EL CORONEL OLAVARRIA.
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"Queriendo el Gobierno manifestar de algun modo el alto aprecio que le merecen los servicios que este guerrero distinguido ha prestado al pais, tanto en su gloriosa independencia, cuanto en las diversas ocasiones que ha necesitado de ellos"..&a.&a.,
Decreto Del Gobierno de 24 de Octubre, publicado en este número.
Pocos nombres mas familiares en el Rio de la Plata que el del noble guerrero á quien consagramos estas líneas. En las campañas de Chile como en las del Perú; en las de Bolivia como en la del Brasil; en Buenos Aires como en el Estado Oriental, ese nombre se encuentra siempre asociado á brillantes hazañas personales, á victorias gloriosas, á desastres tan gloriosos como la victoria; y representando siempre, á la par del valor individual, las ideas de perfecta organizacion y diciplina militar, especialmente en la arma á que Olavarria se habia contraido en la última mitad de su carrera.
Pero sus hechos, como los de todos los personajes de una epopeya todavia por escribirse, se conservan solamente en las tradiciones populares, en documentos desparramados, ó en la memoria de sus compañeros de armas. De fuentes tan diversas, apénas hemos podido recojer uno que otro hecho, en las breves horas que nos quedaban, desde que nos llegó el decreto del gobierno de la República, que dá á los servicios del Coronel Olavarria una recompensa tan honrosa como delicada.
Renunciando pues á toda pretension de biógrafos, haremos una sencilla narracion de la carrera de aquel gefe, para confirmar, en cierto modo, la justicia de esa noble resolucion del Gobierno Oriental, y para cumplir un grato deber de la amistad que nos ligaba con el malogrado guerrero.
Olavarria fué militar, literalmente, desde su primera infancia. Su padre, Coronel de Blandenguez en Buenos Aires, en tiempo del gobierno colonial, gozaba de merecida estimacion con los Virreyes, y en la Corte de Madrid. La juventud americana no tenia entonces otra carrera delante de sí, que la Iglesia, el Foro y la Milicia. El padre de Olavarria, deseoso de dar al hijo la suya propia, solicitó, y obtuvo por gracia especial de la Corte, á principios de 1810, un despacho de cadete del mismo cuerpo Blandenguez, cuando el niño tenia apénas de 8 á 9 años. Por estraño que esto nos parezca el dia de hoy, nada era mas comun en aquellos tiempos, y aun en los primeros años de la revolucion, que el destinar á la milicia los niños de esa edad, con el título de cadetes, verdaderos estudiantes, que se reunian en académias bajo la direccion de algun táctico viejo que les enseñaba á dar batallas sobre las mesas, con muñequillos de carton.
Aquella edad y aquel título tenia Olavarria, cuando se abrió, en 1810, el grande drama en que debia, mas tarde, representar un papel distinguido. Entonces no solo se obraba con el dia: se pensaba tambien para el siguiente. Los que dirijian el movimiento procuraron formar militares científicos, que pudieran hacer frente á las dificultades que se preveian. Continuaron las académias de cadetes, especialmente para el estudio importante de la artilleria. A esta arma se decidió el niño Olavarria, y despues de tres años de estudio, empezó á servir activamente en ella en 1813, teniendo él, 13 años de edad.
La reconquista de Chile por los españoles en 1814 hizo pensar seriamente al gobierno de Buenos Aires en la necesidad de llevar la guerra á aquel hermoso pais; y en el año siguiente se empezó la formacion del Ejército de los Andes. Olavarria fué uno de los primeros fundadores de ese Ejército—la gran escuela militar de nuestros paises—y á él pasó, en clase de Alferez, en 1815.
Dos años despues, San Martin le transportaba al otro lado de los Andes, descendia al suelo chileno, y encontraba al enemigo en la cuesta de Chacabuco. Fué el primer encuentro en que se hallaba el Alferez Olavarria; y ya en él se condujo de manera y demostró calidades tales, que San Martin, cuya penetracion para conocer al soldado era proverbial, miró en el jóven Alferez un hombre de esperanzas, y á fines de ese mismo año le dió el grado de teniente.
Esa primera victoria de los republicanos, despertó al Virrey de Lima, que miró amenazado el Perú, si Chile conservaba la independencia que acababa de proclamar, en Febrero de 1818. Pezuela se apresuró por eso, á mandar al jeneral Osorio, que con 5,000 hombres de tropas regladas, desembarco en Talcahuano, en los primeros meses de aquel año; y marchó sobre el ejército republicano, que se dirijia hácia Talca. Muy cerca ya de esa ciudad, tuvo lugar la sorpresa y completísima dispersión del Ejército de San Martin, en Cancha-Rayada, la noche del 19 de Marzo. Olavarria, despertó, como todos, cercado de enemigos: sin desmayar por eso, acudió á salvar su bateria, con una serenidad y un valor que asombraron á los veteranos: sacó las piezas del campo de la sorpresa, y se retiró muy largo trecho con ellas; hasta que, al dia siguiente, oprimido por el número del victorioso enemigo, exhaustas sus fuerzas y las de sus pocos artilleros, tuvo que abandonar los cañones, salvándose con dificultad.
Apénas habian corrido 27 dias, despues de ese desastre, cuando San Martin hizo frente á los realistas, en la llanura de Maipo, nombre cuya significacion nadie ignora en Sud-América; nombre que desde entonces
........................became a magic word; Which utter'd, to the hearer's eye appear The camp, the host, the fight, the conqueror's career,
La artilleria trabajó mucho en esa batalla; y nuestro amigo, simple teniente, se distinguió tanto, por actos de intelijencia y de valor, que fué hecho capitan en el campo de la jornada.
Continuó despues toda la campaña de Chile, hasta la completa espulsion de los enemigos, de ese territorio; y no hubo encuentro notable en que no tuviese parte. Los combates de Chillan, de Biobio, y otros muchos, le encontraron entre los vencedores.
El ejército Libertador de Chile se reorganizó despues para la atrevidísima campaña del Perú. Olavarria marchó tambien en esa expedicion; y al arribo al puerto de Pisco en 1820, se le confió el mando de la artilleria de mar, á bordo del bergantin chileno Araucano, destinado á cruzar entre aquel puerto y el Callao. Tambien le esperaban combates en el mar; y se condujo con singular bizarria en el que sostuvo el Araucano con la fragata española Cleopatra.
Desde entonces, dejó el capitan Olavarria la arma en que habia servido; y pasó á la caballeria, en que tantos conocimientos teóricos y prácticos desplegó despues. Su primer servicio, en esa arma, fué en el afamado regimiento de granaderos á caballo, que tanto nombre dió á Necochea,
..............."el guerrero esforzado Otra vez vencedor, y otra cantado;"
en cuyo cuerpo hizo toda la campaña de la Sierra, á las órdenes del Jeneral Arenales.—De regreso de ella, pasó de Ayudante mayor, en 1822, á un cuerpo de caballeria peruana, en el que hizo la campaña de la costa, é inmediaciones de Lima, al mando del Jeneral D. Domingo Tristan.
En 1823, elevado al grado de Sarjento Mayor, fué destinado al primer cuerpo de lanceros; que formaba parte de las fuerzas que, á las órdenes del Jeneral Santa Cruz, hicieron la penosa, é importante campaña de los Puertos Intermedios. En lo mas crítico de ella, fué mandado Olavarria con su escuadron á ocupar la ciudad de Cochabamba.
El enemigo, por un movimiento bien concebido y bien ejecutado, dejó aquel cuerpo enteramente cortado de la Division á que pertenecia; y cayó sobre él con fuerzas muy superiores. Olavarria, sereno en el conflicto, hábil para concebir, y rápido para ejecutar, emprendió una dificil retirada á los Yungas, donde el renombre jeneral Lanza mantenia el espíritu de independencia; y desafiaba, á fuerza de arrojo, de actividad, y de conocimientos locales, todo el poder de los realistas. A Lanza se incorporó Olavarria con todo su escuadron: reunidas despues todas las fuerzas de aquel jeneral, determinó atacar al enemigo, que, á las órdenes de Olañeta, ocupaba los Valles de Cochabamba. El éxito correspondió mal al arrojo: Lanza fué vencido, sus fuerzas exterminadas ó dispersas; y el Mayor Olavarria, obligado á escapar casi solo, y sin esperanza de encontrar allí nuevos elementos de resistencia, determinó arrostrar cualesquiera peligros, por reunirse á los compañeros á quienes habia dejado combatiendo sobre las costas. Acompañado de cuatro oficiales, sus particulares amigos, atravesó disfrazado varios pueblos que el enemigo ocupaba; hasta llegar desdespues de inmensos trabajos, y sorprender el Puerto de Arica, donde se apoderó de un mal buquecillo de cabotaje, que le condujo á la Capital del Perú.
El último tercio del año de 1823 fué funesto para las armas republicanas: parecia que el Ejército libertador del Perú habia perdido el espíritu que le animaba, con la ausencia de su Gefe, el General San Martin; que, en Setiembre del año anterior, habia dado el ejemplo único hasta entonces, sin imitacion despues—de abdicar en manos del Congreso Peruano, todos sus títulos, todo su poder militar y civil, alejandose para siempre de la escena política.
El Perú quedó todo en poder de los españoles, á escepcion de algunos Departamentos al Norte de Lima, donde se recojieron las reliquias de los ejércitos republicanos. El jénio y los auxilios de Bolivar los reorganizaron allí, y se emprendió de nuevo la campaña, que puso término á la guerra de la independencia.—El mayor Olavarria fué destinado á un cuerpo de nueva creacion, en el que se halló en la batalla de Junin; que, como todos saben, empezó por la derrota de los republicanos, y terminó por su completa victoria. Olavarria fué hecho prisionero al principio de la jornada, y rescatado despues en el mismo campo de batalla. Concluida esta, fué ascendido á comandante de escuadron, en cuya clase se halló en la memorable batalla de Ayacucho. Su comportacion allí escedió en bizarria á todo lo que hasta entonces habia hecho. A mas de la parte que tuvo en la batalla, fué destinado, despues de ella, á perseguir con su escuadron y una compañia de cazadores, la derecha enemiga, que se retiraba organizada; hizo prodijios de valor, desplegó extraordinaria actividad y tino; y regresó al campo de batalla conduciendo número muy considerable de prisioneros. Poco quedó que hacer, despues de la jornada de Ayacucho. Sin embargo, los realistas ofrecieron todavia alguna resistencia en el Alto Perú, y Olavarria participó tambien de todos los trabajos que fué necesario emprender para terminar la guerra. Entre otros, fué destinado á sofocar una insurreccion realista en Huamanga; varios encuentros tuvieron lugar; hasta que, al fin, sometió á los revolucionarios, concluyendo así sus servicios en la guerra de la Independencia, cuando literalmente no quedaba ya un enemigo á quien combatir.
El término de aquella lucha, despertó en Buenos Aires la idea de reconquistar la Banda Oriental, ocupada por el Brasil: á los cantos de triunfo de Ayacucho se mezclaban clamores de guerra contra el Imperio; y puede, con toda verdad, decirse que esa guerra habia sido declarada por el pueblo, antes que los gabinetes formulasen la declaracion. Olavarria oyó en el Alto Perú la nueva empresa á que su patria se preparaba: pidió inmediatamente á Bolivar permiso para dejar el servicio en su Ejército, y venir á ofrecer su brazo á su pais. El Libertador de Colombia se lo concedió, en términos muy honrosos, dándole, por sus servicios, los despachos de Coronel graduado, el 13 de Marzo de 1826.
En Julio de ese año estaba ya en Buenos Aires, donde el Presidente de la República le nombró Comandante de escuadron en un cuerpo de caballeria: pero en Agosto siguiente, le confió el mando y organizacion de ese Regimiento núm. 16, cuya fama ganada en la campaña del Brasil, dura todavia entre los militares del Rio de la Plata. Olavarria fué uno de los Jefes que mas brillaron en esa campaña, especialmente en la jornada de Ituzaingó, donde su escuadron se atrajo la admiracion de todos por su denuedo y su pericia. Allí fué herido Olavarria de un pistoletazo, por la primera vez. El General Alvear dijo en el boletin de aquella jornada: "Los bravos lanceros [era el cuerpo de Olavarria] maniobrando como en un dia de parada sobre un campo cubierto ya de cadáveres, cargaron, rompieron al enemigo, lo lancearon y persiguieron hasta una bateria de tres piezas, que tambien tomaron. El rejimiento 8 sostenia esta carga: fué decisiva. El Coronel Olavarria sostuvo en ella la reputacion que adquirió en Junin y en Ayacucho."
De vuelta de esa campaña, el coronel tomó la parte que todos sus compañeros en el movimiento de 1.° de Diciembre de 1828, en Buenos Aires. Vencidas las fuerzas del Jeneral Lavalle, Olavarria emigró á la República Oriental, que empezaba entonces su vida independiente: fijó su residencia en Mercedes, donde se entregó á ocupaciones enteramente pacíficas. De ellas le sacaron las injustisimas y estúpidas persecuciones que D. Manuel Oribe declaró, en obsequio á Rosas, contra todos los emigrados Arjentinos. El Coronel que ya entonces habia contraido matrimonio y formádose una familia, se reunió al General Rivera á quien acompañó en la adversidad y en la fortuna, combatiendo siempre por la libertad del pais que le asilaba, de la patria de sus hijos, que el habia adoptado por suya. Su espada sostuvo siempre, en este pais, la divisa del órden constitucional, y de los gobiernos legales.
Durante su larga carrera, fué honrado con varias comisiones importantes: ha sido diversas veces parlamentario; ha obtenido cinco medallas, dos cordones, dos escudos, y una estrella de la lejion de honor de Chile. Ese era el militar, el hombre público.
En el hogar doméstico, en sus relaciones privadas, todos los que le conocieron le quisieron y le estimaron. Casó, en el destierro, con Da. Jertrudis Rodriguez, hija de un propietario de Mercedes; y se contrajo al cuidado y fomento de las propiedades rurales de su esposa. La invasion de Oribe le arrojó de su casa; y su familia se asiló en la Capital, donde tuvo el dolor de perder un exelente esposo, un padre solícito y tierno.
El Gobierno Oriental acaba de recompensar los méritos del Coronel Olavarria, con un acto que honra tanto al que le ha hecho como á la memoria de aquel soldado distinguido. Grande consuelo es, para su familia y sus amigos, ese testimonio de la gratitud de un pueblo que le habia admitido entre sus ciudadanos. Los amigos y compatriotas del Coronel Olavarria se unen á su familia, para agradecer esa honrosa demostracion.
Octubre 27 de 1845