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OBRAS DE MANUEL CHAVES
Constancia.—Novela.—Imp. de El Cronista.—1891.—El Posibilista.—1894.—Sevilla.
Hablar por hablar.—Colección de artículos literarios, satíricos y de costumbres, publicados de 1890 á 1894.—El Posibilista.—Sevilla.
Bocetos de una época (1820-1840).—Carta-prólogo de don Manuel Gómez Imaz.—Librería de Fernando Fe.—1892.—Madrid.—Imp. de Francisco Leal, etc. Sevilla.—Un tomo en 8.º.—270 páginas.
Pro-Patria.—Homenaje á los heroicos hijos de Sevilla don José González Cuadrado y don Bernardo Palacios Malaver.—Primera edición: Tipografía de Díaz y Carballo, etc., etc.—1893.—Segunda edición: Tipografía de Leal y C.ª 1894.—Sevilla.—Folleto en 4.º.—Una lámina.
Páginas Sevillanas.—Sucesos históricos, personajes célebres, monumentos notables, tradiciones populares, cuentos viejos, leyendas y curiosidades.—Con una carta-prólogo de don José Gestoso y Pérez.—Imp. de E. Rasco, etc. 1894.—Sevilla.—Un tomo en 8.º.—352 páginas.
Pepe-Illo.—Ensayo biográfico, histórico y bibliográfico.—Resuche, impresor, etc., 1894.—Folleto en 8.º.—Dos láminas.
Una carta del rey neto y algunas menudencias para ilustrar un capítulo de la historia.—Imp. de Ángel Resuche, etc., etc. 1894.—Sevilla.—Folleto en 8.º.—Con un retrato y un facsímil.
La Semana Santa y las Cofradías de Sevilla de 1820 á 1823.—Carta al duque de T'Serclaes.—Imp. de E. Rasco. 1895.—Sevilla.—Cuaderno en folio.
D. Bernardo Márquez de la Vega.—Memorias de la reacción absolutista.—Imp. de El Porvenir, etc., etc. 1896.—Sevilla.—Folleto en 8.º.
Perder el tiempo.—(Versos).-Con una carta de don Francisco Rodríguez Marín.—Imp. de El Porvenir, etc 1896.—Sevilla.—Folleto en 8.º.
Historia y bibliografía de la prensa sevillana.—Prólogo de don Joaquín Guichot y Parody, Cronista oficial de la ciudad.—Imp. de E. Rasco, etc. 1896.—Sevilla.—Un tomo en folio: XLII-380 páginas.
Discurso de recepción leído ante la Academia Sevillana de Buenas Letras el día 11 de Abril de 1899.—Tipografía, Monsalves 17: 1899.—Sevilla.—Folleto en 4.º.—82 páginas.
D. Mariano José de Larra (Fígaro).—Su tiempo, su vida y sus obras—Estudio biográfico-crítico y bio-bibliográfico.—Imp. de La Andalucía. 1898-1899.—Sevilla.—Un tomo en 4.º—244 páginas.
Micer Francisco Imperial.—Siglo XIV.—(Apuntes bibliográficos.)—Tipografía, Monsalves 17.—1899.—Sevilla.—Folleto en 4.º.
La Madre y la muerte.—Poesía escrita sobre el pensamiento de un cuento de Hans Cristián Andersen.—Tipografía de «La Industria», etc., 1899.—Sevilla.—Folleto en 8.º.
El humorismo en la literatura española el siglo XIX.—Trabajo premiado en los Juegos Florales que celebró el Ateneo de Sevilla en 25 de Abril de 1900.—Un folleto.
Los teatros de Sevilla en la segunda época constitucional (1820-1823).—Imprenta de F. Marta-García.—1900.—Un folleto en 8.º.—80 páginas.
D. Diego Ortiz de Zúñiga.—Su vida y sus obras.—(Estudio biográfico y crítico.) Premiado en los Juegos Florales que celebró el Ateneo de Sevilla el 4 de Mayo de 1902.—Imp. de E. Rasco, etc.—1903.—Sevilla.—Un folleto en 4.º.—VIII-100 páginas.
Cosas Nuevas y Viejas.—Apuntes sevillanos.—Prólogo de don José Nogales.—Sevilla: Tipografía, Sauceda 11.—Un volumen en 4.º. francés.
Nota del transcriptor: En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el texto.
COSAS NUEVAS Y VIEJAS
MANUEL CHAVES ———

(APUNTES SEVILLANOS) PRÓLOGO DE D O N J O S É N O G A L E S
SEVILLA — Tipografía, Sauceda 11 1904
Al Índice
SR. D. ENRIQUE CARREÑO
Mi excelente amigo: Á su bizarría, á su generosidad, se debe que estos Apuntes sevillanos salgan á la luz pública, reunidos y puestos en orden conveniente. ¿Cómo no he de honrarme escribiendo su nombre de Vd. en la dedicatoria de este mi nuevo libro?
Grande, sincero y mil veces demostrado es el amor que Vd. tiene por Sevilla, y como de cosas de esta nuestra tierra—viejas unas por su antigüedad y nuevas otras, por no ser muy conocidas,—tratan las páginas que siguen, á esto atribuyo la predilección que me manifestó por ellas, que muy expuesto estuviera á equivocarme si á vanidad de autor pudiera achacar otra cosa.
Siguiendo relativo orden cronológico van esos breves artículos, que en las columnas de El Liberal gozaron un día cierto favor del público: por eso nada he querido alterar de ellos, pues ampliándolos ó dándoles otra forma, perderían ciertamente el carácter que tuvieron al ser trazados y que he deseado conservar.
La variedad de los asuntos que forman este libro, me hace sospechar que ha de mover algo el interés del lector curioso, á quien, como á Vd., ofrezco ya un detalle de las costumbres de nuestros antepasados, ya la biografía de un sevillano ilustre, ya la descripción de algún monumento, ó ya, en fin, la noticia de cualquier caso interesante, habiendo tenido buen cuidado de basar todos mis escritos sobre auténticos documentos originales ó sobre noticias del más autorizado origen, no ocultando nunca, para mayor crédito, su procedencia.
¿Qué más he de decir á Vd. en estas líneas, que ya para dedicatoria podrán parecerle largas?.... Pongo punto y reciba una vez más la muestra del reconocimiento y la amistad de su affmo.

Enero, 1904.

Este es un libro que yo vi nacer: mejor dicho, que contribuí un poco á que naciera. Por esto me juzgo ligado á él con ciertos vínculos espirituales que me redimen de aquella virginidad de prólogos en que hasta ahora he vivido. Ni los hice para los libros ajenos, ni los pedí para los míos.
Y es que, para los ajenos, creí siempre que me faltaba autoridad; y para los míos, que me faltaba aquella cualidad excelente que tendrían que poner de manifiesto por anticipado juício de la obra.
Con el presente libro todo aquel propósito casi huraño ha venido á tierra, y ya he dicho la razón. Ahora, lo que quiero decir al público es cómo debemos alegrarnos de que lo efímero y volandero se haya fijado en moldes estables y, como ahora se dice, definitivos.
He aquí cómo nació este libro: en Enero de 1901 comenzó la publicación de El Liberal en Sevilla, de que fuí Director durante algunos meses, con verdadero regocijo de mi alma. Esta satisfacción tenía dos motivos de índole sentimental: que era El Liberal y se publicaba en Sevilla.
Al empezar, dije á Manuel Chaves:—¿Por qué no haces una sección tuya, en que nos traigas algo de lo mucho que sabes y conoces, acomodándolo al paladar del público numeroso y al molde especial del público moderno?
Estas invitaciones al trabajo no se le dirijen en balde á Manuel Chaves, uno de los espíritus trabajadores é inquietos que afirman, frente á la Andalucía legendaria y pasiva, la Andalucía productora é inteligente.
Desde el segundo ó el tercer número de El Liberal apareció la sección titulada «Cosas nuevas y viejas». Lo que comenzó en Enero acabó en Diciembre. Un año, día por día, servimos á los lectores la paciente labor de Chaves, que era, burla burlando, un pedazo de historia, fragmentaria, anecdótica, concentrada, en que había de todo: desde lo trágico á lo exquisito; desde lo terrible á lo picaresco.
Y esto—hay que decirlo lealmente—aun sin tener en cuenta otras valiosas condiciones de la producción, revela una profunda cultura y un magno esfuerzo, que supone por anticipado muchos años de trabajo perseverante y abrumador, no recompensado sino por la estimación del público.
Acaso porque todos, confesándolo ó no, apreciamos en mucho aquellas cualidades en que no abundamos, yo admiro la obra paciente é inteligentísima de los eruditos, de los bibliógrafos, de los escudriñadores de las fuentes vivas en nuestra literatura, en nuestra ciencia y en nuestra historia. Y esta obra de perseverancia y sabiduría se realiza con admirable solidaridad. Como en los esfuerzos científicos, estos empeños literarios se enlazan, se completan, se ordenan á través de los años y de los siglos.
Sevilla fué siempre, y lo es ahora, un admirable taller para esta persistente labor de sabiduría. Yo tengo ganas de decir al «gran público», á ese público que está formado por cientos de miles de lectores diarios, quiénes son y qué representan en la moderna cultura española esos eruditos andaluces cuyos nombres llegaron á él á través de las Academias, de las Corporaciones oficiales, de las referencias volanderas de los periódicos en notas fugaces é inexpresivas.
El círculo de lectores se va ensanchando: este es un excelente síntoma; la Prensa, machete en mano, abre sendas claras y ventiladas en el bosque enmarañado de nuestra ignorancia secular. Ella abre el camino; el convoy viene detrás. Es un error el de los que creen que la Prensa absorbe por completo y para siempre la parte de inteligencia activa con detrimento del más hondo y apacible saber. La Prensa abre camino, hace lectores....
Uno de nuestros propósitos era ese: utilizar la Prensa como vehículo y cargar en ella la cantidad de cosas viejas que admitiese: así se irían repartiendo. Para esto—exigencias inevitables del público—había que escoger lo raro, lo ameno, lo interesante: aún no está el niño grande para ingerir muchas y serias dosis de paciente estudio.
Y Manuel Chaves cumplió su encargo tan liberalmente, que con aquella serie de Cosas ha podido componer el presente volumen, ya pasado en autoridad de cosa juzgada, y lo que es más, aplaudida.
Seguramente ha de haber alguna flor fresca en el ramillete, pues Chaves tenía materia sobrada á mano, y no es hombre que se la reserve, al contrario de otros eruditos, que todo lo que pueden lo reservan como si ganara réditos. Y ¡cuántas otras cosas sabrosísimas, de gran interés literario é histórico, habrá tenido que reservar y dejar en el fondo de los cajones, por esta ridícula meticulosidad que ahora nos ha entrado, por esta pudibundez externa que destierra todos los desenfados del ingenio antiguo, aunque permite toda licencia al ingenio contemporáneo!
No podemos reproducir los felicísimos y audaces rasgos de nuestra literatura picaresca, moralmente inofensiva, porque el donaire es ingenuo, natural y bien encaminado, mientras corren, exquisitamente encuadernadas, todas las alambicadas porquerías de la literatura francesa,—que no tienen acceso en otras naciones—y esto me hace pensar en el antiguo problema de si la moralidad será cuestión de climas... y de lenguajes.
Me place lo exquisito de esa literatura, aunque se acomoda mi ánimo mejor á los sabrosos desenfados de la nuestra.
Y es que adoro nuestras formas castizas, nuestro «modo de hacer», el resplandor de nuestro ingenio solariego, la gracia ingenua, socarrona y admirable de nuestros grandes escritores. Y es más: pienso en que los señores franceses venían en los siglos XVI y XVII á buscar comedias, á buscar Autos, á buscar novelas, á empaparse en nuestro ambiente, para fusilar nuestra producción, hacerse el paladar y revendernos la «lengua de Molière» en nuestra propia salsa...
Era una especie de combinación como la que ahora hacen con nuestros vinos. Allá van nuestros mostos blancos, fuertes, sensuales, apetecibles. Los tiñen de negro con singular maestría, los perfuman, los aderezan, los disponen con sugestivo bouquet, y nos los revenden con fe de bautismo de Burdeos ó de Borgoña... Total, seis botellas que vienen, representan el valor de una pipa que va. Ni más ni menos. Son gastos de nacionalización que nos cargan en cuenta.
Y, ahora que recuerdo: Manuel Chaves también ha pasado la frontera y nos lo han devuelto, con un acento de lo más tirano. En los periódicos taurinos del Mediodía, de la Provenza, figura Chavés como una autoridad in ré taurina, por aquellos folletos sobre Pepe Illó... y demás documentos del ramo, que ha sacado á luz. Es delicioso.
Lo que quise decir—y no es poco—es que Chaves es un escritor que pasó la frontera, precisamente por lo castizo, por lo apegado á nuestro riñón, por lo que tiene de españolizado, por sus cosas viejas, que son nuestras cosas.
Y si esto se estima en el extranjero, ¿cómo no lo habíamos de estimar en nuestra casa!
Sí se estima. Lo sé. He podido apreciarlo precisamente en estas Cosas viejas, en cuyo nacimiento me llamo un poco á la parte. Cartas sobre las tales Cosas, recordatorios, adiciones, rectificaciones, oposición, aprobación, me daban á entender que interesaban.
Si interesaron entonces, ¿cómo no ahora? Ahora y siempre.
Son Cosas incitantes, regocijadas ó trágicas, pero andaluzas. Juntas, no tienen más fin que el de presentar un estado de alma; separadas, no tienen más objeto que regocijar al lector ó hacerle sentir la angustia de lo histórico....
Por uno y otro propósito, mi parabién á Manuel Chaves; mi aplauso al conjunto de eruditos sevillanos, de grandes artistas, de pacientes trabajadores en el orden intelectual, que han formado una de las bases de nuestra cultura moderna.
De Sevilla hay que hablar mucho. Pero mucho. Dios dirá.
JOSÉ NOGALES.
