MIGUEL AGUSTÍN PRÍNCIPE
Reading edition
Caspe (Aragón), 1811; † 1863.
EL PAPEL Y EL TRAPO
A un pobre Trapo que en el suelo estaba
el Papel desdeñaba,
diciéndole: —¡Anda, sucio! No te acerques,
que yo estoy limpio, rozagante y terso,
y no quiero por todo el Universo
tu contacto sufrir, ni que me empuerques.
—¡Miren el necio —contestó el Guiñapo—
y cuál mi acceso en evitar se empeña!
Mas ya que así me ultraja y me desdeña,
dígame usted, seo Guapo:
¿Cómo tan pronto en su altivez olvida
que fué un Harapo quien le dió la vida,
y que antes que Papel ha sido Trapo?
Quien de la plebe descender entienda
no la desdeñe, aunque sobre ella ascienda,
no sea que por mucho que se eleve,
pueda alguno decir: —¿Veis el desprecio
con que nos mira el tal? Pues ese necio,
antes de ser lo que es, ha sido plebe.
EL TIEMPO PERDIDO
De un jardín en el pozo
solía divertirse cierto mozo
horas pasando enteras y mortales
en subir y bajar sus dos pozales;
su objeto era llenarlos
de dicho pozo en el profundo abismo,
y subirlos arriba y derramarlos,
no en el jardín sino en el pozo mismo.
Viólo un anciano, y con su voz machucha
le dijo: —¿Sabes, joven, que no entiendo
ese tu afán tremendo
en fatigar la soga y la garrucha?
Si al verte sacar agua en tal manera
te viese al menos arrojarla fuera,
vería yo algún fin en tu trabajo;
pero ¿a qué es esperar ansia tan viva
en subir y subir el agua arriba
para luego otra vez volverla abajo?
—Yo me divierto —el mozo le contesta—
con este rudo afán que a usted molesta;
mas ya que usted se pone a reprendello,
¿sabrá decirme lo que pierdo en ello?
El viejo le replica: —¡Joven loco,
pierdes el tiempo! ¿Te parece poco?
