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El Diablo Cojuelo

Note 602 — TRANCO X

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Posposiciones, o sea transposiciones, pues en ellas siempre hay palabra o expresión pospuesta, que con buena sintaxis no lo estaría. Llegó a arraigar tanto el abuso de esta licencia, por poetas y aun por prosistas, en la primera mitad del siglo XVII, que ni las mayores burlas fueron freno que los contuviese. En vano escribió Quevedo contra Góngora y sus secuaces aquella receta para hacer soledades en un día, que empezaba:

«Quien quisiere ser culto en solo un día, la jeri (aprenderá) gonza siguiente...»,

y en balde Lope de Vega, en la silva IV de La Gatomaquia:

«...Y con estas demencias y furores, en una de fregar cayó caldera (trasposición se llama esta figura) de agua acabada de quitar del fuego....»

Pero en todo nuestro parnaso no se hallará una burla tan donosa contra el hipérbaton gongorino como aquel soneto que el mismo Lope insertó en el acto I de El Capellán de la Virgen. Dice así:

«Inés, tus bellos ya me matan ojos y al alma roban pensamientos mía, desde aquel triste que te vieron día con tan crueles por tu causa enojos.

Tus cabellos, prisiones de amor, rojos con tal me hacen vivir melancolía, que tu fiera en mis lágrimas porfía dará de mis la cuenta a Dios despojos.

Creyendo que de mi no amor se acuerde, temerario levántase deseo de ver a quien me por desdenes pierde.

Que es venturoso si se admite empleo esperanza de amor me dice verde, viendo que te desde tan lejos veo.»

Este soneto está, además, con leves variantes, en una colección de Poesías manuscritas (letra del siglo XVII), procedente de la librería de Usoz y que hoy para en la Biblioteca Nacional, Mss. 3795-97, tomo I, fol. 103.

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