← Table of contents
Cosas nuevas y viejas (apuntes sevillanos)

LOS HERMANOS DEL PECADO MORTAL

Reading edition

En el siglo XVIII y aun á principios del XIX, interrumpía, durante las noches, el silencio de las calles de Sevilla, una voz lúgubre y monótona que más de una vez despertaba á los pacíficos vecinos y llevaba el terror á los chiquillos que descansaban en sus casas.

Aquella voz era la de los hermanos de la Congregación del santo celo por la salvación de las almas y conversión de las que están en Pecado Mortal (que tal era su título), hermanos que con un cepillo de madera colgado á la cintura para las limosnas, una campanilla y una linterna, correteaban la ciudad desapareciendo cuando las primeras luces del nuevo día comenzaban á iluminar el cielo.

Poco después de la Queda salían los hermanos, que tenía cada uno de ellos la misión de recorrer un barrio, del que llegaban á conocer todos sus rincones, encrucijadas y callejas; iban por entre las sombras con paso reposado y lento, y en determinados lugares se detenían y bajando el embozo de la capa, con tono quejumbroso gritaban:

—¡Para hacer bien y decir misas por los que están en pecado mortal!

A este grito agitaban la campanilla, no faltando, por lo regular, de allí á poco, la voz de un vecino que entreabría la ventana, y al tome hermano, arrojaba alguna moneda á nuestro hombre, que seguía su camino impasible á otro y otros sitios, donde repetía su pregón y sus campanillazos, entonando algunas veces una á manera de saeta, del tenor siguiente:

«Si en esta noche murieres, hombre que estás en pecado ¡considera dónde fueres!»

La tal congregación del Pecado mortal, fué creada en Sevilla hacia 1723, siendo su principal organizador un librero de Marchena, establecido en la calle Génova, el cual, en unión de otros devotos, formaron los estatutos y reglas, estableciéndose en la iglesia del convento de san Francisco, donde más tarde costearon una Virgen de la Esperanza, pues á ésta y al Cristo Coronado de Espinas, tenían por patronos los congregantes.

El 9 de Abril del año de 1724 fué la primera noche en que los hermanos del Pecado Mortal salieron por las calles á recoger limosnas, y éstas debieron darles buenos resultados, pues en pocos años llegaron á reunir un fondo bastante considerable, el cual aplicaban, entre otros objetos, á casar á los enamorados que vivían maritalmente, para sacarles del pecado, como cándidamente escribe un autor.

La congregación del Pecado Mortal, salía anualmente de misiones por las parroquias de san Julián, san Marcos, san Ildefonso y Omnium Sanctorum, á donde iba en procesión, y en las que sermoneaban largo y tendido los frailes franciscanos, que se entraban y salían por las casas de esas populosas collaciones, con el propósito de limpiar de pecado al vecindario.

Los hermanos que paseaban las calles para recoger las limosnas eran de los de más ánimos y presencia, pues había que tener ambas cosas para andar de noche por la ciudad en invierno y verano, expuestos á más de un percance y á las varias asechanzas y lances que entonces á cada paso se ofrecían.

Los criminales y malhechores, los vagos y pájaros de cuenta, que vagaban por calles y plazas, tenían en el pregón del Pecado Mortal un aviso que le daba el alto en sus fechorías, y más de una vez en el hermano un testigo mudo de sus actos.

Esta antipática y lúgubre figura de la campanilla y el pregón desaparecieron por completo hace ya más de noventa años, pero la congregación del Pecado Mortal siguió y puede decirse que aún subsiste.

Cuando en 1840 fué derribado el convento de san Francisco, se trasladaron los hermanos al templo de san Ildefonso, y de allí fueron más tarde al de San Buenaventura, donde todavía y anualmente organizan algunas misiones por los pueblos de la provincia misma, que por lo general, pasan inadvertidas y en nada consiguen llamar la atención.

La congregación de El santo celo por la salvación de las almas y conversión de los que están en pecado mortal, fué de aquellas instituciones religiosas que dieron una nota gráfica la España negra y á la sociedad supersticiosa de nuestros abuelos, aunque parezca extraño y con cierto orgullo se envanecen algunos autores de que Sevilla fué la primera que la tuvo entre las capitalas de España.

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings