← Table of contents
El Folk-lore Filipino (Tomo I)

TERMINOLOGÍA DEL FOLK-LORE

Reading edition

(Informe del autor pedido por los folk-loristas españoles)

Hermano de los selváticos aetas, igorrotes y tinguianes y nacido en esta apartada colonia española, donde la civilización brilla aún con luz muy ténue, confieso sinceramente que muy poco, ó mas bien dicho, nada sé yo de la nueva ocupación del pensamiento humano llamado Folk-Lore.

La primera cuestión que se me presenta, al definir el Folk-Lore, es la de si es ciencia ó no.

Para Mr. Nutt es ciencia: dice que es la Antropología referente al hombre primitivo, y la Antropología es ciencia. Afirmo lo mismo de Mr. E. Sidney Hartland, que define el Folk-Lore así: la Antropología que estudia los fenómenos psicológicos del hombre inculto; de Mr. Gomme, autor de la definición siguiente: “La ciencia que trata de las supervivencias y costumbres arcáicas en las edades modernas:” y de Wake, que da esta definición: aquella parte de la Antropología, que trata de los fenómenos psicológicos del hombre primitivo. Según el Sr. D. Alejandro Guichot y Sierra, los españoles han sido los primeros en considerar como ciencia el Folk-Lore. En efecto, el Dr. Machado y Alvarez es de los que sostienen que el Folk-Lore es ciencia y lo define de esta manera: “La ciencia que tiene por objeto el estudio de la humanidad indiferenciada ó anónima, á partir desde una edad que puede considerarse infantil, hasta nuestros días.”

Mr. Wheatley asevera á su vez que el Folk-Lore apenas puede llamarse ciencia, si bien es verdad que esta afirmación es difícil de compaginar con la definición que da del Folk-Lore: la ciencia no escrita del pueblo.

La eminente escritora Sra. D.a Emilia Pardo Bazán, presidente del Folk-Lore Gallego, asegura que el objeto del Folk-Lore es “recoger esas tradiciones que se pierden, esas costumbres que se olvidan y esos vestigios de remotas edades que corren peligro de desaparecer para siempre, para archivarlos, evitar su total desaparición, conservar su memoria y formar con ellos, por decirlo así, un museo universal, donde pueden estudiar los doctos la historia completa de lo pasado.”

Como se observa, para ella el Folk-Lore por su objeto, no es más que mero colector: no es ciencia.

Antes de dar la razón á una de las dos opiniones contrarias, voy á recordar á mis lectores el adagio vulgar y muy práctico que dice: el que mucho abarca poco aprieta.

En efecto, el Folk-Lore, con solo recoger y acopiar todos los conocimientos, usos y costumbres de la gente no ilustrada, aún no estudiados, tiene muy larga tela que cortar.

Y si no se contenta con reunir materiales y pretende además estudiarlos científicamente ó reducirlos á un sistema bien ordenado, es decir, llegar al desideratum de todas las ciencias, yo no puedo calificar el objeto del Folk-Lore si no de casi imposible.

¿Qué se entiende por ciencia?

Si me fijo en la definición, que de ella dan los filósofos, me espanta sobremanera la idea ó pretensión de los que consideran como tal el Folk-Lore.

Sin embargo, en esto de limitar el trabajo del folk-lorista á recoger materiales, encuentro un inconveniente: tal es la pretensión muy general de parecer sábio, erudito u otros epítetos por el estilo.

Por eso, es necesario transigir con la vanidad de todos, so pena de morir en su infancia el Folk-Lore, en razon á que alguien diría: recoger cuentos y otras simplezas, es ocupación de viejas.

Y además, esta pretensión de los folk-loristas de explicar científicamente y de comparar, haciendo alarde de su erudición, es util, no ociosa.

Convengo, por consiguiente, en que una nodriza ó cualquier palurdo que sea colector de cuentos, no pueda llamarse folk-lorista, porque éste es instruido y se sujeta á ciertas reglas.

Pero la definición rigorosa del Folk-Lore es, segun mi entender, la siguiente:

La ocupación del pensamiento humano, que tiene por objeto recoger todos los datos que la gente no ilustrada conozca y tenga, que aun no hayan sido estudiados.

Por manera que estoy muy conforme con Wheatley en que el objeto del Folk-Lore puede existir actualmente en el siglo XIX.

Quizá muchos folk-loristas europeos no se conformen con nosotros; pero veamos un ejemplo:

Supongamos que un salvaje de los bosques de Abra descubra en estos días por mera casualidad que tal fruta cura el cólera-morbo con mayor eficacia que el virus anticolérico del doctor Ferran, decidme, folk-loristas: ¿no os apresurariais á apuntarlo en vuestros mamotretos folk-lorísticos?

¿Nó?

En este caso, el Folk-Lore perdería una joya que puede muy bien reclamar, dado que su significación etimológica no excluye los conocimientos del pueblo, que no sean tradicionales.

Y aquí veis que la medicina folk-lórica no siempre es magia, cual parece pretender Mr. Wake.

No encuentro mal la primera división del Folk-Lore en Folk-Thought (pensamiento popular), y Folk-Wont (usos y costumbres del pueblo), que hace Mr. Hartland; y me parecen excelentes las secciones científicas del Folk-Lore Andaluz, que trató de establecer el Sr. D. Alejandro Guichot y Sierra; pero como no cuento con ningún colaborador para escribir este libro, adoptaré una división mas sencilla arreglada conforme á mi opinión y los materiales de que dispongo.

Es bueno economizar los términos extrangeros, cuyo derroche, á más de ser ridículo, siembra confusión.

Hé aquí mi humilde opinión.

Enseñad ahora al modesto indígena de Filipinas si ha incurrido en error.

Notes in this chapter

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings