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Cosas nuevas y viejas (apuntes sevillanos)

PROFANACIÓN

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El día 16 de Junio de 1718, fiesta del Corpus, una vecina de la collación de San Vicente, llamada Juana Teresa Parrado, y la cual era criada del convento del Dulce Nombre de Jesús, robó la sagrada forma del viril, guardándola en su pecho, y después de partirla, la colocó sobre un altar de Jesús Nazareno.

Esta profanación que, como es de suponer, causó gran escándalo en Sevilla, fué consignada por algunos escritores en papeles y hojas sueltas, y la autora del hecho fué presa y llevada á la Inquisición, donde sufrió castigo, saliendo en auto público de fe el 10 de Diciembre de 1719, condenándosela á doscientos azotes y á destierro, y en desagravio de la Divinidad se hicieron luego numerosas funcionos en los templos de Sevilla.

Juana Parrado, según las relaciones coetáneas, no era una cualquiera como parece, pues, tenía nada menos que pacto con el demonio, á quien trataba con mucha llaneza, y me parece de verdadera curiosidad para conocer detalles de aquella individua y del suceso que la hizo célebre, reproducir estas líneas del manuscrito de fray José de Muñara, y que no dejan de ser donosas.

En ellos después de relatar el sacrilegio cuenta como fué descubierto y da á conocer quien era la autora, en esta forma:

«...El día siguiente (17 de Junio) subió el sacristán á renovar una bujía de cera junto al viril y reparó faltaba la Sagrada Hostia; dió aviso á los sacristanes y entristeciéronse las monjas y hicieron rogativas, disponiendo se consagrase una Hostia y se colocase en el viril para manifestar á S. M. en la misa mayor. Una religiosa llamada la madre Espíritu Santo hizo oración con muchas lágrimas delante de una santa imagen de Jesús Nazareno que está en un altar (en blanco) y vió sobre los manteles del altar media Hostia; dió aviso y el capellán registró el altar y halló la otra mitad de la Hostia debajo de los manteles del mismo altar y creyendo era aquella la misma Hostia que estuvo en el viril la puso en unas corporales y un sacerdote la consumió en la misa. Estaba en el convento sirviendo una mujer mulata llamada Juana Teresa Parrado, de quien las monjas tenían muchas sospechas de que era mala cristiana y dando aviso al señor visitador que es nombrado por el duque de Medina Sidonia para este convento por privilegio especial del Papa, hizo sus obligaciones, y negando la dicha mulata con alguna turbación, fué dada cuenta al señor provisor, siendo amenazada la mulata si no confesaba la verdad, que sería castigada y atormentada, dijo que la mañana del dicho día 17 de Junio muy temprano el Demonio la sacó por la reja de una tribuna y teniéndola en el aire junto al viril le dijo sacase la Sagrada Hostia y se la entró en el seno y habiéndola vuelto el Demonio á la tribuna había ella partido la Hostia y arrojándola sobre el referido altar. Los señores inquisidores formaron autos, y vista la declaración de la mulata la llevaron á sus cárceles: allí confesó hacía muchos años que vivía con mucha llaneza y familiaridad con el Demonio, el cual en forma de hombre la acariciaba y se acostaba con ella en su cama (¡!) no declaró otros delitos sino los referidos de que resultaba huir de los santos sacramentos y oir misa sin veneración y atención.» (Antigüedades y novedades sevillanas.)

Juana Teresa Parrado, que tenía veinte y ocho años de edad, después de salir en auto, que se celebró en san Pablo, como dije al principio, en 10 de Diciembre de 1719; á los comienzos del siguiente corrió las calles de la ciudad sufriendo los doscientos azotes impuestos posando luego al destierro, donde quizá continuara su llaneza y familiaridad con el Demonio, pues como cándidamente apunta Matute en sus Anales, la mulatita «se afirmaba que desde niña había tenido pacto con él.»

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