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Orígenes de la novela, Tomo II

LIBRO CUARTO DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR (continued 2)

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Muy poderoso Rey de Granada, el Alcayde de Alora Rodrigo de Naruaez tu servidor besa tus reales manos, y digo que Abindarraez Abençerraje, que se crió en Cartama auiendo nasçido en Granada, estando en poder del Alcayde de la dicha fortaleza, se enamoró de la hermosa Xarifa su hija. Despues tú por hazer merced al Alcayde, le passaste á Coyn. Los enamorados por assegurarse se desposaron entre sí; y llamado el Abençerraje por el ausençia del padre della que contigo tienes, fue a su fortaleza, yo le encontre en el camino, y en çierta escaramuça que con él tuue en que se mostró muy valiente, esforçado y animoso, le gané por mi prisionero, y contandome su caso, apiadado y conmouido de sus ruegos, le hize libre por dos dias, él fue y se vió con su esposa, de suerte que en la jornada cobró a su esposa y perdio la libertad. Pues uiendo ella que el Abençerraje boluio a mi prision, quiso uenir con él, y assi estan aora los dos en mi poder. Suplico te no te offenda el nombre de Abençerraje, pues éste y su padre fueron sin culpa de la coniuraçion contra tu Real persona hecha, y en testimonio dello biuen ellos agora. A tu Alteza humildemente suplico el remedio destos tristes amantes se reparta entre ti y mí, yo perdonare su rescate dél, y libremente le soltaré, y manda tú al padre della, pues es tu vassallo, que a ella la perdone, y a él reçiba por hijo, porque en ello allende de hazerme a mí singular merçed, harás aquello que de tu uirtud y grandeza se espera.

Con esta carta despachó vno de sus escuderos. El cual llegando hasta el Rey, se la dio, él la tomó, y sabiendo cuya era, holgo mucho, porque a este solo christiano amaua por su ualor y persona, y en leyendola, boluio el rostro, y uio al Alcayde de Coyn, y tomandole a parte, le dio la carta, diziendole: lee esta carta, y él la leyo, y en uer lo que passaua, reçibio gran alteraçion. El Rey dixo: No te congoxes, aunque tengas causa; que ninguna cosa me pedira el Alcayde de Alora, que pudiendo la hazer, no la haga, y ansi te mando uayas sin dilaçion a Alora, y perdones a tus hijos, y los lleues luego á tu casa, que en pago deste seruiçio yo te haré siempre merçedes. El Moro lo sintio en el alma, más uiendo que no podia passar del mandado de su Rey, boluiendo de buen continente, y sacando fuerças de flaqueza, como mejor pudo, dixo que ansi lo haria. Partiose lo más presto que pudo el Alcayde de Coyn, y llegó a Alora, a donde ya por el escudero se sabía lo que passaua, y fue muy bien reçebido. El Abençerraje y su hija paresçieron ante él con harta uerguença, y le besaron las manos, e los reçibio muy bien, y les dixo: No se trate de cosas passadas; el Rey me mandó hiziesse esto, yo os perdono el aueros casado, sin que lo supiesse yo; que en lo demás, hija, nos escogistes mejor marido que yo os lo supiera dar. Rodrigo de Naruaez holgo mucho de uer lo que passaua, y les hazia muchas fiestas y banquetes. Vn dia acabando de comer, les dixo: Yo tengo en tanto auer sido alguna parte para que este negoçio esté en tan buen estado, que ninguna cosa me pudiera hazer más alegre, y ansi digo que sola la honra de aueros tenido por mis prisioneros, quiero por el rescate desta prisión: vos, Abindarraez, sois libre, y para ello teneys liçençia de yros donde os pluguiere, cada y cuando que quisieredes. El se lo agradesçio mucho, y ansi se adereçaron para partir otro dia, acompañandolos Rodrigo de Naruaez, salieron de Alora, y llegaron a Coyn donde se hizieron grandes fiestas y regozijos a los desposados, las quales fiestas pasadas, tomando los un dia a parte el padre, les dixo estas palabras: Hijos, agora que sois señores de mi hazienda, y estais en sosiego, razon es que cumplays con lo que deueys al Alcayde de Alora, que no por auer usado con uosotros de tanta uirtud y gentileza, es razon pierda el derecho de vuestro rescate, antes se le deue (si bien se mira) muy mayor, yo os quiero dar quatro mil doblas zaenes, embiadselas, y tenedle desde aqui adelante, pues lo meresçe, por amigo, aunque entre él y uosotros sean las leyes diferentes. El Abençerraje se lo agradesçio mucho, y tomandolas, las embió a Rodrigo de Naruaez, metidas dentro de un mediano y rico coffre, y por no mostrarse de su parte corto y desagradecido, juntamente le embió seys muy hermosos y enjaezados cauallos, con seys adargas y lanças, cuyos hierros y recatones eran de fino oro. La hermosa Xarifa le escriuio una muy dulce y amorosa carta, agradesçiendole mucho lo que por ella auia hecho. Y no queriendo mostrarse menos liberal y agradesçida que los demas, le embió una caxa de açipres muy olorosa, y dentro en ella mucha y muy preçiosa ropa blanca para su persona. El Alcayde ualeroso tomó el presente, y agradesçiendolo mucho a quien se lo embiaua, repartio luego los cauallos y adargas y lanças por los hidalgos que le acompañaron la noche de la escaramuça, tomando uno para sí, el que más le contentó, y la caxa de açipres, con lo que la hermosa Xarifa le auia embiado, y boluiendo las quatro mil doblas al mensajero, le dixo: Deçid a la señora Xarifa, que yo recibo las doblas en rescate de su marido, y a ella le siruo con ellas para ayuda de los gastos de su boda, porque por sola su amistad trocaré todos los intereses del mundo, y que tenga esta casa por tan suya como lo es de su marido. El mensajero se boluio a Coyn, donde fue bien reçibido, y muy loada la liberalidad del magnanimo capitan, cuyo linaje dura hasta aora, en Antequera, correspondiendo con magnificos hechos al origen donde proçeden. Acabada la historia, la sábia Feliçia alabó mucho la graçia, y buenas palabras con que la hermosa Felismena la auia contado, y lo mismo hizieron las que estaban presentes, las cuales tomando liçençia de la sábia se fueron a reposar.

Fin del cuarto libro.

NOTAS:

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