AGUSTÍN MORETO
Reading edition
Madrid, 1618; † 1669.
RESPUESTA DE PERO GRULLO
De frailes acompañado
pasaba un entierro un día,
y uno, a quien le parecía
el entierro autorizado,
a un fraile con inquietud
—¿Quién ha muerto? —preguntó—,
y el fraile le respondió:
—El que va en el ataúd.
(Industrias contra finezas, jornada 2.ª, escena XIII.)
CODICIA DE LO PROHIBIDO
Vaya un ejemplo. En mi tierra
había una doncellita
opilada, con gran riesgo,
de puro comer ceniza.
Sus padres la reservaban
del brasero y la cocina,
de suerte que cuando ella
la daba alcance, embutía
ceniza al sabor del hurto
como si fueran mellizas.
Llegó del caso a la muerte;
y el dotor que la asistía
para curarla fingió
que su muerte era precisa
si de ceniza un brasero
no comiese cada día.
Ella pidió luego a gritos
tan sabrosa medicina.
Trajéronla un gran brasero,
y al comenzar a embestilla,
como ya allí le faltaba
el sabor de prohibida
(que a nuestro ruin apetito
da sazón la culpa misma),
a cada bocado della
la hallaba más desabrida.
Viendo que obraba el remedio,
la daba el dotor gran prisa,
diciendo: —Señora, coma,
que eso le importa la vida.
Y ella, harta ya, entre los dedos
repasaba la ceniza,
y a fuer de tomar tabaco
con cada polvo escupía.
Porfiábala el dotor,
y ella, del todo rendida,
dijo: —Señor, yo no puedo;
quítenla allá, muera o viva.
Y desde allí le quedó
tanto horror a la codicia,
que de quince días antes,
pensando que ya venía,
lloraba en Carnestolendas
el miércoles de Ceniza.
(Yo por vos y vos por otro, jornada 1.ª, escena II.)
LA FRUTA PROHIBIDA
Mira: siendo yo muchacho
había en mi casa vendimia,
y por el suelo las uvas
nunca me daban codicia.
Pasó este tiempo, y después
colgaron en la cocina
las uvas para el invierno;
y yo, viéndolas arriba,
rabiaba por comer dellas,
tanto, que trepando un día
por alcanzarlas, caí
y me quebré las costillas.
(El desdén con el desdén, jornada 1.ª, escena I.)

POR LA PUENTE, QUE ESTÁ SECO
Iba camino un abad
muy gordo y muy reverendo;
llegando a un río, intentó
pasar el vado, y saliendo
un pastor, le dijo: —Advierta
que ayer se ahogó un pasajero
porque erró el vado. El abad
preguntó al pastor tosiendo:
—¿Cuánto hay desde aquí a la puente?
—Dos leguas y media pienso
—dijo el pastor. Y el Abad
le respondió entre un regüeldo:
—Si el que se ahogó hubiera ido
por la puente, aunque está lejos,
desde ayer acá ya hubiera
pasado el río. Y el freno
torciendo a la mula, dijo:
—Por la puente, que está seco.
(No puede ser..., jornada 1.ª, escena IV.)
EL DESAFÍO
Desafió a otro un portugués,
y le esperaba en un monte,
que el subir a su horizonte
cansara a un gato montés.
Llegó allá el desafiado,
muerto del paso prolijo,
y en viendo al contrario, dijo,
molido y desalentado:
—Yo no me puedo mover;
¿para qué me llamó aquí?
Y él respondió: —Porque así
teño menos que facer.
(El caballero, jornada 2.ª, escena I.)
EL PLACER DE LA VENGANZA
Un vizcaíno insufrible
por una calle iba andando,
y en una reja, pasando,
se dió un codazo terrible.
Enfurecido, aunque en vano,
volvió a la reja culpada,
y le dió tan gran puñada,
que se destroncó la mano.
Irritóse, y a dos brazos
tomó, sacando la espada,
y allí a pura cuchillada
la hizo en la reja pedazos.
Mas creyéndose vengado
partió, diciendo a su modo:
—¿Manos rompes, quiebras codo?
Pues toma lo que has llevado.

