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Parnaso Filipino

Irureta Goyena (Tirso de)

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Irureta Goyena (Tirso de)

Español su abolengo. Hijo de don Ramón, teniente coronel de Ingenieros de nuestro ejército, ya difunto, y hermano de un actual comandante de caballería. Perdió Tirso la nacionalidad de la progenie para ejercer en Manila la abogacía. Fué nombrado C. de la Española y le sorprendió la muerte (1918) cuando trataba de organizar una Academia, corresponsal de la citada, en la capital del Archipiélago.

RECUERDOS

I

Cae la inmensa cascada en numerosos raudales cual los niveos cendales de una vírgen desposada. Y aquella masa agitada de cortinas espumosas que se pierden rumorosas en el fondo del abismo, semejan el eco mismo de una conciencia irritada.

II

El ambiente, saturado de mil líquidos vapores, llena de frescos olores aquel lugar retirado. Y así el tajo fabricado por térreas convulsiones, irisado por millones de rayos de un sol que baña, figura enorme champaña que chispea desbordado.

III

Junto a los trozos de roca cubiertos por verde hiedra, formando dique de piedra al agua que se desboca, se oye un rumor que entrechoca con multitud de sonidos; notas de risas, gemidos, sollozos e imprecaciones y acentuadas inflexiones de besos de boca a boca.

IV

Ante el murmullo constante de rápidos surtidores, que descienden bullidores en un caer incesante, hace sentir palpitante mi corazón sus latidos, y cien recuerdos queridos. Cual procesión ilusoria, desfilan por mi memoria con marchar avasallante.

V

Siente el alma, dolorida por fiebre que la consume, sutil y vago perfume, que al descanso la convida; y al quedar adormecida por el agua saltadora, que susurra arrulladora, dejos de ardientes caricias, sueña con locas delicias de las que alegran la vida.

VI

Hay en el agua una nota de tonos arrulladores, cual si pregonase amores el líquido que borbota; y por la atmósfera flota una humedad impalpable, cuyo vaho imponderable exhala en sus blandos giros los sofocados suspiros de la cavidad ignota.

VII

Bajo el azulado velo del sereno firmamento en aquel feliz momento de olvido y de loco anhelo, quisiera emprender el vuelo hacia recuerdos hermosos, que brillan esplendorosos en medio de mis dolores y ofrecen consoladores las dulzuras de mi cielo.

VIII

Las matas y los abrojos se agitan al roce leve de la brisa blanda y breve que acaricia sin sonrojos; y entre los verdes despojos del fondo de la llanura, creo entrever la figura de alguna imagen querida que me mira enternecida con sus adorados ojos.

IX

Mas, al despertar ligero de las dichas de mi sueño, y abandonar el beleño de aquel cuadro lisonjero; sólo escucho el lastimero movimiento de las aguas y el ruido de las piraguas que surcan río cercano, perdiéndose por el llano a impulsos de hábil remero.

X

Dije mal; no se ha perdido la impresión de mi memoria. Y en la accidentada historia de lo poco que he vivido, evocaré enternecido los gentiles surtidores que, blandos y arrulladores cual la brisa del desierto, me hacían soñar despierto con mi recuerdo querido.

TRIPTICO

DIVINA VOZ

Es tu voz cuando cantas dulce fuente, arroyo fresco que en la selva umbría el himno de cristal de su corriente va entonando en suave melodía. Escuchándote, el alma se extasía, brilla luz de ideales en mi mente y calma de tus notas la harmonía la fiebre abrasadora de mi frente. Ahora que triste, enfermo y abrumado por desengaños, descansar quisiera en un rincón obscuro y olvidado, Oyendo el eco de tu voz de diosa, en el pecho sombrío la quimera deja caer sus pétalos de rosa.

JUNTO AL ALTAR

La lucidez de mi amoroso anhelo entrevé tu límpida mirada, que a través de las sombras de tu velo me hiere el corazón como una espada. Marchando, silenciosa y recatada, hacia el altar, con religioso celo, pareces una virgen arrancada de las alturas del divino cielo. La nieve de tu frente se ilumina cuando el ungido tu presencia acierta y a darte el cuerpo de Jesús se inclina; Mi adormecido corazón despierta, y en tus hermosos ojos adivina los mismos ojos de mi madre muerta.

ARDIENTE AMOR

No pudieron la ausencia ni el olvido, ni el hielo de tu cruel indiferencia arrancar para siempre esta dolencia del fondo de mi pecho dolorido. La pasión que me tiene enloquecido me consume con honda persistencia, y resurge con súbita violencia ante el prodigio de tu sér querido. Cual hadas misteriosas de un ensueño, son la nieve y la rosa de tu encanto que aumentan la porfía de mi empeño; ¡Oh amor inexplicable, bajo el manto de las blancas cenizas de mi sueño entona el himno de su ardiente canto!

HERMANOS ESPAÑOLES

(SONETO IMPROVISADO EN EL ACTO DE LA INAUGURACIÓN DE LA «CASA DE ESPAÑA»)

Hermanos españoles: un bardo de mi raza ha cantado las glorias de vuestro hablar divino, que es el sublime nexo que a todos nos enlaza y hace un súbdito hispano de todo filipino. Por eso, aunque designios fatales del destino rompieron la cadena de amor que nos unía. caballeros andantes por el mismo camino marcharán juntas siempre vuestra patria y la mía. Y así como en tres siglos de perenne memoria vivieron bajo Hispania las filipinas greyes, y escribimos unidos los fastos de la historia; Aun las leyes de España se llaman nuestras leyes, vuestra alma es la nuestra y es nuestra vuestra gloria, Y es Miguel de Cervantes el rey de nuestros reyes.

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