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El Diablo Cojuelo

TRANCO X

Reading edition

En este tiempo llegaban a Gradas[584] su camarada y don Cleofás[585], tratando de mudarse de aquella posada, porque ya tenía rastro dellos Cienllamas, cuando vieron entrar por la posta, tras un postillón, dos caballeros soldados vestidos a la moda, y díjole el Cojuelo a don Cleofás.

—Estos van a tomar posada y apearse a Caldebayona[586] o a la Pajería[587], y es tu dama y el soldado que viene en su compañía, que, por acabar más presto la jornada, dejaron la litera y tomaron postas.

—¡Juro a Dios—dijo don Cleofás—que lo he de ir a matar antes que se apee, y a cortalle las piernas[588] a doña Tomasa!

Sin riesgo tuyo se hará todo eso—dijo el Cojuelo—, ni sin tanta demostración pública: gobiérnate por mí agora; que yo te dejaré satisfecho.

—Con eso me has templado—dijo don Cleofás—; que estaba loco de celos.

—Ya sé qué enfermedad es ésa, pues se compara a todo el infierno[589] junto—dijo el Diablillo—. Vámonos a casa de nuestra mulata: almorzarás y conmutarás en sueño la pendencia; y acuérdate que has de ser presidente de la Academia, y yo fiscal.

—Pardiez—dijo don Cleofás—, todo se me había olvidado con la pesadumbre; pero es razón que cumplamos nuestras palabras como quien somos.

Y habiéndose mudado de la posada de Rufina otro día[590] a otra de la Morería[591], más recatada, pasaron los que faltaron para la Academia en estudiar y escribir los sujetos que les habían dado y en hacer don Cleofás una oración para preludio della, como es costumbre y obligación de las presidencias de tales actos; y, llegado el día, se aderezaron lo mejor que pudieron, y al anochecer partieron a la palestra, donde les esperaban todos los ingenios con admiraciones de los suyos, y con los mismos antojos[592] de la preñez pasada se fueron sentando en los lugares que les tocaban; y haciendo señal con la campanilla para obligar al silencio, don Cleofás, llamado el Engañado en la Academia, hizo una oración excelentísima en verso de silva, cuyos números ataron los oídos al aplauso y desataron los asombros a sus alabanzas. Y en pronunciando la última palabra, que es el Dixi[593], volviendo a resonar el pájaro de plata, dijo:

—Yo quiero parecer presidente en publicar agora, después de mi oración, unas premáticas que guarden los divinos ingenios que me han constituido en esta dignidad;—leyendo desta manera un papel que traía doblado en el pecho:

«PREMÁTICAS Y ORDENANZAS QUE SE HAN DE GUARDAR EN LA INGENIOSA ACADEMIA SEVILLANA DESDE HOY EN ADELANTE.

»Y por que se celebren y publiquen con la solemnidad que es necesaria, sirviendo de atabales los cuatro vientos y de trompetas el Músico de Tracia[594], tan marido, que por su mujer descendit ad inferos, y Arión, que, siendo de los piratas con quien navegaba arrojado al mar por roballe, le dió un delfín en su escamosa espalda, al son de su instrumento, jamugas para que no naufragase, et coetus, et Amphion Thebanae conditor urbis[595]; y pregonero la Fama, que penetra provincias y elementos, y secretario que se las dicte Virgilio Marón, príncipe de los poetas, digan desta suerte:

»Don Apolo, por la gracia de la Poesía, rey de las Musas, príncipe de la Aurora, conde y señor de los oráculos de Delfos y Delo, duque del Pindo, archiduque de las dos Frentes del Parnaso y marqués de la Fuente Cabalina, etc., a todos los poetas heroicos, épicos, trágicos, cómicos, ditirámbicos, dramáticos[596], autistas, entremeseros, bailinistas[597] y villancieres[598], y los demás del nuestro dominio, ansí seglares como eclesiásticos, salud y consonantes.

»Sepades: como, advirtiendo las grandes desórdenes y desperdicios con que han vivido hasta aquí los que manejan nuestros ridmos[599], y que son tantos los que sin temor de Dios y de sus conciencias, componen, escriben y hacen versos, salteando y capeando de noche y de día los estilos, conceptos y modos[600] de decir de los mayores, no imitándolos con la templanza y perífrasis que aconseja Aristóteles, Horacio y César Escalígero, y los demás censores que nuestra Poética advierten, sino remendándose con centones de los otros y haciendo mohatras de versos, fullerías y trapazas, y para poner remedio en esto, como es justo, ordenamos y mandamos lo siguiente:

»Primeramente se manda que todos escriban con voces castellanas, sin introducillas de otras lenguas, y que el que dijere fulgor, libar, numen, purpurear, nieta, trámite, afectar, pompa, trémula, amago, idilio[601] ni otras desta manera, ni introdujere posposiciones[602] desatinadas, quede privado de poeta por dos academias, y a segunda vez, confiscadas sus sílabas y arados de sal[603] sus consonantes, como traidores a su lengua materna.

»Item, que nadie lea sus versos en idioma de jarabe, ni con gárgaras de algarabía en el gútur[604], sino en nuestra castellana pronunciación, pena de no ser oídos de nadie.

»Item, por cuanto celebraron el fénix en la academia pasada en tantos géneros de versos, y en otras muchas ocasiones lo han hecho otros, levantándole testimonios a esta ave[605] y llamándola hija y heredera de sí propia y pájaro del sol, sin haberle tomado una mano ni haberla conocido si no es para servilla, ni haber ningún testigo de vista de su nido, y ser alarbe de los pájaros, pues en ninguna región ha encontrado nadie su aduar, mandamos que se ponga perpetuo silencio en su memoria, atento que es alabanza supersticiosa y pájaro de ningún provecho para nadie, pues ni sus plumas sirven en las galas cortesanas ni militares, ni nadie ha escrito con ellas, ni su voz ha dado música a ningún melancólico, ni sus pechugas alimento a ningún enfermo; que es pájaro duende, pues dicen que le hay, y no le encuentra nadie, y ave solamente para sí; finalmente, sospechosa de su sangre, pues no tiene agüelo que no haya sido quemado; estando en el mundo el pájaro celeste, el cisne, el águila, que no era bobo Júpiter, pues la eligió por su embajatriz, la garza, el neblí, la paloma de Venus, el pelícano, afrenta de los miserables[606], y, finalmente, el capón de leche[607], con quien los demás son unos pícaros. Este sí que debe alabarse, y mátenle un fénix a quien sea su devoto, cuando tenga más necesidad de comer. Dios se lo perdone a Claudiano, que celebró esta necedad imaginada, para que todos los poetas pecasen en él.

»Item, porque a nuestra noticia ha venido que hay un linaje de poetas y poetisas hacia palaciegos, que hacen más estrecha vida que los monjes del Paular[608], porque con ocho o diez vocablos solamente, que son crédito, descrédito, recato, desperdicio, ferrión, desmán, atento, valido, desvalido, baja fortuna, estar falso, explayarse, quieren expresar todos sus conceptos y dejar a Dios solamente que los entienda, mandamos que les den otros cincuenta vocablos más de ayuda de costa, del tesoro de la Academia, para valerse dellos, con tal que, si no lo hicieren, caigan en pena de menguados y de no ser entendidos, como si hablaran en vascuence.

»Item, que en las comedias se quite el desmesurarse los embajadores con los reyes, y que de aquí en adelante no le[609] valga la ley del mensajero[610]; que ningún príncipe en ellas se finja hortelano por ninguna infanta, y que a las de León se les vuelva su honra con chirimías[611], por los testimonios que las han levantado; que los lacayos graciosos no se entremetan con las personas reales si no es en el campo, o en las calles de noche; que para querer dormirse sin qué ni para qué, no se diga: «Sueño me toma», ni otros versos por el consonante, como decir a rey, «porque es justísima ley», ni a padre, «porque a mi honra más cuadre», ni las demás; «A furia me provocó»[612], «Aquí para entre los dos» y otras civilidades, ni que se disculpen sin disculparse, diciendo:

«Porque un consonante obliga a lo que el hombre no piensa»[613].

»Y al poeta que en ellas incurriere de aquí adelante, la primera vez le silben, y la secunda, sirva a su Majestad con dos comedias en Orán[614].

»Item, que los poetas más antiguos se repartan por sus turnos a dar limosna de sonetos, canciones, madrigales, silvas, décimas, romances y todos los demás géneros de versos a poetas vergonzantes que piden de noche, y a recoger los que hallaren enfermos comentando, o perdidos en las Soledades de don Luis de Góngora; que haya una portería en la Academia, por donde se dé sopa de versos a los poetas mendigos.

»Item, que se instituya una Hermandad y Peralvillo contra los poetas monteses y jabalíes[615].

»Item, mandamos que las comedias de moros se bauticen dentro de cuarenta días o salgan del reino.

»Item, que ningún poeta, por necesidad ni amor, pueda ser pastor de cabras ni ovejas, ni de otra res semejante, salvo si fuere tan Hijo Pródigo, que, disipando sus consonantes en cosas ilícitas, quedare sin ninguno sobre qué caer poeta[616]; mandamos que en tal caso, en pena de su pecado, guarde cochinos.

»Item, que ningún poeta sea osado a hablar mal de los otros si no es dos veces en la semana.

»Item, que al poeta que hiciere poema heroico no se le dé de plazo más que un año y medio, y que lo que más tardare se entienda que es falta de la musa; que a los poetas satíricos no se les dé lugar en las academias, y se tengan por poetas bandidos y fuera del gremio de la poesía noble, y que se pregonen las tallas[617] de sus consonantes, como de hombres facinerosos a la república. Que ningún hijo de poeta que no hiciere versos no pueda[618] jurar por vida de su padre, porque parece que no es su hijo.

»Item, que el poeta que sirviere a señor ninguno[619], muera de hambre por ello.

»Y, al fin, estas premáticas y ordenanzas se obedezcan y ejecuten como si fueran leyes establecidas de nuestros príncipes, reyes y emperadores de la Poesía. Mándanse pregonar, porque venga a noticia de todos.»

Celebradísimo fué el papel de el Engañado por peregrino y caprichoso, sacando, al mismo tiempo que le acababa, otro del pecho el Engañador, llamado así en la Academia y en los tres hemisferios[620], y fiscal de la presente, que decía desta manera:

«PRONÓSTICO Y LUNARIO DEL AÑO QUE VIENE, AL MERIDIANO DE SEVILLA Y MADRID, CONTRA LOS POETAS, MÚSICOS Y PINTORES. COMPUESTO POR «EL ENGAÑADOR», ACADÉMICO DE LA INSIGNE ACADEMIA DEL BETIS, Y DIRIGIDO A PERICO DE LOS PALOTES, PROTO-DEMONIO Y POETA DE DIOS TE LA DEPARE BUENA»;

interrumpiendo estas últimas razones un alguacil de los veinte[621], guarnecido de corchetes[622] (y tantos, que si fueran de plata, pudiera[623] competir con la capitana y almiranta de los galeones cuando vuelven de retorno con las entrañas del Potosí y los corazones de los que los esperan y los traen), doña Tomasa y su soldado, como entraron por la posta para estar a la vista de la ejecución de su requisitoria; la Academia se alteró con la intempestiva visita, y el atrevido Alguacil dijo:

—Vuesas mercedes no se alboroten: que yo vengo a hacer mi oficio y a prender no menos que al señor Presidente, porque es orden de Madrid, y la he de hacer de Evangelio[624].

Palotearon los académicos, y don Cleofás se espeluzó tanto y cuanto, y el Fiscal, que era el Cojuelo, le dijo:

—No te sobresaltes[625], don Cleofás, y déjate prender, no nos perdamos en esta ocasión; que yo te sacaré a paz y a salvo de todo[626].

Y volviendo a los demás, les dijo lo mismo, y que no convenía en aquel lance resistencia ninguna; que si fuera menester, el Engañado y él metieran a todos los alguaciles de Sevilla las cabras en el corral[627].

—Hombre hay aquí—dijo un estudiantón del Corpus[628], graduado por la Feria y el pendón verde[629]—, que, si es menester, no dejará oreja de ministro a manteazos, siendo yo el menor de todos estos señores.

El Alguacil trató de su negocio sin meterse en más dimes ni diretes, deseando más que hubiese dares y tomares, y doña Tomasa estuvo empuñada la espada y terciada la capa a punto de pelear al lado de su soldado; que era, sobre alentada[630], muy diestra, como había tanto que jugaba las armas[631], hasta que vió sacar preso al que le negaba la deuda, libre de polvo y paja. El Cojuelo se fué tras ellos, y la Academia se malogró aquella noche, y murió de viruelas locas.

El Cojuelo, arrimándose al Alguacil, le dijo aparte, metiéndole un bolsillo en la mano, de trecientos escudos:

—Señor mío, vuesa merced ablande su cólera con este diaquilón[632] mayor, que son ciento y cincuenta doblones de a dos.

Respondiéndole el Alguacil, al mismo tiempo que los recibió:

—Vuesas mercedes perdonen el haberme equivocado, y el señor Licenciado se vaya libre y sin costas, más de las que le hemos hecho; que yo me he puesto a un riesgo muy grande habiendo errado el golpe.

El soldado y la señora doña Tomasa, que también habían regalado al Alguacil, por más protestas que le hicieron entonces, no le pudieron poner en razón, y ya a estas horas estaban los dos camaradas tan lejos dellos, que habían llegado al río y al Pasaje[633], que llaman, por donde pasan de Sevilla a Triana y vuelven de Triana a Sevilla, y, tomando un barco, durmieron aquella noche en la calle del Altozano, calle Mayor[634] de aquel ilustre arrabal, y la Vitigudino y su galán se fueron muy desairados a lo mismo a su posada, y el Alguacil a la suya, haciendo mil discursos con sus trecientos escudos, y el Cojuelo madrugó sin dormir, dejando al compañero en Triana, para espiar en Sevilla lo que pasaba acerca de las causas de los dos, revolviendo de paso dos o tres pendencias en el Arenal[635].

Y el Alguacil despertó más temprano, con el alborozo de sus doblones, que había puesto debajo de las almohadas, y, metiendo la mano, no los halló; y levantándose a buscallos, se vió emparedado de carbón, y todos los aposentos de la casa de la misma suerte, porque no faltase lo que suele ser siempre del dinero que da el diablo[636], y tan sitiado desta mercadería, que fué necesario salir por una ventana que estaba junto al techo, y en saliendo, se le volvió todo el carbón ceniza; que si no fuera ansí, tomara después por partido dejar lo alguacil por carbonero, si fuera el carbón de la encina del infierno[637], que nunca se acaba, amén, Jesús.

El Cojuelo iba dando notables risadas entre sí, sabiendo lo que le había sucedido al Alguacil con el soborno. Saliendo, en este tiempo, por cal de Tintores[638] a la plaza de San Francisco, y habiendo andado muy pocos pasos, volvió la cabeza y vió que le venían siguiendo Cienllamas, Chispa y Redina; y, dejando las muletas, comenzó a correr, y ellos tras él, a grandes voces diciendo:

—¡Tengan ese cojo ladrón!

Y cuando casi le echaban las garras Chispa y Redina, venía un escribano del número[639] bostezando, y metiósele el Cojuelo por la boca, calzado y vestido, tomando iglesia, la que más a su propósito pudo hallar[640]. Quisieron entrarse tras él a sacalle deste sagrado Chispa, Redina y Cienllamas, y salió a defender su juridición una cuadrilla de sastres, que les hicieron resistencia a agujazos y a dedalazos, obligando a Cienllamas a inviar a Redina al infierno por orden de lo que se había de hacer; y lo que trujo[641] en los aires fué que, con el Escribano y los sastres, diesen con el Cojuelo en los infiernos[642]. Ejecutóse como se dijo, y fué tanto lo que los revolvió el Escribano, después de haberle hecho gormar al Cojuelo, que tuvieron por bien los jueces de aquel partido echallo fuera, y que se volviese a su escritorio, dejando a los sastres en rehenes, para unas libreas que habían de hacer a Lucifer a la festividad del nacimiento del Antecristo; tratando doña Tomasa, desengañada, de pasarse a las Indias con el tal soldado, y don Cleofás, de volverse a Alcalá a acabar sus estudios, habiendo sabido el mal suceso de la prisión de su Diablillo, desengañado de que hasta los diablos tienen sus alguaciles, y que los alguaciles tienen a los diablos[643]. Con que[644] da fin esta novela, y su dueño gracias a Dios porque le sacó della con bien, suplicando a quien la leyere que se entretenga y no se pudra en su leyenda[645], y verá qué bien se halla.

FOOTNOTES:

Notes in this chapter

Note 1 · Eran y son las famosísimas Gradas, según a fines del siglo XVI las describió Mateo Alemán (Guzmán de Alfarache, parte I, libro I, cap. II), Note 2 · Hoy no sería de buen pasar decirlo así: diríamos don Cleofás y su camarada.Note 3 · La calle de Bayona—dice González de León, Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de Sevilla, pág. 204—«es otra de las calNote 4 · La antigua calle de la Pajería, también nombrada en otro tiempo del Mesón de los Caballeros, se llama desde años ha de Zaragoza, en conmemorNote 5 · Era grande agravio cortar la cara a una mujer, porque esto, sobre menoscabar su hermosura, hacía pública para siempre la afrenta, por ir indNote 6 · Así lo dijo Andrés de Claramonte, en la jorn. III de De lo vivo a lo pintado: «LISBELLA. Cuando yo no os conocía, viles y bárbaros celos, coNote 7 · Otro día, en equivalencia de al día siguiente, como en muchos lugares del Quijote (II, 331, 4; III, 30, 15; IV, 91, 6; VI, 26, 1, etc.).Note 8 · La calle de la Morería, que va desde la de San Pedro a la plaza de los Descalzos, perteneció al barrio que se llamó del Adarvejo y habitaronNote 9 · Refiriéndose Vélez a los antojos o anteojos con que el Cojuelo y don Cleofás concurrieron a la academia anterior, juega de aquel vocablo en Note 10 · Con el dixi, en efecto, del cual nos queda el he dicho de hoy, solían terminarse las oraciones académicas. En el Quijote (II, 36), TrifaldínNote 11 · Claro es que se refiere a Orfeo y a su mujer Eurídice. Quizá Vélez le llamó el Músico de Tracia recordando aquellos versos de Lope, en La GaNote 12 · Reminiscencia de una de las epístolas de Horacio, citada por el señor Bonilla.Note 13 · Nuevamente se lee dragmáticos en la edición original, como dragmático en el tranco anterior (245, 2)[540].Note 14 · Llamaban bailinistas a los que escribían la letra para los bailes. A continuación de las Pregmáticas y Ordenanzas de la academia que se celeNote 15 · Dice festivamente villancieres, por poetas de villancicos, como se decía, al uso de Borgoña, panetier, salsier, grefier, etc. Tirso de MolinNote 16 · Así, ridmos, en la edición príncipe, cambiada la t en d, como en atmósfera, atlántico, etc., que el vulgo, por la ley del menor esfuerzo, prNote 17 · El señor Bonilla leyó distraídamente modo.Note 18 · De estas once voces que reprobaba por nuevas y exóticas Vélez de Guevara, diez son hoy de uso corriente, y aun purpurear, que se emplea pocoNote 19 · Posposiciones, o sea transposiciones, pues en ellas siempre hay palabra o expresión pospuesta, que con buena sintaxis no lo estaría. Llegó aNote 20 · Sembrados de sal, quiere decir, como se acostumbraba hacer con el solar de las casas de algunos traidores, después de derribarlas, a fin de Note 21 · Lo dice en latín, por donaire: guttur = garganta.Note 22 · Bien se echa de ver que Vélez, al decir todo esto del fénix, tenía en memoria el romance de Quevedo: uno de los cuatro referentes a otros taNote 23 · Afrenta de los miserables, porque, según la fábula, se abre el pecho para alimentar con su sangre a sus hijos.Note 24 · El capón de leche citábase como el más apetitoso de los manjares. Lope de Vega, en una epístola, hablando de la muerte: «Tan presto se merieNote 25 · El Paular fué un famoso monasterio de Cartujos, en la provincia de Madrid.Note 26 · Acerca del le usado como dativo de plural quedó nota en el tranco V (131, 5)[327].Note 27 · Un antiguo romance de Bernardo del Carpio vulgarizó sobremanera lo que se suele llamar la ley del mensajero, en los versos siguientes, recorNote 28 · Así se acostumbraba volver la honra a los deshonrados injustamente, bien que el remedio, como dicen, solía ser peor que la enfermedad. CuéntNote 29 · Esto de a furia me provoco es un ripio de cuyo uso pocos poetas del tiempo de Vélez se escaparían, ni él mismo quizás. Sólo de Lope, del graNote 30 · Estos dos versos, estampados como prosa en la edición original, tienen curiosa historia. Cuando, antes de terminar el siglo XVI, ciertos perNote 31 · Servir con dos comedias en Orán, como con dos lanzas, que era condena que solía imponerse a algunos nobles.Note 32 · Hace adjetivo a jabalí, y lo es, en efecto, aunque por tal no lo tenga el Diccionario. En Andalucía rara vez dicen jabalí a secas, sino cochNote 33 · Sobre qué caer poeta, dicho a imitación de no tener sobre qué caer, o caerse, muerto, que equivale a haber llegado a la más extremada pobrezNote 34 · Talla, en la acepción de premio que se ofrece por la prisión de un criminal.Note 35 · Hoy omitiríamos el no, diciendo: «Que ningún hijo de poeta ... pueda jurar...»; pero en otro tiempo solía decirse con ese no, que bien se ecNote 36 · Ninguno, equivaliendo a alguno. «Los negativos de origen positivo—dice Bello, Gramática, anotada por Cuervo (París, 1908)—se emplean a vecesNote 37 · Nuestro mundo no puede tener más de dos hemisferios, o miente la etimología del vocablo; pero Vélez cuenta por otro, del mundo ultraterreno,Note 38 · Alguacil de los veinte.—«Frase—dice el señor Bonilla en su comento—con la cual alude Vélez al número de los alguaciles de Sevilla». No, no eNote 39 · Juego de las acepciones del vocablo corchete.Note 40 · En la edición príncipe, por errata, pudieran.Note 41 · Y la he de hacer de Evangelio. Juega de la palabra orden, dando a entender que siendo orden (mandato) de Madrid, la ha de convertir en ordenNote 42 · No, antepuesto a un subjuntivo, suele equivaler a no sea que. Quijote, I, 34: «Acaba, corre, aguija, camina, no se esfogue con la tardanza eNote 43 · Sacar a paz y a salvo a uno es, como dice el Diccionario de la Academia, «librarle de todo peligro y riesgo». Tal frase nació del objeto de Note 44 · Meterle a uno las cabras en el corral es, como dice el léxico de la Academia, atemorizarle, infundirle miedo.Note 45 · A este académico llama Vélez un estudiantón del Corpus, no como conjeturaba el señor Puyol y Alonso y decía el señor Bonilla, porque estudiaNote 46 · En el tan citado libro de Pérez y González, págs. 33, 41 y 140, hay para colmar las medidas al más deseoso de entender a derechas y cabalmenNote 47 · Hoy lo diríamos sin posponer la oración causal: «que, como había tanto que jugaba las armas, era, sobre alentada, muy diestra....» En los siNote 48 · Que jugaba las armas, frase satírica, de cuya intención y alcance sabrá darse cuenta el lector.Note 49 · El diaquilón era—dice el Diccionario de autoridades—«emplasto compuesto de varios zumos viscosos de hierbas, que usa la Cirujía para ablandaNote 50 · Morgado, en su Historia de Sevilla, pág. 174: «... y assi mismo [pueden contarse por excelencia de la ciudad] los muchos barqueros que bivenNote 51 · El Altozano de Triana no era calle, sino una plaza a la salida del puente de barcas. Mal-lara, Recebimiento..., fol. 48: «... la Puente estáNote 52 · Nombraban el Arenal a una grande explanada que había entre la ciudad y el río, y en la cual se labró después todo el que hoy llaman barrio dNote 53 · Más comúnmente se dice de los tesoros de los duendes lo de convertirse en carbón; así Cervantes, en el Quijote (II, 67): «... y los tesoros Note 54 · Alude a la conseja según la cual en medio del infierno hay una encina de cuyas ramas se hace todo el carbón que allí se consume, sin que se Note 55 · Hasta pocos años ha conservaba su antiguo nombre esta calle, que sale por uno de los extremos a la llamada hoy de Fernández y González, anteNote 56 · Un escribano del número, que quiere decir uno de los veinticuatro escribanos que por tasa había en Sevilla, ante quienes se otorgaban las esNote 57 · De la moralidad de los escribanos y de estar perdigados para el infierno se escribió tanto, que sería bien prolija tarea resumirlo. Vea el lNote 58 · Así en la edición original; pero quizás lo que trujo es errata, por la que trujo.Note 59 · La opinión vulgar siempre hizo de una misma camarada a escribanos y sastres, y de ahí la conocida copla: «Un sastre y un escribano fueron alNote 60 · Juega del verbo tener en dos de sus acepciones: la de poseer y la de asir.Note 61 · Este con que equivale a con lo que o con lo cual, y aunque poco usado ahora, ocurre con frecuencia en nuestros escritores de antaño.Note 62 · No se pudra en su leyenda, es decir, no se enfade, o aburra, con su lectura.
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