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Fábulas y cuentos en verso

LOPE DE VEGA

Reading edition

Madrid, 1592; † 1635.

PERDICES ME MANDA MI PADRE QUE COMA

Un cuento en esta ocasión

te diré muy semejante:

Tenía un viejo estudiante,

a tu traza y condición,

un hidalgo en Salamanca,

y escribióle que comiese

lo más barato que hubiese

en aquella plaza franca.

Preguntaba qué valía

una vaca a sus criados,

y como veinte ducados

el comprador respondía,

replicaba: —¿Y dos perdices?

—Cuatro reales. —Pues comer

perdices y obedecer.

. . . . . . . . . . . . . . . .

(Sembrar en buena tierra, acto 1.º)

SI EL BURRO CAE, NADA

Preguntóle un caminante

a un labrador qué llevaba

en una carga, y él dijo,

previniendo la desgracia:

—Yo, nada, si cae el jumento

(que era de vidrios la carga).

(¡Si no vieran las mujeres!..., acto 2.º, escena IV.)

EL MAL HACE APRECIAR EL BIEN

En mi tierra, un azotado

dió al verdugo cien escudos

por que se los diese mudos,

que era honrado y delicado.

En saliendo por la puerta

así la mano asentó,

que al primero que le dió

le dejó la espalda abierta.

El hombre volvió del yugo

la cabeza al golpe fiero

y díjole: —¿Y el dinero?

Y aquí respondió el verdugo:

—Todos habían de ser

como éste, y así sabrá

en qué obligación me está

por el dinero de ayer;

que si quedo se los diera,

bien sabe que no podía

conocer la cortesía

de los que adelante espera.

(Las cuentas del Gran Capitán, acto 2.º)

Viñeta ornamental
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Viñeta ornamental
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EL LABRADOR, SU HIJO Y EL ASNO

Yo no sé cómo ha de ser,

que me sucede, señor,

como al otro labrador

que llevó el asno a vender.

Que él y un hijo que tenía

iban a pie tras la bestia

y la gente con molestia

ver libre el asno sufría.

Subió el viejo, y no faltó

quien dijo: —El mozo lleváis

a pie, y caballero vais.

Luego el viejo se bajó

y subió el mozo; mas luego

hubo quien dijo: —El anciano

va a pie, y el mozo villano

va caballero, ¡oh mal fuego!

El viejo entonces subió

con el mozo, y un lugar

entero empezó a gritar:

—¿Dos en un asno? Eso, no.

Viendo tal desasosiego,

los pies le ató, y en un pino

llevaba al hombro el pollino

de él y del hijo; mas luego

se burlaron de los dos,

diciendo: —¿Desa manera

lleváis, necios, quien pudiera

mejor llevaros a vos?

El viejo entonces, tomando

el asno, le despeñó

a un río, y sospecho yo,

que en estas vísperas ando,

que viendo el ingenio mío,

que no puede contentar

a todos, habrá de dar

con todo el asno en el río.

(Con su pan se lo coma, acto 2.º)

ERROR SALVADO

Mandóle pintar la Cena

a un pintor un bachiller,

y acabada, fuéla a ver,

y hallóla de gente llena.

Trece apóstoles contó,

y dijo muy espantado:

—Todo este lienzo está errado,

no pienso pagarle yo.

Un apóstol aquí está

de más. Y el sabio pintor

dijo: —Llevadla, señor,

que éste, en cenando, se irá.

(Amar sin saber a quién, acto 3.º, escena I.)

CENSURAR ES FÁCIL

Escriben que Cicerón,

oyendo al representante

Galo, que en Roma triunfante

tuvo excelente opinión,

vió silbar y murmurar,

y que comenzó a decir:

—Mancebos, el escribir

es ingenio, y no el silbar.

Y esto al hombre se prohibe,

porque en diferencia igual,

silba cualquier animal,

pero sólo el hombre escribe.

(Lo que ha de ser, acto 1.º, escena VIII.)

NO FIRMES CARTA QUE NO LEAS

Dijo un rey a un secretario

que escribiese a cierto reino

le hiciesen cien alabardas.

Los reyes nunca hablan recio,

y por no le preguntar,

escribió al reino que luego

le enviasen cien albardas.

Despacháronselas presto;

y estando el rey a un balcón

con el secretario mesmo,

vió venir las cien albardas;

y diciéndole: —¿Qué es esto?,

le respondió que traían

lo que él mandó; a quien discreto

replicó el Rey: —Repartamos

desta manera las ciento:

las cincuenta para mí,

que firmo lo que no leo,

y las otras para vos,

pues más ligero que cuerdo

hacéis lo que no entendéis.

[Aplicar podéis el cuento.]

(La llave de la honra, acto 1.º, escena XVI.)

EL LEÑADOR Y LA MUERTE[22]

Escucha el cuento: Un caduco

viejo, con años ochenta,

traía leña de un monte

hasta la ciudad de Atenas;

como era tanto el trabajo,

rogaba a la muerte fiera

que le llevase, diciendo:

—¡Ven, Muerte! Muerte, ¿no llegas?

Oyóle la Muerte un día

y con la armadura seca

se puso al viejo delante;

habló en los huesos sin lengua:

—Dime, ¿qué quieres? —le dijo—.

Y el viejo temblando en verla:

—Que me ayudes a cargar

este hacecillo de leña.

(Quien más no puede, acto 2.º)

NORMA DE PRIVADOS

Pésame, pues no es pequeño

principio de aborrecer

un criado el entender

que sabe más que su dueño.

De cierto rey se contó

que le dijo a un gran privado:

—Un papel me da cuidado,

y si bien le he escrito yo,

quiero ver otro de vos,

y el mejor escoger quiero.

Escribióle el caballero,

y fué el mejor de los dos.

Como vió que el Rey decía

que era su papel mejor,

fuése, y díjole al mayor

hijo, de tres que tenía:

—Vámonos del reino luego,

que en gran peligro estoy yo.

El mozo le preguntó

la causa, turbado y ciego;

Y respondióle: —Ha sabido

el Rey que yo sé más que él;

[y el alto no sufre a aquel

que en algo le haya excedido.]

(El perro del hortelano, acto 1.º, escena XVII.)

EL ASNO Y LA DIOSA

Mendo.

Pues ¿a quién llevan dinero que reciba mal a quien se lo lleva?

Tello el viejo.

Dices bien, y agradecértelo quiero; que en un librillo he leído que en un jumento llevaban una diosa, que adoraban con el respeto debido los que la vían pasar, hincándose de rodillas, cuyas altas maravillas pudo el jumento pensar (como en fin era jumento) que eran por él, y paróse. Viéndolo el dueño, enfadóse del soberbio pensamiento, y pegándole muy bien, le dijo con voz furiosa: —No es a ti, sino a la diosa. Que es esto mismo también; y así, pidiendo primero del compararte perdón, las honras del Rey no son, Tello, a ti, sino al dinero.

(Los Tellos de Meneses, 1.ª parte, acto 3.º, escena I.)

Viñeta ornamental
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EL PERRO Y EL ASNO[23]

Isopo cuenta que había

un hombre en cierta nación

que para su recreación

una perrilla tenía;

ésta, al entrar cada día

en su casa, si tardaba,

le halagaba y retozaba,

por cuya causa a la mesa

con la más segura presa

el señor la regalaba.

Atalayando un jumento

desde su caballeriza

que porque le solemniza

le daba siempre sustento,

con asnal atrevimiento

una mañana salió,

y en dos pies se levantó,

y puso en el pecho todo

las manos llenas de lodo,

y aun dicen que le besó.

Y al punto el señor mandó

que le diesen muchos palos,

en lugar de los regalos

que entre sus piensos pensó.

(El más galán portugués, acto 2.º)

EL CASCABEL AL GATO[24]

Juntáronse los ratones

para librarse del gato,

y después de largo rato

de disputas y opiniones,

dijeron que acertarían

en ponerle un cascabel,

que andando el gato con él

guardarse mejor podían.

Salió un ratón barbicano,

colilargo, hociquirromo,

y encrespando el grueso lomo

dijo al senado romano,

después de hablar culto un rato:

—¿Quién de todos ha de ser

el que se atreva a poner

ese cascabel al gato?

(La esclava de su galán, acto 1.º, escena X.)

PERDER LO CIERTO POR LO DUDOSO[25]

Un perro una vez pasaba

otro río como el Duero,

y un pedazo de carnero

entre los dientes llevaba.

La sombra, que no era poca,

dentro de las aguas vió,

y por cogerla soltó

lo que llevaba en la boca.

Fué a asirla, y su desvarío

el perro al instante vió;

volvió a su carne, y halló

que se la llevó el tal río.

(El milagro por los celos, jornada 3.ª)

EL SOBERBIO Y EL HUMILDE

Se criaba un arbolillo

en una huerta, y rogaba

al que de él más cerca estaba,

que era su muerte y cuchillo,

que le dejase crecer;

y el olmo presuntüoso,

de sus ramas ambicioso,

ni el sol le dejaba ver.

—Arbolillo —le decía—,

conténtate con vivir

donde me puedas servir.

Pero llegó al fin el día

en que la villa intentó

ensanchar el verde suelo,

y el olmo atrevido al cielo

cortado al suelo cayó.

El arbolillo, ya dueño

del sol, dijo: —Estos asaltos

da la fortuna a los altos;

más me quiero ser pequeño.

(El desconfiado, acto 2.º)

EL SOBERBIO ABATIDO

Escribe Esopo que había

hecho burla el roble fuerte

de la débil caña. Advierte

lo que a los dos pasó un día:

Vino un viento, y el altivo

roble, fuerte, resistió

tanto, que el tronco sacó

de su cimiento nativo.

Pero la caña humillada

por encima le dejó

que pasase, y él pasó

sin que la ofendiese en nada.

Y ansí, cesando la guerra,

la caña se alzó como antes,

y el roble las arrogantes

ramas dejó por la tierra.

(Los hidalgos del aldea, acto 3.º)

CONTENTARSE CON SU ESTADO

Cuentan acá los pastores

que a Júpiter se quejó

un monte (presumo yo

que de los montes mayores),

diciéndole: —Gran señor,

cuanto has criado se muda;

si yo estoy firme, es sin duda

que tengo poco valor.

Los que estaban encumbrados

bajan tan bajos que espantan,

y a sus puestos se levantan

los que estaban derribados.

Alguno fué pobre ayer

que hoy tiene suma riqueza,

y otro viene a gran pobreza

que tuvo inmenso poder.

¿Cómo yo nunca soy más

de aquel ser en que nací?

Pero respondióle así:

—¡Oh necio! Engañado estás.

Déjalo todo mudar,

pues firme puedes vivir;

que quien no pudo subir,

tampoco pudo bajar.

(El hijo de los leones, acto 2.º, escena XI.)

LAS MUELAS Y EL HOMBRE

A Júpiter se quejaron

las muelas del hombre un día,

diciendo a su señoría

los años que trabajaron

desde la muela primera,

mascando lo que comía,

y que por dolor de un día

luego las echaban fuera.

Don Júpiter le riñó,

y él respondió: —¿Qué he de hacer,

si no dejan de doler?

A quien luego replicó:

—Hombre, sufre, pues te toca,

el dolor, que bien podrás;

que después te alegrarás

de ver tu muela en tu boca.

(Porfiar hasta morir, acto 3.º, escena XII.)

ESCARMENTAR EN CABEZA AJENA[26]

La zorra, el asno y león,

un día que a caza fueron,

sobre un prado la pusieron

para hacer su partición.

Dijo el león al jumento:

—Parte esa caza. Y el bobo

hizo tres partes del robo:

dió la suya al león hambriento.

Viendo el león que le daba

parte igual, agarró de él

y deshízole cruel

porque con él se igualaba.

Luego a la zorra miró,

y dijo: —Parte esa presa.

La zorra tomó la presa

más pequeñita que halló,

y dió al león lo demás,

que le dijo: —¿Cómo has hecho

tan a gusto de mi pecho

partes, pues tanta me das?

Respondió: —Mi habilidad

y cauta naturaleza

me enseñó que a tu grandeza

rinda mi flaca humildad.

Por cuyas cuerdas razones

me río yo de jumentos

que igualan sus pensamientos

a los soberbios leones.

(Obras son amores, acto 3.º)

EL LOBO Y EL CORDERO[27]

Bebía un cordero humilde

de un arroyo en la corriente

por lo bajo, y en lo alto

un lobo voraz y aleve;

y como matar quería

al corderillo inocente,

—Mira que me enturbias —dijo—

el agua; tan recio bebes.

El cordero respondió:

—Lobo amigo, pleito quieres;

si estoy en bajo y tú en alto,

tú la enturbias, tú me ofendes.

¿Qué tienen que ver mis deudos,

que el agua en lo bajo beben,

contigo, que estás en alto,

si no es que pleito pretendes?

(La hermosura aborrecida, acto 2.º, escena VI.)

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LA GATA MUJER[28]

¡Plegue al cielo que no sea

como aquel hombre de Atenas,

que pidió a Venus le hiciese

mujer, con ruegos y ofrendas,

una gata dominica,

quiero decir, blanca y negra!

Estando en su estrado un día

con moño y naguas de tela,

vió pasar un animal

de aquestos, como poetas,

que andan royendo papeles,

y dando un salto ligera

de la tarima al ratón,

mostró que en naturaleza

la que es gata, será gata;

la que es perra, será perra,

in saecula saeculorum.

. . . . . . . . . . . . . . . .

(El castigo sin venganza, acto 3.º)

LA GATA MUJER

Cierta fabulilla trata

que un hombre quiso a una gata,

de suerte que cada día

a Júpiter le pedía

con ofrendas de oro y plata

se la volviese mujer.

Júpiter lo vino a hacer;

y estando el hombre casado,

y ella sentada en su estrado

viendo cantar y tañer,

dicen que un ratón pasó,

y apenas ella le vió

cuando, corriendo tras él,

le dió uñarada cruel

y al primero ser volvió.

(El Príncipe Perfecto, 1.ª parte, acto 2.º, escena XIV.)

LA GATA MUJER

Las fábulas nos cuentan que una gata

de tal manera amaba un hombre rico,

que pidió a Juno, y dió un blandón de plata

que la hiciese mujer, y a mí la aplico.

La diosa, por no ser al dón ingrata,

mudóle en rostro humano el negro hocico,

la piel pelosa en cuerpo deseado,

y fué su casamiento celebrado.

Mas como en el estrado viese un día

pasar unos ratones, como antes

arrojóse tras ellos la que había

tratado en liviandades semejantes[29].

(Ejemplo de casadas, acto 2.º)

EL ASNO Y EL COCHINO[30]

[Al amor de la lumbre], en un librillo,

leía esotra noche mi carillo,

pienso que eran las trápulas de Esopo,

que un asno, viendo a un puerco como un topo

siempre echado a pacer en la pocilga,

con envidia que el ánima pecilga

decía: —Que éste engorde y yo trabaje,

que el mozo el pan, y el amo a veces baje

cáscaras de melón y otros regalos,

y a mí con agua y leña me den palos.

Pero llegado el día de San Lucas,

agarraron al puerco, y al pescuezo

pusieron el cuchillo; y cuando el asno

oyó los gritos, dijo: —Hermano puerco,

si para eso os engordaba el amo,

igual es trabajar; asno me llamo.

(Con su pan se lo coma, acto 1.º)

GRATITUD

Feroz león la planta, fiera en vano,

atravesada de la dura espina,

muestra al esclavo, y a curarle inclina,

humilde el inhumano, al sabio humano.

Vele después salir en el romano

Anfiteatro, y que a morir camina,

y paga la piadosa medicina

rendido al pie que le curó la mano.

Pues si humilla un león tanta fiereza,

¿quién hay que corresponda con mal trato

a quien debe piedad, honra y nobleza?

Siendo un león de la amistad retrato,

corrida puede estar naturaleza

el día que ha formado un hombre ingrato.

(Amar sin saber a quién, acto 2.º, escena III.)

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