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José Valenzuela D. translation
La guerra civil que estalló antes de mi partida de Chile no fué de larga duración ni muy sangrienta. Terminó con la elección de Freire para el cargo de Director y la convocación de una nueva Convención, que debemos esperar piadosamente que aprovechará los errores de la anterior. El Director O’Higgins pocos días después de su regreso de Valparaíso, donde el terremoto casi le costó la vida, se retiró á su residencia campestre del Conventillo á descansar y reparar sus fuerzas.
A fin de que los negocios públicos no sufrieran durante su ausencia del gobierno y probablemente para dar aún mayor prestigio á Rodríguez, que era hechura de San Martín y á quien estaba en ese tiempo resuelto á sostener, delegó su autoridad en él y otros tres, que, según entiendo, la ejercieron sólo por unos pocos días.
Los asuntos del Sur se acercaban á una crisis. Los soldados y el dinero que se esperaban de Coquimbo sirvieron para combatir al gobierno de Santiago. Aconcagua siguió el ejemplo y envió diputados á la Convención de Coquimbo. La tentativa de reclutar soldados para el ejército de O’Higgins costó algunas vidas en Quillota. El Director se vió obligado á abandonar á Rodríguez. Arcos huyó. San Martín se apresuró también á abandonar al hombre á quien sus malos consejos arruinaron en parte.
No quedaba ya al Director otro recurso que la adhesión de las tropas. Fué á los cuarteles. Pidió á los soldados en el nombre de la patria que le prestaran su apoyo; les habló de la gloria que juntos habían conquistado, del orgullo que cifraba en su adhesión. Unos pocos, impresionados por este llamamiento, se declararon por el Director. Muchos les replicaron que sus medidas habían arruinado la causa de la patria y que Freire no era menos amado que él y también había sido compañero y jefe de ellos; y, como para hacer más amarga aún esta respuesta, los nombres de los Carreras fueron pronunciados entre dientes en las filas. O’Higgins entonces, descubriendo su pecho, les dijo que ya que no había logrado satisfacer á sus conciudadanos y compañeros de armas, les ofrecía una vida que ya no tenía valor para él; y después de un grito de “¡viva el Director O’Higgins!”, lanzado por su guardia y no repetido por la tropa, se retiró, pidiéndoles que se mantuvieran tranquilos, porque él no quería exponerse á tener que derramar la sangre de sus compatriotas.
Creo que éste fué el último acto público de este hombre tan bueno como débil.
Mediante la influencia de su madre y de su hermana, una compañía mercantil hizo de él su instrumento. Esta fué una de las principales causas de su caída. Deseó irse á Irlanda, patria de sus antepasados, pero fué detenido en Chile con no sé qué pretexto de exigirle cuentas de la inversión de los fondos públicos y puesto bajo la custodia de Zenteno.
El ejército de Freire marchó directamente á Valparaíso, donde se le juntó una pequeña fuerza que vino por mar de Talcahuano. Dirigióse de aquí á la capital, pero no inmediatamente, por temor de que algún resto de adhesión á O’Higgins ocasionara resistencia de parte de las tropas.
Mientras tanto los partidarios de Freire y los enemigos de O’Higgins hacían causa común. La antigua Convención fué disuelta y reunióse la nueva, en cuya elección tuvo más parte el pueblo, y á que pertenecieron varios de los miembros de la anterior. Freire resistió largo tiempo á las instancias de todos los partidos para que asumiera la dictadura, alegando que en sus proclamas y de palabra siempre había declarado que su venida del Sur tuvo por único objeto la destitución de ministros perniciosos.
Pero era indudable que no se toleraría la continuación de O’Higgins en el gobierno. El país reclamaba un magistrado supremo. Por fin, el 31 de Marzo de 1823, presentóse á Freire un oficio de los plenipotenciarios de Santiago, Concepción y Coquimbo, en que éstos solicitaban de él que aceptara el cargo. Otro designaba á estos tres, á saber, don Juan Egaña, plenipotenciario de Santiago; don Manuel Novoa, de Concepción, y don Manuel Antonio González, de Coquimbo, para que con el nuevo director y el secretario Alamos formaran un senado, acordaran una acta de unión y reunieran en una las convenciones de las tres divisiones del Estado. El primero de Abril aceptó Freire el cargo de director, el senado entró en funciones y se reunió, si no me equivoco, la Convención.
La revolución fué dirigida y llevada á cabo con inusitada moderación y serenidad, que honran á los caudillos de ambos partidos y que espero seguirán inspirando los procedimientos del nuevo gobierno.
Creo que nada completará mejor esta suscinta exposición de los cambios políticos ocurridos en Chile después de mi partida que el siguiente memorial, dirigido á la nueva Convención y firmado por los miembros de la Junta de gobierno que ejerció la autoridad suprema desde la abdicación del director O’Higgins hasta la reunión del congreso, ó más bien hasta la elección del nuevo senado[153].
“Señores diputados:
“La reunión de los representantes del pueblo en esta augusta asamblea, es el momento suspirado de la Patria para aplicar remedios á los terribles males que la aflijen, y jamás gobierno alguno se vió en circunstancias de desearla con tan ardiente empeño como la Junta gubernativa en la crisis actual.
“Vosotros vais, señores, á restablecer la Nación, que, desgracias que no era fácil prever, amagan reducir á la nada. Seis años de un gobierno coronado en todas sus empresas con sucesos felices, respetado entre los extraños y temido al menos en nuestro territorio, habían dado al directorio pasado todo el poder de hacer bien.
“Al ímpetu de las armas y á la exaltación de pasiones que acompañan los primeros momentos de toda revolución, había sucedido la calma de la paz.
“El pueblo conocía que sus derechos no consistían en el uso de un poder ilimitado y ejercido aisladamente, que podía precipitarle en la anarquía, y que su sólida felicidad estaba en el orden y en establecerse instituciones garantes que bajo el imperio de las leyes le defendiesen de la arbitrariedad.
“Pero, por una desventura que acompaña al hado de las naciones, faltó tino para hacer el bien al gobierno que mejor pudo hacerlo. El descontento público rompió la barrera de la opresión, y agitadas las pasiones en este impetuoso choque contra el anterior gobierno, amagan males que, si no se evitan antes del término en que lleguen á ser irremediables, sumirían á la Patria en el sepulcro, llevando tras sí el recuerdo de doce años de gloria y sacrificios perdidos. A vosotros, pues, padres del pueblo, se encarga alejar la confusión, la desorganización, el deshonor de la Patria. Este es el preciso y el grande objeto con que sois llamados.
“La Junta no teme decirlo: Chile nunca se vió en crisis más peligrosa. Nuestra revolución presenta vicisitudes en que casi se han cometido todos los errores é inadvertencias de que es capaz el espíritu humano; mas en un gobierno siempre concentrado y en la estrecha unión de todos sus hijos, oponía la Patria un dique á las desgracias que iban á inundarla.
“Hoy por la primera vez amenaza el grito de desunión, y esta voz, más que á los oídos, debe herir el corazón de los patriotas.
“La prudencia, un generoso desprendimiento de intereses subalternos que nada son delante del bien general del Estado, y los principios de la más exacta igualdad y justicia, evitarán los desórdenes, las divisiones que van á hacer á los pueblos maldecir la hora en que salieron de tranquila esclavitud.
“Luego se cumplirán dos meses que el voto de nuestros conciudadanos nos llamó á encargarnos de la administración pública, y no ha pasado un día de este corto período que no haya sido señalado con alguna circunstancia que agravase la amargura de nuestro corazón.
“Al haceros presente la situación política del Estado, vais á fijar la vista en un cuadro de desgracias presentes y de temores para lo futuro que avergüenza nuestros días, y que silenciaríamos para que fuera de Chile no se supiesen nuestras miserias interiores si el mal no necesitase de tan urgente remedio y si no estuviese en nuestras manos mejorar nuestra suerte y ser respetables y felices en el momento que queramos.
“Chile formaba una república indivisible en principios de Noviembre último. Abrumados los pueblos del peso de la opresión, se sustrajeron de la obediencia del Director del Estado, estableciendo Asambleas que reuniesen respectivamente la representación de cada provincia.
“Este esfuerzo generoso, dirigido únicamente contra el ciudadano que gobernaba con arbitrariedad, no ha podido ser una empresa contra nosotros mismos; no ha podido tener por objeto atacar la unidad de la Nación. El Director, en los últimas días de su mando, para restituir al país la tranquilidad que no pudo conservar, ofreció á los representantes de Concepción (que decían obrar de acuerdo con los de Coquimbo) abdicar en la persona que ellos le propusiesen la Dirección Suprema del Estado, cual la había ejercido, para que este trastorno no ocasionase la disolución de la república.
“El pueblo de Santiago, que ignoraba tal propuesta y que además no creía aceptasen las provincias ofrecimientos del jefe á quien combatían y de cuyo influjo desconfiaban, se anticipó á verificar el trastorno para reunirse á sus hermanos.
“Permitid, señores, á la Junta una clase de vanagloria que, aunque la caractericéis de debilidad, es la que menos puede manchar la reputación del hombre honrado. Sus vocales tuvieron la satisfacción de creer que, ocupando provisoriamente el gobierno, podrían reunir la voluntad de la nación.
“Enemigos constantes del despotismo, y, por consiguiente, de la administración que acababa; defensores impertérritos de los derechos de los pueblos, y habiendo dado pruebas de desprendimiento, se persuadieron que, si las provincias habían tomado las armas contra la persona únicamente del Director para reunirse en un Congreso, destituída aquélla, y convocándose éste, se había llenado el deseo universal.
“Por otra parte, ¿qué males podrían haber sufrido Concepción y Coquimbo que no hubiese sentido más agravados Santiago? ¿Qué ventajas podrían prometerse de una reforma que Santiago no las esperase también? Iguales los males, iguales las necesidades, iguales las circunstancias y unos mismos los remedios, no existía una provincia en que se presumiesen aspiraciones ó intereses distintos.
“La Junta, sin embargo, no tuvo la ligereza de querer erigirse en suprema sin el voto de los demás pueblos. Quiso, sí, que la República permaneciese una, y avisó á as provincias que se iba á citar á Congreso, y que, entretanto, para no aparecer en anarquía, debía existir una autoridad central y suprema, que estaba en las facultades de las mismas provincias proceder á nombrarla provisoriamente hasta la reunión del Congreso, pero que, debiendo tardar tanto la elección de diputados á Congreso general como la de diputados para nombramiento del gobierno provisorio, parecía más acertado y más conforme á la brevedad con que la nación deseaba reunir sus representantes, reconocer á la Junta gubernativa como un gobierno provisional hasta la instalación de dicho Congreso, para cuya convocatoria se consultó á las Asambleas de Concepción y Coquimbo, á fin de que acordasen los términos en que debía expedirse.
“Las provincias estuvieron disconformes en sus contestaciones. Ninguna tuvo á bien reconocer la autoridad central en la Junta gubernativa, ni convenir en la citación á Congreso sin que precediese un nuevo gobierno provisorio.
“Conocimos entonces que ya estaba sobre nuestras cabezas el mal temido; la separación, aunque momentánea, de diversos territorios del Estado. Para formar ese gobierno general, centro de unión de una república indivisible, avivó la Junta negociaciones con el general Freire y sus diputados, de que dará pormenor cuenta el ministro de Estado; y que, admitidas en gran parte, quedaron sin efecto por la consulta y poderes bastantes que los diputados de Concepción anunciaron haber pedido á aquella Asamblea.
“Subsisten hasta hoy independientes de hecho las provincias, y acaba de congregarse en esta capital una diputación de las Asambleas de Concepción y Coquimbo, con amplitud de poderes para acordar la reunión de la Nación.
“La Junta no considera á aquellas provincias, como tampoco á Santiago, en calidad de Estados soberanos é independientes. Les mira como una fracción de la Nación, cuyos magnates y representantes, ocupando el mando para conservar el orden en la disolución del anterior gobierno, tratan ahora de restablecer la unión de la República.
“La provincia de Santiago, entretanto, reconoció tranquila y espontáneamente á la Junta gubernativa hasta Cachapoal. Los partidos de Colchagua y Maule se agregaron por sí mismos á la provincia de Concepción, obligados, según expusieron sus Cabildos, de la fuerza de las circunstancias.
“Excitados por la Junta á reunirse á la Intendencia de que siempre habían formado parte, Colchagua volvió á su antigua posición, al contrario de Maule, que, á consecuencia de un oficio de la Asamblea de Concepción que resistía esta medida, ha continuado agregado á aquella provincia.
“En esta parte el general Freire concurrió á secundar los deseos de la Junta, manifestando á aquellos partidos su anuencia en que se reuniesen á Santiago. Curicó ha protestado siempre su constante adhesión al gobierno de esta provincia, que en el día no sufre otra desmembración que la del territorio de Maule.
“El ejemplo de provincias separadas de la indivisibilidad del Estado, de partidos segregados de sus provincias, de gobiernos municipales elegidos bajo formas distintas, ha sido funesto para la tranquilidad interior; lo es mucho más para nuestras relaciones exteriores y lo será incomparablemente con el trascurso del tiempo, que dé más extensión á las ideas desorganizadoras, y familiarizarse más con ellas.
“Nada es más cierto que el que los pueblos equivocan sus ideas de libertad hasta abrazar en su lugar al monstruo precursor seguro de la esclavitud.
“En varios partidos se han sentido síntomas de este desorden, último término á que pueden llegar las desgracias públicas.
“En Casablanca una reunión de pueblo atacó con armas á su teniente gobernador.
“En Quillota algunos vecinos descontentos dieron á Chile por la primera vez el lamentable espectáculo de la sangre de los hijos de la Patria, derramada en medio de las poblaciones por altercados sobre el gobierno.
“En otros puntos la Junta ha conseguido sofocar las disensiones intestinas con medidas de suavidad y de prudencia.
“Salvadas una vez las barreras del orden, es preciso que el gobierno se resienta de debilidad, puesto que, sin la obediencia y eficaz cooperación de los súbditos, no puede hacer uso de los únicos resortes con que ha de manejarse el cuerpo político.
“Los pueblos amenazan con separarse ó agregarse á su arbitrio.
“Los ciudadanos particulares creen que usan de la soberanía que reside en el pueblo cada vez que, reuniéndose, intentan un trastorno.
“Los funcionarios públicos, vacilantes y fluctuando entre incertidumbres y temores de una variación repentina, no usan del vigor que convendría para contener la ruina del edificio social.
“El subalterno no obedece al superior, cuya autoridad reputa momentánea y fácil de alejar de sí.
“En tales circunstancias, sin libertad, sin poder, ¿cuál será la administración?
“Dividida de hecho la nación con tres autoridades soberanas que gobiernan por sí mismas y aun sin consultarse y acordarse entre sí, todos los negocios de interés general, todos los que dicen relación al cuerpo de la República se hallan abandonados para mayor desgracia y destrucción de la Patria.
“El Perú, señores, es el objeto más triste y urgente que se presenta á nuestros ojos. El ejército libertador, compuesto de los vencedores de Chacabuco y Maipo; este ejército, cuyo transporte á dar la libertad al Imperio de los Incas había costado tan enormes sacrificios á Chile ha sido batido por el general Canterac.
“El Perú debe volver á encorvarse bajo el yugo de la atroz é irritada España, si Chile, adonde aquellos nuestros desgraciados hermanos extienden los brazos, no les auxilia poderosa y oportunamente.
“No sólo el interés general, que nos empeña en sostener la causa de la independencia; no sólo la humanidad y la fe de los tratados, sino nuestra propia conservación, nos impelen al socorro, á la defensa de la América, que debe hacerse en aquel último teatro de la guerra.
“Defendiendo al Perú, defendemos en su territorio á Chile, á todo el continente. ¿Quién dudó jamás que el empeño más noble, el más útil, el más necesario que alguna vez pudo la Patria consagrar á su libertad era este auxilio? La Junta lo decretó después de acordarlo en consejo de los oficiales generales del Estado; más la falta de un gobierno central y supremo ha aparecido como un obstáculo para esta empresa: es decir, para salvar nuestra existencia.
“No puede concebirse situación más deplorable que la que ofrece la Hacienda pública. Más de un millón de deuda de urgente pago; más de 40.000 pesos de presupuesto para gastos inexcusables del momento, y una lista mensual que excede en cuatro tantos á las entradas actuales del Erario, ofrecen un cuadro casi desesperadamente desconsolador.
“El ministro encargado de este departamento instruirá á la Asamblea de su pormenor. Establecer un nuevo sistema de Hacienda, reformar los abusos, reducir los gastos á una justa proporción con las entradas, son pasos que requieren la centralización de gobierno.
“Un empréstito ruinoso que esclaviza por muchos años la nación y agota sus recursos llama, la atención del gobierno, ó para apartar de nosotros, si es posible, este peso insoportable, ó para hacer menos funestas sus consecuencias.
“En cada día que corre se aumenta la deuda y se agrava nuestra responsabilidad. Si toda la Nación obligada ha de ser la que adopte el remedio necesario, considerad, señores, qué menos motivo de urgencia es éste para acelerar la centralización del gobierno.
“La escuadra nacional, esa escuadra á quien indisputablemente se debe la destrucción de la tiranía, se halla surta en nuestros puertos, donde los buques, ó ya se han inutilizado, ó por sus continuos deterioros están muy cerca de este término.
“Sus oficiales, entretanto, que se cubrieron tantas veces de gloria en el Pacífico, existen á medio sueldo, y en la mayor parte extranjeros, se ausentan diariamente, siendo su pérdida irreparable en el momento del peligro.
“Un gobierno general, aprovechando los recursos de todo el país, volvería nuestra marina al pie brillante de 1820. Hoy, una sola provincia, incapaz de ocurrir á tales gastos, sería triste espectadora del aniquilamiento de la principal fuerza de una nación, cuya guerra es ya ultramarina.
“Entre las empresas que el Director había combinado con acierto, lo era singularmente la ocupación de Chiloé. No sólo es este archipiélago una parte importante de Chile, que debe reunirse al resto libre de la Nación, sino que su posesión por el enemigo es para Chile un continuo objeto de alarma, y hace además interminable la guerra de Valdivia.
“Los gastos que sin intermisión exigía la fuerza de mar y tierra que había de cubrir aquel punto adonde permanente llamaba la atención el enemigo, bien valían el empeño por una vez de acabar con este último atrincheramiento de la tiranía en Chile.
“Con nuevo sacrificio del pueblo se dirigió á Valdivia una expedición que debía, por sus aprestos y bravura de nuestras tropas, terminar la guerra continental. Nuestros últimos movimientos políticos han inutilizado esta empresa. Considerable parte de la guarnición regresó á Valparaíso, y aunque la Junta, de acuerdo con el general Freire, ha hecho volver la fuerza necesaria para defender á Valdivia, Chiloé queda siempre bajo la dominación española, y como un punto desde donde la tiranía, en el último acceso de la desesperación, y con importantes auxilios que ha recibido, puede renovar las escenas de 1813, organizando y dirigiendo al continente ejércitos que nos subyuguen.
“Un gobierno general haría revivir la expedición de Chiloé, tan necesaria para asegurar la libertad y lavar la afrenta que recibe la Patria en que aún permanezcan enemigos en su territorio.
“Nuestras relaciones exteriores, subsistiendo en el mismo pie que en Julio del año anterior, aunque no nos ofrecen motivos de aflicción, nos recuerdan que nuestras desavenencias llevan consigo el deshonor de Chile y nos hacen perder el crédito de doce años, adquirido á tanta costa.
“En Europa no se dudaba de la suerte de América. La unión y la consistencia de sus gobiernos se han mirado justamente como la mejor garantía de nuestra independencia; y la España, para retraer á aquellas potencias de su solemne reconocimiento, no ha usado de otras armas que la de representarnos sumidos en la anarquía.
“En América, al reves del Perú, es reparable siempre que nos unamos; y la Junta, después de haber procurado en este corto tiempo estrechar sus relaciones con Colombia y con los Estados trasandinos, les ha excitado á ocurrir en el peligro común á la defensa del Perú. El ministro de Relaciones Exteriores os instruirá de los pasos dados á este fin.
“Nuestras instituciones y nuestra administración interior tampoco ofrecen, señores, un cuadro con que nos podamos consolar. No hay una que no necesite de reforma, y si el destino feliz de la Patria coloca á su frente á un genio capaz de dirigirla, él deberá crearlo todo.
“La educación, esta base de la prosperidad nacional, se halla en el estado más deplorable. Descuidada, por no decir abandonada, sin fomento, sin un plan, sentimos las consecuencias de este mal en los mismos movimientos actuales.
“La administración de justicia necesita reformas considerables, ó, por mejor decir, exige un nuevo sistema adecuado á las luces del siglo y á la posesión de los derechos que ha recobrado la humanidad, para ponernos siquiera al nivel de una nación de quien dependíamos y cuyos usos bárbaros y destructores hemos conservado, sin aprovechar las mejoras saludables que ella misma hizo posteriormente.
“La policía, absolutamente abandonada en todos sus ramos, no existe, así como tampoco hay un establecimiento de beneficencia pública ó que fomente nuestro comercio, nuestra minería, nuestra industria y nuestra agricultura.
“Nuestra fuerza militar se halla consignada en manos del general Freire, de este oficial que, en catorce años de servicios no interrumpidos y en acciones gloriosas que llenaron de gozo á la Patria, acreditó su amor público y su moderación.
“Si el manejo de la Junta no hubiese sido tan franco y manifiesto; si el testimonio de la conciencia no asegurase á sus vocales que han hecho cuanto en bien del país pedían el honor, la justicia y la política; si en las circunstancias eminentemente difíciles en que se ha visto constituída encontrase otro camino que haber tomado, ella temería que en este punto la cargáseis con una responsabilidad á que no pudiese satisfacer.
“Cuando expiró el gobierno directorial, era el general Freire el ciudadano que reunía la opinión universal; era también el único que podía contener el ímpetu de pasiones exaltadas y los funestos efectos de ilusiones políticas nacidas de principios mal entendidos y aplicados; en suma, era el hombre que debía arrancar á la Nación de las garras de la anarquía que amenazaba devorarla, y dar á su Patria una suerte más gloriosa. Jamás mortal se vió en circunstancias de hacer servicios más importantes al país en que vió la luz, teatro de sus fatigas y de sus laureles.
“Su voz, escuchada con las íntimas efusiones del placer y del reconocimiento desde un extremo á otro de la República, debía ser la señal de reunión de todos pueblos bajo un gobierno tan respetable y vigoroso como el que acababa, y tan liberal, justo y benéfico como teníamos derecho á esperar. En semejante coyuntura, se presentó en Valparaíso con un ejército y una expedición salida de Talcahuano, después de haber recibido comunicaciones de la Junta donde le manifestaba sus cordiales sentimientos, la separación del Director y la conformidad de votos de la Nación. Este acto, que acaso fué mirado por algunos como indicio de una conducta hostil ó solapada; como indicante de pretensiones exhorbitantes que se quisiesen hacer valer con las armas, como distante del respeto y consideración debidas al gobierno, sin cuya anuencia y aún sin pretextos, se transportaba un ejército al territorio de su mando, sorprendió á la Junta, pero no la inquietó. ¿Por qué desconfiar del hombre cuya modestia y liberalidad de principios eran tan notorios y tan generalmente proclamados? ¿Cómo recelar del ciudadano en quien la Patria ponía sus esperanzas y á cuya virtud se confiaban sus destinos? El fué invitado á pasar á Santiago, él fué llamado á los acuerdos que tenían por objeto el bien general de la Nación.
“Os aseguramos, señores, que no hemos omitido medio, temperamento, fatiga para cortar con su influjo las diferencias públicas. Reclamó el mando del ejército que existía en la provincia de Santiago, y le fué concedido en prueba de nuestra ilimitada confianza, como garantía de nuestra uniformidad de sentimiento y con la condición de reconocer la autoridad de quien recibía este mando, para no faltar á los deberes que nos impusieron los pueblos cuando, junto con el gobierno, nos entregaron la fuerza destinada para su defensa y responsabilidad.
“Al observar que, sin establecerse el gobierno central, el jefe que se titulaba general de una provincia independiente de hecho trasladaba allí las tropas de Santiago, al notar que se removían comandantes, se nombraban otros sin consulta de la Junta y aun contra su voluntad, ésta hizo las reclamaciones que creyó convenir á su deber y á su dignidad. Los ministros de Estado os pasarán la correspondencia seguida entre la Junta y el general Freire por los diversos departamentos del ministerio. En ella encontraréis que este general ha declarado solemne y formalmente que ni él ni el ejército están sujetos á la Junta, y que no reconoce en ella autoridad alguna sobre la fuerza militar, cuyo mando independiente y exclusivo corresponde á él mismo.
“En ella observaréis igualmente que por este motivo se suspendieron las providencias acordadas para el pronto envío de tropas en auxilio del Perú, mal que, entre los actuales, no ha sido el que menos ha afligido los días amargos de nuestra administración.
“Si la Junta no ha podido conservar una estrecha armonía con el general Freire, os recomienda fuertemente, señores, que procuréis conseguir este bien. No olvidéis que es el hombre único que puede salvar la patria y contad seguramente con su desprendimiento.
“Llamadle á vuestro seno y sed más felices que nosotros en inspirarle confianza y borrar impresiones que suenen á provincialismos ó principios destructores.
“Que los genios maléficos, que los que aspiran á un interés personal, que los irreflexivos é inexpertos no triunfen y arranquen los laureles pacíficos reservados para los ciudadanos que restablecen su Patria oprimida por males interiores.
“Si el general Freire al conservar independiente el mando de la tropa ha querido evitar los estragos de la guerra civil, resultado preciso de la anarquía; si ha tratado de impedir la disolución del ejército; si con toda la fuerza de la República á sus órdenes ha querido conservar su influjo y respeto, para hallarse en situación de hacer el imponderable bien de terminar desavenencias; si aprovecha su crédito y su opinión para restablecer inmediatamente la República á su anterior indivisibilidad bajo un gobierno supremo y enérgico; si con su fuerza no se constituye un espectador indiferente de las desgracias públicas, ó deja abismarse á las provincias en eternas disputas sobre derechos y teorías; si en el mejor modo que permitan las circunstancias, y con las garantías posibles para asegurar provisoriamente la libertad, concurre á establecer un gobierno provisional, ínterin se reúne el Congreso general que en plena libertad dicte la constitución permanente del Estado, él habrá usado de una política tan sublime como benéfica, y será en todos sentidos el libertador de su Patria.
“Tal es el gran cuadro de los negocios públicos, y vuestros trabajos van á ser tan arduos como importantes. Mil reformas, mil providencias útiles habría dictado la Junta si su autoridad vacilante, la situación política del Estado y sus atenciones dirigidas exclusivamente á la unión de la Nación, no la hubiesen sido un obstáculo insuperable.
“Acaso nos hemos equivocado; tal vez el error ha precedido á muchas de nuestras deliberaciones; él es inseparable de la condición humana; pero dispensad, padres del pueblo, nuestras faltas, que ciertamente se han cometido en medio de un desinterés y amor público de que nos lisonjeamos.
“Entretanto, buscad al ciudadano que haya de subrogar nuestro cargo provisorio. ¡Ojalá su mando sea momentáneo, porque consigáis tan pronto como conviene el establecimiento del Gobierno Soberano! La razón, la experiencia y la opinión pública están de acuerdo en que á uno solo debe confiarse el Poder Ejecutivo. Ni los tres, ni alguno de nosotros nos consideramos capaces de llevar al término el triunfo del orden.
“Descargadnos de un peso que nos abruma, y sea ésta la recompensa de una administración en que las fatigas, las dificultades y los sinsabores han excedido al tiempo y á nuestras fuerzas.—Agustín de Eyzaguirre.—José Miguel Infante.—Fernando Errázuriz.—Mariano de Egaña.”