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Platero y yo

LVIII IDILIO DE ABRIL

Reading edition · Edition 2

LOS niños han ido con Platero al arroyo de los chopos, y ahora lo traen trotando, entre juegos y risas, todo cargado de flores amarillas. Allá abajo les ha llovido—aquella nube fugaz que veló el campo verde con sus hilos de oro y plata—. Y sobre la empapada lana del asnucho las mojadas campanillas gotean todavía.

¡Idilio fresco, alegre, sentimental! ¡Hasta el rebuzno de Platero se hace tierno bajo la dulce carga llovida! De cuando en cuando, vuelve la cabeza y arranca las flores á que su boca alcanza. Las campanillas, níveas y gualdas, le cuelgan, un momento, entre el blanco babear verdoso y luego se le van á la barrigota cinchada. ¡Quién, como tú, Platero, pudiera comer flores,... y que no le hicieran daño!

¡Tarde equívoca de Abril!... Los ojos brillantes y vivos de Platero copian todo el paisaje de sol y de lluvia. En ocaso, sobre el campo de San Juan, se ve llover, deshilachada, otra nube rosa...

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