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San Ignacio de Loyola

En El Imparcial escribió el Sr. Gómez Baquero:

Reading edition

“Dos inteligentes periodistas, don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos, han emprendido una obra ardua, verdaderamente atrevida, bien que en tales empeños es noble el atrevimiento. Se trata de la publicación de una Biblioteca de los grandes filósofos españoles.

El primer tomo, consagrado a Francisco de Valles (el Divino), médico de Felipe II, se ha publicado recientemente. A juzgar por él, la Biblioteca tiene un fin de vulgarización. Aspiran los autores a dar a conocer en ella la vida y obras de los principales pensadores españoles, narrando su biografía y resumiendo sus doctrinas.

A mi parecer, sería mucho más útil y menos difícil de realizar con relativa perfección una Biblioteca de filósofos españoles compuesta de los textos de los mismos filósofos, trasladados al castellano, cuando primitivamente estuvieren escritos en latín o en otro idioma. Los textos son insustituíbles, son el hecho mismo, la materia primera del conocimiento, siempre que se trata de Literatura o de las obras de la palabra extraliterarias (entendiendo la Literatura en el sentido corriente o estético). Las biografías de los autores, la crítica de los textos, el examen de las doctrinas, la historia externa de los documentos y la bibliografía, como parte de ella, son complementos utilísimos, a veces imprescindibles; pero complementos, al fin, que no pueden suplir al texto, sin el cual no cabe adquirir más que un conocimiento de segunda mano. Con todo, la empresa acometida por los señores Ortega y Marcos es utilísima, de grandes dificultades, y tal, que acaso requerirá la colaboración de muchos y muy versados especialistas, para llevarla a cabo con la perfección que pide su objeto. La iniciativa es plausible y revela afición a los estudios filosóficos y amor a la cultura.

Los autores han tenido la feliz idea de encomendar el prólogo del primer volumen al señor Bonilla y San Martín, autor de una notable Historia de la Filosofía española, en publicación, y que es entre los eruditos españoles uno de los más versados en estos estudios y de los más capaces para llevarlos a término feliz. En su prólogo, muy claro y ceñido al asunto, como de quien domina la materia, resume el señor Bonilla de un modo excelente las doctrinas de Valles, las clasifica y califica con acierto y aporta muchas noticias bibliográficas pertinentes al asunto.

Los señores Marcos y Ortega dan a conocer en su obra algunos datos nuevos, tocantes a la biografía del insigne médico de Felipe II, según hace notar el señor Bonilla, y muestran en todo el libro, en el cual hay pormenores de buen gusto, como la reproducción de la portada de la primera edición de la Sacra Philosophia, de Valles (Turín. 1587), un plausible entusiasmo por enaltecer la fama de los pensadores españoles.”

El Liberal:

“Don Benjamín Marcos y D. Eusebio Ortega, conocidos e inteligentes periodistas, han comenzado la publicación de una “Biblioteca filosófica”.

El primer tomo, consagrado al estudio de las obras de Francisco de Valles, “el Divino”, demuestra plenamente que los señores Marcos y Ortega han emprendido labor tan difícil y fatigosa como es la de divulgar, en una serie de volúmenes, los métodos y las teorías de los grandes filósofos españoles y la revolución que produjeron en la sociedad, cuando les ha permitido realizarla con fruto y perseverancia una sólida cultura, bien escogida y meditada.

En esta labor apologético-expositiva siguen las huellas de Juan Pablo Forner, Gumersindo Laverde Ruiz y Marcelino Menéndez y Pelayo, y así estudian primeramente la bibliografía de Francisco Valles y el medio universitario en que desenvolvió su enseñanza, y hacen después una serena crítica de sus doctrinas filosóficas.

Fué Valles “el Divino”, que por cierto tuvo cuentas con Mateo Alemán, famoso médico de cámara de Felipe II, pensador de mérito, discreto, equilibrado, más aristotélico que platónico, de tendencias eclécticas y conciliadoras, y, en el fondo de su pensamiento escolástico. No tiene la valentía de Gómez Pereira o de Cardoso, ni la erudición de Vives, ni la profundidad de Suárez o de Fox Morcillo, ni el sentido crítico de Pedro de Valencia o de Francisco Sánchez, y mucho menos es un Espinosa o un Raimundo Lulio.

Está a la altura de Simón Abril, de Venegas, de Arias Montano o de Gaspar Cardillo de Villalpando, y aun acaso no llegue a estos dos últimos.

Como dice Adolfo de Bonilla, en un breve y concienzudo juicio crítico de Francisco Valles, “el Divino”, es éste de los que han visto las chispas del espíritu, pero ignoran la fortaleza de su yunque y la crueldad dé su martillo.

Es, sin embargo, oportuna y meritoria la divulgación que los señores Marcos y Ortega hacen de la biografía y escritos de Francisco Valles, “el Divino”, que dista mucho de ser un pensador vulgar, y aun pudiera figurar con más justicia que otros en el “Philosophen Lexikon, de Eisler.”

Heraldo de Madrid:

“Se ha puesto a la venta el primer tomo de la “Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles”, que editan nuestros queridos compañeros en la Prensa don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos.

Este primer tomo lo consagran por entero al “Divino Vallés”.

Después de una completísima biobibliografia de Vallés, se extiende en consideraciones amplias acerca de sus doctrinas en todos los ramos de la filosofía. Intercalados en el texto lleva varios interesantísimos grabados. El tomo, lujosamente editado, consta de más de cuatrocientas páginas en 8.º, y se vende en Madrid, a cuatro pesetas ejemplar.

“Como la obra se lo merece, prometemos ocuparnos de ella con más extensión”[271].

El Universo:

«LOS GRANDES FILÓSOFOS ESPAÑOLES»

“Los periodistas señores don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos, inteligentes operarios de esta labor enunciadora y fatigante como ninguna, que consiste en averiguar lo que no importa, pensando en que quizá importará a los demás, acaban de tener un gesto absurdo: comenzar la publicación de una Biblioteca, en que revivan los escritos de Los grandes filósofos españoles. Decimos que el gesto es absurdo, porque es todo lo contrario, representa todo lo contrario, exige todo lo contrarío que el oficio en que somos compañeros los señores Ortega y Marcos y nosotros.

Es decir, los señores Ortega y Marcos andan ahora averiguando, en los escritos de los grandes filósofos de España, lo que de seguro les importa a ellos, arrostrando el peligro de que no les importe a las gentes. ¿Absurdo el gesto, dijimos? Y heroico también, porque para eso habrán robado tiempo al descanso, en aras de un patriótico impulso, en ofrenda a su amor a lo trascendental, huyendo, al paso, unas horas de “lo que dicen los reformistas” y la “actitud de Montero”...

El acervo glorioso de la Filosofía española desfilará por esta Biblioteca, que ahora comienza con el interesantísimo y documentado estudio del perínclito doctor de cámara de la R. M. de Felipe II, Francisco de Valles, que acredita a los señores Marcos y Ortega como espíritus disciplinados en este linaje de abandonadas investigaciones, y amantes de los prestigios de la Ciencia hispana.

Felicitamos efusivamente a los inteligentes compañeros, y deseámosles el éxito feliz a que su patriótico empeño tiene derecho.

V. E.

La Correspondencia de España:

“Dos laboriosos y cultos periodistas, los señores Marcos González y Ortega, han acometido una empresa de gran importancia.

Han decidido estudiar, en una serie de libros, quiénes han sido los más grandes pensadores españoles, sus métodos y teorías, y la evolución o revolución que produjeron con ellos en la Ciencia y en la sociedad.

Siguen las huellas de Forner, Laverde y Menéndez y Pelayo, campeones principales de la labor apologética-expositiva en España.

Empiezan la Biblioteca filosófica que se proponen fundar, con un libro dedicado a Francisco de Valles (el Divino), médico y filósofo español del siglo XVI.

La primera parte de la obra está dedicada a la biografía y bibliografía de Valles y a la descripción del medio universitario en que desenvolvió sus enseñanzas.

Publican, con ella, cuatro documentos nuevos: tres, relativos al nombramiento de médico de cámara de Felipe II, con 60.000 maravedís de quitación y 20.000 más de ayuda de costa al año, y otro, concerniente al mayorazgo fundado por Valles y su esposa, Juana de Vera, en Madrid, el 12 de agosto de 1587, a favor de sus hijos Gabriel y Diego.

El resto de la obra está dedicado a la exposición de las doctrinas de Valles.

Éste era denominado “el Galeno español”. Elogiáronle Boerhaeve y Piquer, entre otros. Sus comentarios hipocráticos son muy notables.

Su Methodus medendi, y, sobre todo, su obra maestra, De Sacra Philosophia, merecen la atención de todos los eruditos.

Valles conocía el latín, el griego y el hebreo. Creía en todas las supersticiones científicas de su época; pero, no obstante, demuestra en sus obras que tenía clarísimo juicio y vasta erudición.

Era, en suma, si no un gran filósofo, un pensador distinguidísimo y un médico eminente, dado el estado de la Medicina en el siglo XVI.

El prólogo del señor Bonilla y San Martín es notabilísimo.

Retratos y reproducciones fotográficas de documentos ilustran la obra, que debe figurar en la biblioteca de toda persona amante de los estudios filosóficos.

V.

Diario Universal:

“El intento de dar a conocer y divulgar las obras de los filósofos españoles, que han emprendido los señores Ortega y Marcos, es altamente patriótico y digno de loa. Cuanto en este sentido se haga nos parecerá poco, y con esto ya queda dicho que, aparte las cualidades intrínsecas de la obra, el solo hecho de haberse lanzado a escribirla ya nos obliga al elogio.

Además, el libro no es malo. Acaso adolezca del defecto de ser un poco desordenado, sin duda a causa de la colaboración; pero, de todos modos, este defecto no es muy considerable en una obra del género a que pertenece la escrita por los señores Ortega y Marcos.

La armonía de conjunto, si en todo libro es de desear, en unos es más necesaria que en otros. La obra, de carácter puramente literario, en que ante todo ha de atenderse a producir en el lector una profunda impresión de belleza, quedará siempre estropeada si en su composición no se atiende escrupulosamente a darle ese aspecto armonioso y elegante del conjunto.

Cuando el libro, aunque literario, ya no es de literatura pura, sino que tiene derivaciones o veleidades críticas, filosóficas o eruditas—sobre todo eruditas—, ya podemos perdonar un poco la armonía en gracia a otras cosas más importantes.

En honor a la verdad, no puede decirse que los señores Marcos y Ortega se hayan cuidado de ello extraordinariamente al escribir su obra sobre Francisco de Valles, médico de Felipe II, llamado por su saber el Divino y autor de muchas e interesantes obras de Medicina y Filosofía, entre las que descuella el notabilísimo tratado De sacra Philosophia. No se han cuidado grandemente de esto de la armonía; pero en cambio han conseguido darnos un trabajo completísimo tanto en la parte biográfica de Valles como en el estudio del medio universitario en que se formó y desarrolló parte de sus actividades, como en la exposición y análisis de sus doctrinas.

En estos tres aspectos, esenciales en todo trabajo del género a que pertenece el de los señores Marcos y Ortega, han hecho lo necesario para darnos una obra seria, documentada y clara. Han aportado a la biografía de Valles datos nuevos y desconocidos y han publicado por primera vez algunos documentos que hasta ahora permanecían desconocidos o conocidos sólo de algún ratón de biblioteca. Y en la exposición y análisis de las doctrinas del biografiado han atendido especialmente a la claridad, como es lógico en esta clase de trabajos destinados a la vulgarización, y como, desgraciadamente, no se practica mas que por muy pocos, pues es sabido que los que se dedican a estas cosas de la Filosofía se consideran siempre en el caso—para darse importancia—de procurar que nadie los entienda.

Fantasio.”

El Correo Español:

“Dos notables periodistas, Eusebio Ortega y Benjamín Marcos, han dado comienzo a una tarea meritoria, digna de loa y altamente simpática, por la que les acompaña nuestro más sincero aplauso.

Hoy, que en Literatura se abre campo, cada día más, lo superficial, lo frívolo, lo poco documentado; cuando apenas nada se estudia intensa y extensamente, sino que los que trabajan en las letras diríase que lo hacen, en su mayoría, para el cultivo tan sólo de la extravagancia, adquiriendo desarrollo extraordinario la afición a las cosas extranjeras, vienen dos jóvenes, ya dedicados de lleno al periodismo, y honrando por tal a la clase, a vindicar las glorias nacionales que abundan en el campo científico-filosófico.

La intención de tan ilustradísimos compañeros no puede ser más sana. Quieren recordar las grandes figuras españolas que se han dedicado a estudios de Filosofía, y con ello han de prestar un servicio especial a las letras patrias. Nuestros compatriotas, siguiendo corrientes de frivolidad, contaminados con las teorías y doctrinas de los alemanes y franceses, han olvidado que en España contamos con recursos propios, con filósofos que nada tienen que envidiar a los de otras naciones, y que no necesitamos acudir al Extranjero los que contamos con figuras de tan gran relieve como Séneca y Prudencio, en la España romana; Maimónides y Averroes, en la de los árabes; Raimundo Lulio y Alfonso X, Servet y Valles, Suárez y el Brocense, Hervás Panduro y Balmes, entre los cristianos.

Los señores Ortega y Marcos, por el primer volumen publicado, demuestran lo mucho que han estudiado y lo mucho que saben de estas cuestiones, examinando la obra magna llevada a efecto por el sabio médico de Felipe II, Francisco de Valles (el Divino), como le calificara el Rey Prudente. Además de la biografía de Valles, en la que aparecen documentos de valor reconocido, hacen los autores un competente estudio de la Universidad Complutense, y analizan, al final, las doctrinas filosóficas de Valles, el influjo que tuvieron en las ideas antiguas y el que tienen en las modernas.

Merece la obra de los señores Marcos y Ortega la simpatía de los buenos, de los amantes del pasado nacional.

El Correo:

“Ardua tarea es la emprendida por los señores Ortega y Marcos, iniciada con la publicación del primer tomo de su “Biblioteca de los grandes filósofos españoles”. Anunciamos en el número anterior que dedicaríamos, si no el espacio que la obra se merece, alguna extensión para examinar al divino Valles, a quien dedican los autores su meritorio trabajo.

Nosotros suponemos a los señores Ortega y Marcos con la suficiente preparación para estudiar a nuestros más eminentes pensadores de todas las épocas. Hasta ahora nadie osó realizar tamaño plan.

Contamos, sí, con meritísimos trabajos acerca de determinados pensadores, llámense Luis Vives, Ramón Lull, Fox Morcillo, Fernando de Córdoba o Luis de León; pero una serie de estudios, con plan determinado, que ponga de manifiesto los conocimientos que en todos los ramos del saber legaron a la posteridad nuestros príncipes del saber, al rodar de los siglos; esto, repetimos, se hace ahora por vez primera. Y cierto que buena falta nos hacía resucitar las glorias de aquellos portentosos varones, que al pasar por el suelo patrio marcaron huella imperecedera. Los señores Ortega y Marcos, jóvenes con arrestos sobrados, sabrán dar cima a su obra y merecerán el aplauso de las futuras generaciones.

Necesitaríamos emborronar muchas cuartillas si hubiésemos de analizar por partes el Francisco de Valles. Pasando por alto el prólogo del doctor Bonilla y San Martín, preciado esquema de la obra filosófica del médico de Felipe II., hacemos resaltar la primera parte de la obra que los autores consagran a la biografía y bibliografía de Valles, las más completas hasta ahora, si bien en otra edición creemos que sea agrandada. A la fe de bautismo y otros preciados e inéditos documentos que insertan los señores Ortega y Marcos, añadirán otros no menos valiosos, cuya existencia auguramos. Para resaltar la figura de Valles, no pudieron dejar de hablar los autores del medio ambiente de Valles, y para ello consagran un extenso capítulo a estudiar la Universidad de Alcalá, cuna del biografiado para la ciencia, y donde hoy reposan sus cenizas venerandas.

La segunda parte del libro va dedicada al análisis de las doctrinas del filósofo de Covarrubias. Todos los esfuerzos dedican los autores a dar a conocer la independencia de criterio de Valles, advertida ya por Laverde, Menéndez y Pelayo y otros de nuestros historiadores, aunque no desmenuzada como en la obra presente. Relacionan los autores con las demás escuelas del siglo XVI las doctrinas defendidas por el médico de Felipe II, marcando bien sus tendencias conciliadoras entre Platón y Aristóteles, si bien resaltan su peripatetismo y a veces su amor a las teorías de la Escolástica, y, en suma, no dejan punto de contacto con otros filósofos españoles, que no quede debidamente marcado en su obra.

Por todo ello, a lo que hemos de añadir la buena presentación de la obra, por sus condiciones tipográficas, no dudamos que tendrá aceptación, pues consideramos que obra de esta índole no debiera faltar a nadie que se precie de conocer algo siquiera de lo que constituyó la ciencia española en el siglo XVI.

Felicitamos sinceramente a los señores Ortega y Marcos y deseámosles muchos éxitos como el obtenido con este su primer libro.

Dunquerque.”

El Mundo:

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