(Folk-Literature)
Reading edition
Muy señora mía de toda mi consideración:
Como recuerdos de un ser querido, de mi difunta madre, yo guardaba, como oro en paño las pocas poesías que he conseguido de entre millares que ella había escrito cuando llegaron á mis manos las excitaciones de Vd. para formar una Bibliotheque internationale des Œuvres de Femmes, con motivo de la próxima Exposición Universal de París (1889).
Comprendo que poco ó nada valen estas poesías, especialmente porque están escritas según el gusto y estilo puramente filipinos ó ilocanos, que nada tienen de comun ó conforme con el gusto y arte europeos. Acaso parecerán irrisorios á muchos; pero no á los sábios folk-loristas, filólogos y, sobre todo, á Vd. cuyo objeto, por su carácter internacional, tiende á formar un archivo de gustos y estilos, y mientras más variedad haya, será más rico aquel.
Las presentes composiciones, al menos, podrán servir para conocer las especialidades de la Poética filipina, en general ó de la ilocana en particular, y casi estoy seguro de que también para el objeto que se propone.
Para llenar su segundo objeto de conocer la historia de la instrucción de la mujer, escribiré diferentes capítulos sobre la mujer filipina en los primitivos tiempos; su instrucción por los españoles; y sobre la filipina y la literatura; pero antes de esto, convendrá presentar un esbozo moral y físico de ella, como voy á hacerlo enseguida.
Y por último, daré las poesías de D.a Leona Florentino con su traducción y comentarios, divididas en dos partes: Felicitaciones, y Poesías eróticas, y para que se puedan apreciar bien, dedicaré antes algunos párrafos á la Poética filipina.
Perdóneme Vd., muy ilustrada señora, si por mi natural amor á mi madre (q. e. p. d.), he dado á sus poesías la importancia que acaso realmente no tengan.
Reciba mi entusiasta aplauso á su excelente idea y permítame besar respetuosamente sus piés.
A mi madre
¡Santa mujer! ¡dichosas madre que con inefable amor me estás mirando desde el cielo! dime:
—¿Quién si no tú, me habrá amado más en el mundo?
Me diste á luz al borde del sepulcro. A poco ibas á morir por mí; pero Dios permitió aún que yo creciese con tus caricias y disfrutase de tu amor infinito.
Más … ¡pobre madre y pobre hijo! Cuando moriste, no tuve siquiera el consuelo de recoger tu último suspiro, en el cual iba envuelto mi nombre que invocabas en vano. Yo estaba ausente, precisamente cuando ya jóven, podría y debiera hacer algo por devolverte tantos favores que me habías dispensado.
Íntegra, pues, quedó mi grande deuda contigo y ya ni puedo ni pudiera habértela pagado toda.
Coleccionando y publicando tus poesías, ¿te habré tributado homenaje de gratitud?
Eso no basta; tal vez no te agrade, porque en vida no querías publicar tus escritos.
Sin embargo, madre mía, ya que fuiste siempre muy buena y condescendiente conmigo, perdona y déjame una vez más satisfacer este capricho de tu hijo.
I
LA MUJER FILIPINA
Las facultades intelectuales del hombre moreno de Filipinas y las de los europeos son enteramente idénticas, faltando solamente en el primero instrucción, y para adquirirla, le desfavorece el clima intertropical que por su alta temperatura enerva las fuerzas y frustra los buenos deseos de estudiar.
Pues bien, es opinión general que la mujer es superior al varon de Filipinas, moralmente hablando. Es más inteligente. Por eso siempre se vé el marido dominado por ella. Para ésta, aquel es casi como una máquina; le dirige á su gusto, y le impone sus caprichos, su amor propio. Así, en las disensiones muy reñidas, graves ó de pura etiqueta, siempre se supone que son obra de las mujeres, y efectivamente una vez ganada la voluntad de éstas, la calma suele venir como por ensalmo.
Hay hombres curanderos que conocen maravillosas virtudes secretas de plantas medicinales; pero son muy charlatanes, y las curas que hacen las atribuyen á influencias supersticiosas. Ahora, colocadles al lado ó delante de las curanderas, y su parlería cesa inmediatamente dominada por la verbosidad sorprendente de éstas.
Sin embargo, las filipinas no abusan de esta gran influencia que ejercen sobre sus maridos; ellas son todo amor y por lo regular trabajan más que el varón para ganar el sustento de la familia, y en Manila y otras provincias centrales, suele verse que la mujer es la que sale afanosa por la morisqueta ó pan diario, y queda en casa el marido desempeñando las tareas domésticas, propias de la mujer.
Y es de advertir que el Sr. de Más que esto escribe, es el autor que ha dicho las más abominables calumnias contra los pobres filipinos.
La filipina es indisputablemente cosa singular: Ella se adelantó en introducir una reforma buena, que según mis noticias ni aún en Europa se practica hoy día. Me refiero á que son mujeres las que están al frente de los bazares y tiendas en Filipinas. En Europa y América se busca con tanto afán nuevas tareas, no muy pesadas, para las mujeres. ¿Y por qué no se acuerdan los tenderos de ceder su puesto á las mujeres, yendo ellos en busca de trabajos más dignos de los brazos de que Naturaleza les dotó?
En cuanto á negocios, tienen ellas muy especiales aptitudes. Conozco á muchos filipinos cuyo talento é ilustración son bien conocidos, y sin embargo, sus esposas son las que se encargan ó dirigen los negocios, porque son felices en sus cálculos, mientras aquellos con sus teorías sufren á cada paso lamentables fracasos.
La filipina cose, cuece, dobla cigarros, teje, borda, descascarilla arroz, (operación corporal muy pesada, impropia de su sexo), pesca ó recoge mariscos, es maestra muy buena de instrucción primaria, toca el piano, arpa, violin, guitarra, canta, representa en teatros, enseña á bailar, vende y revende, etc. Y todas sus obras, como por ejemplo, sus bordados, sus tejidos y cosidos son muy excelentes y en la Exposición Filipina celebrada en Madrid en 1887, fueron premiadas muchas de ellas, algunas con medallas de oro.
La filipina es simpática, muy devota, buena madre, buena hija y excelente esposa.
En cuanto á sus caracteres físicos es de color moreno por lo regular, y hay algunas de hermosura especial, que no se comprende con explicaciones, sino viéndola.
II
LA FILIPINA EN LOS PRIMITIVOS TIEMPOS
La influencia de la mujer sobre el varón data de la época primitiva.
Pero hay mucha verdad en el fondo.
Como ocurre siempre en las naciones jóvenes ó nacientes, Filipinas estaba dominado por la aniteria ó fetiquismo malayo, y naturalmente los sacerdotes ejercían influencia sobre el pueblo, hecho juguete de sus oráculos. Pues bien, la mayoría de esos ministros eran mujeres.
Estas sacerdotisas se llamaban entre los tagalos Katalonan, entre los visayas Babailan, entre los monteses de Abra Baglan, y entre los pangasinanes, managanito.
Las sacerdotisas eran astutas y muy listas, aunque su buena fé y decoro andaban por los suelos.
En los sacrificios vestían unos estrambóticos trajes con una cabellera amarilla postiza, sobre la cual ostentaban una especie de diadema, llevando en la mano un abanico de paja. Y la que servía de sacristana ó ayudante, que era una jóven, aprendiz y aspirante á babailan, llevaba una caña delgada, como los maestros de ceremonias su varita.
En casos de enfermedad se sacrificaban cerdos ó gallinas, según los recursos del paciente. Comenzaban dichos sacrificios colocándose, en un altar convenientemente adornado, la víctima con otros comistrajos y bebidas. En esto, la sacerdotisa rompía á bailar al són de ensordecedores tambores, ramas de palmera y trompetas de caña, haciendo ademanes y visajes muy análogos á los que hasta ahora se vea en las batallas de las comedias filipinas y alzaba con frecuencia los ojos á lo alto, fingiendo ver y hablar con siniestras visiones. Da ella una lanzada á la víctima y con la sangre los concurrentes se mojan la frente y untan al enfermo. Baila otra vez y cae al suelo como extasiada cierto tiempo, y una vez recobrada la razón cuenta las inspiraciones que dice haber recibido de los dioses durante su éxtasis, cuyas inspiraciones son ambiguas, de tal modo que sea cual fuese el resultado ó desenlace de la enfermedad, tenía siempre la sacerdotisa subterfugio y era en vano tratar de cogerla una mentirosa profecía. Despues limpiaban y asaban la víctima y se la repartían, correspondiendo á la sacerdotisa la mejor parte, ademas de la paga que recibía. Estos sacrificios se practican hasta ahora por los monteses de Luzón.
A veces, cuando el enfermo era un principal (especie de noble), se inmolaban hasta esclavos para aplacar la ira de los anitos, y en Cebú la sacerdotisa atravesaba con una lanza á las víctimas.
Tambien intervenían las sacerdotisas en las ceremonias de la boda y de la purificación de los que habían estado en el cautiverio.
Y eran al propio tiempo curanderas.
Otra prueba de que la mujer filipina siempre ha ejercido cierta influencia sobre los varones, es que figuran diosas en su Mitología primitiva, como Bugan, Buhas, Dalingay, Daungen, Baingan, Libongan, Libugon, Limoan y otras.
Hasta hoy dia en Filipinas se respetan, mucho por miedo á las supuestas mangkukulam y asuang (mujeres endemoniadas.)
Cuando en 1521 llegaron los españoles á Filipinas, éste no era ya un pueblo salvaje. Ya los habitantes estaban agrupados en pueblos; sostenían relaciones mercantiles con China, Japon y los musulmanes de Borneo, Molucas y otros paises malayos del Asia; usaban armas de fuego, hasta cañones; imponían derechos de aduana, profesaban una religión, que denotaba no mucho atraso, pues conocían el alma; poseían escritura propia y tenían una constitución social y legislación consuetudinaria ó basada en los usos.
Según dicha constitución, había cinco clases de personas: 1.a la principalía, especie de nobleza; 2.a la de los libres (kailian ó kabalangay); 3.a libertos ó timaua (algunos autores refunden la 2.a y 3.a clase en una sola); 4.a aparceros ó aliping namamahay; y 5.a esclavos ó aliping sagigilir. Y dentro de esta división general cabían algunas subdivisiones.
A la 1.a clase pertenecían aquellos que ya por sus riquezas, ya por sus fuerzas físicas ó sagacidad se distinguían en los pueblos; los ricos y sus familias, que nunca fueron esclavos. Esta clase gozaba de ciertos privilegios, estando exenta de prestar los servicios que tributaban los timaoas y era el plantel de los aris (régulos) y de sús ancianos consejeros.
Un régulo dominaba en una provincia, disponía de vidas y haciendas; pero no de una manera muy arbitraria, recibiendo tributo de sus vasallos.
El poder, se decía que era hereditario: pero la verdad era que se conquistaba ó arrebataba á viva fuerza. El P. Rada, que vino á Filipinas con Legaspi en 1564, escribe: «casi todos los caciques son tiranos que han conquistado su puesto por el pillaje y fechorías.» Si, muerto el régulo, no dejaba más herederos que alguna pobre mujer, el principal más poderoso, no tardaba en arrebatarla el trono.
Pero las herederas eran muy listas y procuraban casarse cuanto antes con un poderoso principal que pudiera sostener sus derechos en el campo de batalla, como lo hizo la hija del cacique de Cebú Hamabao, y hasta obligaban, una vez casadas, a sus padres régulos, si éstos eran ya decrépitos, á abdicarles el poder en vida. Pero sólo entraban heredar el poder las hijas en defecto de herederos varones.
El mirar la mujer de los principales, ó el pasar por el lugar donde se estaba bañando ella, se castigaba con la esclavitud.
Ésta era más benigna para las mujeres. Los tomatabanes de los visayas estaban obligados á trabajar cinco días al mes en beneficio de su señor en las faenas agrícolas, pagando además un tributo anual de cinco fanegas de arroz. Y las mujeres de la misma clase tejían é hilaban, cuando lo ordenaba el amo, medio dia, siendo la otra mitad en beneficio propio.
Las mujeres tumarampoke y halon (clases inferiores de la esclavitud) trabajaban constantemente en las casas de sus señores; pero éstos estaban obligados á alimentarlas.
Hé aquí las ocupaciones de las filipinas en general, en la época de la conquista española.
Para los efectos de las leyes tradicionales no valían las circunstancias de sexo y edad.
En Luzón se practicaba la monogamia y en varios puntos de Visayas se admitía la poligamia.
La mujer no aportaba dote ni otra cosa alguna á la sociedad conyugal, sino en todo caso, lo que la correspondía de herencia en los bienes dejados por sus parientes difuntos. El varón era el que tenía obligación de llevar al matrimonio considerables donaciones propter nuptias, para asegurar el porvenir de su futura esposa.
Los bienes gananciales se repartían en partes iguales, disuelto el matrimonio. Si el divorcio era por culpa de la mujer, se quedaba sin las donaciones propter nuptias: en otro caso eran para ella; si ésta moría, dichas donaciones pasaban á sus hijos y en su defecto, al padre de ella; y si el esposo fué el que murió, la mujer heredaba dichas donaciones. Por lo regular, éstos eran los únicos bienes del esposo; y como, se vé, la mujer estaba muy favorecida por los usos legales de los antiguos filipinos.
Un borracho que hubiese prometido á una mujer casarse y luego, recobrada la razón, se retractaba, tenía que pagar una multa.
En una palabra, las leyes costumbres de Filipinas eran muy generosas para las mujeres, lo cual indica que desde entonces data la influencia actual que ejercen sobre los varones.
En cuanto á las costumbres, la madre era la llamada á dar nombre á sus hijos recien nacidos.
Terminaremos este punto, con dos palabras acerca de la primitiva indumentaria de las mujeres.
Éstas traían, en la coronilla el moño graciosamente enlazado: las visayas lo dividían en dos, y las de Cebú llevaban guirnaldas de flores á veces. Cuidaban de que el cabello tuviese un negro brillante, usando para ello de lavatorios de cáscaras de ciertos árboles, aceite de coco mezclado con almizcle, y otros perfumes, el gogo (Entada pursaeta, De Candolle), legía de arroz, etc. Bruñían y afilaban desde la infancia su dentadura, la barnizaban de negro y guarnecían de oro. Las visayas la embutían con este metal agujereando los dientes.
Adornaban sus orejas con grandes aretes de oro, para lo cual agujereaban los lóbulos desde niñas y tanto más rasgados y abiertos los agujeros, eran para ellos más vistosos. Estos eran dos en cada oreja para un pendiente pequeño y para otro grande.
Las filipinas rodeaban sus cuellos de muchas cadenas de oro; brazaletes de idem y márfil llamados kalombigas aprisionaban sus antebrazos, y algunas llevaban sartas de piedras cornerinas, ágatas y otras azules, y blancas de su estima. En las piernas llevaban por cenogiles sartas de muchas piedras, y muchas cuerdas teñidas de negro que las rodeaban. En los dedos sortijas de oro y piedras.
Llevaban una especie de sayuelo de diversos colores con mangas muy cortas, y una saya igualmente ancha de arriba abajo que llegaba hasta los piés, con pliegues que recogían en la cintura, echándolas á un lado. Y cuando salían de casa, llevaban por abrigo ó velo unas mantellinas de varios colores, siendo las de las principales, de seda carmesí ú otras telas tejidas con oro y guarnecidas con ricos franjones.
III
LA INSTRUCCIÓN DE LA FILIPINA POR LOS ESPAÑOLES.
Tal era el estado en que los españoles encontraron á la mujer filipina.
Los misioneros eran los encargados de educar al pueblo filipino y naturalmente empezaron por catequizarle y por inculcar las nuevas doctrinas del Crucificado, y como las creencias no se mudan cual un traje, hubieron los apóstoles del Cristianismo que tardar años y siglos para desterrar todos los restos de la Mitología malaya, que aun se conserva en toda su pureza entre los monteses, y ahora quedan aun reliquias de aquella en el ánimo de los más devotos filipinos. Y si no, ¿qué son esas supersticiones, que no se comprenden bien en algunos que alardean de muy devotos de Jesucristo?
Si; tardaron siglos los ministros de doctrina, y habrian tardado más, si no hubieran sabido aprovechar la superioridad moral de las mujeres sobre los hombres. Y así como los Sonats y Bayok (especie de Prelados) de los antiguos filipinos, preferían á las mujeres, como ayudantes para predicar el culto de Bathala y de los Anitos, asi los misioneros las escogieron para renovar la Religión antigua de Filipinas.
Sólo á principios de este siglo se regularizaron los seminarios de sacerdotes indígenas.
Mientras ya en 1594 la Hermandad de la Misericordia estableció un colegio, en que encontraban amparo y educación las huérfanas de padres españoles; y en 1684 el Beaterio de la Compañía se inauguró para el recogimiento de las devotas indígenas y la educación cristiana de las niñas; Sta. Catalina, beaterio desde 1696, se convirtió en colegio de niñas en 1732. En 1719, el Beaterio de San Sebastián, que es al mismo tiempo establecimiento de enseñanza para las niñas. En 1810 se inauguró el Hospicio de San José y volvió á abrirse en 1828; en este colegio se enseñan también niñas. En 16 de Marzo de 1864 se encargaron de la Escuela Municipal las Hermanas de la Caridad, que fueron las que esmeraron y ampliaron la educación de la mujer filipina. En 18 de Setiembre del mismo año se encargaron del colegio de Sta. Isabel, en el que se refundió el antiguo de Sta. Potenciana; en Enero de 1866, del colegio de Sta. Rosa; en Abril de 1868, del colegio de Sta. Isabel de Nueva-Cáceres, en Mayo del mismo año inauguraron dichas Hermanas el colegio de la Concordia, en Abril de 1872 se fundó el colegio de San José de Jaro; y en 27 de Julio de 1885 la casa de San Vicente de Paul en Dilao (Manila). Y en estos años se van multiplicando las maestras y los colegios particulares de niñas, y estas serán las que difundirán en Filipinas la ilustración y el progreso.
Pero lástima que se enseñen entre conocimientos buenos, otros no muy necesarios en detrimento de los más precisos.
Desde el principio de la Conquista, la mujer filipina no aprendió más que las doctrinas cristianas y admira su mucha instrucción en esta materia. Solo las Hermanas de la Caridad ampliaron la reducida esfera de sus conocimientos en 1864, y más tarde, en 1866 á 83, las Religiosas dominicas, encargadas de la dirección del Colegio de Sta. Catalina, siguieron las mejoras introducidas por aquellas.
Hé aquí las asignaturas que se enseñan en los colegios filipinos de niñas.
Clase ínfima: Lectura con letras movibles y cartillas, principios de escritura, nociones de doctrina cristiana; de Historia sagrada; de Aritmética con el tablero contador ó bolario, de Gramática y Analogía por letras movibles, y Urbanidad práctica.—Labores: hacer media, principios de crochet, puntos de tapicería, dobladillos y principios de costuras; unión de idem por un calado.
Clase media: Lectura en prosa; escritura, con carácter español é inglés; doctrina cristiana; Ortología; Historia sagrada; Aritmética (las cuatro reglas); Gramática con análisis de analogía; Urbanidad; explicación del sistema métrico con el cubo generador métrico.—Labores: Hacer costuras sencillas con pespuntes y vainica; coser camisas de caballero; variación de calados en tela; puntos variados en algodon y lana con agujas de media; labores de crochet, de frivolité en lana, y de horquilla, bordados de tapicería sobre paño y alpaca; principios de bordado en blanco.
Clase Superior: Lectura en manuscrito y verso; escritura con carácter español, inglés y redonda; Ortografía; Aritmética, sistema decimal, quebrados comunes, denominados, regla de tres simple y compuesta, directa ó inversa, de interés compuesto, de aligación, compañía y la falsa posición; Gramática, análisis de analogía y sintáxis; explicación de la Doctrina cristiana; Religión y Moral; Historia sagrada, antiguo y nuevo testamento; Historia general, la particular de España y Filipinas: principios de Geometría; Geografía, explicación del globo terrestre, mapas físicos de Europa, España, Isla de Luzón y el sistema planetario; Historia natural.—Labores: Coser y disponen por sí mismas las camisas de caballero, variación de zurcidos; coser en máquina trabajo de macramé; bordados á realce sobre holanda y piña; idem á relieve con variación de punto en holanda y piña; calados en las mismas; idem en punto de media, principios de corte por la cuadrícula y curso de corte por el sistema métrico y simplificación; bordados sobre raso, terciopelo, glasé, moiré y tisú, con abalorio, escamas, felpones; felpillas, sedas, plata y oro; bordados de lausin negro y de colores; en cristal con felpillas y oro; grabados y aplicaciones de papel bristol; hacer flores artificiales de papel, estambre, abanicos, escamas, tela plata y oro; frutas de cera; pasamanería.
Se enseña también música vocal y piano. En el colegio de Sta. Catalina, á las que se preparan para maestras se las instruye además en pedagogía teórica y práctica. En el de Sta. Isabel, se enseña además, Geometría, nociones de Geología, higiene, economía doméstica, cocinar, repostería, y física recreativa; el idioma francés, el italiano, dibujo de paisaje y figura, y á las labores se añaden modas y confección de vestidos y sombreros de señora.
Como se vé, todos son muy buenos conocimientos, no están de sobra; pero, Mad. Wolska, compare V. ese programa con el de los colegios mejor dirigidos de Europa, y dígame si hay mucha diferencia.
En los colegios de Filipinas, absorven mucho tiempo las labores; pero ¿con qué razón hemos de obligar á todas las mujeres á ser bordadoras y costureras, cuando precisamente las que cursan en esos colegios son de familias acomodadas?…
En resúmen, fuera de los conocimientos teológicos, la, mujer filipina empieza aún á abrir sus ojos á la luz; y si se dirige bien su educación y se multiplican en provincias las escuelas normales de maestras, ellas contribuirán en mucho á la civilización del país.
IV
LA FILIPINA Y LA LITERATURA
La mujer filipina, dotada de tan delicados sentimientos; ella toda amor, imaginación soñadora, fantasía oriental, forzosamente había de inclinarse á la música y á la poesía, aún en la época prehistórica.
En efecto; allá en los primeros días de la dominación española, ya tañían con destreza singular una especie de vihuela de dos ó más cuerdas llamada Coryapi, y la música genuinamente malaya, no dejaba de ser agradable, especialmente á los oidos indígenas.
Además tocaban panderos de metal, que mientras agitaban unas, otras golpeaban con palitos, y una tercera los batía uno contra otro.
Las tonadas filipinas para bailes eran belicosas, de apresurado compás y tono ensordecedor.
Ahora los cantos eran ya cosa muy distinta, del tono menor; casi todo son ayes y quejas de un corazón dolorido, de un alma enamorada. A veces eran leyendas y pasajes de su teogonía.
¿Quiénes escribían esas poesías? Los hombres; y con más frecuencia las mujeres. Estas pasaban las noches ó sus ratos de ocio, componiendo canciones para salir del apuro, pues se estilaba antes como ahora, que los solteros y las solteras improvisaban en las fiestas una discusión musical amorosa, á veces bailando al mismo tiempo.
Empezaba el jóven declarando su pasión de una manera indirecta y simbólica; y la mujer iba contestando con evasivas, esto es, preparándose y explicando con distinciones las preguntas ó proposiciones generales del pretendiente, para luego no caer en el lazo tendido por éste. Y antes, como ahora, se usaban los discreteos amorosos en las conversaciones secretas entre mujer y galan.
Sí; las mujeres escribían con sus caracteres propios en lo liso de las cañas ó en las hojas del bananero por medio de punzones de hierro, «y muy pocas—escribe Morga, autor antiguo—hay que no escriban muy bien y con propiedad.»
La mujer de entonces es la misma de nuestros días, acaso con menor afición ya á escribir; pero sus epístolas amorosas están impregnadas de férvido amor y tiernos sentimientos. Y denuncian febril imaginación en las autoras.
Muchas, muchísimas son naturalmente poetisas; pero no os alarmeis, que pronto vamos á ver lo que es la Poética filipina.
V
LA POÉTICA FILIPINA
Es muy especial. El oido del poeta es el único ritmo y su capricho el metro. Sólo una rima muy imperfecta y sui géneris se observa en ella; no hay asonantes ni consonantes; mejor dicho, sí los hay, pero no es necesario buscarlos, pues en el verso se prescinde de que sean tales.
Si la última letra de un verso es vocal, todos los demás de la misma estrofa deben terminar en igual letra, advirtiendo que los filipinos suelen confundir la O con la U, y la E con la I, lo cual obedece á que los dialectos filipinos tenían sólo tres vocales en la época de la Conquista, y en su antiquísimo alfabeto había una letra que representaba la E y la I indistintamente, porque entre estas letras no existía diferencia alguna y se usaban según los gustos de los que hablaban, si eran de poblado ó de campo. También había un carácter que del mismo modo representaba la O que la U.
Los filipinos consuenan la sílaba acentuada con la nó. Y si un verso acaba en los diptongos ao ó io (aw ó iw) que son de sonido especial, los demás de la misma estrofa deben terminar en los mismos diptongos.
Si la terminación de un verso es consonante, los demás deben acabar en sonidos semejantes, como por ejemplo: se consuenan entre sí paít, láng̃it y lading̃it.
Cada estrofa contiene sólo cuatro versos, y puede tener diferente terminación de las demás. Excuso decir que en la Poética filipina no hay sonetos, sáficos, cuartetos, redondillas ni cuartetas propiamente tales. Los tagalos ya cuentan las sílabas, y á veces emplean estrofas de cinco ó más versos.
Para las felicitaciones emplean versos acrósticos.
Hé aquí la forma de las poesías filipinas.
Digamos otras dos palabras de su fondo.
Está demás desmentir al poeta que ha aseverado que ni los indígenas de Filipinas saben amar, ni sus pájaros trinan, ni sus flores perfuman. En Ilocos, por ejemplo, no se cometen homicidios sino por celos, y ya se sabe que los celos son efecto del amor.
Los filipinos, aún los monteses, poseen una fantasía ardiente como nuestro cielo, y fecunda en imágenes.
Sus pensamientos y símiles son expresivos, muchos revelan salvajismo, y son curiosos precisamente por su valentía salvaje; pero se resienten de la falta de arte que los coordine y pulimente á fin de que surtieran efecto de gusto literario ó acaso mejor dicho europeo; porque hay varios gustos en este punto y es de saber que aún con su desorden y falta de arte, las poesías filipinas nos gustan á nosotros los filipinos. Blumentritt escribe: «la poesía demuestra particularidades especiales porque es acto del temperamento.»
Muchos pensamientos se expresan con altisonante romanticismo y muchos símiles se emplean con impropiedad, como decir por ejemplo: Sol resplandeciente, embriágame de dulce aroma.
Hé ahí los caracteres generales de la Poética filipina. Ahora, para comprender bien sus múltiples particularidades, es preciso estudiar y analizar los mismos modelos.
Los que á continuación damos, pertenecen á la difunta Doña Leona Florentino, muy conocida poetisa en toda la comarca ilocana, á pesar de no haber publicado en periódicos ninguna de sus composiciones.
Ella no había estudiado en ningun colegio y aprendió el castellano con un maestro indígena privado. Sus poesías ofrecen interés, porque son naturales, originales de ella, no moldeadas en el estilo europeo, sino en todo caso en los indigestos y anti-estéticos libretos de comedias ilocanas que abundan en su país; son genuinamente del estilo filipino las poesías de dicha señora, á quien repugnaba plagiar, hablando con desden de los plagiarios.
Su facilidad en escribir era poco comun, y en cartas, á veces dictaba á tres amanuenses; escribiendo ella además otra carta. Y era aficionada á escribir y leer libros en ilocano.
Escribió varios sainetes amargamente satíricos contra aquellos á quienes quería fustigar. Estos salían vivamente retratados y siento no haber hallado alguno. Tal vez los interesados procuraron su desaparicion; pero algunos son muy conocidos en Vigan.
Calculo en más de diez tomos de regular volúmen todos sus escritos; pero ella misma no daba valor ninguno á sus escritos y enviaba los versos á quienes se dirigiesen ó se los encargasen, sin tomar ninguna copia. Los ilocanos y todos los filipinos en general, somos así; no damos ninguna trascendencia á nuestras composiciones y las redactamos para leer una vez sola é inutilizamos después. Y esta mala práctica debe datar de las edades prehistóricas, y por eso no se conservaba ningun escrito antiguo, cuando arribaron á estas playas los españoles.
Considero un triunfo el haber conseguido algunas poesías de la señora Florentino, de personas que sólo por casualidad las conservaban. Cuando ella vivía, yo casi niño aún, no sabía apreciar el valor que pudieran darlas los folk-loristas, filólogos y las ilustres iniciadoras de la Bibliotheque internationale des Œuvres de Femmes. Y mi ausencia en el pueblo, cuando ella murió, también contribuyó á la desaparición de los pocos originales de ella que se conservaban en nuestra casa.
Traduciré literalmente la siguiente composición, para que se puedan comprender los giros especiales de la Poética ilocana, y al mismo tiempo, las particularidades de la estructura del idioma ilocano.
VI
FELICITACIONES
1.a
A Vicenta y Severino en el dia de su boda.
Dimteng itay, cacabsalco á caing̃ung̃utac
ti aldao á tinuding̃an ti Dios á poon ti imbag
a incay panagasaoa panagcaysa á siayat
iti natan-oc á Sacramento á incay inaoat
Natungpal itayen ti tinartarigagayanyo
á pinagcal-láysa daguiti puspusoyo;
ti napateg á bendicíonna inaoatyo
iti Santa Iglesia ng̃a inátayo.
Cumplióse ya antes lo que habiais anhelado
la estimable que bendición suya habeis recibido
Itan ti cababalinto panagbiagyó
nupay dua maymaysa ti baguiyo.
á mang̃ipaquita mang̃ipatalgued cadacayó
ti rebbengyo á panagayan-ayat panagdung̃o-dungng̃o
Ahora-ya la práctica de-la vida-vuestra
aunque dos (debieran ser) uno el cuerpo vuestro
lo que debeis amaros (y) estimaros.
Iti caoar á mamasingalot cadaguiti pusoyo
dinto maoar-oaren inganat lungpal biagyo
rosasto laeng ti arigna no tungpalenyo,
ti panagayan-ayat á incariyo
La cadena que eslabona á los corazones vuestros
jamás se desenlazará hasta el fin (de la) vida vuestra
el mutuo-amor que prometido habeis.
Anansata no ragsac ti maysa ragsacyo á dua
no rigat ti maysa, rigatyo met á dua
aday-oanyo ti ilem quen panagduadua
á mang̃irurumen ti sudi ti panagtalentalec ti agasaoa
si tormento de uno, tormento-vuestro también que dos;
alejaos-de la sospecha y dudas
que pierde la pureza de la confianza de los esposos.
Alá Severino aoatem ti capalgan á saniata
á ited ti Aputayo á Dios á isagut quenca
salimetmetam cas napateg unay á perla
i’a nagmumutan ti pusom ti concha á pacaidulinanna
Ea Severino, recibe el más estimable que bien
ese fondo del corazón tuyo (será) la concha en que se guarde.
Isu dayla daydi sabong á inca naquita
ti sidong asi quen dongng̃o ti maysa ng̃a iná
á naiduma ti lasbang quen rangpáyana
iti panagdungng̃o, panagtaraquenna
Es esa aquella flor que has visto
en el regazo, compasión y estimación de una que madre
en medio de estimaciones (y) cuidados-suyos.
á mang̃isina, mangyadayó ti dinnana
Aunque (es) el dolor de la razón suya
se obligó antes ya á cortarla (del tallo)
á entregar (la) para que tu también quien la cuide.
Tapno di malaylay ti rangpáyana
ti ayat quen dongng̃om dicanto isina
ta isunto ti cas linnao á pagbiaganna.
quen mangted ti nacay-ayát á lasbangna
Para-que no se-marchite la lozanía suya
porque será el como rocío por el cual viva
y (quien) dará preciosa que lozanía suya.
Ti nadungng̃o á panagtaripatom quencuana isunto ti cas bálsamo á mangserra iti sugat á gapuanan ti pannacaisinana cadaguiti ima á nacasapsapuyutanna El amoroso que cuidado tuyo á ella será el como bálsamo que cierra la herida que (es) huella de la separación suya de las manos en que se cuidó.
Quet sicá caing̃ung̃utco á Vicenta.
ti sudi quen dalusna inca ipaquita
ti pinagayalmo itá pinilim asaoa
á nangyaoatam ta pusom quen ima
Y tú querida mia que Vicenta
el valor y pureza suya vé á demostrar
á quien entregaste tu corazón y mano.
Anansata amin á pinagtignaymo inca ipaquita ti tarigagaymo ng̃a agservi quencuana: ammoem amin ti pagayatanna isu ti aramidem uray dina ibaga quenca Por lo tanto, (en) todos que movimientos tuyos el deseo-tuyo de servir-le; aprende todo lo que quiera (y) es lo que hagas aunque no lo diga á tí.
ti bung̃a ti panagasaoayo
ipaquitamto ti dacquel á salucagmo
iti pannacaay-oanda pannacasursuro
Si el señor nuestro que Dios daráos
demostrarás el grande que previsión tuya
en el modo de que cuiden (y) eduquen.
Panunutem á isuda ti capatgan á saniata á mabalin á iparabur ti Dios quenca á ragsac quen lio-lioam diloy rabao ti daga á inganat biagyo sumina Considera que son el más estimable que bien con que pueda favorecer el Dios á tí. la alegría y consuelo tuyo aquí en la superficie de la tierra hasta la vida vuestra se separe.
No ubingda pay á maladaga
agaoamton á imaldit iti pusoda
ti panagayat quen panagbutengda
iti Aputayo ng̃a Dios á namarsua cadacuada
procurarás ya grabar en el corazón suyo
el amor y temor suyo
al señor nuestro que Dios quien crió á ellos.
Amin met á tao á cadindinnam nangrona daguiti nacaicamang̃am naragsac á rupa ti ipaquilam agraemca quet inca ida padayaoan Todos también los hombres con quienes te roces especialmente los suegros tuyos alegre que cara la que muestres respeta y vé á ellos venerar.
Quet tapno malungpalmo quen masarquedam
amin daguitoy á pagrebbeng̃an
ti aputayo á Dios ti inca pagdeoatan
ti tulong ti gráciana anadiosan
Y para que cumplas y soportes
el señor nuestro, que Dios (es) á quien vas á pedir
el apoyo de la gracia suya que divina.
Mayarig coma ti panagbiagyo ng̃a agasaoa
ti dacquet ng̃a urnos quen talnada
quen nasam-it unay ng̃a ay-ayatda
Semeje ojalá la vida vuestra de casados
á S. José y la Vírgen María
á la grande que-armonía y tranquilidad suya
y al tierno muy que amor suyo.
Cas coma agayus á maysa á carayan ti litnao ti danumna a pagsarming̃an di coma maririboc quen mapitacan cadaguiti rigat ditoy daga á pagluluáan Cómo ojalá desliza el uno que rio la pureza del agua suya que se puede servir de espejo no ojalá se enturbie y se enlode con los tormentos de esta tierra donde se llora.
Iti camoudiananna daoalec iti Dios ú Apútayo ng̃a iccannacay ti nanam-ay á panagbiagyo, dacquel quen saan á maracrac ng̃a urnosyo ingana patay ti magteng̃anyo Por último pido al Dios (que) Señor Nuestro que de-os la feliz que vida grande y que no se destruya que armonía hasta que la muerte es la que encontreis.
Agaoaanyo ng̃a iburic iti uneg ti púsoyo
napatég á gameng á idátonco
itoy nagasat unay ng̃a aldao ti panagbódayo
Procurad grabar en el fondo de vuestros corazones
este consejo que doy á vosotros
valioso que bien que ofrezco
en este venturoso muy que dia de la boda vuestra.
Vigan 9 de Mayo de 1877.
⁂
Estoy seguro de que los filólogos me agradecerán la traducción literal anterior, habiendo procurado conservar en las notas las particularidades del idioma ilocano y de su estructura.
¡Qué diferente ésta de la de los idiomas de orígen latino!
A todos parecerá á primera vista la anterior poesía como una cadena de grandes disparates gramaticales; pero perdonadme el que me atreva á calificarla de bastante buena. Será muy difícil conseguir que mis lectores europeos se conformen conmigo, y lo comprendo, porque no les es dado profundizar la literatura ilocana.
Hay diversos gustos en las poesías, y gustos tan opuestos como el europeo y el filipino. En efecto; un poema del mejor vate que ha tenido Europa, traducido literalmente, en el sentido riguroso de la palabra, no nos llama tanto la atención como una poesía nuestra, medianamente buena.
Yo, desde niño, he estudiado la literatura europea; se ha formado mi gusto estético en los colegios españoles; y me gusta infinitamente más la literatura europea que la filipina. Y sin embargo cuando oigo una canción del país, me encanta muchísimo, aunque después, analizando sus frases, resulte un cúmulo de disparates.
Hé aquí la traducción libre, pero fiel, de la anterior felicitación-consejo.
«Ya llegó, mis queridos hermanos, el día señalado por Dios; la fuente del bien, en que os casárais y uniérais en el sublime sacramento, que acabais de recibir.
«Ya se cumplió la fusión de vuestros corazones, que tanto habeis anhelado, y recibisteis la estimable bendición de nuestra Sta. Madre Iglesia.
«Ahora, aunque tengais dos cuerpos, sois como uno sólo en la práctica de la vida; tal es vuestra obligación de amaros y estimaros mutuamente.
«La cadena que eslabona vuestros corazones, jamás se romperá hasta vuestra muerte, y si cumplís vuestra promesa de amaros, tendreis una vida sólo comparable, á las brillantes rosas.
«Por lo tanto, el objeto de alegría para uno, lo será para vosotros dos, y así tambien en los tormentos; desechad las desconfianzas y sospechas que perturban la buena armonía de los esposos.
«Esa, Severino, recibe el más estimable bien con que Dios te pudiera favorecer; guárdalo como si fuese valiosísima flor, y el fondo de tu corazón sea la concha que la oculte.
«Esa es aquella flor llena de lozanía y hermosura singular, que viste en el amoroso regazo de una madre, que la cuidaba con solicitud y estimación.
«Aunque fuese muy doloroso para ella privarse de su hija, se obligó á entregártela para que tu la cuides como la había criado.
«Para que no se marchite su lozanía, no separes un momento de ella tu amor y tu estimación, que serán el rocío que la fecunde y dé nueva lozanía.
«Tus amorosos cuidados serán el bálsamo que cierre la herida que ha recibido al separarse de aquellas manos que la habían acariciado.
«Y tu, mi adorada Vicenta, demuestra el valor y la pureza de tu amor hácia el esposo á quien has escogido, al entregar tus manos y tu corazón.
«En todas tus acciones, pués, has de demostrar tus deseos de servirle; inquiere lo que más le agradece y hazlo, aunque no te lo diga.
«Y si Dios os concede algún fruto de vuestro matrimonio, has de cuidarle y educarle bien.
«Considera tu que vuestros hijos serían los más estimables bienes con que Dios pudiera favorecerte; y serían tu alegría y consuelo en la tierra hasta vuestra muerte.
«Cuando niños aún, ya procurarás grabar en su corazón el amor y el temor de Dios que les crió.
«Sé bondadosa con todos los que te rodean, especialmente con tus suegros, á quienes debes venerar y respetar.
«Y para que puedas soportar y cumplir con todas estas obligaciones, implora el auxilio de la gracia divina.
«Ojalá vuestra vida de casados tuviese la gran armonía, tranquilidad y tierno amor mútuo de San José y la Virgen María.
«Ojalá fuese como un rio que se desliza mansamente y cuyas aguas son tan cristalinas que puedan servir de espejo, y que no se enturbien y enloden con las miserias de este valle de lágrimas.
«Por último, pido á Dios os conceda una vida féliz, grande é imperturbable armonía hasta que encontreis la muerte.
«Procura esculpir en el fondo de vuestros corazones esto consejo que os doy, el más valioso don que puedo ofreceros en este venturoso día de vuestra boda.»
⁂
Como se vé, es de innegable importancia la anterior composición. Con gran oportunidad recuerda al esposo las caricias con que la madre criara á su hija, y el sacrificio que hacen las dos al separarse, para que aquel cuide á su esposa tan bien como la cuidara su misma madre. Y dirigiéndose á la esposa, compendia los deberes de una mujer casada en aquella estrofa que dice: «En todas tus acciones has de demostrar tus deseos de servirle; inquiere lo que más le agrade, y hazlo aunque no te lo diga.»
Que un vate europeo presento la anterior poesía con las galas de su imaginación, y no dudo que resultaría notable.
Pués bien, Leona Florentino ha conseguido hacerlo en su idioma de una manera brillante.
Es de advertir que las repeticiones que se notan en la anterior poesía, no son ripios, sino adornos literarios. Las fáciles reglas de la Poética filipina hacen innecesarios los ripios.
Para no cansar tanto á los lectores, nos limitaremos á traducir libremente las siguientes poesías, pero siempre procurando conservarlas con la mayor fidelidad posible.
2.a
FELICITACIÓN SATÍRICA
A una solterona en sus días
Cas jazmin á nalaylay ti cayarigan
no 28 añosen ti magteng̃an
quet rebbeng unay á pagdanagan
ti ng̃anng̃ani á pannacaconsúmonan.
Ata uray aniá ti aramiden
á mangtucod no aguirayen
cascasdinto la ng̃a agtuang̃en
ta iti lasbanga nalaylayen.
Sapaem ng̃ad á liclican
detoy cadaoyan á cadadacsan
ipaquitam la ti lasbangmo quen rangpayam
uray no quinabaquetmo ti madanonan.
Ta nangrona unay no caseatem ti agsúcat
íti lacom ng̃a arac
adunto la ti agayat
quenca nangruna ni S. quen ni B ….
Ong̃etmo me ti pengdam,
ta maisa met dayta á pagbaquetan
nangrona no innaca tactacaoan
ni G …. á maragampang.
Ragragsaquem la dayta naquemmo,
nagrona no maquitam ida ng̃a agcariño
ni baquet D. quen ni M ….
ta casda la tigui iti cabudo.
Alá no castá ti aramidmo,
dica duaduaen á lac-amemto
ti maicapitó á Sacramento
á insungsung ni don Domingo.
VERSIÓN CASTELLANA
VERSIÓN CASTELLANA DE LA ANTERIOR POESÍA.
4.a
De felicitaciones con versos acrósticos, Leona Florentino escribió muchas, casi se puede decir una diariamente, pues muchos la encargaban escribir. Y para salir del paso, hacía combinaciones con los antiguos originales suyos, pues ella pobre viuda tenía que atender á otros asuntos, como la administración de sus bienes.
Obran en mi poder tres felicitaciones con versos acrósticos á Cármen, otras tres á Rosa, tres á Castora, dos á Emilia, una á María, otra á Juana y otra á Tita. Pero todas se pueden reducir á las estrofas siguentes, para evitar repeticiones.
Caasi ti Dios piman
impaayna á inca nagteng̃an
iti saad á quinabalasang
quet aluadam unay ng̃a icutan.
Rrag-ó quen ragsac á di mauma
daguitoy matá á agbuya quenca
ta iti laing, libnosmo quen sadia
amin á nagbiag daegam idá.
Maysa á sabong á pagucrad
ti pangyarigac quenca á maquitac
ta iti singpetmo á nayanac
aoan quencat macaartap.
E . . . . . . . . .
Ng̃em alá iti sagudaymo á nayanac
isuda ti casmo calasag
sapay ta incanto maragpat
ti gloria á puon ti imbag.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR.
5.a
Cas rosas á naidumat sayaat
ti caaspingmo quen capadpad
ta idi timmaoca á limtuad.
aldao ni Ntra. Sra. del Carmen á naslag.
A . . . . . . . . . .
R . . . . . . . . . .
Maimatang̃an met ita ti raniagna
á gapú ti naiduma á yamanda
itoy aldao á nagpalungdoan ti gasatna.
Elementos pay á agcacapigsa
agtang̃epda amin amangayapapa.
gapú ti naiduma á panaguiamanda
itoy aldao ni N. S. del C. á nasadía.
Nagasatcanto met á agpaiso,
ta iti lang̃it maicaricanto,
no taguinayonem ti dalus quen singpetmo
quen Jesucristo ng̃a Apútayo.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
6.a
R . . . . . . . . . .
O . . . . . . . . . .
Sapay ti lang̃it ta innaca ilasat
cadaguiti isuamin á peggad
casta met ti piam quen caradcad
quen manayon á inca panagbiag.
A . . . . . . . . . .
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
… Ojalá el cielo te salve de todos los peligros y te dé salud y larga vida ….
7.a
C . . . . . . . . . .
A . . . . . . . . . .
Sabung ti cayarigan
ti macagteng iti quinabalasang
quet ti banglom ng̃a agpanapan
iti macasay-op inna bang-aran
Ta linteg ng̃a nacanatad
no magteng̃an anno mapasung̃ad
iti aldao á pannacayanac
rebbengua unay iti agragragsac.
O . . . . . . . . . .
R . . . . . . . . . .
Agbiagca met á sigagasat
ditoy dagá á napno peggad;
sapay comá ta incanto maragpat
iti gloria á puon ti imbag.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
Semeja á una flor la que llega al estado de soltera, y tu aroma qué se esparce, vivifica al que lo respire … Es ley de las buenas costumbres alegrarse cuando llega el día del cumpleaños … Vive venturosa en esta tierra llena de peligros y ojalá alcanzes la gloria, fuente del bien.
8.a
Cas rangas quen tabilang
iti bilin ti linteg á naindayaoan
no bay-ac ti cumablao ita biang
itoy pannacayanacmo á naingasatan.
Anansata tapno innac maliclican
daytoy á cadaoyan á cadadacsan
pinilic itay á guinamgam
ni pacumbaba á cas inna carbeng̃an.
Sam-it quen ayat inca itay capnecan
iti tarigagayco á maquitam
á panagay-ayat quen panaguiaman
itoy natalibagoc unay á panagfiestam
Tandá toy ragsac quen rag-ó á napalaluan
toy felicitación ng̃a itdec á sipapacurang
quet nupay no nanomó ibilangmo á capatgan
igapum itoy aldao á nacayanacam.
Oen ta isu ti pacaquitaan
iti ayat á incacabsatan
quet tarigagayac met á iparang̃arang
iti ayatco quenca á sirarangrang.
Rosas quem sabung á madumaduma
iti bangló quen nacay-ayat á buya
agucradcay amin á padapada
quet ayumuomyo ti incay yadioara.
Agnanayon quenca ti caasi á nailang̃itan
ta agtaengca ti gracia quen pia á tartarigagayan
mairanudcanto coma met á di agcurang
iti gloria ti Dios á catan-ocan.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
9.a
Essem quen yamanco diac mayebcas
no addaca laeng á sicacaoes ti salun-at
naipangrona itoy aldao á inguet gasat
á pannacasang̃aymo cas inur-urayco á nabaybayag
M . . . . . . . . . .
I . . . . . . . . . .
L . . . . . . . . . .
I . . . . . . . . . .
A . . . . . . . . . .
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
Serían indecibles mi satisfacción y alegría, si estuvieses vestida de perfecta salud, especialmente en este fausto día de tu nacimiento, que hace tiempo ya esperaba.
10.
Eggued á nailang̃itan ti sumabat
daytoy aldao á inguet gasat
á mang̃ipaquita mang̃ipamatmat
iti naiduma unay ng̃a ragsac.
Ngem degdegan met comá ni Jesús quen María
ti salun-atmo, bileg quen pia
sapay ta incanto maicaysa
tí biag ti agnanayon á gloria
. . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . .
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
Las gracias del Cielo favorezcan este día muy feliz, para que se celebre con los debidos regocijos.
Y qué Jesús y María te concedan salud, bienestar y fortaleza contra tus enemigos y que después vayas á gozar de la vida siempre gloriosa.
11.
. . . . . . . . . .
Ta dimteng itay quet nagteng̃an
daydi aldao á natalugading̃an
á panagay-ayat quen panaguiaman
itoy aldao á naingasatan.
. . . . . . . . . .
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
. . . . . . . . . . . .
Porque acaba de llegar el día venturoso que debemos celebrar con festejos y acciones de gracias.
12.
No se me oculta que las anteriores composiciones tienen poco ó nada del gusto europeo; pero repito que hay varios gustos, y advierto que no es lo mismo leer la traducción que los versos originales y sobre todo el oirlos. En una palabra, aquellos versos sosos y acaso ridículos para los europeos, no dejan de gustar á cualquier ilocano, y nos parecen cadenciosos; y no olvideis que «las coplas no han de estudiarse por bonitas, sino como materia científica,» como dice el Dr. Machado y Alvarez.
Era muy bonita poesía, semejante á la que había dedicado á los recien-casados.
A continuación vamos á transcribir una improvisación de la Sra. Florentino que es una carta-invitación á una sobrina suya con motivo de celebrar los dias de su hija Benigna:
Binnuang̃ayco ti nagsurat
nagsurat Inchay á siayat,
siayat á ta conac:
—«Inchay, agtiestaac.»
Esman toy pusoc ti agrambac,
agrambac itoy rabiy á mapasung̃ad,
mapasung̃ad á gapu ti ilulutuad
ni adim á Benigna á rabirab.
Nupay casano ti cas-ang
toy balay á inca ulian
daoatec unay itá sadiam
á ni paidam inca idian
Itan ti pacaquitaan
ti naimbag á naquem quen caanacan
ta isú ti pagpapadasan
ti naayat quen saan.
Gapuna ng̃a agdaoatac
á buyuguen quet tacunaynayennac
ta iti panagcabaguianta ti sadagac
á dicanto agcurang á maquibagrambac,
Ng̃em no ninto paay
ti inca caniac ipaay
conac á nalalaingpay
no ni naing̃et á ipapatay.
Agnanayonto quenca á mautang̃ac.
ti ganetguetmo á umarayat
utang quet rebbengconto met ti agsubad
agpapan tanem ti aguicut caniac.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
Me he propuesto escribirte, escribirte gustosa, gustosa porque te voy á decir:—«Inchay (contración de Crescencia), voy á celebrar una fiesta».—Desea mi corazón festejar, festejar esta noche que viene, la noche que viene con motivo del día del nacimiento de Benigna la charlatana.—Aunque sea muy modesta la casa á donde vas á subir, suplico á tu excelencia que deseches el desden.—Ahora se verá tu buena voluntad de sobrina, porque será la noche de prueba á los que me tengan amor ó no.—Te suplico, que vengas á ayudarme é invoco el parentesco para que no faltes á la fiesta.—Pero si el desden será el que me das, preferiría la más cruel muerte.—En cambio te agradecería la molestia que te tomases de acudir á la cita, favor que te deberé pagar hasta que el nicho sea el que me guarde.
13.
La anterior poesía es cadenciosa á los oidos ilocanos y llena su objeto humorístico; pero ¡cuán diferente lo que sucede al traducirla al castellano! Algunos poetas filipinos suelen poner en verso sus cartas privadas, aun hablando de sus negocios, de sus carabaos y otros asuntos que en nada se prestan á la poesía.
Ahora vamos á trascribir una Loa, que llaman en Ilocos; ó sea: una salutación poética á Santa Rosa de Lima ó á su imagen en el dia su festividad, que celebra todos los años su camarero.
Sabung ti rosal ti caarigmo
á di natulaoan ti quinavirgenmo
ta iti talugading quen dalusmo
naicarica ng̃a asaoa ni Jesucristo.
Amang̃an ti sudi quen daeg
ti nagan á Rosa! narasay ti mayarng̃ed,
ta isu piman ti amang quen talec
daguiti babbalasang á nasingpet.
No iti laingna aoan pumada,
ti tarnaaona quen sadía,
ta daguiti virtudes naicasigud quencuana
sipud idi itataona á naparsua.
Timmubo ng̃a cas rosas
ditoy dagá á napno peggad,
saan á naqueltay di met naumag
ti lasbangna quen sayacsac.
Aguiamanda met á siraragsac
dagup daguiti babbalasang á inmarayat
ti pannacagtengda pannacapasamac
itoy aldao á ingguet gasat.
Rayrayentay met á padapada
ti panagdevocióntay á di mapdá
quet daoatentay met iti Namarsua
á ispalennatay cadaguiti siba.
Otal-laong á nagdadagupan
daguiti naindayaoan á babbalasang
tí panagayayat diyo sardayan
panagdayao quen panaguiaman,
Sioaoacnit ti lang̃it á agbuybuya
cadaguiti rambac á maidiaya
iti ay-ayat intay met isagana
á pagdaydayaotay quen Santa Rosa,
Agbiag met á siraragsac
detoy camarerom á siayat
sapay comá ta innanto maragpat
ti gloria á puon ti imbag
TRADUCCIÓN DE LA ANTERIOR
A la flor del rosal (Rosa centifolia, L) te asemejas tú, cuya virginidad no se ha manchado, pues que mereciste ser escogida por esposa de Jesucristo.—¡Qué precioso y bonito el nombre sin igual de Rosa! es de la Santa, refugio y patrona de las virtuosas solteras.—Desde un principio ella estaba dotada de virtudes, y nadie la iguala en bondad, pureza y honradez.—Brotó como las rosas en este valle lleno de peligros; no se marchitó su lozanía ni dejó de perfumar el olor de su santidad.—Todas las solteras presentes celebran haber llegado á este día tan venturoso.—Profesémosla devoción ferviente y eterna y roguemos al Criador nos aleje de peligros.—Oh concurso de apreciables doncellas, no ceseis de alegraros, de honrarla y darla gracias.—Despejado el Cielo, contempla los regocijos que rendimos á la memoria de Sta. Rosa.—¡Viva alegre tu camarero bondadoso y ojalá alcanze la gloria, fuente del bien!
VII
COMPOSICIONES ERÓTICAS
Estas parecen mejores que las anteriores y hácia ellas llamo la atencion de los que quieran penetrar en el corazón de la poetisa ilocana ó de los ilocanos en general, pues que reflejan sus sentimientos,
1.a
DECLARACIÓN SIMBÓLICA
Iti lennaao ti Abril sinibuganna
ti sabung á nalasbang ti caliz nasilaoanna
quet iti naidumat sayamusom sinacnapna
ti maysa ng̃a agayat naliolioa.
¡Oh! nasudi á jardin quet nasalumpaya
daguiti busel ti rosas quen azucena
iti raniag ti Init ti caarigna
quet ti annaraar ti pagbiaganna.
Iti ng̃ad clavel, quen amapola
quen dadduma á sabung á narang̃paya
daguiti agadioara á ayamuomda
napacmer ti doctor ta nasay-opnaca.
Quet iti balitoc á naidumat pategna
á mapurar ti macaquita
ti bituen Matutino á conada
maatiopay ng̃arud ti raniagna.
Daguiti babbalasang á maquita
isoda á macaaois iti sayaatda
iti sayacsacda á naiduma,
á pagpupunipunan ti liólioa.
Naarcusanda ti nadumaduma
ti boocda á simmampaga
iso á macagargari ng̃a agdama
á rasucan ni ayat á napigsa.
Imatang̃am, morena,
ti naapgues á panagayatna
ta mayarigac iti maisa á amapola
á sinacnap ti Abril ti ayatco quenca.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
El rocio de Abril ha recado el brillante cáliz de una lozana flor, y su suavísimo aroma ha embriagado y consolado á un triste adorador.—Semejas á un jardin ameno y repleto de rosas y azucenas; semejas á la luz solar, de que viven aquellas.—El perfume de los claveles, amapolas y otras flores no es tan suave como tu dulce aroma, enamora hasta el preocupado doctor ó sabio.—Y el valioso oro que deslumbra á quien lo mire y el que llaman astro matutino, ambos se apaganan ante tus fulgores.—No te igualan ni las solteras, cuyos encantos singulares atraen y consuelan; cuyas cabelleras adornadas con sampagas encienden amor volcánico.—¡Ay morena! escucha y mira que soy como la amapola sedienta de amor, y tú el rocío que me pudiera, salvar.
2.a
DESESPERACIÓN
Amang̃an á ragsac quen talecda
daguiti adda caayanayatda
ta adda piman mangricná
cadaguiti isuamin á asugda.
Ni gasatco á nababa
aoanen ng̃atat capadana,
ta cunac diac agduadua
ta agdama ng̃arud ng̃a innac masagaba.
Ta nupay no agayatac
iti maysa á imnas
aoan lat pangripripiripac
ng̃a adda pacaibatugac.
Ilunudconto ti horas,
ng̃a innac pannacayanac
ta mamenribo coma á naseseat
no natayac idin ta nayanacac.
Gayagayec comá á ipalaoag,
ng̃em bumdeng met toy dilac,
á ta maquitac met á sibabatad
ng̃a ni paay ti calac-amac.
Ng̃em umanayento á liolioac,
ti pannacaammon itoy á panagayat,
ta icaric quenca quet isapatac
ng̃a sicá aoan sabali ti pacatayac.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR
¡Qué gozo y satisfacción deben esperimentar los que tienen amantes, que escuchen y sientan sus quejas.—Mala es mi suerte, no tendrá su igual, y lo digo por los tormentos que estoy sufriendo.—Porque, aunque adoro en una hermosura, no encuentro indicio alguno de que yo fuese digno de ella.—Maldigo la hora en que nací, y preferiría haber muerto en aquel mismo momento.—Trato de declarar mi pasión, pero mi lengua enmudece, porque preveo claramente que merecería desden amargo.—Pero bastará para mi consuelo que conozcas mi pasión y te juro que no es por nadie, sino por tí me muero de amor.
3.a
OTRA DECLARACIÓN DESESPERADA
Dayta imnasmo agnanayon á dardarepdepec
tumungal rabiy no innac maridep
cas maquisasao-ac quenca á sumasainnec
quet iti yas-asugco, ti liday, tuoc á sagabaec.
Nenang, timudem daytoy ut-utec
á pagsasainnecac ití naap-gues
á gapu piman iti aoan á caicarianna quen pateg,
gupdecon á toy rigatco á sanaang̃ec.
Oen imnas ta aniacad ti urayec
no gulibto met ti lac-amec
nasamsam-it la ng̃a aoatec
ti patayco no sicat mangted.
Daytoy biagco adda quenca á sitatalec
no naquemmo uray magsat toy ang̃es;
bang-aram cadin toy pusoc à sumasainnec
á umay umipeng cadaguita daeg.
Timudem detoy ut-utec
á pagsasaibbecac iti naapgues
ta no ni ayat mabati quenca à sumasainnec
quet ti tanemmo sangsang̃itan na canto met.
Daytoy bangcayco umasogto iti nabileg,
quet conanto ti tao á macang̃eg:
¡ay asipay unay ti gásatna á daques
ta napaay á aoan pateg!
VERSIÓN DE LA ANTERIOR.
Siempre, todas las noches, estoy soñando en tu hermosura, y en mis sueños me figuro quejarme dolorido ante tí; quéjome de los tormentos y pesares que sufro por tí.—Nenang, escucha lo mucho que padezco y lloro amargamente, y porque no soy digno de tí, voy de una vez á poner fin á mis penas.—Sí, hermosura; ya que no espero si no tu cruel desaire, prefiero recibir la muerte, con tal que sea de tus manos.—Mi vida depende de tí; si es tu voluntad, mi respiración cesará; calma ya el dolor de mi corazón quejoso y permite ya que encuentre alivio en tus encantos.—Escucha mis amargos ayes, que aunque yo me muera, mi amor no te abandonará con sus quejas, aún estando ya tu en la tumba.—Mi cadáver hará oir sus llantos atronadores y dirá el hombre que me escuche: ¡pobre es su suerte, porque fué desdeñado!
4.a
AYES DE UN BURLADO.
«Son así los ilocanos: los ricos no suelen tomarse la molestia de cortejar á sus adoradas, lo cual es por cierto muy penoso muchas veces, porque en Ilocos no se permite hablar con las jóvenes; y saludarlas, á veces lo toman por cinismo y nos insultan sólo por ésto; en cambio hay malos correos tan malos como todos los de Filipinas. Por tal motivo los ricos se limitan á comunicar á sus padres sus deseos de casarse con tal señorita, á fin de que ellos, los trasmitan á la familia de ésta, la cual, estimulada con la riqueza del pretendiente, suele aceptarlos, aún sin consentimiento de la jóven, que no siempre lo aprueba, por tener ya otro novio de su cuenta y riesgo.»
Esto mismo ocurrió á dos jóvenes que se amaban con delirio y cuando menos lo pensaban, la señorita se vió obligada por sus propios padres á casarse con otro, y ahora, ¿qué diría el amante burlado á su amada? El pobre no pudo manifestar su odio y dolor, y hubo de suplicar á Florentino se hiciese eco de lo que sentía, y esta señora escribió la siguiente poesía. Admira que una mujer haya podido interpretar fielmente lo que debía sentir un hombre y no una mujer. ¡Lastima que los lectores europeos no comprendan el idioma ilocano, y sobre todo las especialidades del gusto literario de estos malayos, porque es imposible traducir dicha composición con la debida fidelidad, para que no se mermen sus bellezas.
Em-emac comá iti saquit
toy pusoc ng̃a sumasaibbec,
tapno diac coma ni mananám ti pait
ti pannacaisinam á saquitec.
Maipapilit ta diac niel, maibturan
ti di aglading̃it quen agleddaang.
ta incat itay suminan
itoy nabiit unay á quinadindinnam.
. . . . . . . . . . . . . .
¡Ay gasat ayauaayen ayá
ti banag ni ayat quen tuagpalna!
ta lacsidem man toy si-inanama
cadaguita ragsacmo quen liolioa.
Gapuna adi agsarday ti panagsangsang̃it,
toy pusoc agnanayon á sisasaibbec,
gapu amin quen ayat á naidadnés
á nangted ti nacaro unay á lading̃it.
Tacunaynayem cad ti siririgat
ng̃a liday toy pusoc á sipapasag
ta cas as-asuguen detoy ricuac
ti naldaang unay quenca á pannacaisinac.
Asiacpayen á maicaoa
amang̃an ta naclaat á naisina
ta daguidi dungng̃o á inruamna
nó itayen quet pusayenna.
Ruam cad pay ita ni dungng̃ó
saanen ta panang̃iculbó
ta diac impapan quen impato
ng̃a ayatco piman ti mairubo.
Cas gamut ng̃a nabalanatan
pusoc quen ricnac ti cas maaoan
alá P …, ison, isunan,
isun ta gulibmo ta innac capnecan.
Conac ata dica met gaoidan
ta aniacad toy aoan inna caicarian,
ta uray liolioa coma á innac pagragsacan
antá patayco quet ng̃a pacauluyan.
Imbilangco á laoag ng̃a naiddep
oenno ananayco á naidegdeg,
guibusam laeng ta turdec
ni patay tang̃ay sicat mangted.
Ubbuguempay ti naut-ut-ut
quen nangnangrona á caro ni tuuc
tang̃ay sioaoacnit toy pusoc
quet siraragsacac met á omaracup.
Itan ta simminaca
maulilanto metten daguitoy matá
¿sadin ti yanmon?—inhoranhorasto á innac concona
—¡¡ay aoanen di naidumat ragsacna!!
Iti laguipmo dicanto idian
ditoy ili á nacayanacam
nupay ragsacto laeng ti calac-amam
dinto coma ipalubus ta gasatmo á didiay ti pacabatiam
Luluac met ita ti ibuyogco
ng̃a gapu ti leddaang toy puso
quet sapay coma dayta tacnengmo
dinto racraquen ni limdó.
Agdiosac met ti cumuyog quenca
iti ipapanmo diay Abra
iti laguipmo dicanto comá isina
cadaguiti silalading̃it á mamalubos quenca.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR POESÍA.
Querría yo ocultar y olvidar el dolor que esperimenta mi corazón lloroso, para que no se exacerbe mi amargura por tu separación.—Pero no puedo menos de llorarla y manifestarte mi sentimiento, porque ya te vas á separar del que hace poco era tu amante.—¡Oh suerte! ¿éste es el fin del amor que me sonreía con esperanzas, dichas y satisfacciones?… Por eso, no cesa de gemir mi corazón, por mi amor burlado, que me causa un dolor profundo.—Dirige siquiera una mirada á mi corazón, que está desfallecido de tanto llorar por nuestra triste separación.—¡Ay de mi! que voy á privarme repentinamente de las finezas con que me acariciaba constantemente.—Ya no es amor sino traición … yo no esperaba que escarnecerías mi pasión.—Como si me hubieras envenenado con balanat (planta muy venenosa); paréceme que mis sentidos se desvanecen; basta ya, basta tu crueldad, basta ya, que bien la conozco.—No te detengo, porque ¿qué puede hacer este pobre indigno de tí?… no te detengo, aunque me hayas dado la muerte en vez de la vida que yo esperaba;—Para mí, lo que has hecho es sólo como una luz que se apagó, ó una desdicha que se aumentó á la crueldad de mi destino; sigue atormentándome, acaba de darme la muerte que recibiré gustoso, con tal que venga de tí.—Deja que la fuente de los más amargos pesares anegue mi corazón, que resignado, todo lo padece.—Cuando te alejes de aquí, se quedarán huérfanos mis ojos: ¿donde estas ya?—diré á todas horas—¡ay! ¡¡no está mas la de singular hermosura!!—Nunca separes tu memoria de este pueblo donde naciste y aunque gozes siempre de placeres, ojalá tu suerte no permita que te quedes en el pueblo á donde vas.—Acompáñante en tu viaje las lágrimas de mi corazón, y ojalá tu honradez no se manche.—¡Dios te acompañe al Abra!… no olvides jamás á los que pesarosos te despiden.
Ahora la señora Florentino con su poesía sentimental evita todo rozamiento y escándalo; demuestra á la ingrata mujer que su antiguo amante era magnánimo, incapaz de vengar todo agravio que recibiera de ella y que hubiera sido esposo muy condescendiente, que es lo que anhelan encontrar las ilocanas. Y ¿qué más venganza deseamos tomar con una pobre mujer, que hacerla llorar su propia ingratitud?… Pero veo además un fin más terrible en esa poesía: el antiguo amante, invocando su desgracia y ofreciendo espontáneamente perdón y lágrimas, asegura indudablemente las simpatías eternas de su antigua amada. Y el adulterio es más odioso aún que el asesinato; y la venganza sería acaso impune; pero nó, no creo que la señora Florentino haya concebido tan odioso fin.
5.a
Escrito lo anterior, me encuentro con otra poesía original de la misma autora que dice:
Diac met paglading̃itan
no ayatco ti inca indian.
ta diac cayat ng̃a icutan
ti ayat á pampamayan.
Dicanto met mauray á umásugac:
no baybay-an paglicudannac
naimbag ng̃arud ta mailiclicac
iti napnuan dita ng̃a ayat.
Idi dámona ng̃a aldao imbilangca
á diosen daguitoy matá;
ng̃em no itayen binalindacá
á napigsa unay á gamutdá.
O naolpit quet nadamsac
á X … quet ingguet ranggas
quitaem ta innac ioarnac
ti indadanesmo ng̃a ayat.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR.
No siento que hayas dejado de amarme, pues no quiero poseer amores vanos.—No esperes que me queje: si me abandonas, lo celebro, porque me libro de un amor lleno de ponzoña.—En los primeros dias eras la Diosa de mis ojos, pero ahora ya no eres para ellos, sino objeto de repugnancia.—Oh cruel, inicua y perversa X …, mira que voy á publicar nuestros amores, de que te has burlado.
6.a
A UNA AMANTE … QUE SE ESCAPÓ.
. . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . .
¿A dincad pay ti yan daguidi dungng̃ó?
aoanen ta inca met inmadayó
ng̃em nupay casta dica ipato
á lipatanca ingganat caano.
Ta isipem cad no maiparbeng
á iti sabung á taptapayaen
ta maregreg quet manasánasen
quet ti linnaaona ti sitataeng
Liolioa ti aramatec á mangling̃ay
ta ananuen cad I … nasdemanac ti liday
nupay ni patay caniac ti siuray
ibilangconto á ragsacco á siuauayuay.
Ata pinatuloymo la ti isisinam.
ta ania cadi quet dica met magauidan
ng̃em mapasamacmonto á liolioam
no gapu quenca ti innac pacatacayan.
Daytoy Vigan, á nagayayamam
pudno á inca pinanaoan
iti laguipmo dicanto idian
iti uray no adinno á pagnaedam.
Ng̃em ¡oh pusoc! ¿ania á sennaay
ti sumquen quenca á liday?…
¡Oh I …! ¡ay! asiacpay
ti impaaymo caniac á impabaclay.
Ta ania la unay á limdó
ti naglading̃itan caniac ti naquemmo
ta pimmanaoca á immadayo
quet inranám pay unay iti caaoanco.
Quet idinto ta saoenda quet innac nang̃eg
diay Sto. Domingo ti ilalabasyo á saquitec
dagus la á diac nacatimec
ta luluac ti dumalines.
Alá isunan quet ingaac
daytoy innac panagsurat
ta luluac ti manacanac
no sica ti maipalaguip caniac.
Aoatem toy naricut quenca á yabrasac.
ta barucongmo ta pinagtalaonac,
pinanaoánnac ta pinagtalaonac,
ti sumangcangrona á pinagayat
Adios I …! nupay no insinanac
daoatco á dicanto caniac malipat,
iti racsac oenno leddaang aoagannac
ta madadaanacto met quenca á umarayat.
Ng̃em amang̃an piman nagrigat
ti sumina ti cayan-ayat
ti arig á magudas
ti cacaisuna unay á biag.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR.
7.a
DESPEDIDA.
Timudem man ¡oh imnas! ni ayat,
ti un-unnoy toy secnan ni rigat
imatang̃am ¡oh puso! quet imutectecannac
anusem á pali-ioen toy dacsangasat.
Dacsangasat cunac ata maipusay
toy naldaang unay á bangcay;
ng̃em ni laguip dinto met bumalacday
agnanayonto laeng ng̃a sitatarubay.
Cas panagpacada daguitoy á innac balbalicsen
ta toy baguic maipanao cadaguita taeng,
taeng ni ragsac, liolioa á innac lac-amen
dinto met mapunas á innac panpanunuten.
Silalading̃it toy pusoc á agpacada
adios laing; napusacsac á azucena
iti sayumusom ti barucongco ipenpennaca
tapno dinto maumag ti agdaplay á banglona
Siaddaacto laeng ti taeng ni alinaay
ta detoy panunut salensenán ni tarumping̃ay
turubayennacto ni napait á liday
quet isunto cañac ti mang̃ay-ay-ay.
Dios ti cumoyog, oh napnuan sayacsac
ng̃a esmanto daguiti agay-ayat;
Dios ti cumuyog, salimetmetmo mang̃alasag
ta tapno dayta sudim, tacnengmo ti di maracrac.
VERSIÓN DE LA ANTERIOR.
Escucha, hermosa, los ayes de este pesaroso amante; mira ¡oh corazón! (así suelen llamar los ilocanos á su adorada), examina con paciencia á este infeliz.—Infeliz, digo porque ya te separas de mí; pero tu memoria siempre estará fija en mí.—Estas palabras son ya de despedida; ya me voy (esta locución parece indicar lo contrario, es decir que quien parece irse, es el que se queda; es frecuente en los dialectos filipinos; y de aquí que suelen emplear el venir por ir y es porque así se usan sus equivalentes en los dialectos filipinos, p. ej. venir es umay en ilocano, é ir es innak. Ahora bien iré á tu casa se traduce por umayakto, verbo que literalmente significa vendré) á alejarme de tu regazo lleno de amor y de ternura; amor y ternura que no se borrarán de mi memoria.—Lleno de angustias mi corazón se despide; ¡adios bondad, blanca azucena, cuyo suave aroma lo guardará mi pecho!—Siempre el dolor no se ausentará en mi ser, y tu memoria será el balsamo de mis pesares—¡Dios te acompañe, oh llena de encantos, encantos que te atraerán adoradores! ¡Dios te acompañe! y tu prudencia sea el escudo de tu pureza y honradez.
8.a
QUEJAS DE UN AMANTE DESDEÑADO.
Nasnebanac ti nasaem á sasainnec, ay ayat!
ta díman la agtanac ti lac-amec á tuoc quen rigat;
isuna cadin, isunan; alá isunan yantang̃ay detoy biag
diac duaduaenen á suminan itoy baguic á dacsan gasat.
¡Ay ayat, ayaúnayen ti sanaang
ni patay sumquen nacalcaldang,
ta iti maysa ng̃a agayat á dida pagayatan
nacasacsaquit naquem á maimatang̃an.
Narangas daguita laingmo quen sayacsacmo naulpit
nadaoel, quítaem man toy silalading̃it,
ta naal-lilao man daguitoy matac idi á buybuyaec
ta iti inanama quen talec isuda caniac ti namatalgued.
Ng̃em eppes man daguidi á inanama
ta diac impapan á castoy man ti tungpalna
tungpal taném quet itan ti nagbanaganna
detoy baguic ta isú caicarianna.
TRADUCCIÓN DE LA ANTERIOR.
Fluctúo en un mar de amargas lágrimas, ¡oh amor! no cesan mis pesares y tormentos; basta ya, basta de crueldades que ya mi vida, sin género de duda, se vá á escapar de mi desventurado cuerpo.—Oh amor! ¡Qué triste es morir desdeñado! inspira lástima ver á uno que ama y que no es correspondido.—Crueles son tus encantos, inhumana tu bondad; ¡oh tirana! dirige una mirada á este angustiado; mis ojos se han equivocado al entrever dulce esperanza;—Pero vanas resultaron aquellas esperanzas;… no sospechaba yo que el fin de mis amores sería una tumba, á donde me conduce mi desesperación.
Voy á concluir con una anécdota de Doña Leona Florentino.
Bernardo Favía, inspirado vate ilocanista, se hallaba en un apuro, porque no le satisfacía cierta estrofa de una composición suya; ya había compuesto y borrado muchas y maldecía á su numen porque no daba con lo que buscaba.
En esto, la señora se enteró de su apuro y le contestó á Favía:—Toma la pluma y escribe.
É improvisó una estrofa. Ésta no solamente satisfizo á Favía, sino que resultó mejor que cada una de las demás estrofas y que todo el poema.
VIII
Vamos á terminar este capítulo, reproduciendo la composición que dediqué al Papa Leon XIII por su jubileo sacerdotal, en el álbum poético ofrecido por el que fué Arzobispo de Manila, Excmo. é Ilustrísimo Sr. D. Fr. Pedro Payo.
LEON á naslag! ¿apayapay ayá,
á nupay nacalcaldaang á baludca,
napang-lao quet aoananca sanicuá,
amin á lubong agrucbab quenca itá?…
Essem, rag-ó, siddaao ti paltuadenna
ti agbuya cadaguiti adú á cumablaao quenca,
daguiti amin á cristiano ditoy dagá
quen ar-ari á hereje ng̃a agcacapigsá.
Oh …. quet daguiti pay cabusormo
á gura quen apalda quenca di masao
luctanda ti Roma á carcelmo
quet cunada: dayaoenyo, umasideg cayó.
Ni Cristo incarina á dinacanto
parucmaen ti rungsot ti Infierno,
quet detoy á saona umanay á talguedmo
nupay agsasaramusam daguiti rigatmo.
Xerxes, Alejandro Magno, Napoleon …,
aoan cadaguitoy ti pumadpad quenca Leon;
aoan ti nacabutbuteng á ejércitom,
ng̃em ni Apo Dios quencat tumulong.
Iti tinartarigagayanda saanda á naala,
nupay adu quen agcacaing̃el daguidi buyotda;
ng̃em ti Lang̃it impaayna quenca,
agsipud ti singpet, siribmo quen emma.
Iturayam daguiti amin ng̃a il-ili
manipud Irlanda aguinga Ponapí,
quet mangruguí Carolinas agtungpal Scoresby
quet icutam daguiti adu á púsomi.
Isut gapuna, Amami, dica aglading̃it
ta inagaoandaca dagá quen gupit,
no masapulmo pagturayam á cas langit …
pagtoonem daguitoy púsomi iti taao á napait!
VERSIÓN CASTELLANA.
¡Leon ilustre! ¿por qué, siendo tú mísero preso, pobre y escaso de bienes temporales, todo el mundo se inclina hoy ante ti?
Causa gozo, alegría y admiración el contemplar ese inmenso gentío que acude á saludarte, destacándose entre tantos cristianos, representantes de poderosos Reyes y de príncipes herejes.
¡Oh! hasta tus enemigos, cuyo odio y envidia no se pueden expresar, abren hoy las puertas de Roma, en donde te tienen encerrado, y no pueden ménos de exclamar: ¡venid á saludar á ese Rey de misterioso poder!
Cristo prometió que el furor del Infierno no te derrotaría; y esta palabra divina basta para sostenerte victorioso en medio de los continuados y rabiosos ataques de tus enemigos.
Ni Jerjes, ni Alejandro Magno, ni Napoleon te igualan, gran Leon; careces de formidables ejércitos; pero Dios es quien te conduce á la victoria.
Reinar en todo el mundo, anhelaron ellos, y no lo pudieron conseguir á despecho de sus numerosas y arrojadas huestes; más el cielo te lo ha concedido por tu virtud, sabiduría y modestia.
Reinas, sí, en todos los corazones, desde Irlanda hasta Ponapé (Carolinas), y desde esta isla que recuerda tu rectitud y habilidad diplomática, hasta Scoresby.
Por eso, Padre Nuestro, no te aflijas por haberte arrebatado tus dominios y demás bienes temporales. Si necesitas terreno, tan inmenso como el cielo, donde reinar …, ¡amontona nuestros corazones en la inmensidad de los océanos!