FRANCISCO DE ROJAS Y ZORRILLA
Reading edition
Toledo, 1607; † 1648.
LA MULA DEL DOCTOR[18]
Apeóse un médico a hablar
a otro médico estafermo
a la puerta de un enfermo
que él venía a visitar
de una postema o flemón
que en la garganta tenía,
y sobre cómo vivía
trabaron conversación,
y para hablar sin trabajo
la mula al portal envía:
es a saber que vivía
el enfermo en cuarto bajo.
La mula con desenfado,
con gualdrapa y ornamento,
se fué entrando al aposento
adonde estaba acostado.
El enfermo, que sintió
herraduras, con dolor
dijo: —Aqueste es el doctor.
Sacó el pulso, y no miró.
La mula, que miró el brazo
sin saber sus accidentes,
tomó el pulso con los dientes
con grande desembarazo.
Él volvió el rostro con tema
y salió a echarla en camisa,
pero dióle tanta risa
que reventó la postema.
El médico que la vió,
para que el mozo la agarre
le dijo a la mula: —¡Arre!
Y él dijo al médico: —¡Jo!
Señor doctor, yo he quedado
absorto del caso y mudo;
la postema, que él no pudo,
su mula me ha reventado;
y si esto otra vez me pasa,
aunque el caso me atribula,
envíeme acá su mula
y quédese usted en casa.
(También la afrenta es veneno, jornada 3.ª)
EL COCHINO
Pues un cuento, Dios te libre,
sobre ti a plomo se cae.
En cierta parte del mundo,
que aquí no importa la parte,
había una grande hechicera
que volvía en animales
diferentes a los hombres.
A unos los hacía elefantes,
a otros gatos, a otros perros;
a otros tigres muy galanes,
y a otros torpes lechones.
En fin, cuanto la nadante
arca encerró de Noé,
tenía ella en dos corrales.
Llegó un hombre que sabía
el contrahechizo al paraje
en que estaba, y empezó
con desenfado galante
a ir desencantando hombres,
que a sus formas naturales
volvían dando mil brincos
del contento de librarse.
Llegó a uno, a quien la forma
de cochino abominable
cubría, y hacía gran fuerza
con conjuros y ademanes
por desencantarle; mas
porque no le desencanten
lo que hacía era gruñir,
andar hacia atrás y darle.
El tal desencantador
se mataba por librarle;
mas el maldito lechón
le dijo, haciendo visajes:
—Yo gusto de ser cochino;
vuesa merced no se canse.
(La más hidalga hermosura, jornada 1.ª)

