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San Ignacio de Loyola

La Santa Biblia.

Reading edition

La Sagrada Escritura, como el Breviario, han sido y serán siempre compañeros inseparables del religioso.

Sin duda alguna se puede asegurar que San Ignacio leía detenidamente y a diario la Biblia, conjunto de libros inspirados por el Espíritu Santo, y que, según el inmortal León XIII, haciendo suyas frases de esclarecidos padres de la Iglesia “son fuentes inexhaustas de celestial sabiduría y prados amenísimos, donde se apacientan, con sobrehumano deleite, las ovejas de Cristo”[74].

Como el Santo fundador no conocía el latín, leería las ediciones de Ambrosio de Montesinos, de 1512, que sólo se insertan las epístolas y evangelios; el Nuevo Testamento de Francisco de Encina, edición dedicada al Emperador Carlos V[75], la Políglota de Alcalá, hecha bajo los auspicios del gran Cardenal Cisneros[76] o la Políglota de Amberes, costeada por Felipe II y que se editó de 1569 a 1576.

Para que el lector se dé cuenta de cómo coincidió San Ignacio con estas obras en la redacción de los Ejercicios Espirituales, vamos a poner a dos columnas los textos de aquéllos y de éste.

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