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Platero y yo

XXII BARBÓN

Reading edition · Edition 2

DARBÓN, el médico de Platero, es grande como el buey pío, rojo como una sandía. Pesa once arrobas. Cuenta, según él, tres duros de edad.

Cuando habla, le faltan notas, cual á los pianos viejos; otras veces, en lugar de palabra, le sale un escape de aire. Y estas pifias llevan un acompañamiento de inclinaciones de cabeza, de manotadas ponderativas, de vacilaciones chochas, de quejumbres de garganta y salivas en el pañuelo, que no hay más que pedir. Un amable concierto para antes de la cena.

No le queda muela ni diente y casi sólo come migajón de pan, que amasa primero en la mano. Hace una bola y ¡á la boca roja! Allí la tiene, revolviéndola, una hora. Luego, otra bola, y otra. Masca con las encías, y la barba le llega á la aguileña nariz.

Digo que es grande como el buey pío. En la puerta de la herrería, tapa la casa. Pero se enternece, igual que un niño, con Platero. Y si ve una flor ó un pajarillo, se ríe de pronto, abriendo toda su boca, con una gran risa sostenida, que acaba siempre en llanto. Luego, ya sereno, mira del lado del cementerio viejo:

—Mi niña, mi pobrecita niña...

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