ERRORES CURIOSOS.
Reading edition
Las prensas del Rio de la Plata han publicado algunas veces artículos sueltos sobre la ignorancia, en que se vive en la Europa, respecto de los hombres, de los sucesos, de la historia, de la geografia, de las costumbres; y en una palabra, de todo lo que dice relacion á estos paises: algunos ejemplos se han citado, de libros publicados por seudo-viajeros, que recojen notas en los cafées, en las calles, ó de boca de truhanes, que se entretienen en contarles los mas ridículos despropósitos; y las publican luego en esmeradas ediciones, con títulos pomposos, aumentando la inmensa copia de paparruchas con que se alimenta la ignorancia.
Algo se ha dicho, repetimos, sobre ese particular; pero aun queda muchísimo que decir; é importa decirlo, porque en ello se interesa directamente el crédito y la prosperidad de estos paises.
Un documento oficial que publicamos ayer, firmado por el primer estadista contemporáneo:—si se esceptúa tal vez el soberano á quien sirve[16] nos ha sugerido la idea de este artículo. Mas adelante hablaremos de ese documento.
Cuando uno de nosotros visita la Europa por primera vez, encuentra cada dia un desengaño, ó pierde alguna ilusion, respecto de las ideas que allí se tienen sobre estos paises. La afluencia comparativamente grande, de extranjeros que frecuentan nuestros puertos; el comercio de ideas y de productos que se mantiene entre nosotros y la Europa, nos persuade que allí se fija en este lado del mar la misma atencion que nosotros fijamos en los paises remotos. Sin embargo, sucede todo lo contrario; y ninguna exageracion hay en decir: que entre la clase comerciante—que es generalmente la que mas conoce las regiones de nuestra América—ese conocimiento está limitado en cada individuo al pais con que trafica. Los hombres de ciencia y de letras no tienen sobre ellas, por lo comun otras nociones que las muy generales que dán los libros de geografia, ó de historia: y esas mismas, pervertidas por los viajeros traficantes de imposturas, á quienes antes nos referimos. Hablamos todo esto por esperiencia propia. Con mucha frecuencia nos ha sucedido del otro lado del mar que, al decir que éramos de Buenos Aires, y que íbamos de Montevideo, se nos tomaba por brasileros; y mas de una persona advertida por nosotros de su error, nos ha sostenido todavia que Rio de la Plata y Brasil todo era uno:—proposicion (digámoslo de paso) que convendria mucho al Sr. Carneiro Leão, á juzgar por sus notas al general Guido, pero que no prueba gran conocimiento en la geografia física y política.
Engaño muy grande seria el creer que solo se encuentran esos errores en gentes vulgares ó iliterarias: algunos ejemplos de nuestra propia experiencia han de mostrar lo contrario.
Hallándonos una noche en una distinguida sociedad de Lóndres, contestando á algunas preguntas que nos hacian sobre el Rio de la Plata, uno de los circunstantes, negociante de primera nota en el City, nos preguntó en plena asamblea donde se hallaba actualmente el General Bolivar. Esto sucedia en el invierno de 1843.—"Señor, contestamos, el General Bolivar ha muerto." "No, no, repuso el interlocutor: hablo del libertador de Colombia, Simon Bolivar."—"Si señor, dijimos, murió hace ahora unos diez años." Y esto fué una novedad para nuestro contertulio.
Fuimos á visitar en Paris á uno de los literatos cuyo nombre y cuyos escritos son mas familiares en todas estas rejiones;[17] y una de las preguntas que nos hizo fué—por mas asombroso que parezca—cual era el idioma de la sociedad culta en el Rio de la Plata. Contestamos nosotros que el Castellano: "eso será, repuso él, en las clases inferiores; pero entiendo que el francés es el idioma de la clase escojida." Como le afirmásemos lo contrario, extrañó entonces que un niño que nos acompañaba se expresase regularmente en francés.
Poco despues de nuestra llegada á Montevideo, recibimos diplomas de una sociedad cientifica residente en Paris, que especialmente se ocupa en trabajos históricos, y geográficos. El sobrescrito con que esos papeles nos llegaron, y que conservamos en nuestro poder, dice literalmente:—"Al Sr. Florencio Varela, Doctor en Derecho, en Montevideo (Brasil.")
Una casa de Comercio de esta plaza puso el año pasado en nuestras manos un poder que habia recibido de corresponsales suyos en Ruan, para cobrar una suma á otro negociante en esta. El poder otorgado en aquella ciudad de Francia dice: "A los SS.... negociantes en Montevideo (Méjico.")
A estos ejemplos podriamos agregar otros, tomados de libros contemporaneos, que gozan de justisima reputacion; pero que carecen hasta de buen sentido, desde que hablan de la América del Sud; Maunder, por ejemplo, que en uno de sus Tesoros presenta al General San Martin ganando señaladas batallas contra los independientes de Sud América, y en favor del rey de España!! Pero si algun ejemplo mas notable se necesita, aquí tenemos el documento que indicamos al principio; la carta del Sr. Guizot al Baron de Mackau, que publicamos ayer entre las piezas oficiales de la negociacion con el Señor Deffaudis. El Sr. Guizot, estadista de alta capacidad, hombre de vastisima erudicion, uno de los genios mas seriamente investigadores que conocen los contemporaneos, colocado al frente de las relaciones exteriores de la Francia, lo que le obliga á conocer la organizacion política de los paises con quienes mantiene esas relaciones; el Sr. Guizot no se ha dado cuenta todavia de la República Arjentina; y en la carta citada dá, por dos veces, á Rosas el título de Presidente; y se expone á que Arana—Arana, por Dios, que no sabe siquiera traducir el francés, que no está cierto tal vez, de cual rama de los Borbones está sobre el trono de Francia,—le zumbe en una nota oficial por aquella crasa equivocacion!! Ella es tanto mas notable, cuanto la capacidad que Rosas se atribuye para representar á todas las provincias Arjentinas, ha sido, desde el tratado Mackau, materia de pública, y muy ajitada discusion. Hoy nadie ignora: y á nadie es permitido ignorar sino á unos periódicos de Nueva York que ponen á Rosas al mando de las fuerzas orientales, y al general Rivera y á Ur Kisso al frente de las Arjentinas—que Rosas no es mas que el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires: que no hay, en la actualidad, Presidente de aquella República, por que ningun pacto existe que ligue las provincias Arjentinas. El error del Sr. Guizot es injustificable, y aumenta la lista de los que cada dia se cometen respecto de nosotros.
Algunas personas han querido escusar esa ignorancia, diciéndonos que ni tienen medios de averiguar lo que pasa en estos paises, ni su situacion vale la pena de ser estudiada.—No: esa es una mala excusa de la ignorancia. Cualesquiera que hayan sido los estravíos de la prensa en nuestra América, mucho, muchísimo bueno se ha escrito en ella; y el Rio de la Plata no es el que ménos ha contribuido, en ciertas épocas á aumentar el caudal de útiles conocimientos, sobre las rejiones bañadas por este inmenso estuario.
Cualesquiera tambien que nuestras locuras sean, no es verdad que hayamos merecido por ellas la suerte de Gomorra—que deban estos paises borrarse de la lista de los pueblos cultos y cristianos. No: los jérmenes del bien, de la civilizacion, del progreso moral, existen con bastante vigor para resistir, como lo están haciendo hace tantos años, los esfuerzos que hace la barbarie por desarraigarlos. Los que vuelven el rostro con desden á la situacion de estas rejiones, lo hacen por abandono, por pereza, por no tomarse el trabajo de ayudar y sostener el buen principio: le dejan perecer, pudiendo salvarle, y luego nos escarnecen por que ha perecido.
Los sucesos, que, hace seis meses, empiezan á desarrollarse, muestran que la Europa ha comprendido al fin la conveniencia, la necesidad, de dar apoyo en la América al principio civilizador. A nosotros toca apoyar esa nueva tendencia; y los escritores públicos, mas que muchos otros, tienen la obligacion de hacerlo, elevando la imprenta á la altura conveniente, haciéndola servir á derramar en el exterior conocimientos exactos sobre los hombres y las cosas de nuestros paises; y á combatir, con enerjia y con templanza, la impostura de los que trabajan por envolver entre sombras la verdad.
Noviembre 19 de 1845.