Lazcano (Edilberto)
Reading edition
Lazcano (Edilberto)
Presbítero. Colabora en «El Debate», de Manila. Ha comenzado a versificar, para el público, hace poco; pero ya tan formado literariamente, que merece un lugar en este PARNASO.
DIPTICO
I
LA CAMPANA
¡Oh España, de sin par ejecutoria, que a tu cabeza unciste el Universo: del sol de tu poder radiante y terso hoy sólo queda pálida memoria! Más, ya hundida la torre de tu historia bajo las olas de un olvido adverso, aún repica sonora como el verso la campana gloriosa de tal gloria. En el templo ideal del alma humana es tu lenguaje esa inmortal campana; y es de su voz el eco soberano la virtud de cien pueblos diferentes, para avanzar, seguros y valientes, por la ancha vía del progreso humano...
II
RAMO DESGAJADO
No lamentes, España, tu caída, si te hirió con su hachazo el elemento; también lograste que impregnase el viento la rica esencia que exhaló tu herida. Y del árbol herido de tu vida un ramo en flor se desgajó violento; que fué rodando a la merced del viento hasta hundirse en la mar embravecida. Pero, al cogerlo Dewey de la playa, vio que era un gajo de la mar malaya florecido de perlas peregrinas. El que se desgajó de tu existencia, llevándose tu amor, tu fé, tu esencia, ¡el ramo en flor: mi patria, Filipinas!
Julio, 1922.
FASCINACIÓN
He soñado contigo... ¿No lo dudas? Mejor; así comprenderás al fin que hay besos más horribles que el de Judas, cerebros locos y almas de Caín. He soñado contigo... Han sido mudas horas de ensueño,--horas de jardín,-- con los ojos abiertos a las rudas olas de olor que me brindó un jazmín. He soñado contigo... Mira; aun arde mi corazón en su postrer alarde. Mírame bien ¡oh amor! mírame bien. Y aunque en la vida sea todo falso, hazme con tus abrazos un cadalso, pero ven a matarme de amor... ¡Ven!
1911.