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Escritos políticos, económicos y literarios

FLORENCIO VARELA.

Reading edition

D. Florencio Varela nació en Buenos Aires el dia 23 de Febrero de 1807. Fué su padre D. Jacobo Adrian Varela, español del cuño antiguo, cuyo nombre se conserva en las tradiciones de la defensa de Buenos Aires, por la gallardia con que se mantuvo con su cuerpo, en la posicion del Retiro, embestida por dos divisiones inglesas, y la inteligencia con que salvó su compañia al frente del enemigo vencedor. D. Jacobo Adrian tuvo la fortuna de ver coronado por el triunfo mas espléndido su consagracion á la independencia de la patria de sus hijos; pero este fué el único desquite que le fué dado tomar contra un enemigo que acababa de consumar su ruina, apoderándose en Montevideo de un buque en que habia invertido todo el capital que giraba en el comercio.

Una herencia de honor y de pobreza fué, pues, el patrimonio que Florencio Varela recibió al nacer. Su corazon y su inteligencia empezaron á formarse en la escuela de la adversidad, que es la que mejor prepara al hombre para la vida activa en tiempos calamitosos.

Su padre, atacado de una enfermedad mortal, ocupaba sus ocios en enseñarle á leer, escribir y contar. El tierno discípulo era tambien el enfermero del anciano, á quien asistió hasta la hora de su muerte, que tuvo lugar en el invierno de 1818.

Varela tenia 11 años. El general Puigredon, Director del Estado, acababa de fundar el colegio de la Union del Sud. La madre de Florencio solicitó una beca de gracia para su hijo; y allí hizo sus estudios preparatorios. Cuatro años despues dejó el colegio é ingresó á la facultad de jurisprudencia en la Universidad, y en Agosto de 1827, á los 20 años de edad, se graduó de Doctor, recibiendo el título gratuito que se acuerda al candidato que mas se distingue en los exámenes de prueba.

El jóven Varela habia descollado entre sus condiscípulos, no tanto por su contraccion á los estudios escolares, como por su talento claro, por su memoria prodijiosa, por su instruccion literaria adquirida privadamente en la lectura asídua de poetas españoles y franceses. Este amor á las bellas letras, á que lo arrastraban el ejemplo de su hermano D. Juan Cruz y la natural inclinacion de su espíritu, llegó á distraerlo á tal punto de sus estudios profesionales, que hubo de verse espuesto á no poder rendir exámen de uno de los cursos de derecho. Amonestado por su maestro, Varela volvió sobre sí; aprovechó el único mes que faltaba para la conclusion del año escolar, se presentó á exámen, y obtuvo la primera clasificacion por voto unánime de sus jueces.

A principios de 1825 fué nombrado para un empleo subalterno en una secretaría de Estado. Entre el desempeño de sus deberes oficiales, y sus estudios profesionales, Varela hacia sus primeros ensayos en la carrera literaria y en la vida pública. Escribia versos que publicaba en los periódicos que redactaba su hermano mayor, y seguia las opiniones que este sostenia, como el órgano mas autorizado y mas capaz del partido unitario. Poco despues de subir al mando el coronel Dorrego, hizo renuncia de su empleo, no creyendo delicado conservarse al lado de una administracion de quien era ardiente opositor. Despues de la revolucion de 1°. de Diciembre de 1828, fué nombrado oficial mayor de Relaciones Esteriores. En ella habia tomado la poca parte que su edad le permitia; sin embargo su adhesion al partido unitario en que tanto figuraba el nombre de sus hermanos, le obligó á seguir la suerte de estos, cuando emigraron á Montevideo en Agosto de 1829, poco despues de la abdicacion del jeneral Lavalle. En Octubre del mismo año regresaron á Buenos Aires; pero les salió al encuentro una órden de destierro, y sin que se les permitiese desembarcar volvieron á una espatriacion que para casi todos los hermanos debia ser eterna.

Varela salió desterrado, como hemos dicho, el 12 de Octubre de 1829, y desde entonces fijó su residencia en Montevideo, donde debia pasar el resto de sus dias. Estando allí casó con una jóven de Buenos Aires con quien habia quedado comprometido antes de su espatriacion. Esta union fué feliz y fecunda; Varela tuvo en ella trece hijos.

Instalado en Montevideo, se dedicó asiduamente á terminar su carrera de abogado, profesion que empezó á ejercer con éxito antes de estar solemnemente recibido en los estrados de aquel pais. La recepcion tuvo lugar el 8 de Abril de 1835. "Los miembros del tribunal, dice el mismo Varela, me hicieron el honor de no examinarme, dirijiéndome su presidente una arenga en la que me manifestó que el tribunal estaba satisfecho de mis aptitudes."

Con su entrada en el foro termina una de las faces de la vida literaria de Varela. Se consagró durante tres años, con ardor incansable, al estudio de la jurisprudencia, y al de las ciencias políticas y morales que con ella se dán la mano; y aunque no abandonó sus gustos literarios y su pasion por los versos, fué sin embargoo, dejando de hacerlos, hasta que por el año 34 ó 35 renunció completamente á este género de composicion literaria.

En 1830 publicó un pequeño cuaderno con el título de El dia de Mayo, conteniendo cinco de sus mejores composiciones. Dos de ellas han sido insertadas en la América Poética. Sin apartarse en las formas y el estilo de los ejemplos de Quintana, que era su modelo predilecto, Varela abandonó en estas poesias, por primera vez, la silva que habia manejado siempre; y ajustó su pensamiento á las formas de la estancia regular, con iguales condiciones de ritmo y de cadencia. Por el mismo tiempo dió á luz su bella Oda á la Hermandad de la Caridad, obra llena de filosofia é ideas elevadas, la cual contribuyó no poco á asentar su reputacion literaria en el pais de su asilo; y á darle valimiento con el círculo poderoso de los hombres que dirijian aquella corporacion.

No contribuyó ménos á ese resultado la publicacion que hizo en ese mismo año de un escrito de género muy diverso, titulado: Observaciones contra el Proyecto de ley sobre la moneda de cobre; panfleto impregnado de las sanas ideas de la escuela económica moderna, y que hace altísimo honor á los conocimientos y al buen juicio del jóven autor.

En 1833 fué nombrado por el Gobierno de Montevideo miembro de una comision censora de teatro; y él mismo compuso una comedia, de la cual nada conocemos.

Con este ensayo, y algun otro de menor importancia, Varela abandonó la lira para siempre, y se entregó desde entonces á su profesion y al estudio de la historia de su pais que se preparaba á escribir.

Su íntima relacion con su hermano D. Juan Cruz, á quien hospedaba en su casa y respetaba como á un segundo padre, le habia puesto en su pais, y le puso en Montevideo tambien, en la vida activa de la política. Todos los hombres notables del partido unitario habian sido desterrados de Buenos Aires por Rosas, y se habian refugiado, como los hermanos Varela, en Montevideo, ó en otros puntos del territorio Oriental. Esa porcion escogida de proscriptos, suspiraba por regresar á la Patria perdida. Compuesta de los hombres de mayor inteligencia y de los militares de mas valor y nombradia en las guerras pasadas, forzados á la inactividad, ó á un trabajo penoso para procurar el sustento de sus familias arrojadas de sus hogares, aquella emigracion vivia de esperanzas y deseos, y hacia una propaganda activa y temible contra el poder tiránico de su pais. Esto inquietaba naturalmente á Rosas.

El Estado Oriental estaba tambien dividido en partidos, que, como un elemento mas de poder, procuraban ganarse á los emigrados arjentinos. Estos á su vez buscaban sus afinidades entre las facciones, con la esperanza de ser ayudados algun dia en sus proyectos relativos á su pais. El gobierno de Oribe manifestó al fin que preferia el apoyo del gobierno de Rosas; admitió sus reclamos contra el uso de la libertad de imprenta que hacian los emigrados; y estos, como era natural, se inclinaron al partido de Rivera que les ofrecia ayuda y garantias. La lucha estalló en 1836; pero D. Florencio Varela no tomó parte activa en los sucesos que se desarrollaban, por mas que simpatizára con el partido colorado. Sin embargo de esto, fué desterrado por el gobierno de Oribe.

Triunfante el general Rivera, Varela regresó á la ciudad, y desde entonces empezó é tomar parte franca y activa en la política de aquel pais. Establecido el gobierno de Rivera, uno de sus primeros actos fué declarar la guerra al tirano de Buenos Aires. De aquí nació una triple alianza entre las fuerzas navales de la Francia que bloqueaban esta ciudad, por una parte, el nuevo gobierno oriental por otra, y por otra la emigracion arjentina que cada dia aumentaba su número con los que salian de Buenos Aires huyendo dá las violencias del Dictador, y procurando robustecer el nucleo reaccionario que al amparo de esos dos poderes se formaba en Montevideo. El Dr. Varela fué uno de los cooperadores mas decididos é intelijentes en la revolucion contra Rosas.

Desde que el General Lavalle se puso en campaña; él era el hombre de pensamiento y de accion de la Comision Arjentina, cuyo encargo principal consistia en proveer de recursos al ejército, para lo cual casi era necesario hacer milagros. El mantenia las relaciones de esta con el ejército revolucionario, con los agentes franceses, y con el gobierno oriental. Su casa era el punto de reunion de la emigracion arjentina. Cultivaba especialmente con esmero la amistad de la juventud, cuyos sentimientos patrióticos inflamaba, y cuyo amor al estudio estimulaba.

Los agentes de la Francia habian estipulado una alianza formal con el general Lavalle, cuyo objeto era la destruccion de la tirania de Rosas y el establecimiento de gobiernos regulares en la república arjentina. El general Lavalle habia atravesado el Paraná, y operaba ya en el territorio de Buenos Aires, cuando se presentó el Almirante Mackau, con algunos refuerzos y ámplias facultades para obrar. El Almirante prefirió la via de las negociaciones é hizo la paz con Rosas. El Dictador afirmó así su poder, y la reaccion liberal terminó por entonces en una série de desastres.

El Dr. Varela publicó con ese motivo uno de sus escritos políticos mas notables, titulado: Sobre la convencion de 29 de Octubre de 1840, desarrollo y desenlace de la cuestion francesa en el Rio de la Plata. En este papel lleno de nervio y de elocuencia, presentó Varela en su verdadera luz la vergonzosa transacion por la cual un Almirante francés dejó á merced de un enemigo feroz á los aliados de la gran nacion.

Varela escribia en esta ocasion bajo el peso de toda clase de infortunios. El folleto se dió á luz el 29 de Diciembre. El 20 de Octubre habia perdido una hija, el 29 se habia concluido el tratado que daba un golpe fatal á su partido; el 28 de Noviembre el ejército libertador era completamente batido en el Quebrachito; y en los momentos mismos de terminar aquel escrito recibia la noticia de haber sido asesinado en esa misma batalla, su hermano Rufino, á quien Varela amaba como á un hijo!

Tantas fatigas de espíritu y de cuerpo, la incesante consagracion á la cosa pública, los acerbos pesares devorados en secreto por los desastres de la revolucion y por las causas que los producian y que la generalidad ignoraba, la asídua contraccion á su bufete que le daba el pan para su numerosa familia; todo esto agotó al fin las fuerzas de Varela. A mediados del año 40 ya habia tenido necesidad de hacer un pequeño viaje á Martin Garcia. Le hemos oido referir la viva emocion que sintió su alma al divisar en aquel viaje las torres de la ciudad natal en lontananza; el buque contrariado por los vientos se habia puesto á la vista de Buenos Aires; aquella fué la última despedida de la patria. A principios de 1841, su vida se encontró seriamente amenazada por una afeccion pulmonar. Sus médicos le prescribieron hacer un viage al Brasil; y el 31 de Mayo se embarcó con su familia para Rio Janeiro, donde llegó el 14 de Junio, despues de un viage peligroso.

Una semana antes de partir, tuvo lugar en Montevideo un certámen poético, en celebracion de la Revolucion de Mayo. Varela fué uno de los jueces, y escribió el juicio de la comision, que insertamos en este repertorio.

Luego que el Dr. Varela llegó á Rio Janeiro; sintió una mejoría notable en su salud. Allí consagró principalmente su tiempo á preparar los elementos que debian servirle para escribir la historia de su pais, pensamiento que le ocupaba hacia algunos años.

Cinco meses empleó en escudriñar la Biblioteca pública de aquella capital, en la cual encontró y estractó documentos preciosos relativos á la historia política de estas regiones cuando aun eran colonias.

Se dedicó al estudio de los materiales que habia acopiado durante muchos años y recibió de D. Bernardino Rivadavia, que allí residia, noticias ignoradas y papeles y documentos de la mayor importancia. Entre ellos, y de letra del general Belgrano, todos los relativos á la célebre negociacion con Carlos IV, [ó mas bien con el conde de Cabarrus,] y todos los papeles diplomáticos relativos á su mision á Europa. Obtuvo tambien el autobiografia de Belgrano, y algunas notas curiosas sobre la revolucion de Alzaga en 1812, y sobre la causa contra este mismo personaje en 1809.

Habia reunido gran copia de materiales, en periódicos, folletos, memorias y documentos, inéditos, y en tradiciones orales de los hombres que estaban al cabo de los sucesos en que habian sido actores ó testigos. Estaba preparado para utilizar estos elementos.[1] La muerte arrebató á la Patria aquella riqueza intelectual con tanta industria atesorada. "¿Seria acaso un presentimiento el que manifestaba este hombre tan laborioso cuando respondia á sus amigos que con frecuencia le pedian que mirase por su salud,—"Es que veo que se me acaba la vida sin haber hecho nada que quede despues de mí"?...

El 30 de Noviembre de 1842, el Dr. Varela se puso en viaje con toda su familia, de regreso para Montevideo.

Cerca ya del puerto, el buque chocó en un escollo y se fué á pique. Varela y su familia escaparon con gran trabajo de una muerte terrible; pero de todos sus efectos, apénas pudo salvar su caja de papeles históricos, objeto especial de sus cuidados durante el naufrajio.

El Dr. Varela llega á Montevideo, sin tener con que cubrir la desnudez de sus hijos: y la primera noticia que recibe es la del desastre del ejército del jeneral Rivera en el Arroyo Grande. El dia 16 de Febrero el ejército de Rosas ponia sitio á Montevideo; y como las desgracias no vienen nunca solas, en el siguiente mes, y en el espacio de tres dias, Varela perdió una hija, y una hermana muy querida. Su corazon resistió con entereza esta cadena de desventuras. Le hemos oido referir con serenidad todos los accidentes de su naufrajio; le hemos visto soportar con resignacion la pérdida de cuanto poseia, y entregarse en seguida tranquilamente al desempeño de sus nuevas deberes.

Montevideo se preparó á defenderse contra las armas de Rosas, que el jeneral Oribe, temible por sus recientes, hechos, conducia contra su pais. Varela ocupó un puesto entre los defensores; y despues de ayudar con su consejo y su cooperacion al gobierno de la defensa, fué enviado en Agosto de 1843 á Inglaterra con una mision especial, cuyos antecedentes y objeto esplica él mismo en su Diario de Viaje. (Vease Celebridades Arj.)

Antes de ser nombrado para esta mision, el Dr. Varela publicó un nuevo panfleto político, titulado: Sucesos del Rio de la Plata. Su objeto era, demostrar la falta de verdad y de estudio que predominaba en los informes que remitian á los gobiernos europeos sus respectivos ajentes, de donde provenian los desaciertos en que habian incurrido aquellos en sus cuestiones con el dictador de Buenos Aires.

Varela desempeñó su mision con habilidad, pero no consiguió el resultado que habia hecho esperar el Comodoro Purvis, y que era dado prometerse despues de los actos de este, y de las compromisos contraidos por el ministro británico, Mr. Mandeville. Despues de varias conferencias con lord Aberdeen, declaró este oficialmente que el gobierno de la reina no tomaria parte en los negocios del Plata. La Inglaterra (como observa Varela) no conocia entonces sus intereses. Dos años despues se veia forzada á hacer lo que no hizo á instancias de Varela; y así el tiempo vino al fin á dar la razon al comisionado de Montevideo.

Varela ocupó su corta residencia en Inglaterra en visitar los monumentos, los palacios, los museos, los arsenales, y especialmente los establecimientos fabriles que alimentan la industria y el comercio colosal de aquella gran nacion. Estudió las máquinas de vapor con el interés de un mecánico. De todo tomaba prolijas notas en el diario de viaje que llevó sin interrupcion.

Despues de visitar las principales ciudades manufactureras de Inglaterra, pasó á Francia y residió algunas semanas en Paris, donde redobló su actividad para ver las cosas mas notables de este otro emporio de civilizacion y humana grandeza. Su tiempo se dividia entre la necesidad de satisfacer su ilustrada curiosidad, y el deseo de obtener en Francia por la opinion pública, lo que sus esfuerzos no habian alcanzado cerca del gabinete ingles. Con ese fin, se acercó á los principales oradores de la Cámara de Diputados, y particularmente á M. Thiers, cuya estimacion supo captarse. En aquella asamblea, tanto bajo la monarquía, como despues bajo la república, resonaron los elojios de Varela, cuando llegó la ocasion de tratar la cuestion del Plata, y de hacer uso de los datos que él habia facilitado.[2]

El año siguiente volvió Varela al seno de su familia. Su viaje á Europa, habia completado su educacion, sazonado su juicio y abierto á su inteligencia un campo mas estenso. Al mismo tiempo su carácter moral se habia perfeccionado. Las costumbres inglesas, que habia podido apreciar en el seno de algunas familias que habia tratado con cierta intimidad, lo habian cautivado; desde entonces parecia que el tipo ingles era el modelo de su conducta personal. A su afabilidad congenial que nunca lo abandonaba, se agregó por imitacion cierta gravedad llena de nobleza, particularmente en su trato con estraños. El sentimiento religioso se hizo tambien mas visible en él desde que tuvo ocasion de observar la saludable influencia que el culto externo ejerce sobre las costumbres públicas y privadas en Inglaterra. Cuando volvió á Montevideo empezó á habituarse á la práctica de la santificacion del domingo, asistiendo al templo con su familia al servicio divino. Desde entonces, en fin, pudo presentarse en el trato social como un modelo del hombre culto y del cumplido caballero.

Continuó influyendo directamente en la política del Rio de la Plata, por la amistad que lo ligaba al Sr. Vasquez, el cual volvió como antes á valerse de su consejo y cooperacion en el ministerio de Relaciones Exteriores.

Es de esa época, y pertenece á su inspiracion y á su pluma, el memorandum pasado por el gobierno oriental á su representante en el Brasil el Sr. Magariños, para entablar negociaciones sobre la base de un arreglo definitivo de límites. Pero su obra mas importante fué el Comercio del Plata, diario fundado por él en 1845, con tres objetos: combatir la tirania de Rosas, apoyar la intervencion europea que venia á facilitar con su ausilio los medios de destruirla, y abrir para la prensa del Rio de la Plata una nueva era de cultura en las formas, de moderacion en el debate y de utilidad y enseñamiento fecundo para el pueblo.

Varela se propuso realizar una completa reforma en la prensa periódica; y si no lo consiguió del todo, dió por lo ménos en su diario el ejemplo mas acabado de la posibilidad de realizarla.

Él se propuso hacer desaparecer del diarismo la personalidad y el insulto que, á falta de razon ó de saber, servia á los escritores del dia de cómodo recurso para satisfacer una curiosidad pueril, y dar pávulo á las discordias interiores. Estableció la discusion sobre las bases del razonamiento y de la historia; juzgó los hechos con sano criterio; esplicó con claridad el pasado y formuló con acierto las aspiraciones del porvenir.

Dió siempre mayor importancia á las cosas que á los hombres; puso la sinceridad del hombre honrado al servicio de su causa, y no manchó jamas con la mentira las columnas de su diario consagrado al esclarecimiento y á la defensa de la verdad. Ilustró en él todas las cuestiones de actualidad, y particularmente las que versaban sobre política internacional, que tanto abundaron en aquella época en que un campesino de Buenos Aires, supo á fuerza de astucia y mala fé, poner á prueba la perspicacia de los gabinetes y la habilidad de muchos diplomáticos. Conservó siempre una digna reserva en los negocios privativos del pais en donde escribia; porque profesaba el principio, de que la voz del extranjero en las cuestiones internas de un pais conmovido por la discordia, solo puede tener autoridad cuando se alza desligada del alarido de las pasiones ajitadas; cuando pugna por aplacarlas y no por enardecerlas. Estimaba á tal punto el decoro de su diario y de los principios á que estaba consagrado, que cuando ocurria un hecho, por notable que fuera, capaz de empañarlo, le negaba totalmente el derecho de circulacion por su conducto, como sucedió en la revuelta de Abril de 1846, de la cual no se encuentra el menor rastro en las columnas del Comercio del Plata.

Las relevantes prendas del escritor, el atractivo de su estilo, la fuerza irresistible de su lógica, la amenidad del diario que procuraba ser perfecto en todas las materias que abrazaba, diéronle una importancia suprema en todo el Rio de la Plata, y una grande estimacion en el exterior. El Comercio del Plata se hizo una potencia en las cuestiones de la época; su opinion era siempre deseada, y su consejo seguido. Todos querian conservar su coleccion, y hubo quien ofreció una onza de oro por el primer número sin poder obtenerlo. Como era natural, el publicista que con tanto éxito sostenia la propaganda civilizadora, que llenaba su ministerio con tanta conciencia y dedicacion, debia ser, y era en efecto, objeto de la estimacion y el respeto general, y así Varela llegó á tener en aquella época una importancia personal tan grande, como la que gozaba el papel que dirijia.

El Dr. Varela aprovechó el ajente de publicidad de que disponia, para dar á conocer muchos escritos interesantes y documentos relativos á la historia del pais, entre los cuales citaremos la Coleccion de Constituciones de las repúblicas americanas, y de los Tratados de los Estados del Plata, y una série de papeles de sumo interés sobre las cuestiones de límites entre las posesiones Españolas y las Portuguesas en América, todos raros, y algunos inéditos.

En las columnas editoriales dilucidó algunas cuestiones históricas, y sostuvo la gran tesis de la libertad de los rios interiores, que la revolucion contra Rosas puso en práctica apénas obtuvo el triunfo.

Dos años y medio habia sostenido el Dr. Varela la abrumadora tarea del diarismo, conquistándose la simpatía de los buenos y el odio de los malos, cuando el 20 de Marzo de 1848, á las 8 de la noche, fué alevosamente asesinado, recibiendo una puñalada por la espalda en el momento de llegar á la puerta de su casa. El asesino, Andres Cabrera, consiguió evadirse sin ser visto, y regresó al campo del ejército sitiador, de donde habia sido mandado, segun lo ha declarado él mismo, en la causa criminal que se le siguió en 1852.

Los detalles de este crímen atroz, están consignados en la Biografia de Varela que escribí para la Galeria de Celebridades Arjentinas, de donde he arrancado estos fragmentos. Allí remito al lector interesado en conocerlos, porque el Editor de la Biblioteca no me concede ya espacio sino para concluir.

Pocos hombres habrá que gocen como el Dr. Varela de un aprecio mas universal. Su carácter afable, su talento, su vida inmaculada, su honradez á toda prueba, su desprendimiento generoso, su sencillo género de vida, todo contribuia á captarle la amistad de cuantos le conocian. En todas partes del mundo donde estuvo, supo adquirir amistades calorosas y profundas. Y si en vida recibió los testimonios mas inequívocos de aprecio, despues de su muerte su familia tuvo la confirmacion mas solemne de ese sentimiento general.

Varela dejaba al morir diez hijos y una viuda en cinta, sin otro patrimonio que el corto capital invertido en la imprenta y su biblioteca. En el acto se abrieron suscripciones en favor de esa familia huérfana, y se reunieron mas de quince mil pesos plata en pocos dias. En ella tomaron parte sus amigos de todas las nacionalidades; y es digno de mencionarse, que Sir Charles Hotham, el gefe de la escuadrilla inglesa que combatió en Obligado, se asoció á esta manifestacion de simpatía, enviando desde Inglaterra donde se hallaba, algunas libras esterlinas.

La prensa de todo el mundo resonó en elogio del valiente escritor que habia concitado contra sí el furor de los tiranos, y un diario ingles propuso la ereccion de una estatua, costeada por los escritores públicos, en honor de su memoria.

Poco despues de derrocada la tirania de Rosas, que él combatió hasta el último instante de su vida, sus restos fueron trasladados á Buenos Aires por su familia, y depositados en esta tierra que tanto habia amado. El sencillo sepulcro en que duerme el eterno sueño, costeado por nueve de sus amigos ó admiradores, es un testimonio del aprecio que despertaron sus virtudes y su amor á la libertad.

Tales son los rasgos principales de la vida de este arjentino ilustre. Como hombre privado, fué un verdadero tipo de virtudes domésticas, Padre de una familia numerosa, tenia por su anciana madre una veneracion tan cariñosa como espresiva; era para él, segun sus propias palabras, un objeto de culto sobre la tierra. Jamas la nube mas lijera alteró la serenidad de su amor lleno de fidelidad y de confianza para la compañera de su vida. Su trato era festivo, fácil é insinuante. Se ganaba instantáneamente el corazon de cuantos le trataban. Poseia en el mas alto grado el dominio de sí mismo. Vivia siempre ocupado; y cuando no trabajaba mentalmente; tenia el antiguo hábito de recitar los innumerables versos latinos, franceses é italianos, ingleses y españoles que conservaba en su memoria privilejiada. No amaba la música; pero en compensacion, era apasionado por la pintura y el arte plástico. No conocia otros pasatiempos que los que le proporcionaban sus libros y sus estudios.

Como hombre público, brillaba por su talento, por su erudicion poco comun, por su carácter recto y leal. Partidario ardiente de la libertad, del órden y de la ley, consagró sus facultades eminentes en todo su vigor á la defensa de la verdad, sublevando la opinion pública contra el despotismo sangriento y bárbaro que habia sojuzgado á su patria. Reformó la prensa del Rio de la Plata, proscribiendo de ella la procacidad del lenguaje, la personalidad y el insulto, y haciéndola una cátedra de crítica decorosa, de enseñamiento moral y de discusion templada y racional. Sus armas fueron la verdad,—la verdad ante todo!—el exámen concienzudo de los hechos, y una aspiracion constante al progreso y al bien. Tolerante, conciliador y humano, aceptó todo concurso que tendiera á la paz y á la felicidad de su patria; no reconoció mas que dos enemigos dignos de su odio:—Rosas y Oribe; y muy pocos dignos de su desprecio—los que por interés ó vileza seguian sus banderas sangrientas. Mantuvo firme la suya que era de honor y de justicia;—al pié de ella fué sacrificado á la iracunda impotencia del vencido.

Luis L. Dominguez.

NOTA:—El escrito que antecede no es mas que una série de fragmentos tomados testualmente, con escepcion de pocos renglones, de la Biografia del Dr. Varela escrita para la Galeria de Celebridades Arjentinas.

L. D.

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