LOPE DE VEGA EN SEVILLA
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El Fénix de los ingenios españoles, aquel que se alzó con el cetro de la monarquía cómica, visitó á Sevilla en los primeros años del siglo XVII, y si bien de su estancia en nuestra población no son hasta ahora muy detalladas y completas las noticias que existen, pueden, sin embargo, servir para dar asunto á uno de estos apuntes históricos.
El año 1600 llegó á esta capital de Andalucía el gran poeta, que se hallaba entonces en toda la fuerza de su juventud y con toda la lozanía de su portentoso ingenio, y no vino solo, pues le acompañaba doña María de Luján, hermosa mujer, con quien tenía hacía tiempo amorosas relaciones, de las cuales eran fruto dos niñas, á la sazón de corta edad, y de nombres Mariana y Angela.
La amante del poeta acompañóle durante todo el tiempo de su estancia en Sevilla, y aquí quedó, cuando Lope, en 1601, emprendió un viaje á Madrid y Toledo para evacuar algunos negocios particulares, viaje del que no tardó en regresar al lado de aquella mujer á quien cantaba en sus poesías con el nombre de Lucinda.
Por cierto que á su regreso corrió entre los literatos sevillanos un soneto contra Lope, el cual algunos han atribuido á Cervantes, que á la sazón también residía en nuestra ciudad, y cuya enemistad con el Fénix de los ingenios es bien conocida, no estando tampoco éste tardo en atacar al autor del Quijote en varios de sus escritos.
La pluma de Lope, jamás ociosa, no podía estarlo en Sevilla, y así fué; aquí escribió varias comedias, entre las que se cuentan La corona merecida, y algunos autos, como El hijo pródigo y El viaje del alma, representándose durante aquellos años por las compañías de Vergara y Villalva, algunas obras de Lope, que aunque ya conocidas en otras partes no lo eran aún del público sevillano.
El cuadro de costumbres que relata en El Fénix de Sevilla, de que ya me ocupé, es buena prueba de que aquel gran hombre supo identificarse en el ambiente de las costumbres sevillanas.
Poesías escribió también Lope muchas en Sevilla, y de ellas merece recordarse la carta que dirigió en 1603 á un amigo, y en la cual dice:
«...Pan de Sevilla regalado y tierno, masado con la blanca y limpia mano de alguna que os quisiera para yerno. Jamón presunto de español marrano de la sierra famosa de Aracena, á donde huyó del mundo Arias Montano. Vino aromatizado que sin pena beberse puede siendo de Cazalla, y que ningún cristiano lo condena. Agua de la Alameda en blanca talla, ¿dejáis por el bizcocho de galera y la zupia que embarca la canalla,» etc. etc.
En Diciembre de 1603 terminó Lope de Vega su obra El peregrino en su patria, que fué impresa en Sevilla, y de la cual tanto se han ocupado los críticos y los biógrafos del fecundísimo autor.
Acompañado de su amante, joven y hermosa, á quien adoraba y que procuraba hacerle dichoso, considerado y tenido en alto aprecio por todos y agasajado por cuantos hombres de letras había en la capital de Andalucía, la estancia de Lope en nuestra ciudad debió serle en extremo agradable, y de ella conservó siempre gratísimos recuerdos, como se desprende de algunos pasajes de sus obras.
A fines de 1604, Lope marchó de Sevilla, dirigiéndose primero á Madrid y después á Toledo, donde tuvieron fin sus relaciones amorosas con Lucinda (á lo menos públicamente), pues algún tiempo después, el poeta contrajo matrimonio con doña Juana de Guardo...
D. Cayetano Alberto de la Barrera, Hartzenbusch, Asensio, y don José Sánchez Arjona últimamente en sus Anales del teatro en Sevilla, al ilustrar la vida de Lope de Vega, se han ocupado de su estancia en nuestra población, á la cual he dedicado un recuerdo en las anteriores líneas, como he de hacerlo á otros hombres ilustres por cualquier concepto que visitaron nuestra ciudad.