DE LAS FUENTES EXTERNAS DE LOS “EJERCICIOS”
Reading edition
Lo primero que se necesita consignar es qué libros leyó San Ignacio en Manresa, esto es, mientras hacía los ejercicios, y cuáles los que leyó en Loyola, o sea antes de hacer los ejercicios, porque si encontraras en ellos pasajes que convengan con los de otros autores, terminaremos por comprender que los había leído.
El propio Santo, contando a Consalvio las cosas por él realizadas, dice, refiriéndose a los libros que leyó en la casa paterna de Loyola: “Le dieron un Vita Christi y un libro de la Vida de los Santos, en Romance.”
Respecto a los que leyó en Manresa, solía decir con frecuencia:
“En Manresa hauia uisto primero el Gerçonzito y nunca mas hauia querido leer otro libro de deuocion.”
Por último, dice: “Ordinariamente leya a la misa de pasión”.
Hay que tener en cuenta que—según nos dice Menéndez y Pelayo—[71] “en los primeros años del siglo XVI apenas había en España libros de devoción, y éstos no eran de primer orden.
“Faltaban, además, catecismos; faltaba sólida instrucción dogmática en la gran masa del pueblo y hasta en los conventos de monjas: y, si es verdad que circulaban, entre la gente piadosa, libros tan maravillosos y de tan pura doctrina como el Kempis que entonces llamaban Contemptus mundi, la Escala Espiritual de San Juan Clímaco, algunos tratadillos de San Buenaventura, las Epistolas de Santa Catalina de Sena y pocos más...”
Por tanto, las principales fuentes externas del libro de los Ejercicios son: Vita Christi, Kempis o Imitación de Cristo, Flos Sanctorum y la Santa Biblia.
Para que el lector se dé cuenta de la importancia de estas obras, parécenos conveniente apuntar algunos juicios explicativos de ellas.