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Fábulas y cuentos en verso

JUAN DE MATOS FRAGOSO

Reading edition

Alvito (Portugal), 1614?; † 1692.

EL PERRO Y EL ASNO[13]

A su casa a descansar

volvía un hombre de fuera,

y un perrillo que tenía,

comenzándole a hacer fiestas,

en los hombros le saltaba.

Estaba un pollino cerca

y tuvo envidia del perro,

y de la misma manera

quiso halagar a su amo,

y poniéndose en dos piernas

le derribó una quijada.

Saca tú la consecuencia.

(Lorenzo me llamo, jornada 3.ª)

AFEITAR POR AMOR DE DIOS

De limosna y sin dinero

la barba hacía a un pastor

con la navaja peor,

desazonado, un barbero.

Como la navaja estaba

con mil mellas que tenía,

el cabello no partía,

pero el rostro desollaba.

Conoció el pastor el yerro,

mas vió ser fuerza que calle.

En este tiempo en la calle

le daban palos a un perro.

—¿Qué será aquello? —decía

el barbero a sus oídos,

como con los alaridos

el perro les aturdía.

Respondió el pastor allí,

viendo que en saberlo escarba:

—Deben de hacerle la barba

de limosna, como a mí.

(Callar siempre es lo mejor, jornada 3.ª, y El redentor cautivo, jornada 2.ª, en colaboración con Sebastián de Villaviciosa.)

EL DUENDE

En una casa había un duende,

y hacíales muchos daños

a los que en ella vivían:

ya les daba con un jarro,

ya les quitaba la ropa,

ya les tiraba los platos.

Los pobres, para librarse,

mudarse de allí trataron

a otro barrio, y aquel día

que ellos se estaban mudando,

viniendo el dueño de casa

ya por los postreros trastos,

al duende vió, que bajaba

por la escalera, cargado

con todos ellos, y el hombre

le preguntó muy despacio:

—¿Dónde vas? Y el duende dijo:

—Allá; pues ¿no nos mudamos?

A que él replicó: —Si es eso,

y has de seguirnos los pasos,

quedarnos aquí es mejor,

y excusarnos el trabajo.

(El Job de las mujeres, Santa Isabel, reina de Hungría, jornada 2.ª)

LA MULA DEL DOCTOR[14]

Un barbero en un cuartago

visitaba a cierto enfermo

que tenía una apostema

con unos dolores fieros.

Alargábase la cura,

y el paciente echaba verbos.

—Hermano, tened paciencia

—decía el quirurgo diestro—,

que este achaque va despacio,

que en el hipocondrio interno

tenéis una hidropesía;

alcanzadme ese tintero,

porque quiero recetaros

un nuevo eficaz remedio.

Y al darle el pobre la pluma

el caballo, que era inquieto,

asentóle la herradura

y le reventó el divieso,

con que al punto le cesaron

los dolores al enfermo,

sintiéndose mejorado,

y quedó a voces diciendo:

—Vive Dios que mejor cura

el caballo que el maestro.

(Ver y creer, jornada 1.ª)

Viñeta ornamental
Viñeta ornamental
Viñeta ornamental
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