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Paris en América

CAPITULO XXIX. Un viaje de placer.

Lucio V. Mansilla translation

En medio de mi apasible sueño, tuve una vision. Un hombre, ó mejor dicho un fantasma, de mirada burlona, y frente arrugada estaba acostado sobre mí y me ahogaba. Reconocí á Jonatás Dream; solo él tenia aquella mirada terrible.

—Eh bien, doctor, dijo con voz chocarrera, la prueba está hecha; supongo que ahora no dudareis del magnetismo y sus milagros, puesto que en ocho dias os habeis vuelto Yankee.

—Sí, sí murmuré; y estoy orgulloso de ello. Tengo mujer é hijos segun mi corazon; tengo una patria que amar, una libertad que servir y defender, soy dueño de mi vida, creo en el Evanjelio y soy feliz; si esto es un sueño, por piedad, no me desperteis.

—Bravo gritó la voz, estoy vengado. Ahora, en camino para Francia; á Paris!

Sentí una mano que apartaba mi capote y se deslizaba bajo mi capucha. Me levanté sobresaltado, quise gritar, esfuerzo inútil! estaba magnetizado. Un brazo invisible me cojió de la única mecha de cabellos que quedaba en mi frente calva, y me llevó por los aires con una espantosa rapidez.

No habia vuelto aun de mi tan natural emocion, cuando me hallé cerniéndome por el cielo como un pájaro y revoloteando por arriba de mi casa. El traidor que me habia quitado la palabra, teniéndome siempre suspendido, me hizo descender hasta la ventana del locutorio[63]. Apercibí en aquel recinto querido, reunidos en derredor de una mesa de trabajo,—á mi Jenny, á mi Susana y á Marta; el pobre Zambo sentado en el suelo sollozaba en un rincon. Susana leia el Evanjelio con voz entrecortada. Jenny y Marta rompian jénero y hacian hilas.

Mi corazon las llamó y las bendijo. Jenny levantó en el acto la cabeza.

—Susana, dijo temblando, me parece oir á tu padre; estoy segura que en este momento piensa en nosotros.

—Mamá, repuso Susana, que estraño es lo que decís; tengo el mismo presentimiento.

—Es un efecto magnético, murmuró Jonatás, riendo de una manera siniestra. Qué decís de esta esperiencia, sabio doctor?

—Dios mio! dijo Jenny, levantándose, tú que me has dado á Daniel y que me has dicho le amára, protéjele, te lo suplico. Aleja de él y de mis hijos el peligro y la muerte. Pero ante todo, Señor, hágase tu voluntad y bendito sea el tu nombre.

—Amén, dijo Susana; amén dijo Marta, y las tres mujeres se pusieron á llorar, mientras que Zambo se metia un pañuelo en la boca para sofocar sus gritos.

Oh, mis amores! Yo os abria mis brazos cuando por segunda vez una fuerza irresistible me lanzó en el espacio sin fin. En un abrir y cerrar de ojos la gran ciudad desapareció de mi vista y con ella sus luces vacilantes; despues de la ciudad se evaporaron los campos y los prados, los bosques y la tierra; solo oí el soplo del viento y los jemidos de la onda. Como en el fondo de un abismo, apercibí las olas temblando bajo los pálidos rayos de la luna; estaba á diez mil piés de altura sobre la superficie del Océano.

—Charlemos ahora, dijo el espantoso brujo cerniéndose sobre mí como un águila que tiene en sus garras un pichon. Doctor Lefebvre, os devuelvo la palabra; dadme ahora el placer de gozar de vuestra conversacion.

—Mónstruo, esclamé, cuánto tiempo he de ser tu víctima?

—Mi buen amigo, repuso fisgando, permitidme decíros que no sois político. Tutear á un hombre á quien se ha visto dos veces es cosa grosera, algo mas, una torpeza; me bastaria abrir los dedos para precipitaros en las olas, y no pienso que la jendarmería Francesa, con toda su vijilancia, pudiera prestaros aquí el menor socorro. Sed pues amable, y divertidme. Estoy cansado, he perdido mucho fluido, y me es difícil hacer mas de cien leguas por hora; no estaremos en Paris antes de mañana al amanecer. Todavia tenemos que vivir juntos una noche; el tiempo está hermoso y la ruta es agradable; séamos amigos y charlemos.

De qué se puede hablar en las nubes sino de metafísica.

—Señor Jonatás, dije tomando mi mas respetuosa voz, creeis en Dios?

—Dios, esclamó, con tono de profesor, y como si repitiera una leccion, Dios es una vieja palabra; es la personalizacion del idealismo.

—Hablad Francés, esclamé.

—Sea, dijo, Dios, es la idealizacion de la personalidad.

—Si ese es vuestro Francés, señor brujo, habladme Griego por piedad.

—Pues bien, dijo con tono gracioso, Dios es la categoría del ideal, nada mas.

—No entiendo jota, le dije.

—Es que no sabeis el Aleman, repuso. La filosofía es una lengua mística que nos viene de ultra Rhin. Ilustres sabios he visto que la han hablado durante veinte años sin entenderla; y que no por eso han dejado de ser aplaudidos.

—Esplicadme vuestro sistema, repuse con afectada dulzura. Vos sois un gran hombre, un jénio, me gustaría instruirme en vuestra escuela. Tened tambien la bondad de tirarme un poco menos los cabellos, tengo la cabeza sensible, y estoy seguro que Absalon filosofaba con trabajo cuando estaba colgado de su árbol.

—Yo soy discípulo de Spinoza, dijo Jonatás, pero he ido mas lejos que mi maestro. No hay ni materia ni espíritu en el mundo,—solo hay un conjunto de fuerzas organizadas, que se dividen á lo infinito; la planta, el animal, el hombre, son otras tantas formas de esa vida universal, otras tantas burbujas de agua que brotan en la superficie del Océano de los seres, y que solo entran en el abismo para volver á salir de él. La vida y la muerte son simples fenómenos sin importancia; el individuo desaparece, la especie dura; es lo esencial. Poco importa lo que la rueda aplasta, con tal que dé vuelta siempre. Hé ahí mi sistema, él acepta todo.

—Y no esplica nada, esclamé. Quién ha creado esas fuerzas?

—En qué pensais, doctor, repuso el májico. Crear, seria perturbar el órden universal y fatal de las cosas; nunca ha habido creacion. Suponer un principio,—es suponer una voluntad; eso trastornaria todo el sistema.

—Yo creia, le dije, que los sistemas se acomodaban á los hechos observados.

—Eso es bueno para los físicos, repuso. Nosotros, al contrario, acomodamos los hechos al sistema; nosotros somos filósofos.

—Eso es muy injenioso, dije, pero sacadme de una duda; yo creia que el hombre no era muy antiguo en la tierra.

—Esa es mi opinion, repuso; el hombre apareció hacen doce ó quince mil años cuando mas,—pero eso no implica una creacion! La naturaleza........

—Qué es la naturaleza, señor Dream?

—Otro nombre para la fuerza Universal.

—Qué es la fuerza Universal?

—Otro nombre para la Naturaleza.

—Gracias por vuestra esplicacion filosófica.

—La Naturaleza, continuó, esperimenta en ciertas épocas un acrecentamiento de enerjía, una especie de fiebre, y entonces rehace y transforma ciertas especies segun la necesidad. Así es como el hombre ha aparecido sobre la tierra; segun todas las apariencias,—es un mono ó un perro dejenerado.

—Y la palabra, y la conciencia? esclamé.

—Eso es poca cosa, dijo él, consiste en una simple modificacion fisiolójica. Un poco mas de finura en la composicion de la larinjes, ha hecho de un grito bestial un lenguaje articulado. Sin aparato nervioso no hay conciencia posible; por consiguiente, la conciencia es cuestion de nervios. Una acumulacion de la sustancia gris, un juego de la naturaleza han bastado para enjendrar al rey de la creacion.

—Pobre rey en verdad, si solo es el mas malo de los animales.

—No, no, dijo Jonatás; porque, gracias á su aparato nervioso tiene ideas jenerales, y hé ahí lo que hace del hombre una especie aparte. Es el único animal á quien se le divierte y se le engaña con palabras. El hombre vé ciertos hechos que se reproducen en serie regular, y que llama verdades; imajina una verdad universal que comprende y sostiene todas las verdades particulares; apercibe hermosas cosas y se figura una belleza que es el modelo y el tipo de todas las demas. Hé ahí el ideal que le seduce y le consuela,—ó en otros términos, lo que las buenas jentes llaman Dios.

—Muy bien, dije, conmienzo á entrever lo que es la categoría del ideal. El alma es un espejo que refleja lo que no existe; ó si os parece mejor, el hombre se vé á si mismo en ese espejo de aumento, y cual nuevo Narciso prostérnase ante esa imájen agrandada.

—No tan mal para un novicio, dijo el brujo.

—Luego, en el Universo nada hay superior al hombre?

—Conclusion lójica, dijo Jonatás.

—Si no hubiera habido hombres sobre la tierra, no habría idea de Dios, y por consiguiente Dios no existiria.

—Maravilloso, dijo, os haceis filósofo.

—No por cierto, esclamé, y no sé si mi manera de ver depende de mi estraña posicion; pero paréceme que toda esa metafísica está como yo, suspendida en el aire por un cabello. Qué significa esa naturaleza con acrecentamientos de enerjía? Una palabra para reemplazar al Ser Supremo, que en su bondad cria libremente al hombre y al mundo. Qué significa ese cambio de tejidos, esa metamórfosis de aparatos, sino una frase sonora que esplica lo desconocido por lo imposible? Qué significa esa fuerza inconsistente é inmoral? que produce una criatura dotada de conciencia y de moralidad, una quimera. A la altura en que estoy, las cosas se juzgan de una manera muy distinta,—no se paga uno de palabras vanas; las leyes físicas, es decir, un órden intelijente, una creacion constante y contínua, me revelan y me gritan que una voluntad siempre activa, omnipresente, sostiene al Universo y le impide disolverse. En ninguna parte veo la naturaleza, y en todas partes siento á Dios.

—Bravo! tres veces bravo! dijo el májico.

—Entonces lo que esponíais no era vuestro sistema? repuse muy asombrado.

—Sí, ese sistema es mio puesto que lo he robado; pero no creo en él. Pasando ayer por Tubingue, donde iba á visitar á uno de mis buenos amigos, honrado teólogo que siempre sueña,—apercibí á un gran metafísico que, á fuerza de escribir se habia quedado dormido sobre Hegel. De un golpe le he robado su pipa, sus anteojos y su sistema; cuando se despierte, solo hallará sus ojos para ver, y su espíritu para razonar.

—Pobre hombre! esclamé; ¿qué hará de esos instrumentos que nunca le han servido?

—Bah! dijo el brujo, vos no conoceis á los filósofos alemanes. Son gusanos de seda que viven en los libros; ellos sacan del primer mamotreto que se les presenta un hilo con el que se envuelven en un buen sistema, á prueba de luz y de ruido. Mi hombre se desquitará tejiendo un nuevo capullo. La verdad no es nada, la lójica es todo. Hegel no existe, viva Schopenhauer! En esa dinastia de soñadores hay siempre un rey.

—Señor, dijo con tono seco, vuestras preguntas son impertinentes. Cómo os atreveis á preguntarle á un espiritista si cree en Dios? Solo nosotros sabemos lo que es el alma, solo nosotros tenemos en la mano la prueba de su inmortalidad.

—Qué es pues el alma? pregunté con impaciencia.

—Es una fuerza magnética, respondió Jonatás. Esa monada creada por Dios y dotada de conciencia, se hace á sí misma un forro, á la manera del grano de trigo arrojado en la tierra, que echa raices, y produce un vástago y espigas. Cuando el cuerpo ha envejecido, el alma siempre jóven y activa arroja de sí ese forro decrépito, y se vá á un mundo mejor á buscar una nueva forma para su enerjia inmortal. Ved esos globos que centellean en el espacio; Júpiter, Saturno, Sirio! son otras tantas esferas habitadas por espíritus que se elevan. Subir la escala infinita de la creacion, acercarse siempre á Dios sin conseguirlo jamás, tal es nuestro destino glorioso. La muerte no es sino un pasaje á una vida mas intensa. Nada parece aquí abajo, ni siquiera un átomo de polvo; cómo ha de apagarse la conciencia? Dios es acaso un artista caprichoso, que destruye la obra maestra de su grandeza y de su bondad?

—Señor, esclamé, esas palabras son bellas y tocan al corazon; pero la prueba, esa prueba que la humanidad exije hace seis mil años,—dádmela.

Nada mas fácil, repuso Jonatás; remontemonos hasta Sirio, que brilla allá arriba por sobre nuestras cabezas, allí vereis una de las estaciones que debeis habitar algun dia. No ha mucho tiempo que visité á Washington.

—La oferta era como tentar á un curioso; pero el maldito brujo ya se habia burlado de mí; desconfiaba de su májia.

Temiendo los disgustos de un nuevo viaje, rehusé, é hice mal en rehusar; era aquella una ocasion que quizá no se me volveria á presentar.

—Llegarémos pronto? pregunté á Jonatás.

—Hé ahí una pregunta poco amable, me dijo. Mirad abajo; no veis en el mar una lucesita. Es el fanal de la Arabia, que salia de Boston, el dia en que os conduje á América; te hallas aun á medio camino de Europa; todavia tenemos que hacer doscientas leguas, ó sea seis horas de camino.

Suspiré y no hablé mas.

—Mi buen amigo, dijo el odioso májico, estais muy áspero. Si no amais la discusion, si la metafísica os ataca los nervios, escojed algun asunto familiar, que nos permita ponernos de acuerdo. Habladme de política.

—Qué pensais de la esclavitud? esclamé; qué pensais de la guerra fratricida que destroza los Estados Unidos?

A este respecto, las jentes de bien no tienen sino una sola opinion; supongo que detestais el despotismo, que aborreceis la esclavitud, no es verdad, señor espiritista, y que sin duda respetais una alma inmortal, cualquiera que sea la piel que la cubre?

—Hé ahí una pregunta del todo pacífica, dijo: pero es mas delicada de lo que creeis. No son las leyes las que hacen que un hombre mande ú obedezca.

—Qué es pues?

—Es el fluido magnético, repuso con una flema insoportable. Lo que los filósofos llaman voluntad, enerjia, potencia, no es otra cosa sino ese fluido que constituye nuestra alma. Cada cual posee una cantidad diversa y desigual. La mujer, por ejemplo, es un ser mas magnético que el hombre; así, resulta que en la mayor parte de los matrimonios, diga el Código lo que quiera, quien obedece es el marido. Los hijos, que la ley somete tambien á sus padres, son tiranos domésticos que imponen sus caprichos á toda la casa y hacen de su madre una esclava. Por qué? Porque son muy ricos en magnetismo. Los viejos, al contrario, tienen la sangre fria, y no poseen influencia sobre lo que se les acerca. Los enamorados........

—Gracias, dije bostezando; no hablemos de medicina, hablemos de política.

—Paciencia, dijo Jonatás con tono burlon. Si es cosa probada que los negros tienen menos fluido que los blancos, la cuestion está resuelta,—la esclavitud es lejítima.

—Señor, le dije, vuestras paradojas me fatigan.

—Paradojas! esclamó. Vos no sois de vuestro tiempo, doctor Rococó; leed vuestros grandes historiadores y vuestros grandes políticos, estudiad la cuestion de las razas, y vereis que la moral no es hoy dia sino la fisiolojía.

Yo tengo una gran dulzura natural, todos la reconocen, escepto mis amigos íntimos, quienes, segun el uso, no ven sino mis defectos; pero que se pongan en mi lugar y comprenderán que ha podido faltarme la paciencia. Colgado de los cabellos durante seis horas, llevado no sé donde, por no sé quién, eran bastantes contrariedades para todavia tener la de no ser de la misma opinion en política.

—Señor, dije secamente á mi enemigo, llevaos á otra parte vuestro lindo espíritu. No puedo rogaros que salgais, pero os declaro que en adelante no os escucharé.

—Y cómo hareis, repuso, con voz burlona.

—Una palabra mas, esclamé, es un insulto de que me dareis una esplicacion.

—Un duelo en estas serenas alturas, dijo el brujo, eso seria orijinal; reflexionaré; mientras tanto vos me escuchareis de grado ó por fuerza, os desafio á que os separeis de mí, dejándome burlado.

—Vos no sabeis, le contesté, haciendo rechinar mis dientes,—vos no sabeis de lo que es capaz un Francés.

—Lo creo capaz de todas las locuras, repuso Jonatás, escepto las locuras imposibles.

—Imposible! esclamé,—esa palabra no es francesa.

Mas pronto que el rayo, saqué de mi balija un par de tijeras, y corté la mecha de cabellos que me ponia en manos de aquel miserable.

Caí inmediatamente, jirando de derecha á izquierda como una pandorga que desciende. En el primer momento, alegre y contento como estaba de la reconquistada libertad, no me inquieté de aquel descenso rápido, la reflexion me vino cuando oí el mujido de las olas y los silvidos de aquilon. Era muy tarde; el mar se abrió para recibirme en sus abismos, y menos dichoso que Jonás, me rechazó sobre la onda jadeante y helado. No perdí el valor, y me puse á nadar con un ardor desesperado.

Hacer quinientas leguas de aquella manera primitiva era mucho; pero la casualidad podia hacer que me encontrase con algun vapor en aquella gran ruta del oceano, y cobré aliento. Miraba á lo lejos, buscando alguna luz, y no veia sino tinieblas, cuando el horrible fantasma, dispuesto á arrebatarme, se dejó caer sobre mí como una golondrina que levanta una mosca de la superficie del agua.

—Doctor, me dijo fisgando, espero que el baño os habrá refrescado la sangre; volvamos á tomar la discusion donde la dejamos.

Primero muerto, que escuchar tus detestables sofismas, esclamé, y cerrando el puño, le asesté á mi enemigo un golpe tan terrible que todos los huesos de mi mano sonaron. Dí un grito de dolor y........

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