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Cosas nuevas y viejas (apuntes sevillanos)

JUAN DE LAS ROELAS

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Pertenece el licenciado Roelas al número de aquellos grandes pintores que florecieron en Sevilla en los siglos XVI y XVII, y que tanta honra dieron á su patria y tan apreciables obras legaron á la posteridad.

Como ocurre con otros artistas y escritores de aquellas centurias, no son muchas las noticias biográficas que de Roelas se conservan, y después de las que apuntaron Arana de Varflora y Ceán Bermúdez, aparte de algunos documentos sueltos, no se han podido ampliar gran cosa, ni han sido por cierto muchos los datos encontrados que dieran luz sobre la vida de aquel famoso maestro, pudiéndose sólo, como lo hago, reunir algunos detalles desperdigados en otros textos.

Nació en la capital de Andalucía hacia 1560, y se dedicó de muy joven á los estudios, obteniendo el grado de licenciado, y más tarde se ordenó de sacerdote, por lo que vulgarmente es conocido por el clérigo Roelas.

Sin embargo, la verdadera profesión de aquel sevillano había de quedar olvidada, por ser lo que, empezando en él como mera afición, vino con el tiempo á darle legítimo renombre.

Inclinado desde mozo al dibujo, estudió éste en su patria, siendo discípulo de Antonio Arfián, ignorándose en qué fecha, y con el deseo de perfeccionarse en el arte, abandonó España.

Roelas trasladóse á Italia y allí estudió, especialmente, las obras de Ticiano, haciendo verdaderos y notables progresos, que se pusieron bien de manifiesto en cuantas obras llevó entonces á cabo.

Regresó después de algunos años á Sevilla, donde ya pintaban no pocos famosos artistas, y en 1603 obtuvo una prebenda en la capilla de Olivares, pueblo de la provincia, y capilla que más tarde fué elevada á colegiata, pintando allí, entre otros lienzos, dos cuadros muy notables con asuntos de la vida de la Virgen, y en 1606 otros dos para el convento de Santa Isabel, de Sevilla.

En 1607 contaba ya Roelas con no pocos discípulos que se apresuraron á recibir sus lecciones, viéndose siempre muy concurrida su academia, de la cual salieron, andando el tiempo, pintores como Juan de Uceda Castroverde, Varela y el gran Zurbarán.

Pintó Roelas en 1609 el cuadro de Santiago que existe en la capilla de la Catedral, donde llegaron á reunirse hasta ocho lienzos suyos, entre los que se citan con elogio el retablo de la capilla de los Jácomes, hoy muy restaurado.

Para el convento de la Encarnación y el de san Agustín, pintó cinco grandes cuadros y nueve para la Merced, pero casi todas estas obras son hoy desconocidas y habían desaparecido ya de dichos templos muchas en 1844.

Encontrábase Roelas en Madrid en 1616, y allí no pudo conseguir como deseaba la plaza de pintor de cámara de Felipe III, que se dió á Bartolomé Gómez, pero ejecutó diversas obras para el palacio real, que ya no existen, pintando por aquellos años el cuadro de Moisés que hoy se ve en el Museo del Prado, los que estaban en la Merced Calzada y una Concepción que en 1800 existía en la Academia de San Fernando.

En Madrid y Sevilla residió el clérigo Roelas indistintamente largas temporadas, ejecutando para su patria obras como la Muerte de san Isidoro que existe en el altar mayor de dicho templo, el San Pedro libertado de la prisión que se encuentra en la capilla de la iglesia del mismo nombre, el Martirio de santa Lucía de la iglesia dedicada á esta santa, y el Martirio de san Andrés que estuvo en la capilla de los Flamencos en santo Tomás y hoy se admira en el Museo provincial, donde se guardan además una Santa Ana con la Virgen, un San Ignacio y una Concepción.

Nueve cuadros existían en el Hospital del Cardenal hechos por Roelas, (tales como el de la Muerte de San Hermenegildo y varios martirios de frailes) y uno en el Hospital de los Viejos que desapareció el siglo XVIII, sustituyéndose por otro lienzo de pésima ejecución y oscura mano.

En 1624 fué Roelas nombrado canónigo de la colegiata de Olivares, á cuyo punto se trasladó en definitiva el artista, que ya en distintas épocas había allí residido.

Tranquilo y sosegado y sin dejar el cultivo del arte, continuó Roelas en Olivares, donde falleció en 23 de Abril de 1625, siendo enterrado en aquel pueblo.

El licenciado Juan de las Roelas es uno de los grandes maestros sevillanos que á tan alto lugar llevaron la pintura de nuestra patria.

Notabilísimo dibujante fué aquel hombre y así lo demostró en todas sus obras, donde á más se admira un bellísimo colorido, que pone bien de manifiesto la influencia que en el artista ejerció la escuela veneciana, cuando la estudió detenidamente durante su permanencia en Italia.

Muchos son los cuadros que se han perdido del clérigo Roelas, pues en Sevilla llegaron á reunirse en diversos templos hasta cuarenta y siete grandes pinturas de este artista, siendo no pocas de ellas las que pasaron á poder de particulares, y por desgracia salieron después de nuestra ciudad y de la península.

Aún existen no pocas de verdadera importancia para admiración de los inteligentes, y entre ellas merecen especial mención las que se encuentran en el templo de la Universidad, de la Sacra Familia; El Nacimiento y la Adoración de los Reyes, en Santa Isabel; el Bautista y Evangelista, en San Lorenzo; la Virgen del Rosario, en Santa Ana (que fué restaurado muy torpemente); El martirio de san Andrés, en el Museo, el San Pedro y el Santiago ya citados; el de varios santos en San Juan de la Palma, y otros que dan bien acabadas pruebas del indiscutible mérito de su autor.

Con razón dice de él un crítico que «fué gran artista y produjo muchas y muy grandiosas obras, todas ellas de superior mérito». No entraré á detenerme en ellas, particularmente, pero sí diré que cuantos críticos, propios y extraños, se han ocupado de las obras de este autor, están conformes en tributarle los mayores elogios.

Pacheco, Ceán Bermúez, Arana de Varflora, Pons, Madrazo, Gestoso, etc., etc., que analizaron con detenimiento las creaciones del clérigo-pintor, han hecho justicia á sus méritos, que fueron reconocidos por sus coetáneos.

Hay en las obras de Roelas, á más del conocimiento profundo del dibujo, un acertadísimo buen gusto para la composición de las figuras, siendo de los artistas de su tiempo uno de los que con más exactitud copiaron de la realidad, tan falseada por algunos con verdadero propósito.

Roelas, trasladando al lienzo el modelo tal cual lo veían sus ojos, no dejó por eso de imprimir un verdadero sentimiento de gran artista á sus creaciones, en las que han podido estudiar muchos la belleza de lo real sin acudir á lo mentido y artificioso.

En cuanto al hombre, dejó gratísima memoria por sus bellas prendas; «la piedad—dice Arana—formó el carácter de Roelas, y esta virtud le hizo dar muchas limosnas y no desdeñarse de hacer pinturas gratuitamente cuando algunos pobres se las pedían.»

Dejó un nombre ilustre como artista y un nombre honrado como hombre: ¿qué mejor elogio puede hacerse del pintor sevillano?

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