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San Ignacio de Loyola

DE LA AYUDA QUE LA SANTÍSIMA VIRGEN LE PRESTÓ PARA ESCRIBIR LOS “EJERCICIOS”

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Son muchos los autores que afirman que San Ignacio recibió, durante el tiempo que estuvo en Manresa, las visitas de la Virgen, y que le dictaba los Ejercicios.

Sin embargo de esto, en la gran obra Monumenta Ignaciana se dice que esta doctrina se tiene como probable, pero no nos atrevemos a tomarla como segura[67], aunque esta tradición ha venido creyéndose durante cuatro siglos y hasta se han hecho pinturas y esculturas en las que se representa a San Ignacio escribiendo sobre una roca y la Virgen, teniendo sobre sus rodillas al niño Jesús y asido con sus divinas manos por debajo de los sobacos, en actitud de dictar a San Ignacio.

Ningún documento fehaciente que acredite esto dejó San Ignacio, y el único testimonio, que algunos autores atribuyeron a Laynio, no se ha encontrado aún[68].

Únicamente ha llegado hasta nosotros una narración del P. Gonzalo de Cámara, que afirma oyó de labios de San Ignacio, y que racionalmente se ha venido admitiendo, los siguientes extremos:

“Primero. Que Dios enseñaba a San Ignacio como un maestro enseña a su discípulo, porque no tenía quien le enseñase.

“Segundo. Muchas veces y por mucho tiempo, estando en oración, veía con los ojos interiores la humanidad de Xpo.

“Tercero. A Nuestra Señora también a visto en símil forma.

“Cuarto. Estas cosas que a visto le confirmaron entonces (cuando se encontraba en Manresa) y le dieron tanta confirmaçion siempre de fe, que muchas veçes a pensado consigo etc.”[69].

De todo lo cual se deduce como cierto: que San Ignacio escribió los Ejercicios en Manresa, teniendo cierta ilustración sobrenatural; que en Manresa sólo Dios fué su maestro y ningún otro hombre de los mortales (lo cual no significa que San Ignacio nada aprendiera de los hombres, sino que ningún hombre puede atribuírse este nombre de maestro de Ignacio); que muchas veces vió a Jesucristo, y, aunque San Ignacio no dice cuántas veces vió a la Virgen María, si eran más o menos frecuentes sus visitas, pero afirma que vió a ambos; y, así, dice[70]: “Y con sollozos sintiendo seer la Madre y el Hijo intercesores..., viendo y sintiendo los Mediadores...”

El P. Juan Creixell, S. J., asegura, por último, que San Ignacio recibió auxilio directo de Cristo y de la Virgen para escribir los Ejercicios.

Por último, hemos de aducir el testimonio de aquel pasaje que se encuentra en el códice Piedad de los Amigant (fol. 23), en que se dice: “San Inacio dió los exercicios espirituales a la señora Angela de Amigant, luego que se los uvo dictado la Virgen. Es constante que la Virgen Santísima enseñó los exercicios espirituales, que oi dia practica la Compañia de Jesus a San Inacio. Conociendo el Santo el copioso fruto que se coje dellos, los comunicó a la señora Angela de Amigant, como tan discipula de su enseñanza. Assí lo declara el processo de la canonizazion de San Ignacio, folio 377.”

Esto es cuanto se puede alegar en este sentido.

Por lo cual, si San Ignacio nunca reveló esto claramente, pudieron ser muchas las causas que a ello le obligaron, o porque entendiera que todos debían tener como cierta la autoridad de la Santa Iglesia Católica al aprobar los Ejercicios Espirituales, no por estar estos escritos con una ilustración particular, sino por altas y divinas inspiraciones.

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