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Platero y yo

LV EL ALBA

Reading edition · Edition 2

EN las lentas madrugadas de invierno, cuando los gallos alertas ven las primeras rosas del alba y las saludan, galantes, Platero, harto de dormir, rebuzna largamente. ¡Cuan dulce su lejano despertar, en la luz celeste que entra por las rendijas de la alcoba! Yo, deseoso también del día, pienso en el sol desde mi lecho mullido.

Y pienso en lo que habría sido del pobre Platero si en vez de caer en mis manos de poeta hubiese caído en las de uno de esos carboneros que van, todavía de noche, por la dura escarcha de los caminos solitarios, á robar los pinos de los montes, ó en las de uno de esos gitanos astrosos que pintan los burros y les dan arsénico y les ponen alfileres en las orejas para qué no se les caigan.

Platero rebuzna de nuevo. ¿Sabrá que pienso en él? ¿Qué me importa? En la ternura del amanecer, su recuerdo me es grato como el alba. Y, gracias á Dios, él tiene una cuadra tibia y blanda como una cuna, amable como mi pensamiento.

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