← Table of contents
Platero y yo

LII LOS FUEGOS

Reading edition · Edition 2

PARA Septiembre, en las noches de velada, nos poníamos en el cabezo que hay detrás de la casa del huerto, á sentir el pueblo en fiesta desde aquella paz fragante que emanaban los nardos de la alberca.

Ya tarde, ardían los fuegos. Primero eran sordos estampidos enanos; luego, cohetes sin cola, que se abrían arriba, en un suspiro, cual un ojo estrellado que viese, un instante, rojo, morado, azul, el campo; y otros cuyo esplendor caía como una doncellez desnuda que se doblara de espaldas, como un sauce de sangre que gotease flores de luz. ¡Oh, qué pavos reales encendidos, qué macizos aéreos de claras rosas, qué faisanes de fuego por jardines de estrellas!

Platero, cada vez que sonaba un estampido, se estremecía, azul, morado, rojo, en el súbito iluminarse del espacio, y en la claridad vacilante yo veía sus grandes ojos negros que me miraban asustados.

Cuando, como remate, entre el lejano vocerío del pueblo, subía al cielo la áurea corona giradora del castillo, Platero huía entre las cepas, como alma que lleva el diablo, rebuznando enloquecido, hacia los tranquilos pinos en sombra.

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings