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Floresta de varios romances

16

Reading edition

Romances del Rey Don Sebastian—I

(ANONYMO)

Una bella lusitana, Dama ilustre y de valia, Haciendo sus ojos fuentes, Con llanto estiende la vista A la poderosa armada, Que de Lisboa salia, La vuelta el mar de Levanto, Por Sebastiano regida. Y como vido que el norte Sopla furioso y aprísa Dijo con un ¡ai! del alma, Triste, turbada, afligida: «Que no hay quien baste Contra gallardo rey, moro arrogante.» Esta mirando por tierra La mucha gente lucida, Diferenciados en traje Y en diferentes divisas, Porque aunque Cristo llevan La cruz en medio tendida, El galan y enamorado Conforme a su intento pinta; Pero la afligida dama, Que vido una roja insignia En una alta popa puesta, Desde un balcon que partia Digo: «No hay quien baste «Contra un gallardo rey, moro arrogante.»{205} Mira las lucidas armas Que lleva la fidalguia, Y de telas de oro y plata Costosas ropas vestidas; Y las medallas compuestas De muy rica pedreria, Cadenas de oro pendientes, Tantas que la vista admiran; Considerando de muchos La dolorosa partida, Y que ve entre los que parten El bien de su alma y vida, Dijo:—«No hay quien baste, etc.» Tocan las trompas à leva, Y las cajas resonantes Con los pifaros parleros Dicen que todos se embarquen. Los marineros dan voces Para que el ferro se alce, Y los lijeros grumetes Al viento velas esparcen, Cuando la dama hermosa, Procurando consolarse, Dice:—«Plega, Diós que vuelvas Victorioso y muy pujante, «Y habra quien baste Contra un gallardo rey, moro arrogante.»

Romancero generale.{206}

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