propio menoscabo, la tradición milenaria de dar a feudo un esclavo arrojándole a las fauces insaciables del volcán.
1917.
EN LA MUERTE DE TIRSO DE IRURETA-GOYENA
Junto al negro ataud de tus despojos ¡oh prócer de linaje apolonida! mi frente inclino, humilde y abatida, y un responso de amor rezo de hinojos. al pensar en tus épicos arrojos, en los laureles de tu edad florida, siento la honda amargura de la vida y se llenan de lágrimas mis ojos... No te alzas ya para domar la rabia, de la impiedad y el credo disoluto... ya no escuchamos tu ingeniosa labia. Has caído, llenándonos de luto, ¡como un árbol pletórico de savia al grave peso de su mismo fruto!
Octubre, 1918.
POR AMOR A ESPAÑA
(SEGUNDO PREMIO EN EL CONCURSO DE LA «CASA DE ESPAÑA», 1919)
TRIPTICO HEROICO
I
Desafiando del sino los desmanes, un grupo de española valentía arribaba a las ínsulas un día al mando de Fernán de Magallanes. En la cruz de sus recios gavilanes las católicas luces nos traía, en sus fuertes aceros la hidalguía, en sus pechos, olímpicos afanes. Estoicos, en el ciclo de sus penas conquistaron sus glorias de soldado, y al sellar con la sangre de sus venas su epopeya brillante y espartana, nos dejaron el dúplice legado de su habla hermosa y de su fe cristiana.
II
Arbol coloso de verdor florido que há tres centurias crece y exubera, es en mi patria la cultura ibera que la escuadra inmortal nos ha traído. Nativos ruiseñores hacen nido en sus frondas de eterna primavera, y aunque enfurece la ventisca fiera, en la arada social seguirá erguido. En vano ilusos de intelecto oscuro, que miran su grandeza con inquina, clavan las hachas en su tronco duro. ¡Por virtud de sus mismas cicatrices no hay un trozo de tierra filipina que no abarquen sus cívicas raíces!
III
La gratitud es una flor que brota de la pureza del sentir humano, y no hay sarcasmo ni atrevida mano que la marchite en mísera picota. --¡Oh falange del yelmo y de la cota! Para pagar tu esfuerzo soberano, lidiar quisiera por el fuero hispano en una tierra anónima y remota. Que el talismán sagrado del ensueño, oculto en mi armadura de guerrero, hará un gigante de mi ser pequeño. Y en una gran batalla yo quisiera hacer del brazo un mástil altanero ¡para elevar al cielo tu bandera!
TRES SONETOS DE AMOR
I
Paseaba su gracia de sultana al múrice reflejo del Poniente, cuando en la luz de su mirada ardiente vi el paraiso de la vida humana. En pos de sí marchó la caravana --cual una estela inmensa y esplendente-- de todos los ensueños de mi frente y todos mis anhelos del mañana. Y fué la estrella que fulgió en mis cimas, la lírica cadencia de mis rimas, el encanto perenne de mis horas. Mi astro altivo tejióla una guirnalda, la hizo un trono y pidió para su espalda el bermellón de todas las auroras.
II
A distancia la amé, porque quería vaciar en un romántico latido la excelsitud del ideal florido, su esencia de suprema poesía. En silencio la amé porque temía que mi orgullo tenaz fuese vencido, que se mofara de mi pecho herido ¡y sólo fuera mi ilusión de un día! ...Pero el disimular inútil era, pues no se oculta una pasión sincera con grávidas cadenas o cerrojos. Y al fin la dijo mi íntimo secreto, tras la prisión de un antifaz discreto, la pena delatora de mis ojos.
III
Como va al sol la inquieta mariposa para besarle en su febril intento, constante iba mi inquieto pensamiento tras la esquiva figura de mi hermosa. El tierno hechizo de su faz radiosa me sonreía en mi amargo aislamiento, añoranza celeste que al momento remozaba mi vida tumultuosa. ¡Callar más tiempo me oprimía el pecho! y dejando el amor su encierro estrecho, entró en el alma de la amada mía. ¡Mas vió en el templo su candor inerte y en su ara triste, al soplo de la muerte, un resplandor que en sombras se extinguía!
Enero, 1920.