ROSAS Y EL PRINCIPIO RELIJIOSO
Reading edition
RESPUESTA A LA CARTA DEL Sr. BRENT.
Siempre tuvimos al principio relijioso como uno de los primeros elementos en la vida social de los pueblos, como aquel de que esencialmente depende el carácter moral de cada uno; y miramos siempre las creencias, y las prácticas relijiosas como uno de los resortes mas eficaces, en manos de los gobiernos civiles, para morijerar las poblaciones, y habituarlas al freno de la ley, y al respeto de la autoridad lejítima. No ponemos, por supuesto, en la misma línea las creencias y las prácticas; pero pensamos que estas últimas merecen muy especial atencion de los gobiernos, como medios de formar, de dirijir y de arraigar las primeras. Enséñense al hombre prácticas racionales y sencillas, que pongan en relacion con su Creador la parte espiritual y pura de su ser; que eleven su razon al estudio contemplativo de las grandes máximas y verdades que dejó el fundador de nuestra relijion; y sus creencias llegarán á ser racionales é ilustradas. Pero habitúese, por el contrario, á los pueblos á prácticas fanáticas ó supersticiosas, y sus creencias serán mezcladas de terrores vagos y sombrios, ó de groseros y repugnantes absurdos. Hágase; en fin—peor que todo eso—que el pueblo sea testigo de prácticas de impiedad y sacrilejio, que mire á un hombre—sea cual fuere la majestad que revista—igualado en el culto exterior al Ser que no tiene igual; y ese pueblo perderá completamente toda idea relijiosa y moral, será bárbaro y feroz, siervo embrutecido del amo, á quien ha visto elevar á los altares.
Y este es el crímen de que Rosas se hizo culpable, pocos años hace, de un modo que se ha olvidado quizás entre tantos otros crímenes como despues ha cometido. A ningun tirano puede convenir un pueblo de creencias racionales y evanjélicas: ellas enseñan la igualdad civil, la libertad noble y elevada de la humana criatura; y no es el pueblo que eso aprende el que se humilla á la voluntad de un déspota. El fanatísmo, la supersticion, ó la impiedad, son los auxiliares fieles de la tirania. Bien lo sabe Rosas, y por eso nadie ha atropellado como él la santidad de la relijion, ni pervertido mas las conciencias. Sus insolentes profanaciones son proverbiales en Buenos Aires; y apénas se concibe que el descaro de un hombre pueda llegar hasta hacer el detestable papel de hipócrita, que el dictador representa en la respuesta que dió á la carta del demente Sr. Brent.
No hay en esa respuesta una palabra que no sea ó un embuste vergonzoso, ó una mofa infame, invocando para lo uno y lo otro el nombre de Dios y de la relijion.
"Por un reglamento y uso constante," dice Rosas, "en el tiempo de mi administracion, los ministros del altar en el santo sacrificio de la misa, y en sus oraciones, invocan siempre la proteccion del Altísimo en favor de la República." Era Rosas un administrador de estancia, cuando los primeros gobiernos patrios, despues de la revolucion contra la España, ordenaron que las preces que se hacian en la colecta de la misa, por el Rey, se hiciesen por la República y sus autoridades. Esa ha sido, desde aquella época, comparativamente remota, la práctica constante; y el atribuirse Rosas ese reglamento y esa práctica es un embuste, tan descarado como el de hacerse autor de las leyes que establecieron el crédito público, obra de los que él llama salvajes.
"En fuerza," dice despues el impío profanador, "de una gratitud sumisa y profunda á esos beneficios, es que he puesto á los pies de las aras del Altísimo, los trofeos recojidos en la espedicion de los años 1833 y 34, á los desiertos del Sud...."
A esa humildad y sumision hipócritas que, en este y otros muchos pasajes de su carta, aparenta el dictador, no podemos oponer mejor respuesta que copiar literalmente las relaciones, publicadas en su Gaceta misma, de las profanaciones jamas vistas, en que ese hombre, ébrio de ambicion y de orgullo, hizo que se le tributase culto igual al del Dios á quien hoy miente que se humilla; y elevando su propio retrato en el tabernáculo santo, colocó literalmente al tigre sobre el altar del Cordero.
Que sus aduladores y parásitos se atrevan á desmentirnos: copiamos sus propias publicaciones oficiales.—
"La cuadra de la Iglesia estaba toda adornada de olivo y lindas banderas, las cuales fueron tomadas por los vecinos y de golpe las rindieron al pasar el retrato hincando la rodilla, causando un espectáculo verdaderamente imponente el repique de las campanas, cohetes de todas clases y vivas del inmenso pueblo que habia allí reunido: al llegar al atrio tomaron el Juez de Paz y el Sr. Maestre el retrato y entraron con él á la Iglesia "en cuya puerta el Sr. Cura y seis sacerdotes de sobre-pelliz" acompañaron el retrato hasta que se colocó en el lugar destinado, y como se retirase la comitiva por no empezarse la funcion de Iglesia se dejaron dos Tenientes Alcaldes uno á cada lado del retrato haciéndole guardia......... hasta que concluida la funcion tomó asiento el acompañamiento esperando al Sr. Cura y demas sacerdotes, que de sobre-pelliz salieron á acompañar al retrato, que fué sacado por el Sr. Inspector y Juez de Paz hasta el atrio, donde lo recibió el Sr. Juez de 1.a Instancia D. Lucas Gonzalez Peña........"
(De la Gaceta Mercantil de Buenos Aires núm. 4834 de 10 de Agosto de 1839.)
"El retrato fué recibido en el atrio por el Sr. Cura con otros eclesiásticos, y colocado dentro del templo al lado del Evangelio. El templo estaba espléndidamente adornado; la magestad con que brillaba persuadia que era el tabernáculo del Santo de los Santos.
"La misa fué oficiada á grande orquesta; y la augusta solemnidad del coro no dejaba que desear Nuestro Ilustrísimo Sr. Obispo Diocesano, Dr. D. Mariano Medrano, asistió de medio Pontifical, y celebró nuestro digno Provisor, Canónigo Dignidad de presbítero D. Miguel Garcia—El Sr. Cura de la Catedral D. Felipe Elortondo y Palacios, desempeñó con la maestria que lo tiene acreditado, la dificil tarea de encomiar el mérito celestial del Arcangel San Miguel, mezclando oportunamente elocuentes trozos alusivos á la funcion cívica, en honor del héroe y en apolojía de la causa federal." [No. 4891 de la Gaceta Mercantil de Buenos Aires de 21 de Octubre de 1839.]
"Aunque nadie creerá jamas que escesos semejantes se practicasen sin el consentimiento—sin el mandato—de un gobierno como el de Rosas; y sobre todo, de un hombre tan humildemente sumiso y humillado ante el Altísimo, con todo damos en seguida otro documento que muestra que los empleados superiores de la administracion eran quienes dirijian esos atentados.
"Luego que el Sr. Inspector General dispuso la retirada del retrato empezó la marcha en el mismo órden siguiendo la columna por el espresado arco principal, y de este por la calle de la Reconquista hasta la casa de S. E.—Al salir de la Fortaleza el acompañamiento se empeñaron las Señoras en conducir el retrato de S. E. tirando del carro, que alternativamente habian tomado los Gerentes y Gefes de la Comitiva al conducirlo al Templo.—Las Señoras mostraron el mas delicado y vivo entusiasmo."—(Gaceta Mercantil de Buenos Aires N. 4,866 de 19 de Setiembre de 1839.)
Hechos como estos no necesitan comentario: pónganse esos documentos al lado de la carta al señor Brent; y pregúntese si habrá un hombre de bien que no rebose en indignacion al ver el insolente descaro del hipócrita que firmó ese último papel. Recomendamos, sobre todo, al señor Brent, la lectura de esos hechos rejistrados en los anales del gobierno á quien sostiene.
Marzo 6 de 1846.